| 05 abril, 2008 |
| EL PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA ES UNA ANTI-PSICOLOGÍA |
| Posteado por Alejandra Glaze a sábado, abril 05, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
| Madrid, 13 de Marzo de 2008 Las VIII jornadas de RI3: un acontecimiento histórico Los días 26 y 27 de enero pasados tuvieron lugar en Clermont Ferrand las VIII jornadas de RI3, la red internacional de instituciones del Campo Freudiano, con una convocatoria sorprendente: “el diálogo con el autista”. La nutrida participación europea, la calidad de los trabajos y el clima en el que se desarrollaron han dejado una huella imborrable en cada uno de quienes tuvimos la fortuna de estar allí. Las ponencias clínicas respondieron a la invitación que hiciera Jean Pierre Rouillon en su texto de presentación. En ésta aludía a que cada situación es particular, cada historia es singular y por ello sólo podremos ser enseñados por esta experiencia a partir de la recopilación de los recorridos, de los trayectos sin igual que se llevan a cabo con cada sujeto, en su trabajo de invención del Otro, asistido por personas orientadas por el discurso analítico. En estos recorridos se pueden verificar los beneficios de la pratique à plusieurs que inventara Antonio Di Ciaccia en l’Antenne 110. Estas jornadas tuvieron lugar en la atmósfera generada por Jacques-Alain Miller al declarar la guerra al cognitivismo. Faltaban pocos días para el Gran Meeting de la Mutualité y en los textos previos a las jornadas ya pudimos leer un anticipo del tono que caracterizaría las distintas intervenciones, mezcla de alegría y lucha decidida. En la mayoría de las intervenciones se tomaron en consideración el estado actual de la civilización y los medios de resistencia e intervención de los que se ha dotado el discurso analítico para le defensa de la subjetividad amenazada. Judith Miller fue categórica en sus palabras de apertura: “no solamente peligra el psicoanálisis sino la cultura en todas sus formas”. Usos del término El uso del término “autista” no es, hoy en día, estrictamente clínico sino que puede referirse a distintas realidades, pero en su acepción más inmediata se refiere a la ausencia de comunicación y puede aplicarse a una persona o, incluso, a un país, como lo hizo Chomsky con EEUU, cuando lo definió como el “imperio autista”. El crecimiento vertiginoso del diagnóstico así como el diseño de medios para su detección precoz tiene relación con lo que señala certeramente Eric Laurent: en la era de la comunicación el autismo aparece como el impasse a ese imperativo. Pero cuando es referido a un diagnóstico el tratamiento del autismo revela el embrutecimiento de la psicología de una manera más pura. En él se inspiran sus crueles “prácticas abominables”, cuyas formas más feroces de dominio se ceba con los seres más débiles y con sus familias, pudiendo alcanzar trágicos desenlaces. Lacan definió a la psicología como el vehículo de los ideales. Aplicado a las TCC, ese ideal es la pedagogía, o lo que denominan la adquisición de habilidades, de destrezas, de competencias. Durante los últimos años se ha ido cocinando un ideal formateado, una peligrosa e inhumana ideología que tiene ya incidencia política de largo alcance y a la que se destinan cantidades ingentes de dinero en investigaciones, “programas” y centros específicos. La continuación del artículo en http://www.elp-sedemadrid.org/PAGES/textos.htm Vilma Coccoz (*) Intervención realizada dentro del Espacio Seminario de la Escuela, El estado actual de la civilización, Sobre el cognitivismo, del 13 de marzo de 2008. |
| 04 abril, 2008 |
| VI congreso de la AMP- el periódico Nº 29 |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº 29 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" Eduardo Abello El objeto a, resto de la incidencia del significante sobre la pulsión, puede abordarse tomando sus dos caras: plena y vacía, corporal y lógica, agalma y palea, de suplemento y de resto de la Cosa perdida, que pueden relacionarse con los dos estatutos del inconciente, como transferencial y como real, que Jacques-Alain Miller describió recientemente. Desde la cara abordada vía el semblante, que lo hace el núcleo elaborable del goce; se advierte que el objeto a no es un puro real. Como Lacan lo señala, el objeto a se imagina, “con lo que se chupa, se caga, lo que hace mirada…voz”.1 Con él, el goce puede localizarse en algo que se encuentra en el Otro, en un plus-de-goce, compensación y tapón de un goce perdido, que se arropará en el ser hablante con el sentido. Entre las citas propuestas para esta Conversación Virtual se encuentra la de Lacan en "La Tercera", donde dice: “[…] Pues en el mundo no hay nada fuera de un objeto a, cagada o mirada, voz o pezón, que hiende al sujeto y lo disfraza de desecho”. Podemos encontrar en un pasaje de Hojas de hierba de Walt Whitman, el poeta que cantó el cuerpo como sustancia gozante, un rastro de ello, haciendo coincidir al eidolon tomado como un Jano, con dos caras, con el objeto a: Tu cuerpo permanente, El cuerpo oculto dentro de tu cuerpo, La única razón de ser de la Forma que eres, el real yo, Es una imagen, un Eidolon. El εἴδωλον es un doble, una ilusión visual, opuesto al eidos o idea, que es la bella forma. El objeto a como lo que hiende al sujeto allí donde hay agujero, no surge ni de los cielos, ni de los arquetipos, no habita el “macrocosmos” como señala Lacan en El Seminario 7,2 sino el cuerpo de cada ser hablante. Lo que aparece en el fantasma es de hecho una “sombra proyectada…la metáfora de aquella causa primordial […]”,3 que cubre lo real, donde el objeto a cumplirá la función de “lastre” 4 en un fantasma que ancla al sujeto del significante y tapona su hiancia. Precisamente phantasma, cuya raíz proviene de “mostrarse, aparecer”, implica una representación de los objetos tal como aparecen para el sujeto, no tal como son, pero con la naturaleza creíble de un trompe-l'œil. El objeto a será entonces el “cebo” con que el neurótico retiene al Otro, 5 cebo de sombras y semblantes, de eidolons. Encubridor de la Cosa perdida, sobre ese cebo se inscribe el pathos, y en su nombre el ser hablante sueña, miente, tapa con el sentido. Así, un graffiti del Mayo francés que rogaba: “escóndete objeto”, puede leerse como un llamado al fantasma a recubrir dicha hiancia, cuando en esa revuelta quedaba al desnudo. Entonces, como lo real ha ido “del trauma al fantasma”, 6 la experiencia analítica puede hacer emerger los restos del primero, escondido detrás de la relación fantasmática al Otro. Lacan dice: “lo real, hay que buscarlo… en lo escondido, tras la falta de representación, de la cual sólo hay en él lo que hace sus veces, un lugarteniente”, 7 como en el poema de Whitman, un mundo hecho de eidolons que hacen las veces de obras que son “(s) obras” de la pulsión, objetos enraizados en el cuerpo partenaire del ser hablante: ¡Mira! Yo, o vos, O mujer, hombre, o Estado, conocido o desconocido Nosotros que parecemos hacer con compacta riqueza, fuerza y belleza, En realidad no hacemos más que eidolons… Habiendo precisado que el objeto a es, desde una de sus caras, un falso real, surge no obstante que su misma existencia no hace más que apuntarlo y “nos conduce al partenaire-síntoma” –como decía Eric Laurent en “Apuestas del Congreso de 2008”–, por lo que, llevado al extremo, al final de la experiencia analítica, de la desconexión fantasmática, pone en cuestión al Nombre-del-Padre y confronta al ser hablante a la pulsión. Es por ello que Lacan se vio obligado a plantear un paso más allá de él, un paso hacia el sinthome, allí donde el goce opaco al significante excluye el sentido. 8 El real de Lacan es un real sombrío que no se conjuga con el saber, como el real de la ciencia. En El Seminario 23, se pregunta si llegará a poder comunicarnos el fragmento de real9 en juego, en torno del cual florece el semblante, fragmento de real sostenido en la “no relación” sexual fruto del agujero que sobre ese real ha abierto la dupla simbólico-imaginaria del sentido. Se tratará entonces en la pragmática de la cura de un pasaje de la pasión de la verdad, del sujeto identificado a sus insignias, hacia el aislamiento del objeto a, propio, imposible de colectivizar, para finalizar en la singularidad de la marca de la pulsión. De la creencia en el sujeto supuesto saber, a lo que Lacan llamó la identificación al sínthoma, a su goce in-significante, que no es el del fantasma. Aislar en el sujeto un hueso de “non-sense”, 10 desemboca en el opaco real donde cada uno escribió su Letra. Para ello el analista se hace un “odd”, 11 un “sin par”, extravagante y extra-ordinario, lo que le permitirá conducir una experiencia que vaya de la idolatría fantasmática y de los semblantes, al atrio de lo real: tal el análisis en perspectiva, 12 y la orientación analítica hacia lo real. [1] Lacan, J., “El Seminario 21. Les non-dupes errent”, clase del 9/4/74, inédito. 2 Ver Lacan, J., El Seminario, libro 7. La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, p.115. 3 Lacan, J., El Seminario, libro 10. La angustia, Paidós, Buenos Aires, p.306. 4 Miller, J.-A., El Otro que no existe…, Paidós, Buenos Aires, 2005, p.459. 5 Lacan, J., El Seminario, libro 10. La angustia, Paidós, Buenos Aires, p.61. 6 Ver Lacan, J., El Seminario, libro 11. Los cuatro conceptos…, Paidós, Buenos Aires, p.68. 7 Lacan, J., El Seminario, libro 11. Los cuatro conceptos…, Paidós, Buenos Aires, p.68. 8 Lacan, J., “Joyce le symptome”, en: Autres écrits, Seuil, Paris, p.570. 9 Lacan, J., El Seminario, libro 23. El sinthome, Paidós, Buenos Aires, p.126. 10 Lacan, J., El Seminario, libro 11. Los cuatro conceptos…, Paidós, Buenos Aires, p.258. 11 Miller, J.-A., “Histoire de… Psychanalyse”, 2/6/2005, en Radio France Culture. 12 Miller, J.-A., Seminario “Le Tout Dernier Lacan”, 2006/07, clase del 21/3/2007 (tomada de TLN). Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| VI congreso de la AMP- el periódico- Información Tesorería |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Información / L’information / Le informazioni / Information / Infomação A partir de la fecha las Escuelas de la AMP (con excepción de los miembros en Argentina EOL) no recibirán más inscripciones. Aquellas personas que quieran inscribirse para el VIº Congreso AMP, fuera de la Argentina, deberán enviar la ficha de inscripción que está en la página web para reservar su plaza, y abonar el monto correspondiente en Buenos Aires. Verónica Carbone Tesorera VIº Congreso AMP. Fin des Inscriptions À partir d'aujourd'hui, les Écoles de l'AMP ne reçoivent plus les inscriptions (sauf pour les membres de l'EOL en Argentine). Les personnes souhaitant s'inscrire au VIème Congrès AMP et qui ne sont pas actuellement en Argentine devront envoyer la fiche d'inscription se trouvant sur la page web afin de réserver leur place et elles règleront les frais d'inscription à Buenos Aires. Véronique Carbone Trésorière du VIème Congrès de l'AMP |
| última actualización web ELP |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
| VI congreso de la AMP el periódico Nº 28 |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº 28 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" Adriana Luka Respondo a la invitación a participar en la conversación virtual sobre “la pragmática de la cura a partir del objeto a”, tomando como punto de partida la frase de una joven que llorando desconsoladamente dice: “Me di cuenta que para X (su partenaire) no fui una persona sino un lugar”, “lugar de mierda”, agregará más adelante. Conclusión a la que llega luego de un tramo del análisis dominado por el dolor por la pérdida de un amor. Fue la contingencia de un encuentro amoroso y un desenlace no consentido por la paciente lo que permitió comenzar a ubicar en la cura la posición de objeto, desecho, mierda, ofrecido, con insistencia, para ser expulsado y denigrado una y otra vez, por un Otro cruel (significante de la paciente). Verifico entonces cómo, un acontecimiento, inesperado o no para un sujeto, puede poner al descubierto datos de la estructura no manifestados con claridad anteriormente y posibilitar, como en este caso, la construcción de un fantasma. Si sostenemos que el verdadero partenaire del sujeto a nivel del fantasma es el objeto a, se trata de orientar la cura en la separación del objeto de goce, donde se encubre la posición del ser del sujeto. Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| Conferencia: La angustia y los lenguajes del cuerpo - Guy Briole- Granada |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
La angustia atraviesa el cuerpo, dejando a veces su marca como síntoma. Es el descubrimiento de Freud. Conversión, psicosomática, hipocondría, son los significantes que explicaremos a través de la clínica. El psicoanalista es concernido por el hecho de que los acontecimientos de cuerpo son también los acontecimientos del discurso. La angustia y los lenguajes del cuerpo Guy Briole Viernes 11 de abril de 2008 - 19:00 h. Salón de Grados -Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de Granada Entrada libre |
| Papers N. 4 (en français) - Bulletin Electronique du Comité d'Action de l'École Une |
| Posteado por A.A.delaR. a viernes, abril 04, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
![]() Numéro: 04 - Novembre de 2007 – Association Mondiale de Psychanalyse (AMP) PAPERS Bulletin Electronique du Comité d’Action de l’École Une– versão 2006-2008 Diana Wolodarsky Celso Rennó Lima Angelica Marchesini Isabelle Durand Carmelo Licitra Rosa Luisella Brusa CONSISTANCE ET IRRÉALISATION DE L’OBJET a ^ ÉDITORIAL Diana Wolodarsky dwolodarsky@fibertel.com.ar Les Papers nº 4 présentent les travaux de quatre collègues, membres de différentes Écoles de l’AMP, et d’un membre du Comité d’action. Produits du travail effectué dans les Écoles, ces textes contribuent à l’avancée de la préparation de notre prochain Congrès. En premier lieu, nous lirons le texte d’une intervention de Celso Reno Lima, membre de l’EBP, exposé lors d’une soirée d’enseignement du Comité d’action à la Section brésilienne du Minas Gerais. À partir d’un article de Vicente Palomera, il déplie les fondements et les avancées qui permettent d’aborder l’objet a dans la psychose, et ses différences d’avec la névrose. Traversant des moments différents de l’enseignement de Lacan, il conclut que, là où devrait exister un fantasme fondamental, le sujet psychotique tente de construire son monde par le délire. Il met l’accent sur l’importance du semblant dans la psychose, c’est-à-dire la possibilité d’introduire un objet qui peut tenir lieu de semblant, afin que le sujet psychotique supporte la rencontre avec l’Autre. Se référant, entre autres, aux Séminaires X et XVI, Isabelle Durand (ELP), aborde la dimension de l’objet a, depuis la perspective du vide, déjà ébauchée dans le Séminaire VII. Ainsi sommes-nous prévenus du risque de l’identifier à quelque chose de concret. L’objet a la consistance d’un trou, les morceaux de corps venant se modeler sur un vide. Ce travail nous éclaire sur l’objet plus-de-jouir et l’objet comme consistance logique. Dans le même perspective, Angélica Marchesini (EOL) fait une lecture comparée des Séminaires X et XVI, retraçant le parcours du passage des objets pluriels à l’objet unique. Si, comme point de départ, nous saisissons l’objet a en tant que prélèvement corporel, nous sommes conduits au multiple. Mais dans D’un Autre à l’autre, l’abord est différent, et l’idée de substantialité et de multiplicité disparaît. La consistance logique venant au lieu de la biologie, l’émergence du sujet est située à partir de la jouissance de l’Autre. Cette conception de l’objet plus-de-jouir introduit l’idée d’un objet apte à combler le vide dans l’Autre inconsistant. Carmelo Licitra Rosa (SLP) prend pour point de départ son précédent texte paru dans Papers, dans lequel il situait le stade anal comme modèle idéal pour concevoir la genèse de l’objet a. Ici, il montre comment se fonde la constitution de l’objet oral, à la lueur du Séminaire X. Ce n’est pas au niveau du sevrage que l’on voit surgir l’objet oral mais en examinant le couple naissance et sevrage. Et, soulignant la position de Lacan, il met en évidence que, bien que l’objet oral ne soit pas entièrement lié à l’Autre, il donne un premier signe du lien à l’Autre. Ce qui permettrait de parler de fantasme oral. Pour conclure, Luisella Brusa (SLP) s’arrête sur l’importance des affirmations de Lacan dans le Séminaire X sur l’objet oral, et se rapporte au texte de Catherine Lazarus-Matet dans Papers 2, pour traiter de l’objet a. Elle développe son propos selon trois scansions: topologie de la disjonction, consistance de l’Autre et production d’un irréel. ^ L’OBJET a DANS L’EXPERIENCE ANALYTIQUE AVEC LES PSYCHOSESSoirée du Comité d’action - EBP-Minas Gerais, 23/08/2007 Celso Rennó Lima celso.renno@terra.com.br L’intrusion d’une image peut être un recours pour que l’objet a puisse se présenter dans sa nature de semblant, et avoir ainsi des effets moins dévastateurs sur le sujet psychotique. Nous allons reprendre ici quelques-unes des avancées amenées par les deux textes autour de l’objet a1. Mon attention a été retenue par la manière dont les deux auteurs font appel à ce que nous appelions le premier Lacan, dans le sens où nous avons repris les concepts formalisés pendant cette époque. Dans le premier Lacan, l’objet a était fondamentalement image. Il était forgé à partir du stade du miroir, tracé dans le champ de l’Autre, là où un signifiant se faisait absent. L’objet était en conséquence une opération signifiante. Dans la mesure où le corps dans le miroir était nommé, il perdait de sa substance jouissive et se transformait en signifiant, mais seulement jusqu’à un point déterminé. Ce point est corrélé à l’ombilic du rêve chez Freud, là où, tout d’un coup, il n’y a pas un signifiant parce que ce qui se présentait dans le miroir n’avait pas de double. Un point dans lequel un sujet n’arrivait pas à se faire représenter par un signifiant pour l’autre signifiant. Ce point étant le lieu que Lacan, à l’époque, a nommé matrice symbolique, espace vide à partir duquel le symbolique se constitue. Ici s’éclairent les termes matrice symbolique et symbolique à partir des termes que Palomera reprend dans son texte : « Ce « peu de réalité », dit-il, ce point de trou, ce manque dans l’Autre, est fondamental pour qu’un sujet puisse se mettre en position de constituer un « peu de réalité ». Lacan va définir ce peu de réalité comme étant l’articulation du sujet avec cet objet ; cet objet du manque dans l’Autre. Cela, à partir de l’interprétation que ce sujet s’est construit de ce manque. Manque que Freud a appelé castration ». Ce « point de réalité » se soutient de ce que nous appelons le « fantasme fondamental », défini par Lacan lors de la construction de son graphe du désir, comme la mise en scène des signifiants fondamentaux d’un sujet. A ce moment là, le fantasme avait pour lui un substrat imaginaire. Le réel, même s’il était implicite et nommé dans les textes de Lacan – le premier texte « Symbolique, Réel et Imaginaire » étant de 1952, le réel donc, n’avait pas encore le caractère que nous lui attribuons aujourd’hui. Il se référait alors à la fois à ce que Freud avait nommé das Ding, et la réalité fournie par chacun à partir de la structure de son fantasme fondamental. Mais ce premier modèle s’est vite épuisé. Le graphe du désir a peut-être constitué la dernière tentative de Lacan de mathèmiser signifiant, signifié, demande, désir, nécessité et l’Autre comme lieu du code. Depuis lors, Lacan va introduire, ou va réintroduire, la question de l’objet dans son séminaire sur l’Éthique. Il le reprendra dans le das Ding freudien et ouvrira l’espace pour l’objet petit a. D’abord il va le récupérer par le biais de la fonction de l’amour de transfert, puis il s’en échappe et reprendra le signifiant dans le séminaire sur l’Identification, pour arriver à la formalisation dans les termes que nous connaissons aujourd’hui. Lacan, jusqu’à ce moment-là, a relégué la pulsion à un plan plus ou moins secondaire, comme J.-A. Miller l’indique dans Silet. Mais il se trouve aux prises avec la présence de cet objet qui ne se limite plus à être une image. Devant cela, il va reprendre le texte freudien pour ramener la pulsion dans le cadre de ce que nous appelons aujourd’hui l’orientation lacanienne. Il retourne au stade du miroir, refait l’image spéculaire, en lui donnant la consistance du corps et non plus celle de l’image. Il définit les objets petit a comme ce qui tombe du corps et qui fait présence. Il situe cette présence à partir du fait qu’elle est dénoncée par la pulsion elle-même, à partir de son mouvement d’aller-retour. C’est donc une présence qui dit d’un sujet qui cherche dans le champ de l’Autre, plus qu’une image, dans la mesure-même où il vit dans la rencontre avec l’Autre quelque chose de l’ordre d’une inconsistance. Ce pas donné par Lacan va de l’objet de l’image à un morceau du corps et va ouvrir un espace dans la direction de ce que Freud a laissé commesans réponse, à savoir : que veut une femme ? La pulsion comme trajet phallique va ouvrir le champ de l’Autre, la rencontre qui va au-delà de ce que la structure phallique peut offrir. Cet espace ouvert, Lacan va l’exploiter seulement à partir du moment où il structure les discours que je comprends comme une nouvelle façon d’écrire la pulsion. Le discours est ce qui fait lien social, ce qui part du champ de l’Autre et enlace dans celui-ci quelque chose qui peut circuler, via cet objet hétérogène, hétéroclite dans la série de signifiants qui composent les discours. J.-A. Miller dit que dans le séminaire XVII, nous trouvons la passe de Lacan, exactement au moment où Lacan va « au-delà du père ». Il existe un passage entre les deuxième et troisième subdivisions de ce séminaire, où Lacan introduit l’ « au-delà du père » et ouvre alors cet espace pour travailler la jouissance en tant que telle (« o gozo » en portugais). Cela a comme conséquence la place que prendra l’objet a. Il viendra, à partir de ce séminaire, indiquer alors la présence d’une jouissance qui va au-delà du plus-de-jouir. Cette indication de Lacan sera formalisée dans son séminaire XX. Toute la structure topologique que Lacan a utilisée jusque-là pour rendre compte de ces questions, va se vider et il va alors prendre appui sur une nouvelle structure topologique : celle du nœud borroméen. Lorsqu’il va se servir de la topologie borroméenne, il va se trouver face à une question fondamentale : ce qu’il avait travaillé au niveau de la communication, de la question, de la réponse, de la reconnaissance, va se vider. L’Autre, que Lacan avait construit comme lieu du code - là où il était peut-être possible pour le sujet de trouver réponse à ses demandes au niveau signifiant, va perdre quelque part ce caractère au fil de son œuvre à venir. Ce qui émerge alors, c’est un espace nouveau. Cet espace nouveau va se définir comme le lieu où le sujet rencontre une inconsistance logique. En contrepartie, dans le séminaire D’un Autre à l’autre. l’objet petit a va prendre un espace différent de celui qu’il occupait jusque-là. Dans ce séminaire, il entre dans la dialectique du grand Autre en tant qu’inconsistant, qui va être présenté, lui-même, en tant que consistance logique. Comme l’a indiqué J.-A. Miller récemment : « l’Autre est inconsistant parce qu’il est troué, alors que l’objet a est inconsistant parce que il n’a pas de trou ». Dans son texte « D’une question préliminaire… », Lacan travaille la question de l’objet dans la psychose, pour revenir ensuite à cette question dans son séminaire Le Sinthome lorsqu’il se confronte avec la question de l’Autre inconsistant et de la consistance de l’objet. Néanmoins reste la question de l’extraction de l’objet. Comment l’objet a se présente dans la psychose ? Comment peut-on utiliser ces concepts d’objets a, d’extraction de l’objet a dans la psychose ? Si la clinique nous convoque à intervenir à partir de ce lieu, comment allons-nous travailler cette question ? Dans son texte, Palonera nous a donné une définition très claire du lieu de l’objet a dans la psychose. « Le sujet psychotique, dit-il, révèle que l’objet a peut être découpé, mais cela n’est pas suffisant pour que cet objet soit détaché de lui ». Alors j’entends que le travail clinique consiste à essayer de localiser ce que le sujet psychotique amène comme une ébauche de ce qui, pour le sujet névrosé, serait l’objet a. Lorsque nous rencontrons un sujet névrosé dans un cadre de travail, ce qui se présente à nous des le premier moment, c’est son fantasme fondamental. Dans le fantasme fondamental, nous avons la pulsion qui est gelée dans un certain circuit, à partir d’une interprétation que le sujet fait de sa rencontre avec le manque dans l’Autre. Le sujet névrosé amène son objet a. Mais… pas dans sa poche, comme nous dit Lacan lorsqu’il parle de cet objet chez le sujet psychotique. Le névrosé l’amène, mais… articulé à son fantasme fondamental, enveloppé dans ce que nous connaissons comme « l’enveloppe formelle du symptôme ». Cette enveloppe formelle du symptôme, c’est la libido qui enveloppe la pulsion. Elle part d’un point, enlace la pulsion et retourne au corps. Pendant ce trajet, elle est toujours marquée par la présence du signifiant. Cette enveloppe libidinale protège l’objet petit a et établit un semblant, comme nous dit Lacan. Ce semblant produit pour sa part un masque, comme dans le théâtre grec. Ce mouvement produit des effets de cause et évite les effets drastiques de la rencontre avec un réel dépourvu de son enveloppe formelle. Dans une analyse, c’est le travail de l’analyste de démonter cette scène, pas à pas, et de faire de sorte que le sens que soutient la pulsion dans une certaine direction puisse vaciller. A partir du discours analytique, moteur de l’acte analytique, l’objet a est mis dans la position d’agent et sépare ainsi le S1 du S2. C’est à partir de ce moment que l’objet a se trouve au centre de la scène à partir du fonctionnement du Discours de l’Analyste. Ce Discours peut être effectif, à condition que l’analyste puisse permettre que l’objet a domine la scène. Là où un vide peut être soutenu par le désir de l’analyste. Un acte analytique peut donc avoir lieu. Il revient au sujet - marqué par cet acte qui peut déplacer la place de l’objet a dans le fantasme, de faire une articulation entre l’avant et l’après et de créer un nouveau nouage. Pour ce faire, le sujet doit être soutenu par une articulation entre sujet et objet dans leur relation avec l’Autre et de rendre la situation propice à un arrangement avec un autre seuil. Freud dit ceci : l’objet a, ou das Ding se présente dans le moment où le trait de perception ne trouve pas une référence dans les traits mnémoniques accumulés pendant le trajet du sujet à partir de son rapport à l’Autre, qu’il nomme Nebenmensch, moment où le jugement ne peut pas se faire. Freud dit que das Ding c’est quelque chose qui se manifeste au moment où se refuse une signification : elle apparaît et produit un effet de réveil chez le sujet. L’objet a a cette fonction : réveiller le sujet. En d’autres mots, c’est ce qui produit l’acte analytique : il défait le circuit orienté soutenu par le fantasme fondamental, et laisse le ciel ouvert au vide où règne l’objet a, réveillant le sujet. C’est la présence d’un nouveau sujet, ein neues Subject, comme nous rappelle Lacan dans son Séminaire XI. Lorsque nous écoutons un névrosé, nous nous rendons compte qu’au milieu de la trame qu’il déplie, il amène quelque chose qui échappe au jugement. Lorsque nous sommes attentifs à cette présence qui ne se réalise pas, qui ne se prête pas au jugement d’existence ni au jugement d’attribution, alors, nous pouvons savoir quelque chose de l’objet a. Dans la psychose, le sujet amène son objet a dans sa poche. Nous ne trouvons pas le fantasme fondamental parce qu’il n’existe pas un objet extrait dans le champ de la réalité. L’objet est là, mais le sujet n’a pas avec cet objet un rapport à partir d’une interprétation passible de faire lien social. C’est ceci qu’un des cas apporte. L’image de la photo peut servir de point d’appui fugace, fragile, parce que là où le fantasme fondamental devrait exister, le sujet psychotique tâche de construire son monde via un délire. Notre fonction étant alors celle de travailler pour que ce monde qu’il construit puisse se soutenir de la meilleure manière possible. Reprenant le texte de Palomera, nous trouvons une assertion, à partir de Lacan, que je considère comme fondamentale : « l’objet a est unique ». Il n’y a pas quatre objets a. Il existe des formes via lesquelles il peut se présenter, il existe donc des semblants. Objet du désir, objet de la pulsion, objet de la demande, objet du besoin, ne font qu’un. Ce qui va différencier l’objet de la pulsion, de l’objet du désir, de l’objet a, c’est la topologie et le temps. Objet regard, objet voix, sein et fecès sont des habits que, dans la psychose on essaie de faire exister comme semblants. On tâche, et je cherche à être clair quant à ça, puisqu’ils sont là en tant que présences réelles, et qu’il ne peut pas être extrait pour qu’un peu de réalité puisse se constituer parce qu’ils peuvent envahir le réel, provocant ainsi horreur ou perplexité chez le sujet psychotique, là où le névrosé parlerait d’angoisse. Toutefois, la fonction de ces objets est simplement celle-là. Ce que Palomera rétablit en citant Lacan : « ce vidage de substance est généralisé à tous les objets. Ce vidage de substance (en citant Miller) c’est précisément un des traits de l’objet a ». Par après, en citant Lacan dans le séminaire Le sinthome il ajoutera : « l’objet a c’est à peine un unique et même objet ». Ce qui est à faire dans la clinique de la psychose, c’est en tout cas ma pensée, c’est de faire en sorte qu’ « un » objet puisse circuler. Cet objet peut circuler, à condition d’avoir un semblant. Même bancal. Lorsque ce semblant fragile se rompt, nous allons voir apparaître, entre autres situations, un passage à l’acte. Ce qui est en jeu c’est précisément la possibilité de maintenir un espace entre le sujet et l’Autre. Et, à la place de l’absence d’un semblant qui pourrait servir de médiation, le passage à l’acte peut venir se loger comme une tentative de venir barrer la place réelle de l’objet. C’est cela que la psychose ordinaire et le fantasme fondamental permettent. Un peu moins mal dans la névrose. Le psychotique ne fait pas lien social. La question du semblant dans la psychose, cette possibilité de faire semblant pour qu’un lien social advienne est fondamentale. Il nous faudra donc travailler la possibilité d’introduire un objet qui puisse faire office de semblant, pour que le sujet psychotique supporte la rencontre avec l’Autre. Notre écoute en tant qu’analystes, doit peut-être se prêter à ça, écouter quelque chose qui puisse assurer la fonction de Nom-du-père en tant qu’élément séparateur, en tant qu’élément qui maintient à distance cet Autre qui incrusta l’existence de l’objet a, qui n’a pas été extrait par l’opération de séparation capable d’installer la présence d’un discours qui puisse soutenir le lien social. Ce n’est pas n’importe quel objet qui peut venir à cette place. C’est un objet qui puisse faire fonction de semblant pour un sujet même si ce sujet, marqué par le langage, n’est pas pris dans un discours. Traduit par Elisa Alvarenga 1 Référence aux textes de Catherine Lazarus- Matet et Vicente Palomera, objets de ce débat, cf Papers 1. ^ PLURALITÉ DES OBJETS a Angélica Marchesini amarchesini@arnet.com.ar Le prochain Congrès aura pour titre « Les objets a dans l’expérience analytique ». J.-A. Miller propose cette voie de réflexion : nous acheminer vers le Séminaire de l’Angoisse nous fera avancer. C’est le retour à une pluralisation et à une référence corporelle. En quoi le retour aux objets a « naturels » du Séminaire l’Angoisse sera-t-il une avancée? Tandis que l’objet dans ses cinq formes représente la variété des objets, dans d’un Autre àl’Autre et dans le séminaire suivant, l’objet a dans les discours fait disparaître cette hétérogénéité. C’est dans ce but que nous proposons une lecture comparée entre les deux séminaires de Lacan. Les objets a naturels au pluriel Nous remercions J.-A. Miller pour sa lecture du SéminaireL’angoisse (1) qui nous permet d’approcher ce Séminaire de Lacan et d’en extraire les conséquences sur la valeur des objets a, à ce stade de son enseignement. Dans le Séminaire L’angoisse, Lacan privilégie l’anatomie, l’organisme, plus que des particularités anatomiques. Ce qui est mis en jeu dans la coupure est une partie du corps, une part corporelle. En tant que séparation anatomique, elle apparaît comme première, comme antérieure à l’incidence du grand Autre. Dans la présentation du Séminaire, J.-A. Miller a fait allusion à un certain charme naturaliste. Ensuite il dira que c’est une « illusion », qu’il n’y a aucun naturalisme dans l’objet a chez Lacan. En effet, indique Lacan, on peut le remplacer. « L’objet naturel peut être remplacé par un objet mécanique…le remplacement possible de cet objet par n’importe quel autre qui puisse se rencontrer. Ce que j’appelle la cession de l’objet, se traduit donc par l’apparition, dans la chaîne de la fabrication humaine, d’objets cessibles qui peuvent être équivalents aux objets naturels. » (2) L’exemple est celui du sein qui peut être remplacé par le biberon et celui-ci peut à son tour être remplacé par n’importe quel autre objet. Mais, par ailleurs, les racines corporelles de l’objet a sont accentuées, en même temps qu’il est indiqué que des objets artificiels peuvent être les équivalents de ces objets naturels : transplantations d’organes ou extraction de l’image sous la forme d’une photo, voix qui peut s’enregistrer ou s’emmagasiner etc. Or aujourd’hui nous entrons dans une économie désirante frénétique, où les objets qui se substituent ces supposés objets naturels sont partout. Dans les considérations de Lacan, ces objets peuvent émerger et en même temps se multiplier en lien avec la liste traditionnelle, parce qu’ils sont déliés de toute référence oedipienne. La fonction de l’objet est d’être cessible, comme partie détachable, et l’objet est porteur, dans une certaine mesure, primitivement, de quelque chose concernant l’identité du corps. Et à son tour il précède le corps lui-même quant à la constitution du sujet. Lacan en est venu à détailler les séparations anatomiques de l’objet, les séparations naturelles de l’objet pris sur le corps, en principe sans l’intervention de l’Autre. Lacan fait référence à la sépartition, pour indiquer qu’il s’agit d’une division à l’intérieur qui concerne le sujet de l’organisme. « La relation de l’homme avec cette fonction appelée désir, elle s’anime pleinement seulement dans la mesure où est envisageable le dépècement du corps propre, cette coupure qui est le lieu des moments électifs de son fonctionnement. La « sépartition » fondamentale, non séparation mais partage à l’intérieur ».(3) Dans un premier temps, il y aurait ces objets naturels, avec division à l’intérieur du corps, antérieurs à la constitution subjective. Et dans autre registre, apparaissent les équivalents de ces objets naturels. A côté des objets du corps fragmenté a lieu une fabrication d’objets dans la culture. C’est la possibilité d’inscrire dans le symbolique cet élément naturel qui n’est pas encore passé dans le champ du langage et à la fonction de la parole. Un an plus tard, Lacan dira de la causalité du sujet que la première opération signifiante, c’est l’aliénation dans l’Autre symbolique. Ce morceau charnel appelé objet a, comme tel arraché à nous-mêmes, apparaîtra selon Lacan, dans les différents niveaux de l’expérience corporelle où se produit la coupure ; il énumère cinq formes d’objets a, oral, anal, phallique, scopique et vocal. Ce Séminaire différencie deux types d’objets, ceux de type spéculaires, reconnaissables et symbolisables. Et J.-A. Miller précise qu’il y a des objets d’un autre type, antérieurs à cette communauté imaginaire, qui ne sont pas réglés, mais chargés de Triebregung, qui ont une charge pulsionnelle. Selon J.-A. Miller, c’est ce qui deviendra, dans l’enseignement de Lacan, comme le plus-de-jouir. Si Lacan aurait utilisé le terme freudien Triebregung dans le Séminaire de L’angoisse, il aurait été sur la piste du plus-de-jouir. Ce qui peut se détacher de ce Séminaire, c’est que l’objet a apparaît identifié à une surface, il est capté dans son émergence, avant qu’il se soit imposé dans sa pure consistance logique. L’objet a en singulier, comme plus-de-jouir Si comme point de départ nous repérons l’objet a comme prélèvement sur le corps, nous sommes conduits à une multiplicité. Mais si on le réfère plus loin, au Séminaire D’un Autre à l’Autre, il s’agit d’un abord différent, l’idée de substantialité et de pluralité disparaît. Dans son cours « Illuminations profanes », J.-A. Miller réfléchit autour du titre D’un Autre à l’Autre. « Si dans ce Séminaire il continuait à dire la même chose, il devrait s’appeler d’un Autre aux autres. » Dans la description de l’objet a comme consistance logique, la logique prend le pas sur la biologie. Là se trouve la justification du singulier, de la seule consistance logique qui puisse valoir pour le sujet. Ces définitions apparemment contradictoires, J.-A. Miller les considère comme complémentaires, l’une s’ajustant à l’autre : «Le prélèvement pris du corps , objet naturel, obéit à ce qui est imposé par la consistance logique ». L’argument de J.-A. Miller est que le terme de « structure topologique », employé dans le Séminaire XVI (et dans le Séminaire X), permet de lier coupure sur le corps et consistance logique. Le SéminaireD’un Autre à l’Autre effectue une inversion de perspective en localisant l’émergence du sujet à partir de la jouissance et non à partir de l’Autre. Le manque dans l’Autre n’est alors plus effet du signifiant, écrit dans la formule de l’Autre barré (opération de la logique signifiante), mais il reçoit sa forme d’objet : l’Autre est « enforme » de a. L’objet a vient décompléter l’Autre. Dans ce Séminaire, Lacan fait référence à son inconsistance. Dans le lieu de l’Autre s’introduit ce trou qui peut se distinguer au titre d’objet a. Cette conception de l’objet a comme plus-de-jouir introduit à l’idée d’un objet apte à combler le vide d’un Autre inconsistant. L’objet a fonctionne comme lieu de capture de la jouissance, il l’attire, la condense, c’est un trou qui impose une forme à la jouissance. La topologie de Lacan est orientée par la logique qui soutient que pour que quelque chose existe il faut un trou. En suivant J.-A. Miller (4), disons que ce a, quand il est désigné à titre de structure topologique et de consistance logique, a la consistance du trou et que des parties détachées du corps viennent ensuite se mouler sur cette absence. J.-A. Miller reprend des exemples de Lacan, « l’essentiel de la pulsion scoptophylique, pas toute la pulsion, mais sa forme exhibitionniste, c’est faire surgir dans le champs de l’Autre le regard. L’opération est celle de réaliser, combler le trou dans l’Autre, faisant apparaître dans ce champ le regard. » Il propose également de séparer la fonction de la substance. Dans sa lecture du Séminaire X, il dit que Lacan indique que cet objet a n’est autre que la présence d’un creux, d’un vide, que peut occuper n’importe quel objet. Et cet objet quelconque, marque de façon intermittente le Séminaire de L’angoisse. C’est la raison pour laquelle Lacan pourra faire plus tard de l’objet a simplement une consistance logique, c'est-à-dire pas une substance. Quelque soit le charme des représentations de l’objet a et de ses formes, il est nécessaire d’en isoler la fonction. L’objet a comme unique, comme plus-de-jouir, non comme multiple, sinon comme consistance logique, est un vide. La fonction logique est un vide que le corps devra ensuite satisfaire par la voie des diverses extractions. Dans le Séminaire XVI, l’objet a ici en tant que consistance logique, est une fonction symbolique, et dans un second temps le corps trouvera à se satisfaire dans la recontre avec des bouts de corps, avec les diverses contingences corporelles. Dans le SéminaireL’angoisse, il y aurait deux temps, celui des objets, dans leur constitution présubjective, et celui où des équivalents se substituent à ces objets dits naturels. Ensuite, avec la notion de plus-de-jouir, on peut ajouter que la fonction plus-de-jouir vient dans une seconde phase, par rapport à une plus primitive. Et la jouissance du plus-de-jouir, c’est la façon dont prend corps la perte entropique. À ce qui précède répond un supplément de jouissance, le plus-de-jouir, qui le concerne comme supplément de la perte. C’est une façon d’expérimenter « la palpitation de la vie » comme le mentionne J.-A. Miller (5). C’est ainsi que nous pouvons différencier deux versants de a. Un logique comme ce qui vient occuper le lieu de l’ensemble vide dans l’Autre. Et c’est seulement l’unique consistance logique qui vaut pour quelqu’un, qui impose une forme à la jouissance. Et l’autre est une face substantielle. Les substances épisodiques, à partir de la perspective de la jouissance, susceptibles de s’incarner et de se matérialiser de façon diverse, offrent une forme de jouissance qui n’est pas vide. Traduit par Véronique de Saint Pierre-Quintana 1- J.-A. Miller, J.-A. L’Angoisse Lacanienne, Piados. 2- J. Lacan, Le Séminaire L’angoisse, Livre X, Piados, p. 338 3 Ibid, p. 256 4- J.-A. Miller, Cours « Illuminations profanes », 23-11-2005, inédit. 5- J.-A. Miller, « Une lecture du Séminaire D’un Autre à l’autre », dans la Cause freudienne n°64 ^ PONCTUATIONS SUR L’OBJET a Isabelle Durand isabelledurand8@yahoo.es Le vide structurant La production de l’objet a en tant que plus-de-jouir résulte d’un vide structurant et présente, pour ainsi dire, deux valeurs ou deux faces. Dans le séminaire X, L’angoisse, Lacan fait quelques références au vide. Il avance qu’il n’y a rien de plus structurant que la forme du bord du vase1. Mais, dans ce séminaire, l’objet a est présenté à partir du corps et les objets sont des extractions corporelles. Dans le séminaire XVI, D’un Autre à l’autre, l’objet a comme consistance logique apparaît au premier plan. A vrai dire, il y a une complémentarité entre ces deux perspectives : l’objet a en tant que consistance logique est une fonction que le corps doit satisfaire via différentes extractions corporelles. Nous pourrions dire que dans ce séminaire Lacan s’occupe de la structure, de la fonction f(x), tandis que dans le séminaire X, il s’atèle plutôt à l’argument, à la variable « x ». L’avantage d’aborder l’objet a à partir de la perspective du séminaire XVI, c’est-à-dire en tant que consistance logique, tient dans le fait que nous sommes avertis du danger d’identifier l’objet a à quelque chose de concret. La logique, dans le séminaire XVI, vient à la place accordée à la biologie dans le séminaire X2. L’objet a, abordé à partir de la structure topologique, prend la substance du trou. Ce n’est que dans un second temps que des morceaux de corps viennent se mouler, s’accommoder à ce vide-là. Tout au long de son enseignement, Lacan aborde l’objet a en rapport au vide. Depuis le séminaire VII l’objet a est esquissé à partir de la référence heideggérienne du vase. Celle-ci introduit en même temps la valeur moins (-) et donne la possibilité d’un remplissage. « C’est le vide qui crée »3 dit Lacan. Ensuite, ce trou, produit par l’annulation du signifiant, pourra être colmaté par un objet mais toujours de façon insuffisante ou inadéquate. Dans le séminaire VIII, Le transfert, l’objet a est un lieu vide et, en tant que tel, n’importe quel objet peut s’y loger4. Aucun objet n’a plus de valeur qu’un autre. Ceci implique d’une part le deuil de l’amour, de l’objet unique et, a contrario, l’accord avec la pulsion5. Lacan reprend la fonction du vide dans le séminaire XI au moment où il fait référence à Freud. Il nous rappelle que la pulsion est sans objet et que quelque chose est à fixer. En effet, l’objet de la pulsion freudienne est essentiellement interchangeable. La pulsion peut être inhibée quant à son but tout en obtenant, malgré tout, satisfaction. La conclusion de Lacan au sujet de la pulsion freudienne est que nous confondons souvent l’objet a avec le point de fermeture de la pulsion. L’objet de la pulsion est totalement indifférent. Ici, Lacan propose la structure du plus-de-jouir sous la forme de l’objet entouré par la pulsion. Il indique que cet objet a est seulement la présence d’un trou, d’un vide pouvant être colmaté par n’importe quel objet6. L’objet a ce n’est pas une substance mais un vide topologique, nécessaire à ce que la boucle soit bouclée. A d’autres moments de son enseignement Lacan avance que le véritable objet de la pulsion est la satisfaction. L’objet a est la satisfaction de la pulsion en tant qu’objet. L’extimité de l’objet a Lacan a recours à la topologie dès lors qu’il commence à construire l’objet a. En effet, les termes « extérieur » et « intérieur » ne suffisent pas à anticiper la structure dont il s’agit. La structure de l’objet a est « extime». Le mot « extimité » est un terme inventé par Lacan. Pourtant il ne s’en est servi qu’à deux occasions. C’est Jacques-Alain Miller qui a donné à ce mot la place qu’il occupe aujourd’hui dans la théorie analytique. Et ce, jusqu’à le choisir comme titre pour l’un de ses cours7. Il s’agit d’un concept qui comprend un paradoxe car il désigne le plus propre comme étant à la fois le plus à l’extérieur. Depuis « Fonction et champ de la parole et du langage »8 Lacan recourt à la topologie pour rendre compte de la structure de l’inconscient. Il a choisi comme représentation intuitive la forme tridimensionnelle d’un tore où le périphérique et le central se confondent. Néanmoins, ce sera à partir de la construction de l’objet a que le recours à la topologie deviendra constant. Le huit inversé répond aussi à la structure de l’objet a. Il est à la fois le circuit lui-même et ce qui choit du fait de la coupure opérée à partir de son cercle. Nous pouvons dire que cette structure est l’objet a en tant qu’extime. Lacan distingue la jouissance évacuée comme trou et la jouissance comme plus-de-jouir. L’objet a est à la fois trou et bouchon9. Il désigne autant l’absence de ce qui manque et le bouchon qui la colmate. En conséquence nous pouvons dire que l’objet a a deux faces. L’une positive qui fonctionne comme bouchon, et l’autre équivalente à une absence – donc à valeur négative, marquée par un moins (-). C’est en rapport à cette deuxième face que nous pouvons dire que l’objet a inclut la castration. L’objet a est à la fois le plein et le vide. Lorsque nous parlons de l’objet a en tant que plus-de-jouir, nous faisons référence au côté « plein ». Par contre, quand nous abordons l’objet a comme « vide », nous pointons l’autre face, le trou ; c’est-à-dire l’objet a comme cause de désir. Au sein de cette consistance logique marquée par le vide se loge un plus-de-jouir en tant que consistance corporelle. La consistance de l’objet a est ce qui donne lieu au plus-de-jouir. Lacan a recours à la topologie sans abandonner la logique. Il ne passe pas de la logique à la topologie. Sa topologie est orientée par la logique. Et l’axiome de la topologie est : pour que quelque chose existe il faut un trou10. L’objet a comme consistance logique Pour comprendre la raison pour laquelle nous disons que l’analyste s’inscrit dans la même série que l’objet a, nous devons le dé-substantialiser11. Ce n’est pas la substance de l’objet qui compte mais sa fonction. L’objet a est une consistance logique, une fonction. Si le sevrage est traumatique, si nous le désignons comme étant une préfiguration de la castration, c’est parce que le sein de la mère ne lui appartient pas. Il fait partie du sujet12. Pour l’analyste c’est la même chose. Il ne faut pas reculer, dit Miller13, en admettant que l’analyste appartient au patient, il est un organe du patient. L’analyste est un organe irréel du patient. Miller avoue que c’est une façon un peu crue de parler de ce que Lacan appelle « un semblant ». L’analyste est un semblant d’objet, il représente l’objet a. Il s’agit d’une représentation matérielle dudit objet. Et l’objet ne peut accéder au statut de semblant que s’il se soutient d’une consistance logique. C’est pourquoi à chaque coupure de séance le patient est confronté à la castration, c’est-à-dire à une perte de jouissance. En tout cas, quand nous parlons d’objet a, il faut distinguer le réel de cet objet, son vide topologique de son statut de semblant14. Il faut se rappeler que quand nous traitons quelque chose de forme logique nous la considérons comme déduite d’un savoir démonstratif. En conséquence, il y a l’idée de nécessité. Quelque chose se déduit, et en dehors de ça rien d’autre ne peut en être déduit. La logique implique qu’une fois le point de départ posé, une série commence. Il s’agit d’un appareil signifiant subordonné à un impératif de cohérence et, sans cet appareil, il n’y a pas d’impossible. L’impossible dépend de la prémisse, du semblant. Le réel comme impossible est une catégorie logique. Nous pouvons déduire que quelque chose est impossible à condition de la mettre en relation à une prémisse logique. Cela veut dire qu’il n’y a pas de réel en tant que tel, mais qu’il dépend toujours du signifiant. D’où la nécessité d’admettre que la catégorie du réel relève du signifiant. Et ce, pour pouvoir dire que l’analyste fait fonction d’objet a15. Le symbolique précède l’objet a. Il ne s’agit pas d’un réel à l’état brut, déconnecté, mais d’un réel produit. L’objet a plus-de-jouir est un produit du langage. A mesure que le signifiant prend le pas sur la chose, l’objet a apparaît comme un condensateur de la jouissance. Cet objet a n’est donc pas quelque chose qui précède, mais plutôt un produit. Il est un produit de l’effacement de la jouissance, opéré par le langage. Sa consistance logique prend sa valeur à partir de l’inconsistance de l’Autre. Dans le séminaire XVI, Lacan reprend le paradoxe de Russel16 pour illustrer l’inconsistance de l’Autre, et par conséquence, la consistance de l’objet a. Le paradoxe de Russel se résume à l’impossibilité de faire un ensemble, c’est-à-dire, de faire un tout. Russel s’appuie sur l’exemple d’un barbier qui se propose de raser tous les hommes de son village qui ne se rasent pas eux-mêmes. La question sans réponse est de savoir si le barbier lui-même entre dans cet ensemble-là. Ce paradoxe qui nous amène à ne pas pouvoir mettre le barbier ni dans un ensemble ni dans l’autre, fait de sa logique quelque chose d’inconsistant. Du côté de la topologie, l’objet a est le trou qu’implique l’inconsistance du A barré. Le trou n’est pas le manque. Le trou est ce qui permet que le cercle intérieur de l’Autre soit contigu au cercle extérieur. L’objet a comme plus-de-jouir L’objet plus-de-jouir est une nouvelle définition de l’objet a. Lacan l’introduit à partir du séminaire XVI. Il est construit sur le modèle de la plus-value de Marx. Nous pouvons voir de quelle façon il reprend et dépasse la conception freudienne : « le plus-de-jouir est une fonction de renoncement à la jouissance, provoqué par l’effet du discours. C’est ce qui donne lieu à l’objet a »17. Pourquoi la plus-value de Marx ? Le prolétariat vend son travail au capitaliste, qui le lui achète à un prix inférieur à sa valeur. La question se pose alors de savoir si, dans cet échange entre le travail du prolétaire et l’argent du capitaliste, il reste une part de travail qui ne se paye pas. Marx la nomme comme étant la plus-value. Nous avons deux termes qui s’annulent lors de l’échange : le reste et la plus-value. Celle-ci est l’essence du régime capitaliste. A partir de ce schéma, Lacan construit le plus-de-jouir. Nous y trouvons un autre type d’échange : le discours annule la jouissance, et en tant que reste, l’objet a apparaît comme plus-de-jouir. En conséquence, il y a un « plus » (plus-de-jouir) car il y un moins (renoncement). Ce «moins » y est introduit sous la forme du discours. Chez Freud, ce « moins » était introduit sous les espèces de la contrainte imposée par la civilisation. Le paradoxe du surmoi du chapitre VII du Malaise dans la culture18 illustre parfaitement ce circuit. Il se résume ainsi : le renoncement à la jouissance pulsionnelle, au lieu d’apaiser les exigences du surmoi ne fait que les accentuer. Plus on renonce à la jouissance pulsionnelle plus celle-ci nourrit le surmoi qui jouit sur l’objet précis du renoncement. Lorsque le surmoi amène les pulsions à renoncer aux exigences de satisfaction, il produit un plus-de-jouir que nous appelons l’objet a. Il est intéressant de souligner que le surmoi s’approprie immédiatement cette jouissance supplémentaire. La jouissance sacrifiée sert le surmoi qui ne cesse d’exiger des nouveaux renoncements. On jouit du renoncement à la jouissance19. L’exemple paradigmatique de cette façon de générer l’objet a via le renoncement à la jouissance est celui de Kant qui, au nom de l’impératif catégorique, voulait sacrifier tous les objets pathologiques. Lacan a démontré que ce sacrifice de la jouissance à la morale Kant produit un plus-de-jouir. Il nous a révélé qu’à l’intérieur de Kant il y a Sade. C’est-à-dire que le surmoi moral porte la pulsion de mort. Le séminaire XVI (ainsi que le séminaire XVII et Radiophonie) représente un nouveau virage dans l’enseignement de Lacan. En effet, Lacan introduit la jouissance comme étant un effet du signifiant. Il s’agit du cinquième paradigme de la jouissance (ou jouissance discursive) élaboré par Miller20. Il pose que le signifiant est un appareil de jouissance. A partir de là, Lacan écarte l’autonomie du symbolique, idée sur laquelle il avait fondé une grande partie de son enseignement. Dans le séminaire XVI, Lacan traite le renoncement à la jouissance comme effet du discours. C’est le discours qui produit l’effacement de la jouissance, le « moins ». Un effet de perte est produit ainsi qu’une tentative de récupération de la jouissance perdue. L’objet a est la part de jouissance récupérable, supplément ayant échappé à la mortification. Jusque là, nous avions la thèse selon laquelle le signifiant produit une mortification sur le corps. Maintenant Lacan introduit une nouvelle thèse qui n’annule pas la première : le signifiant produit la jouissance sous la forme de l’objet a plus-de-jouir. Ce paradigme implique que l’objet perdu, la jouissance, est un effet du signifiant. On n’accède pas à la jouissance via la transgression mais à travers l’entropie, c’est-à-dire la perte produite par le signifiant. Nous avons ainsi une double relation : d’un côté l’annulation de la jouissance conçue comme effet de signifiant, « entropie », et suite à cette perte de jouissance, la réponse se fait sous la forme d’une jouissance supplémentaire que Lacan nomme : objet a plus-de-jouir. Il y a une récupération de la jouissance perdue sous la forme de l’objet a en tant que plus-de-jouir, qui vient ici comme une vaine tentative, vouée toujours à l’échec, pour colmater le manque de jouissance produit par le signifiant. Voilà le ressort de la répétition. Cette récupération de jouissance est induite par le signifiant et c’est la déduction de l’objet a qui fait de lui une consistance logique. Ce ne sera que dans un deuxième temps logique que cette fonction symbolique sera incarnée par un bout de corps. En guise de conclusion nous aimerions souligner que, bien qu’en identifiant l’objet a à quelque chose de concret nous risquons de tomber dans une illusion substantialiste, il existe aussi le danger inverse : tomber dans un désert de substance. Ceci explique probablement la raison d’être du thème choisi pour le prochain congrès de l’AMP « Les objets a » au pluriel et non pas « l’objet a » au singulier. En effet, si nous n’introduisons pas le corps, le formalisme logique perd tout intérêt21. Une logique incarnée n’est pas moins une logique, et elle nous permet de continuer à utiliser l’objet a pour rendre compte de la jouissance22 et pour pouvoir parler de ce qui est impossible à dire. Traduit par Beatriz Gonzalez et Romain-Pierre Renou NB : Ce travail a été présenté dans l’Espace central « Les objets a dans l’expérience analytique » au local du CdC-ELP le 19 décembre 2006 1 LACAN J., Le séminaire, Livre X, L’angoisse, éd. Du Seuil, coll. Champ Freudien, Paris, 2004. 2Ibid. 3 LACAN J., Le séminaire, Livre VII, L’éthique de la psychanalyse, éd. Du Seuil, coll. Champ Freudien, Paris, 4 LACAN J., Le séminaire, Livre VIII, Le transfert, éd. Du Seuil, coll. Champ Freudien, Paris, 5Ibid. 6 LACAN J., Le séminaire, Livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, 7 MILLER J.-A., cours de 1985-1986, inédit. 8 LACAN J., « Fonction et champ de la parole et du langage en psychanalyse », in Ecrits, éd. Du Seuil, coll. Champ Freudien, Paris, 1966. 9 MILLER, J.-A., Extimité Op. cit. cours du 16 avril 1986, p. 457 10 MILLER J.-A., Los signos del goce in Los cursos psicoanaliticos de Jacques-Alain Miller. 1999, Ed. Paidos, Buenos Aires p. 233 11 MILLER, J.-A. Introduction à la lecture du Séminaire X, l’angoisse de jacques Lacan Op. cit. p. 103 12 LACAN, J. Séminaire X, l’angoisse, Op. cit p. 314, 315 et 318 13 MILLER, J.-A. Los signos del goce Op. cit p. 199 14 MILLER, J.-A. L’Autre qui n’existe pas et ses comités d’éthique version en espagnol in Los cursos psicoanaliticos de Jacques-Alain Miller Op. cit. p.386 15 MILLER J.-A. Los signos del goce Op. cit p. 213 16 LACAN J., Le séminaire, livre XVI, Op. Cit. 17Ibid. 18 FREUD S., Le malaise dans la culture, Quadrige / PUF, 1998, Paris. 19Ibid. 20 MILLER J.-A., « Les six paradigmes de la jouissance », in Revue de la Cause freudienne, n° 43, octobre 1999. 21 LACAN, J. Séminaire X, l’angoisse, Op. cit p. 233 22 MILLER J.-A., « AMP 2008. Les objets a dans l’expérience analytique » in La lettre mensuelle N° 252, p. 9-10 ^ NAISSANCE ET SEVRAGE Carmelo Licitra Rosacarlicitra@libero.it Dans Le séminaire X Lacan précise que, même si l’Autre est toujours là, « la réalité de l’Autre » peut varier. Soit ici cet Autre pour autant qu’il s’incarne en une présence subjective, c'est-à-dire être plus ou moins accessible, selon les différentes phases du développement. C’est en particulier avec l’avènement de la demande de l’Autre, au stade anal, que la réalité de l’Autre prend la consistance adéquate pour permettre la constitution de l’objet en rapport à la chaîne signifiante. L’objet anal, comme j’ai déjà eu l’occasion de le souligner, est donc une sorte de modèle idéal pour concevoir la genèse de l’objet. Toutefois – rajoute Lacan- , le niveau oral peut se prêter à une recherche sur la constitution de l’objet. Avec cette proposition Lacan ne se lance cependant pas dans une énième excursion sur le nouveau-né appendu au sein, et sur le sevrage qui, avec ses séquelles, préfigure le prototype de la perte de l’objet de jouissance primordial. D’un autre côté – remarquons-nous, dans les séminaires précédents, Lacan n’avait pas dédaigné cette référence classique de la doctrine psychanalytique, pour caractériser l’objet partiel, l’objet oral en particulier. De manière inattendue, dans ces passages du Séminaire X, Lacan se déplace sur le moment de la naissance, réévaluant d’une certaine façon les célèbres élucubrations sur le traumatisme de la naissance qu’ont assemblées, peut être un peu hâtivement, Otto Rank et Sandor Ferenczi. Il souligne que c’est là, et non dans le sevrage, que nous voyons surgir l’objet oral1. Mais où donc ici pouvons nous repérer l’Autre ? Il y a indubitablement quelque forçage à vouloir cerner la demande de l’Autre dans la conjoncture de la naissance. L’Autre- réponds Lacan- se matérialise par une radicale extranéité de la réalité extérieure, vers laquelle levivant est poussé par force en venant au monde, expulsé qu’il est de l’environnement fœtal primitif. De l’incidence de cet Autre, conformément aux passages théoriques synthétisés au commencement de ce travail, jaillit l’angoisse, l’angoisse de la naissance, pour le coup. A partir de l’angoisse, nous attendons donc de passer au temps suivant, celui de la cession. Qu’est ce donc qui est cédé ? Mais c’est justement le cri, cri ainsi assimilé à un objet. Sauf que- pointe Lacan- ce cri, qui surgit du nouveau né, s’il le cède intempestivement – comme le seront les fécès intempestivement lâchées-, il s’agit néanmoins de quelque chose avec lequel, à la différence des objets cédés ultérieurs, le sujet ne pourra plus jamais se conjoindre. Cela n’exclue en rien qu’il s’agisse d’expérience subjective, comme l’attestent les signes, à peine esquissés, d’une mimique de la surprise, relevée sur le visage du nouveau-né. Par ailleurs Lacan ne manque pas de souligner la nouveauté absolue qui est celle de situer le cri comme originaire, quasi inaugural du rapport à l’Autre. Car jusqu’alors, quand il en avait parlé – il suffit de lire les « Remarques sur le rapport de Daniel Lagache »- il en avait fait un moment terminal plutôt qu’inaugural dans le rapport à l’Autre, avec l’intimité de l’Autre comme matrice de notre prochain.2 Le trauma de la naissance n’est donc plus- comme cela avait toujours été entendu- séparation d’avec la mère, mais aspiration dans un environnement radicalement Autre. Mais alors, quel est le rapport entre ce moment de la naissance et le sevrage, où on reconnaît plus clairement, au moins sur le plan simplement phénoménologique, la séparation ? Le lien entre la naissance et le sevrage – n’est pas facile à établir, admet Lacan- ceci du fait qu’ils soient « contemporains » 3 et se recouvrent. Pour le reste, alors que la séparation de la naissance est subie, le sevrage est « actif » : l’enfant n’est pas sevré, mais se sèvre, jouant à se détacher et à se rapprocher du sein. C’est grâce à cela que l’on peut parler d’un désir de sevrage, et que peuvent se concevoir les formes précoces d’anorexie, c'est-à-dire de refus du sein, en tant qu’il est déjà corrélable à un dialectique avec la grand Autre4. Toutefois– relève Lacan- il manque à ce premier objet oral le plein lien avec l’Autre, du fait que cet objet ne puisse être mis en jeu dans la partie qui se joue avec l’Autre. L’objet est à situer du côté du nouveau-né.5 N’étant pas du tout du côté de l’Autre, cet objet ambocepteur est cependant « le premier signe » du lien avec l’Autre 6– et donc son statut d’objet transitionnel est pleinement légitime- d’où son rapport avec l’angoisse7 Pour un rapide résumé, je vous invite à vous référer au schéma tripartite de la page 190 du Séminaire X, auquel recourt Lacan pour la production de l’objet. Dans le premier moment nous situons l’Autre constitué par l’environnement externe, dans lequel à la naissance, le nouveau-né a été poussé de force; dans le second moment, il y a l’angoisse, qui toujours surgit devant l’altérité ; dans le troisième temps, la genèse de l’objet, évidente dans le cri qu’il laisse échapper. Sauf que, au moins à ce premier niveau oral, le cri, objet produit, ne peut être récupéré, pour être ensuite assumé en tant qu’objet cause au sein du fantasme, comme le voudrait la structuration contemporaine de ce moment. C’est justement pour cela, que dans cette structuration du fantasme, un autre objet est utilisé, l’objet oral – sein ou téton- objet interne autour duquel est centré le sevrage, et qui a l’avantage d’être dans un rapport de contiguïté temporelle. C’est du fait d’une simple contiguïté temporelle- semble dire Lacan- que l’objet de nutrition vient se prêter à cette première dialectique avec l’Autre qui au contraire vraiment tourne autour du cri d’angoisse de la naissance. Il y a donc une claire superposition entre le cri – l’objet proprement oral qui se produit dans la cession – et le téton-sein - l’objet de nutrition- qui, bien qu’appartenant au sujet – c’est du moins sur cet aspect qu’insiste Lacan- est utilisé dans la primitive dialectique avec l’Autre comme élément pour construire le fantasme oral. Fantasme qui donne appui à un désir en tant qu’ « actif »8, qui soutient la demande orale, demande qui est adressée par le sujet à l’Autre pour en obtenir une réponse qui soit de l’ordre du désir, c'est-à-dire qui ne se limite pas aux dispenses de soin. Traduit par René Fiori 1 Jacques Lacan, Le Séminaire, Livre X, L’angoisse, Paris, Seuil 2004, pp377-3782 ibid p 3783 ibid4 ibid p, 3795 ibid, p 195 6 ibid , p 379 7 ibid , p379. 8 ibid ^ CONSISTANCE ET IRRÉALISATION DE L’OBJET a Luisella Brusalubr@fastwebnet.it Je voudrais m’arrêter sur deux affirmations de Lacan au sujet de l’objet oral et une autre sur l’objet a. Les premières se trouvant dans Le Séminaire X, la troisième dans L’acte psychanalytique, mentionnée par Catherine Lazarus-Matet dans Papers n°2. 1. Topologie de la disjonction Manque dans l’Autre et separtition de l’objet Chacun des cinq objets a naturels comporte un certain niveau de subjectivation avec ses propriétés. Lacan soutient que dans la pulsion orale, on peut saisir quelque chose qui est élidé, ou renversé, dans les étapes ultérieures. S’y montre le réel de l’angoisse, la non-coïncidence du manque au niveau de l’Autre avec l’objet cause du désir. « Le rapport à la mère pour autant qu’il se profile dans l’image du vampirisme, voilà ce qui nous permet le point d’angoisse du point du désir. Au niveau de la pulsion orale, le point d’angoisse est au niveau de l’Autre […]. »1. L’objet cause du désir est au contraire du côté du sujet, produit par la sépartition, la partition interne au sein. « Voilà qui se trouve inscrit dès l’origine, et dès le niveau de la pulsion orale, dans ce qui sera la structuration du désir »2. C’est là la topologie de la disjonction, avant que l’objet ne soit pris dans les rêts de la demande3, où l’objet du désir est placé du côté de l’Autre et l’angoisse est déplacée sur la cession de l’objet. Cette disjonction est d’une importance capitale, en tant que tremplin qui permet à Lacan de penser une analyse comme finie, qui n’échoue pas sur le roc de la castration ; sur le désir du phallus comme objet incluant en même temps l’objet cause du désir et l’objet du manque constitutif de la satisfaction, c’est-à-dire du manque impliqué dans le symbolique. « …nul phallus tout-puissant, n’est de nature à clore par quoi que ce soit d’apaisant, la dialectique du rapport du sujet à l’Autre, et au réel»4. « Ce n’est pas ça » Ce sur quoi Jacques-Alain Miller a attiré notre attention, dans le programme de travail pour le Congrès, c’est ce que montre Lacan au niveau oral, que le sein nutritif et le sein érotique sont deux réalités distinctes. La mamme est et restera le soutien du rapport au désir. « La mamme deviendra ultérieurement l’objet fantasmatique. Il y a, d’autre part, ailleurs, le point d’angoisse, où le sujet a rapport avec son manque. Ce point ne coïncide pas avec la mamme. Il est en quelque sorte déporté dans l’Autre, car il est, au niveau de la mère, suspendu à l’existence de l’organisme de celle-ci »5. Dans le schéma indicatif, la mamme, l’objet cause du désir, qui est cédé, est du côté du sujet, partition interne au corps fragmenté ; et l’angoisse est du côté de l’Autre, appendue à la possibilité que l’Autre puisse manquer. Un morceau de corps est cédé avec son consentement, l’enfant se sèvre, « c’est le désir de sevrage» ou « désir de séparation »6 qui habite l’être parlant. Dans le même temps, il y a intrusion de l’Autre, si l’on suit la métaphore de l’atmosphère qui entre dans les poumons du nouveau-né au moment où il quitte l’environnement intra-utérin. Mais cet Autre de l’intrusion est d’une autre substance, soit l’autre symbolique de la présence-absence. Cette substitution, qui introduit l’objet comme rien, laisse insatisfait le sujet, qui se rabat sur le morceau de corps réel cédé aux fins de réparer la perte – Ici Lacan reprend les termes de l’insatisfaction structurale du symbolique du Séminaire IV. Nous pouvons y voir une première version du « Ce n’est pas ça ». Le refus du sevrage serait constitutif de ce passage, par conséquent universel. Mais le même sein réel, après ce virage, « ce n’est plus ça ». Suivant les résonances de la métaphore de l’atmosphère qui, dans le moment de son intrusion, asphyxie le nouveau-né, l’Autre ici n’est pas seulement symbolique. Après avoir cédé un morceau de corps, le nouveau-né incorpore un Autre qui est symbolique et réel : lalangue. 2. L’Autre consistant « Il croit que a, c’est l’Autre, et qu’ayant affaire à a, il a affaire à l’Autre, le grand Autre, la mère»7. À travers l’analyse de la pulsion orale, Lacan introduit l’accès à l’Autre par la voie de la pulsion. Nous savons qu’il reviendra plus d’une fois sur le double accès à l’Autre8.La relecture fantasmatique définit cet accès à partir de chacun des objets pulsionnels, qui tour à tour viennent s’acquitter de la fonction définie de l’objet a. Dans Le Séminaire X, ce moment primitif, où l’objet a et l’Autre se confondent, où l’objet a est pris pour l’Autre, a un commencement logique au niveau du rapport avec l’objet oral, alors que s’établit la matrice de a. C’est pour cela que l’oral est l’objet de l’analyse kleinienne de l’envie, premier objet pulsionnel qui devient le dernier dans l’élaboration régressive du parcours analytique. Il est l’objet qui supporte l’idée kleinienne de fin d’analyse, celle d’une élaboration de l’ambivalence pour l’objet source de vie9. L’ambivalence décrit ce double mouvement entre désir de sevrage et refus de sevrage. C’est une dialectique à deux termes, infinie, dans laquelle M. Klein identifie la nécessité d’articuler la question de la fin. Nous n’ouvrirons pas ici la discussion sur cette théorie. L’important pour notre propos est de marquer que Lacan va au delà du deux. Il s’agit d’accéder au réel du « il n’y a pas de rapport sexuel ». La dialectique à deux n’existe pas. Chaque rapport social se constitue du non-rapport sexuel comme trou. Trois au moins, et non pas deux, sont en présence. On peut compter deux à partir du trou qui rend possible l’altérité, donc de trois10. Le trou prend consistance de la substance de l’objet pulsionnel. Désactiver l’inertie de la jouissance de cet objet ne se produit pas avec l’élaboration, mais avec l’irréalisation de cet objet, avec sa dé-substantialisation. 3. « La production…d’un irréel » Le récit analytique qui surgit de l’association libre construit un roman où converge l’effort de mettre en paroles ce qui fait la souffrance d’un sujet, la dimension traumatique de sa vie. Lacan constate que le nombre des années n’y suffit pas, pour ce qui concerne la cause de cette souffrance, cause de la perpétuation du dire du sujet, et de sa dilection pour l’analyse. Cette cause repose ailleurs, ne pouvant être jamais entièrement dite. On ne peut la dire que comme : « Ce n’est pas ça». Cerner toujours plus près de ce dont il s’agit, ce que c’est que « ça », « ça » qui reste toujours élidé et toujours vif, c’est le sceau de sa propre recherche, dit-il à la Columbia University11. Les coordonnées du fantasme que le récit met en scène, encore et encore, sont un mur ultime qui ne voile pas la vérité, mais en montre au contraire la structure de fiction. La cause « ce n’est pas ça », repose ailleurs, impossible à se dire. En échange le récit et le fantasme montrent que dans les lieux définis par les zones érogènes du corps, plus ou moins, stagne une jouissance autoérotique qui maintient le sujet dans les mailles de la condition dont il pâtit. Chaque cycle analytique qui libère le sujet des voies obligées de l’automaton, et par conséquent qui le met face au vide qui appelle une invention dans le rapport avec l’Autre, mobilise la résistance du sujet. On voit qu’elle s’appuie sur la fusion de son rapport avec l’objet : voici qu’apparaît la dévoration de l’Autre, l’expulsion, et toutes les variétés érogènes que la clinique a classifiées depuis les premiers temps freudiens. La Triebregung recourt à son objet. Cycles Chaque phase analytique dé-substantialise ces objets, les allégeant et ouvrant à la possibilité de leur usage. Ainsi les fonctions du corps liées aux orifices sont allégées de leur portée érogène, et peuvent accomplir leur tâche physiologique. Et les objets naturels - regard, voix – peuvent, eux, accomplir la fonction qui leur est assignée dans la culture, dans les relations sociales et entre les sexes. Le sujet peut se détacher des œuvres qu’il a produites et les laisser circuler par le monde. Nouages sinthomatiques La consistance corporelle du « ce n’est pas ça » est donc le fruit de la consistance donnée par un certain nouage des trois registres. La citation reprise par Catherine Lazarus-Matet lève le voile sur le destin de cette consistance dans le mouvement final. Le nouage du trou du réel en jeu déplace le « ce n’est pas ça » vers l’impossible à se dire et à s’imaginer, qui est justement le réel dans son être troué, c’est-à-dire dans son ek-sistence. Il s’agit de le prendre par le côté approprié. C’est dans ce sens qu’on peut ainsi lire la longue dissertation dans RSI sur la possibilité d’avoir deux nœuds orientés12, dans une version du père qui ne soit pas père-verse, ou orientée vers l’objet, mais dans une version de père-sinthome. Ce nouveau nœud tiendrait ensemble les trois registres passant au travers des trois trous, le trou du symbolique, celui de l’imaginaire, et celui du réel13. Cela faisant ainsi dé-consister le réel, saisi dans son pas-tout par le nouage. « …il peut y avoir un des trois, le réel sûrement, qui lui se caractérise justement de ce que j’ai dit : de ne faire tout, c'est-à-dire de ne pas se boucher »14. Lacan insiste pour dire qu’il s’agit d’une ligne droite et non d’un cercle, précisant que la ligne droite est infinie, pas-toute. Le nouveau nœud retranche substance corporelle et consistance imaginaire. En résumé, il irréalise l’objet a, qui montre ainsi son être de semblant, laissant ek-sister le réel auquel il donnait consistance. Traduit par René Fiori 1 J. Lacan, Le Séminaire, Livre X, L’angoisse, Paris, Seuil, 2004, p. 272. 2 Ibid, p. 273 3 C. Licitra-Rosa, Papers N°2 4 J. Lacan, op. cit., p. 276 5 ibid, p. 271 6 ibid, p. 379 et 380 7 Ibid, p. 350 8 « L’Autre est ainsi matrice à double entrée, dont le petit a constitue l’une de ces entrées, et dont l’autre…qu’allons-nous en dire ? Est-ce l’Un du signifiant ? », RSI, leçon du 21-01-75 9 M. Klein, Sui criteri per la conclusione di un trattamento psicoanalitico (« À propos des critères pour la conclusion du traitement psychanalytique ») 1950, Scritti 1921-1958, Bollati Boringhieri, Torino, 1978- 10 « Le départ de tout nœud social se constitue, dis-je, du non rapport sexuel comme trou. Pas de deux, au moins trois, et ce que je veux dire, c’est que même si vous n’êtes que trois, ça fera quatre », « RSI », 15 Avril 1975 11 « ce n’est pas tout à fait ça », Conférences et entretiens, Scilicet 6/7 , p. 48 12 J. Lacan, « RSI » , séminaire du 8 Avril 1975 13 J. Lacan, « Le phénomène lacanien », Les cahiers cliniques de Nice, N°1, Monaco, juin 1998, p. 22. « Ce qu’il y a comme trou au centre de ce corps, dont nous ne savons que ses proliférations imaginaires. Il doit y avoir un trou aussi au cœur, au centre du réel. C’est ce que permet de se figurer cette configuration torique que j’articule du nœud borroméen ». 14 J. Lacan, « La troisième », Lettres de l’EFP N°16, Rome, 1974 – 31 octobre/3 novembre ^ Delegado Geral AMPÉric LaurentComitê de Ação da Escola Una – AMPCarmelo Licitra-RosaCatherine Lazarus-MatetDiana WolodarskySérgio LaiaVicente Palomera DesignJoão Carlos Martins. |
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![]() Número: 03 - octobre de 2007 – Association Mondiale de Psychanalyse (AMP) PAPERS Bulletin Electronique du Comité d’Action de l’École Une– versão 2006-2008 Catherine Lazarus-Matet Alfredo Zenoni Kuky Mildiner Marie-Hélène Roch Perla Miglin Gilles Chatenay Luis Erneta LES OBJETS a ET LEURS VICISSITUDES ÉDITORIAL Catherine Lazarus-Matet Pour ce troisième numéro de Papers, les membres du Comité d’action ont fait le choix de publier les travaux de collègues qui, nombreux, nous adressent le fruit de leurs lectures, répondant ainsi à l’invitation de Jacques-Alain Miller à Rome. D’autres encore suivront. En France, tout récemment, un plan « Dépression », destiné au grand public, vient d’être lancé par une agence gouvernementale de prévention et d’éducation pour la santé (INPES). Outre l’abrasion de la clinique et de la particularité des cas que suppose une entité « dépression », ce plan efface radicalement la psychanalyse. Notre combat se poursuit. Nos travaux sont autant de pierres apportées contre cette politique d’offre d’un nouvel objet bouchon, d’un nouveau leurre. Cette initiative un écho singulier dans ce que dit Éric Laurent dans son intervention sur « Les enjeux du Congrès 2008 », que l’on peut lire sur le site du Congrès : « (…)Jacques Lacan ne s’est pas angoissé devant l’état actuel de la civilisation. Il a plutôt parlé de la fatigue qui, à terme, allait saisir le sujet face aux objets de dépendance ou aux gadgets qui lui sont proposés. Plus précisément, Lacan a oscillé entre l’aspect angoissant d’une civilisation où manque le manque, et l’effet de fatigue, d’ennui, de dépression généralisée qu’elle produit ». Nous y sommes. Quant à ces nouveaux Papers, ils éclairent le parcours de Lacan dans l’élaboration de l’objet. Alfredo Zenoni montre la place essentielle que l’objet regard, paradigme de l’objet lacanien, prend au fil des Autres écrits, et les raisons pour lesquelles il en est ainsi, puisque le regard incarne de façon privilégiée l’objet pour Lacan qui en a renouvelé la notion en psychanalyse. Kuky Mildiner s’interroge sur les raisons du retour nécessaire au Séminaire X, temps de l’objet irréductible à la formalisation, et suit la voie de l’angoisse, des multiples racines corporelles de l’objet, jusqu’au statut de l’objet dans un au-delà du transfert à la fin de l’analyse. Marie-Hélène Roch , sur la voie du désir de l’analyste, articule, à partir de sa lecture des chapitres XXI et XXII de L’angoisse, l’élaboration par Lacan de la production d’un objet prélevé sur le corps, où l’angoisse participe au détachement d’un objet cause du désir, avec l’ascèse psychanalytique qui noue désir de l’analyste et objet. Gilles Chatenay interroge la question de la consistance au fil de l’enseignement de Lacan, jusqu’au tout dernier enseignement. Consistances unienne, binaire, puis borroméenne, donnent à l’objet un statut singulier, ce qui n’est pas sans conséquences sur la pratique, comme il l’explicite. Perla Miglin se livre à une lecture du dernier chapitre du Séminaire X, couplée avec celle de première partie du Séminaire XI, confrontant aliénation et angoisse, pour s’attacher à la question du désir de l’analyste, et à l’articulation de ce désir avec le fantasme et l’objet. Enfin Luis Erneta, avec un titre aux accents freudiens, et une inspiration borgésienne (« un auteur crée ses précurseurs ») invite, après la lecture de Freud par Lacan, à relire Lacan avec Freud chez qui les vicissitudes de l’objet, la jouissance, sont déjà préfigurées. ^ L’OBJET REGARD À TRAVERS LES AUTRES ÉCRITS Alfredo Zenonialfredo.zenoni@newreal.be Si l’objet a constitue l’alpha de ces Autres écrits qui font « ex-sister un autre Lacan à celui devenu classique (autrement dit classé) sous le signe de la parole et du langage »1, le regard paraît en constituer l’incarnation privilégié tout le long du recueil. Lorsque Lacan prend son départ de la fonction de la parole dans le champ du langage pour saisir l’expérience analytique, il y a une nécessité à ce que l'objet isolé soit d'abord la voix, parce qu'un tel objet peut être d'avantage relié à la structure de la communication, notamment comme une irruption du symbole dans le réel, alors que l'objet regard paraît se dissoudre dans l'imaginaire de la relation spéculaire. Par contre, à mesure qu’est approchée la dimension “ proprement libidinale ”2 de l’objet, comme “ partie élidée ” du champ du perçu, c’est dans le registre scopique que Lacan va en isoler la place et les effets. La relation spéculaire, justement, “ avec les identifications du moi qu’on y veut respecter ”3, voile plus que toute autre dimension du perçu l’élision qui donne corps à l’objet qui y est immanent4. C'est donc au regard que Lacan va donner la préférence lorsqu'il s'attelle à la réfondation de son enseignement lors du Séminaire, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalye. "L'impureté du perceptum scopique" Le champ scopique s’est toujours présenté, et est toujours pensé, comme le paradigme de ce qui dans le champ de la perception à la fois peut se passer du langage et est détaché, ou est plus facilement détaché, de tout rapport “ intéressé ” avec la réalité. La contemplation a ainsi été proposée dans notre tradition comme l’idéal de la connaissance qui permet d’accéder à la vérité, puisqu'on y ferait abstraction de tout intérêt personnel, de tout gain, de tout but libidinal. Voir une chose, voir le monde, ce n'est pas s'en emparer, en user, en jouir : la vision est désintéressée, pure. Or, c’est précisément ce que la clinique vient démentir en montrant à la fois que cette pureté du perceptum visuel est seulement la conséquence d’un refoulement et que la jouissance qui en est élidée est inhérente à la condition même du parlêtre. La critique souvent ressassée d’une excessive importance que Lacan aurait accordée au langage5 au détriment d’une expérience originaire, perceptive et pré-linguistique, reste toujours subordonnée à une opposition qui, sous l’air de souligner une discontinuité entre l'ordre de la nature et l'ordre de la culture, en suppose, plus profondément, la continuité, comme le faisait remarquer J.-A. Miller dans son cours6. En les concevant comme deux « ordres », et donc comme ordonnées, on finit toujours par trouver que ce qu'on rencontre dans l'une a un équivalent dans l'autre. Or, ce que l'apparente dichotomie nature-culture escamote, c’est l’incidence initiale, sur le corps et sur la perception, de la condition d’être parlant, les “ effets de cisaillage ”7 que le langage y génère. En effet, le symbolique n’est pas simplement un ordre, il est aussi puissance de désordre. Il détraque le vivant en introduisant, dès la perception, dès l’expérience du corps, la dimension d’une perte de jouissance, qui devient en même temps la cause d’un désir qui traverse l’expérience prétendument naturelle Evoquer un être-au-monde qui serait d’avant le langage ou sans le langage ce n’est donc pas seulement négliger la moitié « culturelle » de l'expérience, c’est exclure de la moitié « naturelle » l’action de la libido qui est spécifique de l’expérience perceptive de l’être parlant. Ainsi, Lacan peut reprendre la thèse freudienne qui veut que l’accès à la réalité perceptive suppose une délibinalisation de la perception, une castration de la libido. Le sentiment d’un monde perceptif plus ou moins tranquille autour de nous8 est déjà l’effet d’une opération préalable, due à la prise du langage, comme le montrent, par la négative, les phénomènes perceptifs que la clinique recueille, lorsque cette libido n’est pas extraite et “ fait retour ” dans le champ perceptif sous une forme hallucinatoire. C’est pourquoi ce qui apparaît plus fondamental, lorsque la description de l’expérience visuelle inclut la clinique, est ce que Lacan appelle ici “ l’impureté du perceptum scopique ”9, soit l’instance du désir et de la jouissance dans le champ même de ce que la phénoménologie considère comme le niveau originaire de l’expérience, alors qu’il suppose déjà un refoulement. Le perceptum n’est “ pur ” qu' à la suite d’une extraction de jouissance où prend place le sujet comme absence, le sujet refoulé. Or, cette jouissance, jouissance du percipiens, pour être perdue, pour être extraite, n’en est pas moins présente - invisible, inaperçue - dans le champ même du visible, comme regard, quand on ne le constate “ même que trop dans les effets de la pulsion (exhibitionnisme et voyeurisme) ”10. Elle donne corps à ce qui manque à tous les objets visibles et est, donc, cause de l’activité de la vue, parce que ce qu’on voit n’est jamais ce qu’on veut voir. Comme objet de la pulsion, comme “ objet perdu ”, le regard n’est pas ce que je vois quand je me regarde dans le miroir, car le miroir me restitue mon œil, non mon regard. Tout en étant invisible, antinomique même à la vision, il est, cependant, dans le visible le point d’où je suis regardé. Le regard n’est pas le regard du sujet, l'ouverture visuelle du percipiens. Il est le percipiens même, mais dans la dimension de l’Autre, il est la jouissance de l’acte de voir en tant qu’imaginée au champ de l’Autre : extraite, elle rend possible la vision claire et distincte, mais elle fait de moi un être regardé. L'expérience du disque noir Les séances du Séminaire, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse consacrées au regard sont référées de façon manifeste à l’ouvrage de Merleau-Ponty sur Le visible et l’invisible11 – ouvrage posthume paru au moment où Lacan tenait ce séminaire – mais c’est néanmoins La phénoménologie de la perception qui est la référence sous-jacente aux développements sur la pulsion scopique. En 1961 déjà, dans l’article d’hommage à Merleau-Ponty, paru dans Les Temps Modernes12, Lacan choisit de reprendre une expérience relatée dans cet ouvrage pour mettre en lumière l’incidence d’un refoulement que la structure même du phénomène comporte. S’appuyant sur un immense recueil de faits expérimentaux, mis au point notamment par des psychologues et des neurologues allemands, Merleau-Ponty y exposait se thèse de l’unité du champ perceptif comme un tout organisé. Dans la perception, dit-il, il est impossible d’isoler abstraitement un élément, la couleur de l’objet par exemple, sans modifier la perception de cet élément, puisque la couleur est inséparable du rapport à une multitude d’autres facteurs, tels que la matière de l’objet, l’éclairage, les effets conjugués de reflet, rayonnement, de transparence, etc. Si bien que l’addition d’un élément nouveau peut parfois produire une mutation saisissante dans l’ensemble du champ perceptif. C’est le cas de l’expérience du disque noir violemment éclairé, qui, dans un premier temps, se perçoit comme la base d'un cône blanchâtre sans que sa couleur noire ne soit aperçue et qui, dans un deuxième temps, avec l’interposition dans le faisceau de lumière d’un petit carré de papier blanc, se détache comme distinct et dans sa couleur noire, alors que le cône laiteux se dissipe et redevient ce qu’il n’aurait jamais dû cesser d’être, l’éclairage transparent qu’on n’aperçoit pas lorsqu'on regarde un objet. Merleau-Ponty ramène cette interdépendance des éléments du champ perceptif à la profonde unité et indivisibilité d’une présence où se composent et s’unifient non seulement les éléments d’un champ, mais les divers champs de l’être-au-monde à travers un corps. Ce qui intéresse Merleau-Ponty, c’est de montrer à la fois la profonde unité du percipiens et la nature pré-réflexive et pré-scientifique de cette unité. Il veut montrer le caractère abstraitement artificiel des constructions scientifiques par rapport à la profonde unité charnelle de la perception, à laquelle il pense d'ailleurs que la science devrait revenir. Mais, ainsi préoccupé par cette critique de l’attitude scientifique, alors que la coupure que constitue la science est irréversible (“ la théorie de la perception n’intéresse plus la structure de la réalité à quoi la science nous a fait accéder en physique ”)13, il ne peut se déprendre de la “ présupposition d’un primat du sujet constituant qui est aussitôt celle de son unité ”14. Il suffirait, dit Lacan, de “ profiter de la structure si manifeste du phénomène ” pour y accorder le sujet lui-même. Mais, pour cela, il faudrait renverser la priorité : partir du phénomène, et non de la présupposition d'un sujet, et en déduire le sujet qui y correspond. Or, ce que la structure du phénomène montre, c’est que le sujet n’est pas un. Le bref commentaire de l’expérience du disque noir que Lacan nous donne dans cet article y fait valoir deux temps contrastés qui correspondent à deux états distincts du sujet, voir même à deux sujets distincts de la perception. Jacques-Alain Miller en a déployé la logique dans son cours "L’orientation lacanienne". Nous en suivrons ici les indications15. Dans le premier temps de l’expérience tout se passe comme si le sujet investissait tout le lieu de l’Autre que l’éclairage constitue. C’est, d’ailleurs, de l’idée même que Merleau-Ponty se fait de la lumière que Lacan peut inférer son équivalence avec une “ localité d’Autre ” . Lorsqu’il décrit la lumière comme ce qui précède la vision que grâce à elle je prends du spectacle du monde, il compare l’éclairage à un guide qui saurait déjà avant moi où il faut que je regarde. En quelque sorte l’éclairage est déjà là en train de voir avant moi : la vision est déjà là dans le spectacle du monde, dans une visibilité, un donné à voir, une auto-scopie du monde à laquelle ma vision ne fait que s’accorder. Dans le premier temps de l’expérience, donc, l’Autre est cette lumière se matérialisant dans ce cône blanchâtre, où le sujet se confond avec sa “ consistance laiteuse ”. Dans le second temps, avec l’introduction du carré blanc, le premier état de la perception disparaît, est refoulé ; un nouvel état de la perception émerge où les éléments se distinguent et la lumière redevient transparente : un sujet de la perception claire et distincte s’affirme dans les formes violemment éclairées du papier blanc et du disque noir, en même temps que le cône blanchâtre disparaît. Le sujet, d'abord confondu avec un effet de perception trouble, avec une “ opacité de lumière ”, est élidé : / S ; ou, pour le dire dans les termes de la longue note ajoutée en 1966 à la “ Question préliminaire ”16, l’objet a regard est extrait, pour donner à la réalité son cadre : l’extraction de la libido de l’acte perceptif initial permet l’investissement de l’opposition carré blanc–disque noir. L’exemple est ainsi utilisé par Lacan pour montrer, comme il l’avait fait à propos de l’hallucination auditive17, que le champ de la perception est déjà “ structuré comme un langage ”, que l' effet de la prise du corps dans la structure, en tant que la structure est synonyme de structure signifiante, se manifeste dans l’expérience par l’incidence d’un refoulement ou d’une élision qui sont seulement concevables dans le champ du langage. Même au niveau de la perception, le sujet psychanalytique, ou le sujet de la clinique, se distingue du sujet de l'intentionnalité, il n'est pas le sujet constituant de la phénoménologie18. L'objet lacanien Non seulement la petite expérience du disque éclairé est utilisée par Lacan comme une sorte de paradigme perceptif du refoulement, mais elle comporte déjà l’épure d’une topologie qui va permettre le développement du Séminaire, Livre XI sur la pulsion scopique. Déjà ici il est suggéré que loin de coïncider avec la vision, le regard relève du “ registre, fondamental pour la pensée de Freud, de l’objet perdu ”19, cause du désir, en tant que jouissance perdue, extraite. Aussi, ce statut du regard, isolé par la clinique, mais aussi par la littérature, ne peut qu’échapper à la phénoménologie de la perception. En voulant retrouver un niveau de l’expérience qui serait préalable à sa condition langagière, et donc aussi bien à la cause de sa division, la phénoménologie ne peut que concevoir le regard, même enraciné dans le corps, que comme ce qui en nous répond aux sollicitations de la lumière20, c’est-à-dire comme étant encore du côté de "nous", du coté du sujet. Or, en tant qu’extrait du corps, élidé, le regard est du côté du monde, du côté du perceptum. Il est ce qui nous inclut en tant qu’êtres regardés dans le spectacle du monde, il est foncièrement le regard de l’Autre, la perception impensable au champ de l’Autre. Ce n’est donc pas un hasard si ce sont plutôt les textes littéraires qui mettent le mieux en valeur cette dimension du regard, dans la mesure où le champ de la perception y est , pour ainsi dire, moins purifié de l'instance du désir que dans les textes philosophiques. Ainsi, dans un autre écrit contemporain du Séminaire, Livre XI, “ Hommage fait à Marguerite Duras, du ravissement de Lol V. Stein ”21, Lacan va isoler la place déterminante du regard, non pas comme activité du sujet, du sujet voyant, mais comme objet, comme ce qui regarde sans me voir et qui me fascine. Il signale ainsi dans le roman les différentes occurrences de cette dimension de fascination et d’angoisse de ce qui à la fois attire le regard et regarde sans qu’on sache ni s’il me voit ni ce qu’il voit : c’est la femme non-regard, du début du roman, celle qui ravira à Lol le fiancé et qui captive son attention ; c’est la nudité même du corps de Tatiana, “ nue, nue sous ses cheveux noirs ” ; c’est, enfin, Lol elle-même, qui est là couchée dans le champ de seigle et dont on ne sait pas ce qu’elle y fait ni ce qu’elle veut. Chaque fois il s’agit de ce qui fait tache dans le spectacle et force à regarder, ce qu’on ne peut s’empêcher de regarder : “ on dit que ça vous regarde, de ce qui requiert votre attention ”22. Et s’il force à regarder, si on ne peut s’empêcher de le voir, c’est que ce qui fait tache exerce une action, veut quelque chose, est signe d’un désir, qui cependant est inconnu23. Pour que ce regard de l’Autre, qui n'est d'aucun œil qui voit, surgisse, il suffit que la lumière se concentre en un point, il suffit d’un reflet, d’une opacité, de ce qui fait tache, “ premier modèle du regard ”24. Dès lors, lorsque ce qui a valeur de regard porté sur le sujet surgit, c’est le sujet lui-même qui est regardé, qui entre dans le tableau, dans le spectacle, et qui peut, à la limite, y devenir lui-même tache, comme il est développé dans le Séminaire, Livre XI. Le regard est comme le paradigme de l’objet “ lacanien ”, c’est-à-dire de l’objet dont Lacan a renouvelé la notion en psychanalyse, en le détachant de tout soubassement biologique comme de toute imaginarisation, dont les objets "freudiens" ( sein et excrément ) peuvent encore être entachés. Au-delà de ce moment central de son enseignement, la notion du réel de la jouissance que Lacan y abordera fera néanmoins apparaître l’objet a lui-même comme un semblant. 1 J.-A . Miller, “ Prologue ” aux Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 8. 2 J. Lacan, Autres écrits, p. 219. 3 Ibid . 4 Ibid . 5 Par exemple, certains analystes dans le supplément de Libération consacré au centenaire de la naissance de Lacan, le 13/04/2001. 6 J.-A. Miller, “ Le Lieu et le Lien ”, leçon du 21/03/2001 (inédit). 7 J. Lacan, Autres écrits, p ; 224. 8 "Nous voyons les choses mêmes, le monde est cela que nous voyons", M.Merleau-Ponty, Le visible et l'invisible, Gallimard, Tel, Paris (1964), 1979, p.17. 9 J.Lacan, Autres écrits, p. 219. 10 Ibid. Les deux perversions montrent, en effet, à l’évidence, que l’objet pulsionnel de la vue n’est pas constitué par l’objet vu, le pénis dénudé ou la nudité d’une femme, par exemple, mais par ce qui ne se voit pas, ce qui désespère la vue, la jouissance du regard lui-même. 11 Op. cit., p. 188. 12 Le séminaire, Livre XI, Paris, Seuil, 1973, p. 99. 13 J. Lacan, Autres écrits, p. 176. 14 Op. cit., p. 178. 15 J.-A. Miller, “ Silet ”, leçon du 31/05/1995, publiée in “ La logique du perçu ”, Cahiers de l’ACF Val de Loire et Bretagne, n°5, 1995. 16 J. Lacan, Ecrits, Paris, Seuil, 1066, p. 553-554. 17 Op. cit., p. 532-533. 18 “ Si je maintiens le terme de sujet pour ce que construit cette structure, c’est pour que ne reste aucune ambiguïté sur ce qu’il s’agit d’abolir, et qu’il s’abolisse, au point que son nom soit réaffecté à ce qui le remplace. ” J. Lacan, Autres écrits, p. 225. 19 Op. cit., p. 188. 20 M. Merleau-Ponty, La phénoménologie de la perception, Gallimard, Coll. Tel, Paris, (1945) 1992, p. 358. 21 J. Lacan, Autres écrits, p. 191-197. 22 Op. cit., p. 194. 23 Nous reprenons ici le commentaire de ce texte par J.-A. Miller dans un autre cours, “ Les us du laps ”, leçon du 14/06/2000 (inédit). 24 J. Lacan, Autres écrits, p. 194. ^ DESTIN DE L’OBJET a DANS L’ANGOISSE Kuky Mildinerberta@sinectis.com.ar Pour ce travail, je prendrai appui sur la Conférence de Rome que Jacques-Alain Miller a donnée au mois de juillet 2006. Je vais me référer notamment à une indication précise où il pointe qu’à partir du Séminaire XX, Lacan ne recourt plus au formalisme logique – construit les années précédentes - pour situer l’objet en tant qu’irréductible à la structure. Il s’agit de saisir l’objet en tant que « pièce détachée », « livre de chair » dont on trouve la préfiguration dans le Séminaire X. A différence de la logique qui va du Séminaire X au Séminaire XX - qui fait « pâlir » l’objet -, dans le séminaire X celui-ci apparaît comme ayant une « brillance » particulière. Cette brillance résulte du fait que l’objet est « la partie irréductible » à la formalisation. Ceci nous indique qu’il y a, dès lors, une rupture avec les paradigmes de la significantisation et du début du traitement de la jouissance en relation à un reste réel. « Le séminaire sur l’angoisse est celui où les organes qui ne se transforment pas en signifiants commencent à pulluler ». La brillance de l’objet est donc marquée par l’irréductibilité et c’est sur ce point-là où, dans l’œuvre de Lacan, l’objet se pluralise ; il n’est pas subsumé par le signifiant. Tout cela reprend l’opposition entre l’objet plural et l’objet unique, thème débattu lors des « nuits ouvertes » * de l’EOL. Pourquoi cette indication de revenir au séminaire X ? Que pouvons-nous y lire de nouveau? Nous partons d’une hypothèse : dans le séminaire X, à partir des différents niveaux de découpage de l’objet, se fraye la brèche qui mène au franchissement de l’angoisse lors de la fin de l’analyse. Et cela a pour effet la production d’un analyste. Deux aspects sont mis en exergue dans ce séminaire: 1. La voie de l’angoisse nous permet de situer l’objet, en tant que reste vis-à-vis de la constitution du désir. Pour en arriver là, Lacan met l’accent sur les sources corporelles de l’objet – multiples modalités de l’objet a -, qui, séparées du corps propre via l’opération de l’angoisse, vont donner de la substance et du sens à la jouissance de chaque sujet. L’objet donne un corps à la jouissance. 2. La voie de l’angoisse et de son franchissement à la fin d’une analyse : à travers le transfert, l’intervention et la présence de l’analyste, le sujet arrive à se reconnaître dans l’objet a comme étant la preuve la plus radicale de son existence. Ainsi, ayant traversé l’angoisse, le sujet obtient de celle-ci une garantie réelle. La voie de l’angoisse Situons-nous dans la dernière partie du séminaire X, « Les cinq formes de l’objet a », et plus particulièrement dans la leçon dix-sept, « la bouche et l’œil ». Lacan choisit le chemin de l’angoisse car c’est le seul qui, d’après lui, nous permet d’introduire un nouvel éclairage quant à la fonction de l’objet en relation au désir. De quelle manière ? Lacan établit un lien entre le désir, la fonction de la coupure et la fonction du reste. « Le désir, je vous apprends à le lier à la fonction de la coupure, et à le mettre dans un certain rapport avec la fonction du reste, qui soutient et anime le désir, comme nous apprenons à le repérer dans la fonction analytique de l’objet partiel. Autre chose est le manque auquel est liée la satisfaction. La distance, la non-coïncidence de ce manque avec la fonction du désir en acte, structuré par le fantasme et par la vacillation du sujet dans son rapport à l’objet partiel, c’est là ce qui crée l’angoisse, et l’angoisse est seule à viser la vérité de ce manque. »1 C’est pourquoi Lacan situe, à chaque niveau de sa structuration du désir, un point de désir et un point d’angoisse. Pour ce qui relève de l’objet oral, Lacan situe le point d’angoisse autour du sein maternel. « Il y a, d’une part, la mamme comme telle. Le rapport à la mamme retera structurant pour la subsistance et le soutien du rapport au désir. La mamme deviendra ultérieurement l’objet fantasmatique. Il y a, d’autre part, ailleurs, le point d’angoisse, où le sujet a rapport avec son manque. Ce point est non coïncidant avec la mamme. Il est en quelque sorte déporté dans l’Autre, car il est, au niveau de la mère, suspendu à l’existence de l’organisme de celle-ci. »2 Lacan poursuit : « le a est un objet séparé, non de l’organisme de la mère, mais de celui de l’enfant. (…) Le rapport à la mère, le rapport de manque à la mère, se situe au-delà du lieu où s’est jouée la distinction de l’objet partiel comme fonctionnant dans la relation du désir. »3 Ici « s’ébauche et se profile une dimension qui donne au message son accent le plus profond, celle d’une possibilité du manque, réalisée au-delà de ce que l’angoisse recèle de craintes virtuelles par le tarissement du sein. Il met en cause la fonction de la mère »4. Analysons ce paragraphe. Eclairés par la voie de l’angoisse, quelques éléments s’en dégagent : 1. La fonction de la coupure qu’implique la séparation de l’objet en tant que reste séparé du corps propre. 2. Le concept du corps morcelé 3. Le point du désir séparé du point d’angoisse qui se localise à ce niveau-là chez la mère. 4. Un Autre distinct de l’Autre du signifiant. Et ce, avec le questionnement de la fonction maternelle. Le fait que la constitution du désir se soutienne d’un objet « reste », séparé, découpé du corps propre, nous amène à ce que - le corps pris dès l’animation du désir - est un corps morcelé. Il suppose une « sépartition », une séparation à l’intérieur, différente du corps que celle produite par le miroir. Ici, nous trouvons chez Lacan une critique précise de la position spéculaire, position où le sujet se reconnaît dans le miroir comme partageant les qualités des ses semblables. Cette reconnaissance a comme conséquence logique la méconnaissance de a, de ce « je ne sais pas quel objet je suis pour l’Autre ». Il y a, d’emblée, une relation au désir qui ne concerne pas la mère mais l’objet a. Si la mère fonctionne en tant que cuirasse du désir et de la demande, c’est parce qu’elle représente l’Autre qui inclut l’objet. Donc, lorsque celui-ci apparaît hors cuirasse , il en résulte quelque chose de désubjectivant et d’étrange (l’angoisse comme phénomène). Lors de la leçon vingt-quatre (du séminaire X), Lacan situe l’objet en relation avec la jouissance : « et cet objet [ reste ] est le principe qui me fait désirer, qui me fait désirant d’un manque – manque qui n’est pas un manque du sujet, mais un défaut fait à la jouissance qui se situe au niveau de l’Autre »5. Lacan appellera cet objet la « livre de chair ». « il y a toujours dans le corps (…) quelque chose de séparé, quelque chose de sacrifié, quelque chose depuis ce moment inerte : la livre de chair »6. « Il est possible d’emprunter tous les crédits que l’on voudra pour couvrir les trous du désir… Mais… entre le sujet, qui se trouve ici, pour ainsi dire ‘autrifié’ dans sa structure de fiction et l’Autre, jamais tout à fait authentifiable… Ce qui surgit est ce reste, a, la livre de chair... nous voyons là le juif qui sait quelque chose de la balance des comptes et, à la fin, il demande : la livre de chair… »7 Dans cette phrase, nous voyons une condensation : le désir implique un trou. Le sujet, dans sa fiction fantasmatique occulte ce trou, essaye de le cacher. Dans cet état-là, le sujet se trouve « autrifié » et l’Autre non authentifié. C’est-à-dire, l’Autre et l’Un sont réunis dans cette fiction. Néanmoins – et ici nous nous avançons vers un développement ultérieur -, pour que l’Autre cesse d’être l’Un (ceci est l’une des implications d’une cure analytique), pour que le désir soit en relation avec la cause qui le détermine, le sujet devra payer la livre de chair. Et c’est ce que la voie de l’angoisse viendra signaler. « Ce qui vise la causalité psychique… Pour nous, la présence de l’objet définit un régime de certitude auquel nous ne voulons pas renoncer… »8 Quelle est l’indication de ce questionnement de la fonction maternelle ? J.-A. Miller nous apporte un éclairage dans les cours d’introduction du séminaire « L’angoisse ». Et il le fait d’une façon singulière. Il nous explique que Lacan y situe l’objet réel – dont le paradigme est le sein -, l’objet oral comme antérieur à l’objet du désir. Cela à partir de la lecture du séminaire IV. C’est à partir de cette citation que nous trouvons une extraordinaire mutation du sein, de l’objet oral. Dans le séminaire IV, La relation d’objet, le sein en tant qu’objet oral est conçu comme étant extérieur, il s’agit d’un objet appartenant à l’Autre. C’est le cas de la mère. Et en même temps, c’est un objet dont le sujet a besoin, il satisfait la faim. Toute l’élaboration de ce que Lacan appelle « la dialectique de la frustration » consiste à démontrer comment cet objet réel devient objet symbolique, c’est-à-dire comment l’objet de satisfaction se transmute en objet du don. L’objet réel devient signe d’amour. L’objet réel est ainsi élevé à la dignité de l’objet symbolique ; il passe de la stupide satisfaction du besoin à l’indéfini du désir métonymique. L’économie du désir est ainsi dominée, conditionnée, déterminée par l’amour. L’amour, en tant que satisfaction symbolique, prévaut sur la satisfaction réelle du besoin. Dans la demande d’amour, une fois la satisfaction obtenue, s’en suit une sorte d’écrasement. « On se rassasie, et on s’endort précisément parce qu’il y a quelque chose d’insatisfait du côté de l’amour. »9 La satisfaction essentielle serait celle donnée par l’amour… La voie de l’amour – que Lacan suivit jusqu’au séminaire X - donne accès à l’objet symbolique, au phallus en tant que symbole du désir de la mère, au désir en tant que désir de l’Autre. Parallèlement, la voie de l’angoisse conduit à l’objet réel. Elle vise à mener vers l’objet de la satisfaction, mais une satisfaction autre, différente de celle du besoin, qui concerne la pulsion. Cette satisfaction-là est jouissance. « J’ai déjà signalé que l’angoisse n’est pas vraiment le thème du séminaire sur l’angoisse, mais plutôt la voie pour accéder, en ce qui concerne l’objet, à une dimension distincte de celle tracée par la voie de l’amour. » 10 Sur le versant de l’angoisse apparaît la disjonction entre la jouissance et le désir. L’amour devient le voile de l’angoisse et de ce qu’elle produit, à savoir, l’objet qui cause le désir. J.-A. Miller indique que l’angoisse transforme la jouissance en cause de désir. La jouissance se localise dans le corps propre tandis que le désir implique une relation à l’Autre. Nous pouvons référer le questionnement sur la fonction maternelle à celui de la notion de frustration dont la mère est l’agent symbolique. (Séminaire IV) L’angoisse pointe donc la vérité du manque. Celle-ci deviendra plus tard le signal du réel. Et ici, qu’est-ce qui trompe ? L’amour est bien sûr trompeur et trompé. Le désir est trompé et piégé. Ce qui ne trompe pas est ce qui ne se laisse pas significantiser, ce qui ne se laisse pas attraper dans l’Aufhebung, c’est-à-dire le reste réel. C’est ainsi que l’altérité de l’Autre est marquée non pas par l’existence d’un signifiant identificatoire mais par le fait que « quelque part il y a de la jouissance ». La voie de l’angoisse dans le transfert, son franchissement Ayant localisé l’objet a comme étant séparé du corps en tant que morceau de réel ou livre de chair, il est le résultat de la division du sujet et de son interrogation vis-à-vis de l’Autre. Divers concepts se dégagent à partir de cette relation du sujet à l’Autre. Ils situent ce qui se produit dans une analyse. Nous pouvons lire cela tout particulièrement dans la dernière leçon du séminaire X. Alors que l’objet a, dans la première partie de ce séminaire, fait son apparition en jouant sa partie entre le sujet et l’Autre marquant ainsi la présence de ce reste non significantisable, résistant à toute représentation, et localisé (selon la précision de J.-A. Miller) du côté du sujet. Alors même que a est invisible pour le sujet, il n’apparaît que par la voie de la tromperie au lieu de l’Autre. D’une façon ambiguë, l’objet est d’un côté irréductible à la symbolisation et irreprésentable d’après les lois de la perception ; il est extérieur à l’Autre. Pourtant il apparaît comme étant logé dans l’Autre mais différencié du signifiant. « L’objet, défini comme un reste irréductible à la symbolisation au lieu de l’Autre, dépend néanmoins de cet Autre car, sinon, comment s’y articulerait-il ? »11 Lacan y situe l’analyste comme celui qui sait que a est irréductible au symbole et, par conséquent, il ne se laisse pas piéger par la métaphore paternelle. L’analyse rapporte ainsi le désir à l’objet a en tant que ce qui le cause. Il restitue l’objet partiel à sa place de cause. Pour se faire, nous dit Lacan, l’analyste doit avoir traversé le franchissement de l’angoisse. Qu’est-ce que cela veut dire si ce n’est que l’angoisse est la voie qui permet – dans une analyse - d’atteindre le noyau pulsionnel qui masque la certitude fantasmatique ? Suivant le dire de J.-A. Miller, dans ce séminaire Lacan met en symphonie la relation entre jouissance et angoisse et, derrière celle-ci, le lien entre la jouissance et la pulsion. Que résulte donc de l’objet a ? Reste-t-il du côté du sujet ou de celui de l’Autre ? A cette dernière question nous pouvons répondre à partir de la structure topologique, le cross cap, ou depuis les opérations d’aliénation et de séparation déployées dans le séminaire XI. Si le fonctionnement du désir, en tant que désir de l’Autre, se soutient de la méconnaissance de l’objet que nous sommes, alors « la méconnaissance de a laisse une porte ouverte. (…) La seule voie dans laquelle le désir puisse nous livrer ce en quoi nous aurons à nous reconnaître l’objet a en tant qu’(…) il est notre existence la plus radicale, ne s’ouvre qu’à situer a comme tel dans le champ de l’Autre. (…) Ce n’est rien d’autre que la possibilité de transfert »12. Lacan consacre la dernière partie du séminaire X à situer ce qu’on attend d’un analyste de l’Ecole en tant qu’il est sensé avoir traversé l’angoisse, qu’il « soit celui qui, si peu que ce soit, par quelque biais, par quelque bord, ait assez fait rentrer son désir dans ce a irréductible pour offrir à la question du concept de l’angoisse une garantie réelle »13. Puisque « la fonction de la cause est si irréductible car identique à cette partie de nous-même, de notre chair, qui reste nécessairement prise dans la machine formelle. Quelque chose sans quoi le formalisme logique ne serait absolument rien. Au cours d’une analyse, il s’agira aussi de faire de l’objet une fonction de cause. »14 Ceci vient du fait qu’objet a et cause sont superposés. Dans la machine de formalisation des discours, il s’agit tout le temps de chercher quelque représentation. C’est ainsi que le concept de « plus » permet de situer comment l’objet, localisé dans l’Autre, fonctionne en tant que médiation avec cet Autre qui n’existe qu’en mesure de la jouissance propre. C’est pourquoi on pourrait affirmer qu’« il s’agit de la nécessité pour l’analyste de franchir la limite de l’angoisse pour pouvoir soutenir le questionnement du désir »15. Interpréter les points d’angoisse au cours d’une analyse implique l’articulation de l’objet condensateur de jouissance avec l’effet qui décomplète l’Autre. Ainsi, toutes les formes offertes par l’objet a dans ce séminaire seront reprises dans sa fonction à partir du parcours d’une analyse. Le premier témoignage de M. Tarrab nous apporte un éclairage sur cette question. Il déploie le « souffle » lié à l’objet voix dans le fantasme : « être le souffle de l’Autre », qui commandait sa vie. Cela signait son pacte avec l’Autre, le faisant exister à la mesure de sa jouissance. Une fois le fantasme traversé, alors qu’au lieu de l’Autre s’ouvrait un trou... émergeait un réel sans le voile de l’objet… c’est ce qu’affectait le sujet dans le corps et en tant qu’angoisse… » 16 Et là, à nouveau, l’angoisse et sa solution. A ce moment-là, l’intervention de l’analyste – avec son « dire » - incarna le bord de l’Autre par lequel se constitue le trou qui cerne ledit trajet. Il en résulte la chute du masque du désir de l’Autre laissant advenir la voix qui résonne dans le corps. « Le roman analytique avait été « se faire écouter » pour empêcher que le trou n’apparaisse dans le silence, le trou muet, voilé par l’objet en tant que semblant. »17 Eric Laurent, commentant ce témoignage, notait que l’analyste se transmute en ventouse, logeant le chemin vers le désir sans le support de l’Autre. Ce qui rend possible à l’analysant de faire un nouvel usage de l’objet, lié non pas au fantasme mais à la satisfaction pulsionnelle. Ainsi, le « souffle » est extrait et l’Autre reste comme le lieu où le trajet pulsionnel s’articule. Traduit par Beatriz Gonzalez et Romain-Pierre Renou * « Las noches abiertas de la EOL » Soirées d’études organisées par L’Ecole d’orientation lacanienne à Buenos Aires, Argentine. 1 Lacan J., Le Séminaire, livre X, L’angoisse, éd. Du Seuil, coll. Champ Freudien, Paris, 2004, p. 266. (C’est l’auteur qui souligne) 2Ibid., p. 271. 3Ibid. 4Ibid., p. 272. 5Ibid., pp. 382-383. 6Ibid., p. ? 7Ibid., p. ? 8 Laurent, E., « La nouvelle clinique des angoisses, ses fondements et ses conséquences pour la psychanalyse », in Nuevos sintomas, nuevas angustias (ouvrage en espagnol), coll. Orientation Lacanienne, Argentine, p. 42. 9 Miller, J-A., L’angustia lacaniana, (Ouvrage en espagnol) Editions Paidos, p. 70. 10Ibid., p. 70. 11Ibid., p. 88. 12 Lacan J., Op. Cit., p. 389. 13Ibid., p. 390. 14Ibid., p. ? 15 Laurent, E., « Commentaire du témoignage de passe de M. Tarrab » in Patologias de la identificacion en los lazos sociales. (Ouvrage en espagnol) Collection Orientacion Lacaniana, Argentine, p. 62. 16 Tarrab, M. La identificacion no es el destino. (Texte en espagnol) Collection Orientacion lacaniana. Argentine, p. 54. 17Ibid. ^ L’ATELIER DE LACANChapitres XXI et XXII du livre X, L’angoisse Marie-Hélène RochM-H.Roch@wanadoo.fr J.-A. Miller nous a parlé récemment de l’ouvrage de Peter Brown, intitulé Le renoncement à la chair, qui se réfère au christianisme des premiers siècles. On y apprend entre autres que l’éthique de la chair était déjà présente en des temps très anciens. Elle est à l’origine de la formation morale chrétienne et elle a produit de grands idéaux d’ascétisme sexuel en tant que réponse au plus perturbant des problèmes, à savoir la jouissance. La jouissance est le seul vrai problème de la psychanalyse. Mais contrairement aux ascètes qui entraînaient leur corps dans une aventure impossible, convaincus de sa transformation le jour de la résurrection, la psychanalyse engage l’analyste à ne pas renoncer à ce qui fait justement problème, la chair d’un corps. L’ascèse psychanalytique se pratique sur l’Autre. Elle élimine cette dimension de la Toute Puissance au fond du monde jusqu’à faire de l’Autre une inconsistance, jusqu’à obtenir sa continence. De cette manière, un corps qui a renoncé à sa jouissance du simple fait qu’il habite le langage peut récupérer les ressources que le surmoi a stockées, par gourmandise. Dans les chapitres XXI et XXII du Livre X, on trouve un large écho de cet enjeu. Lacan y soulève une aporie concernant la fin de la cure de l’obsessionnel. Il se demande si le sujet, du fait de la particularité de son désir anal, peut aller au-delà de la demande, déranger sa défense qui n’est autre qu’une couverture de son désir par l’idéal du moi et remettre à niveau son désir déterminé par sa cause. Comment déjouer cette tentation de faire de l’analyse une religion ? Lacan soulève aussi ce point crucial : est-ce que le névrosé à la fin de son analyse peut prétendre être débarrassé de cette dimension aussi ferme dans son cadre que la fenêtre du fantasme ? Et il ajoute : « Athée serait celui qui aurait réussi à éliminer le fantasme du Tout-puissant ». C’est impossible sans un acte. Mais en supposant qu’on y arrive, que cette dimension de présence de la toute puissance puisse s’éliminer, cela soulèverait alors l’inédit d’une position d’athéisme et pour l’analyste un désir athée. Tel serait l’enjeu d’une fin de cure d’un sujet névrosé. En conclusion, Lacan dicte cette condition : l’existence de l’athée, au sens véritable, ne peut être conçue, en effet, qu’à la limite d’une ascèse dont il nous apparaît bien qu’elle ne peut être qu’une ascèse psychanalytique. Afin de répondre à cette aporie sur la conclusion de la cure, Lacan va déplacer notre intérêt pour l’Autre de l’Autre vers la topologie de l’objet a. Ce séminaire est l’atelier de Lacan, nous dit J.-A. Miller, une forge servant à la production d’un objet prélevé sur un corps. Ce nouvel alliage ne se fabrique pas sans angoisse; angoisse, qui, elle, ne trompe pas. Elle participe au détachement d’un objet cause d’un désir qui cette fois ne serait pas un leurre. Lacan nous donne les moyens de ne point faire de la psychanalyse une théologie et d’élucider cet incroyable besoin de croire. Cette fabrique de l’objet-cause nous permet d’entrevoir ce que serait l’ascèse psychanalytique dont il parle (page 357) : une pratique de la pulsion plus prompte à traiter la souffrance d’un corps enchâssé dans ses leurres. Lacan apporte cette réponse à l’aporie du fantasme du Tout- Puissant. Il montre que le désir propre à un corps dénoue l’harmonie avec le symbolique et révèle que le désir, loin d’être intentionnel, est un résultat et que l’angoisse est un noyau irréductible du rapport de constitution de l’objet a dans l’expérience analytique. Dans les chapitres XXI et XXII, le travail s’opère à dessein de produire la chute d’un corps, un objet a non/spéculaire. Dans le premier chapitre, il s’attache au procès de causation afin de pouvoir situer le désir dans sa cause, à sa place du côté du sujet. Dans le chapitre suivant, il permet à l’analyste d’entrevoir qu’il est en place d’agent du désir pour soutenir la circularité de l’objet a. Chapitre XXI La forme primordiale de la cause Lacan commence par introduire la catégorie de la cause, car elle soutient la question du désir de l’analyste. Un désir authentique qui trouve sa fonction de non–rapport entre la cause et son effet . Lacan appelle cet écart un gap, une béance ; c’est aussi un résidu de la fonction signifiante. La forme primordiale de la cause est une trace vide dans l’apparole, initiant la mise en circuit d’un objet chu. Cette trace trouve son écriture algébrique a. Quelle est la difficulté que soulève un réel primitif ? Est-ce parce qu’il fonctionne sans loi ? Ou n’est-ce pas plutôt parce que tout avènement du a implique l’avènement du sinthome dans sa contingence et sa nécessité pour un être parlant ? Toute jouissance se complique du fait que le signifiant gagne sur elle et que celle-ci se laisse refluer sur une zone érogène. Un bord du corps se prête au désir de l’Autre, s’angoisse, s’affecte. Après l’avènement de a, Lacan parle de l’avènement du symptôme comme d’une fonction équivalente. La cause est prise dans la forme du phénomène Le symptôme de l’obsession montre de façon clinique cette dimension originale de la cause d’être prise dans le phénomène; l’angoisse surgit si la compulsion ne s’accomplit pas. Avec le symptôme, nous sommes au niveau le plus favorable pour lier la position de a à l’angoisse comme au désir. Lacan précise que la présence de la cause du désir s’est annoncée dès les données premières du champ où Freud a engagé la recherche analytique; c’est-à-dire dans le champ du symptôme où cette dimension de la cause est manifeste. Il faut considérer que le symptôme n’était pas présent au départ dans sa belle forme classique. Freud disait que la dimension du symptôme devait apparaître au sujet. Le symptôme n’est pas d’abord constitué, il faut aller le chercher, c’est-à-dire solliciter l’implication du sujet, afin qu’il reconnaisse qu’il fonctionne comme ça. Sans cette implication, il n’y a pas moyen de faire parler le symptôme, de l’attraper par l’oreille. Lacan indiquait déjà cet enjeu dans lesÉcrits ; enjeu pour le transfert qu’Éric Laurent a lui-même commenté, montrant comment Freud avait obtenu la rectification subjective de la position de belle âme de Dora et l’implication subjective de l’homme aux rats dans la cristallisation de sa dette. Cette implication au symptôme favorise son développement selon les variantes de la vérité, ce que Lacan appelait son enveloppe formelle. Il en parle autrement dans ce chapitre XXI, car il inclut le « non-assimilé » du symptôme. Il ne s’agit pas seulement que le sujet prenne l’intelligence de la situation, mais « que se dessine qu’il y a une cause à ça ». Lorsque le « qu’y a-t-il, qu’est-ce que c’est que ça » vient à se formuler comme cause, le sujet de l’obsession montre qu’elle est « entr’aperçue comme Angst ». Et c’est dans le désir dans l’Autre sous sa forme la plus pure (au cinquième niveau). C’est à ce niveau que la cause prend sa consistance. Si elle se présente d’abord sous la forme d’une trace vide, un creux, un non savoir mis à la production de ses effets, elle prend aussi cette valeur d’une jouissance absolue. La cause va avec la Chose, avec das Ding. L’implication à sa cause peut verser le sujet obsessionnel dans l’héroïsme quand il approche de la structure de ce cinquième niveau . La contrainte qui commande sa symptomatologie force une volonté d’accès à un savoir qui est pour l’obsessionnel saisi dans la dimension d’horreur de la jouissance (cf « Kant avec Sade »). Situer le désir à sa place d’objet-cause laisse entrevoir que le symptôme (ainsi que le désir) n’est pas un effet de la cause mais un résultat. L’avènement de a fait l’avènement du symptôme ; ou, pour le dire autrement, il y a symptôme lorsqu’il y a (a). L’analyste ne renonce pas à ce qui fait problème, la chair d’un corps. C’est elle qui enserre la topologie du circuit. Dans le chapitre suivant, l’analyste est appelé à soutenir la circularité de l’objet a, c’est-à-dire la chute d’un corps, trace inédite du réel fortuit. Un mode de présence au monde dû à ce qui s’est imposé de façon particulière et traumatique. Chapitre XXII Une enforme topologique de l’objet a Lacan appelle désir anal le résultat de la cession de l’objet. Il ne faut pas confondre le désir avec l’excrément. Si celui-ci prend une valeur paradigmatique, c’est parce qu’il nous permet de concevoir l’objet a subsistant sous des modes divers et comme ordure (palea). Or, comment ce désir est-il appendu à la structure de l’objet a? Lacan commence par isoler une trace de l’excrément dans le milieu, dans la biologie. L’excrément est le dépôt du vivant, C’est le blastopore. Il est dans le milieu bien avant que la bouche et l’anus ne soient différenciés. Cependant, il y a toute une économie et une organisation usinière de la fonction pour la récupération des excréments. Dans le circuit économique, la visée de l’homme comme réductible à l’excrément n’est pas absente. Lacan pense qu’il n’est pas hors de saison de rappeler quelle est la visée de la Chose, « la réduction de masses humaines entières à la fonction d’excrément », « la transformation d’un peuple par l’intermédiaire du four crématoire à l’état de quelque chose qui se répartissait sous la forme de savonnettes ». Voilà qui situe le progrès dans les relations humaines et la visée de la cause en objet a , en l’immonde. Une fois ce désir situé sous la forme d’une trace réelle, posons-nous la question : comment, ce qui est rebutant, peut-il jouer un rôle privilégié dans le mode subjectif d’un désir ? Cette question en fait résonner une autre :où se situent les limites du corps érogène ? Dans son commentaire du livre X, J.-A. Miller souligne que les cercles d’Euler répondent à ce problème clinique. Ils schématisent la cause du désir selon cinq formes (au sens d’enforme). Leur usage fait apparaître la fonction circulaire de l’objet a à chaque niveau et la nouvelle approche de l’objet comme un organisme issu d’une coupure ; de l’ordre d’une zone, pas d’une bonne forme, et d’une zone érogène. Cet organisme est montré comme empiétant sur le corps de l’Autre et pourtant hors des limites du corps. J.-A. Miller rappelle que dans « Position de l’inconscient », Lacan parle d’un organisme dont les limites vont au-delà du corps. Et il définit la libido comme : «(...) Cette part du vivant qui se perd à ce qu’il se reproduise par les voies du sexe ». Cette trace du réel, du vivant, trouve un bord érogène donnant accès à l’existence d’une zone antérieure au corps dans sa forme et son identité. Comment faire d’une zone du corps un individu, un sujet de droit ? C’est là qu’entre en jeu l’objet dans sa chute ; elle caractérise la toute première inscription du sujet, la naissance de l’Autre. La cession de l’objet n’est pas sans évoquer l’angoisse anale de l’homme aux loups requis de se manifester comme sujet dans la scène traumatique inaugurale de sa présence au monde. Elle peut s’illustrer de façon moins dramatique, mais pas moins traumatique. Lacan fait observer que le cambrioleur qui vient de manier la pince-monseigneur pour ouvrir votre porte et vos tiroirs a toujours à ce moment-là la colique. C’est la signature, dit-il. Ajoutons, la signature de son passage illégitime chez l’Autre. L’angoisse donne existence à une position du désir, un désir qui cède à la situation ; elle en reste la source. Cette façon de céder à la situation dans la précipitation est familière de l’acting out obsessionnel ; c’est dans l’émoi qu’une trace finit par se laisser. Ce déplacement du côté du sujet (de la cause du désir) donne accès à un objet, dont on peut dire que s’il est familier des lieux, il n’y est qu’en étranger. Le corps d’un parlêtre en garde la trace. Le désir de retenir, par exemple, qui supporte le désir obsessionnel, c’est de façon structurale le désir pris en otage dans le verbe. Le sujet de l’obsession en fait spécialement l’épreuve. On retrouve son inhibition du désir dans toutes ses dimensions, quand il est installé dans la demande dans l’Autre ou quand il approche de la béance entre désir et jouissance dans son rapport à l’Autre sexe. C’est un désir en recul de l’acte. Si le point d’appel est sur le corps, quand le désir est requis de se manifester, le sujet aura besoin de prendre des chemins toujours plus éloignés, de parcourir toutes les impossibilités du trajet, de s’écarter de ce qui est le problème de son désir, l’impossibilité du désir en acte. Lacan dessinant les cinq niveaux de la constitution de l’objet a dans sa relation extime à l’Autre, montre que le deuxième niveau est celui de l’objet anal et de l’introduction de la demande dans l’Autre. C’est l’objet qui montre le mieux le caractère cessible d’un objet a « comme morceau séparable qui véhicule primitivement quelque chose de l’identité du corps, antécédant sur le corps lui-même quant à la constitution du sujet ». (p. 363) Par quelle voie l’excrément entre-t-il dans la subjectivation ? Le deuxième niveau répond à la question. Il y entre par l’intermédiaire de la demande dans l’Autre représentée à l’occasion par la mère et sa demande. L’obsessionnel en connaît les scènes familières et la temporalité : tantôt l’enfant doit retenir, tantôt lâcher. L’angoisse gît dans cette installation dans l’Autre. L’appréhension de perdre vient au corps avec l’idée que ce déchet lui appartient. C’est avec l’idée d’appartenance au corps que l’angoisse se transforme en peur. Ce qu’il craint de perdre peut prendre une valeur de satisfaction accordée à la demande de l’Autre. Mais comment, le caca, a-t-il pu être élevé à l’objet précieux, à l’agalma ? Les effets de la discipline ne sont pas suffisants pour comprendre l’ampleur des effets qui s’attachent à la relation agalmatique de la mère à l’excrément de son enfant. L’agalma n’est concevable que dans sa relation au phallus et à son absence ; à l’angoisse phallique qui se manifeste dans le phénomène de détumescence de l’organe. Lacan conclut : « C’est en tant que symbolisant la castration que le a excrémentiel est venu à la portée de notre attention ». Rappelons que c’est au niveau de ce déchet que le sujet a pour la première fois l’occasion de se reconnaître dans un désir. Mais n’allons pas trop vite. Car les deux temps de la demande : « Garde-le. Donne-le. Et si je le donne, où est ce que ça va ? » Ces deux temps, on les retrouve dans l’ambivalence de sa position, de ce oui et non que Lacan écrit (a losange S ) et aussi dans son symptôme, sur le versant de l’annulation : c’est de moi, mais néanmoins ce n’est pas de moi . La structure fondée sur la demande laisse hors circuit le désir. On pourrait s’attendre, dit Lacan, à ce qu’un désir sexuel venu de l’extérieur vienne balayer la demande et ainsi la relayer. Il se trouve que non, du fait de la fixation à l’objet anal et à cette propriété qu’il a de choir, de disparaître au même titre que le phallus lui-même. L’objet par sa caducité se substitue à celle de l’organe qu’il symbolise parfaitement. Ce qui a toute sa portée au niveau phallique. Le troisième niveau est celui de la fonction centrale, le phallus. À cet étage s’introduit le rapport du sujet à la jouissance dans l’autre sexué. C’est le lieu par excellence de l’angoisse, de la caducité de l’objet et de l’insatiabilité du désir, du fait de la béance entre désir et jouissance. Lacan rappelle les aléas du désir, à savoir que l’homme entre châtré dans la relation sexuelle. Les mouvements vers la jouissance de l’Autre sexué inclut la castration comme gage de la rencontre. Quant à la femme, si elle ne manque de rien, elle risque pourtant dans son mouvement vers l’homme de s’écraser sur la nostalgie phallique. Ce qui appelle une autre dimension et un au-delà visé dans un amour transfiguré en termes de puissance. Apories Réponses Vu sous cet angle, comment le sujet obsessionnel approche-t-il la béance entre désir et jouissance dans son rapport à l’autre sexe ? Par la métaphore du don d’amour empruntée à la sphère anale et destinée ici à retenir le désir sur le bord du trou de la castration. Comment le sujet de l’obsession peut-il achever sa position de désir ? Par la projection de cet objet dans le champ de l’idéal du moi. Au niveau où il s’agit de recouvrir l’angoisse, l’idéal du moi prend la forme du Tout-Puissant. Le circuit se prolonge par le lien de l’objet anal avec l’objet scopique qui favorise l’image aimable (le quatrième niveau est celui du champ scopique, du fantasme, de la puissance dans l’Autre ; le mirage du désir humain). Dans ce fonctionnement symptomatique de retenir son désir, de le faire dévier toujours plus loin de sa cause, le sujet trouve le complément dans un fantasme ubiquiste, ce qui montre la liaison de l’objet anal avec une production idéaliste. Qu’elle s’illustre comme la plus haute qui puisse se faire laisse le désir de l’acte en impasse. L’impasse concerne la réalisation du désir dans sa causalité. La circularité de l’objet fait apparaître tout un ordre de causalité que Lacan n’entérine pas encore comme causalité du désir mais qui montre déjà que la causalité est un résultat (comme le symptôme). L’angoisse dans le circuit prend un caractère de dominance dans le phénomène, de contrainte dans le symptôme à la mesure du désir de l’obsession qui est désir de retenir. L’angoisse apparaît selon ses modes d’émergences (que ce soit dans la stratégie d’évitement ou sous les compulsions et acting out). Elle est le signal du réel, dès lors que la cause fait retour sous sa forme pure dans le désir dans l’Autre. Le sujet saisit quelque chose de son désir dans la structure sadique du fantasme. Et, elle reste le noyau irréductible du rapport de constitution de l’objet a dans l’expérience analytique. Pour réintégrer ce désir à sa cause, ne faut-il pas l’intervention de l’acte analytique ? Un bon coup de balai inattendu en somme, à l’exemple de cet analyste qui a fait le geste sidérant de jeter à la poubelle la thèse si précieuse que lui remettait son analysant. L’analyste ne renonce pas à la jouissance. L’analyste ne fait pas semblant. Son acte dérange la défense. Il sait par expérience, et jusqu’au point nodal d’inconsistance, que seul un acte permet au désir de s’extraire de la structure de la névrose. Dès lors qu’il autorise l’accès à l’analyse, l’analyste — non sans en avoir apprécié les risques — s’attend à produire un acte qui le dépasse en sa portée. Il en reste comptable. Il est responsable du pari que fait la psychanalyse lacanienne de ne pas renoncer à la jouissance d’Un corps. ^ LE DESIR DE L’ANALYSTE, OBJET D’UNE ALIENATION CONSTITUANTE Perla Miglinperla_m@netvision.net.il Lecture croisée du dernier chapitre du Séminaire, livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse et de la première partie du Séminaire, livre X, L’angoisse. Aliénation constituante ainsi qu’angoisse constituante seraient une autre façon de dire ce à quoi Philippe La Sagna fait référence, à savoir « que l es religions du livre sont trois et que le livre premier est celui d’un peuple qui n’a pas choisi, justement, la voie religieuse, mais qui a inventé, par contre, l’idée que l’identité n’est pas une donnée héritée mais quelque chose à acquérir, par une mise en question, un devenir et surtout un savoir, un art de lire ».1 Le chapitre XX du Séminaire XI accueille une paire de signifiants : « En toi plus que toi » et « il me reste à conclure ». Ce chapitre s’ouvre par un recto verso : « Je t’aime, Mais parce qu’inexplicablement J’aime en toi quelque chose plus que toi – l’objet petit a, Je te mutile. »2 Alors que Lacan s’apprête à conclure son séminaire XI, il évoque le fait que cette année-là il s’est adressé à un public différent de celui qui avait jusqu’alors suivi son enseignement. Il avait dû laisser en suspens « ce pas qu’[il] s’apprêtai[t] à faire franchir […] concernant les Noms-du-père ».3 Il fait savoir que cette année qui se termine dans un autre lieu l’amène à des circonstances qui lui présentifient et lui permettent de rendre compte d’une notion fondamentale : la dustuchia. Qu’est-ce que cette notion fondamentale ? Et, qu’en dire en nous appuyant sur tuché et automaton ? Jacques-Alain Miller, tout au long des quatre cours dédiés au « Gide de Lacan » propose ce qui suit : « Je conclurai ce rapport avec le lieu remarquable que Lacan accorde à la fonction de la rencontre - dans cette analyse clinique, la malencontre, la bonne rencontre, la personne qui doit être, la personne qui ne doit pas être, cela fait la différence. […] Nous déchiffrons éventuellement, à partir de l’automaton et de la tuché cette répétition et cette rencontre, mais nous pouvons conserver leur force sans l’extinction, si vite, de tout ce qui est déjà connu. Il me semble que dans tout cela nous pouvons trouver la possibilité de précisions suffisamment pratiques, de telle sorte que j’ai proposé comme thème pour des journées espagnoles : Rencontres et répétitions dans la névrose et dans la psychose ».4 Nous ne pouvons cesser d’être surpris devant l’importance que Lacan accordait à ces fonctions. J.-A. Miller ajoute : « Sûrement on peut dire que Lacan ira encore plus loin en considérant la malencontre de la rencontre, mais je crois qu’il y a plus de choses à dire là-dessus ».5 La question pour l’ordre de vérité que notre pratique engendre devient importante là où la direction de la cure desserre la parole du savoir pour la nouer à la jouissance. Il est surprenant de reconnaître avec netteté l’obstacle contre lequel bute l’analyste non armé du savoir, « qu’est-ce qui m’autorise ? » La formation de l’analyste vise le nouage de la parole à la jouissance. L’ordre de vérité que notre pratique engendre est une autre façon de se référer, par exemple, à la question que Freud pose à Dora lorsque celle-ci s’adresse à lui suivant les conseils de son père afin de lui raconter l’engrenage dans lequel, selon elle, son père l’avait entraînée. C’est Freud qui peut lui demander avec incrédulité quelque chose comme : « Quelle est ta part dans cet enchaînement de faits ? » La question de la rectification subjective anticipe le recours à la topologie, même si rect-ification résonne comme appartenant au genre éternel de la géométrie euclidienne – elle correspond néanmoins à un nouveau genre comme celui qui incarne la question pour l’ordre de vérité que notre pratique engendre. Quelle est ta part dans tout ça ? convoque donc la part logée en toi. En approfondissant notre lecture du chapitre XX du Séminaire XI, nous trouvons que Lacan nous donne des formules afin que nous nous en servions en tant que points de référence : « si le transfert est ce qui, de la pulsion, écarte la demande, le désir de l’analyste est ce qui l’y ramène. Et par cette voie, il isole le a, il le met à la plus grande distance possible du I que lui, l’analyste, est appelé par le sujet à incarner. »6 Depuis le Séminaire, livre X, l’angoisse, « la pulsion ($ ♢ D), à lire - S barré, coupure de grand D, la demande. […] C’est dans toute la mesure où le fantasme ($ ♢ a) se présente d’une façon privilégiée chez le névrosé comme ($ ♢ D) ».7 « Le point de l’idéal du moi est celui d’où le sujet se verra […] comme vu par l’autre - ce qui lui permettra de se supporter dans une situation duelle pour lui satisfaisante du point de vue de l’amour. En tant que mirage spéculaire, l’amour a essence de tromperie. Il se situe dans le champ institué au niveau de la référence du plaisir […] grand I, quelque part placé dans l’Autre, d’où l’Autre me voit, sous la forme où il me plaît d’être vu. Or, dans cette convergence même à laquelle l’analyse est appelée par la face de tromperie qu’il y a dans le transfert, quelque chose se rencontre, qui est paradoxe – la découverte de l’analyste. Celle-ci n’est compréhensible qu’à l’autre niveau, le niveau où nous avons situé la relation de l’aliénation. […] l’analysé dit en somme à son partenaire, à l’analyste - Je t’aime, mais, parce qu’inexplicablement j’aime en toi quelque chose plus que toi – l’objet petit a, je te mutile. »8 Nous trouvons une autre version de ce recto verso avec lequel Lacan démarre le dernier chapitre du Séminaire XI dans le séminaire X. Lacan y introduit l’idée que le discours de l’angoisse ne peut plus se maintenir éloigné du problème du désir de l’analyste. « […] Même si le moi est le lieu du signal, ce n’est pas à ce moi que ce signal est adressé. C’est évident. Si il s’active dans le moi, c’est pour que le sujet soit averti de quelque chose, à savoir, d’un désir c’est-à-dire d’une demande qui ne concerne aucun besoin, qui ne concerne rien d’autre que mon propre être, c’est-à-dire qui me met en cause. Disons qui m’annule. En principe le signal ne s’adresse pas à moi en tant que présent, il s’adresse à moi, si vous voulez, comme attendant, et encore plus comme étant perdu. Ce signal sollicite ma perte pour que l’Autre se retrouve en elle. C’est cela l’angoisse. »9 Le désir en position d’objet Le thème des objets a dans l’expérience analytique nous permet de déployer « la force de l’articulation entre répétition et rencontre » dans les différents cas cliniques . Et ce, en prenant en compte que « […] il s’agit de la relation entre -(φ) et la constitution de a. D’un côté la réserve imaginairement insaisissable, même si elle est liée à un organe. De l’autre côté, l’objet a , qui est ce reste, ce résidu, cet objet dont le statut échappe à celui de l’objet produit par l’image spéculaire, c’est-à-dire, aux lois de l’esthétique transcendantale […] Il s’agit d’instituer un autre mode d’imaginarisation […] pour définir cet objet »10 Le fait que Lacan ouvre le séminaire X en disant que la structure de l’angoisse est la même que celle du fantasme n’est pas sans lien avec « la classe de désir qui se manifeste dans l’interprétation, dont la forme la plus exemplaire et énigmatique est l’incidence de l’analyste dans la cure ».11 Ceci n’est pas sans lien à la présence inédite de a, l’objet dans la fonction accomplie par le fantasme.12 Lors du cours du 03 avril 2002, J.-A. Miller nous fait part d’un morceau inédit de l’enseignement de Lacan qui correspond au séminaire sur l’acte analytique : « Le désir de l’analyste, il est impossible de le tirer d’ailleurs que du fantasme du psychanalyste. Ce de ce qu’il y a de plus opaque, de plus ferme, de plus autiste dans sa parole que vient le choc d’où se dégèle, chez l’analysant, la parole. » J’interprète que lors de la journée sur Gide, alors que J.-A. Miller avance que Lacan a franchi un pas de plus en considérant l’essentiel de la malencontre, cela va de pair avec ce qu’il dira plus tard au sujet de cette proposition de Lacan dans le séminaire sur l’acte analytique : « sans aucun doute – et il semble donner là une échelle pour mesurer la transformation de la technique analytique, l’envers d’une pratique qui s’ordonnerait d’une réalité désexualisée ou spéculant sur la coïncidence sentimentale ». 13 D’ici semble surgir cet autre mode d’imaginarisation qui définit l’objet qui échappe à l’image spéculaire, résidu non réversible, ni significantisable dans le registre articulé14 que le thème du Congrès nous permet de déployer. Traduit par Beatriz Gonzalez et Romain-Pierre Renou 1 « Trois questions à…Philippe La Sagna » La lettre en ligne (LEL) N° 39, juillet 2007. 2 Lacan, J. Le Séminaire, livre XI,Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse. Editions du Seuil. Paris, 1973, p. 237 3Ibid., p. 237 4 Miller, J-A. « A propos du Gide de Lacan », Malentendido. 5Ibid. 6Le Séminaire, livre XI,Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Editions du Seuil, Paris, 1973, p. 245. 7 Lacan, J. Le Séminaire, livre X, L’angoisse, chapitre V, « Ce qui trompe », Editions du Seuil, Paris, 2004, p. 80. 8 Lacan, J., op. cit., p. 241. 9 Lacan, J. Le Séminaire, livre X, L’angoisse, chapitre V, « Ce qui trompe », Editions du Seuil, Paris, 2004 ??? 10 Ibid ., Chapitre XI, « Ponctuations sur le désir », p. 173. 11Ibid., Chapitre 3, « Du cosmos à l’Unheimlichkeit », p. 39. 12 Ibid ., Chapitre 4, « Au-delà de l’angoisse de castration », p. 55. 13Ibid. 14 Miller, J-A. Orientation lacanienne III. Cours du 15 avril 2002 ^ TROIS CONSISTANCES Gilles Chatenaygilles.chatenay@orange.fr Historiquement, dans l’enseignement de Lacan, la première consistance est imaginaire : le stade du miroir donne consistance imaginaire au corps. Le mouvement de logification du deuxième enseignement de Lacan promeut l’acception logique du terme : est consistant un objet, un concept ou un champ, non plus lorsqu’il donne l’image d’une unité, lorsqu’il semble être d’un seul tenant, mais lorsqu’il est exempt de contradiction interne. L’Autre est inconsistant en ce sens, la seule consistance de l’objet a est logique, etc. Mais que devient la consistance dans le troisième, le dernier et le tout dernier enseignement de Lacan ? La question de la consistance n’est pas que théorique, car si l’on accepte qu’intuitivement est consistant « ce qui tient ensemble » ou « ce qui se tient », son enjeu, me semble-t-il, est aussi clinique, et donc pratique : le fantasme, le symptôme et le sinthome par exemple peuvent être conçus comme des appareillages qui tentent de faire tenir ensemble, de donner consistance à ce qui ne va pas ensemble : la jouissance, le signifiant et le lien social. Consistance unienne Lacan, dans son Séminaire L’angoisse, produit l’objet a comme prélèvement sur le corps : le sein, les fecès, le regard et la voix (et à l’époque le phallus) sont particulièrement aptes à faire fonction d’objet a dans la mesure où ils se présentent comme éminemment séparables, cessibles. Très freudiennement, l’objet est ce qui peut être perdu, et au-delà il se définit à partir de la perte. Plus tard, avec la mise au point de la notion de plus-de-jouir, la cessibilité deviendra une condition suffisante pour qu’un objet, y compris un objet du marché, puisse être supposé receler l’objet de satisfaction pulsionnelle. Dire d’un objet qu’il l’est dans la mesure où il est séparable, c’est me semble-t-il dire deux choses (au moins) : premièrement qu’il y a une coupure entre l’objet lui-même et ce dont il peut être séparé — cette coupure définit une surface — ; et deuxièmement que cette coupure permet de le dire Un. L’objet est Un, non pas ici au sens du un du trait unaire qui marquerait sa singularité, ou du 1 numérique où il compterait pour 1quelconque, mais au sens où il ne doit pas partir en morceaux, ni ne se liquéfier ou s’évaporer : il est consistant, d’une consistance que je dirai unienne. Par ailleurs, que sa coupure définisse une surface revient à dire que la structure topologique de l’objet est celle de son bord, c’est-à-dire de sa surface. En d’autres termes, la consistance de l’objet est unienne en tant qu’il est enserré « dans » une surface d’un seul tenant. Lacan, dans D’un Autre à l’autre, spécifie les structures topologiques de ces surfaces : sphère, tore, cross-cap, bouteille de Klein. « Enformes de l’Autre » dit-il, et ajoutons : de l’objet lui-même, puisque sa surface le « circonscrit ». Dans le paragraphe précédent, j’ai pris la précaution d’écrire ici « dans » et « circonscrit » entre guillemets : parce que si l’opposition dedans-dehors est légitime pour la sphère et dans une certaine mesure pour le tore, elle ne l’est certainement pas pour le cross-cap ou la bouteille de Klein. Ce qui n’est pas, pour moi, sans conséquences surprenantes. En effet, « unien » est un terme corrélé à l’imaginaire : le choix de ce terme induit l’idée que la consistance unienne participe de l’imaginaire, c’est celle par exemple que l’image délivre à notre corps. Or l’imaginaire du corps comporte l’opposition dedans/dehors : le corps imaginaire est sphérique, ou pour mieux dire, torique. L’imaginaire, pour moi, jusqu’à présent, était corrélé à l’opposition dedans/dehors. Ce n’est plus le cas, puisque j’avance que la structure topologique d’un objet unien peut aussi être de type cross-cap ou bouteille de Klein. L’unien, et partant l’imaginaire, ne sont pas nécessairement sphériques ou toriques. Il leur suffit d’être d’un seul tenant. Il me faut repenser pour moi-même l’imaginaire, et, partant, le symbolique et le réel. Proposons que la dimension imaginaire de tout objet, notion, concept, etc. résiderait dans la possibilité de sa représentation par une surface. Sa dimension symbolique, elle, se définirait comme la part de celui-ci qui pourrait trouver représentation dans l’ordre de la lettre. Quant à ce qui ressort du registre du réel, évidemment c’en serait la part impossible à représenter dans la surface ou la lettre. Mais Lacan nous dit aussi que la seule consistance de l’objet a est logique. Et la logique assurément participe de la lettre : pas de l’imaginaire. C’est pour le moins contradictoire, semble-t-il, avec notre supposition d’une consistance unienne — qui justement ne serait pas logique. Nous avons occulté un préalable à la consistance imaginaire de l’objet : l’opération de coupure, de séparation n’est pas donnée par l’objet, nous avons dû l’effectuer. Nous avons extrait quelque chose de quelque chose pour en dire « ceci est un objet ». Nous scandons l’extraction d’un trait, d’un point ou d’une lettre, nous générons l’objet par le signifiant au sens large : pour emprunter à Bertrand Russell, en disant « ceci », déjà nous faisons une nomination au sens large — Lacan, lui, a pu dire que le nom propre, c’est le signifiant à l’état pur : il suffit qu’un signifiant — par exemple « ceci » — vienne pour opérer une nomination. La consistance unienne, consistance de surface, imaginaire, présuppose une nomination russellienne – disons au moins un marquage par le trait unaire : une inscription symbolique. Dès lors cette consistance ne tient que par refoulement, démenti ou forclusion de la « nomination » préalable : ce n’est pas une « vraie » consistance. Ce qui n’est pas lui dénier des effets : le stade du miroir témoigne de la puissance clinique de la consistance unienne. Et à l’autre bout de son enseignement, lorsqu’il redonnera dignité à l’imaginaire, Lacan s’interrogera sur la consistance de la corde, du rond de ficelle — qui d’ailleurs est topologiquement un tore — qui ne doit pas s’effilocher ou se rompre : il doit rester d’un seul tenant. « D’un seul tenant » est une façon intuitive de dire que l’espace ou l’objet unien est, en terme topologique, connexe. Consistance logique : binaire On dit d’un raisonnement ou d’une démonstration qu’ils sont valides si chaque proposition s’enchaîne correctement à la précédente. En somme, par-delà les incidences, lemmes et emboîtements, le raisonnement logique est au sens strict une chaîne, comme les anneaux olympiques il tient deux à deux. La consistance logique est binaire. L’objet a est-il binaire ? Sa consistance est binaire : l’objet a ne tient pas tout seul, sa substance n’est qu’épisodique. Il n’existe comme objet que séparé, et non pas isolé. Les ronds de la chaîne ne sont pas en continuité, ils sont séparés, et cependant ils ne sont pas isolés, ils sont liés. Au contraire de continuité et isolement, lien et séparation — en termes lacaniens aliénation et séparation — s’articulent l’un à l’autre, l’un n’est pas sans l’autre. C’est-à-dire que l’objet a n’est qu’imaginairement unien. Souvent nous (analystes, mais aussi patients) substantialisons l’objet, souvent nous nous laissons captiver dans l’imaginaire unien de ses substances épisodiques ou de ses bords topologiques. Ce n’est pas sans conséquences cliniques : l’enfant autiste, l’adulte psychotique qui se mutilent tentent de faire consister l’objet a, mais dans sa « substance » : il lui donnent une consistance imaginaire. La mutilation signe dans le réel l’échec de la séparation logique. La consistance unienne ne fait pas vraiment tenir l’objet comme séparé, la seule vraie consistance de l’objet est logique. Mais par ailleurs, la binarité de la chaîne a d’autres déclinaisons : il suffit qu’en un point elle se rompe pour qu’elle ne tienne pas du tout. Ou bien ça tient, ou bien ça ne tient pas du tout. Ou bien le raisonnement, le concept, le champ, l’espace, l’objet est logiquement consistant, ou bien il ne l’est pas du tout. C’est du tout ou rien : opposition binaire. « Tout se tient », dirai-je, est une formule potentiellement paranoïaque. Un monde où « rien ne tient » serait lui à l’extrême de la schizophrénie. Consistance borroméenne : ternaire (au moins) Dans le nœud borroméen, Lacan écrit l’objet a dans le « trou » central. Les « bords » de ce « trou » ne sont pas en continuité : dans l’abord nodal, l’objet a n’a pas de bord au sens strict du terme. La consistance nodale, à la différence de l’unienne, ne réside pas dans ses bords. D’autre part, l’entrelacs borroméen, à la différence de la chaîne, ne tient, par définition, que trois par trois au minimum, et non pas deux par deux1. En termes plus mathématiques, dans un espace connectif borroméen, si les parties comprenant un seul point et celles comprenant trois points ou plus sont connexes, celles ne comprenant que deux points ne le sont pas : l’espace, dirai-je, n’est pas-tout connexe. Quant à l’objet a, ni « enformé » par ses bords, ni lié par aliénation-séparation, il est enserré dans l’entrelacs : il ne tient pas, il est tenu — ce qui est une façon de dire qu’il n’a pas de consistance, même logique. L’entrelacs propose l’espace d’une consistance, dirai-je, pas-toute, et où celle-ci n’est pas « d’un seul tenant » : n’est pas toute connexe. Il me semble que cliniquement, nous nous intéressons à situer, dans le sac de nœuds ou le monde fracturé que nous présentent ceux qui viennent nous parler, les points ou les lieux où le sujet tente de faire tout de même tenir quelque chose : fantasmes, symptômes, modes de lien social. Cela tient malgré tout, cela tient, bien que l’Autre soit inconsistant. Et que faisons-nous souvent, sinon d’aider par coupures, épissures et raboutages le sujet à inventer un nouage plus simple, plus économique pour reprendre un terme freudien, où il puisse repérer les localités sur lesquelles il pourra s’appuyer pour décider, comme le dit Lacan, « s’il désire ce qu’il veut » : s’il désire ce à quoi il tient. L’entrelacs tient globalement, et non localement. Pourtant, nous penserions intuitivement que la tenue de l’entrelacs demanderait au moins une tenue ponctuelle : celle de chaque rond de ficelle. Qu’un seul lâche, et de proche en proche tout se détricotera. Lacan a interrogé la consistance de la corde, de l’Un, dans son tout dernier enseignement. Finalement, tout ne reposerait-il pas sur la consistance unienne ? Mais pensons à ces tissus très solides faits pourtant de fils très fragiles. À condition de ne pas appuyer ou tirer trop fortement sur un point ou une région limitée, cela résiste remarquablement, cela résiste même mieux qu’une construction rigide. C’est la structure qui tient les éléments. Certains sujets psychotiques ne présentent pas de symptôme au sens large, de points de déchirure clairement identifiables. Parfois nous parlons de psychose ordinaire, le hors-discours, le débranchement prévalent. Ils dérivent sans se laisser enserrer dans l’entrelacs. Les liens qui restent sont extrêmement ténus. De notre part, pas d’interprétation bien sûr, pas de scansion trop appuyée, encore moins de coupure, il nous faut, comme le demandait Lacan, opérer avec tact. Ces patients réclament du « toucher », comme on le dit d’un bon pianiste : ne pas trop tirer sur les fils, permettre des nouages légers, jouer sur toutes les notes, compter sur la multiplication des liens et leur tressage. Reste que l’entrelacs propose une consistance globale : celle de l’entrelacs lui-même. Elle suppose que l’entrelacs, lui, tient. Elle suppose que cela tienne, dirai-je, par la globalité. En apparence, elle suppose la consistance de l’Autre. C’est une fiction nécessaire. C’est la fiction du transfert, de la supposition de savoir, nous dit Lacan dans le Séminaire XVI. La consistance de l’entrelacs est donnée par le transfert, elle tient par ce lien social particulier qu’est le discours analytique. Le sac de nœuds que nous présente celui qui vient nous voir ne tient peut-être pas — en fait il ne tiendra jamais que « régionalement », dirions-nous : entre le local et le global. À nous de ne pas détordre inconsidérément toute cosse, tirer sur n’importe quelle boucle, à nous de savoir où ne pas couper les brins. Dernier point : la distinction des ronds, comme nous l’indique Lacan, est elle aussi liée au discours analytique. Dans notre vie quotidienne, nous mettons allègrement en continuité réel, symbolique et imaginaire dans un nœud, le nœud de trèfle dans le meilleur des cas. Un unien parmi d’autres. Que nous voulions ou pas le savoir, nous nous appuyons aussi sur l’imaginaire, sur la part que Freud laissait à l’analysant : la synthèse. Lorsque celle-ci échoue, il nous faut broder. Nota: 1 Le mathématicien Stéphane Dugowson (après quelques prédécesseurs) a donné une écriture mathématique aux espaces topologiques borroméens avec les « espaces connectifs », et, parmi ceux-ci, ceux qu’il a appelé les « espaces lacaniens ». Voir « Qu’est-ce que tenir ensemble ? Conversation avec un mathématicien », à paraître dans La Cause freudienne. ^ LES OBJETS a ET LEURS VICISSITUDES Luis Ernetaerneta@fibertel.com.ar 1- Lexique conceptuel Satisfaire * implique un faire – facer, en vieux castillan, veut dire un certain travail, terme cher à Freud, le travail du rêve, par exemple – qui contrarie l’expression habituelle « rêver ne coûte rien » **. Pour Freud, même le Witz est travail. C’est le comble ! « Facer » donc, précédé de « satis » qui veut dire « suffisamment ». Satis entre dans la langue castillane via la langue d’Oc du sud de la France, langue des troubadours. Et si on remonte plus loin, satis provient du latin. « Le principe de plaisir, dit Lacan en suivant Freud, est celui de l’amortissement de la stimulation »1. Faire le minimum dont la limite est déterminée par Freud comme le principe de constance. Freud sait que le principe de plaisir, réduit a minima, mène à la mort. Le principe de plaisir consiste donc à travailler le minimum pour obtenir une certaine satisfaction. Lacan indique aussi que « tout cela est révélateur d’une certaine astuce…une façon d’éviter le piège de la jouissance ». Il continue : « D’où ceci, il s’agit de faire remarquer à celui qui demande de l’aide qu’il faut suer un petit peu pour arriver à faire quelque chose ensemble. […] Avec cette sueur, on peut même se faire un nom. » Il faut travailler donc, puisque cette sueur en est l’effet. Dans « Pulsions et destins des pulsions »2 Freud propose que le but de la pulsion (Ziel) est dans tous les cas la satisfaction qui n’est atteinte qu’en annulant l’état de stimulation à la source. Ce laborieux travail est une propriété universelle des pulsions, il est leur essence même. Toute pulsion est un fragment d’activité ; lorsque, négligemment, on parle de pulsions passives on ne peut penser à autre chose qu’aux pulsons ayant un but passif3. Même le but inhibé – par exemple la sublimation, l’un des quatre destins de la pulsion nommés par Freud - n’empêche pas l’obtention d’une satisfaction. Mais la source « est localisé[e] dans un organe ou une partie du corps »4. Nous avons ainsi un corps en morceaux ou en parties, qui est à rapporter à l’organisme, celui dont le langage n’a pas encore fait corps, ou n’a pas incorporé. Dans un morceau soustrait à l’opération triturante du langage, nous pouvons reconnaître un objet a, en tant que morceau d’un corps. Le travail laborieux a ses propres moyens de production pour obtenir la satisfaction ; pour Freud ce moyen est « l’objet de la pulsion […] ce en quoi ou par quoi la pulsion peut atteindre son but. Il est ce qu’il y a de plus variable dans la pulsion, il ne lui est pas originairement lié : mais ce n’est qu’en raison de son aptitude particulière à rendre possible la satisfaction qu’il est adjoint ». Comme nous le voyons, la pulsion n’a pas de scrupule, elle se contente de ce qui sert à ses propres fins. « Le but [de la pulsion] est l’obtention du plaisir de l’organe ».5 Dans le séminaire Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Lacan commente, en référence à la satisfaction du névrosé, que les patients « satisfont à quelque chose […] mais pour cette sorte de satisfaction, ils se donnent trop de mal. Jusqu’à un certain point, c’est ce trop de mal qui est la seule justification de notre intervention.»6 Lacan semble être d’accord avec Freud en ce que « c’est au niveau de la pulsion que l’état de satisfaction est à rectifier »7. Et il ajoute que « cette satisfaction est paradoxale » et met en jeu la catégorie de l’impossible en la comparant au réel. Lacan semble suivre Freud lorsqu’il situe le réel en tant qu’obstacle au principe de plaisir ; du moins, tel que nous l’avons dit, il situe un réel en tant qu’obstacle ou limite à la réalisation du principe de plaisir. Lacan soutient que la satisfaction de la pulsion ne s’obtient pas avec la capture de l’objet mais en tournant autour. Il pose que cet objet contourné dans le mouvement de la satisfaction est l’objet a. Freud va jusqu’à nommer « besoin », entre guillemets, la stimulation pulsionnelle car il sait qu’une pulsion n’est ni pur besoin, ni instinct. Nous pouvons situer, chez Freud, cet impossible en tant que réel dans une formule tout aussi paradoxale énoncée après avoir ordonné les quatre destins de la pulsion : « Si l’on tient compte des motifs dont l’action s’oppose à ce que les pulsions suivent leur voie de façon directe, on peut présenter les destins pulsionnels comme des modes de la défense contre les pulsions. »8 Défense, disons-nous, face ou contre le réel de la jouissance pulsionnelle. Si cela est ainsi, l’impossible peut se présenter en tant que jouissance inaccessible, passible d’être récupérée seulement comme plus-de-jouir. « Le sujet fait la structure de la jouissance, mais tout ce qu’on peut espérer – jusqu’à nouvel ordre, ce sont des pratiques de récupération. Cela veut dire que ce que le sujet récupère n’a rien à faire avec la jouissance mais plutôt avec sa perte. » 9 II. Préfiguration du concept de jouissance chez Freud. Lacan avec Freud. Dans le séminaire V, Les formations de l’inconscient, Lacan aborde largement le Witz ainsi que des motifs de plaisir que celui-ci produit. Néanmoins, parmi ces motifs, il n’y a qu’une référence au lien entre la jouissance et le Witz. Dans le chapitre sept, page 121, Lacan affirme que le plaisir du Witz se produit en tant qu’il « restitue sa jouissance à la demande, essentiellement insatisfaite ». Curieusement, dans le séminaire VII, L’éthique de la psychanalyse, chapitre seize, page 253, Lacan commente que « la jouissance est la satisfaction d’une pulsion ». Là-dessus, Freud prend la position de quelqu’un qui serait en avance, car au chapitre trois « les tendances du mot d’esprit »10, il note : « Dès lors, on peut enfin toucher du doigt ce que le mot d’esprit réalise quand il est au service de sa tendance. Il rend possible la satisfaction d’une pulsion (hostile) en s’opposant à l’obstacle qui lui barre la route, il contourne cet obstacle et puise ainsi du plaisir à une source de déplaisir qui était devenue inaccessible du fait de l’obstacle ». Nous souhaiterions croire que l’objet a, dont Lacan disait qu’il était sa seule invention, trouve dans cette articulation une certaine racine ou inspiration. Si nous y appliquions un caractère transversale, nous pourrions oser entrevoir dans cette lecture quelque chose de semblable à la thèse de Borges, à savoir qu’un auteur invente ses précurseurs. Conclusion Nous aurons, au moins pour une fois, tenté de lire Lacan avec Freud, et ce après avoir lu des années durant Freud avec Lacan, certes pour notre plus grand profit et via notre pratique de ce métier impossible. C’est une façon de dire, tel que Lacan l’a fait à Caracas en 1980, qu’il était toujours freudien. C’est aussi une manière de continuer le débat que Lacan entretenait avec Freud. Or, nous ne pouvons omettre que c’est aussi un certain hommage à ce « Freud savait » que Lacan ne s’est pas privé d’affirmer. Work in progress. Traduit par Beatriz Gonzalez et Romain-Pierre Renou *Satisfacer en espagnol. ** Traduction du proverbe espagnol Soñar no cuesta nada. 1 Lacan J., « Le plaisir et la règle fondamentale », intervention lors d’un exposé d’André Albert en juin 1975, in Scilicet 6/7. 2 Freud, S. « Pulsions et destins des pulsions » inMétapsychologie, éd. Gallimard, Folio essais. 3Ibid, p. 18. 4Ibid, p. 19. 5Ibid, pp. 18-19 et 23. 6 Lacan J., Le Séminaire, livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, chapitre 13, Editions du Seuil, Paris, pp. 151-152 7Ibid, p.152. 8 Freud S. Op. Cit., pp. 24-25. 9 Lacan, J. Séminaire XVI D’un autre à l’Autre. Editions du Seuil, Paris 2006 p. 115 10 Freud S. Le mot d’esprit et sa relation avec l’inconscient Editions Folio, p. 195 ^ Delegado Geral AMPÉric LaurentComitê de Ação da Escola Una – AMPCarmelo Licitra-RosaCatherine Lazarus-MatetDiana WolodarskySérgio LaiaVicente Palomera DesignJoão Carlos Martins. |
| 03 abril, 2008 |
| VI congreso de la AMP el periódico Nº 27 |
| Posteado por A.A.delaR. a jueves, abril 03, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº 27 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" Ennia Favret Una historia cuenta que en medio de una batalla se encontraba una compañía de soldados italianos y el comandante emite la orden “soldados, ¡ataquen!” Grita con voz alta y clara para ser escuchado pero nadie se mueve. Grita más alto “soldados, ¡ataquen!” Cuando repite la orden por tercera vez se oye una pequeña voz diciendo: “Che bella voce!” (“¡Qué bella voz!”). El analizante, como esa pequeña voz, sostiene que le atraen las voces bellas, que es una cuestión musical, de oído… Sin embargo, el encuentro con una voz a sus espaldas, la voz de una mujer cuyo cuerpo no ve, le produce una fuerte conmoción: quiere saber quién es, quiere a esa mujer y no escatimará esfuerzo ni inventiva para lograrlo. Encuentro en el que se le hace evidente que no se trata de lo que ella dice, ni de un goce estético, que es otra cosa, inexplicable, que resuena en él con un matiz distinto, siniestro. Resonancia de la voz materna que él evoca suplicante y que está en el origen de sus enormes dificultades para separase de una mujer. Siempre pensó que ellas eran elegidas por su belleza y ahora descubre que cada una de las mujeres de su vida lo ha sido por la voz. Condición que tuvo su peso también en la elección de analista: entre dos nombres decidió por la voz grabada en el contestador telefónico. El fantasma muestra su hechura, cobertura, velo, modalidad fantasmática de goce en la que una mujer vistiendo el objeto, le permite el encuentro con su partenaire libidinal. Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| 02 abril, 2008 |
| La lettre en ligne n°47 Avril 2008 |
| Posteado por A.A.delaR. a miércoles, abril 02, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
tous lecteurs d'ECF-Messager, Vous trouverez la nouvelle lettre en ligne à l'adresse suivante Lettre en ligne 47 Bonne lecture |
| VI congreso de la AMP el periódico Nº 26 |
| Posteado por A.A.delaR. a miércoles, abril 02, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle /ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" De Wang-Wei a Georges Louis Leclerc Francisco Uranga En el siglo VII, al inicio de la dinastía Tang en China, el pintor Wang-Weidecía: “La pintura es wu-shen-shi o poesía silenciosa”. Otro pintor de finales de lamisma, Shang-Yanyuan afirmaba en el siglo IX: “La idea de vacio es predecesor delpincel y debe prolongarlo”. También decía: “Lo trinitario se da con la conjunciónequilibrada del vacío, lo lleno y la caligrafía.”1 y 2 Los que conocen del Renacimiento refieren que aún no sabemos cuanto le debemosa estos tres siglos de la dinastía Tang en relación con ciertas reflexiones sobre elarte. Georges Louis Leclerc –conde de Buffon, admirador de Newton–, desde jovenpolemiza con Descartes. En 1740 pública una traducción del Tratado de las Fluxiones3donde prologa el mismo diciendo que hay dos formas filosóficas de concebir elinfinito: a) La privación de límites de lo finito; y b) ponerlo como real y producirfinito por vía de la escisión sucesiva. La primera es la que él adopta: “La idea deinfinito nos viene de la idea de finito”. La segunda es la de Descartes. Hace cuatro siglos el telescopio rompió nuestra forma de lectura de la realidadal destronar la perfección del mundo supralunar. Freud hace ya más de un siglo dijo:“Las neuronas están en contacto por mediación de una masa ajena o extraña” 4 y fueronnecesarias dos décadas para que Lacan formalice el nudo borromeo trinitario,articulado con la lógica modal. El objeto a, según como se lo formule actualmente, se puede acceder a él pormedio de lo finito a través de ejemplos clínicos tales como analizantes que provienende sectores muy tradicionales, donde el S1 está muy vigente aún, como neoreligiososcompactados por una Encíclica por ejemplo. Eso es diferente a drogadictosdescompensados, donde el matrimonio del cuerpo y el “hace pipí” o más exactamente loimaginario y lo real no se hallan articulados por lo simbólico del falo y entonces ela aparece brutalmente en los actings y pasajes al acto y no en inhibiciones o síntomas. Espero que el próximo Congreso de la AMP nos ayude a dilucidar esta enormevariedad clínica a la que nos hallamos enfrentados en este siglo XXI. 1 Cheng F. “Vacío y Plenitud”, en: Cuadernos Andaluces de psicoanálisis, 1992,pp.85-96. 2 Cheng F. L’escriture poetique chinoise, Editorial Seuil, 1977, pp.11-29. 3 Buffon, G.L.L. Préface a la traduction du Livre de Newton institulé LaMethode des Fluxions, O.C. Librairie Garnier Fréres, París, 1879, tome XII,pp.141-153. 4 Freud, S., “Proyecto de una psicología para neurólogos”, en: Obras completas,Amorrortu, Buenos Aires, 1986, tomo I, punto 2, p.342. Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniquesci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable duSecrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de lalibrairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca •Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández,Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| Invitación a una Conversación sobre la Angustia |
| Posteado por A.A.delaR. a miércoles, abril 02, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
| 31 marzo, 2008 |
| VI congreso de la AMP- el periódico Nº 25 |
| Posteado por A.A.delaR. a lunes, marzo 31, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº25 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" ¿Qué pragmática para el psicoanálisis? Carlos Rossi Desde el punto de vista de la lingüística, y no es una novedad señalar nuestras diferencias con ella, la pragmática se define como la disciplina que estudia el discurso como un acto humano que se dirige a la producción de ciertos efectos, en tanto que, como rama de la semiótica investiga el origen de los signos y sus usos. Subyace entonces a su investigación la pregunta por la dimensión utilitaria del lenguaje, para qué sirve y como se lo usa. Recordemos que modelo básico, para lo que podemos llamar teorías de la comunicación, es el de emisor-mensaje-receptor. Una persona (el emisor) dice algo (emite un mensaje) a otra persona (el receptor). El emisor busca producir algún tipo de efecto en el receptor. Si bien la direccionalidad del esquema es clara, cuáles son los motivos que lo impulsan a buscar ese efecto es la pregunta que excede su investigación. Tenemos entonces tres nociones: direccionalidad del mensaje, intencionalidad de la comunicación y uso. Planteado lo anterior, que por obvio no está de más recordarlo, y si nuestra intención es delinear una pragmática de la cura a partir del objeto a, veamos ahora si es posible importar esta concepción a nuestros campo. A tal fin voy a trabajar sobre el texto de Eric Laurent, publicado en número 3 del Periódico del VI Congreso del 2 de noviembre de 2007, sobre una viñeta clínica de Lacan en el Seminario, La Angustia. Recordemos que en su trabajo Laurent pone el acento sobre el eje de la transferencia. Dice “Una paciente un poco dejada de lado por su marido, en todo caso lo suficiente como para que ella lo señale, no sin cierto alivio por otra parte, se lo hace saber a Lacan puntuando esta constatación con un poco importa que me desee, con tal que no desee a otras". Luego describe a Lacan un síntoma inexplicable de hinchazón vaginal ante cualquier objeto móvil que surja en su campo visual. Resumo: “Cualquier objeto la obliga a evocar a Lacan como testigo, y más precisamente a evocar su mirada”. Busca captar el deseo de Lacan ofreciéndose a su mirada en tanto queda capturada, como objeto que le falta al Otro. A partir de este ejemplo y retomando lo expuesto sobre la pragmática lingüística podemos señalar con claridad las diferencias. La direccionalidad del lenguaje está radicalmente invertida. La aparición del objeto mirada interrumpe la secuencia E-M-R. El mensaje retorna al emisor. El emisor es receptor de su propio mensaje: El cuanto a la intencionalidad el sujeto desconoce su enunciación. Si hay un sentido que denote intención será por articulación S1-S2. A eso llamamos implicación subjetiva. Por último, en cuanto al uso, señala Laurent en su texto, “Ella busca capturar el deseo de Lacan, es a él a quien quiere tentar […] se tienta tentando al Otro”. Entonces, una pragmática para el psicoanálisis no puede desconocer la direccionalidad invertida, la intencionalidad desconocida y el uso de goce. Deberá ubicarse ahí donde el lingüista se detiene y en ese punto de detenimiento, orientarse. En último término no quiero dejar de resaltar la relación entre el uso corriente del término pragmatismo, se dice de alguien decidido y mismo tiempo efectivo, y el momento actual de la política del psicoanálisis frente al avance cuantificador de las TCC. Considero que una pragmática del psicoanálisis se sostendrá en la búsqueda de una formalización de la cura, tanto en la práctica como en su transmisión, que se proponga como “un culto sistemático de la demostración de nuestros actos en tanto que psicoanalistas.”1 1 Chamorro, J., Lacan Argentino, El mensaje convocante de Jacques Lacan, pp.43-46, Editorial EOL-Paidós. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| VI congreso de la AMP- el periódico Nº 24 |
| Posteado por A.A.delaR. a lunes, marzo 31, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº24 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" Betty Abadi A partir de la pregunta “La pragmática en la cura a partir del objeto a”, tomo como partida la definición de pragmática que se encuentra en “Wikipeda” “La pragmática o pragmalingüística es un subcampo de la lingüística, también estudiado por la filosofía del lenguaje. Es el estudio del modo en que el contexto influye en la interpretación del significado. El contexto debe entenderse como situación, ya que puede incluir cualquier aspecto extralingüístico. La pragmática toma en consideración los factores extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje, esto es, todos aquellos factores a los que no se hace referencia en un estudio puramente gramatical”. Podíamos sacar de esta definición que todo aquello que está más allá del enunciado, todo aquello a lo que no se hace referencia directa de la palabra es del orden de la enunciación. Pero de lo que aquí se trata en este debate, pienso es de la posición del analista en la transferencia, posición que tiene que ver con el lugar de objeto en la cual el sujeto intenta colocar al analista en la transferencia. Eric Laurent lo evidencia con el ejemplo que Lacan cita en el seminario La angustia en el capitulo XIV: “La mujer, mas verdadera y mas real” la mujer del caso busca capturar el deseo de Lacan, busca tentarlo con su discurso sobre la seducción y la mirada, esta mujer se ofrece como objeto en la transferencia para colocarse como objeto agalmático que no le falta nada, es por la mirada como objeto que esta mujer apunta al goce más allá del cuerpo imaginario. Es decir que en la cura se responde a la demanda de amor con el deseo de saber, lo que nos marca el inicio y final de la cura. Pienso que por la vía de la enunciación es posible dar cuenta de lo que anuda al sujeto en su goce de hablar en el análisis Nuestra posición como analistas tanto en el psicoanálisis puro como en el psicoanálisis aplicado buscamos diferenciar primero en los dichos del paciente los elementos pulsionales que son los objetos a frente a los otros objetos, si bien estos objetos son semblantes no dejan de tener la función de causa, de causa de deseo. En el psicoanálisis aplicado posiblemente lo que buscamos es que el sujeto identifique de alguna forma entre sus objetos, aquellos que funcionan más allá sin la regulación fálica. Podemos decir que un psicoanálisis aplicado ha finalizado cuando el sujeto se ha separado en cierta medida del Otro del goce, cuando descubre su relación con el objeto en juego con ese Otro, es posible para el sujeto a partir de ese momento tener una brújula que puede marcar un cambio con relación a su posición subjetiva con el Otro. En el psicoanálisis puro el sujeto supuesto saber de la transferencia se desvanece. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |
| Buenos Aires nos espera... |
| Posteado por A.A.delaR. a lunes, marzo 31, 2008 3 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
Congreso de la AMP, abril 2008 |
| [Descartes] Germán García en la SEA |
| Posteado por A.A.delaR. a lunes, marzo 31, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
![]() Germán García en la SOCIEDAD DE ESCRITORAS Y ESCRITORES DE LA ARGENTINA Apertura del ciclo El pensamiento incómodo UNA CHARLA CONTRA LOS POETAS http://www.clarin.com/diario/2008/03/20/sociedad/s-03803.htm |
| 30 marzo, 2008 |
| VI congreso de la AMP- el periódico Nº23 |
| Posteado por A.A.delaR. a domingo, marzo 30, 2008 0 comentario(s) | Deje su comentario aquí |
el periódico del VI congreso de la AMP los objetos a en la experiencia analítica 21 a 25 de abril de 2008 • Marriott Plaza Hotel, Buenos Aires • www.amp2008.com Nº23 Conversación Virtual / Virtual Conversation / Conversation Virtuelle / ConversazioneVirtual / Conversação Virtual "la pragmática de la cura a partir del objeto a" Nora Guerrero de Medina. NEL Guayaquil Partiremos de la expresión " pragmática de la cura" que J.A. Miller introduce como una exigencia de adecuación a la configuración de la época, que es pragmática. Pero en la experiencia analítica esta pragmática es paradojal, pues si bien de lo que trata es de vérselas con el "eso marcha", no hace de eso su punto de capitón, pues sabe que el goce personal y único en cada sujeto no se puede erradicar ; si se intenta reprimir, reeducar, eliminar regresa disfrazado, en un retorno de lo reprimido, vía el síntoma. Pero, si no se puede erradicar - dice Miller - se puede civilizar bajo transferencia. Y añade, que esa es la propuesta de utilidad pública que el psicoanálisis ofrece en la época ; HACER UN GOCE POSIBLE POR LA VÍA DE LA INVENCIÓN SINTOMÁTICA Síntoma al cual esta sujetado, dimensión de goce que le es propio y con el cual debe arreglárselas. Esperamos su contribución. Enviarlas a: Esperamos sua contribuição. Enviá-las: Nous comptons sur votre contribution (à envoyer aux adresses électroniques ci-dessous): We count on you for your contribution (to be sent to the addresses below): Aspettiamo i vostri contributi, da inviare a: Responsable de Secretaría / Responsável pela Secretaria / Responsable du Secrétariat / For the Secrétariat / Responsabile della Secretaría Débora Nitzcaner: dnitzcaner@fibertel.com.ar Responsable de Librería / Responsável pela Livraria / Responsable de la librairie / For the bookstore / Responsabile della Libreria Luis Tudanca: tudancaluis@ciudad.com.ar STAFF: Responsable Débora Nitzcaner y Luis Tudanca • Colaboradoras Viviana Mozzi, Alejandra Breglia • Traducciones Maria Cristina Maia Fernández, Carolina Freda, Graciela Lucci, Susana Tillet |







