31 de octubre de 2014

TIRESIAS, publicación de las 13ª Jornadas de la ELP. Elecciones del sexo. Vicente Palomera, Gabriela Galarraga, Isabel Alonso, Mercedes De Francisco.


Freud, 1908: “no hay relación sexual”, por Vicente Palomera
 
En Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908), Freud describe que el fantasma inconsciente resulta de la soldadura de dos elementos heterogéneos: de algo que concierne al autoerotismo, al goce del cuerpo propio (goce de una de las zonas erógenas) y, de otro lado, las representaciones de deseo, ligadas al amor del objeto. El fantasma no es más que esa soldadura de un goce que no concierne al Otro –goce autoerótico– y el amor de objeto. En un análisis descubrimos que el goce que se descifra en los síntomas es siempre “heterogéneo” a los vínculos de amor.
 
De todo esto se constata la existencia una carencia en el inconsciente mismo, a saber, que el lenguaje con todos sus significantes nunca logra inscribir del todo el goce sexual.
 
Hay en lo simbólico un agujero que se manifiesta clínicamente de un modo preciso y patético a la vez. En efecto, los seres hablantes se interrogan sobre su llegada al mundo y preguntan a sus ascendentes sobre su existencia: “¿por qué me has hecho nacer?” Una pregunta que no encuentra respuesta en lo simbólico. Freud lo descubre de un modo preciso al señalar que, en todos los niños, en un momento de su existencia, se produce una especie de obsesión alrededor de la pregunta: ¿de donde vienen los niños? No es el único fenómeno que permite darnos cuenta de que el ser viviente no está inscrito en lo simbólico, también lo constatamos al nivel sexual, cuando vemos que el primer encuentro del niño con el goce generalmente produce un shock, ya se trate, en el varón, de las primeras erecciones o la constatación de la diferencia de sexos; o, en la niña, en el encuentro con la diferencia de los sexos, de los primeros descubrimientos sobre el órgano masculino. Estos encuentros tienen lugar de modo discontinuo, desencadenando una fuerte actividad de pensar, es decir, intentando metabolizar en lo simbólico aquello que el sujeto encontró. 
 
También en 1908, en su artículo sobre “Las teorías sexuales infantiles”, Freud explica este proceso y dice que el discurso que se le transmite a un niño, cuando se trata de dar cuenta de la existencia y del sexo, es tan vacío y carente, que el niño se ve obligado –a la edad de cinco o seis años- a transformarse en un inventor. Las “teorías sexuales infantiles” son invenciones realizadas a partir de lo que el niño o la niña no saben y también sobre lo que no se les dice.
 
Freud nos da una tesis sobre la invención: cuando el niño o la niña no sabe lo que ocurre entre un hombre y una mujer, en la cama, inventa una ficción. Ahora bien, no lo hacen a partir de nada. Freud observa que los niños inventan una ficción a partir de un goce que ya conocen. En efecto, los niños que ya han experimentado algunos goces, por ejemplo, orales o anales, inventan que entre un hombre y una mujer debe tener lugar algo a este nivel. Por tanto, las “teorías sexuales infantiles” están orientadas por sus pulsiones actuales cuando inventan sus teorías sexuales. La tesis de Freud es que el goce, ya se trate de la existencia o del sexo, no está inscrito en lo simbólico, es decir, no hay lenguaje alguno que responda allí.

En este sentido, se entiende la sorprendente fórmula que Jacques Lacan propone para traducir este descubrimiento de Freud: “No hay relación sexual”. Esta fórmula está escrita en singular. La frase requiere algunas explicaciones ya que evidentemente existe una relación con el sexo. Cada sujeto se refiere a la sexuación y, además, hay relaciones entre los hombres y las mujeres, es un hecho. Sin embargo, el “no hay relación sexual” significa que entre los hombres y las mujeres, existe una relación, un vínculo posible de amor y de deseo, pero al nivel del goce, incluso el goce de la relación sexual, no hay relación. Más que unir, el goce es siempre “autista” (siempre se goza solo e, incluso si se goza al mismo tiempo que el otro, no se goza del Otro y tampoco con el Otro).

Es cierto que el amor sueña con la fusión, el sueño de ser “una sola carne” con el otro, pero hay una evidente disyunción del amor y del goce. La fórmula “no hay relación sexual” se declina de modo diferente en cada una de las neurosis. El sujeto histérico, protesta contra el goce en nombre del amor, especialmente contra el goce masculino que no comparte. Por el contrario, el neurótico obsesivo, cautivado por un goce que no llega a olvidar, encuentra problemas con el amor. En cualquiera de los dos casos, se trata de formas distintas que muestran que entre el goce y el vínculo de amor y de palabra con el otro hay un verdadero hiato.



Referentes eróticos: Casanova, por Gabriela Galarraga

Giacomo Casanova fue una especie de librepensador del Siglo de las Luces, educado en un medio burgués, y con un extenso conocimiento del griego y latín, hablaba francés, hebreo, español e inglés. Obtuvo un doctorado en derecho, y tenía estudios teológicos, además de conocimientos en química, medicina, literatura, astrología, entre otras disciplinas. Pero si en algo sobresalía era en su espíritu aventurero, sus atributos viriles y en sus hazañas eróticas.

Las Memorias de Casanova, consisten en doce tomos de los que conocemos sólo formas abreviadas o fragmentadas. Las inaugura una aventura, en la que conoce a un joven y apuesta a que es una mujer, el “joven Bellido” se presenta con una prótesis para simular que era varón. Giacomo termina enamorándose de ella.

Jugador empedernido, disipa fortunas, recurre a préstamos y trampas, se arriesga siempre y lo único que no pierde son las ganas de volver a empezar. Así se comporta también con las mujeres. Cuando se enamora lo arriesga todo en sus despliegues eróticos: fortuna, seguridad y buen nombre. Se entrega sinceramente y ninguna se arrepiente de habérsele entregado, es más incluso unas empujan a otras, lo recomiendan.

En uno de sus mejores textos la Epístola de un licántropo, editado en 1773, se burla y desprecia a los que menoscaban las condiciones de la mujer o subestiman la sexualidad femenina. En sus Memorias se jacta de haberles hecho sentir la fuerza del sexo masculino y el que existía un hombre para quien nada importaba sino “ella”. Afirma “haber amado locamente a las mujeres” dándolo todo.

A los cuarenta años comienza su decadencia, al conocer una prostituta a la que le entrega todo, pero que no se deja tocar. Es la única que lo rechaza. No tenía en sus conquistas un afán acumulativo al estilo de Don Juan, nunca les mentía ni dejaba a su paso un rastro trágico. Más bien el se “esclaviza a la mujer más perfecta”. Su anhelo era el experimentar una forma de goce recíproco y consentido. ¿Hacer existir la relación sexual?


Invenciones, por Isabel Alonso
 
“El hombre, la mujer: a esto llamamos valores sexuales. Que al comienzo estén el hombre y la mujer es ante todo un asunto de lenguaje”[1] J. Lacan Seminario 19

Esta referencia del Seminario 19 corresponde al momento en el que J. Lacan abre una serie de caminos que desembocarán en nuevas elaboraciones teóricas. El motor de este giro, con tantas consecuencias para la experiencia analítica como nos señala Miller[2], fue lo que entrevió en el goce femenino.

Lacan dejará de lado sus primeras elaboraciones acerca de la sexuación, en las que de alguna manera seguía a Freud, aunque introduciendo otra lógica con la que se proponía salir del impasse freudiano (la de tener o ser el falo), para poder captar la disimetría de los sexos y llegar así posteriormente a plantear una disimetría de los goces en las posiciones sexuadas en el penúltimo tramo  de su enseñanza.

Es en el mismo capítulo del Seminario “…o peor” donde se encuentra la afirmación de Lacan “no sabemos qué son el hombre y la mujer”[3]. Al poner de relieve la dificultad para no saber de antemano acerca de las posiciones sexuadas, pone a trabajar esta cuestión. La feminidad y masculinidad van a ser las respuestas-invenciones singulares que cada  hablante-ser encuentra a lo enigmático de la sexualidad, ya que no hay un significante que dé cuenta de ello.

La feminidad y la masculinidad se juegan a través de la sexuación, mecanismo inconsciente que Lacan va tratar de discernir de otra manera a partir del escrito “El Atolondradicho” y de los Seminarios 19 y 20. Serán dos lógicas: la del todo fálico para los hombres y la del no-todo para las mujeres; con dos modos de goce: el goce fálico común a hombres y mujeres y el otro goce  más cercano a la posición femenina. Goce fálico, localizado, limitado, fuera del cuerpo y el Otro goce, ilimitado, sentido en el cuerpo pero que no cae bajo la lógica del significante, con una imposibilidad estructural para ser dicho, es un goce fuera de la égida de lo simbólico y, por tanto, fuera del inconsciente.

La sexuación es una operación que supone un más allá de la anatomía y pone de relieve la implicación subjetiva del ser hablante, en tanto es una respuesta-invención al no hay relación sexual.

Siguiendo a Lacan y la lectura que nos propone J.-A. Miller, en esta operación de la sexuación también está la percusión del significante sobre el cuerpo viviente, el efecto del choque de la lalengua sobre el organismo. La sexuación va a posibilitar hacer advenir a un sujeto como sexuado si se produce una escritura respecto a la castración leída como castración lenguaje[4]. De ahí que sea un asunto de lenguaje.

Todo sujeto se inscribe en la función fálica. Esta operación tiene función de castración. En su encuentro con la lalengua, el goce del cuerpo va a ser organizado por este encuentro, la percusión en el cuerpo tendrá dos efectos: parcializar el goce (los objetos a) y también exteriorizarlo con su pérdida, quedando ceñido a los bordes, erotizándolos.

Pero no todo el goce obedecerá a esta lógica, éste es el avance de Lacan cuando generaliza a todos los seres hablantes su idea del goce femenino y a esa parte del goce opaco del sinthome que marcó su acontecimiento de cuerpo en cada sujeto.

Es la castración entendida como una operación real del significante, que inscribe una marca de goce en el cuerpo, goce del hay Uno que no se puede significantizar y que se goza en el cuerpo. Es un goce que va más allá de lo fálico, es el goce opaco de cada hablante-ser ya sea hombre o sea mujer, es un modo de goce singular, como acontecimiento de cuerpo.

La sexuación es por tanto una operación real que va a dar lugar a una posición subjetiva que muestra lo singular de cada persona: una elección forzada en relación al falo, una invención, una asunción y un consentimiento a la posición sexual. Con un modo de goce fálico y un goce opaco que no es fálico, la sexuación supone una operación en  su relación al goce.

Nos queda por explorar las consecuencias clínicas  de estas elaboraciones en la experiencia analítica, y como abordar estos hablante-seres que parece que cuestionan esta lógica los llamados intersex y otras modalidades en auge, como las que nos mostraba, por ejemplo, la revista “S El País”[5] en uno de sus números de Junio.
Isabel Alonso Martín. ELP y AMP , Vigo.

Notas:
[1] Lacan J., Seminario XIX “o peor” 1971-72, Paidós, Buenos Aires 2012 pág. 38
[2] Miller J.A “ ¿Qué es lo Real”, Revista Freudiana nº 61, Brcelona 2011, pág. 9
[3] J.Lacan Ibid., pág. 38
[4] Miller J.-A., ibid, pág. 16
[5] Revista S El País, 14 de Junio de 2014

Sobre sexualidad hoy, por Mercedes De Francisco

 
1. Sexualidad, tecno-ciencia y capitalismo  

Como plantea J. Lacan de manera irónica, el psicoanálisis no logró inventar una nueva perversión, y nos preguntarnos si hay alguna nueva perversión en el terreno estricto de la sexualidad. Podríamos avanzar que no. 

Lo que si vemos es como la tecno-ciencia va incidiendo en los cuerpos, lo cual lleva a transformaciones que antes hubieran sido impensables. La posibilidad del cambio de sexo, los distintos avances en el campo de la reproducción, las nuevas tecnologías que permiten experiencias sexuales en el campo de lo virtual, afectan la relación de los sujetos con su sexualidad.

Los cuerpos han entrado a ser parte de la mercancía y es de ellos en su conjunto de los que se extrae riqueza. El poder a partir del S. XVIII comienza a centrarse en el terreno de la vida, siendo el cuerpo el elemento privilegiado de intervención. Tanto la salud del organismo, como la sexualidad entran a ser un factor de la política y del mercado.

La salud del cuerpo, que incluye la mental, la sexualidad, genera dividendos cada vez más jugosos. La pornografía, los juguetes sexuales, los fármacos que aumenten el placer, las intervenciones estéticas, junto a la industria de la reproducción asistida, producen excelentes ingresos.

Es Foucault quien nos muestra como el poder ha ido controlando la vida y los cuerpos y para ello, uno de sus vehículos privilegiados ha sido la sexualidad, con dispositivos psiquiátricos y psicológicos que han permitido promover un higienismo normativizante de la intimidad.

Es en medio de este cambio epocal donde el psicoanálisis hace su aparición. Aunque en Freud, aparecen una y otra vez los signos de la imposibilidad de normativizar la sexualidad humana, también están los ideales de los cuales Freud no se pudo desembarazar y a partir de los cuales los postfreudianos se aggiornaron a un ideal de madurez sexual, convirtiendo así su práctica en una reeducación muy afín con el proyecto que se iba perfilando.

La crítica a la IPA hecha por Lacan toma todo su valor. Si en Freud, había luces y sombras, valga la metáfora, parece que sus discípulos se quedaron del lado de las sombras. Promovieron una idea de salud psíquica y sexual afín a los intereses de la época y, como nos advierte J. Lacan, en “La dirección de la cura”, cargaron con el fardo de la madurez genital a los sujetos.

2-. Jacques Lacan frente a la deriva normativizante del psicoanálisis. El goce.

Frente a esta deriva del psicoanálisis, Jacques Lacan, a lo largo de su enseñanza y leyendo exhaustivamente a Freud va poniendo en primer plano la imposibilidad de la relación sexual como respuesta a este ejercicio del poder a través de los divanes. No nos es posible a los psicoanalistas lacanianos guiarnos por una idea higienista y normativizante de la sexualidad, cuando sabemos que es imposible ninguna proporción en términos de goce.

Lacan nos dice: “Lo que yo llamo goce en el sentido en el que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña”. Vemos aquí anudado el goce, el cuerpo y el gasto, tres elementos fundamentales que el poder intenta controlar y regular.

Es la experimentación del propio cuerpo lo que se define como goce y es en ello en lo que se intenta incidir a través de las ofertas porno-farmacológicas que el mercado ofrece. Se trata en todas ellas de mantener esa tensión en el cuerpo, de aumentarla. La drogadicción está también al servicio de ello. No debe ser casual que las drogas que proliferan en el mercado sean estimulantes, drogas que permiten estar toda la noche bailando sin parar, etc., ¿Por qué sería un problema esto? Los tratamiento cognitivos conductuales, basan su intervención en el circuito estímulo-respuesta. Beatriz Preciados nos habla del circuito excitación-frustración-excitación, la farmacología aplicada a la sexualidad.

Lacan en la última época de su enseñanza – cuyo comienzo marcamos siempre a partir del Seminario 20, Aún – comenzó a generalizar el goce, a positivizarlo, a considerar que se goza de cualquier manera, pues en el goce está comprometido el cuerpo. Pero hasta llegar aquí Lacan transitó el desarrollo freudiano que sostenía la lógica falo-castración como brújula de la sexualidad y que nos mantenía en esta polaridad del más y menos, de la actividad-pasividad como equivalentes a la masculino y lo femenino.

Es Lacan el que avanzando en la lectura de Freud va desembarazándose de esta lógica que lleva a un callejón sin salida, pues ¿que encuentra Freud y más tarde Lacan en su clínica, que se le presenta como obstáculo al avance de la cura para un sujeto? En la reacción terapéutica negativa Lacan supo ver un elemento que no era circunstancial, hay algo en los seres parlantes, sexuados y mortales que es incurable. El nombre de este incurable es el goce.

Jacques-Alain Miller en su último curso de orientación lacaniana, plantea que Lacan puede hablarnos del goce generalizado en los términos de acontecimiento en el cuerpo posteriormente a plantear la cuestión del goce femenino.

Esta última época en la enseñanza de Lacan nos muestra como la falicización del goce  es una estrategia de la lengua para llevar al olvido la imposibilidad de la relación sexual. Para tratar de dar una salida a este goce de los seres sexuados que no hace relación, que es en sí mismo autístico y que es imposible de gobernar, de educar y de psicoanalizar y que podríamos nombrar como la diferencia absoluta.

3-. ¿Qué lugar para el psicoanálisis?

La pregunta que a esta altura se me plantea, renovando la pregunta foucaultiana, es entonces que lugar para el psicoanálisis, si como he dicho antes se trata de la política y el poder interviniendo sobre los cuerpos.

Es la existencia de la diferencia que nos trae el cuerpo de la mujer en el mundo lo que hace que la proporción sexual sea imposible. Y el hecho del decir, de que hablemos, surge de esta imposibilidad, que a la vez olvidamos cuando hablamos.

La significación, el sentido se rigen por la lógica fálica, el significante privilegiado que es el falo “dominará” la significación, y las posiciones sexuadas tendrán como punto de referencia la relación al Significante fálico.

Quizás aquí vaya a contracorriente con ciertas lecturas que se hacen sobre la decadencia de lo fálico en esta época, cuando decimos el falo ya no es lo que era. Me atrevería a decir que más que nunca es lo que era, está entronizado por lo poderes, más allá de la cuota de mujeres que tengan que formar parte de un gobierno o partido político, aquí se trata solamente del género. La histeria es una de las grandes promotoras de esta lógica. Y se trata de una focalización del goce, de hacer de este goce un universal para todos. Los productos químicos y todos los juguetes sexuales están al servicio de ello e incluso en el best-seller 50 sombras de Grey se trata de esto, el objeto sexual más interesante de los que usa esta pareja es “la polla” de Christian.

El discurso capitalista, si podemos seguir llamándole discurso en sentido estricto, habría llevado al cenit al objeto a pero bajo su semblante fálico. Quizás esto que planteo resulte un poco raro, si se cree que lo fálico está al servicio de la relación y permite un resultado armónico. Tratar de que este sea el goce homogeneizante, no lo hace mas proclive al lazo, y es por ello que podemos encontrar la pornografía del portátil más extendida que nunca con la consecuente promoción del solipsismo masturbatorio y fálico.

El lazo entre los seres hablantes es el intento de hacer algo con este goce del cuerpo que no entra en sintonía con el goce del cuerpo del semejante. El lazo en un sentido estricto ha sido una suplencia. Una forma que los humanos se dan para hacer con el otro a pesar de esta diferencia absoluta, irremediable e incurable.

No hay una nueva práctica perversa en sentido estricto, lo que hay es un borramiento de la imposibilidad y por tanto de esta singularidad única que la existencia de cada uno supone en el mundo, a través de este goce singular que no puede homogeneizarse en un para todos.

Que ciertos movimientos de mujeres, consideren un signo de reivindicación de su sexualidad una masturbación filmada con un consolador muestra hasta que punto hombres y mujeres han quedado subsumidos en esta estrategia del poder del sistema.

Se trata en el psicoanálisis lacaniano de reconciliar al sujeto con su goce más singular que hace inigualable su existencia y que esto pueda ser usado a favor del lazo que es la única forma de tratar nuestro desamparo más radical. Es por ello que el psicoanálisis es subversivo y no revolucionario, porque trata con lo más radical e ingobernable de cada uno y no se propone como poder alternativo que lo lograría hacer gobernable.

*Este texto tiene como referencia el leído en las Jornadas de la AEN en Abril de 2013

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