31 de outubro de 2007

Año 5. Número 13 – Septiembre/Octubre de 2007
Sumario

* Editorial
Por María del Carmen Arias

* Lacan y el cine
Por Marcela Errecondo

* Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre la Familia. Enlaces
“Cultura y sexuación: respuestas actuales”
Clase Nº6. 16 de Julio del 2007

* Donaciones a Biblioteca EOL Rosario
Por María del Carmen Arias

Agenda:
* Viernes 7 de Septiembre, 20.30 hs. Noche de Biblioteca
“El reverso de la vida contemporánea. Lecturas con orientación lacaniana”.
Acerca de los "Siete Locos" de Roberto Arlt
Por Jorge D´Angelo

* Viernes 21 de septiembre, 20.30 hs. Noche de Biblioteca
Presentación del “Seminario XXIII” de Jacques Lacan

Por Raúl Vera Barros

* Viernes 12 de Octubre, 20.30 hs. Noche de Biblioteca
“El reverso de la vida contemporánea. Lecturas con orientación lacaniana”.
Responsables: Rolando Gianzone y Daniel Senderey.
La posibilidad de la filosofía como ciencia
Por Ernesto Gangli

* Jueves 18 de Octubre, 20.00 hs. Noche de Biblioteca
Cine – Debate / “El tiempo”
Dirigida por Kim Ki-duk
Presenta: Maria del Carmen Arias
Invitadas: Susana Colabianchi y Virginia Thedy.

* Staff


Editorial
Por María del Carmen Arias*

En este número 13 de Eurisko contamos con un aporte extraordinario que ofrecemos a nuestros lectores.
Mónica Torres nos ha enviado un riquísimo trabajo sobre la película La vida de los otros que tuvo lugar el 16 de julio en una de las clases de Enlaces, seminario asociado al ICBA.
Hemos decidido publicar la clase completa ya que se trata de un testimonio de cine debate que nos enseña.
Agradecemos la generosidad de habernos hecho llegar esta contribución que nos permite proseguir con un trabajo en red y compartir una vez más nuestro interés por el cine.
Otra contribución que podrán encontrar es la de Marcela Errecondo, que en su artículo Lacan y el cine nos ofrece la posibilidad de contar con la referencia a películas que Lacan efectúa en los seminarios y en los escritos.
En el apartado Agenda podrán encontrar una breve reseña de cada actividad que se fue desarrollando en nuestras noches de biblioteca durante los meses de septiembre y octubre: Presentación del Seminario23; Acerca de los siete locos; La filosofía y la ciencia; Cine debate: El tiempo.
El lector podrá recurrir al apartado Donaciones donde figuran los libros que se han incorporado a nuestro inventario como efecto de donaciones que agradecemos.
Con esta breve editorial cerramos este número y los invitamos a leer y enviar sus contribuciones.

* Secretaria de la B.E.R. Responsable del espacio cine debate.

INVITACIÓN
Todo aquel que desee participar con un escrito, propuesta, novedad o inquietud hágalo saber a: emearias@hotmail.com / eolrosario@fibertel.com.ar


Lacan y el cine
Por Marcela Errecondo

Quiero compartir con ustedes una lectura de la Revista La Psicoanalisi1 que le dedica una serie de artículos a Lacan y el cine. En la nota editorial, Antonio Di Ciaccia nos dice que Lacan aprendía del cine, tomaba ahí una enseñanza sobre la estructura, sobre el funcionamiento del inconsciente. Como lo recuerda Judith Miller en su artículo Un testimonio, para su padre “ir al cine no era […] un momento de distracción: un film era una obra, como un texto”. La película “subrayaba una estructura, ilustraba una formación del inconsciente o delimitaba un imposible, se leía como un texto”.
Todo indica que Lacan tenía una relación particular con el cine. Silvia, su mujer, madre de Judith, fue actriz en Partie de campagne y de Il fiore de la violenzza de Jean Renoir y aconsejaba a Lacan a descubrir el cine, siendo para él una referencia de las películas que valía la pena ver.
Judith Miller tiene un recuerdo: Lacan se apuraba para ver una película en el estreno. Si pasaban cuatro o cinco días ya era demasiado tarde, esperaba algo cuya pérdida era irrecuperable. ¿Qué era eso? Judith Miller dice deducirlo de una frase de Lacan, “No he escuchado mucho sobre esa película”, sin duda se refería a sus analizantes que hablarían de ellas. Esperaba de un film un efecto de sorpresa.
En el artículo de Lacan publicado en el diario Nouvel Observateur del 29 de marzo de 1976, L’assassin musicien de Benoît Jacquot, se puede leer lo siguiente: Se dice que un arte sea hecho por placer: es su definición, pero no es suficiente para el cine, que debe convencer. Y en esto relanza los colores del drama.
Por lo que la economía de los medios se impone: de los medios para ser convincente.
En esta publicación nos enteramos que un equipo2 ha hecho la recensión de las referencias de Lacan al cine para presentarlo en el encuentro que se mantuvo en Venecia del 1 al 3 de febrero del 2006 llamado: Jacques Lacan mira el cine. El cine mira a Lacan. Aprovechamos entonces este trabajo para tenerlo entre nosotros.
Referencias de Jacques Lacan al cine en los Seminarios y en los Escritos

Luis Buñuel
Un perro andaluz (1928) en Sem. XI, 21-2-62
Viridiana (1961) en Sem. XI, 29-4-64
El, en los Escritos, pg. 791

Charlie Chaplin
Monsieur Verdoux (1947) en los Escritos, pg139 y pg. 780

Jules Bassin
Mai la domenica (1960) en Sem. VII, 6-7-60

Federico Fellini
La dolce vita (1960) en Sem. VII, 25-5-60; Sem. X, 22-5-63
Satyricon en Sem. XVII, 11-2-70.

Alfred Hitchcock
Psicosis (1959) en Sem. VIII, 11-2-70

Benoît Jacquot
L’assassin musicien en 29-3-76, Nouvel Observateur

Akira Kurosawa
Rashomon (1951) en Sem. IX, 27-6-62

Louis Malle
Calcuta (1969) en Sem.XVI, 7-5-69

Joseph Mankiewicz
Improvviamente l’estate scorsa (1959) en Sem VIII, 16-11-60

Nagisa Oshima
El imperio de los sentidos (1976) en Sem. XXIII, 16-3-76

Jean Renoir
La regla del juego (1939) en Sem. VI, 10-12-58; Sem. VIII, 25-1-61

Alain Resnais
Hiroshima, mon amour (1959) en Sem. X, 3-7- 63

Y yo agrego:
Lindsay Anderson
If (1968) en Sem XVI, 25-6-69



Notas
1. La Psicoanalisi, Studi Internazionali del Campo Freudiano. Revista Italiana de la Scuola Europea di Psicoanalisi, Nº 40, año 2006.
2. Compuesto por Judith Miller, Chiara Mangiarotti y varios más de diferentes ciudades.


Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre la Familia
Enlaces. Seminario asociado al ICBA 2007

Cultura y sexuación: respuestas actuales
Clase 6. 16 de Julio del 2007

La ternura de los idealistas
Argumento: Raquel Vargas
Viñeta: Elsa Maluenda
Comentario: Mónica Torres
Se trabajará sobre la película La vida de los otros, de Florian Henckel Von Donnersmarck

Mónica Torres
¡Buenas Noches!, Esta es la última clase que tendremos antes del receso, el cual esta vez será un poco más prolongado, debido a que primero tendremos el Encuentro Americano en Belo Horizonte – al cual muchos de los aquí presentes viajaremos – y luego como nuestro día de Seminario es el lunes, tendremos un feriado en el medio - el que corresponde al 17 de agosto -; por lo tanto nuestra próxima clase será el 3 de septiembre... En esa reunión Ernesto Sinatra, Pablo Russo y yo vamos a presentar sobre los lazos de amistad – no tenemos el título todavía -.
Nuestro título de hoy – un título muy lindo -, es un hallazgo de Raquel Vargas, quien estará a cargo del argumento, que esta tomado de una Carta a la opinión ilustrada de J-A. Miller - la tercera carta -, que se llama “La ternura de los terroristas”, que Raquel cambio por “La ternura de los idealistas”.
Vamos a trabajar como lo hacemos habitualmente aunque es un poco diferente sobre todo al tratarse de la película La vida de los otros, la bibliografía es extensa y lo que abre - el tema de la película- es la polémica de nuestro tiempo.
También recomendábamos ver la película Manderlay que se discutió la clase anterior, que trajo Marina Recalde y la discusión que empezó ahí, se emparenta con la discusión de hoy.
Entonces primero va a presentar Raquel Vargas el argumento, luego continuará Elsa Maluenda con la viñeta, aunque en realidad no es una viñeta porque tratándose de una película... y el comentario.... ¡en fin! Esto no va a funcionar como funciona habitualmente porque al tratarse de una película va a tratarse de tres comentarios, creo yo.
Entonces voy a darle la palabra a Raquel.

Raquel Vargas
Antes que nada quería transmitirles que el trabajo surge de las reuniones en el Módulo de Cine, por lo cual muchos de los aportes me permitieron trabajar en este escrito y los agradesco y en especial a Luis Mosa que me facilitó bibliografía, a Erica que realizo la traducción del alemán de varias páginas de internet sobre la película.
La ternura de los idealistas

“Una idea verdadera debe estar de acuerdo con el Objeto de que es idea.”
(Spinoza, Etica, Aguilar, Bs.As., 1980, pág. 29)

“Sabemos lo que pasa con la tierra y el cielo: uno y otro están vacíos de dios.
Y la cuestión es saber qué hacemos aparecer en las disyunciones que constituyen nuestras técnicas”
(Lacan, J., “Es el psicoanálisis constituyente de una ética a la medida de nuestro tiempo”
Uno por Uno 39, Eolia, pág.9

Sobre el título
Una de las cartas de J- A. Miller, conocidas como: Cartas a la opinión ilustrada, fechada el 19 de septiembre de 2001, lleva por título: “la ternura de los terroristas”. A la semana siguiente del atentando a las torres gemelas, la carta, su título, resultaba difícil de asimilar.
En ningún momento se refiere al mismo pero la proximidad del acontecimiento realizaba por sí misma la asociación.
Ternura – Terrorismo resultaba para mí un par, imposible. Hay una afirmación, sin embargo que permite un pequeño desplazamiento: del terrorista al idealista. J- A. Miller afirma, “un terrorista es un idealista”. Hice una operación a mi vez, de sustitución que deja bajo la barra, terroristas y sobre ella, idealistas. De esa sustitución surge el título para esta noche.
De cualquier modo, aún hecha esta sustitución, conociendo lo que hay bajo la barra, seguía preguntándome por qué Miller habría usado la palabra ternura. Pensé en Freud, en sus llamadas corrientes tiernas dirigidas a esos Otros primordiales y aunque eso pueda asociarse muchas veces al terror, no me alcanzaba la justificación de su uso para el terrorismo. Fue entonces, que reparé en un párrafo donde cita a Malraux[1], a sus “palabras profundas”: “No hay personas mayores”. Surgen, en el párrafo, grandes nombres: Marx, Engels, Lenin, “el gran maestro de Escuela”, “...pero su marxismo de compañero de ruta no garantiza al terrorismo su delicada poesía, mejor concedida al genio de A.Camus. Se ha olvidado su obra, de 1950, Los justos”.
Sobre los hombres justos
Desde el inicio, para el abordaje de este argumento, la primera pregunta que me surgió, fue, qué es un hombre bueno para el psicoanálisis. Eso me llevó a bordear la noción de bondad, a partir de otros atributos. Leí a José Ingenieros y su Hombre mediocre para quién claramente el hombre lleva en sí una sola emoción, la del ideal. “Llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal”[2] y “solo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real.” Para Ingenieros “hay tantos ideales, como idealistas” y rechaza el monopolio de los mismos. Todo idealismo, dice, es exagerado, “necesita serlo”, “jamás fueron tibios los genios, los santos y los héroes”. A pesar de esto, un idealista no es un fanático. Nuestro pensador local, tiene simpatía por toda forma de ideal pero es claro su inclinación por el ideal estoico.
En estas formas infinitas del ideal, los caminos convergen y aunque parezcan contradictorios en verdad son complementarias. “El Bien, es un ideal de la moral, como la Verdad lo es de la ciencia y la Belleza del Arte”.[3] De ese modo un hombre que quiere el Bien, es un idealista, uno de esos que forman, “la raza aparte” de la humanidad.
Abandoné a Ingenieros, seguí con Los justos.
Hay un debate que transita la obra de Camus a través de sus personajes: el sacrificio de vida de los hombres por un ideal.
Los justos, fue estrenada en diciembre de 1949 en el teatro Hébertot. En el principal papel femenino, el de Dora Doulebov, actuaba María Casares, hija del antiguo jefe de Gobierno de la República española bajo la presidencia de Azaña. La pieza teatral fue considerada durante mucho tiempo como una obra menor en el conjunto de la producción literaria del autor. En ella, Camus reproduce en un episodio verídico en la Rusia zarista de 1905, en la que un grupo de socialistas revolucionarios llevan a cabo un atentado contra el tío del zar, el conde Sergei, “El gran duque”. Los terroristas-idealistas creen contribuir con ese atentado a la derrota de la tiranía. Los actos reproducen las jornadas previas al asesinato y las reacciones del comando una vez alcanzado su objetivo.
Desde los primeros parlamentos, se van trazando dos perfiles distintos entre quienes se muestran partidarios del asesinato. Están los que actúan reaccionando a su propia experiencia personal. Es el caso de Stepan Fedorov quien llega luego de haber estado detenido y torturado en una de las cárceles zaristas. Stepan esta lleno de odio, “yo no amo la vida, sino la justicia, que está por encima de la vida.”[4] Están, los que, como Ivan Kaliayev, conocido como “el poeta”, lo hacen con el propósito de liberar al pueblo ruso de la tiranía. Quieren franquear el paso a una vida mejor a través de un crimen. Para Stepan, “poeta”, no es nombre para un terrorista. Mientras que para uno, la poesía es revolucionaria, para otro, “solo la bomba lo es”.[5]
Ambos bajo un mismo ideal, ambos trazaron la frontera entre amigos y enemigos. Sin embargo entre ellos se dibuja otra frontera que queda establecida cuando, antes del primer intento de arrojar la bomba contra el gran duque, los terroristas hablan de la proximidad física de la víctima, incluso de su mirada, introducida por Dora, como uno de los principales obstáculos para perpetrar el crimen.
En el primer atentado, el poeta no tira la bomba. “Había niños en el carruaje”, “¿has mirado a los niños? Esa mirada grave que tienen a veces... Nunca he podido sostener esa mirada.” Camus pone en escena uno de los episodios más famosos de la obra: la renuncia de los terroristas a asesinar al conde por el hecho de ir acompañado por unos niños. Kaliayev, Dora y el jefe de la organización Annenkov, retrasan la operación. Stepan, el revolucionario por venganza, no aprueba la decisión. Para Kaliayev, la revolución acabará despertando el odio si no respeta la vida de los inocentes. El jefe Annenkov, que muestra su benevolencia mas de una vez, se dirige a Stepan: “por muy buenas que sean tus razones no puedes decir que todo está permitido. Cientos de nuestros hermanos han muerto para que se sepa que no todo está permitido.” Stepan, insiste: “¿Acaso no son hombres? ¿Viven en el momento presente?, Entonces elijan la caridad y curen tan solo el mal de cada día, no elijan la revolución que quiere curar todos los males, los presentes y los por venir”.[6]
Dora intenta convencerlo: “Hasta en la destrucción hay un orden, hay límites”. Kaliayev, abatido, avergonzado por retroceder se dirige a Stepan: “Acepté matar para abatir el despotismo. Pero detrás de lo que dices veo anunciarse un despotismo que, si alguna vez se afirma, hará de mi un asesino cuando trato de ser un justiciero. Matar niños es contrario al honor. Y si alguna vez, en vida mía, la revolución llegara a separase del honor, yo me apartaría de ella”. [7]
El atentado, pese a Stepan, se aplaza, hasta que llegue otra oportunidad. Entretanto, Dora y Kaliayev, mantienen un diálogo sobre el amor - de aquí creo que Miller saca la noción de ternura - Dora entiende en eso, algo que curva dulcemente las cabezas pero nosotros, dice, tenemos la nuca rígida. Lo que tenemos es “un vasto amor sin apoyo, con un amor desdichado. Vivimos lejos de él, encerrados en nuestras habitaciones, perdidos en nuestros pensamientos...”
El amor absoluto, la alegría pura y solitaria es la que me quema, confiesa Dora. Sin embargo se pregunta si el amor no es otra cosa, si puede dejar de ser un monólogo, y si no hay respuesta a veces. “Me lo imagino, ¿sabes?: el sol brilla, las cabezas se curvan dulcemente, el corazón abandona su orgullo, los brazos se abren. Si una pudiera olvidar, aunque sólo fuera por una hora, la miseria atroz de este mundo y dejarse llevar. Una sola horita de egoísmo, ¿te lo imaginas? Kaliayev da un nombre a eso que Dora imagina: ternura. Dora acuerda con el término de esa imaginación pero pregunta ¿Amas a nuestro pueblo con ese abandono y esa dulzura o por el contrario con la llama de la venganza y de la rebeldía”.[8]
El cuarto acto cierra el bucle de los justos. El atentado, el segundo, tuvo éxito, el gran duque murió. Kaliayev esta detenido y coloca al terrorista frente a la viuda del asesinado, a su verdugo y a la policía. Suratov, el director del departamento le anuncia que vendrá a verlo la gran duquesa. “No sea orgulloso”, le dice a su prisionero, “Se comienza por querer la justicia y se acaba organizando una policía.” Burlón antes de retirarse y de que ingrese la gran duquesa, remata, “lo miman a usted, primero la policía y luego la religión! Pero todo se relaciona, imagínese a dios sin las prisiones. ¡Qué soledad!”
Nuestro poeta, de veintitrés años habla a su pesar, con la gran duquesa. Explica su acto y su causa: sacudir a Rusia de la tiranía. La gran duquesa por su parte, le responde que es al hombre, al marido, al padre, a quien han dado muerte. Si los revolucionarios pudiesen verlo así, reclamarían el perdón. Pero si reclamasen el perdón, replica Kalaiyev, dejarían de percibirse a sí mismos como revolucionarios y pasarían a engrosar las filas de los simples y vulgares asesinos. El verdadero revolucionario, el terrorista está condenado al sacrificio, a la inmolación, y no pretenderá ahorrar su vida con ninguna excusa.
¿Hay ternura en el terrorismo? Según el diálogo mantenido con Dora y luego con la duquesa, no. ¿Hay ternura en el idealismo? Cobijarse bajo un significante ideal, ¿deja lugar a la ternura?

Sobre Lenin
El director de la película, La vida de los Otros, Florian Henckel von Donnersmarck, cuenta cómo surge la película. Tenía que tener 14 ideas para presentar a su profesor de la Escuela de Filmación de Nurember, y no conseguía tener una sola. “Recuerdo perfectamente, como en mi desesperación me tendía en el piso de mi habitación para huéspedes, junto a un pasacassettes, mientras escuchaba una versión de Emil Gilels,, de la sonata del Claro de Luna. Por un momento no pensé más en que por lo menos 1 de las 14 ideas debía de ocurrírseme, sino que sólo escuchaba la música. En ese momento me vino algo a la conciencia, que alguna vez había leído en Gorki, que según Lenin, hubo dicho sobre “la Appassionata” de Beethoven. No podía escucharla seguido, ya que si no él, Lenin, “comenzaba a decir estupideces cariñosas”, y le daban ganas de acariciar las cabezas de la gente, sobre las que él debía golpearlas, golpearlas sin piedad, para completar su revolución. Me preguntaba entonces qué sucedería, si se pudiera obligar a un Lenin a escuchar la “Appassionata”, si él creyera que él debería escuchar la “Appassionata”, para la causa revolucionaria. Mientras pensaba en ello, se me coló una imagen: la media cercanía de un hombre dentro de una habitación desolada; él tiene un auricular sobre las orejas a través del que suena una música maravillosa. Y cuando esa imagen estuvo allí, me invadieron los pensamientos: el hombre no escuchaba esa música para su deleite, sino que debe espiar a otros, un enemigo de sus ideas pero un amigo de esa música. A partir de allí ya estaba el armazón principal de La vida de los otros.”
Voy a referirme, respecto de la película, sólo al capitán, HGW XX/7, y a su relación con el ideal de la patria socialista.
En el inicio es claro como divide bajo su ideal, amigos y enemigos. Su mundo está divido de ese modo. De modo progresivo, él nota esa frontera, más difusa. Ya no es tan fácil distinguir amigos y enemigos. Hay enemigos entre los amigos. El capitán no se resiste a escuchar esa música. La revolución ya había sido completada por Lenin. El sí podía escucharla. A la par que el borramiento de las fronteras que de ideal aseguraba, se produce, lo que entiendo es su propia división. Amigos – enemigos se instalan en esa división. ¿Qué hacer? En el Ocaso de los ídolos, Nietzsche pregunta: “¿Eres un hombre que mira? ¿O pones mano en las cosas? ¿O eres un hombre que desvía la mirada y se aparta? ” El capitán no se aparta. ¿Es creíble?
Es a “un Lenin” a quien se hace escuchar esa sonata poderosa, no a “un Stalin”. Cito a Miller: “Stalin era de un temple completamente distinto. Ningún escrúpulo, ninguna decencia. Sin vacilación, sin falta en ser. El hombre de acero, el perfecto canalla, intocable, cerrado sobre sí mismo. El Esplendor del canalla, su particular brillo maléfico proviene de que no posee alteridad: el canalla no acepta ni al Otro con mayúscula, que no es más que ficción, ni a los otros, que no valen nada”. [9] “Stalin, nunca fue un terrorista, organizó el Gran terror, reclutó terroristas, fue un despoblador, pero nunca fue uno de esos terroristas que ponen la vida en juego, que aceptan perderla por un significante. Ideal”
El capitán nota la corrupción, nota lo temido de Kaliayev, que la revolución podría apartarse del honor. El capitán y el poeta terrorista creían en ese significante ideal que los cobijaba. El capitán no era tan joven. El poeta sacrifica su vida por ella y entiendo que el capitán también lo hubiera hecho si no se hubiera asomado la retirada del honor, si los enemigos seguían siendo localizados fuera del “nosotros”. Arriesga, también, no su vida pero sí su trabajo - que es un ideal alto en la patria socialista -. Es, sin embargo, más prudente que el poeta de Camus. Esta más advertido. Fabrica falsa información en sus informes, oculta la máquina de escribir, que funciona como la carta robada imposible de encontrar por la policía y con esa tinta roja firmará su último informe para la Stasi.
¿Es creíble? ¿Es un idealista? ¿Se le puede adjudicar ternura? Entiendo que sí. Me inspiró incluso más ternura que Dreyman, que luego de la caída del muro seguía exhibiendo la misma obra, ahora para los políticos de turno y con una mujer incluso más linda que la anterior.

El Terrorismo del psicoanálisis
J-A. Miller, en su intervención en el 1er. Congreso científico de la Scuola lacaniana di Psicoanalisi (en formación, el 21 de mayo de 2000, cuyo tema era “Las patologías de las leyes de las normas”, conocida como Teoría de Turín, nos habla sobre el Ideal.
“Hay un discurso que se emite desde el lugar del Ideal que consiste en oponer “Nosotros” a “Ellos”. La diferencia entre amigos y enemigos es sostenida por Carl Schmitt, que sabía algo de esto, como el fundamento mismo de la entidad política. Del lugar del Ideal, todo discurso que se establece sobre la oposición amigo/enemigo, que la refuerce, intensifica por ello mismo la alienación subjetiva al Ideal.”[10] Esta posición no deja lugar a la responsabilidad subjetiva. No permite ubicar la relación que cada uno mantiene con su ideal, la que mantiene con el significante amo del Ideal bajo el cual se coloca.
En los escritos, Lacan habla del terrorismo y su relación al analista. “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran”.[11]
Se desprende que no puede ser bajo la forma de la alienación subjetiva al ideal, de la división “ellos-nosotros”, “amigos-enemigos” que el psicoanalista alcance ese terrorismo.
No hay anulación del Ideal, al menos para el psicoanalista-terrorista de la Escuela. No hay cero del ideal. Cada uno está remitido a su terrorismo solitario.
¿Qué es un hombre bueno para el psicoanálisis?, Mónica Torres cuando se lo pregunté mencionó la ética.
En la última clase, del seminario de la Etica, titulada, “Las paradojas de la Etica”, o “¿Has actuado en conformidad con tu deseo?”, Lacan afirma: “La ética consiste esencialmente en un juicio sobre nuestra acción. “Si hay una ética del psicoanálisis –la pregunta se formula-, es en la medida en que de alguna manera, por mínima que sea, el análisis aporta algo que se plantea como medida de nuestra acción”. [12]
Habrá que probarlo cada vez. Hay un goce que no se puede anudar. Hay un nivel en el que el bien y el mal pueden intercambiarse. Al respecto, E. Laurent, nos dice: “Quizá puede haber bien en el mal, o mal en el bien. Y no hará sino acrecentar la paradoja. Para evitarla, es necesario considerar la particularidad”.[13]
¿Será posible, pregunta Thomas Mann en su Montaña Mágica, que de esta bacanal de la muerte, de esa abominable fiebre sin medida que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, surja alguna vez el amor?[14]
“La política y el humanismo, nos dice, se funden en los altos ideales de la civilización, en esa idea en que laten con la misma fuerza la dulzura de la paloma y el coraje del águila y que espera hacerse realidad algún día, en el amanecer de todos los pueblos.”[15]

Mónica Torres
Agradecemos a Raquel su ponencia, varios libros de la intensa bibliografía, ella los ha mencionado: Los justos de Camus, también el de José Ingenieros El hombre mediocre y sé que aunque no lo menciono también trabajó El hombre unidimesional de Herbert Marcuse y por supuesto Cartas a la opinión ilustrada de J-A. Miller...
Vamos a darle la palabra a Elsa Maluenda... como esta es una mesa integrada por personas a las que nos gusta escribir; por lo tanto, todas ponemos títulos así como Raquel trajo el título “La ternura de los idealistas”, Elsa eligió “El poeta y el capitán”.

Elsa Maluenda
La película que elegimos para trabajar hoy es La vida de los otros, producción alemana de 2006, opera prima del director Florian Henckel von Donnersmarck y ganadora este año del Oscar a la mejor película extranjera, cosa que a esta altura de la soiree en verdad no quiere decir mucho porque la academia acostumbra premiar lo “políticamente correcto” para el gusto americano. Y no puedo dejar de recordar con nostalgia cuando en esa categoría competían películas de la talla de Amarcord, El discreto encanto de la burguesía o Fanny y Alexander. Otros tiempos sin duda.
Paso ahora al texto que preparé y que dividí en una introducción y cinco partes.

El poeta y el capitán
El poeta del título, no es el poeta de la obra de Camus sino el dramaturgo de La vida de los otros que en la traducción al castellano cada vez que hablan de él lo nombran como el poeta y en alemán están las dos acepciones para nombrar al creador literario o poeta. Está el texto de Freud “El creador literario y el fantaseo”.


Introducción
Para comenzar quiero contarles algo sobre la elección del título que acabo de leerles. A diferencia de otras veces en las que siempre es lo último que escribo, esta vez no pude comenzar a preparar esta presentación hasta que lo encontré. El primero que se me ocurrió fue “El hombre sin ideales” y cuando Raquel Vargas sugirió el texto de José Ingenieros El hombre mediocre y empecé a releerlo me sorprendí al encontrar que para este autor argentino el hombre mediocre es justamente el hombre sin ideales. Luego, conversando con Alejandra Antuña entendí que mi lectura daba por sentado que los ideales eran solamente los buenos ideales y eso me había desorientado. Después pensé llamar a este trabajo “El hombrecito de la campera gris”, parafraseando una vieja canción de Sui generis o “El poeta, el capitán, la actriz y su amante”, parafraseando la película de Peter Greenaway. Finalmente volví a ver La vida de los otros y por entonces había terminado de leer Saraband, guión de la película de Ingmar Bergman estrenada en 2004. Este director eligió la estructura de una danza, la sarabanda para estructurar el film: consiste en una sucesión de escenas donde siempre intervienen dos de los cuatro protagonistas. Entonces, esa construcción me resultó interesante para aplicar a la película que nos ocupa y encontré que se podían armar varias parejas: el capitán y el hombre interrogado, el capitán y su compañero de estudios - devenido jefe del departamento de cultura -, el jefe y el ministro de cultura, la actriz y el poeta, este y su amigo Jerska, la actriz y el ministro, el poeta y el capitán. En este punto aparecieron las resonancias freudianas por partida doble: por un lado recordé “El poeta y el fantaseo”, también traducido como “El creador literario y el fantaseo” y por otro al capitán cruel del historial de “El hombre de las ratas”.

Berlín oriental
Las primeras imágenes muestran un pasillo del cuartel general de la Stasi - policía secreta de la República Democrática Alemana - y un subtítulo anuncia que la acción se desarrolla en noviembre de 1984. Sin preámbulos muestra un brutal interrogatorio conducido por el capitán en el Ministerio de seguridad pública. A los pocos minutos vemos que esa indagatoria - que ha sido grabada - es escuchada por los futuros agentes secretos de la policía en una clase presidida por el capitán. Así las imágenes se alternan entre el aula y la sala de interrogatorios. Buscando la confesión de su víctima el capitán dice: “¿Piensas que arrestamos a ciudadanos inocentes por capricho? Si piensas que nuestro sistema humanista es capaz de una cosa así, esto sería motivo suficiente para detenerte”. En nombre de su ideal humanista explica a los alumnos que fueron necesarias “40 horas de paciencia” y agrega: “Los enemigos de nuestro estado son arrogantes”. Cuando uno de los estudiantes pregunta: “¿Por qué tienen que tenerlo despierto tanto tiempo? Lo encuentro inhumano”, él toma la lista de presentes y hace una marca con su lapicera junto al nombre del alumno y luego responde sin vacilar: “Un inocente se enfada cada vez más a medida que pasan las horas por la injusticia que le están haciendo. El culpable cada vez está más callado, no dice nada por que sabe que está ahí sentado por un motivo. La mejor forma de saber si alguien es culpable es interrogarlo sin parar hasta que no pueda más” Y para finalizar la clase sentencia: “En los interrogatorios nos enfrentamos con enemigos del socialismo. No lo olviden nunca”, afirmación que despertará el aplauso de su ex compañero y hoy jefe que observa atentamente apoyado en el marco de la puerta.

Desde el palco
La acción se traslada al teatro, al estreno de Las caras del amor escrita por Dreyman, el poeta, y protagonizada por su novia Christa María. El capitán desde el palco y a través de sus prismáticos observa por primera vez a Dreyman y concluye: “Es el tipo de persona arrogante contra la cual prevengo a mis estudiantes” y se ofrece para investigarlo. Luego el ministro, también presente, dará la orden al jefe del departamento de cultura para que instale micrófonos en la casa del poeta. Hasta aquí el capitán permanece fiel a la consigna que se repite varias veces “somos el escudo y la espada del partido”. Sin embargo, parece que algo más motivara su necesidad de espiar la vida de los otros, la vida de esta pareja, que se abraza y besa juguetona y apasionadamente al finalizar la obra, y que baila con sensual felicidad en la fiesta. Ellos son los otros, representan todo lo que el capitán ha dejado de lado por su lealtad al discurso del partido, a los ideales del socialismo que defiende con obstinada severidad. Sus días son grises y solitarios, su vida consiste en saber como viven, que piensan, que hacen aquellos que la Stasi le ordena espiar. Así recolectará la información necesaria para preservar un régimen que sobrevivió persiguiendo, encarcelando y proscribiendo a los opositores. En 1992 el gobierno de Alemania unificada puso a disposición de los ciudadanos los archivos que se salvaron de la destrucción al caer el muro en noviembre de 1989 y que contienen 33 millones de páginas con datos de la vida cotidiana de millones de personas, no solo acerca de su militancia política, sino cualquier detalle como el color de la ropa interior que usaban o la marca de cigarrillos que fumaban. Actualmente el cuartel general de la Stasi se ha convertido en un museo. Allí entre otras cosas se exhiben los frascos que contienen los tapizados de las sillas usadas durante los interrogatorios. Estos trapitos quedaban impregnados con la transpiración de la víctima y en el caso de una fuga los perros podían olfatear a su presa.

El poeta es el ingeniero del alma
Día tras día el capitán escucha las conversaciones, los murmullos, los silencios, las relaciones sexuales de la pareja y empieza a experimentar los afectos de tristeza, dolor y desesperanza por los que ellos atraviesan. Debo decir que este cambio que lo conducirá a ayudar a sus víctimas arriesgando su vida y su posición en la Stasi, hasta perder su puesto, me resulta inverosímil. Sin embargo, encontré una lógica en la película a partir de una frase que, me resultó reveladora de la estructura del film. Se trata de una cita que hace el ministro cuando felicita a Dreyman la noche del estreno: “Un gran socialista dijo una vez: ‘el poeta es el ingeniero del alma’, así que Georg Dreyman es uno de los mejores ingenieros de nuestro país” El gran socialista al que alude no es otro que Stalin. ¿Por qué no lo nombra? Él mismo nos lo hará saber cuando responde al amigo de Dreyman que lo pone en evidencia: “me gusta provocar, pero sé hasta donde puedo llegar”. Animado por el elogio Dreyman le pide ayuda para un amigo: Jerska, director teatral, incluido en las listas negras y trata de convencerlo de la dureza de tal medida. En esta escena quedará planteada la oposición de las creencias de estos personajes y será el funcionario el portavoz del argumento: “Eso es lo que nos encanta de sus obras, el amor al hombre, a la buena gente, creyendo que la gente puede cambiar. No importa las veces que lo escriba en sus obras, la gente no cambia”.
Sonata para un buen hombre
Este es el título de una pieza musical que Jerska le regaló al poeta para su cumpleaños y que este interpretará en el piano cuando se entere del suicidio de aquel. En ese momento Dreyman conmovido le dice a Christa: “Estoy pensando en lo que Lenin dijo de La Appasionata de Beethoven: ‘Si sigo escuchándola no podría acabar la revolución’ ¿puede alguien que haya escuchado esta música, que la haya escuchado de verdad, continuar siendo una mala persona?” Aquí el poeta pone de manifiesto su ideal, él cree que lo bello puede provocar cambios en quien se deja atravesar por esa cualidad de las creaciones artísticas. Sin embargo, un vistazo a la historia de la humanidad o a las noticias que reproduce el diario o la televisión cada día pone en evidencia, no solo que la cultura no alcanza para terminar con el mal, sino que la renuncia pulsional que ésta exige provoca más de lo mismo que quiere desterrar. Pero, ¿esto quiere decir entonces que suscribimos a la idea del ministro? Nosotros como analistas ¿podemos sostener que la gente no cambia? Como analistas y como analizantes sabemos que se puede cambiar y también que esos cambios no se producen por la vía de la sugestión, del adoctrinamiento, de los ideales, de la belleza ni del bien, se trata de la puesta en forma de un deseo que permita ir más allá de las respuestas conocidas para inventar una solución singular y un nuevo lazo con los otros.
Volviendo a la película y para tratar de entender el cambio de posición del capitán en esta escena, me serviré de algo que me hizo notar Blanca Sánchez y que le agradezco. No fue la belleza de la partitura lo que conmovió el alma del personaje, sino haber escuchado que el líder de la revolución bolchevique, hubiera podido no hacerla, hubiera podido dejar su ideal. Dicho de otro modo: advierte una vacilación en Lenin que le permite de algún modo poner en cuestión su sistema de creencias. Esta es una secuencia clave que le sirve al director para reafirmar la oposición entre el poeta y el ministro y al mismo tiempo entre Lenin y Stalin.
Al final Dreyman accederá a los archivos de la Stasi donde descubrirá que el capitán falsificó la información que entregaba a sus superiores. Así fue como se salvó de la persecución de la policía secreta. La historia que hemos visto en pantalla cabe suponer que será el argumento de la novela que Dreyman publica años después: Sonata para un buen hombre “dedicada a HGW XX/7 con mi gratitud”. Pero, ¿podemos compartir con el director de la película la idea que enuncia a través del personaje de Dreyman de que el capitán es un buen hombre? ¿Alcanza con un acto para absolverlo? ¿Ya no importa a cuantos hizo objeto de la tortura y la persecución? ¿Sólo es importante que el poeta salvó su pellejo? ¿Dreyman es ingenuo o cínico?

La pasión de Christa
Christa, la actriz, despliega en la escena teatral toda la vitalidad de una obrera visionaria. Esa pasión desbordante y alegre que se manifiesta en el breve fragmento de la obra que observamos, parece ser la misma que la anima en su vida junto a Dreyman. Cuando baila sensualmente, coqueta y segura, cuando hace el amor o cuando adorna el departamento para agasajar al poeta en su cumpleaños. En los primeros tramos de esta historia todo su cuerpo exuda energía y felicidad. Poco a poco ira cayendo en la desesperación y su camino será una especie de calvario. Una y otra vez intentará arrastrar con agua las marcas invisibles que las manos del ministro dejan en su cuerpo, pero esta no será la única traición que protagoniza, la última e insoportable para ella será la delación que la lleva al suicidio. Christa agoniza en medio de la calle, yace en los brazos de Dreyman como Cristo en los brazos de María en La piedad de Miguel Angel. Christa María, entiendo que nos propone el director, con su sacrificio redimirá los pecados del poeta que se acostaba con el régimen y del capitán que torturaba en nombre del socialismo. Ella cargó su cruz hecha de miedo y obsecuencia, ella traicionó y delató pero pagó con su muerte la culpa que la atormentaba. El poeta asistirá después de la caída del muro a la puesta en escena, más moderna por cierto, de la misma obra que vimos al inicio de la película pero ahora acompañado por una mujer joven cuyo aspecto se asemeja al de una modelo. El capitán, por su parte, continua con su vida gris, repartiendo correspondencia y sin ninguna sanción por los abusos cometidos en el ejercicio de sus funciones. El problema que tiene para mí esta alegoría con mártires y redimidos, es que deja afuera el problema de la responsabilidad y se convierte en un elogio del sacrificio, que ya sea en nombre del socialismo, de la religión o del bien de la gente, sostiene al Otro que comanda el destino del sujeto y soslaya el goce en juego.
Mónica Torres
¡Muchas Gracias! Como verán, la posición que Elsa tiene con respecto a la película no es la misma que la que tiene Raquel. La película es muy polémica y yo voy a tratar de trabajar un poco sobre esa polémica.
Les pido que en la medida que puedan se queden a discutir - al finalizar la lectura de mi trabajo - porque lo que tratamos de organizar es un debate que comenzó la vez pasada con Manderlay y como verán da para mucho...
También yo voy a comenzar con un epígrafe que es de J-A. Miller del libro Un comienzo en la vida, de Sartre a Lacan, donde toma las entrevistas que - Miller - hizo cuando era muy joven - los 20 años, incluso antes -, a varios autores entre otros a Sartre y de las que él mismo hace un prólogo del libro y habla de sí mismo en tercera persona y dice entonces: “No tuvo tiempo de ser marxista, ya era lacaniano” J-A. Miller

Todo cuanto amé
Los intelectuales de izquierda y el psicoanálisis
He elegido, ha sido mi idea trabajar esta película, muy polémica por cierto, porque me parece que un director alemán muy joven Florian Henckel Von Donnersmarck, que tiene ahora alrededor de 30 años, resume en su ópera prima el momento exacto en que se derribó el muro que dividía al mundo en dos; un mundo en el que el Otro existía para dar lugar a lo Uno y lo múltiple, la segregación reinante en nuestro tiempo de lo que venimos hablando en nuestras últimas clases.
La película podría haberse titulado “Sonata para un hombre bueno” y eso hubiera sido coherente con una cartelera cinematográfica explícitamente preocupada por la bondad del hombre. Está el film de Robert DeNiro El buen pastor, que se ocupa de la biografía de uno de los fundadores de la CIA y hay otro film que ha ido directamente al video, sin pasar por el cine, con el triste título de Intriga en Berlín, cuando en realidad se llama El buen alemán, una película protagonizada George Clooney y dirigida por Steven Soderberg; es una excelente película filmada en blanco y negro, a la manera del expresionismo alemán, situada en Berlín en los años de la pos-guerra - 1945 -, precisamente en el momento en el que el Muro de Berlín se levanta y el momento en que se encuentran en Berlín: Harry Truman. Winston Churchill y Josif Stalin; estos hombres se reúnen en Potsdam para planear la post-guerra, en el momento en que Japón continúa peleando y se divide el mundo – es muy interesante la discusión que hay donde ven con qué se queda cada uno. El buen alemán, que es el título original, está referida a la historia de las intrigas que se originan alrededor de al figura de un alemán, que, habiendo tenido una estrecha participación en el genocidio nazi - era el secretario de alguien que era uno de los constructores de la bomba -, hay un momento en que un ruso le pregunta a un americano “nosotros nos quedamos con media Europa y ustedes ¿con qué se quedan?”; los americanos quieren quedarse con los científicos que habían descubierto la bomba... este hombre tenia entonces un secretario, y este secretario está arrepentido y dispuesto a contar lo que ha pasado, quiere ser un “buen alemán” y decir la verdad porque le parece que si no dice la verdad no habrá futuro para Alemania.
Nadie quiere que lo haga en el Berlín de ese tiempo. Los rusos, los ingleses y los americanos se lo disputan. Su estética y su argumento están directamente referidos a un clásico del cine: El tercer hombre, una película de 1949 dirigida por Carol Reed y genialmente interpretada por Orson Welles y Alida Valli. El propio Orson Welles escribió escenas de esa película. Pero es más fácil - al menos para mí - pensar que no puede haber existido el buen alemán en tiempos del genocidio nazi. No puede ser el “buen alemán” si participó, porque los que estaban en la fabricación de la bomba eran prisioneros de los nazis a quienes se les calculaba la comida para que solo vivieran 3 meses y al cabo de ese tiempo se los reemplazaba por otros. Entonces es difícil pensar que este hombre - el secretario -, que entre otras cosas calculaba cuántas calorías había que darle para que vivieran 3 meses, pudiera ser un “buen alemán” en el momento en que decide arrepentirse. Conviene igual verla. Plantea dudas, porque hay uno que quiere hablar porque esta preocupado por el futuro del pueblo alemán, porque evidentemente va caer sobre todos los alemanes, como así ha sido... hace poco me contaba una paciente que su hija había ido a un intercambio alemán y ahora vino el alemán acá y este en un momento vio una ceremonia en donde se levantaba la bandera argentina y dijo: “ que bien que ustedes pueden hacer esto, nosotros hasta hace poco no podemos levantar la bandera alemana con orgullo, porque tenemos vergüenza” y estamos hablando de una chica de 17 años.
En cambio cuando se trata, no de la construcción del muro sino de su caída, no resulta tan fácil decidir si puede haber existido el buen alemán en Berlín Este.
De esta difícil cuestión ética trata el film y todos los que mencioné. Incluyendo la rumana Bucarest 12:08, película que también recomiendo y es la que les gustó a los lectores de El Amante N°180, donde también esta comentada La vida de los otros.
Pensemos que el director de La vida de los otros tenía alrededor de 18 años cuando el muro cae. Así pues, él ha vivido ese tiempo, ha sido niño y adolescente en tiempos que el muro aún existía. Es un testigo.
La película que mencioné antes, El buen pastor, se ocupa del tiempo en el que el muro fue levantado, en el largo transcurso de la vida de uno de sus agentes que atraviesa la historia del siglo XX durante la guerra fría.
El título, que incluye la palabra pastor, está referido a la religión y su sentido es develado en un diálogo punzante. Un personaje que no es agente de la CIA pregunta a otro que sí lo es: “¿Por qué ustedes [es decir, los agentes de la CIA] no dicen jamás “la” CIA es decir, no usan el artículo la, precediendo a la sigla CIA?” y el agente le contesta “¿Acaso cuando un creyente habla de Dios dice “el” Dios?”. Como verán, nos enfrentamos a dioses oscuros. Tenemos la preocupación actual por la bondad del hombre en tiempos que, si bien no son actuales, fundan el origen de nuestros dilemas de hoy. El buen alemán, el buen pastor de la CIA, el buen hombre que ha sido miembro de la Stasi.
Que se trata de la cuestión del humanismo está claro en toda la bibliografía a la que ha hecho referencia Raquel Vargas. Casi todos los títulos contienen la palabra hombre. El hombre mediocre de José Ingenieros, el hombre unidimensional de Herbert Marcuse.
Ello me llevó a la lectura de Las cartas a la opinión ilustrada de J-A. Miller que tuve ocasión de presentar, en unas jornadas de la EOL. Se trata de la tercera carta, titulada La ternura de los terroristas, en la que Miller hace alusión a la obra de Camus Los justos. Entonces me llevó Raquel a mi propia biblioteca y encontré allí la excelente biografía de Albert Camus escrita por Herbert Lottman, y que les recomiendo. Y encontré también el libro póstumo de Camus, titulado El primer hombre, que fue encontrado en un portafolios en el automóvil en el que Camus tuvo el accidente que nos dejó sin él muy prematuramente: tenía 47 años. Otra vez la palabra hombre. Y aun volverá.

El hombre rebelde
Antes de eso había escrito Camus El hombre rebelde que le valió la ruptura con Sartre, situación especialmente dolorosa para Camus que era, sin duda, un poeta. Al decir de su biógrafo, un poeta, a diferencia de Sartre, que era un crítico. La escribió después de Los justos.
Las posiciones de Sartre y de Camus enfrentadas en cuanto al Comunismo están, a mi gusto, representadas en la obra de Camus Los justos - que describió muy bien Raquel -.
La posición de Camus simpatiza con el poeta más que con el militante, con el enamorado más que con aquel a quien guía el odio, esta postura de Camus terminará aún más enfatizada en El hombre rebelde, obra considerada para muchos, como de derecha, o al menos, que hace el juego intelectual a la derecha. Es lo que consideraron los intelectuales de izquierda en los tiempos de esta polémica entre Sartre y Camus. Conviene saber esto, parece que yo me pongo un poco nostálgica, pero es una historia que hay que conocer.
La revista de Sartre Les temps modernes publica una crítica severa de El hombre rebelde, en el año 1952 bajo el título de “Albert Camus o el alma rebelde”. Lo acusa de ser una posición que favorece, más bien a la derecha.
Antes de esto, se encuentran los tres: Camus, Sartre y Simone de Beauvoir, en un café y Beauvoir trata de explicarle que no va a ser buena la crítica que será publidaca...
Camus contesta dolido a la revista, en otro número, en el que Sartre le responde a su vez. La carta de Camus apareció en el número de agosto de 1952 de Les temps modernes y ocupaba 17 páginas, la respuesta de Sartre 23 páginas.
Camus dice allí: “Si al final la verdad me pareciera de derechas, sería de derechas”. Pero también hace notar que la prensa de derecha había criticado su libro. El hombre rebelde, es criticado entonces tanto por la izquierda como por la derecha.
Se puede ver con claridad que Camus responde a la figura del fool, el loco, el bufón de izquierda del que se ocupa Lacan en su seminario de “La ética”, justamente su seminario de 1960, el mismo año en que Camus muere trágicamente.
Sabemos que en ese tiempo Lacan supo oponer, para dividir a los intelectuales de izquierda y a los de derecha, las posiciones shakesperianas del fool y del knave.
El fool es el hombre que privándose de todo poder puede decir en un momento la verdad: no se trata del saber sino de la verdad, como Hamlet, Camus parece privarse de todo poder para poder decir la verdad.
Sartre no lo perdona. Escribe su respuesta pública en un tono personal; le dice Sartre a Camus: “Nuestra amistad no era fácil, pero la echaré de menos. Si hoy la rompe usted, es porque sin duda tenía que romperse. Muchas cosas nos acercaban, pocas nos separaban. Pero esas pocas eran todavía demasiadas (…)” Y agrega: “Su moral se convirtió primero en moralidad, actualmente ya sólo literatura, mañana quizás sea inmoralidad”. ¡Es duro Sartre con Camus! Y le dice más, porque Camus nació en un hogar muy pobre en Argelia y perdió al padre antes de cumplir 1 año – lo relata él en El primer hombre cuando dice que cuando va a la tumba del padre se da cuenta que él ya tenía más edad que el padre tenía cuando muere, el padre muere en la Primer Guerra Mundial, Camus había nacido en 1913 y el padre muere en 1914; es tuberculoso desde chico y lo que lo hace estudiar hasta llegar a Premio Nobel; fíjense que es una epopeya a diferencia de Sartre que había nacido entre ricos, es su maestro de Escuela que le dice a la madre “este chico tiene que estudiar”, la madre no quería y los tíos tampoco, era gente muy primitiva -, pero Sartre le reprocha que él levante la bandera de haber sido pobre cómo un argumento y le dice: “bien fue usted pobre, ya no lo es... no use eso, porque eso esta muy bien para ser aplaudido en los teatros”... ¡estas polémicas son complicadas!.
En el mundillo de Saint- German de Près se estimó que era Camus quien más había perdido en el asunto.
En el comienzo de este comentario me referí a la forma en que Miller habla de sí mismo en tercera persona, en el libro aquí titulado Un comienzo en la vida: de Sartre a Lacan, pero Miller dice: “no tuvo tiempo de ser marxista, ya era lacaniano”, refiriéndose a sí mismo.
Me pregunté si esa frase la podía aplicar a mi propio recorrido. Mi primer maestro en psicoanálisis, Oscar Masotta, había hecho exactamente el recorrido de Sartre a Lacan. Pero no era lo mismo el Buenos Aires de comienzos de los setenta que el París de Miller.
No era tan fácil en el tercer mundo decir: “No pude ser marxista porque ya era lacaniano”. Quizás aprês coup puedo verlo así. Pero el ser lacaniano no podía librarnos del compromiso político en 1970. ¿Puede librarnos ahora? No lo creo.
La película que hoy trabajamos me dejó de una pieza cuando la vida por primera vez. Se hablaba allí de un tiempo que conocí bien. No era la Segunda Guerra. Era la caída del muro de 1989, hace menos de 20 años. Lo que me asombra del director es que no es maniqueísta.
Los buenos son también malos. Y son débiles. La heroína no es como la Dora de Los justos de Camus, representada siempre por María Casares que era la amante de Camus. Cristha María tiene algo de Dora: la debilidad del amor. Pero Dora no era cobarde. Ella no delataría. Por eso la Cristha María de Florian Von Henckel me parece más real. Ella es una actriz. No tiene el valor del autor, no tiene la suficiente fe en su público, sabe que está a merced de sus debilidades, que puede quebrarse. Su personaje es quizás creíble.
Es una película polémica y he escuchado voces disonantes al respecto. ¿La gente puede cambiar? La música, la poesía, el arte, el psicoanálisis, ¿pueden cambiar la vida de la gente? ¿Ésta es una película de derecha?...algunos se enojaron en la línea de pensar - un poco forzada – si un canalla puede cambiar, Raquel piensa que no era un canalla el personaje de la Stasi...
Debo decir que los más jóvenes, la consideran una película de derecha y por eso les parece que la han premiado en los premios Oscar, o sea que hacen la crítica opuesta.

El loco de izquierda y el canalla de derecha
Debo decir, lo dije ya la vez pasada, discutiendo Manderlay de Lars Von Trier que no puedo sentir lo mismo por el loco de izquierda que por el canalla de derecha.
Creo yo ¿qué el personaje del capitán es un canalla? No - por supuesto es un personaje, no es un caso clínico -. A él lo conmueve la música que Lenin no quiso oír. En su mundo stalinista, vacío de toda presencia, sin hombres, ni mujeres, ni objetos, de pronto el impacto amarillo del libro de Bretch - es importante que era un libro amarillo - y la sonata del hombre bueno, tocan su vida: él era socialista convencido, un leninista, tenía ideales. Entre ellos no estaba entregar su causa para ayudar a un burócrata a quitarle la mujer a un poeta. Sus altas notas no lo hicieron llegar muy lejos en política porque no era un canalla - como sí lo era su jefe -.
Cuando la película comienza y está dando su terrible clase a los estudiantes candidatos de la Stasi, aclara “el que dice la verdad la dice de varias maneras diferentes”, “el que miente dice siempre lo mismo y de la misma manera”. No será sino hasta el final que comprenderá hasta qué punto las verdades pueden ser variables. Él, que carecía de todo, salvo de su ideal socialista, encontrará su Camus, en el autor atractivo y arrogante, como lo era en efecto el propio Camus.
En la polémica Sartre-Camus siempre estuve del lado de Camus, Sartre llega a aceptar el stalinismo. Fidel Castro también. Guevara murió muy joven. No dudamos que el propio Guevara habrá cometido crímenes en nombre: ¿De sus ideales? ¿De su deseo?
Creo que la diferencia entre el poeta y el capitán, para decirlo como Elsa Maluenda, es que el autor se guía por el deseo y el capitán por los ideales. Cuando la ráfaga del deseo apele a la función escópica mediante el libro de Bretch y a la función invocante con la música para el hombre bueno, una lágrima rueda por la mejilla de piedra del policía.
Dije, en la primera de estas clases, que Lacan pensaba que Sartre no era un buen pastor con sus feligreses. No prometía nada como remedio contra la angustia.
Nosotros aprendimos con Lacan, a cuidarnos de los ideales, a saber que no se puede juzgar a los asesinos de un modo kantiano, sin hacerlo pasar por la rúbrica del goce.
La gente se reconoce en la ética, que es un modo de gozar. Una ética de las consecuencias y no de las intenciones.
La primera vez que fui a París, en el 77, el año en que fui a escuchar a Lacan, 12 años antes de la caída del muro, yo no quise ir primero al Louvre, ni a Notre-Dame, ni siquiera al curso de Lacan. Quise ir al café “Les deux magots”, el mismo en el que se reunían Sartre, Simone de Beauvoir y Camus, cuyas vidas y secretos inmortalizó Simone de Beauvoir en su libro “Los mandarines” cuya lectura les recomiendo.
Los dos “magots” están en unas figuras en el café. Se lee en el diccionario: mona de Gilbrart, monigote, figura grotesca de porcelana referida a Oriente, mamarracho, hombre feo. A dos cuadras de allí ha un café que se llama “Los mandarines”.
En el “Les deux magots”, las mesas llevan nombres, Sartre, Camus, Simone de Beauvoir. Ellos tenían su propio “ser de a tres” como Marguerite Durás. Fue Dionys Mascolo, el padre del hijo de la Durás, quien despidió a Camus de Les temps modernes, después de la ruptura con Sartre ¡Qué tiempos!
Ellos tres, Camus, Sartre y la Beauvoir tenían su propio ser de a tres entre ellos y cada uno por su lado. Camus tuvo sus esposas y sus amantes; era muy mujeriego y atractivo y Sartre, todos saben, tenía su pareja abierta con la Beauvoir. Todo esto está contado en varias novelas de ella: Los mandarines, La invitada.
No es casual que Miller se dirija a todo ese mundo en sus cartas a la opinión ilustrada, que se completan en su artículo que apareció en Le Monde en el 2002 titulado “Tumba para el hombre de izquierda” ¡Qué título! Yo me indigne mucho con ese título, en aquel momento, luego de pedirle a mis amigos que lo busquen, Blanca Sánchez lo encontró; esta en el libro de Miller El sobrino de Lacan, pero en castellano apareció por EOL postal en diciembre de 2002.
Es increíble que Miller diga en ese momento: “pertenece a la naturaleza de una izquierda de gobierno, el gobernar; la única cosa de la que pueden considerarse culpables es de perder las elecciones. En ¿qué condiciones va a ganarles la izquierda en el 2007? ”, Sabemos que la izquierda acaba de perder las elecciones, cosa que en el año 2002 Miller ya sabía; dice que el último hombre de izquierda es Mitterrand y que después de eso el hombre de izquierda está despedazado, él dice que en realidad no hay una tumba sino lo que ha pasado es que se han reemplazado todos sus órganos, pero no se lo ha enterrado y entonces va por ahí como un híbrido y agrega que: “ lo peor es que la final esta historia del hombre de izquierda puede contarse como un psicoanálisis; el hombre de izquierda con el paso del tiempo se confiesa lo que ya sabía, se confiesa que estaba reconciliado con el consumo e incluso gozaba de él, se confiesa que estaba reconciliado con la democracia parlamentaria, incluso plutocrática, se confiesa que estaba reconciliado con el capitalismo y con el mercado – aun si con algunos retrocesos -, se confiesa finalmente después del 11 de septiembre que en última instancia estaba del mismo lado que los americanos en el choque de las civilizaciones, ¿ qué le queda por confesar? Confesar que está muerto”.
He leído también el libro de Michel Onfray (francés) Política del rebelde, tratado de la resistencia y de la insumisión, donde nos dice: “El capitalismo ha formulado su tipo ideal con la figura, anunciada por Marcuse, del hombre unidimensional, variación del tema propuesto por Nietzsche del hombre calculable. Conocemos su retrato: iletrado, inculto, codicioso, limitado, sometido a lo que manda la tribu, arrogante, seguro de sí mismo pero dócil, débil con los fuertes y fuerte con los débiles”.
Ese hombre, nos dice Michel Onfray, no es producto de mayo del 68, sino del triunfo político del conservadurismo que se manifestó durante junio de ese mismo año. Dilema. Habíamos amado mayo del 68, aprendimos a relativizar ese sueño con el Lacan del Seminario 17…
El psicoanálisis no puede creer en la tendencia al bien del hombre, lo sabemos desde el Freud hobbesiano de El malestar en la civilización. Pero está en contra de analizar a los canallas y a los tontos que devendrán canallas.
Nuestro poeta, ese que se transforma, como el capitán, después del suicidio del director, con el sonido de la sonata para un hombre bueno, no es un canalla. Finalmente encontrará el camino de su deseo y de su causa. El capitán recibirá el único objeto que ha sido para él en su vida gris: un libro. No nos engañemos, no todos los objetos hacen buenos a los hombres.
Los psicoanalistas no somos caritativos ni creemos en la justicia, pero de nuestro deseo somos siempre responsables. El fool, el loco de La vida de los otros, en verdad hay varios en la película, no sucumbirá a los canallas que dirigen el Ministerio de Cultura, su mujer sí. Ella tiene el derecho de ser más débil, y más lo tiene, porque lo ha pagado con su vida.
El capitán seguirá gris, revisando o repartiendo las cartas que otros dirigen a otros. Hasta que una carta llegue a su destino. El libro que el poeta le dedica.
Invitación al debate
Esta película es un desafío. Un desafío a que, después de la caída de los ideales, encontremos el modo en que el psicoanalista se tiene que ocupar de la subjetividad de la época.
El psicoanálisis tiene su ética y su política. No debe quedarse en el consultorio. Como lo dice Miller en sus “Arengas” los gatos que se quieren solos terminan por las noches reunidos alrededor de la basura.
Espero que este film abra un debate. Estamos dispuestos a escuchar y a hablar.
Líbranos del bien sí. Pero no de los hombres buenos. Líbranos de las buenas intenciones y de los buenos pastores, pero no de la ética de las consecuencias.
No tengo la respuesta, aún para la cuestión del psicoanálisis y los intelectuales de izquierda, en el mundo del siglo XXI.
Pero la busco. Tendré que cambiar, entonces el título que traje hoy, robado a Siri Hustvedt y tendremos que ir a buscar el modo en que el psicoanalista puede dialogar con su tiempo. Entonces no diré recordando a Camus y a Sartre: Todo cuanto amé; porque hay que comenzar por objetar al “todo”, como lo hace Miller en su artículo hablando del hombre de izquierda. Diré: Lo que deseo. El psicoanálisis y el arte pueden cambiar la vida. Como ustedes saben ese es el deseo que me animó y me anima, con algo de fool, a favorecer los enlaces; porque la palabra “enlaces”, no es muy psicoanalítica... Líbranos, entonces, de los justos, pero no de los versos del capitán.
Terminaré con una frase de Lacan en la Proposición del 9 de octubre, que es perturbadora. Dice lacan: “La tercera facticidad, real, demasiado real, suficientemente real (…) es de lo que se puede hablar gracias al término campo de concentración, sobre el cual nuestros pensadores, al vagar del humanismo al terror, no se concentraron lo suficiente.
Abreviemos diciendo que lo que vimos emerger para nuestro horror, representa la acción de precursores en relación a lo que se irá desarrollando como consecuencia del reordenamiento de las agrupaciones sociales por la ciencia y por (la) universalización que introduce en ellas. Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”.
Bueno entonces, ahora me gustaría que charláramos, debatiéramos sobre el tema...

Marcelo Olmedo
Agradezco las ponencias, debo decir que se me cayo una biblioteca encima... estoy un poco aplastado pero muy contento...
De todo lo que ustedes hablaron me fui quedando con algo de cada una, pero cuando Raquel hablaba no pude evitar recordar una película que se llama Scarface, donde también hay una carrera loca para un narcotraficante sin escrúpulos que cuando tiene que asesinar a un hombre que tiene pruebas contra él también se detiene porque en el auto donde iba este hombre también había niños... Otra escena de una película que recuerdo es sobre un entrenamiento a terroristas niños, a quienes les hacen dejar todos los juguetes pero hay uno que se niega a dejar el osito y entonces es apartado del grupo que va a ser entrenado porque se niega a dejar su juguete. Con relación a esto, me parece que la ternura ha sido un elemento que ha utilizado el arte para provocar cierta “detención” de la canallada, pero ahí no había ética sino más bien me preguntaba si ahí no había un medio de detención de algo inhumano... Porque no me parece la misma ética que la del psicoanálisis.
Pablo Russo
Me gustó la fórmula que tomaste de Lacan: del humanismo al terror, porque algo de esto que voy a decir nos ha pasado en el módulo de cine cuando vimos la película y la discutimos...es una película sumamente polémica, por momentos parece anticomunista y ofrece al mundo occidental como una salida conveniente y por momentos es de una ironía y una crítica feroz a esta relación entre el bueno y el canalla, entre el ideal y la tontería o quizás el suicidio.
Si uno escucha los trabajos de ustedes, rápidamente ve que hay un montón de figuras y conceptos que han quedado a lo mejor en aquellos años, no sólo a fines de los 80 sin más atrás... del humanismo al terror, seguro que terror hubo siempre y hoy lo sigue habiendo, pero humanismo, hombre de izquierda, ¡ya no sé! Hay algunas figuras o representantes de una cultura o de conceptos que no se manejan tanto en este mundo del mercado, de lo políticamente correcto.
La primera vez que vi la película me pareció que era una película sobre la caída de los ideales, y pensaba que el capitán era el único que conservaba una cierta relación un poco rígida, del orden de cierta certeza, como cristalizada a un S1, a un Ideal y que allí donde lo ubicara él iba a guiar su vida por eso; lo cual lo puede acercar al hombre bueno, al idealista - extremando las figuras -.
La segunda vez que la vi con el Módulo de cine, se me ocurrió una idea que no ha sido dicha, y es que también podría pensarse como una película sobre el suicido, uno podría decir: sobre el suicidio del hombre de izquierda, sobre el suicidio de los idealistas, sobre el suicidio – no sé – de los hombres buenos... pero a partir de lo que dijeron me quedé pensando en ¿quiénes se suicidan? Se suicidan el poeta - Stepan - y Christa María, y agregaba Raquel que ahí los verdaderos suicidas son los terroristas...
Quería poner a la discusión esto a partir de la pregunta ¿Qué es un hombre bueno? Y a mí me parecía que el hombre bueno esta perdido, suicidado al igual que el terrorista si tomamos la figura de la película.

Horacio Gárgano
A mi se me abrían dos cuestiones que me parecen centrales, una era este punto de nosotros como analistas y nuestra implicación desde los años 70 a esta parte... hace poco, yo leía un testimonio de Mary Langer donde contaba qué cosas se discutían en esa época: plataformas, documentos y pensaba que es la primera vez que yo escucho muy fuertemente el intento de abrir una polémica desde nuestro campo sobre las épocas de la militancia política y de nuestra implicación allí, si éramos lacanianos o no - yo no lo era - pero ahora re-pensándolo sería más lacaniano... me parece que el intelectual o el psicoanalista implicado, desencantado, comprometido y me preguntaba ¿quiénes somos hoy, en relación con la política en términos más amplios, fuera del consultorio? Me parece que es cierto que el Mayo Francés no es lo mismo que los años 70, pero sin embargo hay bastantes cuestiones para poder pensar...
Y después esta la cuestión más ligada al psicoanálisis: me quedo dando vueltas esto de la Appassionata, “la pasión ata” y el goce de la indiferencia - por otro lado -, y ¿cuál es el lugar entre estas tres tipologías: el canalla, el hombre mediocre y el hombre bueno? ¿Cuál es la responsabilidad subjetiva con respecto al Ideal?

Mónica Torres
El intento de las tres fue instalar este debate al que vos te referís, fue difícil porque empezamos antes, empezamos en el 45 la película El buen alemán, en el 50 Los justos, después fuimos al 52 con la polémica Sartre – Lacan y todo lo que fue originando lo que sucedió después ¿no?...

Liliana Ávola
A mí me impresionó mucho la película, me costaba seguirla y creo que hay algo que luego asocié con otras películas y con una serie con la que me “enganché” y que pensé a partir de esto que Pablo dijo al final...
Me acordé de El paraíso ahora, donde cuenta cuál es la historia de los terroristas, qué es lo que los lleva a esto de inmolarse y este fuerte deseo por - no sé - si la justicia o qué pero es esto donde ni el amor, en un caso y en el otro caso parece que sí, los salva sino que hay algo que está más allá...

Mónica Torres
Bueno había uno que era el amor al Padre.



Liliana Ávola
Hay algo más allá de la religión... hay una serie que están dando actualmente Lost - yo estoy en la tercera temporada -, y me parece que ahí esta el comienzo, donde uno ve cómo se borran las diferencias y dónde cada uno habla de lo que le pasa cómo Ideal, donde se busca desde el niño: el niño bueno, inteligente...
Y yo pensaba en ¿qué nos toca como analistas en esta época? En la película aparece el suicidio del poeta y de Christa María, pero me parece que a lo que estamos asistiendo es a los excesos del consumo como suicidio en esta época, en los pacientes...

Mónica Torres
Justamente es la frase de Lacan que dice: La vaguedad de nuestros intelectuales entre el humanismo y el terrorismo, nos va a llevar a eso...

Liliana Ávola
¿Cómo hacer que alguien ponga en marcha nuevamente su deseo en esta época de caída de los Ideales?, este es nuestro desafío hoy...

Mónica Torres
Sí Liliana, pero lo que intentamos en esta clase - a diferencia de todas las demás donde hablamos de eso que vos decís - es tomar lo que sucedió antes, lo que originó eso...

Liliana Ávola
Claro, por eso el punto es que lo actual es producto de aquello y uno como analista queda dividido en su propia posición subjetiva...
Alejandra Loray
Yo me había quedado pensando en lo que decía Pablo y lo que se presentaba la mesa: homologar un poco el hombre bueno, con el idealista y se me armaba un problema por ese lado. Creo que en relación con eso, Elsa planteaba si bastaba el cambio del capitán para borrar todo aquello que había hecho anteriormente... respecto de esto y en relación con la historia del mundo: luego de las guerras, sobre todo en nuestro país es algo bastante problemático y cómo analistas nos pasa lo mismo a cada quién porque sino parece una especie de redención medio religiosa, ¿no?

Mónica Torres
¡Ese es el debate! Yo particularmente creo e insisto que no me parece lo mismo lo que pasó en nuestro país que lo que pasó con el socialismo, porque lo que pasó en nuestro país tiene que ver más con el nazismo, lo cual no es fácil...

Raquel Vargas
La película es más leninistas que stalinista, tiene toda la vertiente en donde más bien a parece criticado... cuando Elsa dice en su trabajo “porque no lo nombra” lo que está ahí es más bien una aspiración, igual a lo que decía Marcelo “detener al canalla”... yo creo que no se puede, quien escucha la sonata no es Stalin hay un punto ahí... No se puede homologar la patria socialista al nazismo, son dos regímenes.
Quería decir también algo respecto del suicidio que toma Pablo Russo: no es lo mismo el suicidio como categoría clínica, que el suicidio en un país en donde se está en la “lista negra”, a mí me parece que tenemos que evaluar la cuestión del suicidio para aquellos que tenían la ampolla de potasio preparada por si venían a “chuparlos”...

Marina Recalde
Felicito a la mesa por los trabajos, son cuestiones totalmente polémicas que se fueron sucediendo una detrás de la otra y esto que decía Raquel respecto del suicidio, yo recordaba – y también lo que tomó Marcelo respecto de ¿cuál es el límite?-, en una de las reuniones de Enlaces, cuando estuvo Graciela Musachi, ella habló del tiempo del “sin barrera”, “del sin límite”, hoy el amor es sin barreras, ¿dónde ubicarlo?
La cuestión es - al menos para mí -¿qué estatuto darle a este límite?, Stalin no es Lenin... además por otro lado me parece que efectivamente cuando Mónica decía el autor se guió por el deseo y el capitán por los ideales, me preguntaba si nosotros como analistas estamos tan por fuera de eso, porque esto también opera en nuestra práctica y en nuestra comunidad...

Mónica Biaggio
Primero quería agradecer las ponencias, el tema realmente da para un debate extenso... estoy de acuerdo con lo que planteaba Raquel y quería agregar algo, ¡voy a decir algo muy fuerte, respecto de los crímenes! Hay criminales y criminales: esta el criminal que mata y firma está el criminal anónimo; no es lo mismo - me parece a mí - el criminal que se hace cargo del crimen cometido y además hay un cuerpo muerto - el cadáver -, que un crimen cobarde, anónimo, en donde ni siquiera hay cadáver; estoy haciendo alusión directa a lo que paso en nuestro país.
Esto también es una diferencia y tiene que ver con la ética.

Cinthia Roitman
Quería tomar algo de la película que a mí me pareció interesante también, suavizando un poco la temática que viene sucediéndose en el debate, que es un poco fuerte...
En mi recorrido en relación con la época, me quedé con lo que dijo Marcelo: que se le había caído la biblioteca encima... y yo tomé una cuestión, que vos – Mónica – habías mencionado respecto del lugar del libro para este hombre de gris y entendí que iba por el lado de los ideales, en el punto cuando tomaba ese libro que era para él y pregunto sí iba en este sentido, si él sostenía un Ideal más allá del régimen...
Otra cosa que quería mencionar es que cuando yo vi el aspecto de esa librería, me pareció el aspecto de un supermercado, la imagen gris antes de la caída y después de la caída la imagen sigue siendo gris pero la librería aparee como con colorido de shopping... yo pensaba en el recorrido en relación con los libros prohibidos, prestados, robados a que un libro sea dedicado y en qué contexto puede adquirir algo este hombre que la principio es un hombre gris.

Elsa Maluenda
Lo que quería dejar claro, porque tal vez no sé si se desliza en mi trabajo algo “anticomunista” ¡no es la idea!, Para mí está claro que no es lo mismo el socialismo, que el nazismo, pero lo complicado que tiene la película es esta cuestión de alguien que ejerce el poder desde el Estado a mí me evoca y no puedo evitarlo: el terrorismo de Estado en la Argentina sabiendo que es distinto... porque él esta del lado del socialismo, pero se asimila mucho al terrorismo de estado en nuestro país y por eso me incomodó tanto de la película.
Por otra parte es cierto que lo bueno que tiene la película es que muestra personajes que no son unidimensionales, donde los malos pueden ser buenos y los buenos pueden ser malos y eso también es inquietante ¿no?.
Yo le comentaba a Mónica que había visto la semana pasada El laberinto del Fauno, que es una película que transcurre luego de terminada la Guerra Civil Española, con el triunfo de Franco y a uno esta la película lo deja un poco tranquilo porque los malos son malísimos y los buenos son buenísimos y uno se pone del lado de ellos... por ejemplo cuando la protagonista le corta la cara al capitán o teniente – no recuerdo -, uno se pone contento, es decir que allí hay un acto de crueldad que uno apoya porque es de una revolucionaria buena contra el cruel militar.
Raquel Vargas
Insisto que lo que se borra aquí es: “el nosotros y el ellos”, mientras él tiene esta división puede funcionar bien, bajo el Ideal que puede dividir bien ese mundo, pero cuando eso se borra, se borra – para él – la división de su mundo también y lo que acontecen son dos cosas: por un lado o se refuerza esta división bajo algún método - para reforzar ese ideal – y hace que no ve... como el ayudante que él tiene; o se nota la división a cuenta de la propia división o de la división del mundo que se hace...es la pregunta que cada quien se tiene que hacer cuando se borran las fronteras que cada uno tenemos descriptas de un lado y del otro...

Mónica Torres
Si, quizás acá se hace evidente porque es el caso de un joven de 30 años que padeció eso, que todavía lo padece y que fue criado así... ¡es muy en carne propia que nos lo cuenta! Lo más elocuente de todo es la edad del director de la película y que había nacido en Berlín...
Horacio Gárgano
Pero no hay solo ideología en eso, aunque suene polémico...

Mónica Torres
¡Claro, por supuesto! Yo también dije eso, yo dije que la ética es un modo de gozar... Pero, Christa ahí - a mi gusto -, no lo hace por goce... ahí el director - podríamos decir - es un poco maniqueísta porque los buenos son más lindos, los malos son más feos, el autor es super buen mozo, el otro es un gordo horroroso... No lo hace con el personaje de Christa María, que no es tan lindo, que además se le ven los golpes - tiene moretones -.

Nilda Hermann
Quería sumarme al agradecimiento explícito respecto de los trabajos de cada una y a cómo retomaron el debate de la clase anterior. En ese sentido me parece que Pablo Russo introdujo algo bastante polémico como lo es el suicidio y a mí me recordó algo que Raquel nombró rápidamente como es la película El paraíso ahora; lo que pensaba todo el tiempo mientras nombraban tantos hombres, es que no hay ese relato en este momento, es decir no hay el “hombre inudimiensional”, ni el “hombre bueno”, sino que más bien esta esto que decía Lacan de cuando empiezan los derechos se termina eso que había “detrás de” y me parece que eso es lo que a mí me evocaba esta cuestión que Pablo decía del suicidio, es decir ya no hay ese rasgo respecto del hombre.
Además creo que es polémico porque me parece que hay suicidios, es diferente lo del El paraíso ahora - si uno lo toma como lo piensa Kojeve - “no importa nada” y en ese sentido si no hay rasgos del hombre es verdaderamente algo del orden del suicidio...

Mónica Torres
¡Sí! Es como el suicidio de los jóvenes japoneses por el efecto Otaku, ¡ese es el suicidio actual! Porque el héroe de Los justos - el poeta -, es también un suicida y sería como el terrorista que se detona, incluso es un poco peor porque está dispuesto a soportar el cadalso...

Verónica Biaggio
Les agradezco los trabajos, a mí la película me generó dos posiciones bastantes opuestas: la primera vez que la vi a mitad de la película me quería ir y la segunda vez intente ponerle a eso un cierto timón. Me quería ir porque ya no podía ubicar el bando de los buenos y los malos, ese movimiento en la película no lo percibí...

Mónica Torres
En realidad no pudiste soportar que justamente eso no había...

Verónica Biaggio
¡Claro! Eso me confundió al punto de no saber donde estaba... Mi pregunta a la mesa es: creo que no he escuchado en los trabajos la palabra “vergüenza” excepto en lo que contó Mónica de esa chica de 17 años alemana al izar la bandera de su país, entonces me preguntaba si uno puede buscar las consecuencias para cada uno de esos personajes en cómo alguno de ellos - si les parece que sí – surge la vergüenza.
Respecto del capitán no logro poder captar cuál es el cambio de posición verdadera, me parece que hay algo en la mirada diferente... me preguntaba ¿qué lo captura para ir a meterse en la vida de esa pareja, en la vida de esa mujer? Lo ubico en dos momentos: él mirando con los prismáticos y la frase de Raquel “la proximidad física de la víctima, impide el acto”, donde ponía cómo ejemplo la mirada; me parece que puedo engancharlo con esa escena de la película...
A mi no me queda claro que el capitán quiera investigar esto por la causa socialista, hay algo que lo captura a él y creo que hay algo de la mirada hacia el final cuando él recibe esa carta en forma de libro que podría decir: “algo lo modifico” ¡No más que eso!
Me parece un abandonado del ideal...

Mónica Torres
La primera que le dice al capitán que es un buen hombre es ella, es en la escena en el bar cuando el le dice: “usted se debe a su público” y ella le dice que el no sabe ¿quién es ella?, y él le dice que sabe que ella es muy verdadera cuando actúa - que es ella misma cuando actúa -, y cuando ella se levanta, le miente y le dice lo mismo que le había dicho al poeta: “me voy a ver a una amiga” es finalmente la intervención del capitán lo que impide que ella vaya ahí y lo que la conduce finalmente a la muerte... ella sabía que si no iba ahí se iba a morir. ¡Lo sabía desde el principio!
Entonces cuando él le dice las mismas palabras que le había dicho el otro: “usted no tiene necesidad de eso, el público la quiere, usted tiene talento”, ella le dice: “usted es un buen hombre”... es la primera vez que aparece la palabra y viene de ella, o sea que eso es importante.
Porque uno se pregunta ¿qué es un hombre bueno para el psicoanálisis? Nosotras sabemos que no podemos hablar del bien para el psicoanálisis, pero no sé si realmente no podemos, porque uno dice “es un buen hombre” y eso tiene cierta importancia subjetiva para cada uno y cuando uno dice eso ¿por qué lo dice? A mi gusto lo dice por eso, porque hay una coincidencia en la ética... Cuando uno dice de otro “es una buena persona”. Es porque uno encuentra que coincide con la ética de esa persona y no es poco cuando uno dice de alguien: “es una buena persona”... ¡se perdonan muchas cosas por eso!

Gerardo Geuman
Me gustó mucho la mesa y les agradezco mucho... yo quería hacer un comentario respecto de la palabra “vergüenza”, que ya se ha nombrado aquí, cuando le hice una vez un comentario a Mónica sobre que esta película les había salido del alma y lo digo porque en cierto modo, a mí me había parecido cuando la vi que la Stasi era una continuidad de la policía política de Hittler y que de alguna manera – aunque fueran socialistas no importa – parecieran que hubieran continuado con una forma de ser que no podían evitar, que no podían dejar... Pero esto tiene un más allá, cuando vos contás este ejemplo de la chica de 17 años que no puede ver izar la bandera alemana con orgullo, a mi me da la impresión que les va a llevar muchos años a los alemanes - en términos generales -, porque uno ve cada vez más películas que intentan de algún modo transmitir eso que les pasó de alguna u otra manera, por ejemplo: La caída, Operación Malquidea, Stalingrado, donde de alguna manera se vierte la versión alemana de lo que pasó y se intenta cierta cosa reparadora pero que es muy lenta...

Mónica Torres
A mí no me gusta decir “los alemanes” en plural porque eso es lo que justamente me parece, es el problema...

Raquel Vargas
Sobre el tema de la vergüenza, ¡no vendría mal un poco de vergüenza para izar nuestra bandera! Porque hasta ahora todavía tenemos en las primeras planas los debates sobre los indultos, o sea que hay ahí un punto que tampoco nos es ajeno respecto de la historia del terrorismo de estado y la verdad es que aún no esta resuelto... por ahí tenemos una mayor desvergüenza que el pueblo alemán ¡ no sabemos con exactitud si “los alemanes”, “los argentinos” se puede hacer! El universal del que hablaba Mónica, las últimas elecciones muestran que se complica un poco.

Mónica Torres
¡Ese era el tema que yo no quería tocar! Las elecciones aquí...

Alejandra Antuña
A mí cuando vi la película pensé instantáneamente en un contrapunto que sería otra película: Babel. Porque me parecía interesante poder pensar la cuestión del lazo social en las dos películas, yo no creo que la lectura de un buen libro cambie la vida de alguien pero me parece que a veces ayuda y lo que muestra para mí La vida de los otros, es eso... en Babel son historias paralelas que se entrelazan entre sí por un arma.
A mí se me armó la pregunta ¿qué del otro puede cambiar algo de la vida de uno? Y me parece que tiene que ver también con la posición ética, por ahí en el fondo la pregunta ¿qué es un hombre bueno? Y la pregunta ¿qué del otro puede cambiar algo de la vida de uno? Es la misma pregunta...

Mónica Torres
A mí me pareció muy buena la pregunta de Verónica Biaggio sobre la vergüenza porque la vergüenza indica el fantasma ya los psicoanalistas nos interesa y vivimos en tiempos de la desvergüenza, de la cual se han ocupado especialmente Miller y Laurent en El desencanto del psicoanálisis y yo también he escrito sobre ello en alguna Enlaces... Yo creo que los tres personajes de la película tienen vergüenza, eso es lo que precisamente me hace pensar que no son canallas, porque los canallas no suelen tener vergüenza. Estos tres personajes tienen vergüenza: ella tiene vergüenza, ella muere de vergüenza y el capitán también, tiene tanta vergüenza como para perder toda su carrera política...
Y tengo que decir otra pequeña diferencia entre el Comunismo - con el cual tampoco acuerdo - y el Genocidio Nazi; no son los mismos métodos de tortura, hay crueldad pero no es la misma, ni la de los nuestros tampoco... no es el tipo de tortura que hacían los nazis vean la película El buen alemán, la tortura de los nazis no se pueden ni evocar, tampoco son como las que ocurrieron en nuestro país, hay un cierto límite una tortura más bien psicológica, el famoso “lavado de cerebro”.
Pero lo peor de todo, lo que a mí más me complica es que cuando calló ese mundo quedamos en manos del “buen pastor” y eso es El buen pastor y Babel ¡eso es nuestro mundo actual!, El buen pastor para quien la CIA es Dios, EE UU es Dios - se hace lo que dice EE UU -, todas las guerras las decide EE UU... Eso es un tema para mí, nosotros nos enfrentamos al mundo del Uno que lo dirige todo y esto es de un narcisismo terrible, hasta los ingleses obedecen al “buen pastor” les cueste lo que les cueste.

Raquel Vargas
Lacan en El Seminario 7 dice que se trata de comer el libro, que el libro tiene que ver con la incorporación y es justo lo que traía Alejandra Antuña respecto de ¿Cuál es la modificación que se puede hacer por la lectura de un libro? Y él en este seminario habla de “comer” el libro y de la dimensión de la incorporación, que no es lo mismo la incorporación de un objeto que la lectura, pueden haber lecturas desapasionadas sin la incorporación y sin la dimensión del objeto presente en la lectura.

Mónica Torres
¡Sí! Además nosotros vivimos un mundo donde no sabemos si el libro va a sobrevivir, o sea que lo único que no nos puede aplastar es la biblioteca.
Este es el tono de Enlaces...

(Aplausos)


Bibliografía utilizada
Camus, Albert. El primer hombre. Tusquets Editores. México, 1994.
Camus, Albert. Los Justos. Editorial Losada. Buenos Aires, 2005.
Ingenieros, José. El hombre mediocre. Editorial Losada. Buenos Aires, 1997.
Lottman, Herbet R. Albert Camus. Editorial Taurus. Madrid, 1994.
Marcuse, Herbert. El hombre unidimensional. Editorial Ariel. Barcelona, 2005.
Miller, Jacques-Alain. Le Neveu de Lacan. Editorial Verdier. París, 2003.
Miller, Jacques-Alain. Un comienzo en la vida. De Sartre a Lacan. Editorial Síntesis. Madrid, 2003.
Miller, Jacques-Alain. Cartas a la opinión ilustrada. Editorial Paidós. París, 2002.
Nussbaum, Martha C. El ocultamiento de lo humano. Editorial Katz. Buenos Aires, 2006.
Onfray, Michel. Política del rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión. Editorial Perfil Libros. Buenos Aires, 1997.

Películas
El buen pastor. Director: Robert DeNiro
El buen alemán. Director: Steven Soderberg

Desgrabación: Valeria A. Pastorella



Donaciones a Biblioteca EOL Rosario
1- Revista Lacaniana Nº 5/6 Silicet Los nombres del padre. Varios autores.
2- Coloquio Seminario sobre el Seminario XXIII de J. Lacan. Varios autores.
3- Fundamentos de la clínica analítica. Autor Germán García.
4- Más allá de la neutralidad analítica. Varios autores.
5- Incidencias memorables en la cura analítica. Varios autores.
6- Patologías de la identificación. Varios autores.
7- El pase. Una experiencia de Escuela. Autor Fabián Naparstek.
8- El Caldero de la Escuela. Nueva Serie Nº 2. Varios autores.


AGENDA

Viernes 7 de Septiembre, 20.30 hs
Noches de Biblioteca
“El reverso de la vida contemporánea. Lecturas con orientación lacaniana”.
Acerca de los "Siete Locos" de Roberto Arlt
Por Jorge D´Angelo

A partir de intentar aplicar el arte al psicoanálisis y tomando el texto citado de Roberto Arlt nos vimos llevados a plantear si la narración, si la ficción novelada podría aportar a la práctica analítica.
Esta hipótesis está basada e n la lectura de textos de J. Lacan, J.-A. Miller y Antonio Di Ciaccia publicados en el Número 25 de Colofón sobre "Psicoanálisis y Poesía".
Además tomamos algunos aportes de la crítica literaria acerca de la obra del escritor argentino Juan José Saer que escribió, en el "Concepto de ficción", libro de su autoría, lo siguiente: "La escritura impone una realidad y no a la inversa, porque la realidad, al ser esencialmente inestable, solo puede ser apresada a través de la escritura".
Y agrega: "Narrar no consiste en copiar lo real, sino en invertarlo, en construir imágenes históricamente verosímiles de ese material privado de signo que, gracias a su transformación por medio de la construcción narrativa, podrá al fin, incorporado en una coherencia nueva, coloridamente, significar".
J. Lacan escribe: "¿Inspirarse, acaso, en algo del orden de la poesía para intervenir en tanto que Psicoanalista?" en "Hacia un significante nuevo" 17/4/77 en la citada publicación "Colofón" N° 28.
Poner en tensión éstas dos afirmaciones de Saer y de J. Lacan tal vez y solo, tal vez, nos permita plantear algunas de las cuestiones de lo real en nuestra práctica.


Presentación del “Seminario 23” de Jacques Lacan
Noche de Biblioteca del 21 de septiembre de 2007
Por Raúl Vera Barros

El establecimiento por Jacques-Alain Miller del texto del Seminario 23, “El Sinthome” lo presenta resguardando su propia multiplicidad de lecturas. El lector atento agradece poder saltar ágilmente de las clases mismas a la ponencia de Jacques Aubert sobre Joyce, a la conferencia de Lacan “Joyce el Síntoma”, al índice de nombres propios que permite orientarse respecto de los autores citados en las clases, y por supuesto, a las notas de pie de página.
Pero la sorpresa mayor la deparan las “Notas Paso a Paso”, con las cuales la erudición y precisa claridad de Jacques-Alain Miller indica sorprendentes caminos a seguir.
Desde las referencias bíblicas con las que Joyce comienza Finnegans Wake hasta las resonancias de este título mismo, como un despertar final.
Desde la primera mención por Lacan del nudo borromeo hasta las aventuras lacanianas junto a Pierre Soury y Michel Thomé y su destino posterior.
Desde cierta anécdota de Lacan con un alumno, que da una inesperada iluminación a la frase “ayuda contra”, hasta los encuentros y desencuentros de Lacan con el pensamiento de Picasso, Chomsky, Derrida, Einstein y hasta Lenin.


Viernes 12 de Octubre, 20.30 hs
Noches de Biblioteca
“El reverso de la vida contemporánea. Lecturas con orientación lacaniana”.
Responsables: Rolando Gianzone y Daniel Senderey.
La posibilidad de la filosofía como ciencia
Por Ernesto Gangli

En 1756, Kant leyó a Hume en una traducción alemana, y en cuanto comprobó el significado del escepticismo de Hume, su propia fe en la validez del conocimiento metafísico sufrió una violenta sacudida. “David Hume –escribiría años mas tarde en sus Prolegómenos—me despertó de mi sueño dogmático”. Las observaciones críticas del inglés al principio de causalidad, llevaron a Kant a la conclusión que la metafísica estaba muerta. “Nuestra época es la época de la crítica, a la que todo tiene que someterse”. Lo que Kant había descubierto en el análisis de la causalidad de Hume era la irreductibilidad de las relaciones causales actualmente dadas. Generalizando la observación del inglés sobre el principio de causalidad, llegó a la conclusión de que el conocimiento científico sería imposible, a menos que se tuviese en cuenta que estos principios no derivados de la experiencia, sino originados en el puro entendimiento. Se trata en consecuencia de hacer pasar de “experiencia” a “condiciones intelectuales” de experiencia. Con esto lograba un triple resultado: librar a la ciencia del escepticismo; en segundo lugar, quitar a la metafísica sus pretensiones al título de conocimiento objetivo; en tercer lugar, aclarar por que la metafísica, aunque no pase de ser una ilusión, es inevitable.


Jueves 18 de Octubre, 20.00 hs.
Noche de Biblioteca EOL Rosario
Cine – Debate / “El tiempo”
Dirigida por Kim Ki-duk

Presenta: Maria del Carmen Arias
Invitadas: Susana Colabianchi y Virginia Thedy.

Ficha Artística
Escrita y dirigida por: Kim Ki-duk
Protagonizada por: Sung Hyun-ah and Ha Jung-woo
Productor: Kim Ki-duk
Director de Fotografía: Sung Jong-moo
Producción de Sonido: Jeung Hyun-soo
Música: Noh Hyung-woo
Dirección de arte: Choi Keun-woo
Edición: Kim Ki-duk
Vestuario: Lee Dah-yeon (Style-Di)
Maquillaje: Jang Jin (Producción de máscara y maquillaje)


Ficha Técnica
Título original: Time
Género: Drama/ Romance
Duración: 97 minutos
Año: 2006
Idioma: Coreano
País de origen: Corea del Sur/ Japón
SINOPSIS
En manos del destino y del amor
Pincelada tras pincelada, el coreano Kim Ki-duk va creando con cada película un universo propio de poesía y contemplación, donde mira en silencio al alma de sus personajes para mostrarnos su desconcierto vital ante los misterios del amor y de un destino que impone la renuncia y el sacrificio. Cine de amor y dolor interiores recogidos, de manera contenida y desgarrada a la vez, con un precioso envoltorio visual para abordar sugerentes e inquietantes historias, con dramas de enorme fuerza pasional que acaba siendo amortiguada y enfriada por una puesta en escena esteticista y metafórica.


STAFF
Responsable de la publicación
María del Carmen Arias

Comisión
María Marciani
Liliana Bernacchia
Adrián Secondo
Susana Colabianchi

Diseño gráfico
Walter Leone
[1] J.-A.Miller, Cartas a la opinión ilustrada, ed. Eolia, Bs. As. 2001, pág.14.
[2] J.Ingenieros, El hombre mediocre, Losada, Bs. As. 2003, pág. 9.
[3] Op.cit.pág.17.
[4] A.Camus, Los justos, Losada, Bs.As., 1960, pág. 15.
[5] Ibidem, pág.11
[6] Ibidem, pág. 25.
[7] Ibidem, pag.26-27
[8] ibidem, pág 34.
[9] J.-A.Miller, op.cit. pág. 19.
[10] J.A.Miller, Teoría de Turín, La Carta de la Escuela en movimiento, Nro.112, mayo 2002, pág.4.
[11] J. Lacan, Escritos 2, pág. 837.
[12] Lacan J., El seminario, Libro VII, La Etica del psicaonálisis, Paidós, Bs.As. 1986, pág.370
[13] E.Laurent, El mal, conferencia inédita, año 2001
[14] Thomas Mann, La montaña mágica, novela edhasa, , Bs.As. 2006, pág. 930.
[15] Ibedem, pág 922.
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