9 de marzo de 2017

Hiperconexión y Cybors, por Claudio Spivak, Juan Mitre, Julia Goldenberg


Existir de estrella, por Claudio Spivak

Walter Benjamin[i] presenta una serie de mutaciones en torno a la figura del autor y a los modos de participación en los medios de comunicación, a partir que estos se volcaron a las masas. En torno a la figura del autor señala que por siglos un reducido número de escritores tuvo miles de lectores. La expansión de la industria de la prensa trajo un cambio: permitió a los lectores su participación como escritores, aunque sea por una vez.  Potencialmente, todo lector estaba listo para convertirse en alguien que escribe. Donde antes se necesitaba una competencia literaria y educación especializada, cierta experticia en un campo de trabajo o saber comenzó a valer como entrada. Con el surgimiento del cine occidental se produce otro cambio. Ya no se participa por la competencia literaria o por tener un saber técnico. El privilegio, como modo orientado de aparecer en los medios, recae en el lugar de la “estrella”. En esto se explota la aspiración del individuo aislado a ponerse en el lugar de la estrella, es decir, a separarse de la masa. Se participa a partir de la carrera y la vida amorosa o por concursos de belleza.

Io sono sempre visto
 
Paula Sibilia[ii] se ha referido a cierta modificación actual en la constitución subjetiva, ahora en sus relaciones con las redes. Si para el sujeto moderno las técnicas de producción de subjetividad privilegiaban la “interioridad” (entendida como preocupación por el alma, espíritu, autoconocimiento o conciencia de sí), en la actualidad el privilegio recae sobre lo “visible” (lo que se ve de lo que somos). Surge, de este modo, un imperativo de conquistar la visibilidad, en especial mediática. Para ello hay que construirse un yo atractivo y visible, a partir del cual relacionarse con los otros. Esta construcción no es el cuerpo en su carnalidad sino su imagen estetizada. Otro aspecto de la actualidad es la exigencia de estar siempre visible, ya sea en los medios como en las redes, disponible y reportándose. Derivados de estos imperativos se obtiene una confirmación de existencia, en tanto que imagen. Se existe siendo visto.

Para lograr esta existencia hay que saber manejar los medios y las redes. Hay que lograr cierta experticia en mostrar y lograr ser visto.

Breve Viñeta  
 
La madre de una jovencita asiste a consulta desconcertada. Una citación escolar indica que su hija ha enviado fotos, donde aparece desnuda, a un compañero de curso. El receptor, cuanto menos torpemente, publica las fotos en la red.

La mujer, luego de largos interrogatorios, obtiene una confesión de la menor: “es que quería que me viese”. Y a continuación, la jovencita enuncia aquello que debería tranquilizar a la madre: “mamá, él no me vio desnuda, sólo vio las fotos que le mandé”.

El anhelo y la amenaza de la mirada
 
Gerard Wacjman[iii] anuncia una dirección que toma nuestra civilización: todo debe ser visible y todo lo visible debe ser visto.  Así, se quiere saber de la intimidad de los otros. El goce de los otros es objeto de nuestro goce.

También menciona una paradoja: al estar bajo la mirada constante nos quejamos, pero al mismo tiempo nos complacemos. Si por un lado se teme ser siempre visto, por otro se lo reclama. Es una amenaza y una demanda de gloria.

Podemos distinguir aquí entre dos tipos de miradas: por un lado, aquella que amenaza, la que podría ver o ve lo que ha de permanecer oculto, y otra mirada, la demandada, a la que se le exhibe lo que se quiere mostrar, ya sea para la gloria, ya sea como provocación.

El avatar
 
En su comentario sobre la película Avatar, Jacques-Alain Miller nos provee una orientación. Menciona un doble movimiento, uno que sucede en la pantalla y otro en el espectador. En el filme el protagonista, un soldado cuadripléjico, se desliza en otro cuerpo, uno mejorado, para vivir su aventura en otro mundo, paradójicamente cercano. Algo similar sucede con el espectador, quien también se sumerge en otro mundo, mientras yace, al estilo cuadripléjico, desplomado en su asiento.

Señala Miller[iv] que no se trata aquí de una identificación, “siempre selectiva y basada en un rasgo particular”, sino de la “inmersión psicosomática”. Hay un infiltrarse en otro cuerpo y otro mundo.

En esto hay cierta equiparación con lo que proponen las redes: la inmersión en otro universo y otro cuerpo de imagen estetizada. Este otro cuerpo y otro universo son artificios, obtenidos a partir de orientaciones preformadas. Ante la exigencia de ser siempre vistos y de sostener la existencia de esa imagen, hay que recurrir a las habilidades. El premio es la buena mirada, cuando no el escándalo. De este modo las redes permiten, en cualquier momento, sustraerse de la presión de la realidad y existir en otro mundo, que ofrece diversas condiciones de sensación.

Claro que sin escapar al imperativo de la mirada y a la demanda de gloria siempre renovada.


[i] Walter Benjamín, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica [Urtext]
Traducción: Andrés E.Weikert. Ed. Itaca, México DF, 2003.
[ii] Sibilia, P. Subjetidad y nuevas tecnologías. Entrevista de Marta Dillon.  En http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/polieticas_6.html.
[iii] Wajcman, Gérard. El ojo absoluto. Buenos Aires, Argentina: Ed. Manantial, 2011.
[iv] Miller, J-A (2010) entrevistado por Christophe Labbé y Olivia Recasens.Le Point. N° 1953, 25/02/2010



Hiperconectados: lo que varía y lo que no*, por Juan Mitre

Hacer un esfuerzo por situar qué es lo que varía en la época y qué es lo que no varía me parece la perspectiva más adecuada. Al respecto J.-A. Miller señala: “hay nuevos síntomas, hay nuevos fantasmas, pero no hay nueva pulsión” [1].

Guy Debord es lapidario: “el arte de la conversación está muerto y pronto estarán muertos casi todos los que saben hablar” [2]. Señala que todo se convierte en mercancía y por lo tanto en basura. A raíz de esto, Paula Sibilia refiere que mucho de lo que se dice en los escenarios de confesión virtual no tiene ningún valor, en seguida deviene: digital trash [3].

Walter Benjamin, con anterioridad, ha hecho referencia a la muerte del narrador. Donde la aceleración de datos impide reflexionar sobre las propias vivencias, impidiendo así transformarlas en experiencias. Destaquemos que una experiencia se basa en la autoridad; es decir, en la palabra y el relato. Giorgio Agamben destaca que las experiencias hoy se realizan fuera del hombre: en las máquinas [4].

Según Sibilia, la fascinación de los minirrelatos del “show del yo” en las redes sociales deriva de la extinción de los grandes relatos. Es una tesis que consuena con la de Miller y Laurent en El Otro que no existe y sus comités de ética. Los comités de ética, esa conversación de los “débiles” viene al lugar del estallido del Otro. Podemos pensar, por lo tanto, que el furor de la red social es un modo de sostenerse ante la precariedad de lo simbólico por el estallido del Otro.

Conviene distinguir las viejas tecnologías de las actuales. Donde incluso, no es lo mismo el objeto de consumo en su versión moderna que en su versión contemporánea. El objeto de consumo en su versión contemporánea intercepta más nuestro goce que nuestro deseo [5].

El espectáculo y la prisa de la hiperconexión fomentan un lazo social que desarticula la palabra y saltea el tiempo para comprender. Así como también, desconecta las palabras del cuerpo [6]. Y sabemos que cuanto menos un sujeto cuenta con las palabras para defenderse de lo real más pone su cuerpo en juego.

A veces el malestar se dirige a las redes sociales. Es habitual encontrarnos con sujetos que allí dirigen sus cartas. Podríamos decir que hemos pasado de la carta al padre a la carta a Facebook. A veces allí se encuentra un destinatario y puede darse - ¿por qué no? – un encuentro significativo. Otras veces, el anonimato y la soledad globalizada se hacen sentir en el cuerpo. Cada sujeto tiene una relación singular con su red social, lo cual puede hacer síntoma y ser tema de análisis. Hablarle al analista implica articular un decir a un cuerpo.

En un principio se trata de restituir el valor significante de aquello que está imaginarizado. Hacer entrar el “significante digital” en un discurso; en ciertos casos, es lo preliminar.

Cuando se discute sobre si es posible el análisis vía Skype (webcam), hay que preguntarse si alguien se imagina realmente un psicoanálisis con niños sin el cuerpo del analista. Creo que no. Entonces, ¿por qué pensarlo para aquellos que no son niños? Otra cosa es, por supuesto, determinada maniobra preliminar o circunstancial.

El decir y el silencio del analista -pero también el tono, la risa, su cuerpo- pueden hacer resonar un vacío vivificante en el cuerpo de quien consulta.

Piglia se pregunta desde su campo, ¿qué es lo que persiste y qué es lo que ha variado en las formas de leer? Dice que desde su perspectiva la cosa no ha variado porque leer ha sido siempre pasar de un signo a otro. La lectura veloz es una especie de chiste idiota, lo que se ha acelerado es la posibilidad de acceso a los textos, pero no la lectura misma. Una cosa es la velocidad de la luz de las computadoras y otra es la velocidad de los cuerpos [7].

Considero que un modo analítico de hacer frente a la época consiste en reintroducir la variable tiempo y la variable cuerpo, aquello que la hiperconexión rechaza.

Una adolescente pasa los días encerrada padeciendo la relación con su cuerpo: algo hace mancha en su imagen. Una sesión habla de una cuenta de Instagram donde todo es “divino y perfecto”. Desde su celular me muestra las imágenes. A partir de un gesto que hago al mirar, me dice: “sí, ya sé, está todo trucado. Le digo que su problema es que se mira desde Instagram. La intervención conmueve y produce un viraje.

Más allá de las lecturas de la subjetividad de la época (totalmente necesarias) lo que cuenta para nosotros es la singularidad del caso.

El arte es un momento de pausa y por eso se parece a la oración dice Piglia. Un psicoanálisis no es un hecho artístico ni se parece a una oración, pero también tiene que ver con la pausa, y lleva su tiempo.

* Trabajo presentado en las XXV Jornadas Anuales de la EOL, Hiperconectados. Los psicoanalistas frente a los lazos virtuales, 2016

1. Miller, J-A, El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, 2005
2. Debord, G, La sociedad del espectáculo, PRE-TEXTOS, 2005
3. Sibilia, P, La intimidad como espectáculo, Fondo de Cultura Económica, 2008
4. Agamben, G, Infancia e historia, Adriana Hidalgo editora, 2001
5. Bonazzi, M, El lugar político del inconsciente contemporáneo, Grama, 2012
6. Brousse, M-E, Hipertexto N°5, XXV Jornadas Anuales de la EOL, Hiperconectados. Los psicoanalistas frente a los lazos virtuales, 2016
7. Piglia, R., La forma inicial. Conversaciones en Princeton, Eterna Cadencia, 2015

 

Entrevista a un ciudadano Cyborg[1], por Julia Goldenberg

Neil Harbisson es un artista y compositor británico-irlandés residente en España, que ha sido reconocido por el Reino Unido como el primer ciudadano cyborg. Nació sin ver los colores por lo que se implantó un chip que convierte los colores en sonidos.

Un cíborg (cyborg en inglés) es un ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos, es decir, un organismo cibernético. Neil Harbisson nació con acromatopsia o monocromatismo una condición que no le permite percibir los colores, sólo ve en blanco y negro. En la universidad conoció a Adam Montandon, un joven licenciado en cibernética, con quien creó el ojo electrónico (eyeborg) ubicado a presión en su nuca. Este le permite percibir a través del cráneo frecuencias de luz en forma de frecuencias audibles y así interpretarlas en una escala de colores. El trabajo conjunto fue reconocido con el Premio Británico de Innovación otorgado por Submerge en Bristol (Inglaterra, 2004) y con el Premio Europeo en Interface Design (Viena, 2004). Actualmente es un reconocido artista residente en Barcelona que contribuye con la difusión de la cultura cyborg participando de festivales de ciencia y de arte en todo el mundo. Como respuesta a las cartas recibidas creó en 2010 la Fundación Cyborg (cyborgfoundation.com), con el fin de asistir a las personas interesadas en expandir sus sentidos gracias a la tecnología.

–¿Por qué decidiste intervenir tecnológicamente tu cuerpo?

–Porque nací con acromatopsia, es decir no puedo ver los colores, percibo en blanco y negro. Yo quería percibir los colores, y cuando estaba estudiando música fui a una conferencia de cibernética y comprendí que la tecnología podía ser utilizada para extender sentidos, entonces comencé un proyecto para extender mis sentidos. El resultado fue crear un ojo electrónico (eyeborg) que me permite percibir los colores a través de sus sonidos. En vez de ver colores los escucho, gracias a un sensor que detecta la frecuencia del color que tengo delante y envía esta frecuencia a un chip que está instalado en la cabeza; allí el chip transpone a través de cada color cuarenta octavas hacia abajo hasta que se pueda escuchar el color que tengo delante. Lo que detecta el ojo electrónico es la frecuencia de la onda lumínica. Simplemente detecta la frecuencia de luz y transpone la frecuencia de luz cuarenta octavas hacia abajo de manera que yo pueda escucharla.

–¿Fue fácil acostumbrarse?

–Las primeras cinco semanas tuve dolores de cabeza porque era mucha información de golpe, además era todo muy nuevo. Pero además tenía bloqueadas las orejas porque los primeros años debía usar auriculares para escuchar los colores. El problema es que estaba bloqueando mi capacidad auditiva, para poder percibir el color. Pero además tenía dolores de espalda porque debía cargar una computadora de cinco kilos. Luego de las primeras cinco semanas mi cuerpo se acostumbró, los dolores de cabeza se fueron, mi cerebro también se acostumbró a escuchar colores constantemente. Pero el gran cambio fue cuando dejé de usar auriculares, dejé de usar las orejas para comenzar a escuchar a través del hueso, de mi cráneo. En vez de bloquear un sentido para desarrollar otro, pude de esta manera crear un nuevo sentido.

–¿Así lograste percibir todos los colores?

–En un principio fue para percibir los colores que los humanos pueden percibir, pero cuando llegué al punto en que podía percibir los colores igual que los otros hombres decidí continuar extendiendo el sentido del color, entonces incorporé los infrarrojos y los ultravioletas. Por lo tanto, ahora puedo percibir más colores que el ojo humano y mi objetivo es seguir ampliando este sentido de la percepción visual. Lo interesante es que con la tecnología puedes percibir mucho mejor que a través de tu cuerpo. Finalmente mi objetivo se ha convertido en ampliar todos los sentidos en general. Por eso, hace dos años creé la Fundación Cyborg que es una fundación que se dedica a crear extensiones cibernéticas para ampliar los sentidos de quienes lo soliciten.

–¿Cómo cambiaron los detalles?

–Ha cambiado todo porque el color está por todas partes, en todos los campos, por lo tanto no es sólo la percepción del arte lo que cambia. Todo se modifica, desde la comida, la ropa, la literatura. Como cada prenda tiene una nota acorde a un color, cada mañana elijo las notas que quiero llevar, entonces puedo llevar un acorde mayor o un acorde menor. Puedo llevar una melodía o me puedo vestir de una canción si quiero, dependiendo de la cantidad de colores que pueda ponerme.

–¿Cómo se define entonces un cyborg?

–La palabra misma define el sentido. Viene de organismo cibernético, es cualquier organismo que use la cibernética como parte del organismo o cualquier elemento cibernético que se sirva de algo orgánico para su funcionamiento. Yo uso la cibernética como parte de mi organismo, no sólo porque llevo un elemento incorporado en la cabeza sino también porque el software y mi cerebro se han unido y han creado un nuevo sentido. La unión entre el software y el cerebro ha creado un nuevo sentido que bauticé como “sonocromático”. Este es el que me permite percibir el color como sonidos y percibir el sonido como colores.

–¿En qué consisten tus retratos sonoros?

–En vez de dibujar la cara de una persona, apunto las notas que escucho de la cara y de allí saco un acorde musical. Uno de los efectos secundarios de escuchar colores es que el sonido también se convierte en color. Cuando alguien habla, el tono de voz le corresponde a algún color, por eso puedo pintar música o puedo pintar el discurso de algunas personas. He transpuesto discursos políticos a color (como por ejemplo del famoso discurso de Martin Luther King) y reconocidas obras musicales a color. Eso te permite percibir el color dominante de una persona, o de una pieza musical.

–¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?

–Estoy intentando conseguir pagar la operación para integrar el ojo electrónico al cráneo. He presentado esta operación a un fondo que subsidia desarrollos artísticos de inteligencia artificial. Estoy esperando a ver si me han seleccionado. Si me han seleccionado, podré comenzar la operación, y si no me han seleccionado tendré que realizar algún proyecto de micro mecenazgo o algo así, para poder pagar la operación. El hospital ha aceptado hacer la operación y ahora sólo me falta encontrar el dinero.

–¿Cuál es el objetivo de la Fundación Cyborg?

–Realizamos investigaciones, colaboraciones con universidades, para crear tecnología, para crearla en el cuerpo con el fin de extender los sentidos. Cualquiera puede acercarse y pedir una intervención porque todos los humanos tenemos los sentidos poco desarrollados, si nos comparamos con otras especies animales. Por ejemplo los perros pueden escuchar mucho mejor que nosotros, las ratas huelen mejor que nosotros, hay pájaros que pueden ver más colores que los humanos, los delfines pueden escuchar a través de los huesos y los tiburones pueden percibir campos electromagnéticos. Cuando nos comparamos con ellos tenemos los sentidos menos desarrollados, entonces mediante la incorporación de cibernética en el cuerpo podemos despertar nuestros sentidos y ampliar la percepción de la realidad. La cuestión es que yo no creo que a mí me falte nada. Ver en blanco y negro no es una deficiencia en absoluto, es una condición visual diferente. Yo no estoy corrigiendo mi condición visual porque sigo viendo en blanco y negro, lo que hago es crear un nuevo sentido que es oír por vía ósea. Esto es algo que antes no podía hacer. Yo ahora escucho a través de mi hueso y estoy percibiendo algo que no puedo percibir visualmente. No estoy reparando, estoy agregando. La idea es extender mis sentidos. Hay mucha gente ciega que no quiere extender sus sentidos, y mucha gente que ve muy bien pero quiere extender sus sentidos. Nosotros diferenciamos a las personas que quieren expandir sus sentidos y las que no.

–¿Existen actualmente casos que han sido atendidos por la fundación?

–Bueno, ahora estamos trabajando con el caso de una chica que solicitó percibir detrás de ella el movimiento. Lleva un sensor infrarrojo en la nuca para detectar si hay movimiento detrás suyo, entonces no tiene que girar la cabeza para saber que hay movimiento a sus espaldas. El infrarrojo crea una vibración cuando hay movimiento detrás de ella, lo cual le da una percepción de 360 grados.

–¿Crees que tu caso introducirá una apertura de los derechos civiles en el mundo?

–En 2004 no me dejaban renovar el pasaporte porque llevaba un aparato electrónico. En el Reino Unido no te dejan aparecer en la foto del pasaporte con un dispositivo electrónico. Yo argumenté que el “eyeborg” no era un aparato electrónico, sino una parte de mi cuerpo. El problema es que ellos tenían que aceptar o no que lo que veían en la foto era una parte de mi cuerpo. Luego me pidieron más explicaciones, un certificado médico, etc. Entonces le pedí a mi médico que escribiera un carta contando mi caso. El escribió que consideraba que el ojo electrónico no era un aparato electrónico sino una parte de mi cuerpo, una extensión de mis sentidos. Y que por lo tanto debería aparecer en mi foto del pasaporte. La universidad también escribió en apoyo a mi reclamo. Al cabo de unos meses aceptaron esta explicación, y en la foto de mi pasaporte aparezco con el “eyeborg”. Esto abre una nueva situación para los gobiernos, ya que sienta precedente. Ahora más gente puede reclamar por que se acepte un elemento electrónico como parte de su cuerpo. Pero al principio fue un problema que tardó meses en resolverse. Creo que no ha habido ningún caso más de este tipo. Tengo entendido que en 2014 en Europa se van a impulsar “leyes robóticas”, donde seguramente aparecerán cuestiones relacionadas con los derechos de los cyborgs.

–¿Qué límites presentan los Estados de todo el mundo frente a estos desarrollos?

–Los gobiernos siempre están un paso atrás de los cambios que se producen en la sociedad. La sociedad siempre avanza más rápido que las leyes y la burocracia. Por eso es necesario que la sociedad luche, no sólo los cyborgs, sino también todos aquellos que busquen defender sus derechos. En el caso de los transexuales, hay algo que compartimos y es que los humanos no siempre queremos ser tal como nacimos. Los humanos intervenimos nuestro desarrollo natural en muchos sentidos. Podemos nacer de una forma y morir de otra si lo queremos.

–¿La afirmación “Cuando empecé a soñar en colores y a sentir colores fue cuando sentí que el software y mi cerebro estaban unidos” a qué se refiere?

–La unión y comunicación software-cerebro fue en tres etapas. Primero se trató de cierto tipo de información, el software daba información a mi cerebro y yo tenía que procesarla. El segundo paso fue cuando ya no tuve que procesar y comenzó a ser automático. El tercer paso fue cuando comencé a sentir los colores y a soñar en colores y comencé a tener colores preferidos. Primero fue información, luego percepción y finalmente sensación. El hecho de que mi cerebro comenzó a crear los sonidos electrónicos fue lo que me producía sensaciones dormido. Los he interiorizado tanto que los sueño y mi cerebro los puede recrear.

–¿Qué sucedería si ese software es creado por algún monopolio y eso se introduce en el cuerpo?

–Yo no creo que la gente vaya a comprar extensiones cibernéticas, por lo tanto no hay peligro respecto del software. Creo que la gente va a crear su propio software, su propio código de chip. Lo único que necesitamos es la colaboración con médicos para hacer implantes. Por la parte técnica no creo que se necesario comprar nada. De hecho la idea de extender los sentidos es que tú mismo te diseñes un sentido, no que compres un sentido prefabricado. Este es el gran cambio que planteamos. No buscamos usar la tecnología como un elemento externo, o como un producto, sino como una parte de tu cuerpo y uno mismo es el que tiene que crearlo y extender el sentido propio. Los ojos electrónicos que nosotros creamos no los comercializamos. El código siempre está abierto, el software es gratuito. Entonces la gente tiene que desarrollar este ojo a su manera y modificarlo como quiera.

–La historia muestra que el desarrollo de la tecnología es ineluctable, pero también demostró que el hombre ha utilizado la tecnología con fines siniestros. ¿No teme que este aporte traiga consecuencias desviadas?

–Definitivamente esto puede ser mal utilizado. Pero creo que es como todo, un cuchillo se puede usar para cortar pan o para matar a alguien. En el caso de los cyborgs o cualquier otro tema, se puede usar bien o mal.

–La tecnología tiene una capacidad masiva que pocos desarrollos tienen. En este sentido requiere de un análisis ético más profundo.

–Nosotros creamos extensiones cibernéticas con el fin de extender los sentidos y la gente las aplicará de la forma que quiera. En todo caso las extensiones que creamos son sentidos que existen en el mundo, son sentidos que algunos animales tienen. No estamos inventando nada. Es que una cosa es la extensión cibernética y otra cosa es el uso. Yo no tengo ningún poder en esto.

[1] Entrevista publicada en 2012 en Página/12 https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-206085-2012-10-22.html