27 de septiembre de 2017

¿Por qué la política necesita hoy ser iluminada por el psicoanálisis?[1], por Gil Caroz



Me gustaría comenzar dándole las gracias a Phillip Dravers por haber añadido la palabra “hoy” al título que le sugerí hace dos días. Mi título se limitaba a “¿Por qué la política necesita ser aclarada por el psicoanálisis?”. Este título me obligaría a empezar por hablar del pasado y decirles  que de alguna manera el psicoanálisis siempre ha estado involucrado en la política, ya que ella es esencialmente una práctica, la del inconsciente, y como dijo Lacan, “el inconsciente es política”. Si así lo desean, podemos hablar de ello más tarde, durante la discusión. Pero prefiero ir directamente a la cuestión de la implicación del psicoanálisis en la política tal y como lo he entendido durante los últimos quince años, y la “revolución” que se ha producido en este campo en los últimos meses.

Ataques contra el psicoanálisis
De hecho, los psicoanalistas del campo freudiano salieron de sus consultorios por primera vez hace más de quince años. En ese momento, la formación en psicoanálisis en Francia estaba amenazada. Podría ser que aquí, en Gran Bretaña, esto no parecería muy preocupante para ustedes, porque creo que la situación aquí va mucho más allá de la que vivimos en Francia y Bélgica. Pero cuando en 2003 un diputado de la Asamblea Nacional francesa quiso regular por ley la formación en psicoanálisis, argumentando que se trata de la protección de los pacientes contra los charlatanes, iniciamos una “guerra” contra esta voluntad. Porque, como ustedes saben, para nosotros, después de Freud, la única verdadera formación de un analista es primero su cura. Esta formación particular está garantizada por el procedimiento del pase en nuestras Escuelas, pero, por supuesto, no se puede imaginar que el Estado pudiera participar de ninguna manera en este procedimiento, ni podríamos aceptar que el título de psicoanalista fuera proporcionado por las universidades.

Esta pretensión del Estado de controlar la formación del analista es el resultado final de lo que Foucault interpretó como una tendencia bio-política del Estado, es decir, la transición de la enfermedad como evento privado a la salud como asunto público. Una vez que el Estado empieza a cuidar la salud de sus ciudadanos, termina por tratar con sus muertes también. De hecho, es la forma moderna de controlar a los ciudadanos. Tenemos un ejemplo de ello en la parte flamenca de Bélgica, donde la eutanasia se ofrece a los pacientes de salud mental. Si podemos contemplar la eutanasia en algunos casos de enfermedad física grave que implique sufrimiento sin ninguna esperanza de curación, difícilmente podemos sostener este tipo de oferta a los pacientes de salud mental, sabiendo que la oferta crea la demanda. De hecho, este tipo de tratamiento es sobre todo una especie de confesión del fracaso de la psiquiatría moderna.

El pasado fin de semana, durante un importante congreso que se celebró en Bruselas (PIPOL 8), nos enteramos de que estamos ahora más allá de esa época. La tendencia controlar al ciudadano es ahora llevada a un nuevo extremo por los algoritmos que están aprendiendo y elaborando nuestro perfil personal para predecir nuestro comportamiento y, sobre todo, nuestro comportamiento como consumidores. Todos lo sabemos cuando compramos libros de Amazon, por ejemplo. Hay algoritmos que están construyendo nuestro singular perfil de lectores de libros y nos están sugiriendo comprar libros de acuerdo a nuestro perfil. Los bancos hacen lo mismo. Si usted solicita un préstamo, hay algoritmos que (le) informarán al banquero sobre su actitud con el dinero a partir de cómo se comporta con sus cuentas bancarias. Esto le permitirá decidir si le da el préstamo y en qué condiciones.

Entonces, aquí hay un nuevo tipo de singularidad, una singularidad tecnológica, que es en realidad un intento de captar su modo singular de goce, de poder venderle tantos productos como sea posible. El objetivo de estos sistemas es tener una imagen perfecta de quién es usted. Pero, por supuesto, este conocimiento les escapa porque, si bien pueden medir su comportamiento, no pueden medir lo que ustedes dicen al hablar con alguien y cómo lo dicen. Digamos que si saben algo acerca de usted como un individuo fijo, no saben nada sobre usted como un sujeto en movimiento. Google es sin duda uno de los sistemas más importantes que buscan elaborar esta singularidad tecnológica. Y la recopilación de estos grandes datos no sólo tiene objetivos de marketing, sino también objetivos de Estado como la seguridad, el transporte, la salud, etc. Vemos los resultados de este desarrollo en el campo de la salud mental en Bélgica y seguramente aquí en Gran Bretaña. No sólo la salud mental se organiza sobre la base de criterios económicos, más que clínicos, sino también hay una destrucción sistemática del vínculo social que permite que la salud mental exista como un fracaso. En Bélgica, donde hay una nueva ley que pretende regular la psicoterapia, esto es muy notable. Aquí también hemos abandonado nuestras consultas para convocar la política en nombre de una asociación de “practicantes del habla” (y no psicoanalistas). Podré describirlo más tarde si lo desean. Pero de todos modos, no hay nada bueno que podamos esperar de este tipo de gobiernos porque es un ataque al lazo social. El psicoanálisis puede iluminar la política en este campo porque se basa en la transferencia, es decir, en la relación que nace en el encuentro entre “animales” o “seres” hablantes. Eso es lo que nos da una fuerza enorme que los sorprende mucho.

Este año
Desde entonces, iniciamos nuestro combate contra el surgimiento de la extrema derecha, estamos en un período de renovación de la participación del psicoanálisis en la política. Es un cambio total, una conmoción, y por eso casi olvidamos que este año comenzó con otro combate, contra la sugerencia de una resolución legal de un diputado francés, M. Fasquelle, contra el uso del psicoanálisis en el tratamiento del autismo infantil. Más concretamente, M. Fasquelle quería que la Asamblea Nacional prohibiera y condenara el psicoanálisis en este asunto. La Escuela respondió a ello organizando un lobby de diputados a quienes llamamos a votar en contra de esta resolución, escribiendo textos publicados en un blog especial y pidiendo ser escuchados por una comisión de la asamblea. Al final, esta resolución fue rechazada. Una vez más, pudimos ver que el psicoanalista ya no puede confinarse en su consultorio. Debe salir y mezclarse con lo que Freud ha llamado “malestar en la civilización”. En cierto modo, es un nuevo tipo de clínica, la clínica de la civilización.

Si menciono este primer “combate” que tuvimos que realizar este año, es por lo que dijo Jacques Alain Miller al final de una reunión abierta de los miembros de la Escuela. Considero lo que dijo como una especie de sesión de supervisión colectiva de nuestro acto de médicos clínicos ante el malestar en la civilización. La sugerencia de la resolución del diputado Fasquelle creó mucha emoción en la Escuela, dijo. Era una posición de víctima, agregó. Nos invitó a calcular nuestro acto basado en una lectura calmada psicoanalítica, de los acontecimientos, que consiste en decir:

1-. Que se trata de un ataque contra el psicoanálisis que tiene lugar en un área muy limitada, la del autismo (a matizar).

2-. Que lo peor para el psicoanálisis no es la transferencia negativa que provoca, sino cuando hay indiferencia hacia él. El psicoanálisis está en peligro sólo cuando la gente ya no habla en absoluto sobre él. Pero una transferencia negativa es todavía transferencia, así que no debemos estar tan disgustados.

3-. El psicoanálisis participó en el establecimiento del mundo tal como lo encontramos hoy. Participó en la “transformación de los significantes del mundo en un semblante”, como dijo (algoritmos). En otras palabras, desempeñó un papel decisivo en la denuncia de la impostura paterna que condujo a la caída del padre tal como la vivimos hoy para lo mejor y para lo peor. Solo que, una vez que ha lanzado este movimiento, se ha convertido en un Golem o, si lo prefieren, en un robot que ya no obedece a su creador (psicoanálisis) y hace lo que quiere. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una víctima de lo que estamos viviendo.

¿Cómo podemos entender este tercer punto? Esto es simplemente una manera de decir que el psicoanálisis es un discurso, y como tal crea la dimensión del semblante. Así, la idea de que el complejo de Edipo es el modo normal de funcionamiento del ser humano, de que el mundo está ordenado según el complejo de Edipo, es un semblante. Lo sabemos hoy más que nunca.

Sin embargo, como señaló Jacques-Alain Miller, de todos los discursos, el psicoanálisis es el único que reconoce, denuncia e incluso deconstruye su propio semblante, precisamente como un esfuerzo por producir “un discurso que no sería un semblante”. Freud fue el primero en hacerlo. Puede leerse, por ejemplo, en su observación al final del caso de Schreber cuando escribe que no es imposible que la teoría psicoanalítica sea una ilusión.

Por lo tanto, Jacques-Alain Miller nos invitó a no caer en el error de la revolución, sino a adoptar una posición de subversión. Debemos distinguir estas dos posiciones. Ustedes saben que Lacan enfatiza más bien la resistencia al cambio que está incluida en cualquier revolución. Se escucha en lo que responde a los alumnos de la universidad de Vincennes justo después de los acontecimientos de mayo de 1968 (es en 1969) durante una reunión con ellos. Pueden leerlo en un apéndice al final del Seminario XVII bajo el título: Analyticon. Lacan se enfrenta a estudiantes provocadores, orgullosos de ser ignorantes, sin vergüenza, uno de ellos desnudándose durante la sesión. Así, les dice: “Como revolucionarios, aspiran a tener un amo, ustedes conseguirán uno”. Así, la revolución no es un verdadero llamamiento al cambio. Está atrapada en el discurso del amo contra el cual se levanta.

Esto no es sólo una declaración política de Lacan. Él hace la misma observación en el campo del conocimiento científico. Por ejemplo, la revolución copernicana puso el sol en el centro del universo, en el lugar de la tierra. Pero, de hecho, sólo reemplaza un elemento central por otro, mientras que los otros elementos astrales siguen girando alrededor del centro a lo largo de una trayectoria en un círculo perfecto. De alguna manera, es el reemplazo de un S1 por otro S1, sin cambiar la estructura. Podemos leer aquí una crítica dirigida a Freud por haber dejado el psicoanálisis bajo la égida del padre, mientras que Lacan trata de defender un psicoanálisis que no será simplemente un desplazamiento de elementos en una estructura que no cambie, sino una modificación de la estructura en sí misma.

La verdadera revolución ocurre con la ciencia. Con Newton y su algoritmo de gravedad que describe la fuerza de atracción de la tierra, la ley del padre, garante del significado, es reemplazada por un conocimiento, una verdad científica y fuera de sentido, que está inscrito en lo real y descubierto por El Científico. Aquí, podemos decir que la estructura cambia. Ya no es una sustitución de un S1 por otro. De hecho, el S1 como tal desaparece y en su lugar, aparece la fórmula matemática científica, como un conocimiento en lo real, que organiza el mundo. Por lo tanto, en algunas circunstancias hay revoluciones efectivas, y eso es lo que busca el psicoanálisis. El psicoanálisis no busca sustituir un S1 por otro S1. Busca aflojar, liberar [ desserer ] la relación con el S1, a la identificación y al ideal como tal. Eso es lo que Jacques-Alain Miller llamó en su texto la “decencia común” de l’oumma, “mi lucha contra el ángel de la debilidad humana”[2] . Por lo tanto, no es una lucha contra los S1 o ideales, sino contra la relación absoluta de fidelidad a ellos.

¿Cómo comienza una revolución?
Sin embargo, una revolución comienza con un movimiento pulsional, con la presencia del objeto. En su punto de partida, la presencia del objeto es muy sensible. Esto es lo que llamamos una revuelta, o una rebelión. Un texto de Jacques-Alain Miller “¿Cómo rebelarse?” nos permite decir que es al principio un fenómeno experimentado en el cuerpo. Tiene el estatus de un brote, una aparición de algo inesperado, como la formación del inconsciente, el deslizamiento de la lengua o el sueño, salvo que en esta aparición repentina el objeto está muy presente, como en la ira. La revuelta resulta de un encuentro con un imposible de llevar. Es del registro de una emoción. No es liberador. Por el contrario, para el sujeto es algo que recae sobre él y hace un llamamiento a una especie de sacrificio propio. Está desarticulado del conocimiento. Por otra parte, la subversión, que es una empresa a largo plazo, requiere un conocimiento del orden de ser derrocado. Implica un esfuerzo de estudiar en vez de un impulso. Habiendo aislado su propio imposible de soportar, el psicoanalista se aleja de lo intolerable. Sabe que su propio goce, su propia fantasía, forman parte de su revuelta. Entonces puede rebelarse de la manera correcta, reconociendo la reversibilidad y la relatividad de lo imposible de soportar. De este modo, evita las trampas [écuils] del retorno de lo mismo, simplemente sustituir un amo por otro.
 
Yo diría que cuando la rebelión se establece a largo plazo, cuando se convierte en social, cuando se comparte con una comunidad, puede convertirse en un movimiento revolucionario eficaz. Más que una emoción eruptiva, la revolución es entonces un cálculo. En ese momento, lo que ha sido un brote momentáneo y eruptivo se convierte en un síntoma que sigue un programa.

El psicoanálisis toma la iniciativa de interferir en la política
Ahora llegamos a la última lucha que experimentamos, que es una experiencia de una revuelta convirtiéndose en una revolución efectiva. Mientras que los ataques al psicoanálisis que describí anteriormente tuvieron lugar, otro fenómeno político estaba progresando. No le prestamos mucha atención. Estoy hablando del surgimiento del movimiento de la extrema derecha. Esto nos llevó a un nuevo tipo de lucha, que nunca se había visto antes en el psicoanálisis.

El punto de partida es el testimonio de Jacques-Alain Miller en el instante de ver [l’instant de voir], un peligro real de un acceso al poder por la extrema derecha en las recientes elecciones presidenciales en Francia. Este momento fue seguido, con cierta prisa, por el tiempo de comprender [temps pour comprendre] y el momento de concluir [moment de conclure], en la forma de los 23 foros, que tuvieron lugar en toda Francia y en Bélgica. También ha dado lugar a la creación de publicaciones electrónicas con muchos textos escritos diariamente, como respuesta al uso de redes sociales por el Frente Nacional para “no demonizarse” a sí mismos.

Muy pronto se hizo evidente que esta campaña no podía terminar con las elecciones presidenciales. El 12 de abril, Jacques-Alain Miller indicó la necesidad de dar seguimiento a la campaña con “una organización radicalmente descentralizada, flexible, capaz de perpetuar y extender las alianzas que se han anudado en el contexto de los Foros”. 

Esta presencia del psicoanálisis en la política no sólo es necesaria para iluminar el campo que no vio venir el peligro de Le Pen, sino también para perpetuar la existencia del psicoanálisis como tal. Posteriormente, a través de diversos encuentros directos y virtuales en Europa y en todo el mundo, quedó igualmente claro que los grupos políticos de la orientación lacaniana también deberían crearse fuera de Francia. Así, se creó “La movida Zadig” (Zero Abjection Democratic International Group). Una red de múltiples grupos que tendrán como objetivo dar una dirección a la continuación de la campaña.

Este movimiento se crea junto a la Escuela. No es de la Escuela. Su principal principio de orientación es la brecha abierta en el discurso del Amo. La afiliación a “La movida Zadig” no requiere otro compromiso que el de no ser miembro de un partido político. Esto es para asegurar que cada miembro tenga la posibilidad de orientarse en términos de su propia “luz interior” – una expresión elaborada por Simone Weil en el texto del cual se reproducen extractos extensos en el folleto “La movida Zadig” No.1.

Las nuevas redes que se están creando en la actualidad no son fruto de un programa preconcebido derivado de una ideología, sino de una serie de encuentros y sucesos contingentes. Los significantes se acumulan, colocados uno junto a los otros según estos giros y vueltas. Es un enjambre, un conjunto abierto y repleto de significantes que proliferan,  se suceden, se superponen mutuamente, se sustituyen, se actualizan mutuamente. Así, esta estructura responde a la observación de Jacques-Alain Miller sobre el mundo feminizado en el que vivimos. “Otro discurso está en el proceso de suplantar al antiguo. La innovación en el lugar de la tradición. La red en lugar de la jerarquía. El atractivo del futuro supera el peso del pasado. Lo femenino tiene precedencia sobre lo masculino”.

Pero la ausencia de un programa preconcebido no impide que estas redes se organicen en una estructura que las haga muy eficaces, salvo que esta estructura no está regulada por la ley del padre. Es metonímica en lugar de metafórica, horizontal en lugar de vertical. Una lógica subtiende su desarrollo, el de la creación de una red como respuesta a una cascada de colisiones con lo real.

Esta segunda batalla en la que estuvimos involucrados este año, contra el surgimiento de la extrema derecha, el populismo y los enemigos de la humanidad, ya no es del registro de una revuelta o una subversión contra el amo. Es más bien una interferencia en los asuntos del amo. Es un poco como la tesis de Hans Jonas en su artículo “El concepto de Dios después de Auschwitz”. Dios falló en Auschwitz. Sin embargo, no se trata de no creer en él. Pero él debe ser ayudado a manejar el mundo. Es una versión de “prescindir del padre a condición de usarlo”. Es una participación efectiva de los analistas en el mundo político. Salvo que esta es una forma de participación que se destaca [qui sort du lot]. Como dije, los nuevos grupos que Jacques-Alain Miller propuso construir son diferentes de los partidos políticos organizados en torno a un solo ideal que hace Uno. Este principio ya está en palabras que Lacan le dice a J.-A. Miller cuando éste se está preparando para la revolución. Le habla de una nueva forma de revolución que sería privilegiada, es decir, aunque sea compartida con otros, conserva su carácter original de síntoma singular (véase el folleto “La Movida Zadig”).

Esta fuerte intervención en la vida política es una tarea del psicoanálisis. Sin embargo, está tomando un nuevo giro. Desde el 1 de marzo de este año, la fecha que Jacques-Alain Miller llama “el instante de ver”, el psicoanálisis ha dejado definitivamente de ser un observatorio de los descontentos de la civilización para convertirse en un actor efectivo e influyente en la política. Está involucrado en las preguntas que surgen en el mundo a la manera del clínico que forma parte del síntoma del analizante. En cierto modo, es una nueva clínica que nace ante nuestros ojos de una manera fuerte: una clínica política.

Una vez más, el psicoanálisis no es simplemente un discurso adicional en la serie de discursos que intervienen y comentan los acontecimientos políticos. Es en esencia un discurso excepcional que hace un agujero e ilumina al mismo tiempo los otros discursos. Uno debe estar orientado por el psicoanálisis, para reconocer que toda causa política, sea cual sea el tamaño del grupo que la defiende, parte de una revuelta de un sujeto singular que encuentra resonancias en otros temas. Para un psicoanalista, este origen del deseo iniciador revelado en un momento dado no se borra en el paso de la revuelta a la revolución (o subversión). Si, como hemos visto, la revuelta es un acontecimiento íntimo para un sujeto, cuando se elabora para convertirse en una revolución, entra en el dominio del público reuniendo un grupo alrededor de este singular acontecimiento. Así, en sorprendentes palabras dirigidas a Jacques-Alain Miller, Lacan reintrodujo en la revolución, que está en el dominio de lo “popular”, la revuelta en tanto que es de los registros de lo privado, es decir de lo “privilegiado”.

Un sujeto que se involucra en un movimiento político, por lo tanto, pone en juego su síntoma y/o su fantasía al servicio de una causa común. A través de este síntoma y de esta fantasía, es su propio real, un real del que tiene el privilegio, que se pone en juego. Síntoma y fantasía juegan aquí su papel de una manera distinta. El síntoma como un saber hacer. Pero en su esencia misma, lleva en sí una rebelión del sujeto contra sus propios ideales. Así, confiere al sujeto la fuerza de su posición de revuelta. La fantasía es una herramienta de acción revolucionaria si el sujeto está a la distancia correcta de ella, a saber, que no es un títere de su fantasía sino más bien su amo. “Esta fantasía (de heroísmo) que tengo, no me posee”, dice Jacques-Alain Miller.

Por lo tanto, la revolución psicoanalítica tiene esta curiosa característica de no ser una lucha por la justicia distributiva. Al preservar el lugar privilegiado de quien lleva su deseo, al no borrar su enunciación a favor de una enunciación común, abre el camino para que otros rebeldes se unan singularmente a la “revolución”, a saber, a una acción que conduce a lo nuevo. Como resultado, es necesario distinguir un partido político de un grupo de psicoanalistas, por lo que Jacques-Alain Miller nos invitó a inspirarnos en Simone Weil y crear un grupo en el que cada miembro esté orientado por una fidelidad exclusiva a su propia luz interior, es decir, a su forma de pensar las cosas y no a una autoridad externa o un ideal común y consensuado.

¿Por qué la política necesita ser iluminada por el psicoanálisis?

1- Porque el psicoanálisis es la única manera de conectar la raíz del significante de la identificación con el real del goce. En un mundo donde los significantes se transformaron en un semblante, todo se hace relativo al significante y no al real. Lo vemos en nuestra práctica de salud mental, y más precisamente en la nueva versión del DSM, el DSM5. La reducción de este catálogo de enfermedades mentales se basó en el pasado en la búsqueda de trastornos mentales para los que había algún consenso entre “expertos”. Por lo tanto, hubo un consenso, pero también hubo diferentes teorías y orientaciones diferentes en él. Esa es la manera en que el psicoanálisis fue dejado de lado, excluyendo el diagnóstico de histeria del catálogo. Con el DSM 5, el catálogo se hizo completamente a-teórico. Lo que está en juego, es encontrar agrupaciones de datos sin hipótesis preliminar. Es como si el objeto medido pudiera hablar, más que eso, es como si quisiéramos que hablara mientras ningún sujeto pudiera hablar. Ni siquiera el sujeto de la ciencia. Es la misma lógica que describimos con respecto a los algoritmos: una singularidad tecnológica, que significa que es la tecnología quien habla y decide, y no un sujeto. Existe una práctica política equivalente: decidir, empezando por las estadísticas. En “Ciencia y Verdad” Lacan habló de “reintroducir el Nombre del Padre en consideraciones científicas”. No exageremos. No tenemos la idea de que uno pueda reintroducir el Nombre del Padre en nuestra cultura sin ser violento. Es una ética fundamentalista. Pero al sostener el síntoma de cada sujeto, el psicoanálisis ancla a cada parlêtre a su goce. Es también una manera de conectar sus significantes de identificaciones con su goce. Precisamente porque el psicoanálisis participó en la transformación del mundo en un semblante, tiene el saber hacer para reconectar lo imaginario y lo simbólico con lo real.
 
2-. Porque el psicoanálisis es el único discurso que tiene como objetivo el desvelar lo real. La misma relatividad del significante del mundo transformado en semblante crea una gran distancia respecto a lo real. No es por casualidad que un psicoanalista tuvo el “instante de ver” que le permitió despertarnos a todos nosotros. Aceptamos sin escándalo la des-demonización [dé-diabolisation] del Frente Nacional. De hecho, el discurso populista de la FN fue muy hábil. Prestaron atención a seguir siendo políticamente correctos. No usaban terminología antisemita, llevaban la protesta popular sobre las crisis financieras, el discurso sobre la necesidad de limitar la migración parecía razonable a muchos jóvenes. Lo mismo ocurrió con el discurso de seguridad en tiempo de ataque terrorista. La voluntad de salir de la Unión Europea también parecía legítima. Esto escondió muy bien lo real en juego, a saber, que lo que está en juego es el discurso de lo que Lacan llamó los enemigos de la humanidad, es decir, un discurso fascista e incluso nazi. A partir de ese momento, fue posible una operación contra-discursiva de re-demonización [re-diabolisation]. Los partidos políticos estaban durmiendo como un sujeto obsesivo. Pero para nosotros, era una necesidad, porque no hay psicoanálisis posible bajo un régimen dictatorial. Para que el psicoanálisis exista, no sólo se necesita libertad de expresión, sino también la posibilidad de ironías, de hacer sátira, etc. Es la posibilidad de aflojar la identificación.
 
3-. Porque los psicoanalistas son los únicos capaces de crear bases colectivas y la lógica del sujeto y no del individuo. Jacques-Alain Miller habló hace algunos años de la Escuela como sujeto. Este grupo es diferente del grupo freudiano, del cual el ejército y la Iglesia son los ejemplos que da. El grupo freudiano se organiza alrededor de un ideal que une un ideal y un objeto, y excluye a todos los que no están inscritos bajo este ideal. Es un grupo que apunta y trabaja para su mantenimiento tal y como es, y tiene una tendencia a estar inmóvil. Esto es lo que sucedió con los partidos tradicionales en Francia, tanto desde el lado derecho del mapa político como desde el lado izquierdo. Un grupo psicoanalítico es una amplia conversación permanente. El sujeto de este colectivo está cambiando todo el tiempo ya que es el resultado de un algoritmo psicoanalítico, el de la articulación del significante que tiene al sujeto como un efecto. “La Movida Zadig” muestra eso en acción.

4-. Porque el psicoanálisis tiene afinidad con momentos de crisis. En estos momentos, el psicoanálisis da lugar a lo nuevo en lugar de querer reestablecer de nuevo la tradición (matrimonio para todos).

5-. Porque predice el futuro de una manera diferente al algoritmo, siguiendo la lógica del significante y considerando la contingencia de lo real.

6-. Porque libera al político de querer lograr una armonía perfecta, diciendo que el hombre está compuesto de elementos separados que no pueden ser reunidos en un “Uno”.

Notas:

[1] Este texto fue presentado en el lanzamiento del Laboratorio de Política Lacaniana en Londres el 8 de julio de 2017. Tomado de https://giep-nls.blogspot.com.es/2017/08/why-does-politics-need-to-be_23.html
[2] http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2015/02/LQ-474.pdf


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