14 de agosto de 2015

Texto-Flash Nº 6. Self-injury* ¿Tratamiento de lo real por lo imaginario?, por Isolda Arango-Alvarez

 
¿Cómo concebir una imagen que ciertamente no remita a ninguna representación? Si bien el significante ha cedido lugar a la imagen y ahora son las imágenes las que se ofrecen y son tomadas como coordenadas identificatorias, ¿no hay ya en este tratamiento algo de lo simbólico entrampado? Ciertamente, la proliferación de imágenes desplazó a la proliferación significante. Sin embargo, estas imágenes parecen cumplir una función que era cumplida por el significante, en la medida en la que sirven a la búsqueda incesante del parlétre de una identidad, identidad que ha sido y será siempre vacilante. Igualmente hay casos en los que ciertas imágenes sirven como punto de anudamiento o des-anudamiento.

Las marcas en la piel no son un fenómeno nuevo. Durante la historia estuvieron en función de ritos y tradiciones, siempre vinculadas a algún simbólico que les servía de marco. Bien sea vinculadas con movimientos políticos, símbolos religiosos, como marcas de transición del joven a la adultez o como marca distintiva de una tribu o clan, pero solían estar vinculadas con un aparato simbólico que les daba sentido. Las marcas no eran solamente marcas, indicaban una significación más allá de la marca misma.

En el caso de la neurosis, el Self-injury se presenta como una solución fallida a problemáticas "típicas" de la adolescencia, donde el superyó en su imperativo feroz deja, literalmente, marcas en la piel. Autolesionarse entonces vendría a ser uno de lo tratamientos posibles y contemporáneos a la angustia. Uno de los tratamientos posibles a la no relación sexual y al enigma de la feminidad a la que no hay quien no quede expuesto.

Miller señala en “La ultimísima enseñanza de Lacan"(1), a lo real como el tercero necesario para establecer una mediación entre lo simbólico y lo imaginario. Sin embargo, al parecer estos cortes literales en el cuerpo que funcionan para cortar la angustia que ha surgido a partir del "rompimiento con un novio" o "el sin sentido de la muerte del padre en un accidente de tránsito" (dichos de pacientes) están más bien anudados en un empalme real-imaginario donde, vía lo imaginario del cuerpo, se intenta tramitar un real insoportable. El corte en el cuerpo opera como corte de la angustia que ha generado la emergencia de un real.

A partir de varios casos de chicas adolescentes que consultan por "hacerse cortes en la piel", surge la pregunta por la función -si es que la hay- de la imagen de estas marcas. Estas chicas no ofrecen esos cortes a la mirada del Otro, solo de algunas otras (amigas), evidenciando que algo de la identificación histérica esta en juego. Resguardan estas marcas como un tesoro; la imagen de la piel cortada queda destinada a la intimidad de ese cuerpo, a la mirada propia en un momento de intimidad y privacidad; bien sea en el momento de producirse otro corte o bien sea cuando simplemente se les mira. Las pacientes relatan establecer cierta relación con estos cortes aunque sea solamente en función de esconderlos. ¿Son estos cortes un intento fallido de establecer un límite al estrago materno? 

En este contexto, cuando se trata del Self-lnjury ¿qué función podría cumplir la imagen de los cortes en la piel? Teniendo en cuenta que en estos casos el cuerpo llega tomado por la impulsión de un corte literal en su superficie, corte que causa cierto monto de goce que estraga y enmudece al mismo tiempo pero que, en su sin-sentido literal, estos cortes en la piel: cortan.

Cortan y tramitan lo indecible de lo real, cortando literalmente con el monto de angustia insoportable que sobrepasa al sujeto. Lo que interesa de este tratamiento es el punto que se podría ubicar de empalme con el goce en juego subyacente y la imagen de estos cortes en la superficie del cuerpo.

¿Qué función operativa podría cumplir la imagen de estos cortes en la piel? En general no se hacen indiscriminadamente a lo largo y ancho del cuerpo, suelen estar destinados a una parte del cuerpo, el brazo, la muñeca, el antebrazo e inclusive el muslo.

Por otra parte, estos cortes "dicen" en la medida en la que se invita al analizante a hablar de ellos, a "significantizar" esa imagen me atrevo a decir siguiendo los planteamientos de Miller en “La imagen reina"(3), quien señala en esta oportunidad que "las imágenes se significantizan, pueden transformarse en significantes y pueden ser tomadas como significantes”. Antes de esta invitación estos cortes no dicen nada, solo cortan y dejan su huella en el cuerpo, lo marcan.

En este sentido, ¿qué del goce queda entrelineas en estos cortes? Tomando en cuenta lo planteado por Miller en el texto anteriormente mencionado: "las imágenes reinas no representan al sujeto pero se coordinan con su goce" (4) ¿Puede tomarse esta imagen de estos cortes en el estatuto de una imagen reina? Miller plantea tres imágenes reinas -al menos en este momento-: "el propio cuerpo, el cuerpo del Otro y el falo".(5)

En relación con este síntoma tan contemporáneo como el Self-lnjury y la proliferación de casos de chicas adolescentes -siempre mujeres aun no he tenido casos de chicos con este padecimiento- surge la pregunta de si esa imagen de la piel donde yacen estos cortes puede funcionar como imagen reina en relación al falo, en la medida en la que los cortes en la piel se constituyen para estas jóvenes como el único medio para localizar un goce desbordado y enmarcar una angustia que no logra ser tramitada por la vía de lo simbólico, evidenciado en que la palabra no alcanza ni adviene como primer recurso.

Estas pacientes relatan una angustia insoportable o una irrupción de un goce hasta ahora desconocido pero que solo pasa a ser tramitado por la palabra una vez se encuentran con un analista que les invita a "decir sobre los cortes" y que introduce otro corte vía la interpretación. Antes de ese encuentro lo único que "apacigua" es la sensación de dolor y corte en la piel. Bien sea porque "calma la angustia" o porque infringe "un dolor más llevadero que el dolor de la muerte del padre". 

Siguiendo los planteamientos de Miller al respecto del Un-Cuerpo, cuando señala que "la tesis de Lacan según la cual la adoración del Un-Cuerpo es la 'raíz de lo imaginario’”(6). Y teniendo en cuenta que en este orden de ideas el cuerpo no es mas del orden del ser sino del tener, que se trata de un cuerpo que puede quedar supeditado a la “creencia, creencia en tener un cuerpo como si fuese un objeto disponible”(7) se plantean dos preguntas que guían el trabajo en cuestión ¿Es este el lugar del cuerpo en el Self-lnjury, un objeto del que se dispone en función de apaciguar la angustia generada por la emergencia de un real por la vía del imaginario del cuerpo? Y ¿es posible tomar al Self-lnjury en la vía de interpretación que ofrece Bassols(8) como "una imagen que oculta lo indecible"? 

* Nombre en inglés que se le atribuye a cortes superficiales que alguien se realiza en su piel, en general se hacen con algún objeto corto punzante, pero con el cuidado de no infringir un corte profundo y no está vinculado con intento de suicidio. En español suele llamársele Autolesión. 

Notas: 
1-. Miller, J. A. (2012). Lo extraño y lo extranjero. El ultimísimo Lacan, p. 84 
2-. Miller, J-A. (1998) La imagen reina. Elucidación de Lacan. Editorial Paidos. Buenos Aires, Argentina, pp. 577-602

3-. ídem, p. 579 
4-.  ídem, p. 583 
5-.  ídem, p. 581 
6-. ídem, p. 109 
7-.  ídem, p. 108 
8-. Bassols, M. El imperio de las imágenes y el goce del cuerpo hablante. Recuperado en: http://oimperiodasimagens.com.br/es/faq-items/el-imperio-de-las-imagenes-y-el-goce-del-cuerpo-hablante-miquel-bassols/



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12 de agosto de 2015

Flash #10 – Editorial, por Ariel Bogochvol



Mientras escribo el texto y lo veo deletreado en la pantalla del ordenador, la televisión anuncia el descubrimiento de un planeta gemelo de la Tierra, Kepler-452 b, ubicado a 1.400 años luz de distancia, y orbita alrededor de una estrella un poco más grande que nuestro sol. Leo en google de mi iphone que este sistema estelar tiene seis millones de años, 1,5 mil millones años más antiguo que el sistema solar, y parece cumplir las condiciones para la existencia de vida. Las imágenes transmitidas por el telescopio espacial Kepler, lanzado hace 20 años, son muy hermosas: un planeta extrañamente familiar, girando, orbitando alrededor de un cuerpo celeste que, por cuenta de la distancia, es menos brillante que el sol y, en el fondo, hay el oscuro estrellado del universo. El informe evoca otra hazaña que la NASA anunció hace una semana: el vídeo del sobrevuelo de Plutón simulado a partir de imágenes de alta resolución tomadas por la sonda New Horizons que viajó durante nueve años por casi 5.000 millones de kilómetros hasta acercarse al planeta enano. 

Nuevo titular de la televisión: el Estado Islámico publica un vídeo de la decapitación de un funcionario sirio por un niño en Irak. Veo la barbarie en youtube, donde se encuentran todos los vídeos de decapitaciones realizados por el grupo. ¡Una colección de vídeos de terror! Los rehenes vestidos de uniforme naranja arrodillados al lado de sus verdugos cubiertos de negro, las armas desenfundadas, y el desierto al fondo. Espectáculo con escenografía, vestuario, música, coreografía y puesta en escena ante la cámara con golpes precisos, rítmicos y letales. 

Otro titular: un pistolero solitario ataca las instalaciones del ejército y de la marina de Estados Unidos, matando a cuatro soldados, y muere en Chattanooga, Tennessee. La cámara muestra el cuerpo cubierto y el movimiento del aparato policial en contraste con la tranquilidad de un lugar perdido en el sureste de Estados Unidos. ¡Pausa para los anuncios! 


Foto Editorial
Dentro de 10 minutos, en el pequeño espacio de un escritorio y con sólo tres dispositivos –la televisión, la computadora y el iphone–  tengo acceso a las imágenes del mundo y del cosmos y ellas me bombardean. Continúo a escribir mi texto.

Hay una serie de imágenes sucesivas y simultáneas, fragmentadas, bellas, feas, desproporcionadas, intrusivas, diáfanas, extrañas, pornográficas, artísticas, realistas, surrealistas, eróticas, enigmáticas, grotescas, banales que pueden causar impacto, fascinar, traumatizar, capturar, anestesiar, despertar, afectando las subjetividades y los cuerpos. Ellas son producidas y reproducidas por diversos dispositivos –la televisión, el cine, el vídeo, la cámara, el teléfono móvil, la computadora, el telescopio, el microscopio, el escáner, la resonancia magnética, el eco-doppler, los satélites– creados por la ciencia y por la tecnología, y ahora se proyectan en todos los campos, desde el más éxtimo hasta el más íntimo. “Imperio de las imágenes” (AMP), “Sociedad del Espectáculo” (G. Debord), “Imperio del Efímero” (G. Lipovetsky), todo se convierte en imagen en un mundo “donde no existen, no se producen y no se consumen más que las imágenes” (R. Barthes)[1].

El término imperio deriva de la lengua latina imperium significando poder, autoridad. Él representa primeramente un territorio geográfico más o menos extenso que contiene un conjunto de naciones étnicas o culturales diversas gobernadas por un rey o emperador. A diferencia de los antiguos imperios, el Imperio posmoderno no establece ningún centro territorial del poder, no se basa en fronteras o barreras fijas y puede ser considerado como un aparato de dominación descentralizado y desterritorializado que incorpora progresivamente todo el dominio global en sus fronteras abiertas y en expansión. El Imperio maneja identidades híbridas, jerarquías flexibles y diferentes intercambios a través de sus redes de comando en constante ajuste y no ejerce su poder a través de la espada de los monarcas o del terror propio de los conquistadores, sino por los medios de comunicación mediante la internalización de los mecanismos de control y de biopoder, una forma de regular la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola[2]. El Imperio es la expresión jurídica de la economía globalizada, una nueva forma de derecho supranacional que refleja la compleja interdependencia del comercio y de los flujos de los capitales transnacionales. Su legitimidad política sólo puede lograrse recurriendo a una red dispersa de poder y no puede ser decretada por una sola nación o por un grupo de naciones imperialistas (Negri y Hardt)[3]. Si hay consenso acerca de la naturaleza sin precedentes de este imperialismo, hay disenso sobre sus efectos en las sociedades y en las subjetividades contemporáneas[4]. Los nuevos tiempos son recibidos con elogios, horror, esperanza, sospecha. Se anuncia el paraíso y el apocalypse now.

Los trabajos presentados en flash 10 atraviesan varios planos del Imperio de las Imágenes. En la apertura, una trailer de la película A Loucura Entre Nós / La Locura Entre Nosotros, de Fernanda Vareille, basada en el libro homónimo de Marcelo Veras, presenta la experiencia de siete años de un analista lacaniano en la dirección del hospital psiquiátrico Juliano Moreira en Salvador. ¿Cómo convertir un libro acerca de una experiencia clínica, institucional y política en una película? ¿Cómo pasar de las palabras a las imágenes y a las escenas? La cámara se pasea por los pasillos del hospital; en off el director hace su narrativa. El status quo ante es de un hogar de ancianos, “la casa de los objetos a de Lacan”: la voz y los gritos, la mirada multiversa de los pacientes y el panóptico de la institución, heces, orina, partes de cuerpos, cuerpos que giran, que se desnudan, sin discurso o erótica para atraparlos. La película sigue la transformación de la institución en la voz de los sujetos que viven en aquel lugar. Encadenanse testimonios de pacientes y fragmentos de la vida cotidiana en la institución. “Quiero trabajar y tener dignidad”, “prefiero la muerte que no tener dignidad”, “la dignidad es más importante que la fama… la fama… la fama…”, dice un paciente cuya boca se llena de saliva seca causada por los neurolépticos. Otra paciente con una máscara que cubre su rostro, muy amanerada, habla con orgullo: “Soy el subproducto de la sociedad… la basura de la civilización… soy loca… soy loca…”. Un grupo se acerca y una paciente anuncia: “Todos somos locos”… El trailer anuncia una película que parece ser un elogio de la locura, de la locura única de cada uno, y que documenta los efectos de la orientación lacaniana en una institución y en los sujetos que la habitan. Mediante la potencia de las imágenes y la voz, una reflexión sobre la clínica, la política, sobre el cine en sí y que introduce la “locura entre nosotros” en el núcleo del Imperio de las Imágenes.

Imágenes impresionantes, eclipse de las palabras –Roland Barthes y el unario de la imagen de Fabian Fajnwaks parte del problema de la relación entre la imagen y lo real: “¿Cómo la imagen viene a velar lo real?”, “¿Lo real, lo imposible de ser simbolizado, puede o no puede ser representado?”. Son preguntas respecto de las modalidades de encubrimiento de lo real y, de manera aparentemente paradójica, sobre la representabilidad de lo irrepresentable (un oxímoron) y sobre los indicios de lo irrepresentable en la representación. Se vuelve hasta un debate entre G. Wajcman y C. Lanzmann, director de la película Shoah (1985) y G. Didi-Hubermann, un experto en imágenes y en pintura, sobre la exhibición Memorias de los CamposImágenes de los campos de concentración y de exterminio. ¿Es posible crear la representación del horror absoluto? ¿Del shoah? ¿O del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki? Sorprendentemente, en Hiroshima mon amour, película de A. Resnais, el personaje femenino dice: “No he visto nada en Hiroshima”. ¿Es posible, ante el horror, no ver nada?

Las imágenes pueden velar, desvelar y revelar lo real. La pared de las imágenes sirve tanto para ver como para no ver. Ella responde, por una parte, al ideal de full vision, sin áreas de opacidad; por otro lado, ella tapona lo que debe ser visto. Fabián pregunta: “¿Si las imágenes mienten, cómo leerlas, cómo cruzar la pared de las imágenes para ver la aparición de un pedazo de lo real?” Hay una respuesta en R. Barthes, quien distingue el studium –lo que la fotografía hace visible, enseña, instruye– del punctum –el elemento que no es buscado por el fotógrafo, sino que viene a buscarlo y lo atraviesa como una flecha en su interés, en su mirada. El punctum puntúa la imagen, la descompleta, indica un borde, una costa, un punto de fuga. Delimita así el “particular absoluto”, “la contingencia soberana”, la tyché, “lo real en su expresión infatigable”, lo que se opone a la “fotografía unaria” y a las “imágenes unianas”, hegemónicas en la pared de las imágenes.

Imperio de las imágenes y fluidez de las identificaciones de Julio Cesar Lemes de Castro aborda la relación entre la imagen y la identificación (primaria y secundaria). A partir de la distinción entre el yo ideal i (a) –la matriz de la identificación primaria cuyo ejemplar inaugural es la imagen del cuerpo en el espejo– y el ideal del yo I (A) –la matriz de la identificación secundaria, el resultado de la introyección simbólica desplegada en el superyó que agrega la sanción que garantiza el cumplimiento de la norma– Julio Cesar analiza los efectos de los cambios de régimen del poder sobre el proceso de identificación. En la modernidad, el poder se ejerce en las instituciones disciplinarias tales como la fábrica, la escuela, los cuarteles, el hospital (M. Foucault) y cada una de estas instituciones valora un cierto tipo de ideal del yo agregado a un superyó represivo que se preocupa con el respecto a las normas reglamentarias. En la posmodernidad, la sociedad disciplinaria da lugar a la sociedad de control (G. Deleuze) y hay un descenso del superyó represivo que acompaña la escalada del imaginario y del desgaste de las referencias simbólicas. La admonición del superyó del goce se convierte en dominante gracias a la proliferación de las imágenes.

En la medida que en la sociedad de control el ideal del yo está acoplado a un superyó que ordena el goce mientras el efecto normalizador del superyó represivo se eclipsa, hay una multiplicación de los modelos de identificación. A la más alta latitud del ideal del yo corresponde la plasticidad del yo ideal, lo que ya no necesita más encajarse en los moldes predeterminados, pero puede modularse de acuerdo con las circunstancias. Se extiende el margen social de manejo de la inversión narcisista, ya que depende de cada uno promover su capital humano de acuerdo con la fórmula de la actividad empresarial de si mismo.

El selfie: narcisismo o autoerotismo de Angela Fischer analiza la relación entre la imagen, el narcisismo y el autoerotismo a partir de la selfie, el autorretrato que se convirtió en un fenómeno social con la difusión de las cámaras digitales, teléfonos celulares y del intercambio de fotos en las redes sociales. Ella toma como punto de partida un cortometraje protagonizado por Kirsten Dunst y dirigido por Matthew Frost, “Aspirational”, publicado en youtube: dos chicas pasean en automóvil y miran a una actriz en la calle. Entonces ellas se detienen, se acercan, hacen sus respectivos selfies, comparten las fotos y se alejan de la actriz. Ella les pregunta si quieren hacer una pregunta; las chicas agradecen y se van mirando sus propias selfies ante la mirada perpleja de Kirsten. La cosa más importante fue el goce de ver a sí mismas junto con la actriz y ser miradas con ella en las redes. Ninguna relación con la actriz además del uso de su imagen. Por la potencia de las imágenes, el cortometraje muestra la decadencia de vínculo con el otro y con el Otro. El selfie es una mostración de cómo los cambios tecnológicos, los gadgets, pueden estar relacionados con el goce de forma masiva. La práctica de la captura de la propia imagen a través de la cámara, por sí misma, se relaciona con el autoerotismo: la boca besándose… el ojo mirándose a si mismo… mirando. Angela pregunta: “¿Cuáles son los efectos subjetivos de esta captura incesante de imágenes huecas que producen cortocircuitos en relación con los otros y con el Otro y dejan el sujeto en una experiencia de goce solitario?”.

Una nota sobre la identificación narcisista de Claudia Velásquez también se ocupa de la relación entre la imagen y el narcisismo. Está inspirada en la Condesa de Castiglione, una noble italiana que vivió en Francia a mediados del siglo XIX, una mujer hermosa, amante de Napoleón III, que posó cientos de veces para un fotógrafo de renombre de su época representando a varios personajes. Ella iba al estudio fotográfico a menudo a contemplar su propia imagen. Después de su muerte, un poeta compró más de 400 de sus fotografías. Si hubiera una cámara digital en el siglo XIX, la Condesa de Castiglione hubiera sido la precursora del selfie. Ella ilustra la identificación narcisista: no necesita a nadie para mirarla; se ve a sí misma, goza de sí misma, “foto-grafiandose”. A partir de este ejemplo, Claudia recupera el circuito de la mirada desde la perspectiva de Lacan y su analogía con la cámara fotográfica, el instrumento con el que uno puede ser “foto-grafiado”.

El secreto de la imagen de Clara M. Holguín aborda la relación entre la imagen y lo que ella no revela. La autora parte de la hipótesis de que, más allá de su multiplicidad y variedad, el poder de las imágenes se basa en el secreto que ocultan y preservan. Antes de responder a la pregunta “¿qué oculta la imagen?”, Clara intenta aclarar lo que la imagen promueve. En el campo animal, una imagen de “otro ejemplar de la especie” tiene influencia sobre el organismo. En los seres humanos, produce “efectos de vida”, como en el ejemplo del bebé que, bajo el control de la imagen del otro, manifiesta un goce en su cuerpo, visible en sus movimientos desordenados. Esta es la imagen antes de la captura de la imagen del propio cuerpo en la experiencia del espejo. Esta imagen fundamental del cuerpo vela lo que no existe (castración) y hace existir lo que no se puede ver (el objeto a). Como imagen, mantiene el cuerpo junto formando la envoltura de piel que lo protege contra la fragmentación y cubre el organismo en su real materia. Ella da consistencia al cuerpo, lo que le permite ejercer una “nueva acción psíquica”, el amor a sí mismo. El privilegio de la imagen es unificar las piezas sueltas y cubrir una falta esencial. Su secreto es el agujero.

Esos son algunos flashes de flash 10.

Traducción del portugués: Adriano Messias


Notas: 
[1]Citado en Imágenes impresionantes, eclipse de las palabras – Roland Barthes y el unario de la imagen, por Fabian Fajnwaks.  
[2]Midiaindependente.org.  
[3]Idem.  
[4]In: Sergio Laia. ¿Qué es el imperio? Qué son imágenes? Textos.

No deje de leer el número completo aquí: http://oimperiodasimagens.com.br/es/

10 de agosto de 2015

LACAN COTIDIANO: Víctima y barbarie, por Jean-Daniel Matet



En el estudio de nuestro tercer Congreso de la Eurofederación de psicoanálisis, dentro de la orientación lacaniana, el tema “¡Víctima!” se ha considerado primeramente por lo que no es*.

No es un concepto, ni una noción del psicoanálisis, pero circula, invade el discurso, corre a raudales en todas las emisiones de actualidad, columnas de periódicos. Ya no está reservado a los periodistas con problemas, se convierte en la sal misma de la actualidad: se movilizan los medios más importantes para intentar ver, oír a la propia víctima, a los supervivientes del acontecimiento que se ha producido, o sus allegados. Se ha convertido sobre todo en un agente disolvente de todas las causalidades, para promover una contabilidad absurda donde todos y todas son comparables. La víctima tampoco es un objeto privilegiado del psicoanálisis porque el compromiso adquirido en un análisis ya supone tomar una distancia respecto a la identidad de víctima.

Todos podemos ser víctimas en efecto, de una forma o de otra, la contigencia hace el resto. La noción, que designaba al principio a aquél o aquélla que se sacrificaba a la divinidad, se ha introducido en el Derecho y justifica cómo y a qué altura obtener reparación. Sabemos que la queja acompaña a lo que para cada uno hace síntoma y varias corrientes de la Psicología han encontrado ahí cómo extenderse, hasta en las comisarías de la Policía francesa.

El psicoanálisis, con la teoría freudiana del traumatismo, había podido hacer creer en la responsabilidad paterna en la victimización de las histéricas, pero Freud al despejar el estatuto fantasmático del traumatismo, ha abierto la vía para su tratamiento, como lo ha demostrado Lacan. Las catástrofes del mundo, la barbarie humana, son proveedores de víctimas, para las cuales una aproximación clínica orientada por el psicoanálisis es susceptible de efectos.

Pero la riqueza de esta clínica no podría ser un refugio, incluso para un psicoanalista, en el mundo en ebullición en el que vivimos. Aunque se requiera una cierta estabilidad social para permitir el desarrollo de la experiencia analítica, la agitación, la guerra, la segregación, forman parte de su historia.

Freud, con El malestar en la cultura, con Moisés y el monoteísmo, ha intentado extraer las lecciones de la clínica para ofrecer una lectura de la dificultad de los humanos para vivir juntos. La definición lacaniana del inconsciente, de la palabra y del lenguaje ha abierto también otras perspectivas dando al parasitismo lenguajero la estructura de lo que afecta al humano. Víctima o verdugo están luchando entonces con otra dimensión, la del límite de una experiencia, la de entre-dos-muertes para Antígona; nos lo dice Lacan en el Seminario de la Ética, la que pone de relieve Sade en su obra.

Hablar de víctima plantea automáticamente la cuestión de la responsabilidad, de la culpabilidad concerniente a aquél o aquélla que está en el origen del daño, o del prejuicio o del crimen. Hasta el exceso, cuando se trata de catástrofes naturales o de accidentes, donde la invocación de un Dios vengador le ha cedido el lugar en la búsqueda de la carencia de un autor, siempre por identificar. Cualquier sociedad organizada hace balance de las consecuencias de estas prácticas o de estos actos. Cuando se trata de acciones colectivas de la misma manera, el derecho a la guerra, las convenciones internacionales establecen los límites y las sanciones de las consecuencias de un conflicto armado.

La brújula se ha estropeado en un uso excesivo de la categoría “víctima” que conduce a un “todos culpables” en forma de creciente importancia de los límites reglamentarios impuestos en nuestras sociedades europeas para comer, beber, fumar, o dicho de otra manera los modos de goce individuales. Brújula estropeada también en las relaciones internacionales en las que, al abrigo del derecho del más débil, se cometen los crímenes más increíbles. ¿Las desigualdades económicas y sociales justificarían los comportamientos más asociales? El buen nivel de formación universitaria de varios de los asesinos que se declaran Daesh estos últimos meses, obliga a desechar la idea de que el desarrollo cultural protege de la barbarie, el nazismo ya había dados pruebas de ello.

Después de los atentados cometidos en Toulouse, en el Museo Judío de Bruselas, en Charlie hebdo, en el Hiper casher, en el Museo del Bardo de Túnez, no podíamos dejar de preguntarnos sobre la situación creada por estos crímenes que han producido numerosas víctimas. Que sean judías, cristianas, caricaturistas o musulmanes, policías o militares, es cada vez una voluntad la que intenta realizarse a través de ellas: transmitir un mensaje de odio y de miedo para hacer callar, imponer lo que sería una regla que los modos de vida europeos quebrantarían, alegar el derecho de vida y de muerte sobre aquéllos que que no se someterían a estas concepciones de la sociedad, de ritos religiosos, de relaciones entre los hombres y las mujeres.

Postular con Lacan que el psicoanálisis no se confunde con sus efectos terapéuticos, es también tener en cuenta la contingencia en cada existencia y la de una parte imposible de tratar. Las fuerzas de la represión freudiana empujan al olvido de lo que no se quiere saber, y que la experiencia del psicoanálisis intenta reducir.

Huellas del mal encuentro, ese que no se habría querido hacer, inhumanidad percibida, las soluciones propias de cada uno no son las soluciones de todos. Sin embargo, la barbarie, esa que se esconde en la medida en la que se muestra, se convierte en asunto de todos. ¿Cómo resistir de otra manera que por la manifestación de emociones o las declaraciones de solidaridad efímeras e inauténticas, de otra forma que el uso de la fuerza para imponer al otro su modo de gozar?

Ni belicistas ni dormidos ¿cómo resistir a lo que se anuncia como la abolición de privilegios de aquéllos que creen en nuestras formas de democracia?

Nosotros hemos elegido situar el escenario de PIPOL en el medio de esta actualidad ardiente, trágica, para interrogar las consecuencias del yihadismo. Hemos deseado que se expresen y se debatan opiniones contrastadas, puesto que el discurso analítico solo se declina articulándose a otros discursos, como Lacan lo ha demostrado tan bien en su Seminario El reverso del psicoanálisis. 
 
¿Resistirá Europa a lo que fueron sus inclinaciones criminales? Es a estas cuestiones a las que nos obligamos a responder, salvo a ver amenazar lo que fue nuestra libertad de acción, de pensar y de analizar.
 
* Este texto es una versión reducida de la intervención introductoria de Jean-Daniel Matet en el Congreso de la Eurofederación de psicoanálisis que tuvo lugar el 4 y 5 de julio de 2015 en Bruselas. 
 
Traducción: Fe Lacruz

7 de agosto de 2015

XIV Jornadas de la ELP -CRISIS-. Crisis en la transferencia, por Lilia Mahjoub.

Con la crisis*, algo hace ruptura, corte, desorden en lo que, hasta entonces, se desarrolla sin tropiezos, según un orden simbólico. ¿Cuál es el estatuto de ese desorden, de lo que no puede nombrarse, y que hace que algunos quieran volver a encontrar el curso de las cosas, y otros, al contrario, quieren que eso cambie porque tienen ciertas aspiraciones?

Tras la crisis de 1968, Lacan se dirigía a los estudiantes de Vicennes, en el seno de la Universidad, diciéndoles que su aspiración revolucionaria acabaría en el discurso del amo, es decir, que después de la revolución, después de la crisis revolucionaria, se volvería al mismo punto de antes.

Este giro en redondo vale para todos los discursos: para el de la universidad, del que Lacan avanzó que era un nuevo discurso del amo. Pero también para el discurso de la histérica, a saber, que después de la crisis histérica, tratada en el marco del discurso del amo, no hay cambio, el amo queda como amo (incluso castrado) y la histérica, histérica.

Este fue el caso en la crisis de transferencia del análisis de Dora, cuando esta vuelve a ver a Freud, tras una larga interrupción. Freud señala que no consigue hacerse amo de la transferencia, “no logré dominar a tiempo la transferencia” (1). Le promete a Dora, cuando se da cuenta de que lo que le “demandaba […] no pudo menos que hacerme reír, […] disculparla por haberme privado de la satisfacción de librarla mucho más radicalmente de su penar.”(2)

Lo que hace obstáculo en el caso Dora, es algo que se desprende de la transferencia, y más precisamente del lugar tomado por Freud en esta cura, y que desencadena una crisis en la transferencia, como ocurre en todo análisis.

En el caso de la joven homosexual, incluso si Freud ve con más claridad, como señala Lacan, “se estrella por considerar que la transferencia negativa le apunta en lo real.” (3)

¿Por qué los psicoanalistas pueden estar interesados, a partir de este concepto de transferencia, incluso su crisis, si no es por la cuestión del inconsciente, para cernir la concepción de este?

A propósito de la transferencia en Más allá del principio del placer (1920), Freud adelanta que “es preciso ante todo librarse de un error, a saber, que en la lucha contra las resistencias uno se enfrenta con la resistencia de lo inconsciente.(4) porque este “no ofrece resistencia alguna a los esfuerzos de la cura; y aún no aspira a otra cosa que a irrumpir hasta la conciencia —a despecho de la presión que lo oprime— o hasta la descarga por una acción real.” (5)

Sabemos que Lacan desarrollará que la resistencia no viene del sujeto del inconsciente, sino del analista.

Lacan considera, también, que la concepción de la transferencia como presencia del pasado, como reproducción, es incompleta. De este modo, adelanta en su Seminario La transferencia que esta presencia no es “una simple pasivización del sujeto” (6) sino un poco más que una presencia —una presencia en acto o una reproducción en acto, haciendo que haya “en la manifestación de la transferencia algo creador.” (7)

Las repeticiones ligadas a la constante de la cadena significante se distinguen así de la transferencia, en tanto que lo que el sujeto fabrica, construye, en la transferencia, es una ficción para ser escuchada por un Otro.

Lacan subraya, además, que “en las condiciones centrales, normales, del análisis, en las neurosis, la transferencia es interpretada en base a y con el instrumento de la propia transferencia.”(8)

Desde entonces, si el analista interpreta la transferencia a partir de la posición que esta le da, a saber, el Otro de la transferencia, esto comportará siempre un margen de sugestión irreductible, haciendo “que la salida del sujeto fuera de la transferencia es pospuesta así ad infinitum”(9)

Por esto, a partir de la transferencia distinguida de la repetición, es necesario encontrar un lugar exterior a la transferencia para interpretar. Lacan redefinirá, así, el inconsciente como lo que apenas se entreabre y se vuelve a cerrar; y lo que estará trabajando ante este cierre será la transferencia.

Lacan reconfigura así la idea que nos da Freud, de unas alforjas, como algo cerrado donde hay que penetrar desde fuera, invirtiéndola.

El inconsciente no es un adentro sino, más bien, lo que está fuera, algo “a pensar como exterioridad” (10) como dijo Jacques-Alain Miller en diciembre de 2007.

La transferencia no está para ser tratada por la transferencia sino, en tanto lugar de crisis, a partir de esta exterioridad. Es desde otro lugar que el del Otro de la transferencia desde donde el analista deberá operar.

En otros términos, tal y como lo formula Jacques-Alain Miller en su curso, a lo que no tiene salida en Freud, Lacan se la da, separando el inconsciente del psicoanálisis, dando dos formalizaciones distintas, la del discurso del inconsciente y la del discurso del analista.

El discurso del inconsciente, sometido al significante amo que ordena las palabras del analizante, “es enteramente reductible a un saber” (11) S2. Así se estructura el inconsciente freudiano, con el sujeto, $, instalado en el lugar de la verdad, ya que Freud situaba la verdad en el sujeto. En el discurso del analista, este último cambia de lugar, porque no es más el saber el que se pone al trabajo sino el sujeto, lo que evacúa la verdad del sujeto. En cuanto al saber, encontrándose en el lugar de la verdad en tanto que ella aquí es no-toda, se revela descompletado. Más tarde, Lacan enunciará que la instancia del saber inconsciente, tal como fue descubierto por Freud, “no supone en absoluto obligatoriamente lo real del que me sirvo.” (12)

Es aportando esta respuesta de lo real, cómo Lacan lleva la elucubración freudiana, según su fórmula, “a su grado de simbolismo, al segundo grado” (13). Lacan no invalida el descubrimiento freudiano, sino más bien parte de él para elevarlo a este segundo grado, precisando que lo real es su propia respuesta sintomática al inconsciente freudiano, donde la posición del analista está de alguna manera obstaculizada por la transferencia. En otras palabras, el inconsciente freudiano o transferencial está reinventado por Lacan como inconsciente real. Y es de este real del que el analista hace semblante, bajo las formas del objeto a lo que orientará su intervención. Para definir el inconsciente, son necesarios estos dos discursos, de ahí la topología de la banda de Moebius.

Resituando al analista en un lugar que ya no es el lugar del Otro de la transferencia, Lacan dará su pleno estatuto al discurso del analista.

Según la expresión de Lacan, que es un neologismo, este objeto a es “obstaculante” (14), a la expansión de lo imaginario. Obstaculiza el inflamiento imaginario, pero también a la apertura del inconsciente, como en el ejemplo de la nasa, produciendo así la crisis de la transferencia. He aquí por qué, puesto al mando, el objeto a, es el medio de acción del analista.

Cuando Dora deja a Freud, tal objeto a, precioso, que la histérica birla al saber producido por el amo, Freud escribe: “¿Habría conservado a la muchacha para el tratamiento si yo mismo hubiera representado un papel, exagerendo el valor que su permanencia tenía para mí y testimoniándole un cálido interés […]. No lo se. […] he evitado siempre asumir papeles y me he contentado con un arte psicológico más modesto.”(15)

Freud no ocupa el lugar de “hacer semblante de objeto a” porque su relación con la verdad en juego lo obstaculiza.

Articulando el discurso analítico, Lacan procura que el analizante sea aliviado, si puedo decir, de la carga de este objeto, lo que no sucede en el caso de Dora, que no soporta el desvelamiento de una verdad sobre su valor en tanto objeto, reducido al “nada” del sr. K.

En el Seminairo de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan habla de “crisis conceptual permanente que existe en el análisis” (16) a propósito de la transferencia, precisando que esta crisis en tanto cierre del inconsciente podía ser tratada a partir de este objeto a. La interpretación del analista está concernida, de hecho, cuando aparece una crisis en la transferencia.

El analista no es el amo del juego, pero Lacan señala que “(…) pese a todo, él soporta, encarna la carta de triunfo, en la medida en que desempeña el papel de lo que constituye el objeto a, con todo el peso que implica.” (17)

Es un curioso lugar el que debe ocupar el analista. Por esta razón conviene siempre interrogarlo, como proponía Lacan, con el Pase. Designó también este lugar como el de “la basura” y añadió que es preciso “pasar por esta basura decidida para, quizá, reencontrar algo que sea del orden de lo real” (18) en su Seminario Le sinthome.

Para prolongar lo que tiene que ver con las crisis de la transferencia a partir de lo que se juega en el análisis, voy a hablar de las crisis de la transferencia tal y como se producen fuera del marco estricto de la cura, por ejemplo en el movimiento analítico. Son crisis en la transferencia ligadas a la concepción del inconsciente en curso, en ese momento.

Es con este término de crisis con el que Lacan designó la de 1953, en tanto relativa al lugar del psicoanalista en el mundo. “En lo que respecta a mi lugar, —dijo en una conferencia en 1967—, estábamos entonces en un momento que se podía llamar de crisis en el psicoanálisis en Francia, cuando se trataba de instalar cierto dispositivo que debía regular en el futuro el estatuto de los psicoanalistas”. (19)

Lacan dice encontrarse con algunos sobre una balsa, en medio de un desorden, y haber vivido durante diez años bajo estas circunstancias.

Es en esta crisis, dice Lacan, donde lo que había dicho obtiene un cierto alcance. Había dicho qué era el inconsciente, incluso que todo el mundo sabía que había un inconsciente, dicho de otra manera, que todo el mundo pensaba saber lo que era. Y que es justamente esto lo que los psicoanalistas no deberían decir saber desde el principio. Aquí está, diría yo, la diferencia, y es lo que deja algunas posibilidades al inconsciente. “En este punto la cosa empieza a ponerse interesante” (20), formulaba.

Porque, después de todo, nada prueba a priori la existencia del inconsciente, sino la idea admitida, como decía antes, de que hay uno. El analista tiene que darse cuenta de ello por el sesgo de un discurso y no como tal, porque el inconsciente no existe y es en ese sentido que es real. Hay que poder demostrarlo de otra manera y no como algo admitido colectivamente.

En otras palabras, si el inconsciente tiene una exterioridad, es para que el discurso del analista juegue su papel en cuanto a esta exterioridad, interviene en lo que del discurso del inconsciente ya está dominado en el discurso común.

El psicoanalista tiene para ello un lugar que ocupar en las crisis que atraviesan el mundo, y eso, a partir de su discurso. Lo constatamos cada día, el mundo ha cambiado y nosotros no debemos perder de vista el tema del inconsciente y la transferencia, con sus crisis.

Jacques-Alain Miller, en Camandatuba en agosto de 2004 (21), se planteaba la cuestión de si el objeto a ¿no sería la brújula de la civilización de hoy? Cierto, diría yo, a condición de que el psicoanalista ponga su grano de sal, interesándose por las crisis de la civilización.

Freud criticaba, en El malestar en la cultura, la cuestión del amor al prójimo poniendo de relieve que el prójimo no era “solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión , explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo.” (23). Esto es, ni más ni menos que la pulsión de muerte, la que pasa sin discurso y encontramos aquí al desnudo. La pulsión de muerte es, como enuncia Lacan,lo real en la medida que solo se lo puede pensar como imposible.” (24). Esto hace pasar a mi prójimo al rango de objeto a y convoca al discurso del analista a encargarse de él en el sentido en que mencioné antes.

El discurso del analista es el que toma a su cargo el trabajo que los otros discursos no pueden hacer. Es lo que llamamos la utilidad pública del psicoanálisis.

La utilidad pública no consiste, para el psicoanalista, en trabajar para el bien colectivo, sino en tomar el tiempo de comprender qué hace crisis en la sociedad, ya que se trata en estas crisis de un real que viene a turbar el orden simbólico.

La juventud está hoy en crisis, no-toda, sino una parte de ella y que se ha ignorado. ¿Por qué un número siempre creciente de adolescentes se vuelven de forma contagiosa hacia salidas radicales, como el reclutamiento en causas religiosas extremistas, para matar y hacerse matar? Son adolescentes de origen cultural y religioso diversos, y entre ellos muchos se convierten a estas causas.

Tuvimos la dolorosa prueba de ello, hace unos meses, cuando Francia, Bélgica y otros países que se consideran libres y laicos, se encontraron con estas crisis mortíferas. Nosotros no sabríamos mirar hacia otro lado diciendo que no es cuestión de inconsciente, después de lo que acabo de desarrollar a propósito de la definición siempre a reformular del inconsciente, y volver a la serenidad de nuestras prácticas privadas.

Replicaremos que hace falta la transferencia, aunque el psicoanálisis no tenga buena prensa de momento, y se prefiera los métodos sugestivos; porque ésta transferencia sólo pide establecerse, como he podido constatar con interlocutores faltos de discurso, para tratar esta plaga. Me parece el momento de que los psicoanalistas puedan reflexionar sobre su posición en cuanto a esta ausencia supuesta de transferencia y, por tanto, en cuanto a las respuestas que puedan dar a este problema candente antes de que esto vire, más aún, al horror.

* Texto presentado en el Congreso de la NLS. Ginebra, 9 Mayo 2015

Traducción: Juana Planells y Adolfo Santamaría

1 Freud S., Análisis fragmentario de un caso de histeria. Obras Completas VII, Amorruortu, Buenos Aires 1987, p. 103.
2 Freud S., Ibid., p. 106.
3 Lacan J., Escritos, Siglo XXI, Buenos Aires 2008, p. 608.
4 Freud S., Más allá del principio del placer. Obras Completas XVIII, Amorruortu, Buenos Aires 1987, p. 19.
5 Freud S., Ibid., p. 23.
6 Lacan J., El Seminario, libro 8, La transferencia, Paidós, Buenos Aires 2003, p. 202.
7 Lacan J., Ibid., p. 202.
8 Lacan J., Ibid., p. 202.
9 Lacan J., La dirección de la cura y los principios de su poder, Escritos, Siglo XXI, Buenos Aires 2008, p. 565.
10 Miller J.-A., La lettre Mensuelle n° 264, p. 39
11 Lacan J., El Seminario, libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires 2006, p. 129.
12 Lacan J., El sinthome, op. cit., p. 132.
13 Lacan J., Ibid., p. 130.
14 Lacan J., Ibid., p. 83.
15 Freud S., Obras Completas VII, op. cit., p. 96.
16 Lacan J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires 1992, p. 137.
17 Lacan J., El Seminario, libro, De otro al otro, Paidós, Buenos Aires 2008, p. 320.
18 Lacan J., El sinthome, op. cit., p. 122.
19 Lacan J., Lugar, origen y fin de mi enseñanza (1967); Mi enseñanza, Paidós, Buenos Aires 2007, p. 16.
20 Lacan J., Mi enseñanza; op. cit., p. 19.
21 Miller J.-A., Una fantasía. El psicoanálisis nº 9, noviembre 2005, pp. 7-19.
22 Freud S., El malestar en la cultura, O.C. XXI, op. cit. p, 108
23 Freud S., Ibid., pp. 64-65.
24 Lacan J., El sinthoma, op. cit., p. 123.

3 de agosto de 2015

Report on "The Miracle of Love: From Feminine Sexuality to the Jouissance as Such". Visiting Lecturer: Silvia Tendlarz, by Cyrus Saint Amand Poliakoff




On Wednesday, July 22, New York Freud Lacan Analytic Group presented a guest lecture by Silvia Tendlarz, psychoanalyst and member of the Escuela de Orientacion Lacaniana (EOL) and the World Association of Psychoanalysis (WAP). Held at the CUNY Graduate Center’s Department of Psychology, the presentation culminated a month-long summer program of NYFLAG dedicated to readings from Jacques-Alain Miller’s course, ‘The Experience of the Real in Psychoanalysis’.

Opening with the biblical creation of Eve from the rib of Adam, Tendlarz began her inquiry into feminine jouissance, masculine jouissance, and jouissance of the body beyond the Oedipal frame. The presentation charted the relationship between love, desire, and jouissance at important junctures in Lacan’s work. 

Tendlarz concluded by referencing Jacques-Alain Miller’s formulation of the ‘One alone’, shifting the focus to jouissance that is opaque to sense and concerns every speaking being.

Masculinity and femininity are not ‘biological essences but symbolic positions, and the assumption of one of these two positions is fundamental to the construction of subjectivity.’ From this central point that orients sexual difference in the Lacanian field, Tendlarz proposed that speaking beings can choose the subjective position of sex and the object of love.

Tendlarz titled the first passage of her presentation ‘The Gates of Hell’. Lacan’s early theories of love as imaginary relation foreground his elaboration of the dialectic of need, demand and desire that institutes the symbolic dimension of love. In this period, we already find a fundamental dissymmetry: ‘the lover is the one who doesn’t have and doesn’t know what is missing, and the loved one is who has, but doesn’t know what he or she has’. 

Continuing to Seminar X, Tendlarz highlighted love as a mediation between jouissance and desire. This exposed the antimony between an autoerotic jouissance and desire which reaches towards the Other.

The second part of the talk, titled ‘The Temptation of Desire’, examined the different dialectics of desire operating in the masculine and feminine subjective positions. In the feminine position, ‘desire and love have the same object’. Women have a certain freedom with the semblants, a freedom to produce masquerades that reveal a Not-All status before the Other. Tendlarz suggested that if women are ‘tempted by tempting’, then a direct access to the Other of Love results. Love is inseparable from jouissance. In contrast, as slaves to the semblants, men reduce the Other into the object a as the real partner.

Approaching the later Lacan, Tendlarz referred to Seminar XX in the third section of the presentation, ‘Love & Jouissance’. At this moment, Lacan opposed jouissance with the Other. Only love allows a relation to the Other, as jouissance is solitary. Women remain alone with supplementary jouissance; men stay alone with autistic jouissance. The sexual non-rapport that grounds Seminar XX indicates a sexual failure. Tendlarz remarked, ‘Sexuality makes a gap, nobody manages well because there is no relation with the Other, there is only a relation with an object.’ Feminine jouissance appears as an exception, which mixes jouissance and love, opening towards the Other. Lacan used Zeno's paradox to hypothesize that the phallic jouissance of man will never reach the infinity of feminine jouissance. Tendlarz noted the clinical consequences of jouissance found in the limitless demand for love, which no words will ever satisfy.

In the final section, ‘Jouissance as Such’, Tendlarz examined later paradigms of jouissance focused on the body event and the symptom ‘opaque to meaning’. Beyond analytic theories of prohibition, jouissance takes on a positive value. Lacan proposed a generalized jouissance: ‘when there is a body, we enjoy’. All bodies enjoy without the Other. With the category of the Sinthome, Lacan posited that there is no sexual relation, yet there is such a thing as One, and there is a body. Tendlarz clarified that the singular jouissance of the speaking being is inscribed in the body. In his seminar, ‘L'Un tout seul’, Miller described the reduction of the symbolic to One real, repeated again and again. This jouissance as iteration is beyond ‘man’ and ‘woman’. It implies a relation of One alone and the body.

In her concluding remarks, Tendlarz suggested that this formula has led the Lacanian field to reconsider the end of analysis. In the end we might encounter the One alone of jouissance we cannot change. The symbolic order isn’t what it used to be; the real no longer returns to the same place; the imaginary is ‘under construction’. Thus as analysands we approach the question of our jouissance, once again, anew.

The New York Freud Lacan Analytic Group wishes to thank Silvia Tendlarz for her ambitious presentation. In her paper we heard the work of Lacan, Miller, and Laurent but also Tendlarz’ unique clinical approach to desire, love and jouissance in the 21st century.


July 29, 2015
New York City

2 de agosto de 2015

SKABÔ 005, Bulletin Multilingue du Xe Congrès de l'AMP




Neste número, Pierre-Gilles Gueguén comenta "Parlêtre e consistência corporal", de Ram Mandil, e a antropóloga Juana Elbein, Coordenadora da Sociedade de Estudos da Cultura Negra no Brasil, nos brinda com uma preciosa entrevista sobre o corpo na Cultura Nagô. Simplesmente imperdível!
Lucíola Macêdo


La Consistance et les deux corps
Commentaire sur le texte de Ram Mandil

La consistance désigne en logique un état d'homogénéité, de solidité, et suppose un lien de cohérence "nécessaire" entre les éléments d'un système qui éliminerait les contradictions entre les termes. C'est ce qui fait que Lacan s'interroge sur le point de savoir si le corps de l'humain répond à cette définition. Le texte de Ram Mandil souligne à juste titre que cette propriété logique n'est jamais assurée pour le corps du parlêtre, jamais garantie pour l'animal humain affligé du langage qui fait intrusion dans le corps de chair par ce que Lacan nommait Lalangue. Notre Collègue tire de l'introduction de Jacques-Alain Miller pour le congrès de Rio de précieux effets qui soulignent à quel point Lacan s'est aventuré après le séminaire XX dans un au-delà de ses catégories antérieures en leur donnant une cohérence accrue.
 
Examinons par exemple avec lui, la théorie freudienne du narcissisme. Lacan l'a très tôt modifiée dans sa relecture de Freud et il n'a cessé de le faire en montrant à quel point elle ne permettait aucunement d'assurer la consistance et l'unité du corps. Ainsi par exemple il s'opposera toujours à la conception freudienne d'un narcissisme primordial et montrera, au contraire, qu'il n'est de narcissisme que secondaire. C'est déjà l'objet de ses travaux sur le stade du miroir, et plus encore de son intervention qui a pour titre "Remarque sur le rapport de Daniel Lagache". Comme R. Mandil le fait remarquer: il s'agit d'arracher la psychanalyse à l'ornière de la psychologie générale.

Lacan, contrairement à Freud, soumet la jubilation du narcissisme qui procure une unité imaginaire du corps à l'autorisation d'un Autre symbolique. Or cet Autre, celui du structuralisme, il saisit très vite qu'il est incomplet et qui plus est inconsistant (c'est ce qui apparaîtra au fil de sa construction du graphe: Pour le dire il se sert du mathème S de A barré). Dès lors le corps ne peut plus se concevoir comme une image unifiante qu'un Autre de la Loi octroierait pour toujours. Sans doute de nombreux sujets adorent-ils cette image qui répond comme l'art d'avant le baroque le croyait fermement, à la beauté de la forme, mais n'est elle pas plutôt pour chacun variable, fluctuante? La clinique ancienne de la schizophrénie ne cessait d'en faire la preuve et notre miroir nous le dit chaque matin. Pour combien de fois où nous nous trouvons "en forme" et désirable, somme nous dépités de nous voir inégaux à l'image rêvée de nous–mêmes. On se croit beau mais c'est fluctuant. Le temps et le vieillissement accentuent encore ces effets d'instabilité voire d'inconsistance du corps propre. C'est pourquoi Ram Mandil souligne à juste titre que l'unité du corps propre repose sur une quête vaine de l'Être qui s'appuie sur un autre qui n'existe pas.

Que veut alors dire Lacan quand il souligne avec véhémence que ce corps nous l'avons et que nous l'adorons?

L'image reine du moi n'est pas stable car elle reflète, non pas les sens comme l'imaginaient les philosophes anglais, mais les pulsions dans leur "varité". En revanche ce que Ram Mandil explicite très bien c'est que nous adorons le corps que nous avons (il faudrait ici développer dans un autre texte le côté des hommes et celui des femmes), du fait qu'il est le seul instrument de jouissance à notre disposition, or la jouissance est Une, autistique, non sujette à variation. C'est ce corps qui nous fait jouir et que nous adorons. Il existe et ne pousse pas vers la tentation de l'Être. Alors que le corps parcouru par les signes du lien social répond au sens et produit des symptômes, le corps de chair qui existe est hors sens et, comme tel, Lacan lui attribue le "sinthome" qui ne bouge pas et qui est itératif.

On peut alors se demander quel est le lien entre nos deux corps, celui du sens et celui du hors sens. La construction de Lacan la plus explicite (Jacques-Alain Miller en fait mention dans son introduction et notre collègue la reprend) répond d'abord que c'est l'objet a qui joue ce rôle. Il prend occasionnellement toutes les valeurs de la pulsion mais en son fond il est couleur de vide.

Au delà de ce recours à l'objet a, Lacan, dans son tout dernier enseignement attirera notre attention sur le fait que le lien se fait parce que le corps de chair est troué par Lalangue, très tôt dans la vie et qu'on retrouvera les échos de ce troumatisme à chaque fois que la sexualité sera en jeu. Lacan y verra la marque sur chaque corps vivant du fait qu'il n'y a pas de rapport sexuel. Le corps du sinthome, le corps de chair, le corps existentiel, renvoie toujours à une jouissance autiste et non partageable et c'est cela que nous adorons. Heureusement il y a l'amour, mais c'est une autre histoire, car comme on le sait, il est aveugle, et bien souvent intermittent.


 Pierre-Gilles Guéguen

Para ler o texto de Ram Mandil
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Juana Elbein - Português/Espanhol



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Equipe de Publicação: Ângela C. Bernardes, Fernando Coutinho Barros, Flávia Cera (Secretária), Heloísa Caldas, Leda Guimarães, Lenita Bentes, Marcelo Veras, Maria do Carmo Dias Batista (Editora), Maria do Rosário Collier do Rêgo Barros, Maria Josefina Sota Fuentes, Maria Wilma Faria, Stella Maris Jimenez Gordillo, Vanda Assunção.