12 de novembro de 2018



Il corpo nella cura psicoanalitica



Paola Bolgiani





La psicoanalisi nasce, alla fine dell’Ottocento, a partire dalla sofferenza nel corpo portata dai soggetti isterici, sofferenza che rappresentava un enigma per la medicina dell’epoca.
Che farsene del proprio corpo in quanto sessuato, dal momento che i “discorsi stabiliti”[1]non sono sufficienti a rispondere a questa questione: ecco quello che i soggetti isterici, donne per lo più, mettono in rilievo in un’epoca in cui il discorso dominante prescriveva loro un indirizzo ben preciso. Sposarsi, essere fedeli al proprio marito, avere dei figli… le donne isteriche che mettono a soqquadro l’ambiente medico dell’epoca fanno obiezione in atto a tutto questo; prova ne è il fatto che il potere medico non ne riconosce lo statuto di sofferenza, tacciandole di simulazione, e gettando, come dice Freud, un “discredito che si estendeva tanto ai malati, quanto ai medici che se ne occupavano”.[2]
C’è voluta la posizione particolare di Freud, che rinuncia al potere medico che vuole avere la meglio sul sintomo nel corpo dell’isterico, in favore di un sapere che non è già lì, per mettersi all’ascolto di questi soggetti. Freud scopre così che il sintomo nel corpo è fatto di stoffa di linguaggio; scopre che va decifrato perché dischiuda il suo senso inconscio. E al contempo scopre che racchiude un di più, un soddisfacimento pulsionale che lo àncora, che rende arduo il lavoro di decifrazione e che allontana l’ideale di un completo riassorbimento del sintomo nel linguaggio.
Introducendo la triade Immaginario, Simbolico e Reale, Lacan ci ha permesso di leggere i fenomeni del corpo che incontriamo nella clinica consentendoci di ordinarli a partire da questa bussola. Come nello svolgersi della sua elaborazione, così nel corso di una cura analitica i tre registri in cui il corpo si declina vengono in rilievo, passando da una preminenza immaginaria e simbolica alla dimensione del corpo reale, pur essendo queste tre dimensioni articolate e presenti fin da subito, cosa di cui l’analista deve essere avvertito.
Nella sua elaborazione, Lacan ci spinge sempre più verso una dimensione del corpo che, al di là delle identificazioni immaginarie, al di là della cifratura simbolica, porta in primo piano il godimento, il corpo come ciò che fondamentalmente “si gode”.[3]
Oggi, quando i “discorsi stabiliti” sono sempre più labili, vediamo quanto sia prezioso per la nostra clinica l’apporto di Lacan e in modo particolare, del suo ultimo insegnamento.
In un’epoca in cui la realtà cosiddetta virtuale sembra rendere superfluo l’incontro dei corpi, incluso nelle relazioni di cura; in cui la scienza offre possibilità sempre più ampie e impensate di intervento diretto per modificare l’organismo e le sue funzioni; in cui il mercato offre quotidianamente e a domicilio oggetti sempre nuovi per godere del e nel corpo, ci interroghiamo su quale sia il posto del corpo nella pratica della psicoanalisi orientata da Freud e Lacan. La nostra contemporaneità mette infatti in rilievo come, non solo nelle psicosi, i soggetti siano confrontati alla necessità di trovare un uso al proprio corpo e ai suoi organi e come ciascun soggetto debba fare il proprio bricolage per annodare insieme corpo, linguaggio e godimento attraverso un sinthomo. A volte ciò si produce con l’ausilio e l’accompagnamento di un analista.
La Giornata Clinica Nazionale è dunque dedicata a discutere, a partire dall’esperienza di quattro casi clinici e della loro conduzione, sul posto che ha il corpo nella cura psicoanalitica, sulla declinazione del corpo nei registri immaginario, simbolico e reale e sul modo di trattamento che un analista ha messo in atto per favorire un annodamento a misura del parlessere particolare che incontra.

Paola Bolgiani

[1] J. Lacan, Lo stordito(1972), in Altri Scritti, Einaudi, Torino, 2013, p. 472.
[2] S. Freud, Charcot, Opere, Bollati Boringhieri, Torino, vol. 2, p. 112
[3] Cfr. J.-A. Miller, L’inconscio e il corpo parlante, in Scilicet. Il corpo parlante. La psicoanalisi nel XXI secolo, Alpes, Roma, 2016.



PERCHÉ UNA GIORNATA CLINICA NAZIONALE?
Perché discutere di casi clinici?
Perché, a fianco del controllo, che resta lo strumento fondamentale per mettere alla prova e verificare la posizione di chi conduce una cura, la messa in discussione pubblica del caso è lo strumento che abbiamo per mettere alla prova il nostro atto in quanto analisti.
Perché solo nella discussione con altri possiamo imparare e rettificare la nostra posizione.
Perché la clinica ci pone ogni volta questioni inedite su cui, insieme, possiamo avanzare a far avanzare la psicoanalisi.
Perché la psicoanalisi è una prassi che esiste solo nella misura in cui è viva nella pratica quotidiana, in una logica dell’après coup che è quella che guida l’etica della psicoanalisi.
Perché…

Paola Bolgiani

11 de novembro de 2018



Del dios padre freudiano a Ła mujer lacaniana

Noche Directorio EOL

Silvia Salman


"Esto está destinado a indicar el camino de un psicoanálisis propio de la época del permiso para gozar, de la época en que la prohibición ha perdido protagonismo...una época en la cual la grieta intrínseca del goce ya no se parapeta tras el padre...los psicoanalistas se horrorizaron ante lo que la experiencia psicoanalítica reflejaba de esa operación...que el parletre desprograma la relación sexual... Una vez superado el horror se abre al psicoanálisis un campo...la pasión por lo nuevo...significa que hay que soportar lo nuevo...los analistas de mañana no responderán a la norma de ninguna iglesia..."
(Miller, Un esfuerzo de poesía, pág.290)

Después del padre, el goce se escribe en femenino

La noche de hoy nos reúne alrededor de un párrafo extraído de la puntuación del último capítulo del curso de Miller “Un esfuerzo de poesía”. Ese capítulo se llama “Del padre a la mujer”. El “Del” sugiere sin duda un desplazamiento. Sin embargo, el título de la convocatoria que nos proponen contiene además otros términos (dios freudiano –para referirse al padre- y lacaniana –para referirse a la mujer-) y eso indica al menos para mí, un desplazamiento mayor.

En el fondo se trata del desplazamiento de Freud a Lacan. Es un hecho, en cuanto al padre, Lacan se desplazó de Freud. Y eso no llegó de la mano de su ultimísima enseñanza, ese cuestionamiento al padre está presente al menos desde el año 1963, el tiempo de su excomunión.

El anuncio del Seminario que no fue, “Los nombres del padre”, señala el pasaje de la religión (del padre) a la lógica (del discurso). Todo su Seminario 11, el que dictó en su lugar, está hecho para realizar una operación de extracción del deseo de Freud (deseo del padre) del psicoanálisis. Extraer el deseo de Freud, en la medida de lo posible, desemboca un tiempo después, en la escritura por parte de Lacan del discurso analítico. Eso que llamamos “discurso analítico” es el psicoanálisis más allá del Edipo, dicho de otro modo, el psicoanálisis menos el deseo de Freud[i].El deseo del analista al que podríamos connotar como el deseo de Lacan, se desprende de este desplazamiento.


“Es muy impactante ver en la obra de Freud el polimorfismo de lo que atañe a esa relación al padre”. Así comienza la “Nota sobre el padre” con la que Lacan interviene en octubre de 1968 (hace 50 años!) en respuesta al trabajo de Michel de Certau en el Congreso de Strasburgo. ¿Acaso no es también impactante ver en la enseñanza de Lacan, si no un polimorfismo al menos una diversidad en lo que atañe a la relación al padre?

Con esta pregunta  retomo la discusión de la noche de orientación lacaniana del mes de julio, para indicar que tal vez podríamos señalar también otro desplazamiento,esta vez de Lacan a Miller…lo retomo tal como lo mencioné en aquella ocasión: como un “Después del padre”.

“Después” es algo que ocurre con posterioridad, sea de lugar, sea de tiempo, o incluso de preferencia…en todo caso, “después” no es seguro que mantenga ninguna referencia con lo anterior, como sí lo indica la fórmula del más allá. De hecho, para referirse al más allá del padre Lacan advierte que es a condición de servirse de él o si quieren, no sin el padre. Pero después del padre introduce a mi entender algo nuevo, puede ser un nuevo orden (de hierro), puede ser un nuevo espacio (virtual) , o también un nuevo tiempo (continuo)…un “nuevo” cuyo alcance aún está por verse, tanto para el mundo contemporáneo como para lo que de ello atañe al psicoanálisis.

En todo caso, pienso que la operación que hace Miller sobre la ultimísima enseñanza de Lacan, va en esa dirección. Si tuviera que definirla, diría que esa operación consiste en pensar el goce sin el S1 que lo vuelve legible[ii]. Así, si Lacan extrajo el deseo de Freud para obtener un psicoanálisis sin el padre y de allí devienen Los Nombres del padre que son los S1 que vuelven legible el goce., Miller extrae el S1 para obtener un psicoanálisis que llegado el caso, pueda afrontar lo ilegible.


De la prohibición a la imposibilidad


Pero, el padre es un hueso duro de roer, cuando aceptamos que se vaya e incluso lo acompañamos hasta la puerta principal, resulta que lo hacemos entrar de nuevo por la ventana, y así no estamos tan seguros que el psicoanálisis quiera arreglárselas sin él. Pero, admitamos al menos que ya no podemos refugiarnos en tal o cual prohibición del goce por parte del padre. Admitamos que la pérdida de goce no es obra de ningún arrebato o robo paterno. Admitamos finalmente que el goce encuentra sus límites de manera natural[iii]Es precisamente porque Lacan pudo pasar más allá de la problemática de la interdicción, que pudo despejar el goce femenino como tal”[iv]. Es decir dejar de centrarlo en una función negativa (la del pennis-neid) y dejar también de pensarlo desde el lado masculino (según las fórmulas de la sexuación en el Seminario 20 Aún).
En el artículo “Breve introducción al más allá del Edipo”, Miller distingue el mito del padre del mito pulsional, y esa distinción permite captar a mi entender, ese goce que un psicoanálisis puede despejar si sobrepasa la idea de prohibición.

Los mitos freudianos del padre son cuentos para novelar la pérdida de goce. Hubo alguien que dijo de tu goce “eso es mío” y que te lo robó para no devolverlo más[v]. Es el odio neurótico al padre en la neurosis obsesiva o la querella interminable en la histeria.

Ahora bien, lo que Miller llama el mito pulsional es una variante del mito del padre, porque no cuenta sólo el robo de la libido sino que agrega un elemento fundamental que son las migraciones, es decir sus desplazamientos. La alegoría que Miller propone es: Una vez robada, usurpada, Libido no sucumbió en la prisión donde la tenía el padre…Libido no murió sino que se hizo nube, agua, manantial, torrente. Yo la vertía –dice el padre- en el tonel de las Danaides…Pero nosotros sabemos lo que él no sabía, esa no era una caja que pudiera retenerla…Padre no veía que Libido se iba y que en el desierto mil oasis florecían. Padre creyó ser enterrado junto a Libido. Y el sujeto le creyó…[vi]

Moraleja: Puede haber mito del asesinato del padre pero nunca habrá muerte del goce! El goce imposible de negativizar es un nombre posible para designar ese aspecto vivo del goce.

Cuando los analizantes nos hablan del padre o de la madre, o aún de la familia toda, leemos en estos temas que toman la vida por entero de un sujeto, un significante, una frase, un gesto, o una identificación a la que se encuentran atornillados. Allí no se trata de leer o interpretar la novela, sino de atrapar lo que de esa novela desfallece.

En la operación analítica esto significa separar el significante amo del plus de goce poniendo de relieve al segundo, es decir liberar los significantes amo y hacer consistir el plus de goce que es lo propio de cada uno. O dicho en términos de Lacan en su reseña del Seminario 19 …o peor:

Se trata en el psicoanálisis de elevar la impotencia (la que da la razón del fantasma) a la imposibilidad lógica (la que encarna lo real)[vii]

Despejar lo femenino  es -si puedo decir así-  despejar un campo donde  la representación falta para localizar el goce. Imposible de decir, también de nombrar y fundamentalmente de simbolizar, ese espacio que resiste a los modos de representación es la causa primera pero también la final de un análisis. Su presencia inaugural en la vida de un sujeto, los modos de interpretarlo y tratarlo y lo que al final se puede alcanzar de él transformado por el trabajo analítico haciéndolo escritura, es una de las grandes enseñanzas que nos dejan los testimonios de los AE.

Un psicoanálisis laico

Los psicoanalistas dicen “sí” a la feminidad.
Por ser producto de su formación, que es principalmente la de su propia experiencia de análisis, el psicoanalista se orienta hacia esa zona de la falta de representación y encuentra así  los modos de  acceso a ese goce que ya no desconoce ni se parapeta tras el padre.  Lo que no es posible sin haber reconocido un cierto número de imposibles en su devenir analítico.

Analizarse es entre otras cosas, darse el tiempo para hacer la experiencia de la inconsistencia del Otro, lo que implica formarse –si puedo decir así- al agujero. ¿Formarse en qué? En distinguir el atiborramiento, el taponamiento, el intervalo…a fin de percatarse de que aquí se plantea la cuestión de qué poner allí.[viii]


Sin embargo siempre está el riesgo de que el Psicoanálisis se convierta en una Iglesia guardiana de una ortodoxia[ix], incluso la ortodoxia de la mujer o de lo femenino…por ello conviene interrogarse cada vez, lo que de la religión aún continúa vivo en él. La Escuela es un refugio para la ortodoxia pero nunca una garantía, de lo contrario ella misma sería una ortodoxia.

¿Qué nos reúne alrededor de la Escuela? No nos reúne ni  una idolatría, ni semblantes por prestigiosos que fuesen, ni las figuras paternas de Freud y Lacan…[x] lo que nos reúne alrededor de una Escuela es ese espacio vacío de toda representación. Un esfuerzo más entonces, para hacerlo ex –sistir.


Octubre 2018
Foto Man Ray






[i] Miller, J.A.-: Breve introducción al más allá del Edipo, del Edipo a la sexuación, Ed.Paidós, BsAs, 2001, p.18
[ii] Miller, J.A-. Piezas sueltas, p.116
[iii] Miller, J.A.-: Esfuerzo de poesía, Ed Paidós, BsAs, 2017, p.290
[iv] Miller, J.A.- El ser y el Uno, inédito, clase 9/2/2011
[v] Miller, J.A.-: Breve introducción al más allá del Edipo, p.19
[vi] Miller, J.A.-: op.cit. p.21
[vii] Lacan, J.: El Seminario Libro 19 o peor, Ed.Paidós, BsAs, 2012, p.239.
[viii] Lacan, J.: El Seminario Libro 19, o peor, Ed.Paidós, BsAs 2012, p.227
[ix] Miller, J.A : Breve introducciónp.17
[x] Miller, J.A.-: Conferencias porteñas, Tomo 2, El analista y los semblantes, p.129

4 de novembro de 2018


EOL - Noche Directorio 2018


Pasión por lo nuevo


por Alicia Yacoi - EOL
Octubre de 2018


Miller concluye este curso, ya en 2003, tratando de despertar a los psicoanalistas, indicando un camino propio de la época. La pasión por lo nuevo sería una elección forzada para afrontar los engorros estructurales del goce.
Si bien implica soportarlo, Lacan en su última enseñanza nos intima: o ser hijos del Padre o ser hijos de los acontecimientos singulares.
Entonces, lo nuevo
 
Lacan anima la estructura (1) a considerar en la práctica analítica, con la articulación del cuerpo.
En su texto Radiofonía y en un anticipo de su topología de los nudos, deja el cuerpo real como ex-sistente, inaccesible al lenguaje, salvo por sus efectos, a la manera estoica.
Sitúa el elemento irreductible, el conjunto vacío, valiéndose de la teoría de los conjuntos y del número,  con el que conceptualiza el imaginario corporal y su consistencia, en anterioridad al estadio del espejo, o sea sin Otro.
No se puede presuponer el lenguaje en el cuerpo del niño, ni siquiera el dedo erógeno de la madre. La farfulla visual y auditiva se incorpora, y  entre los efectos, se opera un efecto de cristal de lo que toma valor significante. En los bordes del cuerpo, tramados en su goce sentido, por haber sido dichos, se alojan los objetos a.
Que el cuerpo sea superficie de inscripción, que se inscriban, dice Lacan, no quiere decir que entren en el cuerpo como goce. En los bordes, dentro pero fuera, siempre en exceso respecto a las zonas erógenas.
Y esto nos lleva a algo nuevo en el Inconciente.
 
Los poderes de la metonimia
Una novedad que trae Lacan al conceptualizar lalengua y el efecto de elucubración de saber que es el Inconciente, es que en las antípodas de la búsqueda de la verdad, el lenguaje es goce y trabaja para el goce. La metonimia no es sólo el poder decir entrelíneas el mediodecir de la verdad, es el desplazamiento del goce pulsional que no encuentra límite, en la mirada que achicharra el cuerpo, la boca devoradora que no halla su imposible, la voz mortificante del superyo. Ese desplazamieno metonímico del goce hace del inconciente el mayor consumista en un más, algo más, que no encuentra su límite.  Con el efecto concomitante de angustia, o de aburrimiento como síntoma de la época.
El Inconciente no es el Psicoanálisis (2) dirá Miller en este último capítulo del curso. Indicando que Lacan buscará lo real del lado del síntoma, como lo que pone freno a lo que abisma del funcionamiento del Inconciente.
Lo que despierta, aunque está por verse
En el Ultimísimo Lacan, Miller nos dice que Lacan al final de su enseñanza no se inspiró en Freud sino en Joyce, quien lo despertó de su sueño dogmático, ya que Joyce tiene el privilegio de encarnar el síntoma. (3) Asi como en Radiofonía se trataba en el fin del análisis de encarnar el plus de gozar, se trataría ahora no sólo de extaerse de los embrollos de la verdad, sino de la metonimia del goce pulsional. Encarnar el síntoma, disponer del cuerpo, manipularlo. Basta pensar en Lacan mismo encarnando el síntoma.
Es por la vía del síntoma que tenemos un cuerpo y el Seminario 23 sitúa, como dice E Laurent (4) la máxima distinción entre sujeto del inconciente y cuerpo. “La relación del hombre con su cuerpo no tiene nada que ver con lo que me permito definir del sujeto” y su definición.
 
La transferencia
Entre los efectos que aporta Lacan con su noción de lalengua está la reconsideración del lazo analítico.
El SsS tiene su transformación cuando el analista queda situado como objeto a, lugar que ocupa en el programa de goce de su paciente.
Cuando Lacan afirma en el Seminario 24 (4) que quiere ir más allá del inconciente, hace del SsS una atribución, un supuesto. Una atribución no es una existencia, no da por existente ese saber,el que sabe es el analizante, el analiste,” il suive” él sigue, lo que tiene para decir el analizante.
Hay el Uno repetitivo y nada de Otro. (5) Es una noción de Otro al que la barra rompe. Del lado del analizante, el Uno dialoga solo, ¿cómo es tener de partenaire al Otro roto,a no hay Otro del Otro?
Es la presencia indispensable para que el analizante reciba su propio mensaje en forma invertida y produzca su saber.
“…Lacan desestima e incluso hace desaparecer el fundamento de la transferencia con su SsS, demostrando que sólo se trata deducción, semblante, hipótesis”… (6)
…”se abre para el Psicoanálisis un campo, no para la esperanza pero sí para la pasión por lo nuevo” (7)
 
Referencias
1-Lacan, J, Radiofonía, Otros Escritos, pág. 432
2-Miller, J A, Esfuerzo de poesía, pág.281
3-Miller, J A, El Ultimísimo Lacan, pág. 131
4-lacan, J, Seminario 24, inédito, clases del 16-11-76; 10 y 17-5-77
5-Laurent, Eric, El reverso de la Biopolítica, pág. 120
6-Laurent, Eric, Disrupción del goce en la locuras bajo transferencia. Hebdo blog
7-Miller, J A, El Ultimísimo Lacan, pág. 147
6-Miller, J A, Un esfuerzo de poesía, pág. 291
 
 

24 de outubro de 2018

CUERPOS QUE GESTAN

Por Ana Cecilia Gonzalez - EOL








De tanto tropezar en la búsqueda por asir su propio sujeto, después de haberlo construido y desconstruido más de una vez, los feminismos parecían disolverse en la teoría de género, que desplazaba el acento hacia los “cuerpos que importan”(1), es decir, todos aquellos excluidos por la norma heterosexista, con el efecto de multiplicar identidades, que no por queer resultan menos segregativas. Pero además, esos cuerpos eran “cuerpos de papel, sin ningún verdor” (2) o, más precisamente, eran cuerpos–texto, y unos textos que cada quien podría editar o resignificar a su antojo, sin que medie obstáculo, privilegiando una subjetividad voluntarista y autobiográfica que resonaba cómodamente con el “empresario de sí mismo” del formateo neoliberal.

El movimiento feminista en Argentina avanzó contra esa lógica, desplazando la cuestión al menos por tres vías.

Bajo la consigna “Ni una menos” hizo irrupción una corporalidad según la cual cada cuerpo cuenta, uno por uno, radicalmente, al punto de que no es aceptable ni una menos. Dicho de otro modo: los cuerpos cuentan como serie y no como clase, prevaleciendo la lógica del no-todo, frente al “paratodeo” (3) que inexorablemente excluye algunos cuando afirma un universal, especialmente en clave identitaria.

El efecto inmediato fue una manifestación sin precedentes, en la que los cuerpos se arrojaron a la calle a sabiendas de lo inédito de la convocatoria. En el apretujamiento que se produjo cerca del Congreso de la Nación, una señora mayor que pugnaba por avanzar hacia la plaza exclamaba “¡La pucha que cuesta hacer Historia!”. 
Pero además la vindicación “Ni una menos” –que en este punto conserva el género  por más que paralelamente impulse el lenguaje inclusivo– hizo visible el odio a lo femenino, cuya forma más atroz fue por fin nombrada en su especificidad bajo la figura jurídica del femicidio. Es la vida lo que está en juego, la vida de las mujeres, asesinadas por su condición de tales. Entonces, esos cuerpos que cuentan, una por una, cuentan en tanto que vivas.
Según Jean-Claude Milner (4), hay una noción cuerpo, la del psicoanálisis, que a diferencia de las versiones religiosas y filosóficas, no supone un cuerpo creado o deducido, sino un cuerpo que nace, y en ello radica su real. Y es allí, cerca de la animalidad donde comienzan los derechos, que no son los del Hombre, ni cualquier otra entelequia, sino los derechos de los cuerpos hablantes, una por una.

Sucede además que esos cuerpos que nacen –y esta es la segunda cuestión, traída a colación con el debate por la despenalización y legalización del aborto– son cuerpos que nacen de cuerpos que gestan. Con el sintagma “cuerpos gestantes” no se trata de la idealización de la maternidad en la que había incurrido el feminismo de la diferencia –contra el que se alzó la teoría de Judith Butler–, sino de poner el acento sobre la condición particular de unos cuerpos que, a diferencia de otros, pueden, si así lo desean, gestar otros cuerpos. Entonces, de los “cuerpos que importan” a los cuerpos que gestan, se produjo otro desplazamiento radical, que va de la encerrona identitaria –figura de la “Yocracia”, al decir de Lacan (5)– a la hendidura que hace entrar el deseo como condición humanizante, tan incalculable como incoercible, con el añadido de hacer visible la faz más brutal de la explotación ejercida sobre los cuerpos que gestan.

Pero la cosa no acaba allí, porque poniendo la desigualdad económica en el centro de la demanda por el aborto legal, seguro y gratuito, la reivindicación pretende conectar el deseo, la elección, con las condiciones materiales para su ejercicio. “Conmigo no cuenten”, o “no voy a pagar tu aborto” son consignas que resumen bien la retorsión neoliberal del contrato social, según la cual los individuos podrían disponer del dinero del Estado, arrasando con lo público, pero también con cualquier noción de colectivo, de la índole que fuere. A contrapelo, el movimiento de las mujeres no sólo se inscribe entre las tradiciones que tienen por horizonte la igualdad de derechos, sino también entre aquellas que demandan la equidad de acceso a los recursos como parte intrínseca de la vida en comunidad. En el duro escenario global actual, ello implica situarse frente a una derecha feroz en su discurso y despiadada en sus métodos. Sin embargo, tampoco lo convierte automáticamente en un movimiento de izquierda, sino que interpela y horada las categorías tradicionales de partido, ideología y clase social.

Sirviéndose de la coyuntura, la gesta de los cuerpos que gestan logró anudar una genealogía –“hijas de los pañuelos blancos, madres de los pañuelos verdes”– con una estética de marea verde en las calle, los cuerpos cantando y bailando, ajenos a las “pasiones tristes” ¿acaso haciendo lugar a un real como goce de la vida?

Ese goce de la vida hace de contrapeso del derecho al goce (del Otro) que conduce directamente al tocador sadeano y sus variaciones contemporáneas convertidas en técnicas de gobierno. Quizás sea aquello a lo que aludía Spinoza cuando decía “que nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Entonces, si “la chispa de un deseo puede cambiar a un sujeto, a una comunidad, a un país” (6), los efectos incalculados e incalculables de lo gestado por las mujeres argentinas todavía están por verse.



(1) Butler, J (2005):  Cuerpos que importan: sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós
(2) Copjec, J: “Encore, Un esfuerzo más por defender la diferencia sexual”, en AA:VV: Ser-para-el-sexo. Diálogo entre filosofía y psicoanálisis. Barcelona: S&P Ediciones.
(3) Lacan, J. (2012): “El Atolondradicho” en Otros escritos. Buenos Aires: Paidós.
(4) Milner, J.-C. (2016) Relire la révolution. Paris: Verdier.
(5) Lacan, J. (2010): El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis (1969-1970). Buenos Aires: Paidós, p. 66.
(6) Dessal, G.: http://www.telam.com.ar/notas/201402/50752-la-chispa-de-un-deseo-puede-cambiar-a-un-sujeto-a-una-comunidad-a-un-pais.html