4 de septiembre de 2014

Eva-Lilith. Boletín de las VIII Jornadas de la NEL. María Hortensia Cárdenas, Martha Carolina Forero, Angela Fischer.


Boletín Eva-Lilith (selección, 15, 16 y 17)

El padre y el cuerpo en la neurosis, por
María Hortensia Cárdenas

El neurótico se amolda y se habitúa a su síntoma para poder vivir sin mayor incomodidad aunque sufra y se lamente. Resulta paradójico pero él es feliz con su síntoma. Hasta que llegue el momento en que, a causa de una contingencia, le resulte insoportable, ocasión en la que podrá demandar ayuda.[1]

El neurótico está dedicado a responder y a entregarse a la exigencia superyoica del goce. Las ficciones alrededor de las cuales se ha identificado y se ha hecho un ser se sostienen en la creencia de la verdad y en el Nombre del Padre que es garante del deseo y del ser.

Pero podemos preguntarnos si la neurosis nos sigue enseñando sobre un modo de relacionarse con el síntoma y el Edipo; si el padre sirve aún hoy como un recurso para resolver el goce por el sentido, como antes, cuando el síntoma parecía hablar de un sentido fálico dado al goce, de un sentido construido vía la metáfora paterna.

El síntoma freudiano, partiendo de la histeria y sus diferentes modalidades neuróticas que incluyen al obsesivo,[2] nos enseñó que el síntoma comporta un sentido sexual, que el cuerpo habla por efecto del lenguaje sobre el cuerpo. El sentido del síntoma giraba alrededor del padre. En el síntoma histérico: organizado alrededor del amor al padre y a la identificación a su síntoma. En la neurosis obsesiva: el amor al padre convertido en odio produce el drama del obsesivo y verifica la agresividad edípica del sujeto.

La neurosis se presenta hoy más vinculada a una satisfacción directa, a un goce desregulado en el que los cuerpos hablan pero sin articularse al inconsciente, sin mayor afán por descifrar el sentido del síntoma. Los síntomas se presentan anclados más en lo real, a un rasgo que se repite y no dice nada a nadie, solo dan cuenta de un modo de satisfacción. Por eso el abordaje de la neurosis se topa con una barrera cuando se intenta limitarlo por el Edipo y el padre. La lectura edípica no puede dar cuenta de la sexualidad.

La producción de la neurosis en el análisis –enseña Lacan en el Seminario 19–, "solo es alcanzable en la medida en que la acción de los padres se articula justamente por la posición del analista".[3] Hacer surgir los significantes primordiales es la operación analítica. Solo así se puede constituir en la operación analítica un modelo de la neurosis que podría acabar con la reproducción vana del goce.

El cuerpo parece hablar de un goce por fuera del sentido, que excede al falo, más próximo a un efecto de lalengua sobre el cuerpo. La práctica psicoanalítica estará menos orientada por el sentido –no basta con la palabra del sujeto–. Lacan dirá que el sentido es flojo, hace de tapón y no llega lejos.[4] Se trataría de un forzamiento para hacer sonar otra cosa que el sentido al dejarnos guiar más por la forma de satisfacción del cuerpo como soporte del goce. La intervención analítica apuntaría más a "eso que se goza". Pero sin que esto implique que no se pase por las ficciones y el fantasma haciendo un cortocircuito. Es un recorrido que se inicia por el sentido para alcanzar lo real. Nos servimos del padre a condición de prescindir de él.

La práctica psicoanalítica orientada por lo real a partir del No hay relación sexual y Hay de lo Uno, de un goce singular que se revela como puro acontecimiento de cuerpo para todo ser hablante, será abordada por el lado del goce femenino, indecible e imposible, para arribar así al estatuto del goce singular que queda opaco al sentido y que constituye el pivote irreductible de un análisis.


Notas:
1-. Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 48.
2-. Ibíd., p. 75.
3-. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 149-150.
4-. Lacan, J., Seminario 24, "L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre", clase del 19 de abril de 1977, inédito.



La fraternidad del cuerpo y el goce femenino, por
Martha Carolina Forero

Eric Laurent[1] en su texto "Racismo 2.0" nos invita a analizar las nuevas formas de segregación que aparecen en cada uno de nuestros contextos y que corresponden a la advertencia de Lacan[2] en el Seminario ...o peor, en relación al establecimiento de "comunidades de hermanos", que ante la ausencia del Padre y el desfallecimiento de su ley se guiarían por lo real del cuerpo. Todo esto con serias consecuencias en las formas de goce un goce extraviado, sin brújula que abre la puerta, de acuerdo a Laurent, a la construcción de "fantasmas inéditos", en lo que Lacan describe como una segregación basada en la idolatría al cuerpo, como un nuevo referente, como una nueva religión.

Y de esta idolatría al cuerpo, vemos casos que nos proponen repensar sobre lo que falla en el orden simbólico en el mundo contemporáneo. Un ejemplo que tenemos a la distancia de un click es la modelo ucraniana Valeria Lukyanova, conocida como la "Barbie humana", quien literalmente ha re-creado en su cuerpo a la famosa muñeca, pero no bastándole su imagen en el espejo o más bien en las pantallas, va más allá: ahora transforma a otros…, inicia a dar consejos de estética, no solo de nutrición y belleza, sino en torno a lo que considera el "matrimonio ideal: no inter-racial, para garantizar la belleza de las razas puras y con ello evitar el necesitar demasiadas cirugías". Una versión particular de la propuesta nazi, pero no menos aterradora.

Para Lacan lo que origina la segregación del otro, es el rechazo de formas de goce distintas. Se segrega al que goza diferente. Esto contrasta con el aumento de la oferta y la demanda en torno a construir cuerpos perfectos, hoy se puede comprar desde la nariz de moda, la cintura de moda, hasta cambiar el color de cualquier parte del cuerpo ¿Pero para qué quiere el sujeto contemporáneo un nuevo cuerpo?

El tiempo de hoy es el de la lógica del capitalismo, donde el Otro no existe y es la ciencia la que impone al sujeto nuevas formas de gozar, de gozar sin límites y de acuerdo a sus leyes, no de la religión, sino del mercado. Juan Fernando Pérez[3] en "Acting out, Síntoma y angustia" nos acerca a los síntomas que surgen en "este supermercado interminable que es la ciudad de hoy y en las cuales se reducen las posibilidades para el vínculo afectivo..."

¿Qué está haciendo el sujeto contemporáneo ante tal dificultad para establecer vínculos? ¿Qué vende el mercado de la ciencia para velar la no relación sexual?

Los cuerpos de hoy, literalmente cortados por la misma tijera, pudieran representar este empuje a gozar de esta feminización de la estética de los cuerpos, pero a la vez denuncian el establecimiento de fundamentalismos en torno al tipo de cuerpo que La mujer debe tener. Efectivamente podemos observar cómo en la clínica se ve cada vez más un sin límite en relación a esta búsqueda, donde ante la ausencia de un significante que ponga el freno a la metonimia, el sujeto se pierde por una ruta que consume tanto al cuerpo como al sujeto mismo.

La tarea del analista está en permitir a cada sujeto, que en su extravío pueda ubicar desde dónde hace la demanda de transformar su cuerpo, que participe, como nos dice Bassols[4], frente a este aparente exceso de "feminidad" y pueda encontrarse con su división, para que se interrogue ese semblante que vela lo que de femenino no hay cómo atrapar.

Notas:
1-. Laurent, E. (2014) Racismo 2.0, en Telam. Bs.As.
2-. Lacan, J. (1971-1972) …o peor. Paidós. Bs.As pag. 230-231
3-. Pérez, J-F. (2007). Acting out, Síntoma y angustia. En Vitualia #16
4-. Bassols, M Cors, R (2014) Respuestas a Eva-Lilith. Boletín de las VIII Jornadas de la Nel, N°1




Comentario a una cita de Lacan, por Angela Fischer

"Ese goce que se siente y del que nada se sabe ¿no es acaso lo que nos encamina hacia la ex-sistencia? ¿Y por qué no interpretar una faz del Otro, la faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce femenino?". Lacan, J., Seminario 20, Aun, Buenos Aires, Paidós, 1981. pp. 92-93.

Lacan en el Seminario 20, Aun, desarrolla -la no relación sexual- a partir de sus elaboraciones sobre la sexualidad femenina, sobre el goce femenino, que le permite afirmar -no hay relación sexual-, porque uno de los términos, -la mujer- no hay cómo nombrar a la mujer sin que se la mal-diga, es decir que solo se la puede nombrar desde el lado masculino, del lado fálico, por lo tanto se la mal-dice .

Lacan, al situar como ejemplo del goce no todo, no todo articulado a lo fálico a la experiencia de goce de los místicos, dirá la mayoría mujeres pero no todas, como es el caso de San Juan de la Cruz, Lacan está tratando de encontrar una lógica, para poder dar cuenta de este goce que se siente y del que nada se sabe, que no se sepa no significa que no se presente, como se aprecia en la experiencia de estos místicos. Lo que podemos resaltar en relación al tema de nuestras Jornadas, es que la experiencia mística evidencia un Otro como radicalmente Otro en el goce femenino. Y como muy bien señala M. Barros al respecto del goce místico, dice "Una instancia que es extima al universo de los dichos, porque su esencia reside en ser una pura enunciación y no en el valor de su enunciado. Es a eso a lo que Lacan se refiere varias veces en aun cada vez que habla de la ex -sistencia. El goce de una mujer se soporta en la fuente de la que brota la palabra en acto."

La mujer tiene distintos modos de abordar el falo "…el ser no toda en la función fálica no quiere decir que no lo este del todo. No es verdad que no este del todo. Esta de lleno allí. Pero hay algo más", Lacan, Seminario 20.

Hay para una mujer algo más, algo más allá de ese lugar de objeto a por el que es tomada según el fantasma de su pareja, algo que aloja su ser femenino y lo cual el hombre debe consentir, aceptar que sea Otra radicalmente extranjera para él. Es esta dimensión que se aprecia en la experiencia mística, "esa palabra que viene del Otro que nos hace gozar porque incide en nuestro cuerpo " M. Barros.

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