12 de janeiro de 2015

El retorno de la blasfemia - The return of blasphemy, por Jacques-Alain Miller

 
El retorno de la blasfemia, por Jacques-Alain Miller 
 
Dicen: "Son unos bárbaros”. Sin duda. Sin embargo ese terrorismo no es ciego en absoluto, tiene los ojos abiertos, está dirigido. No es mudo. Grita: “¡Hemos vengado al profeta Mahoma!”.

A fines del siglo pasado imaginaban que nociones como blasfemia, sacrilegio, profanación, no eran más que vestigios de un tiempo pasado. Nada de eso. Debemos constatar que la era de la ciencia no hizo desvanecer el sentido de lo sagrado; que lo sagrado no es un arcaísmo. Sin duda no es nada real. Es un hecho de discurso, una ficción, pero una que hace que se mantengan unidos los signos de una comunidad, la piedra angular de su orden simbólico. Lo sagrado exige reverencia y respeto. A falta de lo cual se produce el caos. En su momento Sócrates fue invitado a beber la cicuta. En ninguna parte, nunca, desde que hay hombres y estos hablan, fue lícito decir todo.

Excepto en el psicoanálisis, experiencia muy especial, explosiva, que está solo en sus comienzos. Excepto en Estados Unidos, pero la libertad de palabra garantizada por la Constitución se encuentra limitada por un sentimiento muy particular de decencia. Es así que la gran mayoría de la prensa se abstiene de reproducir las caricaturas de Mahoma por consideración al “gran sufrimiento” de los musulmanes. El mismo principio que para lo “políticamente correcto”. El afecto doloroso señala que la libido está ahí en juego. Si lo sagrado no es real, el goce que se condensa en ello sí lo es. Lo sagrado moviliza éxtasis y furores. Se mata y se muere por ello. Un psicoanalista sabe a lo que se expone cuando cosquillea en el otro “lo imposible de soportar” (Lacan). Por eso Baudelaire cita a Bossuet, “El Sabio solo ríe temblando”, y asigna a lo cómico un origen diabólico. Ahora bien, ¿qué otra cosa sino la risa fue el principal operador de las Luces? Maistre habla del “rictus” de Voltaire, Musset de su “repugnante sonrisa”. Las doctrinas de la tradición no fueron refutadas, señala Leo Strauss, sino expulsadas por la risa.
 
Charlie Hebdo era entre nosotros como el testimonio de esta irrisión fundadora. Cabu, Charb, Tignoux, Wolinsky, no estaban destinados a ser de la partida del caballero de La Barre. Desde 1825, nadie trató entre nosotros de restaurar una ley sobre la blasfemia. ¿Cómo es que llegaron a morir como mártires de la libertad de prensa? Es porque universos de discurso separados y estancos hace tiempo, de ahora en más se comunican. Incluso están imbricados, mientras que lo sagrado de uno y lo “nada sagrado” del otro están en las antípodas. A excepción de rebobinar el film de los tiempos modernos deportando a todas partes a los extranjeros, la cuestión –cuestión de vida o muerte– será saber si el gusto por la risa, el derecho a ridiculizar, la irrespetuosidad iconoclasta, son tan esenciales a nuestro modo de gozar como lo es la sumisión al Uno en la tradición islámica.

En cuanto al debate jurídico, es complejo, y ocupa ahora al conjunto de las democracias occidentales (ver sobre este tema el compendio publicado hace tres meses por la Universidad de California, Profano: Sacrilegious Expression in a Multicultural Word). Todos los años desde 1999, se negocia en la ONU sobre el tema, con la iniciativa de la Organización de la Cooperación islámica. En Alemania, en Austria, en Irlanda, hay leyes que proscriben atentar contra lo sagrado. El Reino Unido esperó hasta el 2008 para dejar de proteger a la Iglesia anglicana de la blasfemia. Francia se distingue por el rigor de su doctrina laica. ¿Por cuánto tiempo más? Esto no está escrito. “¡Hey Francia! Tu café se las pica”.1 ¿Qué es lo que verdaderamente quieres más? ¿Conflicto o compromiso?

Escrito el jueves 8 de enero de 2015, enviado a la redacción de Le Point a las 11 hs.; publicado en el número especial el sábado 10 de enero

Traducción: Silvia Baudini
from eol-postal

1 Nota de traducción: se trata de una anéctoda maliciosa que retoma la expresión vulgar atribuida a Mme. du Barry a Luis XV, el 20 de marzo de 1773, aludiendo a la debilidad de rey y tomando su gusto por preparar él mismo el café; entretenido con ella en sus habitaciones el café se derrama. Al día siguiente toda la corte retoma la frase.
 
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The return of blasphemy, by Jacques-Alain Miller
 
You say: 'they are barbarians,' without doubt. However, the actual terrorism is not blind, its eyes are open, it is targeted. Neither it is mute. It shouts: You have avenged the prophet Mohammed! '
 
You imagined at the end of the last century that concepts such as blasphemy, le sacrilege, la profanation, were but vestiges of the past. It is not nothing. You want to make sure that the age of science has not made the sacred disappear: that the sacred is not an archaism. Indeed it is nothing of the real. It is a fact of speech, a fiction, but the one that makes hold together the signs of a community, the cornerstone of its symbolic order. The sacred requires reverence and respect. Otherwise it is chaos. Then Socrates is invited to drink hemlock. Nowhere, never, ever since there are men and that they speak, it has been licit to say it all.
 
Except in psychoanalysis, a very special experience, explosive, which is only at its start. Except in the United States, but freedom of speech guaranteed by the Constitution is bounded by a particular sense of decency. That is how the vast majority of the press abstains from reproducing Mohammed cartoons, out of respect for the 'great suffering' of muslims. Same principle for the ' politically correct '. The painful affect points out that the libido is at stake here. If the sacred is not real, the jouissance that gets condensed, itself, is. The sacred mobilizes ecstasies and wrath. You kill and you die for him. A psychoanalyst knows what is at stake when you awaken in others the 'impossible - to - bear' (Lacan). That is why Baudelaire quotes Bossuet, 'The Sage only laughs while trembling,' and assigns the comic a diabolic origin. Or, which was the largest operator of Light, but laugh? Maistre speaks of the 'rictus' of Voltaire, Musset of his ' hideous smile '. The doctrines of the tradition were not refuted, note Leo Strauss, but hunted by the laughter. 
 
Charlie Hebdo was among us like the butte-witness to this founding derision. Cabu, Charb, Tignou, Wolinski, were not promised to part with the knight of the Bar. Since 1825, no one among us has ever attempted to restore a law on blasphemy. How that they come to perish as martyrs for the freedom of the press? It is that universes of speech once separated and sealed, now communicate. They are even intertwined, so that the sacred of one and the 'nothing sacred' are antipodes. Except to rewind the film of modern times in deporting aliens everywhere, the subject - matter of life or death - will be whether the taste of laughter, the right to make a fool of., the disrespect iconoclast, are also key to our way to enjoy that is the submission to the One in islamic tradition.

As to the legal debate, it is complex, and now comprises the ensemble of western democracies (see In this regard the somme published three months ago by the University of California, Profane: Sacrilegious Expression in a Multicultural World). Every year since 1999, we are negotiating at the united nations on the subject, after the initiative of the Organization of the Islamic Cooperation in Germany, in Austria, in Ireland, laws prohibit the violations of the sacred. The united kingdom waited for 2008 to stop protecting the anglican church of blasphemy. France is distinguished by the rigor of its laic doctrine. For how long? This is not written. Hey, France! Your coffee fout le camp. What do you want for the most? Conflict or compromises?
 
Traduction from lacan dot com

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