13 de junio de 2015

PAPERS 3. De lo privado a lo público, y retorno, por Marina Recalde


Vida íntima quiere decir que no se debe contar a todo el mundo lo que le sucede a uno. Son cosas que no se dicen a cualquiera 1

En el marco de la preparación del próximo Congreso, en el Comité de Acción partimos de la Conferencia El inconsciente y el cuerpo hablante, Presentación del tema del X Congreso de la AMP, a cargo de Jacques-Alain Miller, que funcionó como Cierre del Congreso anterior.

Tal vez animada por mi función actual como Analista de la Escuela en ejercicio, y tomando en cuenta lo urgente de “una puesta al día” preguntándonos por lo nuevo, quisiera detenerme en esta ocasión en un párrafo que llamó mi atención: “Entregar al público los relatos del pase, eso nunca se hizo en la época de Lacan. La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución, solo era conocida por un número reducido de iniciados –el pase era un asunto para menos de diez personas. Digámoslo: yo inventé llevar a cabo una mostración pública de los pases porque sabía, pensaba, creía, que estaba en juego la esencia misma del pase(...) El acontecimiento de pase no es la nominación, decisión de un colectivo de expertos. El acontecimiento de pase es el decir de uno solo, Analista de la Escuela, cuando pone en orden su experiencia, cuando la interpreta en beneficio de cualquiera que acuda a un congreso que se trata de seducir y de inflamar (...)”.2 

La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución... es decir, no era un asunto privado o secreto, sino un asunto de unos pocos, elegidos, y quedaba entre ellos. La comunidad no se enteraba, e infiero que eso debía darle al asunto un halo enigmático, con lo que eso implica. Un grupo muy reducido, tal como subraya Miller, anunciaba a la comunidad que alguien había sido nominado Analista de la Escuela. Y allí quedaba todo. Se entiende por qué el pase era entonces la nominación. No existía ni la exigencia ni el compromiso de la transmisión de ninguna enseñanza, por fuera de esos pocos.

Si en la mostración pública de los pases está en juego su “esencia misma”, es porque la esencia finalmente es poner “en orden su experiencia”, interpretándola “en beneficio de cualquiera que acuda a un congreso”. Es decir, la esencia adviene a posteriori, en la práctica del pase misma, cuando esa experiencia es puesta en orden, podríamos decir, formalizada, frente a un público en general ávido de escuchar cómo un sujeto se las ha arreglado para encontrar un estilo, y un saber decir bien aquello que ha obtenido. 

Quisiera situar aquí lo que afirma Jacques Lacan en otro Cierre, el de las Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana, cuarenta años atrás. Allí, Lacan se pregunta: “¿qué es el análisis al fin de cuentas? A pesar de todo es esta cosa que se distingue por lo siguiente, que nosotros nos hemos permitido una suerte de irrupción de lo privado en lo público. Lo privado, evoca la muralla, los asuntitos de cada uno. Los asuntitos de cada uno tienen un núcleo perfectamente característico, son asuntos sexuales. Ese es el núcleo de lo privado (...) ¿cómo distinguir lo privado de aquello que nos da vergüenza? Es claro que la indecencia de todo esto, indecencia de lo que ocurre en un análisis, esta indecencia, si puedo decirlo, gracias a la castración (...) esta indecencia desaparece”.3 

Entonces, ¿cómo entender estas dos dimensiones de lo público? ¿Cómo entender este pasaje de lo privado a lo público, presente tanto en el marco de un análisis como en el marco de un testimonio?

Evidentemente, no se trata de lo mismo. ¿De qué Otro se trata, en cada caso? Si un análisis implica que lo privado irrumpe en lo público, si un analizante habla de sus asuntos a un analista, es porque eso emerge de lo más íntimo, de lo que mortifica, de lo que hace sufrir, es decir, de aquello que pone en juego su fantasma, venciendo decencias e indecencias, aunque algo del pudor –última barrera frente a lo real- siempre –o casi- se conserve. Y, aunque implique a un Otro al que se le dirigen estos dichos e incluso se llegue a su punto de conclusión, eso no sale de esa particular intimidad analítica. Otro (es decir, el inconsciente, y el analista partenaire en tanto forma parte del concepto del mismo) del cual aun se espera, al menos, una interpretación.

Jacques Lacan, en su respuesta a André Albert4, señala que el análisis es algo que nos indica que hay que sudar la gota para llegar a lograr aislar el sinthome. Y que hay que sudar de tal manera que uno puede hacerse de allí un nombre. Pero, agrega, no es esa nuestra intención (conducir a alguien a hacerse un nombre o una obra de arte). Sino que nuestra intención consiste en incitarle a pasar por el buen agujero de aquello que le es ofrecido como singular.

Es decir, es una decisión de cada quien lo que se quiere hacer con lo que se obtuvo. Pero ese hacer implica una vuelta más. El Pase no es obligatorio sino efecto de un deseo de aquél que quiera hacer pasar lo obtenido al Otro de la comunidad analítica, y volver eso una transmisión que implique soportar en acto y con el cuerpo, la propia enunciación.

En mi propio caso, puedo decir que la formalización que se produjo en el último tramo analítico, fue necesaria para poder producir la separación final. De mi hystoria, del análisis, y del analista. Me había presentado tiempo atrás, y el dictamen en esa ocasión me había sorprendido con un no que en un primer momento me dejó angustiada y furiosa. No que funcionó como una interpretación, y que exigió una nueva respuesta, ya no ligada a quedar devastada por un Otro cruel que siempre dice no, que pide más y angustia, sino que ponía a prueba si lo obtenido en el recorrido analítico por casi veinte años se verificaba, y si podía responder a este no sin caer bajo las redes de la repetición; que me hubieran llevado a una huida para no encontrarme con lo real en juego. Si no era lo que el fantasma había dictado, y si algo de esa negra, ya no ligada fantasmáticamente a la injuria, sino que ahora se ligaba al decidida surgido en el tramo final, resonaba en mí, con un nuevo uso, permitiéndome decir o no frente a una demanda del Otro, entonces, había que volver al análisis para poder ubicar ese no del Cartel, y poder concluir. Me llevara o no nuevamente al pase.

Volverme a presentar al pase, dar ese paso suplementario, se decidió bajo las coordenadas que implican decir sí o no, sin el Otro, ya por fuera de las coordenadas fantasmáticas que se embrollan en un análisis. Cambio de régimen que incide también en mi lazo a la Escuela: poder decir sí o no, conforme a mis razones, y no decir siempre sí, alocada e inevitablemente, tal como el fantasma había alentado, para evitar la supuesta crueldad o enojo del Otro.

La respuesta encontrada, volver al análisis y al trabajo analítico, finalmente me llevó de vuelta al pase volviendo a consentir a la ficción del Otro del psicoanálisis y apostando a otro destino de la libido. Entonces, al hacer el pase, se deja la dimensión esotérica de un análisis y se pasa a la dimensión exotérica que el pase implica. Un Otro al que uno se dirige sin esperar una interpretación, pero con la intención y por qué no- la decisión, de que algo pase, con las resonancias que eso implica.

Ahora bien ¿qué agrega al pase el hecho de hacerlo público? ¿Cómo no volver obscena esa escena? ¿Cómo no volverlo un Big Mac para muchos?5  

En un testimonio público de pase, es esperable que ese marco dado por el pudor se mantenga. Pero allí algo de su núcleo más íntimo, y más singular (que en el mejor de los casos, dirigiéndose a un Otro, pasa al público) pone ahora en juego una satisfacción. Hay algo de la hystoria de cada uno, y de sus propias invenciones, que en un sentido deja de ser propia y pasa al Otro. Y, cada vez, con cada vuelta, con cada esfuerzo de transmisión, esa mordida de real se vuelve más efectiva.

Es así como entiendo lo que Miller en esta Conferencia ubica en términos del escabel forjado sobre el goce opaco del sinthome, que ahora vuelve a hacer lazo, de un modo tan singular como Analistas de la Escuela haya.

La comunidad interroga, el AE responde, elabora. Muchas veces no alcanza, y se le exige más. Allí el AE, cada uno con su estilo, tendrá que ingeniárselas para responder hasta donde quiera y pueda (y se pueda). El pase también es no-todo. Y la comunidad podrá recepcionar (cuando sucede) algo de lo que cada AE pueda aportar.

Tal vez, cuando el testimonio pasa, portando en su núcleo lo intestimoniable, y el público aplaude, e interviene, y pregunta, y elabora, tengamos allí la pista para dar un sentido al hacerlo público: mostrar (y demostrar) cómo uno se las ha ingeniado singularmente para salir de la mortificación, obteniendo un nuevo arreglo con el goce que, por qué no, permita una vida más vivible (al decir freudiano). El pase no es el único modo, claro. Pero lo que es seguro es que es un modo en cierto sentido privilegiado, que implica hacer saber al Otro, al de nuestra comunidad pero también (lo que no es lo mismo) al de la plaza pública, que el psicoanálisis está vivo, que tiene una utilidad, y que analizarse bien vale la pena. 

Notas:
Lispector, C., La vida íntima de Laura, precioso cuento que conocí gracias a Gabriela Grinbaum. http://groups.google.com/group/digit alsource
2 Miller J.-A., El inconsciente y el cuerpo hablante, en Revista
Lacaniana 16, Grama, Buenos Aires, 2014 
3 Lacan J., Cierre de las Jornadas de Estudios de Carteles de la Ecuela Freudiana, en Revista lacaniana 16, op.cit. 
4 Lacan, J.,” Intervención en la exposición de André Albert (Albert, A., El placer y la regla fundamental)”, 15 de junio de 1975, Lettres de L ́Ecole Freudienne 24 
según la expresión de Lola Copacabana, famosa bloggera argentina, cuando se define como siendo no una delikatessen (para pocos) sino un Big Mac (para muchos). Expresión retomada por Paula Sibila, en su libro La intimidad como espectáculo, que gentilmente me recomendara Alejandra Glaze, a quien agradezco. 

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