31 de marzo de 2017

IPLA: O Mundo - Visto pela Psicanálise. Nº 173





Ecos da nossa Conversação
A Conversação Clínica "Sintoma para que te quero" – O sintoma de Freud a Lacan – encerrou as atividades do IPLA de 2016. Sob a direção de Jorge Forbes, foram três dias de discussão a partir de trabalhos como A ética da psicanálise por meio dos filmes; O sintoma na psicanálise – através de um caso clínico e de três trabalhos do Corpo de Formação do IPLA enfocando o triunfo da religião, a mulher e a drogadição; O sintoma na medicina – na psiquiatria, na neurologia, na UTI e na psiquiatria forense; Genética e Psicanálise.
Esta edição traz o olhar da jornalista Gisele Vitória, que esteve presente na Conversação, em São Bento do Sapucaí, de 9 a 11 de dezembro.
Boas festas e até fevereiro!

Do cinema à UTI - Entrevista

Três corridas de Lola, a Antígona pós-moderna


"As pessoas sofrem de serem pessoas de um filme só. Quando você começa a perceber, em sua análise, que pode contar o filme de diversas formas, você muda a sua posição subjetiva e se faz responsável na versão que você quer dar ao seu próprio filme" – diz Jorge Forbes em entrevista à jornalista Gisele Vitória. LEIA MAIS

O psicanalista Juan Jorge Michel Fariña, professor da Universidade de Buenos Aires, abriu a Conversação Clínica IPLA com a conferência "Corre, Antígona, corre: ética y sinthome". Tendo o cinema como base de seu trabalho sobre a ética da psicanálise na pós-modernidade, ligou as pontas de sua apresentação com cinco filmes. Por Gisele Vitória. LEIA MAIS


A droga, a fé e o feminino

O fracasso, o inconsciente e o amor


Gisele Vitória comenta os três trabalhos apresentados pelos alunos dos Cursos Intermediário e Fundamental "De Freud a Lacan" na Conversação Clínica do IPLA 2016: "O triunfo sobre uma ilusão"; "O poli verso feminino"; e "Sim... toma! A marvada droga". LEIA MAIS

Dan, portador de Distrofia Miotônica de Steinert, tentava largar as drogas frequentando reuniões dos Narcóticos Anônimos. Satisfazia-se com a espetacularização de sua desgraça e sofria com a dificuldade em enfrentar o desejo feminino. Como esse caso clínico apresentado na Conversação do IPLA ressoou em Gisele Vitória?. LEIA MAIS










30 de marzo de 2017

LACAN COTIDIANO. "Franceses judíos, Los hijos de Marianne", una película de Coralie Miller, por Guy Briole



Esta película fue difundida por primera vez el 13 de febrero de 2017 en la cadena France 3*

En su película, Coralie Miller nos invita a seguirla tras el encuentro de mujeres y hombres, de generaciones diferentes y cuyas historias, o las de sus familias, son también muy diversas. Estas personas tienen algo en común: todos viven en Francia, son franceses y judíos. Lo escribimos siguiendo este orden, sus propósitos nos invitan.

Judíos son, y responder preguntas sobre su judicidad no les resulta sorprendente; saber orientarse en la relación con los otros y decodificar instantáneamente la forma gramatical del No se lo crean demasiado… Pero los sobresaltos de una violencia inaudita que en los últimos años han mortificado al país –Francia– donde viven, la prevalencia dada a la estigmatización de lo religioso, la iteración del retorno en primera fila –índice de una amputación a priori a los judíos del profundo malestar que puede tocar un país– hace reaparecer una interpelación, a la vez violenta y lancinante, frente a la cual los judíos que viven en Francia deberían responder: ¿son judíos o franceses? Preguntarlo en este orden denota ya el prejuicio que contiene.

En su comentario, que constituye el hilo conductor de la película, Coralie Miller insiste en la conjunción del retorno del antisemitismo, la obsesión identitaria, el cuestionamiento de la mixtura de múltiples contornos y el declive del civismo, para relevar los signos de aquello que viene de un pasado que queda como la marca de Vichy, de la traición de todo un pueblo; una herida que jamás ha sanado con su resonancia sombría: ¿Y si se repitiera?

Sin embargo, es la otra cara que se impone con un apego muy fuerte a la cultura francesa, a esta lengua que es la suya y que hace vibrar lo más intimo de su carne, a los valores de la República, a su historia de la cual son herederos y en cuya construcción trabajaron varias generaciones antes que ellos -a menudo pagando con sus vidas.

Entonces, cómo definirse y poder decir lo que es una identidad, la suya. ¿Habría una prioridad religiosa, comunitaria o ciudadana que permitiría asirla mejor? La identidad, eso que se atrapa en el cruce de diferentes modos de discurso, es lo que constituye la continuidad de un ser en el grupo en el cual evoluciona y eso que lo determina en su singularidad. Es aquello que se percibe en esta afirmación: “Tengo el sentimiento histórico de una continuidad”.

Judíos ahskenazis de Alemania y de Europa del este, judíos sefarditas provenientes de África del norte, pero también de otros países latinos de Europa, sin olvidar Grecia, Turquía y otros países del Medio Oriente, todos los que se viven ante todo como franceses, es este el punto de identidad que, de cierta forma, evidencia que “ser judío es necesariamente venir de afuera”, como lo dice Coralie Miller. Es también ser heredero de la historia del pueblo judío y de la Shoah que marca a cada uno con una resonancia que no tiene comparación alguna.

No obstante, ninguno quiere ser reducido a un rasgo, a una pertenencia; toda identidad es un compuesto. Francés y judío, dos pertenencias indisociables que dialogan juntas y, como se dice en la película, no marcan una ruptura, sino una aleación que como tal, es más fuerte que los elementos que la componen, por separado. Sería necesario “restaurar ese crisol” que haría que el multiculturalismo de Francia pueda volver a ser su fortaleza.

La película también tiene otros atributos que no hemos abordado y que son dichos con fuerza por los participantes invitados a hablar. En verdad no son testimonios, sino una transmisión mediante relatos que se entrecruzan, se responden, se mezclan, parten de puntos, de lugares, de momentos que no estaban destinados a estar juntos; simples enunciados cuya fuerza se aloja en una autenticidad recta, un es así. En eso radica el tacto y la sutileza de Coralie Miller que logra recoger estas palabras y atrapar la inteligencia viva; no hay insistencia en querer demostrar para convencer. No se trata de argumentar, sino de decir. Por lo demás, qué más claro y más vivo que “¡Soy francés, simplemente!”

Traducido por Ximena Castro.

Nota:

Actualmente disponible en YouTube.

28 de marzo de 2017

La naturaleza tóxica del síntoma*, por Fabián Naparstek



Así como han caído los ideales, también hay una pérdida del sentido de los síntomas, que muestran a cielo abierto su toxicidad. 

Los posibles abordajes de la cura, dependen de la noción de síntoma con la que contemos. El filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetzky tiene un pensamiento que permite leer la época y en el horizonte pensar una noción de síntoma. Él distingue entre un momento en donde hubo un consumo con sentido y otro en el que el consumo estaba vacío de sentido. Se refiere a una época donde el consumo de drogas se encontraba ligado a cierta épica, a un ideal de libertad y de búsqueda de nuevas experiencias, en contraposición al momento actual. Expresa esto de la siguiente manera: “La evolución de los conflictos sociales violentos es la misma que la de la droga: después del viaje psicodélico de los años sesenta, símbolo de la contracultura y revuelta, la era de la toxicomanía banalizada, de la depresión sin sueño, el hundimiento lumpen por los medicamentos, por las lacas para uñas, el queroseno, los pegamentos, disolventes y barnices para una población cada vez mas joven”[1]. Lipovetzky establece una relación directa entre el hipermodernismo y el consumo actual desenfrenado, lo que él llama la apoteosis del consumo, un lazo directo entre la tendencia a lo nuevo y la necesidad de consumo.

Pero también vale la pena destacar en este punto el rasgo de extremismo o fanatismo. Amos Oz –conocido escritor Israelí que se opone a pensar que el fanatismo es solo del Islam– dice que en la época actual “el fanatismo es omnipresente”[2], se encuentra en el Islam, pero también en Occidente. El fanatismo comienza dentro de la familia y siempre con un fin altruista. En este sentido, Amos Oz plantea que el fanatismo como definición lleva consigo una causa sin sentido alguno. Es llevar algo al punto de una causa única sobre la cual en el extremo ya no hay sentido alguno. Este es el punto de coincidencia entre ambos autores: el vacío de sentido. Sin embargo, Amos Oz es más preciso y lo liga a una causa sin sentido.

Volviendo a la cuestión del extremismo, vale decir que este hipermodernismo se guía por un fanatismo por lo nuevo, y que a la vez esto plantea la paradoja de que lo que se encuentra ya no es nuevo y hay que buscar nuevamente otra cosa, cada vez más rápido.

Finalmente, y yendo directamente al tema de las toxicomanías y el alcoholismo, Lipovetzky plantea que “la edad del consumo y de la información ha hecho declinar cierto tipo de alcoholismo, los rituales del café, lugar de una nueva sociabilidad masculina en el siglo XIX y hasta mediados del XX. Al dispersar los individuos por la lógica de los objetos y de las mass media, al hacerlos desertar del café (pensamos aquí en el caso francés) en beneficio de la existencia consumidora, el proceso de personalización ha destruido poco a poco las normas de sociabilidad viril responsable de un nivel de criminalidad violenta”[3].

Se entiende que ya no se trata del alcoholismo de antes, que servía para el lazo social y tenía un sentido. Lo que en otro momento denominé el alcohólico romántico, que tenía una causa con sentido en la pérdida de un amor. La causa amorosa daba un sentido al alcoholismo, ya que estaba al servicio de ahogar las penas por un amor malogrado. Esa misma causa amorosa juntaba al alcohólico romántico en un lazo social con otros hombres con los cuales desahogaba sus padecimientos por el amor perdido. Sin embargo, lo que muestra el autor es que hoy se toma alcohol porque sí. Que hoy la causa (como lo planteaba Amos Oz) no está ligada a ningún sentido, ni sentimental ni amoroso, y en principio tampoco a ninguna pérdida registrable. Según Lipovetzky, es la estrategia del vacío.

Una vez ubicada esta diferencia entre ambas épocas, Lipovetzky termina resaltando una diferencia entre los síntomas de hoy y los de antes: “Los sujetos ya no sufren síntomas fijos, sino trastornos vagos y difusos”[4]. Habla de una “licuación”[5] –tomando un término muy utilizado por Sigmund Bauman– de los síntomas de antes.

A su vez, J.-A. Miller propone un cambio de época y por consecuencia un cambio en las presentaciones clínicas de los síntomas. Esto último trae aparejado un cambio en la clínica, como también lo veíamos resaltado en Lipovetzky. Miller lo sitúa con mucha claridad como el pasaje de la clínica clásica del nombre del padre a la clínica del no-todo. La clínica del nombre del padre permitía situar con claridad las diferentes estructuras clínicas (neurosis, psicosis y perversión) en grandes clasificaciones englobantes. Son clasificaciones estancas que permiten situar tipos de síntomas bien precisos y paradigmáticos de la estructura de la que se trate. En efecto, esta clínica clásica respondía a la estructura de la sexuación masculina. El nombre del padre como carretera y el falo como gnomon o directriz. En cambio, la clínica del no-todo se relaciona más con la sexuación femenina y es por eso que las problemáticas actuales tienen un acento en la relación “con la madre e incluso con el narcisismo”[6]. Según Miller se “observa clínicamente el frenesí del no-todo, patologías donde se destaca lo ilimitado de la serie”,[7] etc.

Cuando Lipovetzky plantea que hay una licuación del síntoma clásico y cuando Miller muestra con claridad el pasaje de una clínica a la otra, a mi parecer, hay un aspecto en el que ambos hacen referencia a la relación del sentido con el síntoma. En la actualidad ya no es el síntoma con sentido, que habla, que dice algo. Es un síntoma sin sentido. El vacío de sentido al cual vengo haciendo referencia, también es un vacío sobre el sentido de los síntomas. El gran descubrimiento freudiano, y que sorprende al mundo, supone que los síntomas tienen un sentido, que los síntomas hablan. Sin embargo, Freud siempre estuvo advertido de que el síntoma no era sólo sentido y lo dividía en sus dos caras: la del sentido y la de lo somático.

De hecho, Freud creía que en toda neurosis o psiconeurosis de defensa había un trasfondo de neurosis actual (lo que llamaba neurosis mixtas). Es decir, que el llamado mecanismo psíquico, propio de las psiconeurosis, estaba al servicio de darle una cobertura de sentido a ese núcleo sintomático que sólo respondía a los términos económicos y pulsionales. Ese núcleo sintomático era lo que en un primer tiempo se ubicaba como el síntoma actual, luego recubierto por los sentidos del síntoma.

El paso que me interesa destacar es que Freud no duda en llamar a ese núcleo sintomático pulsional como de naturaleza tóxica. Lo dice de la siguiente manera: “En las neurosis (actuales) las perturbaciones (síntomas) parecen ser de naturaleza tóxica”[8]. Hay una toxicidad en el núcleo mismo del síntoma y se ve que es el hueso duro de roer de ese síntoma. A mi gusto, hoy en día nos enfrentamos de lleno con esa toxicidad del síntoma sin pasar por el sentido que hacía del síntoma una formación de inconsciente. Muchos de los síntomas en boga en la actualidad –como el ataque de pánico, angustias inespecíficas, etc.– ya fueron descriptos por Freud bajo la nominación de las neurosis actuales.

Lo que quiero plantear es que así como han caído los ideales y los sentidos, también hay una pérdida del sentido de los síntomas. Lo que a mi gusto se llaman síntomas de la época, tienen este aspecto de los síntomas actuales, de falta de mecanismo psíquico, falta de sentido y se presentan directamente con su cara tóxica. De esta manera también se puede plantear cierto fanatismo sintomático. Siguiendo la definición de Amos Oz (el fanatismo como causa sin sentido alguno) uno podría decir que hoy estamos frente a sujetos fanáticos de sus síntomas. Esto sigue la idea de Lacan en cuanto que el sujeto se puede definir por su propio síntoma.

Se ve claramente que en su esencia el síntoma mismo es tóxico. Quizá aquí convenga tomar lo tóxico del síntoma teniendo presente la doble significación del Pharmakon. Para los griegos dicho término implicaba tanto al remedio como al veneno. Esa doble cara del Pharmakon es algo que sistemáticamente destaca Freud y que Lacan retoma respecto de síntoma. El síntoma puede ser tanto un remedio como una enfermedad. Esto último dependerá del uso que se pueda hacer del mismo.

Esto nos ubica en una discusión central y antiquísima sobre el uso de narcóticos. ¿Lo tóxico lo encontramos en la sustancia o en el sujeto? Ya he planteado esta pregunta desde diferentes perspectivas teóricas y con diferentes casos clínicos. Freud, más bien, lo ubica de una manera que nos permite dar un paso adelante; lo tóxico no está ni en la sustancia, ni en el sujeto, sino en el síntoma, un síntoma que amarra al sujeto de manera singular. El síntoma muestra a cielo abierto su toxicidad cuando está separado de los sentidos. 

* Este artículo es un extracto de la tesis de doctorado “La dirección de la cura en las toxicomanías y el alcoholismo”, inédita, realizada y defendida en la Universidad de París VIII, Francia. 

Notas:
[1] - Lipovetzky, G.: “La era del vacío”, Ed. Anagrama, Barcelona, 2002, pag. 219. 
[2] - Oz, A: “Comment guérir un fanatique”, Ed. Gallimard, Paris, 2006, Page. 37. 
[3] - Lipovetzky, G. Ibidem pag. 199. 
[4] - Op. Cit pag. 76. 
[5] - Op. Cit 
[6] - Miller, J.-A: “El inconsciente es político”, en Revista Lacaniana 1, Ed. EOL, agosto 2003, pag. 18. 
[7] -Op. Cit. 
[8] - Freud, S.: “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, Ed. Amorrortu, Obras Completas, Buenos Aires Argentina, 1989, T. 9, pag. 167.

25 de marzo de 2017

"Lacan e l'estetica", di Matteo Bonazzi e Daniele Tonazzo -Mimesis edizioni-. Un'interpretazione che mobiliti il desiderio, da Marco Focchi

Presentazione della tavola rotonda che ha avuto luogo venerdì 24 febbraio 2017 presso l'Istituto freudiano per la clinica, la terapia e la scienza, in occasione della presentazione del libro di Matteo Bonazzi e Daniele Tonazzo, "Lacan e l'estetica", Mimesis edizioni.
 
Il libro di Matteo Bonazzi e di Daniele Tonazzo di cui parliamo questa sera ha come titolo “Lacan e l’estetica”. È un testo nel quale, per via del titolo, ci si aspetterebbe di trovare discorsi sull’estetica nel senso in cui la si intende abitualmente: una teoria dell’arte, riflessioni sul bello, considerazioni sula sublimazione. Ci si incontra invece con qualcosa di completamente differente, anche se uno dei lemmi che compongono il volume è effettivamente dedicato al bello. Gli autori vanno infatti in cerca di qualcosa di diverso, esplorando le due dimensioni che abbiamo messo nel titolo del dibattito di questa sera: il dire e il sentire, cioè il linguaggio, per un verso, e per un altro verso una dimensione che invece sfugge alla presa linguistica, che non è propriamente afferrabile dal linguaggio e che si può riconoscere come collegata alla nozione di godimento che Lacan presenta nel suo ultimo insegnamento. 

​Dire e sentire sono due coordinate che si possono interpretare in modi differenti. Un modo potrebbe essere quello che va nel senso di sottolineare la divergenza tra dire e sentire,  dove il primo si riferisce al primo insegnamento di Lacan, più legato al linguaggio, più incentrato sui temi linguistici, e il secondo invece è più incentrato sull’ultimo insegnamento, dove troviamo una valorizzazione del godimento. Non è però la via scelta dagli autori, che propongono piuttosto un intreccio, un’esplorazione dell’intersecarsi di queste due dimensioni, soprattutto nell’aspetto in cui il dire si deposita nella scrittura e diventa lettera che si scrive sul corpo. Questa esplorazione del dire e del sentire implica il fatto di tener conto del corpo, perché rivolgersi al sentire significa mettere in gioco il corpo attraversato da forze che lo stimolano, lo sollecitano, lo eccitano.

Per quanto il libro sia piuttosto teorico e sia incentrato su commenti di temi di Lacan presenti nelle diverse fasi del suo insegnamento, implica tuttavia un risvolto clinico, chiama in causa una clinica designabile sotto il termine di “inconscio estetico”, espressione che gli autori propongono in qualcuno dei lemmi. C’è da una parte quello che potremmo chiamare l’inconscio del logico puro, l’inconscio del Lacan classico, del periodo degli anni Cinquanta, strutturalista, e dall’altra quello che gli autori chiamano l’inconscio estetico, cioè l’inconscio, in un certo senso, sentito. Con questo si tocca un aspetto che è importante valorizzare, perché nella storia della psicoanalisi la psicologia dell’Io, per esempio, è andata in crisi come clinica proprio perché ha abbracciato una lettura cognitiva dell’inconscio, ha aderito all’idea che la rivelazione di senso, l’insight, come lo chiamano gli americani, è qualcosa in grado di mettere in moto automaticamente dei processi di pacificazione dei conflitti, di risoluzione delle tematiche nevrotiche. Gli autori della psicologia dell’Io hanno infatti trascurato, o quanto meno trattato in modo subordinato ai processi cognitivi, tutto quello che riguarda l’aspetto pulsionale, il sentire, l’idea che il corpo sia attraversato da forze che si fanno sentire e che fanno sentire. Il termine “forza” nel nostro campo, nella psicoanalisi, ha un nome, che è quello di “pulsione”. È il corpo pulsionale che è in gioco, è il corpo attraversato dalle forze pulsionali.

Alla luce di questo possiamo desumere, dall’interessante lavoro che propongono Bonazzi e Tonazzo, un’altra chiave di comprensione di come funziona il lavoro in psicoanalisi, evidenziando un’interpretazione che non parla solo sul piano linguistico, sul piano cognitivo, sul piano del senso, e fa invece sentire quel che tocca il corpo, che mette in gioco le forze che attraversano il corpo. Si tratta di uscire dallo schema della rappresentazione e del senso per vedere cosa si può fare con le parole di diverso dalla comunicazione che presuppone una relazione con l’Io, che ha come interlocutore l’Io, armato di tutte le sue funzioni critiche e difensive.
La questione è dunque a chi e a cosa ci si rivolge con le parole, e cosa con queste si può fare. Il problema può apparire chiaro in alcuni esempi interessanti considerati anche fuori dal campo psicoanalitico.

Prendiamo il caso delle sigarette. Il fumo fa male e lo si vuole combattere. Si pensa allora di trasmettere un messaggio negativo, con il quale contrastare il vizio in chi lo ha contratto. Per scoraggiare il fumatore le sigarette portano diciture terribilmente minacciose: “il fumo uccide”, “fa venire il cancro”, “rende impotenti” – questo funziona solo per il pubblico maschile, ma ce n’è una versione che investe anche quello femminile: “il fumo danneggia la tua fertilità”. C’è di che spaventarsi, ma sappiamo che queste modalità di informazione fondate sulla  minaccia non frenano gran che i fumatori, in primo luogo perché sono generiche, e uno sente che magari è vero che il fumo fa sì male, ma fa male agli altri, la minaccia non riguarda lui. In secondo luogo questi messaggi si rivolgono all’intelletto, parlano al cervello, e trovano tutte le difese ben piazzate, vengono quindi rifiutati con ironia o semplicemente non ascoltati. È strano come i pubblicitari che hanno studiato queste campagne, che dovrebbero avere una certa esperienza, riescano a trovare soltanto vie così poco efficaci per trasmettere il loro messaggio. 

Nella tradizione pubblicitaria c’è stato chi ha trovato modi di comunicazione senz'altro più incisivi. Edward Bernays, il nipote di Freud, che è l’inventore delle pubbliche relazioni e della propaganda, negli anni Venti aveva realizzato una campagna non per far smettere di fumare, ma per fare fumare le donne. A quel tempo in America era considerato tabù che una donna fumasse per strada, era scandaloso, e questo dimezzava i profitti potenziali delle compagnie produttrici di tabacco e di sigarette che, per modificare questa situazione, decisero di interpellare come consulente Bernays. Gli chiesero così di pensare una campagna per promuovere il fumo nelle donne, e Bernays ebbe un’idea formidabile, che è diventata un’esempio topico nella storia della pubblicità. Assoldò una ventina di suffragette con l’idea di farle passeggiare per la quinta Avenue a New York,  preparando l’evento e chiamando la stampa e i fotografi. A un suo segnale le donne, vestite in modo da non passare inosservate, avrebbero tirato fuori dalla gonna delle sigarette e, con un gesto teatrale, le avrebbero accese e si sarebbero messe ostentatamente a fumare. Bernays aveva già predisposto tutto perché la scena finisse con gran clamore sui giornali, e in effetti il giorno dopo l’evento fu presentato con il titolo “Fiaccole per la libertà”.

Capite che questo non è un messaggio che parla al cervello, come le minacce con le quali si spera di indurre a non fumare. È qualcosa che parla alle corde più profonde dell’essere, che fa sensazione. Innanzi tutto fa sentire le donne più libere se fumano, perché l’immagine delle “fiaccole della libertà” si associa all’idea della Statua della Libertà, e con questo a tutti i miti fondativi del Paese, ma soprattutto fa leva su una trasgressione, sulla rottura di un vincolo, su un desiderio, e non su un dovere, come potrebbe essere quello di preservare la propria salute. Una donna non è più libera perché fuma, ma è più libera perché fa un gesto che prima non le era consentito. Che questo gesto sia quello di fumare è il capolavoro di Bernays. Alcuni anni dopo Bernays si pentì molto della sua campagna e del grande successo che aveva avuto. I profitti dei produttori di sigarette e delle compagnie del tabacco, infatti, si impennarono, ma evidentemente a scapito della salute delle donne.

Ora sembra che i pubblicitari incaricati di studiare le campagne per far diminuire il consumo di fumo abbiano capito l’idea che per muovere qualcosa nella comunicazione bisogna toccare le emozioni più che l’intelletto. In Australia infatti, per scoraggiare il consumo di sigarette, hanno cominciato a obbligare i produttori a confezionare i pacchetti in un colore che, dopo studi approfonditi, è risultato essere considerato come il più brutto del mondo. È una specie di verde-marrone che pare trasmetta un’idea di sporco, di desolazione e di morte. Sembra che questo effettivamente abbia cominciato a far cadere le vendite di sigarette. È un esperimento, e speriamo che funzioni.

Volevo solo proporvi un esempio di cosa si può prendere come interlocutore in un messaggio. Per la pubblicità delle sigarette si tratta di mirare alla sfera emotiva piuttosto che a quella intellettiva. La psicologia dell’Io, nella sua modalità clinica, faceva un errore analogo ai promotori delle campagne basate sulla minaccia che il fumo uccide. Prendeva come interlocutore l’Io, e considerava di doverne vincere le resistenze. Lacan, critico della psicologia dell’Io, prendeva come interlocutore l’inconscio e direi che, nella lettura data Bonazzi e Tonazzo, si tratta di prendere come interlocutore l’inconscio estetico anziché quello del logico puro, perché solo da lì si risveglia la sensazione, solo da lì si fa “sentire”, prima ancora che capire, l’interpretazione, e si può costruire una clinica che non sia debitrice del platonismo, e prigioniera di una concezione della diagnosi, pienamente sviluppata dal DSM, che funziona solo facendo girare degli algoritmi.
 

23 de marzo de 2017

LACAN COTIDIANO. La querella del Votutile, por Jacques-Alain Miller



 
«Finalmente pongan que no he dicho nada» Jean Paulhan

El voto útil se ha vuelto anatema en la izquierda. En Francia insumisa, en el Partido socialista se lo vomita de común acuerdo. ¿Por qué? Porque el voto para Hamon y el voto para Malénchon son, de ahora en más considerados, por una parte no despreciable de su electorado potencial como votos inútiles. ¿Inútiles para qué? Respuesta: para bloquearle el camino al Eliseo a Le Pen.

De ello se deduce que ni Hamon ni Mélenchon podrían admitir que la apuesta de la elección es en definitiva la victoria o la derrota de la jefa del FN. Que todo el mundo lo sepa, el universo entero, no les importa. Hablarán de cualquier cosa menos de la elección muy posible de Marine Le Pen, cuestión que para ellos es lo que se designa en inglés como the elephant in the room. Mientras el hecho desagradable no sea dicho, mientras no lo hayan reconocido continuarán corriendo impunemente encima del abismo que se abre bajo sus pies.

La hora de la verdad

Tal situación se pone a menudo en escena en los dibujos animados. Ilustra una moral muy precisa, que los beneficios del desconocimiento son siempre transitorios, incluso efímeros. Reflexionando bien sobre ello, nos damos cuenta, en definitiva, que el resorte de la dialéctica freudiana de la Anerkennung no es totalmente diferente. Voy a suavizar los colores resplandecientes del razonamiento de Freud para hacer que se lo admita, volverlo justamente anerkannt (recibido, admitido) por personas que yo supondría que han leído y meditado poco o nada al maestro de Viena con el de París (Lacan).

Digamos por aproximación que una idea no reconocida es como no advenida. Su negación se efectúa según modalidades diversas. La idea incómoda es negada, o desmentida, incluso directamente forcluida. Hay Verneinung, o Verleugnung o aún Verwerfung. Ahora, si se quiere admitir que ni Hamon ni Mélenchon han demostrado al público, todo lo contrario, que merecían ser calificados como perversos o psicóticos (¡Menos mal! se indigna el coro), debemos concluir que la negación de la evidencia es en ellos más bien del registro de la negación.

Ellos saben perfectamente de qué se trata -lo han admitido en el sentido de la Behajung, (afirmación), que conlleva un cierto grado de Anerkennung (reconocimiento)- pero no quieren saberlo, para no perder, con la satisfacción que les da su sueño despierto, a los electores a los cuales supieron con arte hacerles compartir este sueño. Ciertamente, a menudo es un esfuerzo no querer saber lo que se sabe, cuando ese saber inhibiría la acción. Pero se exponen a quedarse pasmados.

La hora de la verdad es, de ahora en más, conocida. Sonará precisamente en el momento en que llegarán los resultados de la primera vuelta, el 23 de abril próximo, poco después de las 20. Francia, con excepción de algunos dandis, de las comunidades contemplativas de monjes y monjas de la Iglesia católica, y de una masa indeterminada de atontados, estará delante de sus pantallas o escuchando la radio.

Si, por hipótesis, bajo el efecto de la ineluctable ideología dominante, reforzada por el apoyo inopinado de malos propagandistas de tres al cuarto de mi género, Hamon y Mélenchon no estarán en la segunda vuelta, ¿empujarán a sus partidarios a perseverar en la negación negándose a votar por el adversario de Le Pen? En ese caso, podemos confiar en ellos, no les faltan buenas razones. ¿O bien darán una consigna en el sentido contrario, aunque sea a desgano? Pero, ¿van a seguirlos? ¿O bien sus electores, dopados por la negación desde hace muchos meses, tal vez años, y que se han vuelto adictos a la ilusión lírica, juzgarán que están embarcados, y dejarán el navío navegar por inercia?

Reconozcamos que el espectáculo que nos dan es más apasionante cada día para seguirlo. Si la suerte del país y su desgracia no estuviera en la balanza, aplaudiríamos de buen grado la dramaturgia de este extraordinario juego de incautos y no incautos, verdadero thriller electoral cuyo suspenso tiene algo de ese bello film de terror donde los pájaros hacen de enemigos del género humano, y se reúnen cada vez en mayor número para asesinarlos.

Los no incautos yerran

Basta recorrer el hilo de los comentarios destinados al Club Mediapart para el llamado de los psicoanalistas para los aficionados de ese diario -controversial, pero muy útil, según mi opinión, para la democracia- para ver el descrédito, el olvido, el deterioro en que ha caído la antigua noción de Frente republicano, no solo en la derecha, donde su rechazo es una política deseada y asumida desde hace mucho tiempo, sino ahora también en la izquierda.

Nota bene: un bemol. Recordarán que, en ocasión de las últimas elecciones regionales, y con la orden de la dirección socialista, un Frente republicano improvisado logró in extremis abatir en pleno vuelo la cabalgata triunfal de la Valkiria de dos cabezas. Marine y Marion, en el norte y en el sur del país. Fue al precio de hacer elegir a dos dirigentes de esta derecha a la que llaman republicana, y que manifiestamente lo es cada vez menos. Pero el episodio ya parece lejano.

En el Club, la noción de "Votoutil", como lo escribimos a veces entre nosotros, es execrado, y en la segunda vuelta no menos que en la primera. No es solo que se prefiere en la primera vuelta votar según su convicción más bien que votar por cálculo, sino que se empuja el amor por su convicción hasta sacrificarle en la segunda vuelta toda idea de defensa republicana.

De este modo un clubman erudito que firma con el nombre de Hervé Hervé me reprende: « ¡No le pida más a los pobres que salven a los ricos!"( lo remití al libro Por qué los pobres votan a la derecha). Por su lado, una electora que nunca votó en blanco en su vida se jura hacerlo en mayo próximo si no encuentra en la segunda vuelta un hombre inocente de haber "alimentado largamente el problema". Ella justifica cambiar su paso con estos términos: "El gato escaldado le teme a la marchas de los incautos, los que, conducen precisamente a lo peor".

El mismo deseo prevalente de no ser incauto se expresa en la psicoanalista en formación y con pluma ágil cuya frase cité no hace mucho: "Por mi parte, prefiero ser vencida que incauta". Así, la fórmula enigmática de Lacan, "los no incautos yerran", encuentra una ejemplar ilustración.

Se juran dejar a un lado la segunda vuelta: "Entre un Macron y un Le Pen, prefiero abstenerme".

Terminado el voto "contra", yo voto "por" y únicamente "por", entonces solo en la primera vuelta. Se persuaden que el voto supuesto útil sirve al estatus quo: "Si esta petición es un llamado disfrazado al "voto útil", no cuenten conmigo. Estamos hartos de gente que quiere culpabilizarnos. El FN es la coartada para que nada cambie".

En ese contexto donde pululan los cambios bruscos de opinión irritados, sin duda era inevitable que mi posición termine por ser difamada de este modo: "Nuestra democracia está enferma, JAM, con su voto útil, se propone terminar con ella antes que la Le Pen se encargue."

Un goce indecible

Sin embargo, he guardado para el final las palabras más provocativas, sino mas provocadoras. Son las de un camarada del Club que la mayor parte del tiempo está a buenas conmigo. Esta es la cuestión. Dice en una frase: "La elección de Marine Le Pen a la presidencia de la República la noche de la primera vuelta me procuraría un goce indecible". Es enorme.

El chiste es posible. Sin embargo, ocurre que un chiste es la única vía por la cual un pensamiento inconsciente imposible de reconocer, en el sentido freudiano, llega a abrirse camino hacia el verbo, la puesta en palabras. Por lo tanto, chiste o no, poco importa. Lo que cuenta es que esto haya sido imaginado y verbalizado. veo en el enunciado singularmente atrevido de mi partenaire del Club, la confesión sensacional de la verdad mas escondida en todo este asunto.

En torno de este pensamiento, el más incongruente de todos, parece gravitar la serie azarosa de los cotilleos inexorables con los que se aturden en estos días en la izquierda y en lo más profundo de la izquierda de la izquierda.

¡Pero sí, por supuesto! ¡Cómo de pronto todo se ordena! Esas acritudes, esos lloriqueos, esas negaciones, esas injurias, esas diatribas, esos ukases y esas proscripciones. Esas maldiciones arrojadas sobre el mundo con un verbo gnóstico en nombre de "nosotros, los pequeños, los oscuros, los sin grados". Esos jefes obstinados que permanecerán hasta el final de los finales agarrados a su inflexible "no quiero saber nada de eso". Y para coronar todo, el desfallecimiento, el éxtasis, el arrebato del más afable de los hombres de izquierda bajo el efecto del fantasma de Marine Le Pen elevado súbitamente a la dignidad suprema del Estado francés como por milagro de una Asunción republicana.

¡Quién lo hubiera dicho! ¡Quién lo hubiera creído! El núcleo puro y duro de la izquierda trabajado a sus espaldas por el deseo innombrable de abandonarse en los brazos de la monstruosa Valkiria!
Pausa

De lo sublime a lo ridículo solo hay un paso. Lo mismo ocurre de la interpretación al delirio de interpretación. ¿No es tiempo para mí de marcar una pausa, retroceder un poco en relación conmigo mismo y al resultado indecente al que he llegado? Voy a dejar la pluma un momento.

"Será bueno que me detenga un poco en este lugar, dice Descartes, para que por la amplitud de mi meditación, imprima mas profundamente en mi memoria este nuevo conocimiento."

París, 20 de marzo de 2017


ALGUNAS REFERENCIAS

Tomé mi exergo de Jean Paulhan, sin recordar su fuente. A pedido mío, Nathalie Georges-Lambrichs se dirigió a Claire Paulhan. Esta me recordó que es la frase con que conluye Las Flores de Tarbes (sub título: "o El terror en las letras"); prepublicación en la NRF de junio a octubre 1936; publicación en un volumen de Gallimard en 1940. Agradezco mucho a mis dos corresponsales.


The elephant in the room: El elefante en la habitación; se dice de una situación evidente que nadie aborda (del Wiktionnaire)

Palabras freudianas en aleman: Anerkennung, reconocimiento, confesión; Verneinung, negación (se encuentra en la neurosis, y en todo el mundo); Verleugnung, repudio (propio de la perversión), forclusión (en la psicosis)

Pourquoi les pauvres votent à droite : libro de Thomas Franck, traducido del americano, con un prefacio de Serge Halimi, édiciones Agone, 2014.

Los pájaros: “The Birds”, film de Hitchcock, 1963, a partir de la novela epónima de la escritora británica Daphne du Maurier, 1952 ; se lo considera un «clásico del cine de terror» (tomado de Wikipédia).

Mediapart: https://www.mediapart.fr Se debe estar abonado a esta publicación para tener acceso a todos los intercambios internos del Club y participar en ellos; algunos textos seleccionados por la redacción, figuran sin embargo, con los comentarios en la página de inicio accesible a todos.

Los No-incautos yerran es el título dado por Lacan al libro XXI de su Seminario, se publicará en coedición La Martinière/Le Champ freudien ; sin duda circulan en la red ediciones piratas.

«Nosotros, los pequeños... »: verso extraído del drama en seis actos de Edmond Rostand, L’Aiglon, representado por primera vez el 15 de marzo de 1900 en el teatro Sarah-Bernhardt (ahora teatro de la Ville) en Paris.

La última parte del texto es una parte de la última frase de la segunda Meditación, las seis Meditaciones metafísicas se editaron por primera vez en Paris en 1641, en latín, con el título Meditaciones sobre la filosofía primera, con seis series de Objeciones y Respuestas.
 
Traducción: Silvia Baudini

Establecido por Jacques-Alain Miller, Paidós, 2014.

22 de marzo de 2017

VIII ENAPOL- Asuntos! # 5 -El Rubius (parte 1) Castellano / Portugués


Asuntos
Asuntos! #5
El Rubius (Parte I)
En esta ocasión, los asuntos de familia se nos presentan bajo la forma de un video que se hizo muy popular en Youtube: Draw my life, "dibujo mi vida". Si sabe cómo filmarlo y editarlo, cualquier sujeto podría contarle a nadie en particular, la historia de su vida mientras la ilustra: su origen, su familia, los momentos más importantes y aquello en lo que devino. Si acepta el reto, siendo parte de una serie tratará de ser original, le está prohibido aburrir. Tocar una tecla que indique lo real sería imperdonable. Cuenta, porque está conforme con el final –al menos por ahora.
Draw my life muestra con suma claridad que contar produce satisfacción, y que siempre se trata de hacer formas.
Renato Andrade
Responsable de la NEL del VIII ENAPOL

Nesta ocasião, os assuntos de família se apresentam sob a forma de um vídeo que se tornou muito popular no Youtube: Draw my life, "Desenho minha vida". Sabe-se como filmá-lo e editá-lo, qualquer sujeito poderia contar a qualquer um a história de sua vida enquanto a ilustra: sua origem, sua família, os momentos mais importantes e aquilo em que se tornou. Se aceitar o desafio, sendo parte de uma série, tratará de ser original, lhe é proibido entediar. Tocar em uma tecla que indique o real seria imperdoável. Conta porque está conformado com o final – ao menos por ora.

Draw my life mostra com suma clareza que contar produz satisfação e que sempre se trata de fazer formas.

Renato Andrade
Responsável da NEL no VIII ENAPOL


Tradução: Vera Avellar Ribeiro



Ay paaaapa, dibuhame la via
Johnny Gavlovsky (NEL)
Fapol NEL NEL EBP