21 de octubre de 2014

Crónica: Los poderes de la palabra*, de Andrés Borderías (NUCEP), por Miguel Ángel Alonso




Andrés Borderías, miembro de la ELP y de la AMP, fue el encargado de dictar la segunda conferencia del ciclo ¿Qué es el psicoanálisis Lacaniano? 

Comenzó su disertación estableciendo el lugar privilegiado de la palabra, en tanto revela su potencia para curar, enfermar, marcar un destino, etc., tal como se observa en la clínica de las diferentes estructuras clínicas. Es la palabra articulada al deseo, al goce, a la enunciación, es decir, al modo particular en que es acogida por cada sujeto. 

Cuestión central para el discurso psicoanalítico, pues en su concepción de la estructura subjetiva y del síntoma, establece la articulación de esa palabra -sustentadora del orden simbólico- con el cuerpo y la subjetividad. Premisas que sirvieron para que el conferenciante desplegara la posición de Sigmund Freud en relación al poder de esa palabra, un aspecto, sin duda, problemático. Pues en contraposición a la conducta normalizadora de otros estamentos clínicos en relación a la palabra y al sujeto que la sostiene, identificándose con el lugar del saber acerca del sufrimiento subjetivo, Sigmund Freud consideró que existía una “causalidad y una determinación inconsciente del síntoma”, de tal manera que quien ostentaba el saber era el propio paciente. Es decir, el mismo paciente debía de responsabilizarse de elucidar y descifrar su propio padecimiento para posibilitar un nuevo destino subjetivo. Ese sería el modo en que el sujeto puede encontrar, con la ayuda de la interpretación, una articulación nueva con la palabra, “respetuosa con su propia verdad” como sujeto hablante.

Para sustentar estas hipótesis, Borderías desarrolló uno de los casos más conocidos de la clínica freudiana, el de Isabel de R. Relató los síntomas histéricos que aquejaban a la paciente, destacando, precisamente, la posición de Freud frente al relato de la paciente, preocupándose por que ella recordase la “impresión psíquica a que se anudó la génesis primera” de los síntomas corporales, exhortándole a que comunicase todo lo que se le ocurriera al respecto. De esta manera estaba poniendo en juego la “causa ausente”, “un saber no sabido”. Vemos el uso que hace Freud del poder de la palabra, responsabilizando a la analizante del encuentro con la causa a través del despliegue de la asociación libre y abriendo la dimensión inconsciente.

Mostró en este desarrollo la estructura verbal del síntoma, las traducciones significantes del mismo, las metáforas como símbolos de sus pensamientos dolorosos, es decir, particularidades del recorrido clínico que permitieron el alivio del dolor por el ejercicio de la palabra.

La investigación freudiana fue más allá de lo que proponían estos primeros casos, pues además de la cuestión del sentido descubierto en el desciframiento del síntoma, Freud descubrió que “el síntoma tiene como función operar como una manera particular de defensa ante lo real, el goce del cuerpo, la muerte y la castración”. En palabras de Andrés Borderías, el análisis del sujeto no va a transcurrir en la búsqueda de sentido a través de una conversación entre dos personas, “sino como la experiencia de elucidación de la significación coagulada para un sujeto en sus síntomas. Por eso el analista se retira de la escena, dejando al sujeto sin un interlocutor que le despiste de esa dimensión velada, su vínculo y determinación por el Otro que le corresponde”.

Se relativizó, entonces, el poder de la palabra, dado que los síntomas escondían el fantasma del sujeto y su núcleo libidinal, pulsional. Estructura que implica que el síntoma no sea tan fácil de dilucidar, sino que insiste y repite alojándose en el escenario de la transferencia, lugar donde se establece una tensión entre el saber y el goce, cuestión que el analista ha de saber manejar para facilitar al analizante un cambio de su destino localizando el goce opaco del síntoma.

Se repasaron luego estas cuestiones a la luz de la enseñanza de Jacques Lacan, su etapa estructuralista mostrando la lógica del síntoma a partir de los aportes de la lingüística moderna, etapa en la que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje. Quedaron apuntadas diferentes modalidades de interpretación, la puntuación de la cadena significante, el corte del relato, la alusión, la cita, el equívoco, etc. Pero como oposición a la cuestión estructuralista, Borderías resaltó también la dimensión no dialéctica de la palabra, el “gocesentido que penetra el cuerpo”, señalando, de esta manera, lo real en lo simbólico. El poder de la palabra, entonces, radicaría más en el goce que alcanza el cuerpo del parlêtre, de todo lo cual expuso un ejemplo clínico para ilustrar la cuestión.



* CICLO DE CONFERENCIAS: INTRODUCCIÓN A LA ORIENTACIÓN LACANIANA (Nucep-Madrid 2014). ¿QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS LACANIANO?

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