3 de noviembre de 2017

Forum Europeo di Torino - Nuevas encarnaciones del deseo de democracia en Europa, por Éric Laurent




Nuevas encarnaciones del deseo 
de democracia en Europa
 
Éric Laurent

La democracia parlamentaria en Europa va a toda máquina. En todas partes elecciones, promesas de elecciones, referéndums, promesas de referéndums. De entrada, hay que señalar la diferencia de significación entre elecciones y referéndums, aunque tanto las unas como los otros formen parte del arsenal de Estado de derecho. En un caso se pone el acento en la representación de los electores, en el otro se destaca la voz del pueblo. ¿Consigue el Estado de derecho tratar las pasiones ardientes?

Europa y sus democracias representativas

Últimas peripecias. A finales de septiembre, en las elecciones alemanas, el AfD, partido identitario populista de extrema derecha, consiguió el 13% de votos. La jefe de Estado más poderosa del Europa, Angela Merkel, que partía como favorita, aunque ya con menos fuerzas tras tres mandatos, quedó paralizada. Se ha dado inicio a negociaciones que pueden durar meses. Alemania no tendrá gobierno antes de enero de 2018 y no se sabe bien qué acuerdo podrá alcanzar la coalición "Jamaica" –no basta con votar, hay que aplicar el resultado de las votaciones.

Al otro lado del mar del Norte, con al post-referéndum Brexit, las cosas no mejoran: "El tono entre Londres y Bruselas se pone agrio. Hace algunas semanas Europeos y Británicos todavía esperaban poder ratificar el paso a una segunda fase de negociaciones del Brexit, relativo a la "relación futura", en particular la comercial, con ocasión del Consejo de dirigentes europeos de los días 19 y 20 de octubre. Nada de eso. Los Veintisiete deberían seguir la recomendación de Michel Barnier, su negociador en jefe, y constatar la ausencia de "progresos suficientes" en las conversaciones sobre el divorcio con el Reino Unido. Ni hablar de dar luz verde a un periodo de transición de dos años, reclamado por la primera ministra británica, Theresa May, en su discurso de Florencia (Italia) del 22 de septiembre"[1]. Durante este tiempo, los ingleses contabilizan lo que llaman desde hace cinco años los "hate crimes", agresiones motivadas por cuestiones raciales, religión, orientacion sexual, handicaps. Esta categoría es nueva y contabiliza principalmente (un 80%) agresiones de connotaciones raciales, que han aumentado regularmente después de los atentados, pero hay que señalar que alcanzaron un máximo tras el referéndum del Brexit[2].

Volvamos a un país que depende en gran parte, para su prosperidad, de la máquina productiva alemana. "Los austríacos votaron, el domingo 15 de octubre, para renovar su parlamento en las elecciones anticipadas provocadas por el conservador (ÖVP) Sebastian Kurz cuando se puso al frente de su partido en mayo. Tras alcanzar el primer lugar tras una campaña dominada por los temas de la inmigración y la integración de los refugiados musulmanes, este joven de 31, que ascendió de forma fulgurante, debe iniciar ahora negociaciones con los socialdemócratas (SPÖ), segundos, y con la extrema derecha euroescéptica (FPÖ), terceros. En 2000, Austria había sido el primer país miembro de la Unión Europea donde un partido de extrema derecha entró en el gobierno, lo cual le supuso recibir sanciones europeas."[3] Estas elecciones están claramente marcadas por el rechazo de los inmigrantes, mientras que la situación económica en Austria es inmejorable. Las previsiones de crecimiento del país han sido revisadas al alza: "podría alcanzar un 2,8% en 2017 y 2018. Habría que remontarse a mediados de los años 2000 para encontrar un rendimiento comparable, superior en 0,8 puntos al de la zona euro... Los austríacos conservan también un nivel de vida entre los más elevados del planeta: en 2016 el producto interior bruto (PIB) por habitante quedó establecido en 40.420 EUR, en ese país mayoritariamente alpino, con infraestructuras ejemplares y más próspero que la vecina Alemania, el gigante económico del que extrae lo esencial de su actividad. Gran parte de la economía austríaca depende de los pedidos de los grandes grupos alemanes."[4] Como se ve, la prosperidad no impide el rechazo. Sin duda, Austria tiene a su presidente Verde, pero no será él quien lleve el timón.

En la misma zona y con el mismo estilo, tuvieron lugar este fin de semana elecciones en Chequia, pequeño país rico e igualitario, en especial después de que se desembarazara de la pobre Eslovaquia (partición en 1993). Lo que a Vaclav Havel le ponía enfermo. "Con indicadores económicos de una salud insolente –paro más bajo de Europa en un 3,3%, finanzas públicas saneadas, poca desigualdad–, las elecciones legislativas checas de los días 20 y 21 de octubre no hubieran debido ser más que una formalidad para el Partido Socialdemócrata (CSSD), en el poder desde 2014. Pero Praga no se salva de la ola contestataria antisistema que atraviesa Europa: el CSSD no aspira a más del 15% de los sufragios, laminado en los sondeos por el fenómeno Andrej Babis, flamante dirigente populista. Segunda fortuna checa y primer empleador del país, en cabeza del mastodonte Agrofert, sociedad financiera de más de 200 empresas que operan en la industria agroalimentaria y petroquímica, Babis empezó su ascensión política en 2011 creando un partido de nombre evocador, la Acción de los Ciudadanos Descontentos (ANO)".[5] El hecho de que haya sido acusado por Europa de malversación masiva de fondos no ha hecho más que aumentar su popularidad y su ventaja. Ha recibido el apodo de Trump checo, aunque sería mejor llamarlo el Ryboloviev checo.[6]

Dejemos Alemania y su patrio trasero para volver a la Europa del Sur. Este domingo tiene lugar, sin muchas pasiones manifiestas, un referéndum, legal y consultivo, en Venecia y en Lombardía, a iniciativa de la Liga del Norte. Los electores deben decir si son favorables a "formas suplementarias y condiciones particulares de autonomía". La fecha del 22 de octubre es simbólica: remite al 22 de octubre de 1886, fecha en que Lombardía y Venecia se unieron al reino de Italia. El nuevo alcalde de Milán, Giuseppe Sala, votará Sí. Más clásica, la gran figura de Massimo d'Alema se desplazó hasta Mestre para denunciar un referéndum inútil. El fundador del partido independentista veneciano, el abogado Alessio Morosin, emplea un tono más inquietante y destaca la seriedad del asunto: "El problema de este escrutinio es el miedo. Los abstencionistas tienen miedo de oír al pueblo"[7] –se prevé un 50% de votantes en Venecia.

Austria, Chequia: deseo de democracia débil y populismo fuerte. Alemania, Brexit, Italia: dificultades de la democracia, el deseo tiene dificultades para encontrar allí un lugar. En todos los casos, se pone de manifiesto el miedo a los inmigrantes. Por otra parte, no son los mismos: en Alemania, el millón de sirios acogidos por Angela Merkel; en Inglaterra, los polacos acogidos por el mercado; en Italia, lo que predomina es la inquietud de Lampedusa, ¡pero el Vaticano está pendiente!; en Chequia, donde no hay ningún inmigrante, y en la ex-RDA, donde hay pocos, lo que hay es el puro miedo al inmigrante inexistente.

¡Saludamos a Cataluña!

Luego está Cataluña. ¡Un saludo a Cataluña! Es una tragedia desoladora para el corazón de Europa y deprimente para su burocracia. Algunos de sus miembros podrían alegrarse in petto del Brexit, exasperados por la forma en que los ingleses ponen palos en las ruedas con su "I want my money back". Por el contrario, las llamadas de atención de los independentistas catalanes les han dejado helados, incluso petrificados. Le ha correspondido al presidente francés decir en alta voz lo que todos pensaban en silencio. Nadie quiere tocar el derecho internacional y las fronteras de los Estados de Europa, derecho tan frágil, tan humillado tras el golpe de fuerza de Putin en Crimea. En el concierto burocrático tampoco quiere nadie un estado del tamaño de Grecia, con problemas de deuda financiera tan imposibles de resolver como el cálculo de la factura que deberán pagar los ingleses. La última llamada de Carles Puigdemont, presidente del gobierno autonómico de Cataluña, este 21 de octubre, con un párrafo en inglés de su alocución convocando el parlamento catalán, fue igualmente ignorado.

El nacionalismo español y su derecha inmóvil no tienen mejor prensa en Europa. En nombre de la España-Una, que puede convocar los demonios del franquismo, bloqueó desde 2010 el compromiso elaborado por el PSC-PSOE, previamente votado por el parlamento catalán con el apoyo de un mixto autonomista-socialista. Por otra parte, la derecha ha sabido ganarse el apoyo del nuevo PSOE y de la nueva fuerza Ciudadanos para hacer frente, en nombre de la unidad del Estado español, a la obstinación independentista. Los independentistas aprovecharon las dificultades post-crisis de 2008 para acusar al Estado de todos los males. Poco a poco, entre elecciones y manifestaciones, se llegó al referéndum ilegal del 1 de Octubre. El uso desproporcionado de la fuerza y la violencia policial contra una población ampliamente surgida de las clases medias que acudían a votar, indignó con razón a Europa y autorizó a los independentistas a ir más lejos.

Pero entonces se reveló el cuento de hadas que permitía sostener el ardor de los militantes, a pesar de la clara falta de preparación del siguiente paso. En una semana, 800 sedes sociales de empresas –es lo que se dice, aunque las cifras no se han publicado para no provocar el pánico– y los tres grandes bancos de Cataluña se pusieron a cubierto de la incertidumbre financiera y monetaria. Las organizaciones patronales catalanas presionaron discretamente. Por supuesto, hay una diferencia neta entre las industrias exportadoras y las pequeñas empresas que dependen del mercado local (260.000 empresas pequeñas y medianas en Cataluña), ¡pero es mucho! Se enviaron señales de alerta. Las "retiradas de efectivo por parte de ciudadanos" no hacen más que precipitar el problema. Ningún catalán razonable querrá compartir la suerte que sufrió la Argentina del corralito de 2001. Por no hablar de las veleidades de referéndum del Valle de Arán, territorio catalán que toma sus aviones y su religión en Toulouse, ni de las dificultades del agroalimentario catalán con el tomate andaluz. Como en el caso del Brexit, las zonas industriales de Europa descubren que los pepinillos y los tomates siempre vienen del mismo lugar, con sus defectos, sus subvenciones, sus trabajadores inmigrados poco documentados, el barrio gitano de Granada desde la Reconquista, etc. ¡Los vegans están todos con Andalucía! La cuestión bio y el problema financiero, ¿calmarán los ánimos, como disuadió en Francia la salida del Euro a electores de la extrema derecha, refractarios a los otros argumentos a favor de mantenerse en la Unión, particulamente los ecológicos? El capitalismo globalizado, sobre el que hay quejas justificadas, también dulcifica las constumbres, al menos las de quienes tienen algo que perder –las jubiladas catalanas forman parte de ellos. Retomaremos este asundo de la pérdida más abajo.

Añadamos una pregunta importante. ¿Quién sostendrá la paz civil? ¿Hay o no hay división dentro de los Mossos d'Esquadra, policías catalanes y catalanas, héroes y heroínas de los atentados del último verano? Nadie ha olvidado la determinación de aquella policía que abatió en Cambrils, sin pestañear, a quienes la amenazaban a ella misma y a sus administrados. Una parte de esta policía cometió claramente secesión respecto de España durante las manifestaciones del 20 de septiembre y el referéndum del 1 de Octubre. Pero no está claro que haya unidad en esta institución, que lleva un nombre antiguo proveniente del siglo XVIII, pero que todavía es joven –nació en 1990– en su nueva encarnación. Lo decisivo será la evolución a lo largo de los próximos días.[8]

Escribo en un periodo incierto. El gobierno de Rajoy, el 21 de octubre, decidió aplicar el artículo 155 de la Constitución española y, en nombre del Estado de derecho constitucional, quiere ponerse al mando de la autonomía catalana. Puigdemont confía en las manifestaciones en la calle, con pancartas en inglés ("Freedom for Catalonia"), y los errores que cometa la Guardia Civil para conmover a Europa y que Rajoy sea puesto bajo tutela. La torpeza y el aislamiento de este último en las cumbres europeas no presagian nada bueno. En la calle, como diría Melenchon, los que la ocupan son los más decididos, las virtudes militantes tienen allí todo su lugar, pero no lo deciden todo. El frágil derecho internacional, la fuerza del argumento financiero, la lealtad de las fuerzas de represión y de la policía de proximidad a un significante amo, he aquí lo que tendrá mucho peso en los próximos días.

Miquel Bassols[9] opone pertinentemente el síntoma catalán y el principio identitario, pero lo que opera claramente es un principio no identitario. A los Catalanes, aunque no sean independentistas, les cuesta un sentido reconocerse en España. No tienen ningún síntoma español. Les cuesta incluso a los que tienen un abuelo español que acudió en busca de trabajo a la metrópoli del Norte. En Madrid es distinto. Hay demócratas que se reconocen en una cierta narración nacional. Sus voces no se trasmiten fácilmente. Síntoma de ello es el hecho de que la voz más que más se hizo oír con ocasión de las manifestaciones anti-independentistas en Barcelona era la del peruano, liberal y marqués Mario Vargas Llosa.

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, ha sabido encontrar una posición original. Hizo saber que no estaba a favor de la declaración de independencia y no participó en las correspondientes manifestaciones. Pero el 21 de octubre denunció "el día más terrible de estos últimos cuarenta años" y pidió al PSC-PSOE que "no sostuviera la decisión de Madrid de suspender la autonomía catalana"[10]. La señora Colau no se identifica con los campos masificados, ella es herética y sostiene un deseo de democracia decidido. Les habla a los oídos de los analizantes, que están todos desgarrados, conmovidos, dando a ver con qué razón enunció Lacan que "el inconsciente, es la política"[11], con las consecuencias que de ello ha sabido extraer Jacques-Alain Miller[12]. En todo caso, el Forum del 18 de noviembre tendrá lugar en medio de un momento fecundo del deseo de democracia en Europa.

El deseo de democracia y el populismo

La democracia es la capacidad para soportar todas estas contradicciones sin que resulten abrumadoras y sin deprimirse. Es querer el debate y la puesta en palabras de la relación de fuerza. No es sólo la fuerza, sino tenerla en cuenta con la voluntad de ir más allá de ella. Por eso nos atrevemos a hablar de deseo de democracia, mientras que con lo que nos insisten machaconamente es con el deseo de populismo. El título de nuestro Fórum no es evidente. ¿Cómo hablar de deseo decidido de democracia, si lo que nombra la palabra democracia es una pérdida y un imposible? Limitándonos a Francia, Marcel Gauchet, Raphaël Glucksmann, Jean-Claude Milner, Jacques Rancière, Poul Ricoeur, sin tener nada en común entre ellos, sobre todo ninguna idea política, concuerdan en un punto. La Democracia es el duelo del Uno. El populismo, es el entusiasmo de la hegemonía, la restauración del Uno.

Marcel Gaucher, en su libro La democracia contra sí misma, enuncia que "en esto consiste específicamente la política: es el lugar de una fractura de la realidad". Sin embargo, esta frase fue escrita en la época de la euforia de las democracias, tras el hundimiento del muro de Berlín. Trece años después, Tony Blair habla en una atmósfera más sombría cuando en 2014 da una serie de conferencias bajo el título "Is democracy dead". Por su parte, Marcel Gauchet[13] había destacado que el triunfo de las democracias no engendraba ningún entusiasmo, más bien cierto afecto depresivo, sin duda más light que hoy en día. Consideraba que la causa de este hecho era que en democracia la verdad ya no es nunca más Una, se divide en opiniones contrarias.

Raphaël Glucksmann, a cuyo padre conocí cuando animaba el cineclub en HEC con Jean-Jacques Brochier –antes de que desarrollara su obra, y luego tras los "acontecimientos del '68"–, ve en el momento catalán que atravesamos el recuerdo del origen trágico de la democracia política y de la necesidad de ir más allá de la discordia sin límites. Con el talento propio de su pluma, formula el siguiente dilema: "Esta superación de lo trágico en lo político es narrado por La Orestíada de Esquilo, nuestro relato original y común, el del advenimiento de Atenas cuando las Erinias, las diosas de una discordia sin fin ni límite, se convierten en Euménides y se instalan en el corazón de la Ciudad, dando a luz en el escenario a la primera democracia de la historia... En Cataluña, dos legitimidades se oponen. El derecho de un pueblo a disponer de sí mismo y el derecho de un Estado a hacer aplicar el derecho. Los independentistas, seguros de que su causa es justa, juegan la carta de un hecho consumado ilegal. El gobierno central, seguro de que su causa es justa, juega la carta de la represión legal. Las acciones de cada uno refuerzan la certidumbre del otro 'estar en su buen derecho'. Tenemos ahí los ingredientes de una tragedia. ¿Cómo no condenar los vergonzosos golpes contra ciudadanos pacíficos, armados de un simple boletín de voto? ¿Cómo no ver que una independencia autoproclamada abriría una caja de Pandora, la de las fronteras en el interior de la UE, cuyo cierre fue obligado por siglos de matanzas nacionalistas?[14] Glucksmann no me más solución que la llamada a un deseo de democracia, lo que llama "la política como único horizonte".

Paul Ricoeur, mentor de Emmanuel Macron, según dicen, pone de relieve la política como el lugar de un duelo, de una renuncia a la identidad del sujeto político. La identidad inexistente debe dar paso a la identidad narrativa, noción que debe mucho al sujeto según Lacan. El no reconocimiento de las deudas de Ricoeur para con Lacan había provocado, en su momento, las iras de nuestro maestro. En cuanto a la identidad narrativa, su producción es posterior a la muerte de Lacan, pero los lacanianos reconocerán en ella acentos familiares. "Esta noción, que aparece por primera vez en Ricoeur en la conclusión de Tiempo y relato (Seuil, 1983-1985), se basa en la idea de que todo individuo se apropia, incluso se constituye en una narración de sí mismo incesantemente renovada. No se trata de una historia objetiva, sino de aquella que 'yo', guionista o lector de mi propia vida, me cuento sobre mí mismo. Así, la identidad personal se constituye al hilo de las narraciones que produce y de las que va integrando continuamente. De este modo, lejos de coagularse en un núcleo duro, el 'yo' se transforma a través de sus propios relatos, pero también a través de aquellos otros transmitidos por la tradición o por la literatura en ellos injertada, reestructurando sin cesar el conjunto de la historia personal."[15] El sujeto "puntual y evanescente", como decía Lacan, y que no puede definirse en base a una esencia o una homeostasis fija, sólo puede articularse con la cadena significante, con aquello que puede ser calificado como historia narrativa. Pero lo que, en Lacan, es ante todo existencia lógica[16], sigue siendo en Ricoeur, lector como Habermas del primer Lacan, una existencia histórica: "Sin la ayuda de la narración, el problema de la identidad personal está condenado, en efecto, a una antinomia sin solución: o bien se postula un sujeto idéntico a sí mismo en la diversidad de sus estados, o bien se sostiene, con Hume y Nietzsche, que este sujeto idéntico no es sino una ilusión substancialista, cuya eliminación sólo pone de manifiesto una pura diversidad de cogniciciones, emociones, voliciones. El dilema desaparece si la identidad entendida en el sentido de un mismo (idem) es sustituida por una identidad entendida en el sentido de un sí mismo (ipse); la diferencia entre idem e ipse no es más que la diferencia entre una identidad substancial o formal y la identidad narrativa".[17] Esto es lo que le permite a François Dosse destacar que Emmanuel Macron trata de dar a Francia un relato narrativo en movimiento, que permita una visión futura, conmoviendo algunos pilares del relato narrativo conservador: "Emmanuel Macron da una definición de Francia que remite a una incesante construcción narrativa y no consiste, como algunos han dicho, en limitarse a retomar una novela nacional lavissiana[18] glorificadora de los héroes de una gesta épica."[19] Así, es preciso querer soportar el duelo de la identidad y desear ese reajuste incesante operado por un Otro que habla en nosotros, dejando un margen para la invención del ipse.

Dejamos de lado la cuestión de la articulación del sujeto y el goce, en los fantasmas y sus pasiones, porque la hemos tratado en otro lugar. "Qué es lo que hace que, de Erdogan a Putin, llegando hasta Xi Jin Ping, así como en las crisis de las democracias europeas, veamos surgir a una serie de líderes muy distintos, pero que tienen en común el rasgo de que dirigen ellos solos o quieren hacerlo diferenciándose del sistema? Esta palabra, sistema, es una pantalla para designar la democracia representativa en su multiplicidad. Tal serie de líderes puede ser considerada, no a partir de una clase supuestamente unificada bajo la etiqueta "populismo", sino considerando en su diversidad el tipo de fantasma que proponen compartir, cuál es el goce en juego, cuál es el acontecimiento de cuerpo propuesto por cada uno de ellos. De este modo se podría considerar la serie de los líderes llamados populistas, sin ponerlos en el mismo saco, a pesar del hecho de que surgen por todas partes, por todo el planeta, en regímenes políticos muy distintos. Gustan de autorizarse en la tradición del Nombre del Padre, pero para prescindir de ella."[20]

Por su parte, Jacques Rancière también subraya el duelo del Uno en el corazón del deseo de democracia. "El escándalo democrático consiste simplemente en revelar lo siguiente: nunca habrá, bajo el nombre de política, un principio uno de la comunidad, que legitime la acción de los gobernantes a partir de las leyes inherentes a la reunión de las comunidades humanas. Con razón Rousseau denuncia el círculo vicioso de Hobbes, que pretende demostrar la insociabilidad natural de los hombres arguyendo las intrigas de la corte y la malediciencia de los salones. Pero al describir la naturaleza a partir de la sociedad, Hobbes mostraba igualmente que es vano buscar el origen de la comunidad política en algunas virtudes innatas de sociabilidad."[21] Esto es lo que busca el populismo, la virtud innata de identidad que aboliría la irremediable discordia y haría del Uno hegemónico la nueva ley del corazón del pueblo.

El deseo de democracia y los migrantes como síntoma


Las elecciones en Chequia y en Austria han puesto de relieve, una vez más, el corte que se instala entre el Este y el Oeste de Europa. Recordemos de qué modo la administración Bush jugó esa carta cuando habló de la nueva Europa para designar ese Oriente recién admitido en la ampliación a veintisiete de la UE. Los veintisiete pusieron de entrada el grito en el cielo, pero tras el rechazo de las oleadas de inmigrantes –que pasaban por las rutas de los Balcanes en el verano de 2015– y el cierre de las fronteras de Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia, que provocó la declaración de su acogida por parte de Angela Merkel, se rindieron a la evidencia. Un nuevo telón de acero se había formado, que separaba las dos Europas. En Occidente se instauró un filtro de seguridad que permitía una colaboración interestatal, al principio puesta en jaque por los múltiples atentados encargados por Dáesh, luego poco a poco más eficaz para detener la hecatombe, aunque en toda Europa se siguen desarticulando diversos atentados. El combate contra el Califato caído no se detiene con la capitulación de Raqqa y, como decía Althusser, "el porvenir es muy largo".[22]

Han pasado dos años, con sobresaltos imprevistos. Alemania, desnazificada –a diferencia de Austria–, ha tenido que acomodarse sin embargo al ascenso del AfD, y el politólogo búlgaro Iván Krastev pone de relieve de forma heterodoxa el punto de vista de Europa del Este sobre la cuestión de los refugiados, ya sean los de las guerras civiles de los Balcanes, de las guerras civiles del Oriente Mediio o los que llegan de África Subsahariana. Krastev da forma humana a las cifras terribles que están en juego. Limitándonos a Siria, siete millones de una población de veintidós millones han dejado el país. Tan solo un millón y medio han alcanzado Europa, los más cualificados. Para Krasev, que ignora las diferencias de condición económica, los migrantes son "parias de la tierra[23] que, debido a la mundialización, cambian de país a falta de poder cambiar de gobierno. Una decisión racional. Como había predicho Raymond Aron, 'la desigualdad entre los pueblos adquiere el sentido que antaño tenía la desigualdad entre clases'".[24] Y da una versión de la oposición entre la buena recepción de los refugiados en Alemania en 2015 y el rechazo por parte del "grupo de Visegrad": "La presteza con que Alemania abrazó los valores cosmopolitas fue también para ella un medio para escapar de la herencia xenófoba del nazismo, mientras que el anticosmopolitismo en vigor en Europa Central tiene en parte sus raíces en una aversión por el internacionalismo otrora impuesto por el comunismo".[25] Por el contrario, relaciona la crisis de los refugiados con la ausencia de confianza de las poblaciones hacia sus propias elites, estableciendo un vínculo explicativo entre rechazo del extranjero y rechazo de la división democrática: "Si muchos europeos votan por partidos populistas, no es sólo debido a la crisis de los refugiados, sino igualmente porque, desde hace varios años, ya no confían en sus elites... Ahora, la unión 'cada vez más estrecha' entre europeos y la 'profundización de la democracia' se han convertido en dos nociones antinómicas, reconoce Krastev".[26] Europa se divide al Este y el relato europeo de la unidad recuperada más allá del telón de acero se hunde. La Europa del Este no tiene la misma historia que la del Oeste en su relación con los Balcanes y el Imperio Otomano. Después de todo, el último sitio de Viena fue en 1683 y todavía está a la espera de una buena novela o un buen filme para enseñar a Europa lo ocurrido.

Nuestra época es una época de guerras entre Estados disfuncionales o fallidos, de otras guerras que llevan a cabo superpotencias heridas, también de otras guerras de religión. Todas ellas arrojan a los caminos del exilio a millones de migrantes. La cuestión de los migrantes ocupa ahora el primer plano en la cuestión de los derechos. Algunos, como Giorgio Agamben, lo consideran la prueba del fin de la democracia parlamentaria liberal, sustituida por el estado de excepción permanente, que declara privado de derechos a aquél que ya no es ciudadano de ningún lugar. Basándose en el Derecho Romano, ve en el migrante la actualización de la figura del desterrado, del homo sacer.[27] 

Jean-Claude Milner, por el contrario, muestra que esta cuestión del migrante, del aquél que ya no es ciudadano, renueva la lectura de los derechos del hombre y del ciudadano. Sigamos su razonamiento. Antes de plantear la cuestión del poder y antes de plantear la cuestión del los derechos del ciudadano, la Revolución postula los derechos del hombre en cuanto tal. Frente a los críticos que han denunciado la abstracción de este hombre o, como en la tradición marxista, su encarnación demasiado clara de los derechos ideales del burgués, Milner mantiene que estos derechos están perfectamente encarnados como los derechos del ser hablante, captado éste en su pura cualidad de ser hablante: "Los seres hablantes son cuerpos hablantes. Los seres hablantes son diversos, porque tienen cuerpos"[28], y esta reducción anuncia el ser hablante sexuado del freudismo, destacado en la última enseñanza de Lacan bajo el nombre del parlêtre que tiene un cuerpo. "Si bien se piensa, el hombre de la Declaracion anuncia el hombre/mujer del freudismo: a diferencia del hombre de las religiones y de los filósofos, no es ni creado ni deducido, es nacido; en esto consiste su real."[29]

La objeción marxista contra la abstracción de los cuerpos pierde su consistencia ante las situaciones de urgencia y de maltrato que se desarrollan: "Ante los campamentos de refugiados, el lenguaje marxista resulta frívolo. Así, ¿empezarían los derechos por los excrementos y las secreciones? ¿Por qué no? –hubiera preguntado Freud [...] Los derechos del hombre/mujer resumen lo que hace que no se trata a un hombre o a una mujer como a un animal; empiezan, por tanto, lo más cerca de la animalidad. Aun cuando se les hayan retirado a los individuos sus méritos y deméritos, sus acciones inocentes y culpables, en una palabra sus obras, lo que queda tiene derechos. Andrajo, basura, tumba, la mayoría de las religiones, de las filosofías y los heroísmos desprecian esta parte maldita".[30]

Si se admite que los derechos del parlêtre incluyen tener en cuenta la parte maldita así enunciada, se puede llegar a pensar que los derechos del hombre nos permiten concebir que los derechos de los migrantes conciernen a los del parlêtre. Al final del Seminario XXIII, Lacan sustituye la ex-sistencia del sujeto del inconsciente por el exilio de los cuerpos: "Joyce se niega a que ocurra algo en lo que la historia de los historiadores se supone que toma por objeto. Tiene razón, pues la historia no es más que una huida, de la que sólo se cuentan los éxodos. Mediante su exilio, él sanciona la seriedad de su juicio. Sólo los deportados participan en la historia: dado que el hombre tiene un cuerpo, como se lo atrapa es a través del cuerpo. Reverso del habeas corpus. Relean la historia: es todo lo que de verdadero se lee en ella. Quienes creen hacer causa en su trajín son también desplazados, sin duda de un exilio que han deliberado, pero hacerse de ello escabel los ciega".[31]

De ello se deduce no sólo una política de los derechos, sino una política del síntoma, que implica nuevos deseos de democracia. El desconocimiento del síntoma migrante pasa por la afirmación del comunitarismo populista, con su repliegue narcisista. Frente a la identificación narcisista con lo mismo, la identificación comunitarista, la política del síntoma apunta al partenaire a descifrar. La creencia identitaria lleva en germen su locura, también bajo la forma lógica de acuerdo con la cual "me apresuro a identificarme con lo mismo, por miedo a que no se me reconozca como hombre". Los migrantes no se pueden reducir, ni a un "deseo de Occidente" que los alienaría sin remedio, ni a la figura opaca de una multitud amenazadora, reducida a cifras. Son caso por caso. Descifrar el síntoma migrante es poder tratarlo efectivamente. Se necesita algo de Realpolitik. Frente a los millones de migrantes que se esperan, es preciso construir filtros y zonas humanitarias de acogida en los países de origen. En consecuencia, será preciso mejorar los inicios de la nueva política instaurada desde este año por los franceses y los italianos, que están en primera línea.

Lo universal del derecho del hombre siempre debe ser mesurado, caso por caso, en cada uno de los múltiples tráficos de inmigraciones posibles. El Papa Francisco ha sabido encontrar las palabras para hacerse portavoz de una nueva figura del prójimo. Contribuye poderosamente a que Italia resista admirablemente las dificultades de las nuevas oleadas migratorias, en particular las provenientes de África subsahariana. Los incidentes de este verano en Roma han dejado huellas, pero han sido superados. En Turín en noviembre y en Roma en febrero, tendremos conocimiento de lo ocurrido desde entonces.


[1] Ducourtieux C. & Bernard P., "Brexit: les négociations achoppen sur le coût du divorce", Le Monde, 18 de octubre de 2017.
[2] Travis A., "Hate crimes surged in England and Wales after terrorist attacks", The Guardian, 17 de octubre de 2017.
[3] "En Autriche, l'extrême droite en embuscade", Le Monde, 17 de octubre de 2017.
[4] Gauquelin, "En Autriche, des élections incertaines et una forme économique insolente", Le Monde, 14 de octubre de 2017.
[5] Vitkine B., "Andrej Babis, milliardaire populiste à la conquête du pouvoir en République tchèque", Le Monde, 20 de octubre de 2017.
[6] Véase el artículo del célebre tandem Géard Davel y Fabrice Lhomme, "Le milliardaire russe Dmitri Rybolovlev au centre d'un Monacogate", Le Monde, 14 de septiembre de 2017.
[7] Connan J. "Vénétie, Lombardie: en Italie du Nord, l'autre référendum", Le Figaro online, consultado el 20 de octubre de 2017.
[8] Sobre todas estas cuestiones, hay que leer los excelentes artículos publicados en el Blog de nuestro Forum Europeo, retomados en Lacan Quotidien, así como en el Blog de Zadig-España, https://zadigespana.wordpress.com, de Rosa Elena Manzetti, Anna Aromí, Miquel Bassols, Enric Berenguer, Paola Bolgiani, Joaquin Caretti, Gustavo Dessal, Santiago Castellanos, Domenico Cosenza, Francesc Vila y de otros que no puedo citar extensamente. Muchos de ellos estarán presentes en el Forum de Turín. La discusión será apasionante.
[9] Cf. en particular Bassols M., "Le symptôme Catalogne et la crise de l´État", Lacan Quotidien, nº 739, 20 de septiembre de 2017.
[10] Piquer I. "Démostration de force des indépendantistes catalans dans les rues de Barcelone", Le Monde, 21 de octubre de 2017.
[11] Lacan J., Le Séminaire, livre XIV, "La logique du fantasme" [1966-1967], inédito.
[12] Cf. Miller J.-A., "L'inconscient, c'est la politique, aujourd'hui", Lacan Quotidien, nº 518, 23 de junio de 2015.
[13] Gauchet M., La démocratie contre elle-même, Paris, Gallimard, 2002, p. 192.
[14] Blair T., "Is democracy dead?", The New York Times, 4 de diciembre de 2014.
[15] Gluksmann R. "Catalogne: la politique comme seul horizon", L'Obs, 12 de cotubre de 2017.
[16] Arrien S.-J., "Rocoeur et l'identité narrative", Le Point, 21 de julio de 2017.
[17] Miller J.-A., "L'orientation lacanienne. L'Être et l'Un" [2010-2011], inédit.
[18] En referencia a Ernest Lavisse (1842-1922), historiador.
[19] Flandrin A. "Comment Emmanuel Macron a Placé Ricoeur au pouvoir", Le Monde, 18 de octubre de 2017.
[20] Laurent É., "Populismo y acontecimiento de cuerpo", Lacan Cotidiano, nº 4, Lacan Quotidien, nº 694, 12 de mayo de 2017 [traducido por el autor].
[21] Rancière, La Haine de la démocratie, La fabrique éditions, 2005, p. 58.
[22] En referencia a Altusser L., L'Avenir dure longtemps, Seuil.
[23] En alusión al himno obrero "La internacional", de Eugène Pottier (1871).
[24] Lemaître F., "L'Europe en route vers l'abîme" ("Sur Le Destin de l'Europe, d'Ivan Krastev, éditions Premier Parallèle, 2017"), Le Monde, 11 de octubre de 2017).
[25] Ibid.
[26] Ibid.
[27] Agamben G., Homo sacer, Seuil, 2003.
[28] Milner J.-C., Relire la Révolution, éditons Verdier, 2016, p. 254.
[29] Ibid., p. 263.
[30] Ibid., p. 261.
[31] Lacan J., "Joyce le Symptôme", Autres écrits, Seuil, 2001, p. 568.


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