2 de septiembre de 2006

Principios rectores del acto analítico. Por Eric Laurent

Preámbulo
Durante el Congreso de la AMP en Comandatuba, en el 2004, la Delegada General presentó una "Declaración de principios" ante la Asamblea General. Luego los Consejos de las Escuelas hicieron llegar los resultados de sus lecturas, de sus observaciones y señalamientos. Después de ese trabajo, presentamos ahora, ante la Asamblea, estos Principios que les pedimos adopten.



Primer principio: El psicoanálisis es una práctica de la palabra. Los dos participantes son el analista y el analizante, reunidos en presencia en la misma sesión psicoanalítica. El analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente; está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir. El analista puntúa los decires del analizante y le permite componer el tejido de su inconsciente. Los poderes del lenguaje y los efectos de verdad que este permite, lo que se llama la interpretación, constituyen el poder mismo del inconsciente. La interpretación se manifiesta tanto del lado del psicoanalizante como del lado del psicoanalista. Sin embargo, el uno y el otro no tienen la misma relación con el inconsciente pues uno ya hizo la experiencia hasta su término y el otro no.

Segundo principio: La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a las cuales el sujeto está fijado. El psicoanalista autoriza a tomar distancia de los hábitos, de las normas, de las reglas a las que el psicoanalizante se somete fuera de la sesión. Autoriza también un cuestionamiento radical de los fundamentos de la identidad de cada uno. Puede atemperar la radicalidad de este cuestionamiento teniendo en cuenta la particularidad clínica del sujeto que se dirige a él. No tiene en cuenta nada más. Esto es lo que define la particularidad del lugar del psicoanalista, aquel que sostiene el cuestionamiento, la abertura, el enigma, en el sujeto que viene a su encuentro. Por lo tanto, el psicoanalista no se identifica con ninguno de los roles que quiere hacerle jugar su interlocutor, ni a ningún magisterio o ideal presente en la civilización. En ese sentido, el analista es aquel que no es asignable a ningún lugar que no sea el de la pregunta sobre el deseo.

Tercer principio: El analizante se dirige al analista. Pone en el analista sentimientos, creencias, expectativas en respuesta a lo que él dice, y desea actuar sobre las creencias y expectativas que él mismo anticipa. El desciframiento del sentido no es lo único que está en juego en los intercambios entre analizante y analista. Está también el objetivo de aquel que habla. Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido. Esta recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Es ella la que funda la transferencia que anuda a los dos participantes. La formula de Lacan según la cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido incluye tanto el desciframiento como la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. En última instancia, cuando el analizante habla, quiere encontrar en el Otro, más allá del sentido de lo que dice, a la pareja de sus expectativas, de sus creencias y deseos. Su objetivo es encontrar a la pareja de su fantasma. El psicoanalista, aclarado por la experiencia analítica sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en nombre de ese fantasma.

Cuarto principio: El lazo de la transferencia supone un lugar, el "lugar del Otro", como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular. Este lugar es aquel donde el inconsciente puede manifestarse en el decir con la mayor libertad y, por lo tanto, donde aparecen los engaños y las dificultades. Es también el lugar donde las figuras de la pareja del fantasma pueden desplegarse por medio de los más complejos juegos de espejos. Por ello, la sesión analítica no soporta ni un tercero ni su mirada desde el exterior del proceso mismo que está en juego. El tercero queda reducido a ese lugar del Otro.
Este principio excluye, por lo tanto, la intervención de terceros autoritarios que quieran asignar un lugar a cada uno y un objetivo previamente establecido del tratamiento psicoanalítico. El tercero evaluador se inscribe en esta serie de los terceros, cuya autoridad sólo se afirma por fuera de lo que está en juego entre el analizante, el analista y el inconsciente.

Quinto principio: No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica. Freud tomó la metáfora del ajedrez para indicar que sólo había reglas o para el inicio o para el final de la partida. Ciertamente, después de Freud, los algoritmos que permiten formalizar el ajedrez han acrecentado su poder. Ligados al poder del cálculo del ordenador, ahora permiten a una máquina ganar a un jugador humano. Pero esto no cambia el hecho de que el psicoanálisis, al contrario que el ajedrez, no puede presentarse bajo la forma algorítmica. Esto lo vemos en Freud mismo que transmitió el psicoanálisis con la ayuda de casos particulares: El Hombre de las ratas, Dora, el pequeño Hans, etc. A partir del Hombre de los lobos, el relato de la cura entró en crisis. Freud ya no podía sostener en la unidad de un relato la complejidad de los procesos en juego. Lejos de poder reducirse a un protocolo técnico, la experiencia del psicoanálisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción.

Sexto principio: La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas. Las curas de Freud tuvieron duraciones muy variables. Hubo curas de sólo una sesión, como el psicoanálisis de Gustav Mahler. También hubo curas de cuatro meses como la del pequeño Hans o de un año como la del Hombre de las ratas y también de varios años como la del Hombre de los lobos. Después, la distancia y la diversificación no han cesado de aumentar. Además, la aplicación del psicoanálisis más allá de la consulta privada, en los dispositivos de atención, ha contribuido a la variedad en la duración de la cura psicoanalítica. La variedad de casos clínicos y de edades en las que el psicoanálisis ha sido aplicado permite considerar que ahora, en el mejor de los casos, la duración de la cura se define "a medida". Una cura se prolonga hasta que el analizante esté lo suficientemente satisfecho de la experiencia que ha hecho como para dejar al analista. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino al acuerdo del sujeto consigo mismo.

Séptimo principio: El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación de la singularidad del sujeto a normas, a reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual. Esta impotencia es designada con el término de castración. Más allá de esto, el psicoanálisis con Lacan, formula la imposibilidad de que exista una norma de la relación entre los sexos. Si no hay satisfacción plena y si no existe una norma, le queda a cada uno inventar una solución particular que se apoya en su síntoma. La solución de cada uno puede ser más o menos típica, puede estar más o menos sostenida en la tradición y en las reglas comunes. Sin embargo, puede también remitir a la ruptura o a una cierta clandestinidad. Todo esto no quita que, en el fondo, la relación entre los sexos no tiene una solución que pueda ser "para todos". En ese sentido, está marcada por el sello de lo incurable, y siempre se mostrará defectuosa.
El sexo, en el ser hablante, remite al "no todo".

Octavo principio: La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. La formación analítica, desde que fue establecida como discurso, reposa en un trípode: seminarios de formación teórica (para-universitarios), la prosecución por el candidato psicoanalista de un psicoanálisis hasta el final (de ahí los efectos de formación), la transmisión pragmática de la práctica en las supervisiones (conversaciones entre pares sobre la práctica) Durante un tiempo, Freud creyó que era posible determinar una identidad del psicoanalista. El éxito mismo del psicoanálisis, su internacionalización, las múltiples generaciones que se han ido sucediendo desde hace un siglo, han mostrado que esa definición de una identidad del psicoanalista era una ilusión. La definición del psicoanalista incluye la variación de esta identidad. La definición es la variación misma. La definición del psicoanalista no es un ideal, incluye la historia misma del psicoanálisis y de lo que se ha llamado psicoanalista en distintos contextos de discurso.

La nominación del psicoanalista incluye componentes contradictorios. Hace falta una formación académica, universitaria o equivalente, que conlleva el cotejo general de los grados. Hace falta una experiencia clínica que se trasmite en su particularidad bajo el control de los pares. Hace falta la experiencia radicalmente singular de la cura. Los niveles de lo general, de lo particular y de lo singular son heterogéneos. La historia del movimiento psicoanalítico es la de las discordias y la de las interpretaciones de esa heterogeneidad. Forma parte, ella también, de la gran Conversación del psicoanálisis, que permite decir quién es psicoanalista. Este decir se efectúa en procedimientos que tienen lugar en esas comunidades que son las instituciones analíticas. El psicoanalista nunca está solo, sino que depende, como en el chiste, de un Otro que le reconozca. Este Otro no puede reducirse a un Otro normativizado, autoritario, reglamentario, estandarizado. El psicoanalista es aquel que afirma haber obtenido de la experiencia aquello que podía esperar de ella y, por lo tanto, afirma haber franqueado un "pase", como lo nombró Lacan. El “pase” testimonia del franqueamiento de sus impases. La interlocución con la cual quiere obtener el acuerdo sobre ese atravesamiento, se hace en dispositivos institucionales. Más profundamente, ella se inscribe en la gran Conversación del psicoanálisis con la civilización. El psicoanalista no es autista. El psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, a la que anhela conmover y tocar en favor de la causa analítica.

Traducción: Carmen Cuñat

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18 comentarios:

Romildo do Rêgo Barros dijo...

Há no discurso de Éric Laurent dois momentos que me parecem bem distintos. O primeiro apresenta a análise no seu aspecto de pacto, necessário a que duas pessoas se encontrem juntas para uma tarefa: sob este viés, sabe-se que a análise é uma prática da fala, que os seus dois participantes se prestam, cada um à sua maneira, a que a experiência se efetive, etc....Foi este aspecto que, isolado e levado ao extremo, conduziu historicamente uma parte considerável da comunidade psicanalítica a acreditar num contrato, que teria a função de limitar o campo de atuação de cada um dos dois parceiros.
Aos poucos, no entanto, vai despontando no discurso de Laurent algo como uma disparidade, tornando-o mais complexo, até chegarmos finalmente ao seu cerne, onde se trata da análise como uma experiência única: cada tratamento é singular. Esta afirmação de princípio objeta contra o standard, e ao mesmo tempo contra a busca de uma coincidência entre os objetivos da análise e os preceitos da cultura.
É neste ponto paradoxal que a nossa Carta Magna encontra os seus objetivos, ou seja, de se propor a uma aplicação geral, visando no entanto o que há de irrepetível em cada experiência analítica.
Haverá lugar no mundo de hoje para uma experiência que não esteja previamente programada? O próprio Éric Laurent definiu, em um outro contexto, o trauma contemporâneo como aquilo que foge ao programa. É a isto que estamos convidados a responder na prática.

AMP Blog dijo...

La declaración de los principios del acto analitico hizo acontecimiento en Roma, la ciudad del derecho clásico.
Acontecimiento que establece un puente entre el Congreso del 2004 y el del 2006, entre una Delegada General y su sucesor. Es decir que más que todo fue el signo de una continuidad de la AMP y de su madurez.
Se lee que no es un código de buenas maneras de hacer, como ahora se impone la religión de los protocolos en todo funcionamiento institucional, sino una serie de principios inspirados y orientados por la enseñenza de Lacan, teniendo en cuenta el impacto en el mundo más allá del psicoanálisis.
También es un testimonio del esfuerzo de orientación teórico y de construcción institucional de Jacques-Alain Miller, poniendo a disposición pública la obra de Lacan y pensando sus consecuencias en el porvenir del psicoanálisis. Se enuncian así las bases de una verdadura alternativa a la institución freudiana que no se concibe sin garantía y formación del psicoanalista.
Estos principios que van de los más simples (primera frase del primer principio) a los más elaborados, a la punta de lo que produce la experiencia analítica (última parte del texto).
Se pueden leer una definición del inconsciente, de la sesión analítica, de la función del objeto a, y cómo se pone en juego en el fantasma, como el no-todo que se opone a una concepción de norma de satisfacción genital. Se afirma la necesidad de libertad, sin autismo del analizante, como del analista con sus consecuencias en las relaciones con las condiciones de la vida pública y de las relaciones con las autoridades. Se pone de relieve la perspectiva de la experiencia analítica, discurso y no técnica, en la producción de una singularidad y excepción subjetiva y así las condiciones de su término.
Se deducen los principios de formación del analista y de garantía de su práctica al final del texto.
Así se establecen ocho principios que se leen en un lenguaje corriente, que no se ocultan por un vocabulario técnico. Contribuyen a la presencia del psicoanálisis en el mundo, respondiendo a la necesidad de exponer lo que se hace en la experiencia, sus objetivos, perspectivas y límites. Constituye el hilo rojo del funcionamiento de las escuelas de psicoanálisis, inspirando los textos locales.

Jean-Daniel Matet

AMP Blog dijo...

Nota sobre los principios de la pràctica
Por Alicia Arenas

¨La ètica del psicoanàlisis excluye la intervención de terceros autoritarios que quieran asignar un lugar a cada uno y un objetivo preestablecido del tratamiento¨.

¨El psicoanalista no està solo, depende de un Otro que lo reconozca¨.

El primer pàrrafo contenido en el quinto principio es, entre otros àmbitos, especialmente resonante para los psicoanalistas que trabajan en instituciones, compañias de seguros, HMO, en equipo con mèdicos, psiquiatras, abogados u otros profesionales, sin olvidar los tribunales de justicia, en los casos que llegan hasta alli y que requieren de la participación del psicoanalista vìa informes o declaraciones juradas. En efecto, el psicoanalista no està solo.
No son las contradicciones las que pueden detener al psicoanalista, ese es mas bien su campo, en el que ha estado inmerso desde sus orìgenes, desde las contradicciones de su propio análisis y las de las curas que dirige. Què màs contradictorio que la subjetividad?.
Pero una cosa son las contradicciones y otra son los obstáculos que se le presentan, realidad que hay que situar en cada caso. Lo cierto es que instituciones, seguros, tribunales, etc. participan con derechos en el mundo que nos atañe y si el analista retrocede demasiado ràpido no podra darse cuenta de donde colocar su intervención. Se trata mas bien de delimitar claramente aquello ante lo que no hay que claudicar, es decir, que quien dirige la cura es el psicoanalista y que quien orienta al psicoanalista sobre el camino y los objetivos es el psicoanalizante.
Si sabemos que al fin y al cabo el autoritarismo no se sostiene sino de semblantes, esto implica que deja muchos espacios por cubrir pues el agujero esta en la base de sus enunciados. Frente a los parámetros del DSM, o de los planes de tratamiento, el psicoanalista, centrado en sus objetivos, encontrarà la forma de alimentar el monstruo, sin necesidad de claudicar a la ètica de psicoanálisis. La democracia no puede impedir a un profesional que ejerza el psicoanálisis, siempre que sea eficaz, que encuentre como nombrar sus intervenciones, y que cambie los diagnòsticos una vez que ya no se sostienen.
La experiencia de los colegas de la sede Miami de la NEL que trabajan en espacios institucionales regidos por el Otro autoritario del Managed Health Care System, han ido encontrando el modo de hacer valer sus intervenciones allì donde se venìa pensando que no habìa lugar para el devaluado psicoanálisis, tildado de arcaico. Paradójicamente, es a nuestros clìnicos a quienes se deriva hoy los pacientes màs difíciles, y esto ha hecho que se les contrate ràpidamente, precisamente por la formación de la que provienen. Un Otro autoritario y contradictorio pero no tonto, pues aùn sin entender nada aprende ràpido que la clìnica de orientación lacaniana demuestra su eficacia. Soportar la contradicción, saber que no hay discurso que no sea semblante, apuntar a la caìda de los significantes amos, condiciones del deseo del psicoanalista y herramientas valiosas para el psicoanálisis aplicado.

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Nota sobre el sexto principio. Por Fabián Naparstek.
La declaración de ocho principios realizada por Eric Laurent en Roma marca una continuidad en la AMP respecto de lo ya planteado por Graciela Brodsky en el período anterior. Hay un esfuerzo en transmitir al gran público, de una manera clara y precisa, el valor propio del psicoanálisis y sus principios rectores. En esa vía habría muchos comentarios y ampliaciones para hacer de cada uno de ellos, pero en esta oportunidad quisiera detenerme en el sexto principio que habla de la duración variable de la cura y de las sesiones. Es un tema candente y propio de nuestra época veloz, si bien cuando lo leía recordaba que las primeras curas breves las llevó adelante efectivamente el mismo Freud. Lo que hoy parece un gran descubrimiento de la época llamado “terapias breves”, mas bien ya estaba presente con Freud. Hablo del Freud de la primera época donde los tratamientos duraban unos pocos meses. Sin embargo él abandona la necesidad de concluir rápidamente ya que dichas terapias no podían resolver lo que Freud llamada la facultad de formar nuevos síntomas. Esas terapias mostraban que al poco tiempo los síntomas volvían bajo las mismas formas o con nuevos disfraces. Los pacientes mismos no se dejaban mentir y aunque el síntoma cobrara nuevos bríos bajo nuevos colores, reconocían allí algo de lo antiguo que perdura. Tomar en cuenta estos fenómenos le hizo replantear a Freud el dispositivo analítico y la duración de los tratamientos. Como dice el sexto principio, el “tener en cuenta la particularidad clínica del sujeto” permite tener un tiempo variable para que cada cura concluya con la satisfacción del sujeto y no con la de una prestación que se ajusta al protocolo en una cura engañosa. Pretender hacer creer que un síntoma cualquiera desapareció cundo vuelve a hacerse presente bajo otra tonalidad no es mas que una de las formas falaces y rápidas de intentar hacer desaparecer la condición subjetiva y singular de cada sujeto. Por eso cuando el sexto principio dice que “la duración de la cura se define a medida”, podemos agregarle que es a medida del síntoma singular de cada sujeto y de la solución – como dice el siguiente principio - que se ha podido inventar él mismo hasta encontrarse “satisfecho”. A mi gusto en cada uno de los principios se puede verificar esta misma tensión entre lo que la época empuja como solución rápida y universal, sea por la adaptación, o el estándar, o el protocolo, etc. y la solución subjetiva y singular que él síntoma acarrea.

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A proposta de Eric Laurent.
Celio Garcia.
A proposta contida no documento levado a Assembleia era forjada após longa experiência no dia a dia da Psicanálise, sua teoria, sua prática, sua recepção em nossos dias, seu futuro. Desde o início essa é característica da presente carta. Em oito parágrafos o essencial se disse.O autor, nosso caro Eric Laurent, acabava de assumir a tarefa de dirigir a AMP pelo periodo que cabe ao Delegado Geral.

Por isso, o termo Carta Magna contrasta com o estilo minimalista adotado pelo autor na redação do documento, a não ser que a concisão condigna e suficiente terminasse por levar carater constitucional ao documento.
A constituição que começa com as palavras “we the people” em seu first ammnendment , não peca pelo excesso, ela não é prolixa. Aliás, os ingleses (antigos senhores) que serviam de referência a não ser imitada, consideram que nem precisam deixar por escrito, enchendo laudas e mais laudas, o que eles já sabem e respeitam.
Já nosso espírito latino bacheleresco exige longas dissertações na defesa dos direitos e deveres. Escrita ou de tradição oral, a constituição constitui, com suas cláusulas pétreas ela constitui.

Não era assim que se apresentava a proposta de Eric Laurent, recem empossado delegado geral. Jovem de espírito, atento aos acontecimentos mundiais, sua sintonia com o futuro da Psicanálise no mundo fazia da sua proposta programa, plataforma para que avançassemos, possivelmente, além das fronteiras hoje vislumbradas.
No ponto sexto, vemos claramente mencionados os “dispositivos de atencion” como susceptiveis de terem marcado nossa concepção quanto ao tempo de duração de uma análise, quando estes dispositvos foram reconhecidos como integrados numa temporalidade que nos levava a uma “variedade de duracion”.

Assim, Eric Laurent adota o estilo minimalista, este que convem ao momento em que vivemos, quando queremos por em destaque o que nos une muito mais do que nossas querelas a serem declaradas em etapas posteriores, se ainda querelas o forem.
O estilo minimalista é resultado de duros embates com os que nos rodeiam e que eventualmente podem fazer frente única num momento de confronto como já foi o caso em Paris por ocasião de uma série de meetings em que o Forum foi escolhido forma de intervenção na comunidade psi.

Minha atenção esteve igualmente voltada, para o ponto oitavo.
Pensei que um quarto requisito estava definitivamente integrado na formaçao do analista que percorre o tríptico já sabido “formação teórica”, “analise pessoal”, e “supervisão, quando a dois discute os casos que conduz”. O quarto requisito era este formulado por Eric Laurent em outra ocasião, isto é, experiência com a clínica da precariedade ou da carência em clínicas de atendimento a populações portadoras de sofrimento por força de desorientação absoluta frente aos circuitos (fluxos, refluxos, impasses, vias de passagem) nos territórios da cidade grande com seus tentáculos de desagregaçao e desestabilização.
Basta verificar onde estão instaladas as clínicas tipo CPCT (de preferência no território da populaçao que acorre a elas). Dizemos clinica tipo CPCT lembrando a iniciativa parisiense de marcante desdobramento e destino.
Quero dizer que o/a analista jovem, inexperiente, cada vez mais jovem e cada vez menos experiente, só tem a ganhar se tiver passado uma temporada em uma clínica dessa natureza. No caso do Brasil, já o estágio obrigatório no curriculo dos cursos de Psiologia poderia ser lembrado como remediando a situaçao a que aludimos. Sim e não.
A clínica em situação de extrema precariedade e carência terá que ser pensada como fonte de ensinamentos para a Psicanalise tal como ela é apresentada na carta de Eric Laurent.
Decididamente essa clínica nos ensina de maneira, se for o caso selvagem, que se o passe é franqueamento de impasses, o sujeito da Psicanálise sabe que seu destino será a falha, a incompletude, não necessariamene o fracasso, sabe que ele encontrará esta falha tão logo adentre a clínica da precariedade e da carência.
Será justamente da falha que o sujeto pensado por Lacan e presente na carta-proposta (por isso, o estilo minimalista da carta-proposta, dou-me conta de repente!) tira seu devir.
Ele diz o mínimo possivel, e com isso saberá “conmover e tocar en favor de la causa analitica”, como tão bem disse Eric.

Uma postura triunfante termina por desconhecer a heterogeneidade dos niveis geral/particular de um lado, singular do outro. O singular termina por ser englobado no particular. E assim “a pareja encontra seu fantasma”.
Como assim?
O singular é sem predicados, sem atribuições. Se já não há lugar para ele, só há lugar para as atribuições, os predicados. A precariedade não precisa de predicados, nem atribuições.

AMP Blog dijo...

Domenico Cosenza
membro SLP Milano nos ha enviado este comentario


La tensione dialettica tra l'universale ed il singolare attraversa il testo dei
"Principi direttivi dell'atto analitico" presentato da Eric Laurent al Congresso AMP
di Roma. Proverò ad articolare un breve commento al riguardo, focalizzandomi attorno
a due punti che mi sembrano rilevanti. Il primo punto tocca il tema dell'universale
in psicoanalisi, e la mia tesi di lettura al riguardo è la seguente: il testo
individua due modi irriducibili di intendere lo statuto dell'universale in
psicoanalisi, ed indica quale sia quello adeguato alla struttura della pratica
analitica, distinguendolo da quello che offre alla psicoanalisi una fondazione solo
immaginaria ed estrinseca, svincolata dalla logica effettiva del suo funzionamento.
La prima forma di universale viene evocata nel testo attraverso l'impiego di alcuni
significanti scritti in lettera maiuscola, tra i quali il nome stesso del documento
- Carta Magna per la psicoanalisi -, ma anche la definizione del lavoro collettivo
che permette di dire chi è psicoanalista - la grande Conversazione della
psicoanalisi. Questi significanti maiuscoli sono orientati verso il luogo
dell'Altro, ma al contempo possiamo anche dire che è dal luogo dell'Altro che
provengono, con la funzione di nominare in tale luogo lo specifico della pratica
psicoanalitica lacaniana. L'universale che il documento riconosce come inerente
alla pratica analitica è in altri termini il luogo dell'Altro come incarnazione di
una universalità storico-discorsiva, di cui la psicoanalisi stessa, in quanto
discorso, è un'espressione determinata. Tale universalità storico-discorsiva della
psicoanalisi si contrappone all'universale astratto del dogmatismo
formalistico-precettistico della psicoanalisi fondata sugli standard, sulle sigenze
di valutazione quantitativa del discorso universitario nella sua direttrice
scientista, o sulle aspettative ideologiche di adattamento sociale proprie alle
esigenze del maitre contemporaneo. A questa posizione, che aliena la cra analitica
in un dover-essere regolato dal protocollo, la prospettiva storico-discorsiva
interna al documento contrappone un universale concreto ed effettuale, che estrae i
principi minimi dell'atto analitico da ciò che la storia dei casi clinici della
psicoanalisi è effettivamente stata. E' questo il tratto, se vogliamo, hegeliano ed
antikantiano, antiscientista, presente a mio avviso nel documento. Tuttavia, allo
stesso tempo, e questo è il secondo punto che vorrei sottolineare, il testo è
attraversato simultaneamente da un movimento che opera una de-totalizzazione proprio
di tale Altro storico-discorsivo. Operazione essenziale per poter pervenire ad
isolare la singolarità propria ad ogni psicoanalisi e la stoffa irriducibile di
ciascun soggetto che ne ha fatto l'esperienza. E' questa la speciale direttrice
anti-hegeliana di Lacan che attraversa il documento. Direttrice che marca
l'irriducibilità del reale del soggetto all'universalità dell'algoritmo, ma che al
contempo sottolinea la funzione-chiave di un Altro de-totalizzato per l'orientamento
del soggetto stesso. Anche per questa ragione, "lo psicoanalista non è autista":
non è ad un mondo senza Altro che il discorso analitico conduce il soggetto - come
invece il discorso ultramoderno, tratteggiato da Jacques-Alain Miller a Comandatuba,
e la sua spinta a godere senza l'Altro -, ma piuttosto ad un mondo in cui l'Altro
non garantisce del reale.
Il che non significa che il soggetto non se ne possa servire.

AMP Blog dijo...

Mercedes de Francisco
Madrid, 17 de septiembre de 2006

Sobre “Los principios directores del acto analítico”


Estos ocho principios que atraviesan los pilares fundamentales de nuestra práctica, a la vez hacen visibles las diferencias con los discursos imperantes que se proponen como monopolizadores de la concepción de lo subjetivo y su tratamiento.

Afirmando el poder de la palabra, con ello la materialidad del inconsciente, y la importancia de la interpretación y la verdad;

mostrando la capacidad que tiene el psicoanálisis a la hora de producir cambios con respecto a las identificaciones más estables y a los hábitos más esclavizantes;

subrayando que lo que anuda al analizante con el analista es la transferencia y la pulsión;

excluyendo toda intervención de terceros que desde fuera de la experiencia misma se erijan en sus controladores y evaluadores;

negando que la práctica analítica sea una técnica;

manteniendo que no podemos hacer ningún cálculo sobre la duración de la cura y que su final está enlazado a la satisfacción del sujeto consigo mismo;

declarando que su fin y objetivo no puede elaborarse en términos de adaptación a normas y reglas, pues los protagonistas, seres sexuados y mortales, son ellos mismos, la prueba de la incurable relación entre los sexos, y eso incurable toma la forma de la impotencia y la castración y de lo imposible de educar y calcular;

asumiendo, por todo lo anterior, que nuestra formación no puede tener como sostén una definición ideal de psicoanalista, y por ello los psicoanalistas se nombran a lo largo de más de un siglo respondiendo a la Gran Conversación producto de sus crisis e impasses;

se hace patente más que nunca que el psicoanálisis de orientación lacaniana con esta decisión de hacer públicos sus principios fundamentales se constituye como interlocutor de pleno derecho cuando se trata del lazo social, la terapéutica, la concepción de lo humano, etc.

La sencillez y brevedad de su elaboración sin detrimento de su fuerte argumentación, renueva la potencia del discurso analítico como respuesta a los impasses civilizadores.

Junto con el individualismo más feroz y autístico, la proliferación de identificaciones grupales que favorecen los fenómenos de masa; los sujetos se olvidan de lo más singular y excepcional que tienen favoreciendo así prácticas “normativizantes” y adaptativas, que se tornan ineficaces frente a su padecimiento. Este abordaje no quiere saber nada de lo incurable del sujeto, de la no relación de los sexos y de la ineficacia del protocolo cuando se trata de la subjetividad. Se considera más efectivo y económico uniformar a los sujetos y hacerlos olvidarse de sí mismos. Protocolos y manuales de autoayuda se complementan y aspiran a lo mismo. Se hablará de baja autoestima, y no del olvido de uno mismo, de su historia, de su manera particular de estar en el mundo; encontraremos jóvenes que no se sostienen en ninguna ilusión de cambio, nada puede transformarse, no hay futuro; de una sociedad del miedo y de la promoción de lo nuevo confundido con lo joven, que nos convierte en seres caducos y que no permite nada verdaderamente novedoso, etc…

Por ello, este documento tiene una validez que sobrepasa el marco de nuestra propia institución, pues sin renunciar al filo cortante de la verdad freudiana fortalece y muestra la importancia de la incidencia del psicoanalista en la época que nos ha tocado vivir.

AMP Blog dijo...

Juanqui Indart ha escrito:

Luego de haber adoptado en Roma, desde la escucha, la versión presentada y leída por el nuevo Delegado General de la AMP, Eric Laurent, de los “Principes directeurs de l’acte psychanalytique”, dispongo ahora de tres versiones escritas de los mismos. Una en francés y dos en español.
Se trata de tres versiones que obtuve en la página web de la AMP. Ahí encontré, primero, una versión en español, en la sección Destacados, y luego, en la sección Ornicar? Digital – Nueva Serie, n° 293, una versión francesa y otra más en español.
Pude entonces empezar a leer y releer.
Entre las versiones, inmediatamente, leí dos diferencias a las que me voy a referir en este primer comentario.
La primera es trivial, pero tiene su sabor. La versión francesa titula “Principes directeurs...”, mientras que la versión española de Destacados anuncia “Principios directrices...”. Es evidente que esto último ha sido un error gramatical, un poco grueso, y que la versión en español del Ornicar? Digital mencionado corrige: “Principios directores...”.
También es claro que no podríamos salir al mundo (no es nuestra parroquia) sosteniendo unos “Principios directrices...”.
Pero tengo para mí que en el paso a la lengua española hubo una vacilación, apreciable entre nosotros como un buen chiste. Los ‘principios’ del acto psicoanalítico son gramaticalmente masculinos, y algo no resonó bien como para hacerlos además gramaticalmente masculinos, en tanto ‘directores’. Debo reconocer que para mí esa falla del sexo gramatical, tan destacada, no es mala introducción a la lectura de los “Principios...”, como efecto retroactivo de lo que dice el séptimo, y como pequeña crisis de la solemnidad, suficiente para la consideración de la segunda diferencia.
Es que la segunda diferencia es grave, e incluso debo reconocer que me es bastante enojosa.
El “Preámbulo” no está redactado igual en la versión francesa que en ambas versiones españolas.
Se nos recuerda en el “Preámbulo” que en Comandatuba, en 2004, la Delegada General presentó una “Declaración de principios” ante la Asamblea General, y que luego de dos años de trabajo colectivo ahora, en Roma, se presentan ante la Asamblea:
a) Versión en francés: “estos “Principios directores del acto psicoanalítico” que les pedimos adopten”.
b)Versiones en español: “esta “Carta Magna del psicoanálisis” que les pedimos adopten”.
No es lo mismo, de ninguna manera. No lo es por relación a una cuestión difícil y sobre la que conviene estar atentos en cada una de las consecuencias que sobrevengan a partir del acto que supone pasar a lo escrito unos “Principios directores del acto psicoanalítico”.
Se puede decir que adoptamos un S1, y que así salimos de una indeterminación peligrosa en el contexto actual. Pero es un S1 nuevo, inédito hasta hoy, que marca un antes y un después en el despliegue del movimiento psicoanalítico, y que sólo ha podido surgir del discurso psicoanalítico como tal. Que se preste a lecturas desde otros discursos es lo que hay que seguir en tanto consecuencias, por supuesto. Pero que dentro de nuestro “Preámbulo” mismo sea leído ya desde un viejo S1, surgido del discurso del Amo moderno, según una Historia tan precaria como cualquier otra, me pone hostil. “Carta Magna del psicoanálisis” es una adulación, y cualquier adulación supone traición. Aquí, la del segundo principio, el que dice que “La sesión analítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a las cuales el sujeto está fijado”. No adopto la versión en español hasta que no se corrija, y adopto la versión francesa, cuyo bien decir en la coyuntura me parece impecable. Es curioso que no surja el desacierto que supone el significante “Carta Magna” en el contexto en que podría tener algún peso, y que sí surja en el contexto en el que fue casi siempre irrisorio.
También se puede decir que adoptamos un S2, expuesto, y que así salimos de una indeterminación peligrosa. Valen los mismos argumentos. No es un saber surgido del discurso universitario. Leeremos las consecuencias, ahora que está escrito, en los ámbitos en que al saber se lo califica. Pero poner en el “Preámbulo”, por ejemplo, que adoptamos los “Principios Newtonianos del psicoanálisis” me produciría el mismo disgusto.
Que no haya confusión respecto a una pasión que parece detenerse en los detalles.
Adopto estos “Principios directores del acto psicoanalítico” porque ellos ya me habían adoptado, y no lo sabía.

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Samuel Basz

Un principio clínico.
La extensión social del discurso analítico, junto con la aplicación médica de los desarrollos técnico científicos hace trivial la cuestión de las indicaciones- contraindicaciones del uso del psicoanálisis: para el psicoanálisis aplicado a la terapéutica no hay contraindicaciones, para el psicoanálisis puro no hay indicaciones.
La singularidad del síntoma tal cual lo esclarece el psicoanálisis con Lacan, constituye un principio clínico que desplaza, altera, sustituye, en fin metaforiza, al criterio médico que está en la base del binario indicaciones - contraindicaciones.
Los avances clínicos y teóricos de la orientación lacaniana, así como las consecuencias del pase - su principal apuesta política -, al iluminar el estatuto del síntoma en el fin del análisis, no sólo permiten precisar su estructura general, sino que instituyen un principio clínico. Ese principio, que orienta desde el comienzo toda decisión del analista en tanto tal, puede enunciarse así: La modalidad de lo singular, propia del síntoma analítico, define la cura y se constituye en el índice de toda indicación específicamente psicoanalítica.
Esto permite considerar las indicaciones y contraindiaciones del psicoanálisis ya no desde la perspectiva del criterio médico en tanto tributario del discurso del amo, sino a partir del propio discurso del analista, incidiendo desde el mismo en las prácticas sociales con las que se encuentra y dirigiendo su oferta desde su propia potencia indicativa. El trabajo sostenido en los últimos años en el amplio país del psicoanálisis que constituye el Campo Freudiano, principalmente con relación a las toxicomanías, a las psicosis, a los niños, a los trastornos alimentarios, muestra el alcance de esta apuesta.

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El pase a la entrada de la escuela por Bernardino Horne

Del mismo modo que su antecedente fundante, PLP.-Pour la Passe., La pregunta de Madrid funda la entrada a la Escuela, por la via del pase.Tuvo lugar en la lectura que realizó jacques-Alain Miller de la Proposición del 9 de Octubre en la perspectiva de la Nota Italiana. El si contundente, que fue la respuesta en el Campo Freudiano abrió paso a esta estrategia de intensión, colocando en el centro de las futuras Escuelas, el análisis de los analistas. Era un momento de extensión extraordinaria que llevó a la fundación de varias escuelas, la AMP y la EBP entre otras.
Me parece que , lo que mantuvo por un tiempo el valor de intensión del pase a la entrada, fue tomando otras formas para terminar por favorecer la extensión ,cuando,en rigor, era llamado precisamente a ajustar el lazo de la Escuela
La EBP tuvo una experiencia singular.En su fundación se nombró el número mínimo de ME necesarios para su funcionamiento.Al dia siguiente se puso en acto el Dispositivo del pase para la entrada a la Escuela.El objetivo de promover análisis y reanálisis en la EBP due plenamente alcanzado. Con el tiempo, pasó a ser demasiado fácil entrar a la Escuela. Ciertamente hubo un empuje a la extensión, más amplio, que embarcó al pase y también por ello, fue correcto su corte.
Jesús Santiago, en su condición de Presidente de la EBP.convocó al primer Colegio del Pase de la EBP.abarcando un período de 6 años de experiencia. Sus conclusiones estan publicadas en Opçaõ Lacaniana.No 45.
En Roma se pensó que podriamos volver a visitar el tema desde nuestra perspectiva actual
Podriamos pensar un pase a la entrada para clinicar en los Centros.O mantener el pase como un elemento de valor para los Consejos de Escuelas, que son los responsables últimos del nombramiento de los miembros. Podria ser de la mayor importancia para los Consejos pues en genera, en el trabajo de nombrar ME,.falta el elemento mas singular del´análisis de cada aspirante.Los colegas que levantaron la cuestión en Roma puden sintetizar sus ideas y poner en marcha un debate que sin duda será fructífero para las escuelas.

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Los principios rectores del acto psicoanalítico
Por Flory Kruger


Subrayar la importancia de los principios rectores del acto psicoanalítico, es separarlos de las conductas, de los rituales, de los usos y costumbres que los aplastan, los rechazan, finalmente los desconocen.
Su existencia permite al analista una orientación que lo alivia del peso de las formas, que lo libera de tiempos y espacios, posibilitándole una acción con una orientación. Al mismo tiempo, el hacer uso de ellos en el ejercicio efectivo de su práctica, no deja de ser una decisión que queda del lado de la responsabilidad del analista.
Su funcionamiento no es automático, su intervención es siempre contingente, es particular, sólo así puede ser la causa de la producción de otra singularidad.

Me detendré en un breve comentario que me sugirió la lectura del tercer principio:
La neutralidad del analista se lee en la separación entre la función deseo del analista y su fantasma. La manifestación de esta separación se hace presente en la interpretación. Esta presencia no lo es de cualquier forma, se necesita de una sustracción que toda interpretación conlleva. Es así como Lacan ha concebido la interpretación, siempre incluyendo un vacío, vacío de sentido que el analizante completa, en este caso sí, con su fantasma. Sin embargo, la interpretación encontrará un límite en el agotamiento del desciframiento.
En este punto Freud ubicó la reacción terapéutica negativa, el deseo de no curarse. Pensó este obstáculo como un fracaso de la interpretación y se la atribuyó a una necesidad de castigo, o sea, a la culpabilidad.
En el lugar del fracaso freudiano, Lacan ubicará un imposible a descifrar que llamará sinthome.
Del desciframiento entonces, al uso, al saber hacer ahí, será la forma de tratar un goce indescifrable que autoriza la metáfora Joyce sobre Freud.

Marco Mauas dijo...

Cuando leo los "Consejos al medico", de Freud, me encuentro en completo acuerdo con ellos,y si intento saber de donde me surge ese acuerdo, estoy como San Agustin cuando sabe lo que es el tiempo cuando no le preguntan lo que el tiempo es. Los principios presentados por Eric Laurent me reubican en mi acuerdo con Freud. Los primeros 7 son imprescindibles. El octavo incluye la definicion del psicoanalista como aquello que incluye la variacion misma de su definicion,y la historia del psicoanalisis como la historia de las discordias y las interpretaciones de lo general, lo particular y lo singular en la experiencia de la cura analitica. Encuentro asi que el octavo principio me permite, no solo adoptar los ocho, sino ser adoptado por ellos, segun la formula de Juanqui Indart. Asi encuentro tambien una respuesta a una pregunta que me inquietaba: que es esto de invitar a comentar principios? Desde cuando los principios se comentan? Pues desde que los comentarios que me puedo formular son parte de estos principios. Hay asi un movimiento respecto de los "Consejos" de Freud, y de la posicion de San Agustin. Quizas solo comentandolos sepa que es lo que son, pueda enterarme de donde soy tomado por ellos. Hay una forma de tomar posicion que es la de indicar la posicion respecto a la propia verdad, a "mi" verdad. Estos principios son coherentes, para mi, con esa forma particularisima de toma de posicion.
Marco Mauas

jose vidal dijo...

Los principios que propone Laurent no son desconocidos por los psicoanalistas. Lo que es desconocido es el siglo 21 y suys condiciones. Es por eso que hace falta despertar a él y replantear en cada uno de sus términos la operación analítica. Los principios, articulados de manera que puede comprender el ciudadano, se dirigen a quienes han olvidado los resortes fundamentales de la eficacia del psicoanálisis.
José Vidal

AMP Blog dijo...

Heloisa Caldas ha escrito:


Estimado Mário,
Gostei muito do blog da AMP.
Parabéns pelo trabalho.
Abraços, Helô.

AMP Blog dijo...

Carmen Cuñat ha escrito:
A las tres versiones sobre “Los Principios...” que contabilizó J. Indart se pueden añadir al menos otras cuatro más. En la versión en francés que recibí para traducir y que posiblemente no es la primera, constaba la palabra “Carta Magna”. Su traducción en español se encuentra en Ornicar? Digital 293, pero la versión francesa que la acompaña allí no es exactamente la misma que la que recibí. La traducción en castellano del Blog es una versión corregida de la primera y seguro que no será la ultima. A todas ellas hay que añadir además las versiones en ingles y portugués. La acogida de estos principios por el Otro, parece ser deudora de un work in progress. Una prueba de fuego es cuando quieren transmitirse en otra lengua. “La Charte pour la Psychanalyse” no parece tener en francés una connotación de “adulación”. Y, sin embargo, en castellano resulta quizás demasiado reverencial. Así se lo pareció también a la traductora pero decidió esperar los comentarios. De hecho, la versión francesa tiene un carácter solemne difícil de transmitir, tratándose, en efecto, de una enunciación. Una traducción siempre resta y siempre pone pero, a mi parecer, en este caso enriquece el texto, pues contribuye a señalar los obstáculos que hacen difícil su adopción.
La traducción del título, “Principes directrices...”, también tuvo su aquel. ¿Se trata de principios o de directrices?. Lo que es interesante es que ya en el título se señala doblemente que no se trata de principios orientativos, pues son estos y no otros los principios que rigen el acto analítico y a estos hay que atenerse si uno los adopta. Además de solemne, el texto parecía tomar desde el principio una carácter un tanto impositivo. Sorprendente es que el término “rectores” que consta en la versión corregida del Blog, no les surgiera a las traductoras desde el inicio pues, en efecto, este ha resultado ser el término más elegante en castellano.
Segundo principio: “La séance psychanalytique est un lieu où peuvent se desserrer les identifications les plus stables par lesquelles le sujet est fixé » Traducir “desserrer” por “aflojar” es totalmente lícito aunque, en efecto, no es “impecable”. Parecería dar a entender que el destino de un sujeto en análisis es salir con una cierta flojera. A señalar que el texto en francés tampoco dice: “hacer caer las identificaciones”, “desprenderse”, “deshacerse de”, como se ha planteado en otras ocasiones al respecto. La palabra “aligerar” parece más afortunada.
Aprovecho la ocasión para agradecer a todos aquellos que con su paciencia y sus contribuciones aligeran la tarea de los traductores de Uqbar.

Anónimo dijo...

Estimados colegas y amigos.
La redacción de los "Principios directores del acto analítico" significa un esfuerzo formidable. Se ha recogido muy bien el problemático campo de la experiencia analítica y se da una orientación rigurosa. Puntualizo mis comentarios
- En los principios séptimo y octavo desembocamos en el punto candente. No hay norma , correspondencia, ni satisfacción plena. Sólo queda inventar una solución que se apoya en el síntoma, no en el ideal regulatorio. Viene entonces, en el texto, una lógica inconsistente, modal, vaga, paradojal, que vale para el fin del análisis, pero también para la práctica analítica y para la política del analista en la Escuela : "...La solución de cada uno puede ser más o menos típica, ...sostenida en la tradición y reglas comunes"( psicoanálisis aplicado en los dispositivos de atención, los del biopoder como dirían Foucault, Hardt y Negri , pero también el inserto en el "empuje universitario y ascendente", en los institutos, en las "jerarquías que administran el sentido", en las burocracias ). Y "puede también remitir a la ruptura o a una cierta clandestinidad" ( el psicoanálisis "puro", la práctica "liberal" o particular, el ejercicio de analistas no-médicos, no-psy, el remolino de carteles ajenos a la bulliciosa novedad del main stream, la enseñanza de analistas por su cuenta y riesgo, fuera de la agenda oficial ).
- Llama la atención que, en la llamada "formación del analista", la relación con la teoría sólo se conciba en términos universitarios o para-universitarios (¿los institutos?). ¿Se excluye el tipo de elaboración doctrinal que Eric Laurent describiera en "Lo imposible de Enseñar", como la del cartel generalizado, tomando como ejemplo el curso de J A Miller , y proponiendo pensar en carteles de 20, de 50 o de 100 personas?. La doctrina en la Escuela no tendría que servir para encubrir el poder de una jerarquía docente, sino para orientarse hacia lo real, lo que no encaja, no se ordena, no se domestica. Recuerdo una exposición de Forbes sobre una elaboración que parta del residuo ineliminable.
- Anima leer que el psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, anhelando conmoverla y tocarla, en el núcleo del ser, en favor de la causa psicoanalítica. Esto balancea al menos el afán de dirigirse al amo y seducirlo con "consejos al príncipe", de captar mercados y clientelas.
Por cierto nuestra historia sigue siendo la de una gran Conversación, esta gran polémica en torno a la definición del psicoanalista. Nuestros desacuerdos y contradicciones, como proponen los demócratas radicales según Laclau, no son antagonismos , sino el incesante debate que hace lo necesario de una Escuela.
Antonio Aguirre Fuentes

Perla Miglin dijo...
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Perla Miglin dijo...
Los principios rectores del acto analitico me evocaron una leccion de Eric Laurent mismo,"determinismo y contingencia".(1) Alli el nos transmite; *lo que Mallarme obtiene despues de la crisis de los anios 1860, lo que se llama la desaparicion elocutoria del poeta[...] Mallarme escibe:"la obra pura implica la desaparicion elocutoria del poeta que cede la iniciativa a las palabras"* Asi los tomo pues en tanto que Mas Uno,me permiten reflexionar,la paradoja de la Escuela Una. Si lo que la distingue es la contingencia de los encuentros dispersos eso no le impide producir una articulacion. De las referncias teoricas, del cuidado por la formacion del analista, su estilo en la practica del psicoanalisis, su doctina del fin de anlisis.Por otro lado son lo extimo de la practica singular de cada uno.
En la serie de comentarios de esta columna, algunos de los colegas han puesto el acento sobre el significante principios, quiero referirme en relacion al acto analitico, pues podria decir por ejemplo principios de la practica analitica, sin embargo, esta expresion figura en el primer principio, alli dice que el psicoanalisis es una practica de la palabra,entonces lo novedoso de ellos puedo hallarlo- inspirada en la clase del poeta Mallarme-del lado "del acto analitico" como los principios rectores de una interpretacion sin metafora.

(1) Curso del 94-95 Quelques problemes semantiques de l'interpretation, cap VIII, 22Mars1995
Perla Miglin NLS, Israel