4 de mayo de 2016

Crónica: Reseña de la conferencia de Jacques- Alain Miller al final del X congreso de la AMP, por Margarita Álvarez



J.-A. Miller comienza diciendo haberse inspirado para el título de este congreso por la frase de Lacan según la cual “lo real es el misterio del cuerpo hablante, es el misterio del inconsciente” (J. Lacan, Seminario XX, p. 158). Sin embargo, en el congreso -señala- hemos hablado más del cuerpo hablante que del inconsciente, que ha quedado en un segundo plano, aunque el cuerpo hablante termina llevando al inconsciente, así que está bien que haya sido así.

Miller señala que hace un tiempo participó en un coloquio sobre Lacan y las matemáticas con un trabajo titulado “Un sueño de Lacan”(1). ¿De qué sueño se trataba? Del deseo de asociar el psicoanálisis no solo a la lingüística estructural sino también a las matemáticas, a la lógica matemática. Toda una generación, entre la que podemos contar por ejemplo a Roland Barthes, creyó en ese mismo sueño.

En él resuena una fórmula según la cual el inconsciente es cuestión de lógica pura, tal como Miller escribió para la contratapa de los Écrits(2), “pura” quiere decir aquí que para Lacan el inconsciente es sólo un asunto de lógica, la cual se impone entonces a la lingüística.

El sujeto del inconsciente no tiene cuerpo porque el cuerpo no está vinculado a la lógica pura. El sujeto tiene una dimensión ontológica, no una manifestación física determinada. Lo físico, en filosofía, es óntico. Porque el sujeto tiene una dimensión ontológica, la dimensión de la creencia puede introducirse.

En el Seminario XI, Lacan dice que la realidad del inconsciente es ética. Depende de un deber ser y no se puede constatar físicamente. La dimensión ética del inconsciente la constatamos sin embargo, por ejemplo, cada vez que alguien empieza un análisis: es necesario que haya un sujeto que decida no quedar indiferente ante el fenómeno freudiano.

La última enseñanza de Lacan comienza cuando esta fórmula, que parecía constitutiva del lacanismo ("El inconsciente compete a la lógica pura"), es abjurada. Ello constituye una cesura, no una ruptura. Entonces, aparece otra fórmula, no explicitada como tal, según la cual el inconsciente incumbe al cuerpo hablante.

Lacan da un cuerpo al sujeto del inconsciente. No se refiere ya al sujeto del inconsciente sino al hombre, en el sentido que lo hace Spinoza. El hombre, a diferencia del sujeto, tiene un cuerpo, y este cuerpo habla. Pero no lo hace por propia iniciativa, es el hombre siempre el que habla con su cuerpo. Este con implica una instrumentalización. El hombre utiliza su cuerpo para hablar. Esa fórmula del cuerpo hablante no viene a abrir una puerta a la palabra del cuerpo sino al hombre en la medida que utiliza su cuerpo para hablar.

En el Seminario XX, Lacan cita un pasaje de Aristóteles en Del alma (“No es el alma el que piensa, el hombre piensa con su alma”) para decir que el hombre habla con su cuerpo. Este último es el instrumento que tiene para hablar. La palabra pasa por el cuerpo y afecta al cuerpo que la emite, bajo la forma de fenómenos de resonancia y eco. Esta resonancia, el eco de la palabra en el cuerpo, es real. El inconsciente del cuerpo hablante es un eco real.

La pulsión y el inconsciente son un único y mismo real. Hay una equivalencia entre ambos porque tienen un origen común que es el efecto de la palabra sobre el cuerpo: los afectos somáticos de lalengua.

El inconsciente no es un inconsciente de pura lógica sino un inconsciente de puro goce. Para designar este nuevo inconsciente, Lacan creó la palabra parlêtre.

A diferencia del inconsciente freudiano, ontológico, el parlêtre no es ontológico. Es una entidad óntica porque necesita un cuerpo en tanto no hay goce sin cuerpo. Reposa en la equivalencia originaria entre el inconsciente y la pulsión. Es un momento de franqueamiento en el que el binario inconsciente-pulsión desaparece.

Recordamos la profecía lacaniana de que el parlêtre sustituiría al inconsciente. Pero hay resistencias, dificultades para que ello ocurra del todo, para dejar de hablar de inconsciente.

La última enseñanza de Lacan no prolonga la primera sino que produce en ella un punto de báscula, un viraje.

Miller compara este viraje con otro que asombró a los estructuralistas. Roland Barthes, promotor de una semiología metódica, hizo un viraje hacia el hedonismo tal como vemos en su obra El placer del texto. Miller bromea diciendo que no lo llamó El goce del texto solo para que no se notara la influencia de Lacan.

Luego, Miller encuentra en Wittgenstein un viraje análogo al dado por Lacan en su última enseñanza. Encontramos dos momentos distintos en su filosofía. Primero, en el Tractatus, la filosofía era cuestión de lógica pura: él hacía del logicismo de Bertrand Russell el principio de una concepción del mundo. Pero, luego, demostró que la lógica depende de la vida y las costumbres de los grupos: la lógica no es más que un juego de lenguajes.

Antes del Tractatus, Wittgenstein creía en una lógica pura, pero luego considera que hay tantas lógicas como lenguajes y modos de vida.

Volviendo a Lacan, encontramos primero en su enseñanza la tesis de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que pone en valor lo universal de la estructura. Luego subraya lo particular de lalengua, para la que no hay todo ni universal.

El primer abordaje lacaniano hace una hendidura en el legado freudiano, como también hicieron el psicoanálisis inglés y el americano, la IPA, al dividir el corpus freudiano entre la primera y la segunda tópica abandonando la primera para elegir la segunda.

Pero la operación de Lacan es más compleja. En la primera enseñanza, hay una separación nítida entre la técnica del descifrado del inconsciente y la teoría pulsional. Las pulsiones competen a lo imaginario mientras que lo simbólico solo interviene mediante la palabra, borrando.

El significante dominaba el goce al modo que el sujeto del significante domina el goce en el Fort-Da.

En la última enseñanza de Lacan, el goce está al principio de la cadena significante. El Fort-Da produce un efecto de sentido por la articulación significante pero también produce un efecto de goce. Con el Fort-Da, Lacan demuestra cómo el niño accede a su naturaleza de parlêtre.

Lacan se esfuerza por situar la pulsión en la cadena significante. En el grafo del deseo, escribe la pulsión en el piso superior como una cadena significante, con la misma estructura que ella.

La gran solución que Lacan encuentra durante varios años, su invención, fue el objeto a, el cual forma parte de la armadura del fantasma y está en el núcleo pulsional pero tiene propiedades significantes: es una unidad, contable, enumerable, lo que implica modelar el goce según el significante.

El viraje hacia la última enseñanza se efectúa en el Seminario XX, cuando Lacan se refiere al objeto como un semblante.

Miller concluye su conferencia sin proponer un título para el XI Congreso, pero sí afirmando que todo nos lleva a seguir abordando la sustancia gozante.

Finaliza el X congreso, empieza el trabajo del XI. ¡Hacia Barcelona 2018!!! (20 años después del primer congreso de la AMP en la misma ciudad sobre el partenaire-síntoma)

Notas:
1. Coloquio celebrado en 1999 y publicado en Pierre Cartier, Nathalie Charraud (dir.). Le réel en mathématiques. Psychanalyse et mathématiques. Paris, Agalma, 2004.
2. Solo la antigua traducción al español, editada en México por Siglo XXI, tiene este texto original de J.-A. Miller en la contraportada. Las nuevas traducciones corregidas, editadas en Buenos Aires por la misma editorial (2008) o por Biblioteca Nueva en Madrid (2013), lo han sustituido por otro.


3 de mayo de 2016

NLS Congress / Congrès de la NLS Dublin 2016 : Minute 6-10



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Discreet forms of passage to the act

Luc Vander Vennet


Belgium

The study of the ‘passage to the act’ [passage à l’acte] took an important place in the teaching of Lacan from the beginning. At the time he wrote his doctoral thesis, psychiatrists were involved in a discussion about the question of ‘responsibility’, for example in cases of unmotivated murders.The study of these unmotivated acts were at the heart of his thesis on the case of Aimée, as was the unmotivated murders by the Papin sisters. In his article on psychosis in the Ecrits Lacan mentions that it was this study that brought him to psychoanalysis. What is at stake in the passage to the act is indeed the question of jouissance and its regulation and this is indeed what psychoanalysis is about. So, as Zenoni(1) says, the strangeness or the ‘unmotivated’ character of the passage to the act is not a kind of anomaly, something exterior to humanity, but on the contrary something that reveals the fundamental elements that constitutes the human being itself.

As the paradigm of jouissance changes, the point of view about passage to the act changes too. From a breaking through the mirror, to a wild form of castration, separation or extraction. So this phenomenon takes on different forms from all kinds of suicide, to all kinds of self- mutilation or of striking the kakon in the Other.

The introduction of the term ‘ordinary psychosis’ permits us to read a range of ‘discreet’ forms of passage to the act that are not so explicit but are much more ‘ordinary’ so that we need to ‘read’ them. The nature and frequency of the passage to the act can be an index of this structure.

“I feel like having fallen out of the scene to be”. The way this subject introduced himself at the beginning of the cure reminded me of the pair of concepts Lacan uses to explain the phenomenon of the passage to the act in his seminar on anxiety. He speaks there about the scene and the world. He studies once again the mirror phase, but now he no longer points at the image but at the border of the mirror that marks the limit of the illusionary world of knowledge which he calls the scene. He distinguishes this scene from the world of the real. He then describes the two fundamental characteristics of the passage to the act. First as a falling out of the scene to join the world, a passage from the scene to the world. And secondly, this passage to the real has to be considered as an absolute identification with the object to which the subject reduces himself. This is the key that permits to read several forms of passage to the act: the defenestration as a falling through the frame of the window, the suicide as leaving the scene of life, the fugue as a wandering around in the world as a vagabond.

This passage to the real is the common point between the passage to the act and the clinic of psychosis that takes discreet forms in the ordinary psychoses. The fine examination of their frequency and nature can permit us to read and distinguish them.

“I feel like having fallen out of the scene to be. Although my friends are still friendly with me and keep inviting me, its feels as if I’m absent when I’m present, as a kind of fundamental exclusion”, is a discrete form of this passage from the scene to the world. Especially when we discover its repetitive character and the number ofscenes to be that he has set up throughout his life, falling out of them every time again.

We read these forms today in all kinds of discreet forms of disappearing, of isolation or not participating. What is more ordinary today than an interruption of work or study for a trip around the world? The repetition of this interruptions and their abruptness can reveal something different. Even as the different changes of work, of interests, of activities. That are, at the same time, the most ordinary phenomena in our modern world.

Or, what about the girl that asks my advice about how to deal with her parents? They have a conflict and each time she tries to discuss about it she’s thrown out once again. “What is it that I’m doing wrong? Should I speak to them in another way?” This apparently questioning of her subjective implication will reveal a series of passages to the act. Where a symbolic separation is impossible a separation in the real is realized by an endlessly making herself throw out of the family scene.

To conclude: all these kinds of discreet forms of passage to the act may serve as discreet signs of ordinary psychosis. Although this seems to me not to be the most important point. In all these cases the very moment they appear, the way a subject tries to remediate them, the very specific kind of object they ‘real-a-lize’ are very singular. Instead of being discreet signs of psychosis, they will reveal themselves in the cure as the sign of their psychosis. That’s what psychoanalysis is really about.

1.     A. Zenoni, L’Autre pratique Clinique, érès, 2009
2.     J. Lacan, Séminaire X, L’Angoisse, Seuil, 2004, p 137


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Distinction de l’imaginaire et du symbolique : 
une clinique du détail
 
Patricia Bosquin-Caroz
 
Belgique

Extrait issu du texte paru sur l’Hebdo-blog n°63, consacré à la prochaine Journée FIPA. Pour le texte complet, “Appréhension imaginaire ou symbolique du phénomène clinique : la croyance délirante », cliquez sur hebdo-blog

Au cours de son séjour en prison, qui précède son hospitalisation, après quelques semaines d’incarcération, le délire de persécution d’Aimée à l’égard de l’actrice tombe du jour au lendemain. Lacan rencontre une malade « guérie ». Il remarque alors que les thèmes du délire qualifiés de paranoïaques, mêlant thèmes de persécution et thèmes mégalomaniaques, sont lors de son admission à l’hôpital complètement réduits. Aimée, qui prêtait à Mme Z. l’intention d’assassiner son enfant, se demande même comment elle a pu croire cela. Ses compagnons de cellule, ainsi que la responsable de la prison, n’en croiront pas leurs oreilles. Aimée va être mise en observation. Lacan s’interroge sur le statut à donner à cette guérison. Il observe que la non adhésion intellectuelle d’Aimée à ses anciennes croyances délirantes n’empêche aucunement celles-ci de demeurer intactes. Comment repère-t-il ce trait fondamental, au principe du phénomène de la croyance délirante, et qu’il désignera par celui « d’inertie dialectique » ?

Dans un sous chapitre de sa thèse intitulé « Attitude mentale de la malade quant à l’histoire de son délire et quant à ses thèmes », il souligne qu’Aimée fait montre d’une intégrité intellectuelle complète dans les épreuves de capacité et que le rappel des faits provoque chez elle une certaine honte, un sentiment de leur ridicule voire même de regret. Pourtant, il remarque que bien que les thèmes de son délire n’entraînent plus maintenant aucune adhésion intellectuelle, certains d’entre eux n’ont pas perdu toute « valeur d’évocation émotionnelle dans le sens de croyance ancienne ». « J’ai fait cela, parce qu’on voulait tuer mon enfant », dira-t-elle. Lacan souligne la forme grammaticale utilisée par Aimée, comme il le dit : directe et conforme à cette croyance ancienne. Dans une présentation de malade, il relève aussi la façon dont elle s’adresse au public, « …à voix basse, mais frémissante, elle s’abaisse certes à l’excuse, mais invoque la sympathie due à une mère qui défend son fils. » Il déduit de ces observations la puissance subsistante de certains thèmes délirants sur la malade.

Ainsi, c’est à partir de détails cliniques que Lacan établira la différence entre la conscience et la croyance délirante. Il s’agit de deux niveaux différents qu’il placera plus tard sur son schéma L en distinguant le plan imaginaire de l’ordre symbolique. A cet égard, il soulignera, cette fois à propos de Schreber, que l’axe de la communication imaginaire avec le petit autre, en l’occurrence sa femme, n’était aucunement altéré par le commerce délirant que Schreber entretenait avec l’Autre, dans ce cas, Dieu.

Dans le séminaire III, à propos des phénomènes élémentaires, Lacan distingue  le contenu imaginaire, soit le sens qui est compréhensible pour tout le monde, de la structure. Il y fait référence à sa thèse : « Dès cette époque, j’ai souligné avec fermeté que les phénomènes élémentaires ne sont pas plus élémentaires que ce qui est sous-jacent à l’ensemble de la construction du délire. Ils sont élémentaires comme l’est par rapport à une plante, la feuille où se verra un certain détail de la façon dont s’imbriquent et s’insèrent les nervures – il y a quelque chose de commun à toute plante qui se reproduit dans certaines des formes qui composent sa totalité. De même, des structures analogues se retrouvent au niveau de la composition, de la motivation, de la thématisation du délire, et au niveau du phénomène élémentaire.[1] » Lacan constate que c’est toujours la même force structurante qui est à l’œuvre dans le délire, qu’on le considère, dit-il, dans une des parties ou dans sa totalité. Avec l’abord des psychoses, Lacan va nous rompre à une discipline qui consiste à distinguer l’appréhension immédiate et imaginaire du phénomène, de l’appréhension structurale du phénomène élémentaire… D’une certaine façon, c’est déjà sur cette voie qu’il nous menait dès 1932.

[1]    Ibid., p. 28.
 
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Six extracts from the text
 

Who is Mad and Who is Not?
On Differential Diagnosis in Psychoanalysis

 

Pierre-Gilles Guéguen
 

Paris 


(Read the full text in Attach file, Reprint from Culture and Clinic , Minnesota press, Issue N°1, 2013)

Extract 1
There is a cross fertilizing movement at play between two streams of thought all along thework of Lacan. On one hand, in the name of psychoanalysis, he discards any kind of segregation of our fellow humans (for example when he defines madness as the essence of human liberty in his first Écrits or when he proclaims in 1976 that “Everyone is mad”); this is the Lacan in favor of continuism. On the other hand he tries to build up very precise definitions of what the phenomena to be addressed through psychoanalysis might be: their logics, their minute description, their clear-cut differences.

Extract 2
When Lacan says, “We are all mad, that is to say, we are all delusional” one might take it as a strict equivalent of “we are all psychotics”. If it were so, the option would totally be in favor of the late Lacan and erase the first part of his teaching. It emerges as extremely important to stress the very subtle way in which J.-A. Miller comments on this sentence. His indications in this matter are fundamental since they have bearings on the very practice of analysis.

In his last lecture of the year 2008, he takes a very clear standpoint: “The madness at stake here, this generic madness, is general, or rather universal. It is not psychosis. Psychosis is a category from the clinic with which we try to capture something which anyway inscribes itself in this very universal.” And Miller indicates that the signifier “delusional” in this particular sentence of Lacan’s is to be understood as: “taken within the network of meaning” (which cannot be avoided since human beings are captured within the network of language).

Extract 3
Within the Freudian Field the debate on un-triggered psychosis turned out to be a widely shared concern in 1998 when the category of Ordinary Psychosis was created by Jacques-Alain Miller during a research program of the Sections Cliniques du Champ freudien.

The concept of ordinary psychosis was at first of restrictive extension but became rapidly in vogue. In the beginning it was presumed to concern only some rare cases in which the foreclosure of the Name of the Father remained un-decidable. A consensus soon turned up that it was not rare to have to deal with an indetermination in the diagnosis of a case even after lengthy preliminary interviews. As a matter of fact there were already hints of it in Lacan’s first teachings when he mentioned un-triggered psychosis. And sometimes, even though psychosis is technically onset, it takes very discreet forms (an isolated elementary phenomenon for example).

However in some Schools of the AMP from 2004 to 2008, the vogue for the category of ordinary psychosis – and it is a fact that the increasing number of cases to be found is correlated with the ongoing decline of the Name of the Father in our civilization – and the emphasis put on rapid therapeutic effects in psychoanalytic treatment as developed in the French psychoanalytical free clinics created by the École de la Cause freudienne, produced an inflationist bubble of indecisive diagnosis and maybe some disarray for many clinicians who did not see the point of using clinical categories that were obsolete in modern psychiatry when the “new clinic in fashion” was the clinics of the knots.

Extract 4
Some precision and reflection about the overextension of “ordinary psychosis” was necessary. Miller presented these details in a lecture he gave in English under the title “Ordinary Psychosis Revisited”. This text of reorientation is to be read as a landmark and a turning point in our clinics.

Extract 5
In the same text Miller also indicates that in the differential diagnosis of ordinary psychosis the clinician has to look for a negative differential approach: if it is not a neurosis then it is a psychosis although it is not triggered. He mentions that the most solid reference to discriminate between ordinary psychosis and neurosis is Hysteria for which there is a very sturdy structural apparatus in the Freudian and Lacanian corpus.

Extract 6
The proposition: “We are all mad but we are not all psychotics” should also be examined in light of the theory of generalized foreclosure formulated by J.-A. Miller in 1986, since at first sight it seems to object to it.

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Méconnaissance de la psychose ordinaire : 
de quelques conséquences
 
François Ansermet
 
Suisse

Ce qu’il y a d’extraordinaire dans la psychose ordinaire, c’est qu’on n’y pense pas forcément – ses signes étant effectivement discrets, fins, plus difficilement repérables que les symptômes extraordinaires de la psychose : hallucination, délire, ou phénomènes élémentaires au sens classique.

Bizarreries, maniement particulier du langage, troubles fins de la pensée, rejet brusque de l’autre, poussées d’angoisse non reconnues comme telles, prises pour une difficulté d’inscription sociale ou des barrages dans les relations, débranchement du temps des autres, désinsertion, toutes sortes de dérèglements qui surgissent sans qu’on les ait vu venir, ni qu’on n’arrive à les considérer comme un ensemble.

Il s’agirait aussi de penser le rôle du traumatisme dans ce type de psychose, parfois cause du déclenchement ou qui reste enkystée dans ce qu’on prend comme une réaction au traumatisme – le traumatisme étant devenu aujourd’hui à la fois prépondérant et une explication généralisée du malaise individuel et collectif.

A cette liste, on devrait ajouter le critère majeur de la « méconnaissance ». La psychose ordinaire se présente d’abord en tant que méconnue, avec le paradoxe qu’elle va devenir d’autant plus envahissante qu’elle reste méconnue.

Ce qui fait du repérage des signes discrets de psychoses ordinaires non seulement un enjeu clinique majeur, mais un enjeu de société. S’adresser à un psychotique comme s’il ne l’était pas, en plus de le laisser seul dans sa souffrance, peut le pousser vers une tendance au passage à l’acte.

La reconnaissance de la psychose ordinaire représente un enjeu majeur quant à l’incidence de la psychanalyse dans le champ de la psychiatrie. On ne repère plus les psychotiques en psychiatrie. En particulier dans la psychiatrie d’enfant et d’adolescent, où les troubles du spectre autistique ont pris toute la place. Dans la psychiatrie d’adultes, ce phénomène touche progressivement les grands syndromes sur lesquels elle s’était constituée, comme la schizophrénie et la paranoïa. C’est lourd de conséquences.

On pourrait même faire l’hypothèse que le déclin de la clinique participerait à la montée contemporaine de la violence, dans la tendance du sujet à traiter lui-même la faille non reconnue qui l’habite, en adoptant des prothèses identitaires, des prêts-à-porter fanatiques, pouvant pousser à l’extrême la destructivité qui l’habite.

Avec la psychose ordinaire, on est dans le registre de la contingence plutôt que dans celui de la causalité. Une contingence qui met en jeu l’événement, dans ses valences traumatiques, mais qui tient aussi à l’impact du signifiant sur la jouissance[1].

Cette caractéristique clinique nécessite une attention particulière quant à la rencontre avec le sujet et à la manière d’intervenir. Plutôt que de dénouer une causalité en jeu, il s’agit plutôt de faciliter une invention possible. Prendre ses repères dans les potentialités de réponse du sujet, plutôt que dans la détermination de son impasse.

On a trop souvent tendance à  considérer la psychose comme un processus négatif, voire comme un défect. Il y a aussi les potentialités qu’elle ouvre, qui peuvent être un facteur d’invention, de créativité. Quel est le rapport entre l’invention et la découverte[2]. Dans le champ des sciences, parfois une invention peut déboucher sur une découverte. Une découverte nécessite de l’avoir d’une certaine manière anticipée. Y compris lorsqu’il s’agit d’une découverte par serendipity[3]. Encore faut-il que le chercheur se saisisse de la contingence, où se dévoile autre chose que ce qu’il cherchait. Tel serait un autre enjeu de ce qu’enseigne la place de la contingence dans le champ de la psychose ordinaire – un autre destin, inattendu, de ce qu’on ne peut se contenter de voir comme un trouble.

[1] Voir Jacques-Alain Miller. Les six paradigmes de la jouissance. La cause freudienne, 93, 1999 ; voir ce qui concerne le 4ème paradigme : « Qu’est-ce qui change d’un paradigme à l’autre ? C’est que Lacan dément ce clivage du signifiant et de la jouissance dans ce quatrième paradigme. Il forge une alliance, une artriculation étroite entre le signifiant et la jouissance », p.15
[2] Jacques-Alain Miller, « Un rêve de Lacan », in : Le réel mathématique. Psychanalyse et mathématique. Textes réunis et édités par Pierre Cartier et Nathalie Charraud, Agalma, Paris, 2004, p. 124
[3] Sylvie Castellin, Sérendipité. Du conte au concept, Seuil, Science ouverte, Paris, 2014

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Learning to speak their lalangue: an indication of the course of transference in ordinary psychosis

Dora Pertesi

Greece

Nowadays, in the era of the Other who doesn’t exist, ordinary psychosis gets on well both with the non-existence of the Other, as well as with that of the sexual relation. Why is that? “Because it replaces speech with number and gives the value of the real to the semblant”[1], as M.-H. Brousse points out. 

The semblant is our language, the language as a social bond. So, how do some subjects express themselves?

In our era, we see subjects who are almost disconnected from the social bond, who however keep a degree of connection through certain signifiers, or through certain ephemeral norms, such as blogger, performer, hacker, etc. We need to note that the names of these norms do not set a limit to jouissance, because they are linked with a community that is not founded by an ideal, but through a common name (i.e. hackers) which is the opposite of a nomination.

These are subjects who do not possess the Name-of-the-Father as a pivot point of the symbolic order and of the delineating of jouissance. Very often this absence is even likely to endanger their own life. Multiple addictions, (alcohol, drugs, extreme sports, etc.) lead them to a jouissance without limits, and that is because going beyond limits is a way for these subjects to feel their body, “release adrenalin”, as is characteristically said.

Transference in its turn has undergone modifications. We cannot use the traditional transference terms anymore (Subject-Supposed-to-Know). And that is because these subjects feel almost threatened by a bad Other, are suspicious, laconic, cynical, ironic, speak their own language, a language which has very little to do with the semblant. However, a way needs to be found for transference to develop.

Within the context of the democratization of the Other, which according to J.-A. Miller is inherent to ordinary psychosis, one could respond, as G. Caroz maintains, with “a democratization of the relationship between analyst and analysand, which often gives the analytic session the air of a democratic discussion, of an exchange” [2]. 

Following the above, my opinion is that we often need to adopt the signifiers of the social or the biopolitical Other, as well as the subject’s talking style and language. Just like an analyst who learns the Donald [3] language, in attempting to communicate with a little girl, in the same way we can feel free to learn something from the special language and style of the subject. This is a language which contains elements of the lalangue, to which the unconscious is subjected as knowledge that has been processed, knowledge which consists of equivocities and homophonies, according to Lacan [4]. One can assume, as J.-A. Miller notes, that this language “is not a presumable language, but a language exposed” [5]. 

A language exposed touches upon something of the order of the real. In that sense, if the lalangue of the subject crashes constantly the semblant of the discourse then, we can tear this down, too. If they use slang, then by tearing down the semblant, we can use slang, too. If the language they use is more of a metonymic nature, we can introduce ourselves to a metonymic discourse. If they use word patterns (e.g. legit instead of legitimate), we can occasionally adopt this pattern. If they speak using a lot of foreign words, why not do the same ourselves?

In any case, a language exposed is very often used by poets and can have not only effects of signification, but mainly of a hole. We are not poets, but we need to learn by and through poets the following: poetic license, or else psychoanalytic license, in the issue of the use of language, various handlings are allowed…

“Nothing again nothing. Do you know nothing?
Do you see nothing? Do you remember Nothing?”
T.S. Eliot –The Waste Land

Translated from Greek: Haroula Kollia
[1] M. H. Brousse, « La psychose ordinaire à la lumière de la théorie lacanienne du discours », Quarto, 94- 95, p. 13.
[2] G. Caroz, « Quelques remarques sur la direction de la cure dans la psychose ordinaire », Quarto, No 94 -95, p. 54.
[3] La psychose ordinaire, « Lalangue du transfert dans les psychoses », Le Paon, p. 149.
[4] J. Lacan, «L’Etourdit », p. 490.
[5] La psychose ordinaire, p. 327.

1 de mayo de 2016

Las confidencias del analista, por Silvia López


Los numerosos seguidores del curso psicoanalítico que Jacques-Alain Miller dicta en París, cada miércoles, hoy están de parabienes. En su último libro Todo el mundo es loco, es decir, delirante, el universo conceptual del autor se mezcla con la sorprendente exposición de su propia vida. Historias de su niñez y juventud navegan entre los principios del psicoanálisis lacaniano, como el mensaje perdido en la botella arrojada al mar. ¿Por qué no? Todo analista ha sido, alguna vez, un niño sumergido en los avatares de su familia, un joven en la búsqueda de su ser. 

De entrada, en las primeras páginas, en una escapada a la infancia, el autor nos cuenta su pasado. Avanza por las páginas como esos personajes de los cuentos de hadas que van dejando miguitas para volver al sitio de donde partieron. Miller apela a la memoria, sin poner en juego la doble tensión del recuerdo y su recreación encubridora. Simplemente se relata. Primero, como el hijo de una madre fóbica; más tarde, siendo el niño observado por el padre médico, a través de un aparato de radiología que delata su interior. Después, el joven paralizado por un problema físico, y un mundo de autores: Mallarmé, Molière, Julio Verne y el Viaje al centro de la Tierra. Varias obras acompañan al joven inquieto que lee en su habitación, alejado por largo tiempo de la vida escolar; sin elección, el cuerpo se lo impone. Pero el clima es propicio.
 
Ensoñaderos, diría Baudelaire, plataformas y lugares donde se ingresa para vivir ilusiones maravillosas y el miedo concomitante de la cercanía con lo perdido. Hay en ese relato un fragmento de soledad, un secreto, un señuelo de algo que aún no se ve, pero nadie podría compadecerse, nadie que comprendiera verdaderamente el alcance de la vida intelectual que Jacques-Alain Miller engendró en ese contexto y luego desplegó. No hay evento dramático, hay humor en este libro, un poco de aire fresco. El pesar de su vida: no haber profundizado su saber en las matemáticas. Su gusto por la lógica y su pasión por Spinoza vienen de ahí. Resumo un párrafo que el lector apreciará: el joven Miller recién había conocido a Judith Lacan, quien manejaba bien el automóvil, pero demasiado rápido. Una noche, el accidente. El auto da una vuelta campana, Judith sale ilesa, pero el joven Miller golpea contra el parabrisas y es internado en el servicio de traumatología del hospital de Mantes, con la cabeza hinchada. Según él, era el final. De nuevo, el cuerpo lastimado y el recurso a la lectura. En esa circunstancia Jacques-Alain le pide a Judith La ética de Spinoza que lleva en el bolso. En el servicio, mientras tanto, ordenan placas y estudios de urgencia. El doctor Lacan llega en el transcurso de la mañana. ¿Qué está leyendo?, le pregunta al novio de su hija. Ni bien escucha la respuesta, Lacan ordena: Que se le dé el alta. Con su autoridad natural, terminé poco tiempo después en su jardín, recuerda el autor.

El despliegue de este anecdotario no le impide a Miller explorar otros temas: la cifra, lo real, la responsabilidad del analista, la política de la felicidad, el goce opaco del síntoma, el discurso de la ciencia recubriendo el mundo de los objetos. En este sentido observa la producción de Apple, la nueva computadora, apenas más espesa que una hoja, nos dice, y pronto la utiliza para explicar que allí donde esos objetos faltan, son deseados, esperados. Y hablando de ciencia… Miller no pierde el tiempo y avanza en estado de guerra contra los cognitivos, que ponen en función al Otro, en el interior del organismo, y lo llaman cerebro.

Jacques-Alain Miller no solo divide el mundo analítico en dos: entre los que lo admiran y los que lo aborrecen, también sale a luchar con el alma, en el sentido que le dieron Aristóteles y Lacan, y acorrala a los cognitivos en el descrédito del cientificismo ridículo.

La onda expansiva de este libro alcanza una diversidad de temas y autores, pero lo que pierde en sistematicidad, dice el autor, lo gana en autenticidad. Fiel a aquello que se le pasaba por la cabeza, Jacques-Alain Miller habló libremente en su curso de los miércoles, inspirado en las confidencias. 

Conseguir que bajo su pluma inteligente y provocadora no suenen ampulosas las frases de su historia personal, explicar a través de ella tantos recovecos analíticos, es una jerarquía que pocos autores alcanzan.


30 de abril de 2016

Crónica: Espacio clínico de la NEL - La Habana, por Dennis Ramírez Méndez






Espacio Clínico NEL La Habana
Hospital CIMEQ, 8 de abril de 2016

En el Espacio clínico de la NEL la Habana que acontece con una frecuencia mensual en la Facultad de Ciencias Médicas, fue propicio para un encuentro donde lo contingente y espontáneo se entrelazaron. La presencia de dos psicoanalistas argentinos María del Pilar Ordóñez y César Fernando Mazza ambos: Analistas Practicantes de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) de la Sección de Córdoba, Miembros de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)  que a pesar de lo apretado de sus agendas, reservaron el espacio para el psicoanálisis y especialmente la clínica lacaniana, clínica que muchas veces de manera  azarosa nos devuelve algo del  dialogo con los otros (Otros).

La presentación del caso Roberto de Rosine Lefort por Katherine Lizcano, asociada de la NEL-La Habana, nos permitió contrastar conceptos que están en el origen de nuestra praxis, y que a su vez conllevan a una mirada de la clínica con niños, a la luz de los nuevos paradigmas. Mayra Alonso nos presentó un caso de su práctica, donde Pilar Ordoñez nos recuerda algunas cuestiones de la interpretación en el dispositivo analítico, así como algunos aspectos de la construcción del caso en psicoanálisis.

César Fernando Mazza en la presentación del último número de la Revista "Exordio", la cual dirige, nos indica de este significante  "exordio", remite "al psicoanálisis como discurso que por definición llega e irrumpe en determinado territorio como "recién llegado", siempre está entrando y nunca termina de instalarse puesto que se tiene que reinventar permanentemente"

Les agradecemos a María del Pilar Ordóñez y César Fernando Mazza por compartir con nosotros ese "recién llegado" que nos advierte de eso incurable, y que  a la vez, hace posible la re-invención.

Dennis Ramírez Méndez

29 de abril de 2016

Communique du Bureau de l'AMP - Comunicado del Bureau de la AMP




 
Le Bureau de l'AMP tient à porter à votre connaissance la sortie du premier e-book réalisé dans le Champ freudien par l'ECF. Par ailleurs, il constitue une trace vive des travaux réalisés pour les Journées qui, nous nous en souvenons, ne purent avoir lieu en  raison des événements tragiques survenus à Paris
 *****
El Bureau de la AMP desea darle a conocer la salida del primer e-book realizado en el Campo freudiano por la ECF. Por otra parte, este constituye una huella viva de los trabajos realizados para las Jornadas que, lo recordamos, no pudieron celebrarse debido a los eventos trágicos ocurridos en París.


28 de abril de 2016

Novedad: AGALMA N° 2, Revista Chilena de Psicoanálisis Lacaniano




"Hemos querido una Agalma heterogénea en sus temas. El goce, la entrada en análisis, el amor y el deseo, el objeto en las psicosis, la clínica en instituciones, la presentación de enfermos, la soledad de la época, la política y el psicoanálisis, la agresividad, entre otros, recorren sus páginas. Esta heterogeneidad representa nuestros intereses y nuestras causas, así como la diversidad de aristas que enriquecen nuestra vida como institución. No quiero dejar de agradecer a quienes han colaborado en este número. Al equipo estable integrado por Eduardo Pozo, Óscar Delgado, José Luis Obaid, Ana María Sanhueza y Claudio Morgado. Especialmente a este último, quien cumplió una labor inigualable en la coordinación editorial. Agradezco también a los autores, por seguir afrontando con entusiasmo y creatividad la labor de escribir sobre sus experiencias como practicantes del psicoanálisis. A Mónica Torres, Fabián Naparstek y Jorge Chamorro, por su disposición a transformar en texto sus intervenciones en la ALP. Al directorio de la Asociación Lacaniana de Psicoanálisis, por haber impulsado este proyecto que ha sido una apuesta mayor en nuestro desarrollo institucional. Por último, tengo que agradecer y celebrar el trabajo de Andrea Uribe y Alejandro Salazar, quienes han estado a cargo del trabajo editorial y estético de Agalma. Agradezco su profesionalismo y compromiso con nuestro proyecto, así como su disposición a interpretarnos en la revista que queríamos obtener, haciéndose responsables de materializarla. Muchas gracias; sin ellos, Agalma no sería lo que es. Ahora, a disfrutarla." 
 
Ricardo Aveggio
 
 
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26 de abril de 2016

Grande Conversation de l’École Une - La Gran Conversación de la Escuela Una.








GRANDE CONVERSATION DE L'ÉCOLE UNE

Vendredi 29.04.2016 — 15H30 – 18H00 

Nous proposons 3 axes de réflexion pour la Grande Conversation de l'École Une. Ils touchent à une actualité partagée par les différentes Écoles. Pour chacun, deux collègues ont accepté d'en exposer, en cinq minutes, les grandes lignes pour ouvrir la discussion. 

1)— Travailler en institution à partir de la psychanalyse. Psychanalyse pure, psychanalyse appliquée : recoupements et différences. 

Le champ du transfert laissé vacant par la psychiatrie scientifique est de plus en plus occupé par des psy orientés par la psychanalyse. Les lacaniens se sentent concernés, plus que jamais ! 

Patricia Bosquin-Caroz [NLS-ECF], Domenico Cosenza [SLP] 

2) — La bataille de l'autisme et les législations 
Il est indubitable que ceux qui postulent la fin de la psychanalyse se sont emparés de l'espace où se déploient les enjeux autour de l'autisme pour stigmatiser une pratique qu'ils voudraient voir annulée par une législation. Cela nous vise tous. 

Vilma Coccoz [ELP], Silvia Tendlarz [EOL] 

3) — Les États d'urgence. 

Les fractures qui parcourent toutes les régions du globe, la violence incontrôlée et portée à l'échelle du monde, secouent les États attaquant les liens qui tenaient encore, au-delà de la destitution du Nom-du-Père. Quelle implication pour le psychanalyste ? 

Christiane Alberti [ECF], Juan Fernando Pérez [NEL] 


Gran Conversación de la Escuela Una

Viernes 29.04.2016 — 15H30 – 18H00 
Proponemos 3 ejes de reflexión para la Gran Conversación de la Escuela Una. Se refieren a una actualidad compartida por las diferentes Escuelas. Para cada eje, dos colegas han aceptado exponer, en cinco minutos, las grandes líneas para abrir la discusión. 

1)— Trabajar en institución a partir del psicoanálisis. Psicoanálisis puro, aplicado: yuxtaposiciones y diferencias. 
El campo de la transferencia, dejado vacante por la psiquiatría científica, está cada vez más ocupado por psy orientados por el psicoanálisis. Los lacanianos se sienten concernidos, ¡más que nunca! 

Patricia Bosquin-Caroz [NLS-ECF], Domenico Cosenza [SLP] 

2) — La batalla del autismo y las legislaciones 

Es indudable que los que postulan el fin del psicoanálisis se han apropiado del espacio en el cual se despliegan los desafíos alrededor del autismo para estigmatizar una práctica que les gustaría ver anulada por una ley. Es algo que nos afecta a todos. 

Vilma Coccoz [ELP], Silvia Tendlarz [EOL] 

3) — Los Estados de urgencia 

Las fracturas que recorren todas las regiones del globo, la violencia descontrolada y llevada a escala mundial, sacuden a los estados, atacando los lazos que, hasta ahora, todavía se mantenían más allá de la destitución del Nombre del padre. ¿Qué implicación supone para el psicoanalista? 

Christiane Alberti [ECF], Juan Fernando Pérez [NEL] 

25 de abril de 2016

El Cuerpo Hablante -Boletín nº 28, 29, 30 y 31-, por Liliana Bosia, Marcela Almanza, María Victoria Clavijo, Adriana Meza.



EL CUERPO EN LA ESQUIZOFRENIA 
Liliana Bosia

Liliana Bosia se pregunta por el cuerpo en la esquizofrenia. ¿Cómo situar el significante encarnado o corporizado que hace letra en el cuerpo, sin articulación, donde la significación es delirante, la imagen falla en la unificación del cuerpo, el goce es invasivo y los órganos tienen vida propia? ¡Buena lectura!

Es una vez más la clínica la que me lleva a interrogar la teoría. Bordeo la última enseñanza de Lacan para tratar de dilucidar qué puede hacer un paciente con su cuerpo cuando dice en sesión por ejemplo que “se le desenganchó la rodilla” o cuando dice “sentí una flama acá en las vísceras que me llama”. ¿Es posible un anudamiento del cuerpo con el lenguaje en la esquizofrenia?

Sabemos con Lacan que el cuerpo es una construcción, de manera que al nacer somos un organismo viviente y la constitución de nuestro cuerpo no se da en forma natural.

El cuerpo para el psicoanálisis no es anatómico, sino el resultado de un encuentro, del encuentro del organismo con el lenguaje. Entonces, es por la incidencia del significante sobre el organismo que el cuerpo biológico deviene un cuerpo erógeno, es decir un cuerpo simbólico que se prestará como superficie topológica de inscripción a recibir la marca del significante.

En la experiencia analítica constatamos que las palabras tienen una carga afectiva que es libidinal, por lo tanto tienen una carga de goce. Desde el punto de vista del goce, la forma en que los significantes son "encarnados" en el cuerpo dependerá de la singularidad de cada parlêtre, en el análisis se tendrá que dilucidar esas experiencias de goce tan particulares que sólo el analizante puede dar cuenta de la trama por la que se encarnan en el cuerpo.

De modo que el significante tiene efectos de significación pero también tiene un efecto de goce. Así en la experiencia analítica se trata del sentido de lo que se dice y sobre todo del goce que lo inspira.(1)

Pero ¿qué pasa con el cuerpo en la esquizofrenia? , qué nos dice el cuerpo de un parlêtre esquizofrénico? 

Miller, en su conferencia “La invención psicótica” (24-11-99, como introducción al Seminario de la sección clínica París-Ile de France) dirá: “La buena educación es, en gran medida, el aprendizaje de las soluciones típicas, de las soluciones sociales para resolver el problema que plantea al ser hablante el buen uso de su cuerpo y de las partes de su cuerpo: con esto hay que hacer esto, con esto otro hay que hacer esto. Esta distribución no opera en el esquizofrénico”.(2)

La distinción entre el organismo y la función en la esquizofrenia es siempre problemática. En estos sujetos los órganos “pasan por fuera del cuerpo, en el sentido en que toman vida ellos mismos, tienen su propia vida, su propio lenguaje”.(3)

Lacan nos explica en su artículo “El Estadio del Espejo” como el montón de piezas sueltas del cuerpo adquieren unidad gracias a la imagen que tenemos de él en ese momento estructurador. Siendo la experiencia originaria del niño la del cuerpo fragmentado. En la esquizofrenia esta operación de unificación imaginaria fracasa.

Para el esquizofrénico, ”todo simbólico es real”.(4) Esto quiere decir que el significante, la palabra tienen una incidencia directa sobre el cuerpo y sobre determinados órganos del cuerpo. Así como también algunas sensaciones corporales de estos sujetos pueden tener de manera unívoca una significación particular y no convencional, es lo que Freud llamaba “lenguaje del órgano”.


Notas
1 Castellanos, S., El dolor y los lenguajes del cuerpo, Grama, Buenos Aires, 2009, p. 37.
2 Miller, J.-A., La invención psicótica, Revista Virtualia #16.
3 Castellanos, S., Op. Cit, p. 92. 
4 Lacan, J., Escritos 1, “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite“, cita tomada del escrito de Marga Auré, “El cuerpo esquizofrénico: Breves referencias en Freud y Lacan” (Blog El psicoanálisis Lacaniano en España, noviembre 2011).



Boletín No. 29
Marcela Almanza


Marcela Almanza despliega en su texto el análisis sobre el fracaso del imperio de la técnica, pese al alto consumo de las mismas, en las soluciones a que pretende dar a la no relación sexual. Ni la pornografía electrónica, ni el Tinder, ni las intervenciones sobre el cuerpo resuelven el inevitable impasse que implica el goce del Uno. ¡Buena lectura!

En su Conferencia “El inconsciente y el cuerpo hablante” J.- A. Miller nos sumerge de entrada en las vicisitudes de la práctica del psicoanálisis en el siglo XXI, a partir de ese “algo nuevo en la sexualidad” que va de Victoria al porno, donde no solo se ha pasado “de la interdicción al permiso, sino a la incitación, a la intrusión, a la provocación, al forzamiento”.

Destaca entonces cómo en la era de la técnica, la pretendida solución a los callejones sin salida de la sexualidad (por ejemplo, a nivel de la pornografía electrónica) se presenta más bien como un síntoma de ese imperio de la técnica. 

En esa vía, el famoso Tinder (aplicación que permite a los usuarios comunicarse con otras personas con base en sus preferencias para charlar y concretar citas o encuentros y que fue considerada una de las aplicaciones de citas más importantes del mercado digital, con más de 50 millones de usuarios) no hace más que demostrar que, ni aún a costa de “tinderear” profusamente, los seres hablantes encuentran una salida común y satisfactoria para sus malestares.

Bajo estas coordenadas se confirma, en las demandas de análisis actuales, que lo que se reinstala invariablemente en cada parlêtre sigue siendo la pregunta por cómo responder, cómo hallar algún saber posible para arreglárselas de algún modo con el hecho de que No hay relación sexual ya que, como plantea J.-A. Miller, el goce encierra a cada uno de los sexos en sí mismo interfiriendo cualquier diálogo posible, pues el goce del Uno no garantiza nada acerca del goce del Otro. 

Frente a este inevitable impasse, al que están sometidos todos los seres hablantes, muchas veces el cuerpo toma protagonismo y se presenta ante nosotros bajo el signo de un exceso que busca algún tipo de regulación.

Muchas veces se trata de un cuerpo “intervenido” de diversas maneras, marcado por múltiples cirugías y tratamientos cosméticos cada vez más estrambóticos, tatuajes masivos, perforaciones variadas o simplemente se trata de un cuerpo tomado de una densa mudez que se sume en soledad en los múltiples gadgets tanto en la escena pública como privada.

Así, consentir al encuentro con un analista que propone entregarse a la palabra, cada vez, produce una necesaria escansión témporo-espacial que puede marcar toda una diferencia con respecto al punto de partida al que aludía, por producir un forzamiento diverso pues se trata -como propone Lacan- de “poner de relieve la resonancia corporal de la palabra, es decir, el eco del decir en el cuerpo” sabiendo que “El Un-cuerpo es la “única consistencia” del parlêtre y es lo que el ser humano tiene que traer en análisis”.

Notas
-.Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2013.
-.Miller, J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Scilicet El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el Siglo XXI, Grama, Buenos Aires, 2015, pp. 21-35.



EL CUERPO HABLANTE EN BRUTO
María Victoria Clavijo

María Victoria Clavijo nos propone con su texto la diferencia entre la concepción en la Orientación Lacaniana del síntoma como acontecimiento del cuerpo y del cuerpo hablante, de todas las formas contemporáneas de culto al cuerpo. ¡Buena lectura!

Decir: “el síntoma es un acontecimiento de cuerpo, en bruto, sin todo lo demás podría habilitar una práctica higiénica o alguna suerte de gimnasia”.(1) Decir: el cuerpo hablante, acarrea el mismo riesgo, puesto que en la época actual, el cuerpo es uno de los objetos de adoración narcisista, y la voz que comanda ese imperativo superyoico bien podría tomar la forma de una canción: “Dale a tu cuerpo alegría! , Macarena…” O terapias cuyo comando es “Escucha tu cuerpo”, pues es voix populi que el cuerpo habla. 

Restringir la concepción del uso del cuerpo hablante exige no tomarlo en bruto para circunscribir la práctica lacaniana posible que lo toma como orientación y diferenciarlo de otra, tipo fitness del cuerpo pretendidamente vivo, del cuerpo del placer, del cuerpo del goce fálico que permite “fácilmente imaginar que un cuerpo está hecho para que se tenga el placer de levantar un brazo, y después otro y después de hacer gimnasia y saltar y correr y tirar y hacer todo lo que quiera (…) que es esa suerte de suplencia (…) del sentido sexual, pero del sentido sexual que falta”.(2)

Y para hacerlo, Lacan se orienta preguntándose permanentemente dónde y cómo situar el saber del que se trata en la experiencia analítica. 

Los efectos patógenos del inconsciente en el cuerpo, “inconsciente parásito”(3) son aquellos sobre los cuales la experiencia analítica pone el acento, no para efectuar un acoplamiento entre el yo y el cuerpo, que sería el objeto de la gimnasia o las bailoterapias, sino para extraer un saber que tenga consecuencias en el goce opaco del sinthome. Dice Lacan en el Seminario 2: “(…) esa feliz relación, esa relación pretendidamente armónica entre lo que vive y aquello que lo rodea, está perturbada por la insistencia de ese saber, y el ser hablante, para llamarlo como yo lo llamo, que lo habita no sin toda clase de inconvenientes”.(4)

En esta clase Lacan plantea que la relación del cuerpo con la vida, no es menos clara que la relación del cuerpo con la muerte. Más allá de contestar cómo se sostiene la vida en un cuerpo, Lacan dice que lo que hay que advertir es que en la experiencia privilegiada del análisis se dan signos de que hay algo que se ordena en lo real“ y que él (lo real) se origina, por ser solidario de algo, que, pese a nosotros, es excluido de este acceso de la vida que no nos damos cuenta”, es decir, el goce, pero que “el individuo, sin saberlo, lo supone allí”.(5) 

Ese goce, dice Lacan está ligado a la lógica de la vida, diversificado (s´averie), averiado, jugando con la homofonía que denota la disarmónico de su vivencia; diversificado en algo que se encarna en lalangue. “Pues es preciso resolverse a pensar que lalengua es solidaria de la realidad de los sentimientos que ella significa. Si hay algo que nos lo hace tocar verdaderamente, es justamente el psicoanálisis”.(6)


Notas
1 Miller; J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, El Ser y el Uno, Clase del 9 de marzo de 2011, Inédito.
2 Lacan, J., El Seminario 21, Les non- dupes errent, (1974-75), Clase 11 de junio, Inédito
3 Cf. Ibíd.
4 Cf. Ibíd. 
5 Cf. Ibíd.



EL HACER DEL PSICOANALISTA, HOY 
Adriana Meza

Adriana Meza se sirve de un pasaje de Miller en El ultimísimo Lacan para mostrarnos en relación al hacer del psicoanalista, los distintos forzamientos como se hace efectiva la TDE en relación a lalengua, el goce y el cuerpo. ¡Buena lectura!

El predominio del goce de lo Uno propio de la clínica contemporánea, lleva a Lacan a definir al inconsciente “mediante el autismo de la palabra”(1). Se trata de la clínica del parlêtre, término que introduce Lacan para referirse al sujeto que ya no cree en el inconsciente ni en el Otro. 

El parlêtre se presenta en la clínica con la experiencia de un goce que asume y explica como manifestaciones propias de su ser o como acontecimientos provenientes del exterior, sin implicarse en ello. 

Este goce que se presenta como goce autista plantea para Lacan la pregunta, retoma Miller (2), si tal como el lazo social, “el psicoanálisis no sería un autismo de a dos”(3). Es lo que le permite sostener que “no hay relación sexual”(4), lo que se puede entender como “no hay relación lingüística”(5). Lacan propone entonces que para “cumplir con la existencia del psicoanálisis”(6) es necesario un “forzamiento del autismo”(7), lo cual es posible, plantea, por la existencia del “asunto común”(8) de lalengua. ¿Cómo podemos entender este asunto común de lalengua en nuestra práctica clínica?

Podemos decir siguiendo a Miller, que hacer con lalengua es hacer con el cuerpo, en tanto lalengua permite, a falta de la relación lingüística, la relación entre los “Un-cuerpos”(9). Lalengua, dice Miller, no es el lenguaje. A diferencia del lenguaje, lalengua no está sometida al orden de la gramática, por lo que queda por fuera del sentido, del lado del equívoco. “Lalengua absorbe lo que se dice”(10). Es decir, apunta a la palabra “tomada materialmente, fonéticamente”(11). La distinguimos del lenguaje en tanto se escucha en lo que “se dijo de hecho, materialmente”(12).

A partir de aquí, podemos decir que el hacer del analista implica, por ejemplo, extraer sentido de lalengua del parlêtre; extraer sentido del enunciado, dando al sinsentido de lalengua lugar de dicho. Implica hacer con lo que el parlêtre trae al dispositivo, más allá de las palabras. Esto es sancionar como dicho a lo que se produce en la consulta: a los sonidos que emite, a los gestos; a lo que hace con el cuerpo. 

Estas maniobras permiten dar lugar de acontecimiento a lalengua del parlêtre, producir un acontecimiento” con aquello que el parlêtre revela de hecho, con su cuerpo, por fuera del sentido y de la cadena significante. 

Hacer con el autismo del parlêtre implica usar el equívoco y el cuerpo apuntando a agujerear el Uno de su goce y abrir un espacio a la transferencia. Es el desafío que plantea al psicoanalista la clínica de hoy.

Notas:
  1. Miller, J. –A., El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 120.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.
  6. Ibíd.
  7. Ibíd.
  8. Ibíd.
  9. Ibíd. pág.121
  10. Ibíd.
  11. Ibíd.
  12. Ibíd.