2 de julio de 2015

CRISIS, ¿Qué dicen los psicoanalistas?, por Santiago Castellanos




Lacan en su texto “Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” dice: “Mejor que renuncie quien no pueda reunir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espiral a la que su época lo arrastra en la obra continuada de babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes” (1)

Esta referencia de Lacan nos plantea un desafío constante a los psicoanalistas porque nuestra práctica se desenvuelve en el marco de una sociedad y de una época que cambia, lo que nos convoca de forma renovada a la función de intérpretes.

Jacques Alain-Miller dirá en una entrevista publicada en 2008 por la revista Marianne: “Hay crisis en el sentido psicoanalítico cuando el discurso, las palabras, las cifras, los ritos, la rutina, todo el aparato simbólico, se revelan de repente impotentes para atemperar un real que de hecho no esta más que en su cabeza. Una crisis es lo real desencadenado e imposible de dominar. El equivalente en la civilización, de estos huracanes con los cuales la naturaleza viene periódicamente a recordar a la especie humana su precariedad, su debilidad fundamental” (2).

El significante “Crisis” forma parte del lenguaje común, pero para el psicoanálisis tiene la dimensión de la ruptura, de la discontinuidad, del agujero, del desorden, lo que ha sido ampliamente discutido y elaborado en los recientes Congresos de la Asociación Mundial de psicoanálisis. La época actual se presenta con grandes tensiones en lo político, en lo económico y en lo social, lo que no es sin consecuencias subjetivas. Lo que cambia es el terreno fértil a explorar para que el psicoanálisis avance y redefina su lugar, es una oportunidad para el trabajo hacia las XIV Jornadas en Barcelona.

Algunas coordenadas de la época actual

1.-Una de las diferencias más evidentes de la época actual en relación a la época de Freud es la laxitud y casi desaparición de los ideales y de las prohibiciones que ordenaban la sociedad de la llamada época victoriana. Freud analizó particularmente las consecuencias subjetivas producidas por la prohibiciones de la moral sexual. Todo lo que sucedía por fuera de la ley del matrimonio monogámico era perseguido o considerado perverso y las consecuencias neuróticas tenían como fuente el fracaso en la domesticación de la sexualidad reprimida.

Esto está cambiando de manera vertiginosa en la últimas décadas y reconfigurando nuevas formas y vínculos en las relaciones de familia, de filiación y de relación entre los sexos. Es la constatación de lo que el psicoanálisis de orientación lacaniana quiere decir cuando plantea que nuestra época lleva las marcas de la decadencia de la función del padre, o dicho de otro modo, del fracaso de los modos tradicionales de regulación del goce. Y esto lo podemos afirmar sin ningún tipo de añoranza de épocas pasadas porque el psicoanálisis no hace de ningún ideal la bandera de su orientación clínica, política o epistémica.

El sujeto moderno vive conectado, en red y este es un fenómeno absolutamente nuevo. Como subraya Gérard Wacjman en su libro “El ojo absoluto” la hipermodernidad es la instauración de una civilización de la mirada, estamos en la época en que todo el mundo es voyerista y en que todos los voyeristas son observados, de ahí que la mirada sea una cultura común y global.(2)

El sujeto contemporáneo vive cada vez más “enganchado” a esta cultura o más “prisionero” del goce autista que las pantallas proveen.

Dos películas recientes nos muestran esta tendencia y sus consecuencias.

Shame es una película británica estrenada en 2011, dirigida por Steve McQueen. La película narra la historia de un hombre de 30 años, Brandon Sullivan, que vive y trabaja en Nueva York. Es un hombre solitario que tiene un buen trabajo, no es alguien marginal. Brandon tiene lo que podría llamarse periodísticamente una “adicción sexual”. Consumo desenfrenado de pornografía, prostitución etc... Una vida sórdida, decadente y solitaria. Solo cuando hay un intento de suicidio de la hermana él se angustia frente a un real que lo desborda.

Her es una película escrita y dirigida por Spike Jonze en 2013. El protagonista es un hombre que vive cómodamente escribiendo en un empresa cartas para terceras personas. Está en crisis tras la ruptura de una larga relación amorosa y se muestra intrigado por la aparición de un avanzado sistema operativo basado en el modelo de inteligencia artificial, especialmente diseñado para satisfacer virtualmente al usuario del sistema. Este sistema incluye a “Samantha”, una brillante voz femenina que es sensible, sorprendente, divertida y con la que establece una apasionada relación virtual. Se enamora. Entra en crisis cuando se da cuenta de que millones de personas también están enamorados de “Samantha”, se angustia y al final el sistema falla.

Es una película futurista, pero que da cuenta de una tendencia de la época. Por ejemplo, en Japón hay informes de las autoridades que subrayan como el 40-50 % de los japoneses de ambos sexos no tienen relaciones sexuales coitales. Este es un fenómeno que viene desarrollándose en los últimos años y que se combina con todo tipo de consumos virtuales y fetichistas, pero de carácter solitario en el que algunos objetos de la tecnología hacen de intermediarios para ese goce. Hay encuestas que afirman que uno de cada dos estudiantes universitarios siguen manteniendo la virginidad o que se niegan a mantener relaciones íntimas.

Nuevas formas de vivir la sexualidad donde el sujeto de alguna manera escabulle el encuentro con el partenaire. La sexualidad hace agujero y al mismo tiempo frente al agujero aparecen nuevas respuestas, nuevos síntomas.

2.-Jacques Alain Miller subraya en su texto “Psicoanálisis y sociedad” como para Lacan el lazo social se presenta como discurso, en lugar de referirse a los conceptos freudianos de cultura y sociedad. Lo hace así para huir del espejismo de la sociedad como Uno e introducir la dimensión de lo múltiple.
El concepto de lazo social define, en primer lugar, que el sujeto no es por estructura autista, porque no hay sujeto sin Otro. El Otro de los significantes y del lenguaje lo precede y ubica la importancia de la dominación de los significantes amos que cambian en relación a cada época. En segundo lugar, el concepto de lazo social implica en Lacan que todo lazo incluye un programa de goce. Los discursos se fundan en relación a un goce o mejor dicho a un modo de goce. Aquí encontramos el fundamento de lo social.

Jacques Lacan lo desarrolla a partir de la estructura de los cuatro discursos en el seminario XVII: el discurso del amo, el discurso de la histeria, el discurso universitario y el discurso analítico, al que finalmente agrega el discurso capitalista, que lo escribirá a la inversa del discurso del amo. Se trata de entender por la vía de los discursos un funcionamiento que regula la relación entre la subjetividad, los significantes amos y el goce del ser humano.

Se trata de que podamos pensar los significantes amos y los modos de uso del goce que determinan la época y marcan la subjetividad. Jacques Lacan anticipa que el mercado y la ciencia se convertirán en los nuevos amos que amenazan con reducir el espacio de la subjetividad y al psicoanálisis mismo.

En la presentación de las Jornadas hablamos de Big data o sociedad de control generalizado. Big Farma, con ello hacemos referencia a la respuesta de las neurociencias y al proceso de higienización y medicalización de la vida cotidiana. Big Money y el discurso que lo acompaña: el sujeto emprendedor de si mismo, autoexplotado y exclavizado, para servir a la sociedad del rendimiento y del consumo.

Byung-Chul Han, filósofo y profesor universitario en Alemania, de origen coreano, afirmará en su libro “La sociedad del cansancio” como la sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día, más allá de que estos elementos permanezcan. Lo nuevo sería considerar que más que una sociedad disciplinaria se trata de una sociedad del rendimiento, donde los sujetos son emprendedores de si mismos. (3)

En la actualidad lo que viene al lugar de mando en el discurso capitalista son los objetos, lo que supone que el sujeto pase al lugar de consumidor y al mismo tiempo consumido por los mismos. Lo fundamental es entender que este discurso funciona en una circularidad que excluye la imposibilidad y que por tanto se retroalimenta a sí mismo.

La civilización actual se destaca por la producción generalizada de objetos para el goce pulsional a una escala nunca antes conocida por la humanidad. Este es un goce que tiene un carácter autístico y anónimo, estereotipado y repetitivo, del que es muy difícil deshacerse porque el mercado lo alimenta incesantemente.

Hay que aclarar que si este mecanismo infernal tiene éxito es porque conecta directamente con la estructura del sujeto. Desde el psicoanálisis de orientación lacaniana sabemos que el goce del ser hablante tiene esa estructura, la de ser un goce acéfalo y autístico que siempre pide más.

No hay en el campo del Otro la posibilidad de dar una consistencia a su discurso, ni asegurar la consistencia de la verdad y entonces el sujeto la encontrará en lo que Lacan llamará el objeto a, el objeto plus de goce. De esta forma, la rutina de la singularidad del fantasma de cada uno se sustituye por el estereotipo de la producción en serie de los objetos de goce.

Lacan había reconocido esta función del objeto a que reemplaza a los ideales que ordenaban la vida de los individuos. En Radiofonía, en el año 1974, subrayaba la promoción del objeto a al cenit social, operación que se realiza con el apoyo y el progreso de la técnica y de la ciencia.

¿Qué consecuencias para la subjetividad?

Una de las características del funcionamiento del discurso capitalista es que produce como efecto la ruptura del lazo social y al mismo tiempo los fenómenos de segregación.

Ya no se trata solamente de la clásica diferencia entre el norte y el sur, o los países ricos y pobres, del reparto del mundo según los países poderosos y endeudados que se arruinan de por vida para pagar sus deudas, sino que como subraya Miquel Bassols en su texto “Crisis y estafa del goce”: “No se trata ya de un momento de crisis del sistema sino de su propia perpetuación sostenida sobre la figura de un Otro del goce que se revela finalmente en su dimensión más radical y traumática como imposición de un orden social fundado en el fraude y en el engaño, en el expolio sistemático de los bienes de muchos por unos pocos”. (4)

En Europa los llamados “Estados de Bienestar” mantenían una cierta cohesión social para los sectores más desprotegidos. Pero en la actualidad las nuevas corrientes neoliberales, se orientan con una política que rompe ese miso lazo social.

Recientemente, la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales ha emitido un informe sobre el estado social de la nación en 2015, según la cual la sociedad española está caracterizada por la dualización, la desigualdad extrema, la falta de movilidad social y el deterioro de lo público, con una enorme cronificación de los problemas. Según el informe, cerca del 30 % de la población, es decir unos 14 millones de personas, está condenada a vivir en la pobreza o en la vulnerabilidad permanente, sin esperanzas de engancharse al lazo social y cuyos proyectos vitales se han truncado. Estamos asistiendo a una profunda mutación social que deja atrapados en el sótano de la pobreza a millones de personas y esto es lo que en psicoanálisis llamamos del orden de lo real, este es un real que producirá efectos, tensiones y consecuencias subjetivas a las que tenemos que estar atentos.

Eric Laurent indica en su texto “El racismo 2.0” como Lacan preveía el ascenso del racismo en los momentos en que el idilio por Europa a finales de los años 60 hacía preveer otra perspectiva. La apertura de los mercados comunes y globalizados introduce al mismo tiempo el efecto de rechazo del goce del otro y de lo heterogéneo: “El racismo, en efecto, cambia de objetos a medida que las formas sociales se modifican, pero, según la perspectiva de Lacan, siempre yace, en una comunidad humana, el rechazo de un goce inasimilable, resorte de una barbarie posible”. (5)

Lacan evoca el problema del racismo en la “Proposición del 9 de octubre de 1967”: “Nuestro porvenir en los mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”. (6)

La fragmentación del lazo social y la multiplicidad de los goces, la crisis y la caída de los ideales que ordenaban el lazo social confirma, al mismo tiempo, lo que Lacan anticipó como el auge de la religión, lo que en la actualidad se manifiesta con la emergencia de los fundamentalismos religiosos.

La aparición de los fenómenos políticos de ultraderecha en diferentes países de Europa y la emergencia de la barbarie de los diferentes fundamentalismos religiosos nos plantea interrogantes acerca de la deriva y los efectos que la “crisis” producirá en las sociedades en las que el psicoanálisis desempeña su función.

Lacan subraya cómo el auge de la religión se produce a partir de su función de dar sentido a las cosas y a las perturbaciones que introduce la ciencia sobre lo real, pero hay que añadir que el efecto de retorno frente a la “crisis” que produce ese mismo auge en la contemporaneidad está manifestándose bajo nuevas formas de barbarie frente a lo inasimilable del goce del otro y de lo heterogéneo. Europa vive en “estado de excepción” como consecuencia de una guerra que se libra en otra parte pero que tiene una influencia directa en el viejo continente. Este es otro de los grandes temas que corresponde interrogar e interpretar.
Es fundamental investigar la gran variedad de respuestas de los sujetos a las condiciones de la época, lo que llamamos síntomas contemporáneos, que en algunos casos no son tan nuevos, sino que los son por su alcance y sobre todos por las condiciones de posibilidad de la misma práctica del psicoanálisis.

En la clínica cada vez es más frecuente encontrarnos con el síntoma que no llama a un desciframiento. Hace falta dar un rodeo, porque para el psicoanálisis no es posible hacer un tratamiento directo del objeto y lo real por las transferencias negativas que cortocircuitan la posibilidad de una cura. Las formas y las operaciones que el analista tiene que producir en relación a los llamados síntomas contemporáneos es otra de las vertientes y de los desafíos que los psicoanalistas tenemos planteados.

El descubrimiento freudiano, que desarrollará posteriormente Lacan, es que hay algo del goce que no va a favor del sujeto, poniendo de relieve la inadecuación del mismo, siempre hay una distancia entre el goce que hay y el que haría falta.

Esta insatisfacción se traduce en una serie de síntomas que traduce el malestar del sujeto contemporáneo sometido al imperativo del mercado: ¡Goza!

Las manifestaciones clínicas del poder del objeto frente al declive de lo simbólico son muy diversas.

Nos encontramos con la adicción como síntoma de la época, lo que quiere decir la fijación de un goce estandarizado por el mercado, en sus diferentes formas. Es el síntoma por excelencia de la sociedad actual frente a las antiguas figuras de la autoridad. Esto va más allá de la clínica clásica de las llamadas toxicomanías. Es decir, se trata de un goce sin límite en relación a un objeto preciso siendo este un objeto cualquiera (deporte, sustancias, pantallas, sexo, dinero etc..)

La angustia y los ataques de pánico, Lacan dirá que la angustia es un afecto que no engaña. Más allá de eso nos encontramos a menudo con la clínica del pasaje al acto en la que el sujeto no pasa por el tiempo para comprender, hay un rechazo al saber, en la que el sujeto responde sin ninguna elaboración porque hay escasos recursos simbólicos e imaginarios que se pongan en juego frente a la angustia.

La depresión y los llamados trastornos y síntomas del cuerpo por parte de la medicina, como los trastornos de la alimentación –anorexia y bulimia- o del dolor generalizado en el cuerpo como la fibromialgia. Fijaciones de un goce deslocalizado que no incluyen una respuesta subjetiva, sino una demanda en la que el sujeto no se implica.

El crecimiento en la clínica de los sujetos con Psicosis Ordinarias, que en su fragilidad requieren una clínica muy fina para evitar el desencadenamiento psicótico. El campo de la clínica de la psicosis se amplia más allá de la clínica del fenómeno elemental que caracterizaba la primera enseñanza de Lacan.

La clínica de la precariedad social y subjetiva añade más campos a trabajar, junto a otros, en las próximas Jornadas de la ELP.

El lugar del psicoanálisis 

Frente a este panorama, hay la respuesta del lado de la ciencia en la que se trata de hacer el inventario de los trastornos que son establecidos por los llamados comités de expertos, cuya máxima expresión ha sido la publicación de la última edición del DSM V. Hay la alianza del Otro de la medicina con el Otro de la industria farmacéutica para obturar la posibilidad de tratar la singularidad del que sufre en su síntoma. Para las neurociencias el sujeto queda reducido a un trastorno de las funciones cerebrales cuya respuesta universal estaría del lado del protocolo y la medicalización.

La Organización Mundial de la Salud, en su nota nº 369 de 2012 estima que la depresión afecta a unas 350 millones de personas en el mundo y que es responsable aproximadamente de un millón de muertes anuales. El informe de consumo de medicamentos del Ministerio de Sanidad sobre utilización de antidepresivos en España del 14 de enero de 2015 subraya que el consumo ha pasado de 26,5 DHD –es decir dosis diaria definida por 1.000 habitantes- en el año 2000 a 79,5 en el año 2013. Es decir, en poco más de una década se ha multiplicado por cuatro.

La situación, sin embargo, de los recursos en salud mental es cada vez más precaria, los medios y los recursos humanos para la escucha de los pacientes cada vez más escasos.

Además de esta respuesta del lado de la medicalización, nos encontramos con una enorme paradoja. Por un lado la civilización hipermoderna promueve un goce sin freno en la que el sujeto es “consumido” y al mismo tiempo se presenta promoviendo todo tipo de iniciativas desde el punto de vista del control, el higienismo o la pedagogía. Es decir, nos encontramos con el empuje a gozar y al mismo tiempo con el “puritanismo” en sus formas mas radicales, el intento de normalización y la creencia de que a través de la educación el síntoma puede ser tratado.

Esto no es sin tensiones y la clínica del psicoanálisis se desarrolla alrededor de esos agujeros que lo real no deja domesticar. La cura analítica es una experiencia subjetiva en la que cada uno procura encontrar una solución singular a su síntoma, no hay universal como respuesta, ni protocolo a implementar. No hay un universal a los problemas subjetivos que el ser hablante encuentra en la vida en relación al deseo, la sexualidad o la muerte.

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis ha convocado un Foro bajo el título: “¿Insumisos de la educación? Foro sobre Autismo”, para el próximo día 11 de diciembre en Barcelona, un día antes de las Jornadas. El ámbito educativo es hoy para el cognitivismo el terreno apropiado para corregir “el autismo” y los problemas de la infancia en general. Se trata de aplicar un ideal normalizador a través de la reeducación. 

Esto no es sin resistencia, lo que es tratado, en muchas ocasiones, con medicación neuroléptica. La pseudociencia, a través de informes de supuestos expertos, recomienda métodos educativos y conductistas para el autismo, segregando la experiencia del psicoanálisis y su orientación por rescatar la dimensión subjetiva y la posibilidad de invenciones de los sujetos.

La segregación del psicoanálisis como opción terapéutica pretende hacerlo desaparecer de un plumazo. Vamos a abrir un debate sobre estas cuestiones y a dar una batalla política y de ahí la importancia del Foro. Esto está ocurriendo también con el tratamiento de los llamados Trastornos de hiperactividad con déficit de atención (TADH).

La orientación de las corrientes cognitivo-conductuales para el tratamiento para los problemas de la infancia y la adolescencia, más allá de la temática del autismo, es un despropósito. Las orientaciones para resolver los problemas del lado de la educación y la normalización producirán efectos de retorno aún peores. Desgraciadamente nos enteramos por la prensa de muchos de esos efectos de retorno.

Para el psicoanálisis, hay la posibilidad de la escucha y la solución del lado del síntoma de cada uno, en un momento de la vida en que aparecen “crisis subjetivas”.

Tal y como decimos en la presentación de las Jornadas: “Por eso para el psicoanálisis una crisis es un faro de lo real. Esto significa que podemos hacerlo funcionar como un indicador, como una brújula.

Krisis significa, en su etimología griega, oportunidad. Así, no resulta extraño que el psicoanálisis sea amigo de la crisis. Amigo en el sentido de que la conoce, la respeta y sabe servirse de su potencial.”

El psicoanálisis como discurso no va a cambiar el curso de la historia, ni pretende hacer juicios morales sobre las nuevas formas de gozar, más bien se trata de acompañar al sujeto a reconocerse en lo que hace síntoma y a encontrar una solución singular a su encuentro con lo real, con las nuevas formas de dominación y por esa vía es que cada uno encontrará respuestas subjetivas distintas a la de su alienación al goce en el que está atrapado. Esto le da al discurso analítico un carácter “subversivo”, que contraría en su práctica y en su orientación ética la lógica del discurso capitalista.

Más allá de eso nos tendremos que preguntar: ¿cómo hacer existir el psicoanálisis y la ELP en el siglo XXI? Hacerlo existir como una práctica y un discurso vivos no está garantizado de antemano. Desde diferentes lugares surgen pequeños laboratorios, dispositivos asistenciales y clínicos, promovidos por miembros de la ELP que tienen que articularse de alguna manera para que sean parte de la experiencia clínica, del aprendizaje de la Escuela en relación a la clínica contemporánea, que tiene un carácter más amplio que el que practicamos en el encuadre de la consulta privada. La forma y la manera de hacerlo está por definir. La ELP no puede ni debe mirar para otro lado. Nuevas iniciativas habrá que plantearse para que la formación del analista que la ELP dispensa encuentre un pie en lo social, lo que permitiría a las nuevas generaciones hacer una experiencia clínica de Escuela.

Jacques Lacan dirá en una conferencia de prensa en Roma en 1974: “El psicoanálisis se ocupa muy especialmente de lo que no anda bien. Por eso, se ocupa de esa cosa que conviene llamar por su nombre –debo decir que hasta ahora soy el único que la llamó con este nombre: lo real. Esta es la diferencia entre lo que anda y lo que no anda, lo que anda es el mundo, y lo real es lo que no anda (…) De esto se ocupan los analistas, de manera que, contrariamente a lo que se cree, se confrontan mucho más con lo real que los científicos. Sólo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner el pecho todo el tiempo. Para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia”. (7)

Y en eso estamos.


Notas:
1.-Lacan, J.: “Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” (1953), en Escritos I, Siglo XXI editores, México, 1995, pág. 309
2.-entrevista publicada en el blog de la ELP: http://blog.elp.org.es/all/cat17/la_crisis_financiera_jacques_alain_mille/
3.- Byung-Chul Han, “La sociedad del cansancio”, Ed. Herder, pág. 25
4.-Publicado en el blog de Miquel Bassols el 28.12.2014: http://miquelbassols.blogspot.com.es/search?updated-max=2015-02-28T00:45:00%2B01:00&max-results=7
5.- Laurent, Eric. “El racismo 2.0”, Lacan Quotidien nº 371.
6.- Lacan, J. “Proposición de 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”. Otros Escritos, Paidós, pág. 276.
7.- Lacan, J. El triunfo de la religión, Paidós, Bs. As., 2005, pág.76

Visite:  http://crisis.jornadaselp.com/

30 de junio de 2015

FAPOL - Rumbo al VII ENAPOL - Reseña: Segunda Noche preparatoria: "Las Conversaciones del VII ENAPOL", por Nora Cappelletti

La Noche del 4 de junio, y ante más de 120 entusiastas  participantes, se presentaron los estados de trabajo de tres grupos de investigación, a través de sus respectivos coordinadores, quienes participarán de las Conversaciones en nuestro próximo ENAPOL.

Blanca Sánchez, Inés Sotelo y Daniel Millas, coordinadores- respectivamente- de los equipos de investigación: -El imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa; -Los niños fascinados, seducidos y educados por las pantallas; -¿Cómo se construye hoy un cuerpo? presentaron los textos.

La coordinación e interlocución estuvo a cargo de Ernesto Sinatra quién enmarcó la Noche en el contexto del VII ENAPOL, presento a los tres expositores, y situó el lugar  central de las Conversaciones en el marco del Encuentro.

La primera exposición estuvo a cargo de Blanca Sánchez. El grupo de investigación que coordina lo integran: Susana Besson, Martín Fuster, Marita Manzotti, Liliana Mauas, Christian Ríos y Alejandro Willington.

Tituló el trabajo: El efecto góndola, título con el que intenta designar el nombre que se le puede dar a uno de los síntomas que el imperio de las imágenes produce en la vida amorosa y erótica.

Destacó que el imperio de las imágenes debe ser diferenciado del imaginario de cada uno. Mientras que lo imaginario como registro no es sin relación a lo simbólico y lo real, y constituye lo que le da consistencia al parletre,  nos enfrentamos en éste imperio a una imagen sin sostén simbólico, desanudada, que prolifera y forcluye al sujeto, porque se ofrece como lo real mismo. Subrayó asimismo, que el imperio de las imágenes se liga a las leyes del mercado y al consumo ilimitado que linda con la adicción.

Propuso tres niveles de lectura:

1ro: cuando el  imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa; 2do: cuando el  amor hace síntoma en el  imperio de las imágenes y 3ro: cuando el  imperio hace sinthome en la vida amorosa.

Respecto del 1er nivel: lo  ejemplificó con el caso de una mujer adicta al "tinder": se "droga con hombres". Gracias a esta red  tiene nueve novios y se encarga de satisfacerlos, simulando serles fiel. Declara que no le pone "fichas a nadie, porque mañana puede aparecer en góndola uno mejor".

Situó otro caso: el de un hombre adicto a la pornografía, el cual prefiere ver porno a estar con su mujer.

Ambos casos muestran las complicaciones para entablar un lazo amoroso, ya sea por el empuje a responder a la demanda del Otro- en el primer caso-, ya sea por la compulsión al goce auto erótico, en el segundo. Los dos muestran como el imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa.

Para pensar  el segundo nivel de análisis: el amor que hace síntoma al imperio de las imágenes, Blanca Sánchez propuso el caso de otra mujer, que luego de una separación amorosa comenzó a incursionar en Badoo. A ésta mujer le resulta problemático conocer hombres de ésta forma en tanto ella cree "demasiado en lo que ve y le dicen, y luego se desilusiona" (…) "me dejo llevar mucho por las imágenes de los perfiles… mientras yo chateo con uno, ellos chatean con varias mujeres".

Esta mujer, para quién el amor se sostiene en la creencia, no logra sostenerse en esas relaciones casuales, donde las relaciones son de conexión y desconexión, sin compromiso.

En éstos niveles ubica entonces, Blanca Sánchez, el efecto góndola. Las relaciones, y no solo las amorosas -aclara- sino también las amistosas, se configuran sobre el modelo del supermercado: cómo en sus góndolas, se encuentran en las redes infinidad de partenaires que se exhiben para todos los gustos, los que se pueden elegir y también descartar.

En éste punto -subraya- un análisis podrá apuntar a que el sujeto crea un poco menos en la imagen y pueda prestarse un poco mas a la contingencia y al acontecimiento.

Respecto del 3er nivel, se plantearon en el grupo, como interrogante, el modo en  que el imperio de las imágenes podría permitir un anudamiento que favorezca un lazo sinthomático con el Otro.

Esta sería -nos dice Blanca- una mirada más optimista de la época, en tanto permitiría un lazo particular. En ésta línea citó a Ulrich Beck, quién  lejos de ver a internet como el enemigo de los lazos, lo ubica como la posibilidad de nuevas modalidades de encuentro y relaciones, aún cuando desacople cuerpo e intimidad, en tanto abre a una intimidad anónima, global. Sería un lazo sostenido en la imagen, sí, pero lazo al fin.

A diferencia de Beck, y con una mirada más pesimista, cita a Byung-Chul Han quien define al amor actual como el amor del uno al otro uno. Para el autor, ésta es la época de la agonía del eros: así se llama su libro, donde habla de la desaparición de lo hetero, época del puro goce del uno.

Para finalizar, Blanca sostuvo que desde ésta perspectiva quisieran dar una vuelta más sobre el amor en los tiempos del imperio de las imágenes; de qué modo sobrevive el amor en una época de aversión a la palabra, cuando el  emoticón y el chat reemplazan a la palabra de amor; cuando el amuro del lenguaje está horadado por el muro del Facebook.

Continuó la Noche con la intervención de Inés Sotelo quien situó que el nombre del texto  tenía el mismo título del tema que investiga junto a Irene Kuperwajs, Paula Rodriguez Acquarone, Alejandra Rojas, Laura Valcarce y Leticia Varga: "Niños fascinados, seducidos, educados por las pantallas"

Inés Sotelo sostuvo que el trabajo que se propusieron investigar giró en torno a establecer, en relación a los niños y los jóvenes, las consecuencias de haber  estado desde su nacimiento rodeados de pantallas. Establecer si habría variaciones en el modo de lazo con los otros y en la estructuración de la subjetividad, esto es: si la relación con las pantallas hace destino, localizando consecuencias en la clínica y en el dispositivo analítico. Citó a Marc Auge quién habla de "sobremodernidad"  para nombrar el exceso de información, de imágenes y de individualismo. Al igual que Blanca Sanchez, citó a Byung- Chul Han, quién sostiene que el poder disciplinario antiguo resulta ineficiente hoy, y que el poder actual presenta modos de "auto sometimiento" a través de "amables pantallas" que fascinan  en lugar de prohibir.

Siguiendo a G. Wajcman sostuvo que antes el niño era primero un ser de palabra, aquel del que se hablaba. Hoy el niño abandona su ser de ficción para pasar a la televisión: debe ser visto. Ya no es imaginado, es visto.

Y se plantea la pregunta por los efectos de las pantallas: ¿éstas no encubren  y desvían la pregunta por el lugar del Otro?  Ejemplificó con la excelente película paraguaya Siete cajas.

Inés nos transmitió la encuesta que llevaron a cabo entre jóvenes de 10 a 17 años, cuyo crecimiento estuvo rodeado de pantallas. Y también el encuentro realizado con jóvenes que no estaban atravesados por un análisis.

Mencionó la sorpresa frente a las respuestas obtenidas, en tanto pudieron observar que no sólo había fascinación por las pantallas sino también una mirada crítica. Ejemplifica con las respuestas frente a los momentos donde no pueden disponer de las pantallas-celulares/computadoras: la primera reacción es "bronca", pero luego surgen otras posibilidades: buscar a los amigos, encontrarse con ellos, y también surge el "alivio", el "descanso" frente a la desconexión (aunque transitoria) de las pantallas..

Respecto de la información que obtienen por Internet, en Google, se sitúo el lugar del profesor: ¿para qué los profesores, si "todo" está en Google? Frente a esto, destacó Inés un punto central: los jóvenes resaltaron el "amor del profesor" con lo que enseña, el brillo de algunos docentes; es decir, lo agalmático, el deseo vivo, no anónimo, a diferencia de la información que circula en la red.

Respecto del dispositivo analítico, Inés se preguntaba cómo ubicar la relación "síntoma-pantalla". ¿Qué clase de partenaire es? ¿Su uso puede transformarse en un síntoma? ¿La relación con las pantallas produce engaño y  devastación, o será un nuevo modo de lazo? ¿Hay que incluir las pantallas en el dispositivo analítico? El punto que les interesa situar -respecto de estas cuestiones- son los efectos de goce sobre el cuerpo que tienen estas imágenes: modalidad de goce para el que se necesita un cuerpo y que las pantallas posibilitan. Esas pantallas en las que los niños quedan capturados, fascinados y consumidos por imágenes,  que a su vez domestican la mirada, en tanto velan y protegen de lo real.

Respecto del caso de una joven que se realizaba cortes en el cuerpo y subía fotos a las redes, se preguntaba Inés: ¿Dónde está el goce? ¿En darlo a ver? ¿En verse ella en la pantalla?

La orientación que  guía la investigación que llevan a cabo, en relación a la casuística, es  por la vía del  síntoma, lo que no anda, ahí donde se produce la falla de la representación, donde se ubica el instante de la angustia, la aparición de lo siniestro.

No se trata -nos dice Inés- de hacer psicoterapia con arreglos "ortopédicos" sino -con prudencia- saber de lo real que anida en lo ciego de lo imaginario mismo.

La última intervención estuvo a cargo de Daniel Millas, cuyo texto lleva -también- el nombre del tema que investigan: ¿Cómo se construye un cuerpo hoy?

El grupo de investigación que coordina está formado por: Silvia Chichilnitzky, Raquel Vargas, Karina Millas, Pablo Fridman, María Eugenia Cora, Gabriela Basz, Andrea Zelaya Gabriel Racky y Roberto Bertholet.

Daniel Millas sostuvo que la pregunta del tema que los convocó al trabajo, los llevó a preguntarse acerca de cómo el cuerpo se construía "antes" y a ubicar los determinantes estructurales que se mantienen.

Con ese marco establecieron diversos temas a investigar, y Daniel ubicó los distintos ejes que cada uno de los integrantes se propuso investigar:

- La constitución del cuerpo por la incorporación del lenguaje. La atribución subjetiva del cuerpo en tanto es algo que se tiene: Tener un cuerpo. En este eje trabajan Daniel Millas y Raquel Vargas.

Subrayó la cuestión del cuerpo como construcción a partir de piezas sueltas, y lo que en la actualidad suplementa  la función de anudamiento del Nombre del Padre.  Aquí se abre al estudio de las invenciones contemporáneas que responden a la problemática del cuerpo, en tanto la función reguladora de las identificaciones simbólicas declina. Eje que investiga Roberto Bertholet.

- Otro punto: El cuerpo de la ciencia, que se pone en la mesa de operaciones para ser transformado, reparado, amputado. Destacó que aquí se está lejos del cuerpo sagrado, inexpugnable, de la religión o la magia. Este punto lo está trabajando Pablo Fridman.

Retomó Daniel, de Lacan, el texto "Del psicoanálisis y sus relaciones con la realidad", en tanto allí Lacan introduce los efectos que produce la disyunción entre el goce y el cuerpo. Los otros discursos se enredan, nos dice, y esto es lo que hace que lo real llegue a flotar. Eje que aborda, asimismo, Raquel Vargas.

Las variaciones de los semblantes consuenan con lo real del goce que repercute directamente en los cuerpos, destacó.

- Otro eje a trabajar, sostuvo, es el de "el cuerpo en el arte". El estatuto del cuerpo tomado como material del arte, que no solo descompone su  imagen, sino que se ofrece como un objeto para ser seccionado, pintado, tatuado y sometido, en algunas performances, a la fijeza del tiempo. La performance la situó como: "forma artística de resistencia" y en respuesta a la concepción del cuerpo cómo un producto más  de consumo.  Andrea Zelaya y Silvia Chichilnitzky - que son quienes trabajan en torno a ésta punto- toman como referencia a Marina Abramovic en la performance "La artista está presente".

- El cuerpo y las tecnociencias, es otro de los puntos abordados, a partir de dos preguntas: ¿Asistimos al reemplazo de la experiencia subjetiva por el flujo de información y la inflación de la imagen? ¿Las nuevas tecnologías constituyen un obstáculo a la producción de ficciones y a la elucubración de saber? María Eugenia Cora es quién, dentro del grupo, abordo éste eje.

- El cuerpo y los semblantes contemporáneos.  Algunos fenómenos actuales, por ejemplo las tribus urbanas, hacen pensar que el anudamiento estructurante del cuerpo requiere, especialmente en la adolescencia, un nudo extra  cuyo resultado es la construcción imaginaria de otro cuerpo. La identificación a los S1 de la tribu, funcionan como Nombres del Padre para cada uno. Destaca Daniel que la debilidad mental implica un modo de anudamiento imaginario para tomarse como Uno y hacer de la imagen un uso que reúne lo fragmentado, lo suelto. Este punto es abordado por Gabriela Basz.

Un eje que recorre los distintos puntos, es "El cuerpo en la práctica analítica". Subraya Daniel Millas que la propuesta es no quedarse en la descripción sociológica de las "rarezas" de la actualidad, sino investigar las diferencias cualitativas que se producen a partir de estos cambios y su incidencia en la práctica analítica.

Situó Daniel los interrogantes que los guían:

-Los fenómenos de "deconstrucción del cuerpo" en las urgencias subjetivas.

Las respuestas sostenidas en una lógica del "para todos", fracasan en el intento de resolver las cuestiones del goce del sujeto. Lo demuestra la proliferación de dispositivos comunitarios, grupos de autoayuda, terapias alternativas, el aumento del consumo de psicofármacos. "Cuerpos en guardia", marcados por la urgencia,  que requieren de intervenciones rápidas, constituye,  para algunos sujetos, el modo de restaurar un lazo con el Otro. A partir de la experiencia en una guardia hospitalaria, trabajan  viñetas clínicas que les permiten desarrollar los problemas planteados. Karina Millas, en particular, aborda la cuestión de dichas viñetas.

Otro tema central -nos dice Daniel- se refiere a los cambios producidos en el modo de intervenir en nuestra práctica. En éste punto destaca el lugar del cuerpo del analista en la práctica y su relación con la transferencia y la interpretación, lo que abre al debate la cuestión del análisis vía Skype.

Luego de las tres intervenciones se dio lugar a un debate enriquecedor, donde se puso al trabajo las distintas perspectivas que abrieron los textos, lo cual hizo surgir nuevas preguntas que serán retomadas en las Conversaciones.

La próxima Noche Preparatoria del VII Enapol se desarrollará el Jueves 2/07, a las 21hs. Tendrá cómo invitado especial a Rómulo Ferreira da Silva, quién disertará sobre: "La adolescencia bajo el imperio de las imágenes". 

Presentarán los estados de trabajo, en torno a las investigaciones que coordinan "Rumbo" a las Conversaciones, las colegas Gloria Aksman: "Sexualidad virtual: hombres y mujeres" y Patricia Moraga: "El Psicoanálisis y el mind-body problem".

Coordina y anima la Noche: Fernando Vitale.

¡Una Noche imperdible! ¡¡¡Los esperamos!!!
 

Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano

www.nel-amp.org | comunicados@nel-amp.org

29 de junio de 2015

LACAN COTIDIANO. Sacrifico, ¡El retorno!, por Philippe De Georges


Sería una pena hablar de víctima sin tener en cuenta el fondo sobre el que se inscribe y pretende darle sentido: la expiación y la redención. Desde el momento en el que se aleja de la simple lógica criminal -del hecho diverso, de la anécdota pasional o de la novela policiaca, de la historia a la Historia, del drama privado a los grandes acontecimientos trágicos donde se dibuja nuestro destino-, víctima resuena con sacrificio. Es necesario, entonces, volver una vez más sobre lo que está en juego en el acto sacrificial.

Parece acompañar a la humanidad hasta el punto de que parece constituir por sí solo la esencia del lugar social. Pero no es universal, ni en todo momento ni lugar. Nace con la invención de la agricultura y se asocia al modo de vida social que esta inicia.

Desde las Luces, después de algunas etapas, y la llegada de la democracia moderna, pareciera que los hombres querían pasar esta página sangrante, romper con esta aparente imperiosa necesidad y adoptar otros modelos de regulación social. Cierto es que la elevación de la “viuda” o “navaja de afeitar nacional”, que domina, en la sombra, el tiempo del Triunfo de la Razón, relativiza esta esperanza.

Los acontecimientos recientes -caída del patriarcado y retorno de Dios con su pasado funesto- obligan a reconocer que lo que había sido echado por la puerta grande vuelve por todas las ventanas. Por eso se puede escribir, encabezando el porvenir: Sacrificio, ¡el retorno!

El retorno del sacrificio supone que algunos elementos se junten. Es necesario como telón de fondo una creencia. La que funda y legitima el proceso. Creencia en una figura transcendente que reclame esta práctica. Es la que, por ella y en ella se juega la partida, es necesario satisfacer o en la que es necesario tranquilizar la ira. La diosa Tanit no es extranjera al linaje, que abraza a los padres furiosos, a los dioses vengadores y a las madres destructivas.

Esta creencia es la lógica del sacrificio, se encuentra estructurada por un discurso: relato cosmogónico, leyenda de la caída y de la falta original o explicación del mundo. El sentido hinchado.

También es necesario un sacrificador, un oficial (una o dos personas, poco importa), que porte el discurso y haga de mediador con el ser al cual se dirige el sacrificio. Es siempre el que soporta el acto y su rito.

¡Pero todo eso no sería nada sin la víctima! ¿Quién es ella y qué es lo que la designa? ¿Se trata aquí de las primicias, de la cosecha o del rebaño (ya que no hay más sacrificio que después que hay agricultura)? En todo caso, el animal, cuando lo es, es un prójimo, es un semejante, sustituto metonímico del ser humano.

Pensemos en los jóvenes y las vírgenes que reclama el Minotauro, a Iphigénia o a Isaac, sea el niño amado u odiado, o en los hijos de Dios incluso. El sacrificio de si mismo no difiere sobre el fondo de la elección hecha de dar la muerte al otro -la lógica es la que Lacan ha descrito en el asesinato a propósito de Aimée.

Ese escenario configura una estructura cuyo parentesco con lo que Lacan define como fantasma sadiano es, para los lectores de “Kant con Sade”(1), evidente. Algunas cuestiones, que se plantean cada vez que la actualidad llama al sacrificio, encuentra aquí sus respuestas. ¿Dónde está el sujeto? ¿Cuál es el estatuto del objeto? ¿Quién goza? Tales son las interrogaciones despertadas por todos los comentadores, tanto a propósito de los escenarios imaginados por el “Divino Marqués” como de las ejecuciones iterativas sobre el Terror, o las actuales puestas en escena macabras de Daesh o cualquier otro grupo terrorista.

No es necesario decir que la reaparición del sacrificio a la que asistimos está directamente unida al retorno de lo religioso (bajo forma necesariamente extremista, integrista y fundamentalista) y a la resistencia puesta por el patriarcado al declive social de la imago paterna, consumado en Occidente.

Es este aspecto, reactivo en tanto reaccionario, el que explica tanto la violencia del fenómeno como su aspecto caricatural y su ausencia de futuro. Freud pudo demostrar cómo la figura del padre en el Edipo aleja del sujeto las sombras maléficas de la madre toda poderosa y voraz, como las del padre obsceno y gozador de la horda. Las figuras que retornan hoy día no son las del un dios del amor, sino más bien las de dioses feroces y ávidos de sangre.

En cuando a la credulidad disponible para que esas viejas lunas se sirvan, nos hace constatar que nada de eso sería posible sin que lo aprueben un número considerable de sujetos contemporáneos, para quienes el mundo que les proponemos -con su apología ad nauseam de la “marchandización” del cuerpo y su pornografía general- no es más que fuente de aburrimiento, de soledad y de desesperanza. Su conversión -porque siempre hay una- re-configura “el mundo”, saturándolo de sentido y de orden.

Ese desbordamiento devastador prolifera en la gran vida hipermoderna, ofreciéndose como un anudamiento monstruoso, cuyo maestro es la muerte. Poco les importa, pues fuera de los ritos nada tiene sentido, y es el resultado de la necesidad de pagar la deuda que para cada uno supone el hecho de vivir. Lacan aquí incluso nos aclara: “El Otro no existe, no me queda más que tomar la falta sobre el yo, es decir, creer en lo que la experiencia nos conduce a todos, teniendo a Freud en la cabeza: al pecado original(2).

Es ese exilio del sujeto vuelto sobre sí mismo y a su sólo anclaje en el goce, el que aboca a los candidatos a la muerte. Vomitan el mundo laico y profano de la época del Otro que no existe.

Saben intuitivamente lo que dice la etimología de la muerte sacrificial: sacer facere, o sea, producir lo sagrado. Es un Otro no barrado, que esperan reanimar por el humo de los holocaustos. A la voz que susurra “No, la vida no vale nada/nada vale la vida”, oponen la voz del sacrificador y del martir: “¡Hay algo más precioso, más allá de la vida!” Así protestan de la dignidad que procura a cada sujeto el significante amo a su sed de S1 y hacen siniestramente eco de lo señalado por Freud: “La vida se empobrece, pierde su interés desde el instante en el que a los ojos de la vida, ya no es posible la apuesta suprema: la vida misma”(3).

Notas:
1. Lacan J., « Kant con Sade », Escritos, Seuil, 1966
2. Lacan J., « Subversion del sujeto y dialéctica del deseo», Escritos, op. cit., p. 820.
3. Freud S., « Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte », Ensayos de psicoanálisis, Payot, 1968, pp. 235- 267

Traducción: Maricruz Alba

28 de junio de 2015

IL TRANSFERT NEL XXI° SECOLO, di Antonio Di Ciaccia (Dibattito preparatorio Convegno SLP Ravenna)

Nella presentazione del tema del X Congresso dell’AMP che avrà luogo a Rio de Janeiro nel 2016 Jacques-Alain Miller apparentemente non mette l’accento sul transfert. Dico apparentemente, perché tutto il suo intervento sottende la questione seguente: come poter analizzare quando l’inconscio di Freud viene sostituito dal parlessere di Lacan? Cito J.-A. Miller: “analizzare il parlessere non è più esattamente la stessa cosa che analizzare l’inconscio nel
senso di Freud, e neppure l’inconscio strutturato come un linguaggio. Direi, anzi: scommettiamo che analizzare il parlessere è già quello che facciamo, dobbiamo però saperlo dire”. [1] 

Nella presentazione di J.-A. Miller, il termine  transfert appare solo in un rapido riferimento che lo riguarda direttamente come colui che è all’opera affinche si continui quel transfert di lavoro che caratterizza la nostra Scuola Una, e le cui pietre miliari sono i Congressi. Ma si tratta solo di lavoro in questo transfert? Alla mente mi sono ritornate le ultime frasi di Lacan quando aveva proposto a coloro che lo amano di seguirlo: l’amore è centrale nel transfert, e forse solo nel transfert l’amore è reale, almeno nel senso che là l’amore ricopre esattamente il suo ruolo: quello di venire al posto del rapporto sessuale che non c’è.

Ma come maneggiare un elemento così incandescente? Soprattutto quando non è affatto vero che l’amore di transfert è a senso unico, ossia dall’analizzante all’analista - Breuer per primo e Jung per decenni hanno concretamente illustrato che l’analista cade nella rete fantasmatica, più o meno inconscia, dell’analizzante, in misura non minore di quanto l’analizzante possa essere preso nella rete dell’amore di transfert rispetto alla funzione analista.

Sappiamo che Freud, scoprendo il transfert e l’amore che esso comportava, cercò di trincerarsi dietro quel positivismo scientifico che lo avrebbe protetto… da che cosa, da chi? E’ stata sufficiente una frasetta della giovane Dora perché egli si trovasse mandato via come un servo inetto. Per quanto riguarda Lacan possiamo dire senza ombra di dubbio che egli è stato un vero genio nell’arte del transfert. E sappiamo pure che non aveva freddo agli occhi, e che seppe affrontare la questione dell’amore come pochi sanno fare. E, direi, in un certo qual modo seppe affrontarla anche per noi.

Conosciamo tutti la sua soluzione, quella classica: il transfert è sì amore, ma se non si vuole ricadere nelle manifestazioni in auge in ogni infatuazione dai vari colori - romantico, tenero, sessuale, passionale - occorre che il filo transferale si agganci solidamente a un perno che permetta l’operazione analitica contro la stasi, l’inerzia, che è propria del discorso amoroso, almeno quando si crede ricoprire a sufficienza, o addirittura poter cancellare, il fatto che non c’è rapporto sessuale. Questa soluzione è chiamata da Lacan: soggetto-supposto-sapere. Tramite questa soluzione l’amore di transfert cede il passo al lavoro di transfert. Grazie a questa soluzione, senza troppi danni, abbiamo attraversato noi stessi e fatto attraversare coloro che ci affidano la loro parola i flutti del fiume sulla barchetta  soggetto-supposto-sapere . Senza rinunciare affatto al soggetto-supposto-sapere, il transfert nel XXI° secolo richiede che si abbia a disposizione un’altra barchetta per attraversare il fiume anche a valle, ossia - per riprendere l’esempio di Freud - laddove l’Adige ha quasi completato il suo anello attorno alla città di Verona.

Che nome dare a quest’altra barchetta? J.-A. Miller aveva commentato a margine di un passo di  Televisione che la funzione dell’analista si riassumeva nella formula:  L’oggetto (a) incarnato . [2] A mio parere, è il nome dell’altra barchetta. Di questa formula, di solito, si pone l’accento sull’oggetto (a), di cui, si dice, l’analista, nella sua funzione, si fa  semblant – termine in uso, eppure inventato da Lacan per un uso inedito, sebbene per noi italiani possa avere delle risonanze che si declinano dal ‘come se’ al ‘far finta’ (che sarebbe la traduzione corrente del  faire semblant). Se si segue J.-A. Miller nel suo intervento, mi sembra che si possa dire che occorre invece accentuare l’altro termine: incarnazione. Termine che esclude ogni possibile finta. Nella rapida disamina che J.-A. Miller fa partendo da Cartesio, egli si sofferma sul termine husserliano di Leib che, differenziandosi da  Körper , ossia dal corpo fisico, ci dà quel corpo umano vivente che Merleau-Ponty chiama  chair, carne. Termine che Lacan riprenderà quando evoca la carne che porta l’impronta del segno. Tralascio qui il fatto che, a mio avviso non a caso, Lacan non ricorra alle risonanze propriamente teologiche di questa tematica. Ad ogni modo, il mistero dell’unione dell’anima e del corpo secondo Cartesio prende il volo verso il mistero dell’unione della parola e del corpo di Lacan. Da qui il termine ‘parlessere’, neologismo atto a dire questa misteriosa unione.

Tuttavia lo psicoanalista deve sapere che nell’attraversare con il suo analizzante il fiume con la sua nuova barchetta verso l’altra sponda egli avrà a che fare con dei flutti ancora più impetuosi e tumultuosi perché l’amore di transfert – a volte nella sua versione di odio - verrà più facilmente ad agitare le acque, senza più la copertura del pacificante soggetto-supposto-sapere.

Sarebbe comunque opportuno che lo psicoanalista non prenda fischi per fiaschi: se si presta a ricoprire la funzione di soggetto-supposto-sapere, egli sa tuttavia di non esserlo; ma per quanto riguarda il fatto di incarnare l’oggetto (a) egli non deve fare altro che realizzarlo, ossia renderlo ‘reale’. E’ in tal modo che uno psicoanalista si adopererà affiche l’analizzante possa attraversare il fiume e far sì che il parlessere, il corpo parlante, si accordi con i suoi due godimenti: il  godimento della parola , quello che presiede all’instaurazione ma anche alla castrazione dello sgabello –  scabeaustration, scabellostrazione, come dice carinamente Lacan [3] – e  godimento del corpo, il quale sostiene il sinthomo.

Piccola nota finale: non vi sembra che tutto questo prolunghi la problematica dei godimenti delle formule della sessuazione? [4] Non si potrebbe forse rileggerli e riprenderli sotto i nomi di  godimento della parola e  godimento del corpo ? Ecco che cosa è stato per me l’intervento di J.-A. Miller: un mirabile sprazzo di luce sull’ultimo Lacan, tanto più necessario nella misura in cui Lacan fu, a dir poco, parco di indicazioni sulla pratica dei suoi ultimi anni di vita.

Note:
[1] Si veda l’intervento di J.-A. Miller sul sito dell’AMP.
[2] J.-A. Miller, in J. Lacan, “Televisione”, in  Altri scritti, Einaudi, Torino, 2013, p. 515.
[3] J. Lacan, “Joyce le Symptôme”, in  Autres écrits, Seuil, Paris, 2001, p. 567; trad. it. “Joyce il Sintomo”, in  Altri scritti , cit., p, 559.
[4] Cf. J. Lacan,  Il seminario. Libro XX. Ancora (1972-1973), Einaudi, Torino, 2011, p. 73 sgg.

27 de junio de 2015

LACAN COTIDIANO. Elecciones en España: Tres mujeres y un terremoto. Crónicas ibéricas de Miquel Bassols

El prestigioso Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, ha resumido así los efectos de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España del pasado 24 de Mayo: "Acabamos de tener otro terremoto electoral en la eurozona: los candidatos respaldados por Podemos han ganado las elecciones municipales en Madrid y Barcelona". 

¿Estamos asistiendo, como piensa Paul Krugman, a una réplica del terremoto griego originado por Syriza? Se trata en todo caso de movimientos distintos, surgidos en España del tejido asociativo y de base de las ciudades, de las asambleas de barrio, de las reivindicaciones a pie de calle que el movimiento llamado del 15M puso en el primer plano de la política del país. Las réplicas del terremoto han terminado por llegar así a las esferas más altas del poder.

Y en efecto, Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona están, cuando estoy escribiendo estas líneas, en clara posición para ocupar las alcaldías respectivas de las dos mayores ciudades del Estado español. Faltaba añadir un tercer epicentro del terremoto, esta vez en Valencia, donde Mónica Oltra está también a punto de ocupar la presidencia del gobierno en la Generalitat valenciana.
.
 
Tres mujeres, las tres llevadas en volandas por el movimiento surgido hace tan sólo un año y medio con el nombre de Podemos, aunque con distintas declinaciones. Las tres tomarán así previsiblemente el poder en las tres ciudades y zonas más importantes del estado español, ganando a los partidos clásicos que se alternaban hasta ahora en el poder, el Partido Popular, el Partido Socialista y Convergència i Unió en Catalunya.

Digamos en primer lugar lo que estos nuevos movimientos han conseguido en tan corto plazo de tiempo: cambiar las reglas del lenguaje político, trastocar el eje de coordenadas simbólico en el que los discursos, —"dar un sentido más puro a las palabras de la tribu", Mallarmé dixit—, estaban perdiendo su sentido un día tras otro. Es un cambio que empieza por los significantes que designan los epicentros del terremoto: Podemos, Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Compromís... No son ya significantes destinados a describir una posición política localizable en el arco parlamentario habitual. Son significantes performativos, —siguiendo de hecho el estilo y el éxito de la consigna "Yes, we can"—, destinados a hacer lo que dicen, a pasar al acto, a dar un paso sin vuelta atrás generando un nuevo sentido. Pablo Iglesias, el carismático líder de Podemos, lo explicaba así: "Siempre he sido de izquierdas, pero nuestros problemas no pueden explicarse en términos de la ideología izquierda-derecha, sino en términos de una lucha contra los privilegiados que están abusando de la mayoría de los ciudadanos que están debajo de ellos". Las nuevas coordenadas del discurso político han pasado así de orientarse según el eje "izquierda-derecha" a hacerlo según el eje "abajo-arriba", mucho más convincente para el ciudadano de hoy, más eficaz incluso desde una perspectiva geográfica: el sur europeo de cálidas aguas mediterráneas contra los oprimentes vientos del frio norte financiero.

Las nuevas metáforas han calado hondo y el terremoto se ha ido transformando en tsunami. Nada indica que deba detenerse en las fronteras, cada vez más tenues, de la Europa del sur, en los límites que se han intentado fundar hasta ahora en la relación recíproca entre significantes, relación en la que siempre es posible suponer un Otro del Otro y que tiene sus repercusiones simbólicas e imaginarias. Es sabido que una frontera distingue dos espacios entre los que puede establecerse una relación recíproca entre representaciones, como es el caso por ejemplo de los consulados que representan a un país para cada uno de los otros. Esta es la lógica del significante. Del mismo modo, la izquierda ha sido izquierda para la derecha y la derecha ha sido derecha para la izquierda. Después del tsunami, la derecha española puede quejarse así de que la izquierda está encontrando su unidad para desbancarla de los ayuntamientos y los gobiernos autónomos. Y no le falta razón, pero desconoce así, a la vez, las razones del tsunami que se le ha venido encima y que ha finalizado un periodo de mayorías absolutas para pasar a un nuevo momento en el que minorías aliadas entre sí aparecen con una multiplicidad de modos de representación. Ya no hay, de hecho, fronteras claras para ordenar a estas minorías, cada una con su propio síntoma a modo de emblema: los desahuciados por las hipotecas, los condenados a la miseria por el sistema financiero, los expoliados de y por su trabajo, los oprimidos por el poder central... "No nos representan", era la consigna que unió a esta amplia variedad de malestares sociales.

Las nuevas fuerzas políticas no siguen ya la lógica de la representación recíproca propia de los significantes anteriores, tampoco de los significantes que intentaron ordenar el mapa de las autonomías en la España del postfranquismo. Siguen más bien la lógica de la disparidad, del litoral, que Jacques Lacan opuso en su momento a la relación recíproca entre significantes, entre sus representaciones y sus fronteras geográficas1. Obtienen su sentido a partir de experiencias subjetivas vinculadas a la singularidad del síntoma, de la opacidad del goce, como solemos decir en la orientación lacaniana. Y seguramente es por ello también que estas nuevas fuerzas están más del lado femenino.

Veamos.

Manuela Carmena, reconocida jurista y antigua militante del Partido Comunista, fue cofundadora del despacho laboralista de Madrid en el que se produjo la sanguinaria matanza de Atocha de 1977, atentado terrorista de la ultraderecha franquista que convulsionó al país. Su acción como abogada laboralista ha marcado un antes y un después en la lucha por los derechos civiles y de los trabajadores, y ello al precio de un sufrimiento subjetivo que Manuela no quiere esconder, tampoco en la reciente contienda electoral: "La campaña me ha hecho sufrir. Si pudiera dar marcha atrás, hubiera preferido otra sin lugar a dudas." En lugar del gastado y ya inútil debate sobre los pactos entre centro y autonomías, Manuela introduce un discurso mucho más seductor para tratar ese real que ha hecho desde siempre imposible la unidad del Estado español: "A partir de ahí, a mí me parece que cuando dos ciudades se gustan tienen menos interés en separarse. Si desde Madrid estamos interesados en lo que pasa en Barcelona y desde Barcelona en Madrid, como que tendríamos menos prisa en plantearnos la separación, ¿no?"

Ada Colau tenía sólo tres años cuando Manuela sufrió en propia carne, aunque por fortuna no estuviera allí ese fatídico día, los atentados de Atocha de 1977. A Ada le gusta iniciar su autobiografía con estas palabras: "Nací la madrugada del 3 de marzo de 1974 en Barcelona. Pocas horas antes, el régimen fascista de Franco asesinaba en la cárcel Modelo a Salvador Puig Antich, un hecho que mi madre me ha recordado aniversario tras aniversario y que ha marcado mi compromiso con la lucha por el cambio social." Ada ha apuntalado su merecido lugar de enunciación en la política en un incansable activismo a favor de los desahuciados por las hipotecas bancarias. Y votó "sí, sí" —sí al derecho a decidir, y sí a un estado independiente— en el referéndum ilegal por la independencia realizado en Catalunya el pasado mes de Noviembre.

Mónica Oltra, nacida en Alemania cinco años antes que Ada, militaba a los quince años en el Partido Comunista del País Valenciano. Adquirió un gran protagonismo con sus intervenciones y apariciones en la cámara valenciana, de la que fue incluso expulsada por vestir una camiseta negra con una fotografía de su presidente, salpicado por los sucesivos escándalos de corrupción del caso Gürtel, con la inscripción "Wanted. Only alive". Y hay que decir que ha obtenido un buen resultado: "¡Qué hostia, qué hostia!" exclamaba, después de conocer los resultados de las elecciones, la folclórica Rita Barberá, hasta ahora alcaldesa de Valencia, sin saber que los micrófonos estaban registrando sus lamentos.

Señalar ahora estos tres rasgos, estos tres conflictos, puede dar una idea de lo que hoy está en juego en la política española, de la fuerza que ha obtenido súbitamente la división del sujeto ante los oscuros significantes del poder que pasaron indemnes la llamada transición después de la muerte del dictador. Es la división de un sujeto que no esconde su sufrimiento ante sí mismo ni ante los otros. Conviene escuchar desde esta perspectiva el discurso de cada una de estas tres mujeres, una por una, para entender la fuerza del conflicto en el que fundan su división y los nuevos lugares de enunciación surgidos, en apariencia de modo tan repentino, en la escena política española.
 
Y es una división que se contagia como un reguero de pólvora. Se contagia con la fuerza del débil que gana sobre la debilidad del poder cuando éste ha mostrado su impostura, su dimisión ante el Otro poder, el de las anónimas leyes financieras, el del fracaso del principio del mercado, el que sigue inexorablemente las leyes de aquel otro famoso "fracaso del principio del placer" freudiano. Estamos ahora en la proliferación de síntomas que retornan de este fracaso y que luchan por hacerse un lugar en la vieja Europa.
 
Ada Colau lo dijo de manera sintética en su primera aparición después de ganar las elecciones: "David ha ganado a Goliat". Y es que Goliat se ha demostrado durante mucho tiempo demasiado débil ante su propio Goliat, ante el Otro que se agita en sus mismas entrañas, el que nos seguirá esperando sin embargo a cada uno a la vuelta de la esquina. 
 
¡Ah! ¡Qué no daría yo por asistir al previsible desencuentro de estas tres mujeres con Angela Merkel!
 

Notas:

1 La diferencia entre la lógica del significante, fundada en la reciprocidad de las representaciones y situada del lado masculino, y la lógica de la letra, del litoral, que pone en suspenso esta reciprocidad del lado femenino, puede rastrearse en la última parte de la enseñanza de Lacan. "La lettre n'est-elle pas... littorale plus proprement, soit figurant qu'un domaine tout entier fait pour l'autre frontière, de ce qu'ils sont étrangers, jusqu'à n'être pas réciproques?" Jacques Lacan, "Lituraterre", in Autres écrits, Editions du Seuil, Paris 2001, p. 14.

Sobre el pasaje de la reciprocidad del significante a la diparidad, cf. Jacques-Alain Miller, "La orientación lacaniana. Extimidad", lección del 4 de Diciembre de 1985, "Sea cual fuere el desfasaje de registro entre lo simbólico y lo imaginario, debe verse que lo que vale es siempre la reciprocidad. La comunicación simbólica no parece más que un calco de la comunicación imaginaria (…) Pasemos de la reciprocidad, simbólica o imaginaria, a la disparidad".Extimidad, Paidós, Buenos Aires 2010, p. 63.

26 de junio de 2015

L'INFLUENZA DELLA PAROLA SUL CORPO, di Donata Roma (Dibattito preparatorio Convegno SLP Ravenna)

Riprendo J.-A.Miller nel suo testo  Biologia lacaniana ed eventi di corpo: “ La definizione generale dell’evento che produce tracce d’affetto è quello che Freud chiama il trauma. Il trauma in quanto fattore davanti a cui gli sforzi del principio di piacere falliscono […] L’evento fondatore della traccia di affetto è un evento che intrattiene uno squilibrio permanente, che mantiene nel corpo, nella psiche, un eccesso non riassorbibile di eccitazione. Ecco la definizione generale dell’evento traumatico, quello che lascerà delle tracce nella susseguente vita del parlessere.” 
 
Per anni ho sofferto di gastriti. Ricordo che arrivata alla prima seduta della mia seconda analisi, ho passato la notte in bagno con conati di vomito. Dopo un po’ di mesi la gastrite è scomparsa, ho pensato: ecco un risultato della mia analisi, ma non ha fatto segno per me, godevo del non volerne sapere di più.
 
Alcuni anni dopo una forte angoscia, che non avevo mai provato fino a quel momento, si manifesta nel corpo: una forte irrequietezza delle gambe, un corpo che di colpo diventa per me di troppo. Per alcuni mesi a un’ora precisa il mio corpo si fa parlante, parla una lingua che io non so capire, so solo che sto male. Cerco di parlarne in analisi, ma ci giro intorno, non associo nulla, sembra che le mie parole non facciano segno sul mio corpo.
 
Poi durante una seduta dico: “L’unica questione che veramente mi angoscia è…”, avevo già parlato più volte di questo in analisi. C’è stato un intervento dell’analista e si è verificato quello che dice J.-A. Miller nel suo intervento  L’inconscio e il corpo parlante:  “ Quello che fa mistero, ma che resta fuori dubbio, è quello che risulta dall’influenza del simbolico sul corpo. Per dirla in termini cartesiani, il mistero è piuttosto quello dell’unione della parola e del corpo. Da questo fatto di esperienza, possiamo dire che è del registro del real e.”
 
Infatti poco dopo riprendo il treno per tornare a Milano e all’ora in cui sorgeva l’angoscia, l’angoscia non c’era più. Ora posso dire che anche se ero in analisi da tanti anni, è da quel momento che la mia analisi ha fatto segno per me sia in posizione di analizzante che di analista. L’angoscia provata e i conseguenti effetti di corpo hanno fatto trauma per me perché il corpo vissuto fino ad allora nell’immaginario, ha toccato qualcosa del reale. La sorpresa è stata altrettanto forte: la parola, il simbolico ha segnato il mio corpo.

Note:
J.-A. Miller, Biologia lacaniana ed eventi di corpo, in,  La psicoanalisi n. 28 , Astrolabio, Roma luglio-dicembre 2000, pp. 14-100.
J.-A. Miller,  L'inconscio e il corpo parlante ,   conferenza di chiusura del IX Congresso dell'Associazione Mondiale di Psicoanalisi, il 17 aprile 2014 a Parigi, come presentazione del X Congresso dell'AMP che si terrà a Rio de Janeiro dal 25 al 28 aprile 2016.

25 de junio de 2015

Fin de l'anayse - un nouveau partenariat ?, par Celso Rennó Lima

Lors de sa première rencontre avec l’Autre, conséquence de l’incidence d’un signifiant, le sujet fait face à un réel qui n’est pas subjectivable. Point d’opacité, nous dit Lacan, point de silence, qui indique le lieu où pourra s’édifier la détermination signifiante susceptible d’écrire le phénomène symptomatique, pour que l’impossibilité installée dans la contingence de cette première rencontre soit constatée. Le symptôme, c’est ce qui ira représenter, manifester, signifier la vérité de cette rencontre, vérité qui nous parle du réel de la jouissance produite par l’inclusion du signifiant traumatique chez le sujet. Cela dit, le symptôme pourra être considéré sous deux versants : d’un côté nous avons le symptôme comme une métaphore dans la mesure où il met en route le signifiant du traumatisme, un signifiant qui fonctionnera comme un index de la mémoire de ce qui a été trouvé comme traumatique.

Le symptôme comme métaphore est un symptôme signifiant qui se trouve connecté à la jouissance sans pour autant se confondre avec elle. D’un autre côté, si l’on suit le développement de la théorie de J. Lacan, on va traiter le symptôme comme une fonction de la lettre, comme le signe de la distance irréductible vis-à-vis du réel. La distinction entre lettre et signifiant est, ici, fondamentale car la lettre se réfère directement à la jouissance tandis que le signifiant se réfère au jouis-sens.

Donc, nous avons d’un côté un « mémorial de jouissance » et de l’autre un « capteur de jouissance ». Quel que soit le versant considéré, nous avons dans le symptôme le signe que quelque chose ne va pas, puisqu’un réel existe qui apparaît comme un obstacle sur le chemin du sujet : il s’agit du réel de la privation, explicité par le fait que les hommes et les femmes se trouvent, depuis toujours, privés de l’élément qui pourrait rendre possible l’écriture du rapport sexuel. Cette impossibilité, qui ne cesse de s’écrire, promeut le symptôme comme la seule possibilité de faire lien. En même temps, elle rend possible une lecture, vu que le symptôme participe d’une écriture, fonction de la lettre.

À ce propos, J.- A. Miller affirme dans son cours L’Autre qui n’existe pas...(1), « que le symptôme est un mensonge sur le réel, surtout un mensonge sur ce réel qui est l’inexistence du rapport sexuel. C’est dans ce sens que Lacan peut dire que c’est bien le symptôme que nous mettons à la place de cet Autre qui n’existe pas. Voire même, c’est le symptôme que nous mettons à la place de l’autre sexe. Ainsi, le symptôme est peut être le seul Autre qui existe ».Il y a néanmoins un vide sur lequel le symptôme s’appuie et à partir duquel il construit son enveloppe formelle. Vide qui s’installe au point même où une jouissance singulière et scandaleuse fut refusée et refoulée par le sujet. (Lacan nous rappelle dans son Séminaire R.S.I (2), que « le névrosé est celui qui n’est pas arrivé à atteindre ce qui pour lui est le mirage d’où il trouverait satisfaction, à savoir une perversion. Une névrose étant alors une perversion ratée »). D’après Freud, ce qui est refoulé, c’est la pulsion, qui se présent sous son aspect intraitable, rebelle et réfractaire au lien social.

Cependant le refoulement échoue et le symptôme surgit comme une façon d’inscrire ce qui insiste, à savoir les marques de la singularité et des fixations du sujet. Le symptôme, tout comme la scène du fantasme fondamental, n’est rien d’autre qu’une enveloppe formelle de la pulsion, une modalité de son exercice, ou encore une forme par laquelle le sujet cherche à appréhender un objet, un partenaire, dans le champ de l’Autre(3). L’objet appelé par J. Lacan petit a, se définit à partir des orifices du corps en marquant le point où le sens ne se laisse pas appréhender dans les maillons du discours. Cet objet petit a circonscrit le vide autour duquel la pulsion fait son circuit, en dessinant par là une écriture qui situe la répétition du symptôme. Une scène concernant et l’acte d’écrire et un regard a défini un point de fixation de la jouissance, en déterminant ainsi un chemin et en établissant une forme symptomatique. La recherche de satisfaction passait par la conquête d’idéaux déterminés par la demande de l’Autre. Dans l’impossibilité d’y répondre, un reste se répétait dans le regard d’une femme. La marque du manque présente dans ce regard était recherchée comme le seul signe de l’existence d’un Autre qui pourrait rendre possible le rapport sexuel. Ce symptôme s’est fixé en créant tout une série de symptômes dont la résolution était indéfiniment ajournée Lacan nous dit que « l’Autre est une matrice avec deux entrées(4) ». L’objet petit a constitue l’une de ces entrées, l’autre étant l’Un du signifiant. Dissoudre la présence de cet Autre était fondamental pour que le sujet pût se libérer des contraintes qui déterminaient la fixation du circuit pulsionnel.

Le symptôme, pour comporter un effet de sens, subit l’action de l’interprétation. Puisque il y a une antinomie entre sens et valeur de jouissance, celle-ci n’est appréhendée que par l’équivoque ; de là on déduit la fonction de la lettre. La réduction du symptôme à la lettre est une façon de renouveler le statut du symbolique, en réduisant ainsi la pulsion à la fonction de trou. C’est bien pour cette raison que l’interprétation de l’analyste a pu pointer le vide et éclairer le circuit qui délimitait l’objet, ce qui se trouvait auparavant voilé par l’interprétation faite par l’inconscient de la rencontre traumatique avec l’Autre sexe.

Cet objet, dès la pétrification du sens dans la scène traumatique, s’incrustait à tous ceux qui présentaient un trait susceptible de répéter la scène fondamentale, nous indiquant ainsi un point de fixation pulsionnelle. Or, la pulsion constitue la forme réelle du fantasme en même temps qu’elle dénonce la limite du symptôme dans l’action symbolique. Le reste qui échappait, qui fuyait, revenait sous la forme de malaise et relançait le vecteur pulsionnel toujours dans la direction déterminée par l’impératif du surmoi. Défaire ce circuit en rendant à l’objet sa caractéristique d’être un objet quelconque, en mobilisant sa valeur de jouissance, est l’un des objectifs d’une analyse.

Dans ce but la stratégie dont s’est servi la psychanalyse a consisté à offrir à celui qui l’a cherchait comme solution, la possibilité que cette scène se répète sous transfert : elle a installé dans le point de non-savoir, un sujet supposé savoir quant à la signification de sa souffrance. Cette stratégie s’est basé sur le fait que l’inconscient repose sur l’inexistence du rapport sexuel et sur le fait que la sexualité ne se représente dans l’inconscient que par la pulsion.

Par le biais de l’objet petit a en tant qu’agalma, il a été possible d’avoir une entrée chez l’Autre ; la construction de la scène fondamentale a été possible à partir de la détermination même de la constante par laquelle le sujet a rapport au réel de la jouissance. Balisée par cette construction, une interprétation s’est opérée en séparant S1 du S2, et en créant un intervalle là où régnait l’opacité propre à la jouissance du symptôme. Ce moment fut celui où la production d’un signifiant a eu lieu en indexant le manque. Un nom est venu établir de nouveaux horizons en faisant ainsi disparaître les points de suspension symptomatique et en faisant intervenir la lettre comme bord au réel. 

L’amour, réponse au réel du non-rapport sexuel, a soutenu le travail du transfert dans la relation à l’Autre du Savoir, et il a disparu par l’action de l’interprétation qui a défait le mystère de la différence sexuelle. Ce moment fut celui où « l’analysant a fait de l’objet a le représentant de la représentation de son analyste5 ». Par là, un nouveau rapport au savoir et le consentement à sa propre façon de jouir ont été inaugurés. 

Ce passage a établi une subversion du symptôme qui, dès lors, repose sur l’aliénation, sur l’Autre barré et marqué par le silence de la pulsion, et non plus sur l’Autre du Savoir, l’Autre non barré, comme le définit Lacan. Nous pouvons dire que l’objet a, cause de désir, fut extrait de la jouissance qui soutenait le symptôme. Par conséquent, et du fait de vouloir ce qu’il désire, le sujet a assumé une responsabilité là où auparavant une garantie était attendue. Cette responsabilité constitue alors la seule position politique possible. Elle est d’ailleurs définie par J.-A. Miller de la façon suivante : « si tout était calculé nous n’aurions alors plus de responsabilité. Il y a responsabilité justement parce qu’une béance existe et qu’il faut la recouvrir par l’acte 6».

Le travail de transfert fut alors remplacé par le transfert de travail, ce qui a dénoté une alliance nouvelle avec la pulsion. Cette alliance n’a pu avoir lieu que par la revitalisation de la marque de nom propre, ce qui a instauré un savoir y faire avec le symptôme. Savoir y faire avec le symptôme constitue l’une des formules possible de la liberté. Le « y » marque la suspension d’un être qui ira nommer le savoir ou le produire..., un être qui nomme le savoir y faire comme ce qui est au-delà de son nom propre, un nom au-delà de l’image de son nom propre (...) C’est précisément du nom propre dont nous parle Lacan à partir de la formule savoir y faire avec son symptôme.

Après la production d’un nom et la rectification du circuit pulsionnel, il a été possible de dire à l’analyste que dorénavant le sujet ne s’adresserait plus à lui mais à l’Ecole, en établissant par là les paramètres d’un nouveau partenariat. 

Notes:
Miller, J.-A. et Laurent, E., in L’Autre qui n’existe pas et ses comités d’éthique, leçon du 18/12/96, inédit.
Lacan, J. in Séminaire R.S.I, leçon du 18/02/75, inédit. 
Miller, J-A. L”Autre que n’existe pas...” 
Lacan,J., RSI, leçon du 21/01/75.
Lacan, J. “Proposition du 9 october 1967. 
Miller, J-A.