31 de julio de 2015

Declaración del Observatorio Psi de la ELP Las paradojas de los protocolos asistenciales para el TDAH.




20 de julio de 2015.

La protocolización de la atención clínica en la salud mental deriva, en nuestro país, de la puesta en marcha hace unos años de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud (ESM-SNS). Estrategia de ámbito nacional que se implementa en las distintas CCAA de acuerdo a normativas y proyectos específicos.

En 2010 el Ministerio de Sanidad y Política Social  publicó la Guía de Práctica Clínica (GPC) sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en niños y adolescentes. Desde entonces han ido apareciendo documentos autonómicos con una estructura similar. Esta GPC ha iniciado un proceso de actualización, dentro del marco de las Guías salud (GPC) del SNS. 

El proceso mismo de elaboración de estos documentos incluye ya un primer  sesgo al dejar de lado todas aquellas orientaciones discrepantes con el modelo dominante aunque en algunos casos se invite a asociaciones y profesionales diversos, cuyas opiniones escasamente son tomadas en cuenta. Es asimismo sorprendente la ausencia de algunas referencias bibliográficas relevantes.

En el análisis de estas guías y protocolos constatamos una serie de paradojas destacables. Una se refiere a la contradicción entre dos afirmaciones contenidas en esta GPC. Por un lado se afirma que "el diagnóstico del TDAH sigue siendo clínico, no disponiendo en la actualidad, de ninguna prueba con suficiente especificad y sensibilidad para su diagnóstico" y a renglón seguido se manifiesta, sin pudor alguno, que "estamos ante un Trastorno consolidado, basado en rigurosos criterios diagnósticos y con una robusta evidencia detrás."

Sobre la etiología y siguiendo la estela del DSM5 se da por sentado "el carácter crónico, arraigado en el neurodesarrollo, del TDAH" y el hecho de que "su carácter de trastorno del neurodesarrollo y la afectación de múltiples aspectos de la vida del paciente, determinan su frecuente persistencia en la vida adulta" cuando la tasa de prevalencia adulta es de 3,4%. Se afirma además, sin evidencia alguna, que esta persistencia del trastorno en adultos es de un 50% respecto a la infancia construyendo así el paradigma de la cronicidad.

Por lo que hace al supuesto infradiagnóstico se dice que "La prevalencia acumulada total de TDAH se estima en un 6,4% " y que "..., actualmente se está diagnosticando y tratando menos de lo esperado por la prevalencia real" obviando que hay dispositivos públicos de salud mental con más de un 50% de sus pacientes diagnosticados de TDAH y un porcentaje importante de niños diagnosticados en la consulta privada, e incluso niños medicados con psicoestimulantes sin diagnóstico de TDAH.

Las propuestas de intervención abogan por el tratamiento multimodal si bien luego se restringen a la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y a los fármacos, prestando poco atención a las estrategias educativas y a otras intervenciones clínicas.

Estas paradojas adquieren significación si tomamos en cuenta la “lógica del escultor” que subyace. Se trata aquí de acciones parciales, centradas en la implementación de guías y protocolos sobre temas específicos (Autismo, TDAH,..), que van dando forma a normativas, de manera discreta y sectaria, sin que se tome consciencia del resultado hasta que se desvela finalmente “la obra”. Estas normativas producen una exclusión del psicoanálisis de facto de manera discreta pero persistente por vías diversas: ignorando la formación, condicionando los conciertos asistenciales y las acreditaciones profesionales e imponiendo la vía única, disfrazada de consenso inter pares.

Por todo ello consideramos que estos protocolos, los existentes y sus próximas actualizaciones (siguiendo a tenor de los borradores la misma orientación), merecen una descalificación general por su carácter parcial, poco riguroso y poco adecuado a una sociedad democrática donde la pluralidad debiera ser un valor a respetar estrictamente por parte de los gobernantes. Y más en un tema sensible en el que el propio Ministerio, en su Guía, admite la diversidad de opiniones y la ausencia de evidencias y criterios fuertes. 

Constatamos además cómo muchos padres agradecen una visión menos determinista, sesgada y catastrofista sobre el malestar de sus hijos. Una visión que tenga en cuenta la singularidad de cada sujeto.

30 de julio de 2015

Boletín Latigazo Nº 8. Editorial, por Raquel Cors Ulloa



 Queridos lectores del Boletín Latigazo, para este 8º número abordamos un nuevo viaje, un trayecto, un recorrido, esta vez por Berlín. Es así que damos continuidad a la serie inaugurada por Amsterdam, para dar a conocer la “vida” del psicoanálisis en lugares donde no hay Escuela. Latigazo se propuso abrir una línea, un tramo, un lazo con nuestros colegas residentes en distintas partes del mundo donde llegan los chasquidos de la orientación lacaniana.

Claudio Steinmeyer, miembro de LATIGO en Berlín, toma el sesgo desde una ciudad cargada de significación histórica para el psicoanálisis, por Berlín circularon una serie de nombres propios y las marcas de sus pasos, que -como bien describe Claudio- a veces resbalaron; sin embargo el aporte de contenidos teóricos, institucionales, religiosos y políticos, continúan hoy resonando para nuestra lectura y posición por la acción lacaniana. El texto de Steinmeyer transmite sobre las maniobras, que a veces hay que hacer ante un resbalón! Cuando por ejemplo alguien “se resbala en la escalera recién encerada en vísperas de una importante cita, probablemente inicie una demanda a la administración del edificio, en vez de plantearse una pregunta que lo lleve a un análisis”. La propuesta de Claudio, va por la pregunta y lo hace a través de “la cosa berlinesa”, que pinta una eficaz receta por la transmisión del psicoanálisis.

Perla Drechsler miembro de LATIGO en París, entrevista a Laura Sokolowsky y su libro “Freud y los berlineses. Del Congreso de Budapest al Instituto de Berlín, 1918-1933”. Se trata de una investigación apasionante, erudita e histórica sobre el movimiento psicoanalítico y algunas de sus consecuencias a la luz de nuestros días, cuando seguimos debatiendo sobre la formación analítica, sus bases, la terapéutica, la policlínica, el análisis profano y la institucionalización del psicoanálisis.

No siempre se logra una entrevista con cierta cercanía hacia el trabajo del entrevistado, en este caso Perla sustrae de la autora del libro que nos interesa comenzar a leer ya mismo, el trabajo de una psicoanalista que interpreta rigurosamente un periodo del movimiento analítico. Dicha investigación -según nos comenta Laura Sokolowsky- surge de su participación en el primer CPCT, creado por iniciativa de la ECF en París, nuestras diferencias respecto de la IPA francesa le plantearon un terra incógnita a explorar por el original instaurado por Freud y sus alumnos en Berlín. Gracias a esta entrevista compartimos desde Latigazo una primicia que generosamente Laura nos brinda, y es que su libro será traducido prontamente al español!

Mario Goldenberg, miembro de LATIGO en Buenos Aires, nos comenta su lectura sobre un uso posible del lugar de la víctima como suplencia para un sujeto desafectado del Nombre del Padre. Mario, aborda su texto por la vía de las víctimas, pero, agrega sutilmente un signo de interrogación y lo subraya sobre lo que nos incumbe desde el psicoanálisis, a saber la “impostura”. Para ello se basa en un caso público por demás interesante que bordea la estructural afinidad entre el yo y la vocación de víctima. El hilo de su texto se tensa sobre Mauthausen, un campo de concentración donde estuvieron como prisioneros republicanos españoles deportados a la Alemania nazi, y un recuerdo infantil, un: “no es mi hijo” presumiblemente pronunciado por la madre de Enric M. De ahí en más, la vía que contingentemente forja un ser, por qué no, un ser de impostor, que “se dió por vocación” de hacer  conocer a los demás, la verdad del horror de los campos de exterminio.

Los invito pues a pasar por este viaje de la mano de ¡Latigazo! 

 
VISITE NUESTRO SITIO http://www.latigolacaniano.com/español.html

Responsables: Raquel Cors Ulloa & Dalila Arpin

29 de julio de 2015

Report on the ICLO-NLS Seminar “The Knotting of Language and the Body in Adolescence” with Neus Carbonell, by Caroline Heanue


 Saturday 6th June 2015

It was to an unseasonably windy Saturday morning that the Special Interest Group of Child and Adolescent Lacanian Psychoanalysis (SIG)[1] of ICLO-NLS welcomed Neus Carbonell on this her second visit to Dublin at the invitation of the SIG. The event, which was open to the public and very well attended, was a continuation from last year which spoke to the title of “The Knotting of Language and the Body in Childhood."[2]

Joanne Conway welcomed Carbonell and situated the work of the SIG as we prepare to embark on our third year of working together. She spoke of Carbonell’s invaluable transmission last year and how it had informed the direction and the focus of the SIG. Conway proceeded to present some of the challenges specific to the construction of adolescence and the process of re-knotting the speaking body with the jouissance of the drives. Simultaneously, the adolescent experiences impasses and disorientations resulting from the changing symbolic order, the impact of which presents a different kind of teenage rebellion today. It is one which no longer or at the least, very rarely resembles yesteryear’s iconic semblant poster boys of Marlon Bando and James Dean.

Carbonell began by stating that the knot in childhood between language and body may be insufficient to hold in adolescence requiring the subject to retie this knot but under new conditions. These new conditions are the impact of the symbolic and the real of sexuality. The young subject must search for and find his own knowledge regarding the treatment of the real of sex but crucially, this is at a very particular moment. Adolescence as a construction requires the subject to ‘redo the threads of his past’ to become an adult but this is precisely where the difficulty and its precariousness lies because it is at this moment that the knot may be undone.

In following the path of Freud in how we can learn from poets, Carbonell made use of a reading of “The Young Man’s Song” by W.B. Yeats to serve as both a reference and illustration throughout the morning. For those unfamiliar with the poem, it is of a young man, but one old enough and he wonders if a young woman will love him – but there is nobody wise enough to tell him, so he must take a chance – by throwing a penney. This young man’s love and desire, doubts and anxiety are set against the absence of a knowledge of how to court this young woman. He can merely rely on the contingency of throwing a penney and leave it to chance. This beautiful scenario covers over his encounter with the real, a jouissance of which he has no way of dealing with. What he will make of this contingency will mark his life hereafter. It is exactly these contingent encounters in adolescence which are of extreme importance. Carbonell concluded this introduction by saying that this is what adolescence is about, no more or less than this.

Carbonell identified two characteristics of adolescence: the “awakening” and the “exile”. To elaborate on the “awakening” Carbonell referenced Frank Wedekind’s play “The Awakening of Spring”. The adolescent must awaken from those dreams of childhood and give up on the dream of marrying his mother. He cannot make use of the phallus unless first he renounces being it. He must find a way to turn the drive jouissance of childhood into a phallic jouissance and learn how to make do with his symptom of puberty. This symptomatic form is the only way of re-knotting the body and language. This is also the moment that the knot can become undone with serious consequences leading to passages to the act. He must find a way of dealing with these bodily changes which signal the entrance into the possibility of the real of procreation. He can no longer rely at the level of the signifier on the function of stereotypes which sufficed as a child. This passage from childhood to adolescence used to be frequently marked in the form of cultural rites. This is becoming less evidenced today and instead what our experience demonstrates is a prolonged and sustained period of adolescence. A clinical vignette pointed to such a marking of a prolonged adolescence whereby the subject’s symptom in response to his encounter with the real revolved around the impossibility of love and his subsequent refusal to consent to the possibility of rejection by the love object.

The second characteristic of adolescence is exile both from childhood and from language. This painful process of exile is absolutely necessary as it enacts separation and marks the passage from object of desire to subject of desire. In childhood the love object is present but in adolescence one must search for it elsewhere, without any know-how to accomplish it. An oft cited adolescent complaint of being misunderstood is placed in the other of adults. Carbonell stressed the importance for the analyst also to not appear to understand too much or too well and instead point towards the necessary process of lack and therefore desire. Feeling alone and different from the adolescent others needs to lead to new identifications with the forming of new communities and ties beyond the family. This new community of friends, who remain misunderstood by adults, enables a shift in position from one of exception to one amongst many.

Carbonell stressed that the treatment orientation of the adolescent clinic lies in Lacan’s Schema R regarding the tension between the ego ideal and ideal ego. The subject of the narcissistic image is drive jouissance, one which will ultimately lead to the death drive. It is therefore imperative not to reinforce the narcissistic image. The demand for enjoyment without limit makes confrontation with desire impossible. Contemporary society privileges consumerism which in turn encourages narcissism – the promise of enjoyment is not another subject through which one finds identification but a proliferation of objects. The drive satisfaction is not only authorised today but is ubiquitous and almost presented as mandatory which stymies the passage from childhood to adolescence. It is no longer Yeats’ contingency of throwing a penney in the face of not knowing when there was no-one wise enough. Now knowledge is eroticised with it firmly in ones’ pocket (or at the end of a couple of clicks on a keyboard) and not in the field of the Other.

The afternoon was a closed session with three clinical cases presented by Cecilia Saviotti, Stephen McCoy and Hugh Jaret. As a matter of pure contingency, each case provided an elaboration of key concepts worked on in the morning. The first case by Saviotti was of a little hysteria representing the particularity of feminine phobia. The desiring subject is awakening but experiencing difficulty in redoing the thread of history. McCoy presented a subject invaded by jouissance with little recourse to use language in defence of the real. The knotting of body and language is tenuous with little resources to find a place in the Other to which he could hold himself. The final case of the day by Jaret was of a subject who found a solution in the narcissistic image of a body that could not stop.

We would very much like to reiterate our appreciation to Neus Carbonell for her generous and continued contribution to members of ICLO-NLS and the SIG. Carbonell’s inimitable transmission of psychoanalysis is with a particular ease and grace which consents to a space of learning and after today, a renewed appreciation of Yeats!

[1] The Special Interest Group of Child and Adolescent Lacanian Psychoanalysis (SIG) is a group comprising  practitioners with backgrounds in psychoanalysis, clinical psychology, psychiatry and psychotherapy with a committed interest in therapeutic work with children and adolescents.

[2] This paper is published in the latest edition (Issue 10 May 2015) of Lacunae, the APPI (Association for Psychoanalysis and Psychotherapy in Ireland) International Journal for Lacanian Psychoanalysis.

28 de julio de 2015

¡¡¡Novedad!!! Letras Lacanianas Nº 10. Editorial, por Oscar Caneda*



Este número 10 marca el quinto año de andadura de Letras Lacanianas en el que se produce una nueva permutación en la dirección y se incorporan varios colegas a nuestro equipo editorial interesados en confrontarse con la experiencia de transmitir con la letra escrita.

En esta ocasión el eje fue nuestro próximo encuentro Pipol bajo el título Víctimas! con tres estupendas intervenciones aportadas por la sede de Madrid.

En nuestra habitual sección “Pase” hemos contado con tres testimonios de gran alcance epistémico. Uno de ellos con sus ‘Acrobacias’ apuntaba a algo del goce del cuerpo del que ahora puede hacer un nuevo uso, orientado a la causa analítica.

Otro plantea la hipótesis de que entre enunciación y feminización puede haber un lazo, y ese lazo se esclarece en parte en la enunciación que aparece en el pase.

El titulado “Teléfono” sitúa la cuestión del ‘no sé’. Un sueño que sitúa y transforma, entre la risa y la vergüenza, el ‘no sé’ inicial: -¿Quién era? -No sé, ¡nadie! Donde el sujeto quedó fijado a una ficción. Un ‘no sé’ que se declinó en un ‘no puedo’, o ‘no puedo acceder al saber’, y un sueño que desentraña algo en la última sesión respecto de la feminidad: ¡Ni ella, ni yo, y en ningún idioma!

En “Clínica” nos encontramos con el procedimiento fonológico que utiliza Louis Wolfson para defenderse imperiosamente de la  lengua materna, es decir, de una invasión de goce, que el sujeto neutraliza, modifica, anula, masacrando la lengua. En otro se trata de desentrañar un real que queda atrapado en la articulación de los tres registros: RSI. El último trata de articular la afirmación de Lacan “el psicoanálisis no es un sinthome, sí el psicoanalista”, entonces ¿Cuál sería la posición del analista en la clínica del sínthome?

En nuestra “Ciudad” aparecen un ramillete de artículos que están en la frontera conversando con lo contemporáneo, con la ciudad, con lo que sucede en nuestro entorno, y con el artista: la lujuria como una de las paradojas de la libertad sexual, lo sagrado a partir de Buñuel y como en otra época se las han arreglado para enfrentarse al odio, al racismo, y a la xenofobia. Asimismo, el afán científico contemporáneo de copiar la vida y la conciencia, de ahí la ilusión de una Ciencia Máxima, o como dice su autor, de un mosaico de disciplinas científicas completas. La clínica de lo trans nos sitúa como un interlocutor de hecho ante este fenómeno cada vez más evidente en nuestra época y que demanda una visibilidad desprejuiciada y una reflexión profunda desde el psicoanálisis, cuando se superponen erróneamente las fronteras entre la perversión y la psicosis. Los tres últimos se ocupan de dialogar con el artista, desde el dramaturgo, el cineasta o el poeta, llevándonos a aprender de ellos.

* Director de Letras Lacanianas

27 de julio de 2015

IXème colloque de la Société Bulgare de psychanalyse lacanienne et la Nouvelle Ecole Lacanienne (New Lacanian School NLS) , par Ralitca Stoyanova

Le colloque s’est déroulé le 15.05.2015 à la salle « Culture », dans la ville de Roussé, avec la participation de Dominique Holvoet, psychanalyste, membre de l’Ecole de la Cause Freudienne, de la NLS et de l’Association Mondiale de Psychanalyse, directeur de l’Institut médico-pédagogique « Courtil ». Véronique Robert, psychanalyste, membre de lEcole de la cause freudienne et directeur thérapeutique de lInstitut médico-pédagogique « Courtil » a été linvitée spéciale de ce colloque.  Elle a également été invitée à intervenir en tant que responsable du deuxième module de formation du laboratoire du CIEN « L’enfant et ses symptômes »  durant les deux jours qui ont suivi le colloque.

Le colloque était consacré à la thématique de l’autisme et au rôle du surmoi, au lien avec les objets et leur statut chez le sujet qui n’a pas de corps construit. La thématique était dépliée (développée) sur la base du livre d Eric Laurent « La bataille de l’autisme », qui s’appuie sur les bases théorétiques données par Lacan comme directions du travail avec des enfants autistes. La thèse fondamentale de Eric Laurent est que ce qui est spécifique pour lautisme, cest un retour de la jouissance « au bord », lexpression signifie également « fin » et « limite ».

Dominique Holvoet a proposé deux extraits du Séminaire I de Jacques Lacan à commenter. Dans ces extraits il est question du cas de Robert, nommé « l’enfant-loup », qui ne dit que deux mots : « madame », pour nommer tous ceux qui ont pris soins de lui à l’orphelinat et « loup » pour désigner tout le reste qui est pour lui la loi et représente sa construction du monde. Un enfant d’une institution, considéré comme autiste, qui court partout en criant « le loup, le loup !». Les deux extraits ont été commentés respectivement par Vessela Banova et Bistra Dancheva :

1.  «  Le surmoi est à la fois la loi et sa destruction. En cela, il est la parole même, le commandement de la loi, pour autant qu’il n’en reste plus que la racine. La loi se réduit toute entiere à quelque chose qu’on  ne peut même pas exprimer, comme le « Tu dois », qui est une parole, privée de tous ses sens. C’est dans ce sens  que le surmoi finit par s’identifier à ce qu’il y a seulement de plus ravageant, de plus fascinant, dans les expériences primitives du sujet. Il finit par s’identifier à ce que j’appelle la figure féroce, aux figures que nous pouvons lier aux traumatismes primitifs, quels qu’ils soient, que l’enfant a subis. » (p. 119  du Séminaire I « Les écrits techniques de Freud », Editions du Seuil, 1975).

2. « Le loup! »],c’est essentiellement la parole réduite à son trognon. Ce n’est ni lui, ni quelqu’un d’autre. Il est évidemment Le loup ! pour autant qu’il dit cette parole-là. Mais Le loup ! c’est n’importe quoi en tant que ça peut être nommé. Vous voyez l’état nodal de la parole. Le moi est ici complètement chaotique, la parole arrêtée. Mais c’est à partir de Le loup !,qu’ il pourra prendre sa place et se construire. » (p. 121 du Séminaire I « Les écrits techniques de Freud » Editions du Seuil, 1975).

 Dans son commentaire du cas du petit Robert, « lenfant-loup », Jacques Lacan souligne le caractère de commandement du surmoi. En identifiant le Surmoi dans le signifiant « le loup », que cet enfant narrête pas de répéter, Lacan souligne que cest ce signifiant lui-même qui est impératif : « la loi et en même temps sa destruction ». Lacan l’envisage comme lié à la question de la structure – le rapport qu’entretient Robert avec la langue, est réduit à la racine de la langue et c’est l’unique lien que ce petit enfant peut maintenir avec le monde. Cette racine s’est transformée en signifiant isolé S1, qui n’est pas connecté à d’autres signifiants et a la valeur de jouissance surmoïque. Il n’est pas l’effet de la civilisation, il est son empêchement, ce qui voudrait dire qu’il est le symptôme de cette civilisation et la nature de la tension, survenue chez le sujet.

Dans le Séminaire I, Jacques Lacan démontre que le surmoi a un lien avec la loi, quil identifie avec la langue – les lois de la langue et du discours que le Grand Autre lui propose. Lenfant rencontre dans le surmoi quelque chose qui est la manière dont il entend, sans en comprendre le sens. La langue, en tant quobjet symbolisé commence à fonctionner pour lenfant à temps, pour qu’elle soit incorporée. Ainsi la place du surmoi primitif est au niveau du nouage du corps vivant et de la langue.

C’est aussi dans le Séminaire I que Lacan parle du Stade du miroir, grâce auquel le Moi pourrait se construire. C’est un stade durant lequel l’enfant rentre dans le monde des objets et commence à reconnaitre son reflet dans le miroir. Chez l’enfant loup ce stade n’a pas eu lieu et c’est la raison pour laquelle il se vit lui-même de manière morcelée et tout est réel pour lui.  Lors du 8ème colloque de la Société Bulgare de psychanalyse lacanienne, Bernard Seynave indique que pour quun sujet puisse se construire un corps, il doit incorporer la langue cest la langue qui construit le bord, la frontière de ce corps. Ce bord et cette frontière sont une zone d’échange. Ce qui arrive pour le sujet autiste, c’est qu’il n’a pas de frontières, n’a pas de corps, n’a pas de limite.

Dominique Holvoet a souligné que lenfant-loup vit uniquement le réel, il se sert dun signifiant S1 en lui-même, qui remplit pour lui le rôle de protection du monde. Il nomme tout par ce signifiant. Dans son livre « La bataille de l’autisme », Eric Laurent commente cet extrait pour illustrer que Jacques Lacan différencie deux théories de la nomination – celle de l’ainsi nommé « principe de la non détermination de la traduction » : lorsqu’on nomme quelque chose, nous le définissons et ce que nous avons défini une fois, est ensuite découvert pour toute interprétation et  l’autre, la théorie de Lacan selon qui la nomination a valeur d’évènement, il y a quelque chose qui arrive au moment de la nomination. Lorsque l’enfant du cas commenté dans le Séminaire I utilise le signifiant « loup » pour la nomination, c’est comme s’il écrasait ce qui est nommé, de manière à ce qu’il n’entraine pas derrière lui d’autres signifiants.

Dominique Holvoet , en s’appuyant sur la cas de l’enfant-loup, a indiqué que le corps ne recouvre pas l’organisme et qu’on rencontre des objets qui ont le statut d’une partie du corps chez l’enfant autiste. Ces enfants s’intéressent souvent à tout type de trous et orifices/ fentes, qu’on peut envisager comme parties du corps de l’enfant. La fonction du symbolique consiste justement en cela : à « faire des trous ». Cest notamment parce que chez lenfant autiste il ny a pas cet usage du symbolique que surgit la nécessité de faire des trous dans le réel. Lenfant est entièrement envahi par une excitation dont il ne peut pas se soustraire. Lenfant doit trouver un remplaçant  à limage du corps, qui est absente chez lui, en « recousant » son espace subjectif ou bien à travers la rencontre dun « double ». La langue et la voix créent un évènement dans le corps, qui provoque à chaque fois une forme dautomutilation. Ils doivent être éteints parce que ils confrontent le sujet autiste à lambigüité de la langue, où un mot nous renvoie systématiquement à un autre.

Dans son livre « La bataille de l’autisme » Eric Laurent parle de la particularité de l’autisme par rapport à la paranoïa et la schizophrénie. Le champ des psychoses peut être envisagé non seulement à partir du mécanisme de forclusion du Nom du Père, c’est-à-dire un dommage irréversible du registre symbolique, mais aussi à partir de ce qu’on peut nommer comme retour de la jouissance. C’est un processus similaire entre l’autisme, la paranoïa et la schizophrénie, mais il existe une différence dans le mécanisme spécifique de retour de cette jouissance. En ce qui concerne la paranoïa, le retour de la jouissance arrive chez l’autre. C’est la raison pour laquelle le mauvais objet est toujours situé chez l’Autre. Dans la schizophrénie, la jouissance fait retour dans le corps propre du sujet, et le corps propre est le premier Autre du sujet. Et si dans la paranoïa et la schizophrénie il y a un mouvement d’investissement de la libido, dans l’autisme ce mouvement est absent. Dans l’autisme, le retour de la jouissance arrive à une frontière, à la « limite ».  Pour le sujet autiste, il n’y a pas d’Autre, qui soit séparé de lui et c’est la raison pour laquelle le mouvement d’investissement de l’Autre ne peut pas avoir lieu. Il n’y a pas non plus d’investissement du corps propre chez l’autiste parce qu’il n’a pas de corps, construit comme tel, il ne dispose pas de l’enveloppe de son corps et ne le reconnait pas dans le miroir. C’est la raison pour laquelle il doit s’inventer une « barrière » corporelle sécurisante dans laquelle il va être protégé de toute intrusion de l’Autre. C’est un corps dont tous les orifices sont bouchés, un corps sans trous. Dans le cas de l’enfant-loup il a été souligné qu’il ne peut pas y avoir de trou chez lui. La nécessité de trous est une forme de développement par rapport à cet état initial. Le trou est quelque chose qui nous permet d’avoir extérieur et intérieur et ce n’est qu’à ce moment-là que quelque chose peut être construit autour de son bord.

Eric Laurent, prenant appui sur les particularités de l’objet, propose une topologie spéciale de l’espace subjectif du sujet autiste. L’objet est défini comme ce qui est un reste du vivant, lorsque celui-ci n’est pas noué à la langue (l’objet petit a). Durant son développement, lors de la rencontre avec la langue, la perte de jouissance est ce qui  fait en sorte que l’enfant incorpore l’objet oral, l’objet anal, la voix et le regard, sur lesquels est basé le lien à l’autre. Le sujet autiste n’a incorporé aucun de ces objets, qui ont une valeur de réel dans son monde et sont ainsi vécus comme une intrusion vis-à-vis de lui. On observe alors un corps, qui ne fait que jouir et des objets, qui sont des parties du corps et, dans ce sens, sont très vivants