17 de febrero de 2015

Boletín, Latigazo nº 7. Dalila Arpin, Jacques-Alain Miller, Fabian Fajnwaks, Marie-Hèléne Blancard, Perla Drechsler, Juan Fernando Pérez, Graciela Brodsky.

Dalila Arpin (ECF-Paris) y Raquel Cors Ulloa (NEL-Santiago de Chile) me han avisado hoy que iban a trabajar juntas.

Para sostener ese proyecto, yo decido lanzar a título experimental, dentro del Institut Lacan/Instituto Lacan The LAcanian Transatlántica de InvestiGaciOn (LATIGO)
 

Jacques-Alain Miller
Paris 14 de Febrero de 2013





Boletín Latigazo Nº 7
Febrero 2015 
www.latigolacaniano.com



EDITORIAL 
El día en que el humor se volvió negro
 



Dalila Arpin
Psicoanalista. AME miembro de la ECF - AMP y de LATIGO
París – Francia

Para su segundo aniversario, Latigazo les ofrece un número especial sobre los eventos trágicos los pasados 7 y 9 de enero en Paris. Esta ciudad y el mundo entero se vieron conmovidos por estos tristes sucesos.

Para comenzar, el texto de Jacques-Alain Miller “El retorno de la blasfemia”, que la define como un hecho de discurso, una ficción que permite que los signos de una comunidad formen un conjunto homogéneo, es decir, bajo la lógica del Uno, de ahí son aspiración a lo “universal”. Lo sagrado exige reverencia y respeto, nos dice. Los trágicos sucesos de Paris muestran el choque violento de dos universos de discurso que si bien comunican en el espacio globalizado, están en la imposibilidad de dialogar. Esto ocurre “Cuando lo sagrado de uno y el ‘nada de sagrado’ del otro están en las antípodas” como dice Miller.

Es esta colisión que explora el texto de Fabián Fajnwaks. El choque de civilizaciones se devela entonces como un “choque de regímenes de goce”. La apuesta- y toda la dificultad- es entonces encontrar la buena manera de integrar estos grupos sociales excluidos al sistema francés, fruto del siglo de la Luces. 

Es justamente la óptica de Marie-Hélène Blancard en su examen de “La teoría del complot”. Esta aparece como el síntoma de la “fragilidad de nuestras sociedades democráticas en vías de convertirse en el terreno de juego de los extremismos de todo tipo”. Una “conspiranoia” naciente (feliz hallazgo de nuestro traductor, Juan Jesus Ugarte) que, nos parece, no solo se expresa en las teorías del complot sino también en todo un clima de desconfianza del que solo comenzamos a respirar las primeras emanaciones: niños de 8 años que deben prestar declaraciones a la policía, profesores acusados por sus propias escuelas…

También leerán la entrevista que le hicimos a Perla Drechsler, que conoció a Elsa C., nos pinta el retrato de alguien que tuvo el coraje de salir del consultorio del analista para expresarse en la esfera pública, y esto de distintas maneras. Alguien que pago con su vida el precio de sus palabras y de su judaísmo. Perla nos recuerda que para que el Witz funcione, hay que ser de la misma parroquia. Las caricaturas de Charlie Hebdo, vistas desde otro discurso, fueron entonces tomadas como blasfemias, al pie de la letra. Es ese día en que el humor se volvió negro.

Juan Fernando Pérez observa que los sucesos de enero han generado teorías y controversias de todo tipo, como una manera de bordear el real así despertado. Una gran desorientación reina entre las más disimiles opiniones, dando lugar a la expresión de la parte gregaria de cada uno. Nuestro colega de Medellín nos propone, en cambio, una hipótesis tan afinada como eficaz: “La guerra yhadista es una forma de defensa del patriarcado?”. 
 
Finalmente, en respuesta al texto de Jacques-Alain Miller, desde las cálidas temperaturas del Atlántico Sur, Graciela Brodsky puntúa el movimiento de los manifestantes parisinos como un fenómeno nuevo de la serie de los “Indignados” o de “Podemos”, que Negri describe en Imperio. Para no olvidar la importancia del humor, cuando no es tomado al pie de la letra, comparte con nosotros el valor que le da a la cagada de la paloma sobre el hombro del Presidente François Hollande: un signo de buena suerte, al mejor estilo argentino!

Les deseamos entonces, una excelente lectura.               


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El retorno de la blasfemia
por Jacques-Alain Miller



Dicen: "Son unos bárbaros”. Sin duda. Sin embargo ese terrorismo no es ciego en absoluto, tiene los ojos abiertos, está dirigido. No es mudo. Grita: “¡Hemos vengado al profeta Mahoma!”.

A fines del siglo pasado imaginaban que nociones como blasfemia, sacrilegio, profanación, no eran más que vestigios de un tiempo pasado. Nada de eso. Debemos constatar que la era de la ciencia no hizo desvanecer el sentido de lo sagrado; que lo sagrado no es un arcaísmo. Sin duda no es nada real. Es un hecho de discurso, una ficción, pero una que hace que se mantengan unidos los signos de una comunidad, la piedra angular de su orden simbólico. Lo sagrado exige reverencia y respeto. A falta de lo cual se produce el caos. En su momento Sócrates fue invitado a beber la cicuta. En ninguna parte, nunca, desde que hay hombres y estos hablan, fue lícito decir todo.

Excepto en el psicoanálisis, experiencia muy especial, explosiva, que está solo en sus comienzos. Excepto en Estados Unidos, pero la libertad de palabra garantizada por la Constitución se encuentra limitada por un sentimiento muy particular de decencia. Es así que la gran mayoría de la prensa se abstiene de reproducir las caricaturas de Mahoma por consideración al “gran sufrimiento” de los musulmanes.

El mismo principio que para lo “políticamente correcto”. El afecto doloroso señala que la libido está ahí en juego. Si lo sagrado no es real, el goce que se condensa en ello sí lo es. Lo sagrado moviliza éxtasis y furores. Se mata y se muere por ello. Un psicoanalista sabe a lo que se expone cuando cosquillea en el otro “lo imposible de soportar” (Lacan). Por eso Baudelaire cita a Bossuet, “El Sabio solo ríe temblando”, y asigna a lo cómico un origen diabólico. Ahora bien, ¿qué otra cosa sino la risa fue el principal operador de las Luces? Maistre habla del “rictus” de Voltaire, Musset de su “repugnante sonrisa”. Las doctrinas de la tradición no fueron refutadas, señala Leo Strauss, sino expulsadas por la risa.



 Charlie Hebdo era entre nosotros como el testimonio de esta irrisión fundadora. Cabu, Charb, Tignoux, Wolinsky, no estaban destinados a ser de la partida del caballero de La Barre. Desde 1825, nadie trató entre nosotros de restaurar una ley sobre la blasfemia. ¿Cómo es que llegaron a morir como mártires de la libertad de prensa? Es porque universos de discurso separados y estancos hace tiempo, de ahora en más se comunican. Incluso están imbricados, mientras que lo sagrado de uno y lo “nada sagrado” del otro están en las antípodas. A excepción de rebobinar el film de los tiempos modernos deportando a todas partes a los extranjeros, la cuestión –cuestión de vida o muerte– será saber si el gusto por la risa, el derecho a ridiculizar, la irrespetuosidad iconoclasta, son tan esenciales a nuestro modo de gozar como lo es la sumisión al Uno en la tradición islámica.

En cuanto al debate jurídico, es complejo, y ocupa ahora al conjunto de las democracias occidentales (ver sobre este tema el compendio publicado hace tres meses por la Universidad de California, Profano: Sacrilegious Expression in a Multicultural Word). Todos los años desde 1999, se negocia en la ONU sobre el tema, con la iniciativa de la Organización de la Cooperación islámica. En Alemania, en Austria, en Irlanda, hay leyes que proscriben atentar contra lo sagrado. El Reino Unido esperó hasta el 2008 para dejar de proteger a la Iglesia anglicana de la blasfemia. Francia se distingue por el rigor de su doctrina laica. ¿Por cuánto tiempo más? Esto no está escrito. “¡Hey Francia! Tu café se las pica”.(1) ¿Qué es lo que verdaderamente quieres más? ¿Conflicto o compromiso?

Traducción: Silvia Baudini

* Texto autorizado por Jacques-Alain Miller para su publicación en el Boletín Latigazo. Escrito el jueves 8 de enero de 2015, enviado a la redacción de Le Point a las 11 hs.; publicado en el número especial el sábado 10 de enero.

1.- Nota de traducción: Se trata de una anéctoda maliciosa que retoma la expresión vulgar atribuida a Mme. du Barry a Luis XV, el 20 de marzo de 1773, aludiendo a la debilidad de rey y tomando su gusto por preparar él mismo el café; entretenido con ella en sus habitaciones el café se derrama. Al día siguiente toda la corte retoma la frase.


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 Choque de goces en torno a Charlie




Fabian Fajnwaks
Miembro ECF - AMP
París- Francia

Ninguna consideracion psicoanalítica respecto de lo acontecido en Paris el 7-9 y 11 enero pasados puede desconocer las variables socio-políticas y económicas, locales y globales que entran en juego para intentar un análisis de estos atentados y de la gran manifestación del 11 de enero.

Más allá de la acción del terrorismo islamista en Medio Oriente y en Occidente, terrorismo cuyo desarrollo se encontró incentivado por la fragmentación del Islam que se encontraba bajo una cierta concordia en las dictaduras medio-orientales, derribadas por la acción de los países occidentales, Francia no ha podido ni ha querido integrar a las poblaciones salidas del pasado post-colonial, que han venido en los años ’60 favorecida por el antiguo Estado colonial, a trabajar en la floreciente industria francesa de los « Trente glorieuses ». Como lo decía lucidamente Zygmunt Bauman al Diario La Repubblica el 14 de enero, « las sociedades rechazan poblaciones enteras del corpus social », y es exactamente lo que sucedió en Francia desde aquellos años. No me parecería osado citar aquí a otro gran autor como Georges Bataille y su « Parte maldita », para situar esta parte de « gasto improductivo » necesario en las sociedades para generar riqueza, solo que aquí es de poblaciones enteras que se trata en el lugar de este objeto rechazado del corpus social. El objeto desecho de J. Lacan, del cual conocemos la función en psicoanálisis, podría dar una formalización a como funcionan estas poblaciones a nivel social en una sociedad enteramente ganada por lo que Lacan llamaba el « discurso del capitalista », si no fuera porque Lacan concibe la función del objeto (a) de manera universal y no solamente en casos particulares como lo es una sociedad. 

Sin haber podido hacer ningún trabajo de integración de estas poblaciones magrebíes y subsaharianas más que como siendo progresivamente excluidas no solamente del Corpus social, sino también del sistema productivo, y obligándolas a vivir como « asistidas » por las importantes ayudas del Estado que existen en Francia, integración que hoy se ha vuelto imposible ya que el corpus mismo de lo social se encuentra completamente fragmentado por el capitalismo triunfante, este rechazo retorna desde lo real bajo la forma de rechazo de toda figura que represente el Estado mismo como Otro : rechazo de las formas cívicas o de los ideales republicanos, reivindicados en la marcha enorme del 11 de enero, que en tanto que ideales no hacen más que fallar a lo real que está en juego.

Es el islamismo salfista que ha investido desde hace tiempo estas poblaciones abandonadas, desamparadas (y aquí el término de Hilflosigkeit de Freud tiene todo su peso) por el Otro social, cuando no es en la carcel que estos jóvenes desamparados abrazan esta vertiente radical del islamismo, o que los jóvenes se convierten al Islam, la religión del Uno como decía Jacques-Alain Miller hace algunos años, en el que encuentran significantes Amos más consistentes que los que faltan en nuestras sociedades donde el lazo social se ha desarticulado por el capitalismo mismo. Que la identidad religiosa (etimologicamente : re-ligare) se proponga entonces como un Otro que puede albergar a estos jóvenes excludios del Otro social francés, no sorprende a nadie desde hace años, (recordemos las revueltas de 2005, para dar solamente un evento reciente en que esta "enfermedad social" se ha manifestado) sin que ningún discurso político se haya planteado este verdadero problema y haya tenido la voluntad política de afrontarlo y de buscar alguna solución valida en el tiempo. Distintas soluciones e iniciativas parciales como los "empleos de jóvenes" o una "policía de proximidad" puestos en práctica bajo el gobierno de Lionel Jospin iban en el sentido de proponer pequeños "parches" a este problema endémico.

Cuando el Frente Nacional llegó al ballotage del 21 de abril de 2002, donde hubo otro «sobresalto republicano», sin que se pudieran sacar consecuencias políticas que tomaran en cuenta la gravedad de la situación de la sociedad francesa, un periodista comparaba la coyuntura francesa con la de los estados Unidos, diciendo que allí se había logrado integrar a una parte de las poblaciones descendientes de la esclavitud («el pecado original de la sociedad americana») gracias a la movilidad social que permite el capital. Si toda comparación es limitada, y si la discriminación continúa a existir en los Estados Unidos, es cierto que hubo algo de la «función civilizadora del Capital» (Marx en los Manuscritos), que no operó en la sociedad francesa en la que las clases sociales viven aún hoy como en el siglo XIX, según lo indicaba Jean Baudrillard en su inolvidable América. Quiero decir que simplemente no existe la movilidad social que el Capital permite en otros lados, a cause de la segregación social que existe además de la económica : nutriendo, en realidad, la segregación económica. Constituye este profundo problema uno de los «cadavres dans le placard» de la sociedad francesa, como lo decía Philippe Sollers hace algunos años, lo que retorna cada vez, ciertamente de manera diferente, pero para hacer recordar que hay allí un imposible a simbolizar en este «corpus social» como sujeto. Basta constatar, como lo hacia un periodista norteamericano recientemente, que los jóvenes de confesión musulmana que emigran a los Estados Unidos para estudiar se integran bastante bien en este sistema que tiene el Capital como valor emblemático, y no padecen del pasivo colonial que tiene Francia con los países de donde proceden muchos de estos jóvenes. Otro periodista constataba irónicamente que Francia no solamente "exporta" terroristas (más de 1.400 jóvenes franceses se encontrarían actualmente luchando en la República islámaica, "Daesh" según las cifras oficiales del Ministerio del Interior francés) sino que también los re-importa. Es el caso de estos jóvenes que mataron a los caricaturistas de Charlie Hebdo, que eran franceses.

Poder pensar y poder encontrar soluciones políticas a este problema constituye uno de los más grandes desafíos para la sociedad francesa en los años a venir.

«Pienso... luego ¿soy Charlie

"Je pense, donc je suis Charlie" decía una gran pancarta colgada en el monumento de la Place de la République, durante la gran reacción de la población francesa a los atentados. No es seguro que mucha de la gente que espontanea, masivamente y animada por un sentimiento autentico de indignación retomo esta frase, producida por un periodista la tarde misma que siguió a los atentados, pueda verdaderamente pensar lo que llevo a este terrible evento. Uno estaria tentado de recordar como Lacan equivocaba el cogito cartesiano: «Pienso… donde no soy», «Soy… donde no pienso». Quizas «Ser Charlie», impida pensar el fenomeno «Charlie…».

Por mi parte me gustaría que sea precisamente el cogito cartesiano el que anime a pensar, según la gran tradición iluminista del siglo XVII francés (Voltaire, la Enciclopedia) y el racionalismo cartesiano lo acontecido recientemente en Paris como un último evento trágico de una larga serie de malentendidos entre esta tradición y el repliegue de estas poblaciones excluidas del sistema social francés, o incluidas en tanto que excluidas, según una topología que conocemos en psicoanálisis. Se habla mucho aún, en los medios del "enemigo interno" que representan estos jóvenes terroristas, formados por la escuela laica y republicana francesa, pero no se puede pensar como se contribuyó a crear este "enemigo interno", vuelto "externo", una vez pasado por la formación djiahadista en Siria, encarnando así la "extimidad" donde lo que hace síntoma desde lo más propio al sujeto, retorna desde lo real, sin que este pueda allí reconocerse.
 

¿Cómo hacer que estas poblaciones sean compatibles con los principios de la laicidad que el iluminismo francés produjo para el mundo entero? ¿Cómo penetrar este Islam, que no ha conocido un movimiento reformador, a diferencia de los otros grandes dos monoteísmos occidentales, con las ideas de tolerancia y de respeto a los principios que rigen una república laica como lo es la francesa? Es este el verdadero "choque de civilizaciones", que es sobre todo un "choque de regímenes de goce", donde no se trata de imponerle al otro los principios que rigen la laicidad, como se ha querido por las armas imponer los principios democráticos en Irak, en Libia y en otros lados, convencidos que estos principios son los mejores. Y aún cuando así fuera (recordemos que el psicoanálisis surgió como un efecto del desarrollo de la ciencia en Occidente): No se puede esgrimir la laicidad como una visión del mundo al que el Otro debería plegarse sin tener en cuenta su modo particular de ver el mundo, lo que su modo de gozar determina. Sino nos encontraríamos frente a una renovación del "racismo de los goces" tan propio a nuestra civilización del Uno, aunque este Uno se encuentre también fundado en los principios forjados por la Ciencia y el iluminismo modernos....

Revisión : Raquel Cors y Dalila Arpin


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¿Ha dicho Usted complot?



Marie-Hèléne Blancard
Psicoanalista. AME Miembro de la ECF - AMP y AE en ejercicio.
París-Francia

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 las teorías “conspiranoicas”[1] han conocido un cierto éxito, incluso aunque no hayan sido difundidas sino raramente por los medios llamados serios. Con los atentados que tuvieron lugar en París entre el 7 y el 9 de enero se han propagado rápidamente sobre Internet y las redes sociales, volviéndose así un inquietante fenómeno social de estudio para especialistas y políticos. Alertada por esta marejada la ministra de Educación, Najat Vallaud Belkacem, estimaba hace unos días que uno de cada cinco jóvenes adhieren a estas teorías “alternativas”. Podemos ver en ello un síntoma del malestar en la civilización que afecta de manera selectiva a sujetos desorientados que encuentran en el imaginario novelesco del complot paranoico una respuesta a su desconcierto o a su perplejidad.

Los videos caseros colgados sobre Internet dan lugar a interpretaciones fantasiosas que evocan las tesis negacionistas: la matanza de Charlie Hebdo no sería sino una escenificación, el asalto al Hiper Casher una simulación. Y lo que es más, el policía rematado por los asesinos no habría resultado muerto ¡y sería su féretro vacío el que habría recibido los honores de la República! Jóvenes surgidos de estos barrios, que se han transformado progresivamente en ghettos, se centran sobre el menor detalle de una imagen para encontrar en él una prueba de aquello que no saben sino demasiado: que son las víctimas impotentes de un sistema que desde hace tiempo les ha olvidado y sacrificado. La complejidad de un mundo que no llegan a comprender y la manera con la que se confrontan a lo real, sin el recurso a ningún saber, les conducen a hacerse eco de tesis extremadamente simplistas. Aquellos que manejan los hilos y escriben los scenarii, haciendo de ellos sus marionetas, son los poderosos que gobiernan el mundo monopolizando sus riquezas: los americanos, los sionistas, los agentes de la CIA o del Mosad, los francmasones, los adeptos a la secta de los Illuminati o el propio gobierno socialista con popularidad a la baja.
 
Como habría de esperarse, nuestros célebres “conspiranoicos”, estos grandes paranoicos invitados por los medios de comunicación, no se privan de autentificar estas teorías, cada uno al estilo que le es propio[2]: Dieudonné se siente “Charlie Coulibaly”, mientras que Jean-Marie Le Pen se proyecta en “Charlie Martel, si entienden lo que quiero decir…”. Esto podría ser cómico si, tanto el uno como el otro, no gozasen de los favores de una determinada prensa y un determinado crédito entre los que viven en el miedo y el rechazo a los extranjeros – como, por otra parte, hacia los intelectuales. Es este odio el que se halla en el corazón de todos los procesos segregativos que apuntan tanto al judío como al árabe, como también al indio, al pakistaní o al chino, en los barrios donde viven en gran número. Todo aquel marcado por el sello de la diferencia es señalado –objeto rechazado, desecho, paria.

Se ve la lógica que empuja a algunos jóvenes que sufren el racismo ambiente y la segregación galopante a replegarse sobre tesis conspirativas que, expandiéndose en las redes sociales, les permiten encontrar interlocutores que les acogen, encantados de contarles como amigos en Facebook y así volverse miembros de una comunidad de “malpensantes”[3] que reivindican con aplomo y certeza el derecho a su diferencia y a su propia verdad, por más ridícula o monstruosa que sea.

Se perciben de ahora en adelante los abismos que se abren delante de nosotros: en el horizonte el espectro de un mundo globalizado cada vez más paranoico, y la evidente fragilidad de nuestras sociedades democráticas en vías de convertirse en el terreno de juego de los extremismos de todo tipo, sean o no religiosos.

¿Una democracia tan frágil que bien podría ser manipulada? ¡Qué inseguridad y qué angustia ante tal ausencia de garantía! Entonces mejor valdría, para algunos, la fuerza oscura de una dictadura que impondría su ley de hierro y cambiase realmente la sociedad. La “conspiranoia” no es un epifenómeno irrisorio: bien podría ser-según la fórmula de Laurent Joffrin en el Liberation del 21 de enero- “la antecámara de la tiranía”.

Traducción: Juan Jesús Ugarte
Revisión: Dalila Arpin


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Entrevista a Perla Drechsler
Psicoanalista. Miembro de la ECF - AMP y de LATIGO




Dalila Arpin: ¿Cómo conociste a Elsa C. y qué podés decirnos de ella para los lectores de Látigo?

Perla Drechsler: Conocí a Elsa hace muchos años en casa de amigos. Teníamos una amiga en común, y me cruzaba con ella en las reuniones o fiestas que mi amiga organizaba. La recuerdo brillante, mordaz, incisiva. No dejaba al interlocutor tranquilo. Nadie podía hacer caso omiso de su presencia. Psiquiatra de formación, Elsa no pertenecía a ninguna escuela psicoanalítica. Se dedicaba a la clínica y a escribir libros. Había publicado tres.

Dalila Arpin: Vos me decías que ella había entrado hace muy poco en la redacción de Charlie Hebdo…

Perla Drechsler: Había entrado hacía menos de dos años.

Dalila Arpin: ¿En qué consistía la participación de Elsa en la revista?

Perla Drechsler: Tenía una columna bimensual llamada Charlie Divan

Dalila Arpin: ¿Cuál es, en tu opinión, el aporte que un(a) psicoanalista puede hacer a una revista satírica como ésta?

Perla Drechsler: A decir verdad no soy, ni fui una lectora de este semanario. Conocía los dibujos de Wolinski pero por otra vía. Compré por primera vez la revista después de la Marcha Republicana.

La columna de Elsa contrasta radicalmente con el tono de Charlie Hebdo. No es satírica! Habla de temas de sociedad como lo hacía en los otros medios de comunicación en los cuales Elsa participaba como la Revista Psychologie Magazine, o Elle, o en su Psyco chat.

Dalila Arpin: Yendo un poco más lejos, ¿cuál podría ser el aporte del psicoanálisis al humor contemporáneo?

Perla Drechsler: Para Freud en su texto de 1927 Der Humor, el humor, es ejercido sobre uno mismo: no necesita de tres como en el Witz, ni de dos como en lo cómico, sino de uno dividido. Por lo tanto entre el humor y el psicoanálisis tenemos al sujeto dividido como punto de contacto. Freud consideraba al Witz desde un punto de vista económico. Allí donde hay ahorro del gasto psíquico hay ganancia de placer. Freud decía que para reírnos de un chiste debíamos ser de la parroquia. El Otro debe ser de la parroquia. En el seminario V Lacan dice... "no hay chiste que no sea particular, no hay agudeza en el espacio abstracto".

Recordemos también, tal como Jaques-Alain Miller nos enseña en su lectura del Seminario V que para Lacan, el pase tiene la misma estructura que el Witz. Se trata del relato de una vida, condensada en una buena historia, que puede contarse a otros.

Con respecto a la pregunta acerca del humor contemporáneo, cómo conciliar al chiste y/o el humor en el espacio particular cuando, tal como Jacques-Alain Miller nos señala en su texto "El retorno de la blasfemia", los universos de discurso actuales comunican, no están separados y estancos como antaño?

Raquel Cors: ¿Qué nos puedes comentar sobre las publicaciones y la temática de los textos que Elsa C. publicaba en el semanario francés? Pues hasta donde entiendo, ella solía escribir sobre parentalidad, relaciones de pareja, sexualidad, autoridad, vida, muerte...

Perla Drechsler: No es una novedad que tanto en Francia, como en Latinoamérica, los medios de comunicación masivos solicitan a los "psi" para que respondan a problemáticas que conmueven la sociedad. En el espacio público la toma de palabra de los psicoanalistas corre el riesgo de la dilución del discurso analítico en el discurso común. Pero estar ausentes de este espacio deja lugar a que la esfera "psi" sea tomada por los pseudo-cientistas, comportamentalistas, o cognitivistas.

Raquel Cors: En el marco del terrible atentado a la libertad de expresión en Charlie Hebdo, ¿cuál es tu impresión sobre la interrupción a la libertad de palabra que nos concierne en tanto psicoanalistas?

Perla Drechsler: Citaré a Lacan en el Informe de Roma del 1953 "Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues, ¿cómo podría hacer el eje de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes".

Estoy aún en "mi tiempo de comprender". Los remito a la excelente noche organizada en la Escuela de la Causa Freudiana el lunes de febrero último sobre "La experiencia del psicoanálisis aún inédito para hacer frente al desenfreno de lo sagrado" que anhelo pronto se publique en castellano.

Por último, me subleva y condeno el silencio de los medios franceses, quienes a diferencia de la prensa inglesa, omitieron las declaraciones del hermano de Elsa, a saber: que Elsa había recibido llamados telefónicos anónimos con insultos antisemitas, pero sobre todo que había sido matada por ser judía.




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¿La guerra yhadista es una forma de defensa del patriarcado?




Juan Fernando Pérez
Psicoanalista. AME de la NEL – AMP 

Medellín – Colombia

Luego del shock inicial producido por los atentados de París del mes de enero pasado, se ha abierto un complejo debate acerca de lo que allí se puso de manifiesto, de manera tan siniestra y (casi) sorpresiva para Occidente. En diversas partes del mundo y desde ángulos muy distintos, se exponen tesis de todo tipo y las controversias crecen en torno a múltiples temas ligados a los atentados. 

También el psicoanálisis lacaniano busca construir su interpretación de los fenómenos que allí se revelan. Se impone de esta manera la tesis de Freud y de Lacan acerca del carácter prioritario que tiene para el psicoanálisis ubicarse respecto al sentido de la época, de lo cual depende su supervivencia y que, en tales circunstancias, ante todo, ha de prevalecer su orientación por lo real. Porque ciertamente es en momentos tales cuando la fraternidad o el odio, los ideales, de justicia u otros, la creencia en los humanismos, o dicho de otra manera, la justificación de los goces, es lo que intenta imponerse en el momento de producir los juicios.


Ahora bien, a partir de los sucesos de enero, se discute aquí o allá, sobre los temas más desiguales y variados y se revela así la complejidad de lo que se examina. Se reconoce entonces como necesario entender qué es lo sagrado y lo que ello implica para culturas diversas que coexisten en el mismo espacio; se examina la naturaleza del trauma y su significación para la política y para la vida cotidiana; se proponen tesis acerca del derecho a la libre expresión, cuáles serían sus límites y se citan sus mejores teóricos; se señalan los acontecimientos de cuerpo que se producen o no en los sujetos ante la blasfemia y la necesidad de entender tales fenómenos; se examina el triunfo de la religión y si Mahoma debe ser tratado o no como dios; se habla sobre el papel de la razón y de la barbarie en episodios tales; sobre la riqueza inconmensurable del Daesh (el llamado “Estado Islámico”) y sus políticas a la vez religiosas y sangrientas; sobre los juicios de la Ilustración ante los fanatismos religiosos; sobre el nuevo auge del antisemitismo y sus implicaciones para la vida contemporánea; sobre un presunto choque de civilizaciones que definiría los rumbos del siglo XXI; sobre la dificultad para un sujeto inscrito en el discurso de la ciencia para orientarse ante lo que se dice que es el islamismo; sobre el sionismo y los diversos antisionismos; sobre la yihad contemporánea y el fanatismo; sobre el valor o no que debería tener lo “políticamente correcto”; sobre la significación del discurso de la ciencia en culturas que se sirven de la tecnología pero que no están inscritas plenamente en ese discurso; sobre la relación que existe entre seguridad y libertad; sobre la necesidad de utilizar las teorías de juegos para poder entender las lógicas del problema; sobre el lugar de las mujeres en los submundos musulmanes y el porqué del fanatismo de muchas de ellas cuando se trata de defender el islam; sobre la obligación moral o ética que habría de intervenir militarmente contra Boko Haram y por qué aun se vacila ante ello; sobre las políticas de inmigración de los países ricos y la crisis del capitalismo; sobre la ignorancia que tienen los occidentales en realidad de lo que es la diversidad de la cultura musulmana; sobre el papel de tal o cual país en lo que sucede hoy en Occidente y en el mundo salafista; sobre la significación de los colonialismos de viejo o nuevo cuño en el malestar contemporáneo; sobre si estamos hoy ante una guerra planetaria o no; sobre cómo diversas disciplinas y saberes podrían contribuir a entender las lógicas de lo que está en juego; etc.

Y de cada tema surgen otros tantos más que hacen del debate un campo tan amplio y disímil que sin prioridades bien fundadas el extravío se hace inevitable.

¿Cómo orientarse entonces en un debate tan complejo, disímil y necesario? El primer riesgo en todo ello, al menos para el analista lacaniano en mi opinión, es lo que Tocqueville tanto como Freud señalaban, es decir, que cuando hay desorientación el problema es la parte gregaria de cada uno de nosotros.

Por mi parte observo que después del repudio generalizado de enero en Occidente a los atentados de París, la invitación a la prudencia en las interpretaciones tiende a imponerse. Es sabio, sin duda; pero ¿hasta dónde? ¿Acaso se llega así a indicar que, por ejemplo, la blasfemia finalmente siempre sería ilegítima? Petrarca, o aun Molière o Casanova o Sade o Verlaine y en general los llamados libertinos de Europa de diferentes siglos, o Voltaire o Kant no se sentirían, me parece, entusiastas ante tal invitación a la prudencia, por cuanto sus tesis y sus luchas podrían resultar en últimas necias, condenables... ¿en favor de lo “políticamente correcto”? ¿Occidente desmerece ahora de sus mejores ancestros ante la amenaza yihadista? Parece posible afirmar que tales espíritus habrían sostenido que si hay de acceder a lo esencial, habría que hacerlo, al menos, sin timidez alguna.

Pero ¿qué es allí lo esencial? Para saberlo ¿se requiere establecer qué siente profundamente el fiel, como parece sugerirlo Miller (LQ 474) a partir de Duchamp? De ser así, ¿con la yihad estamos ante algo análogo a un juego de ajedrez, de póker, o ante otro tipo de juego, como ya alguien más lo señaló? ¿Turing, ahora de moda, ha de invocarse para lograr pensar de qué se trata todo esto? ¿Se puede acaso escupir sobre un tótem en el ámbito ritual de una tribu amazónica? En fin.

Propongo al menos lo siguiente: en el debate actual, en el cual se han manifestado y se siguen manifestando muchos de los mejores analistas lacanianos, extraño especialmente la invocación de una problemática que allí me parece decisiva: la decadencia del patriarcado.

Quizás se haya hablado ya tanto de ello para dar cuenta de casi todo lo que hoy sucede, que ahora parecería querer decirse que es el momento de olvidarlo. Pero, me pregunto, ¿no se está olvidando así una dimensión esencial de lo que está en juego? ¿Boko Haram, el Daesh, Al Qaeda, los salfistas y todos los demás “locos de Dios” como les llama por ejemplo Miller, no reclaman acaso es la primacía del patriarcado como fundamento primero de sus luchas?

Se habla de lo sagrado y la blasfemia, del triunfo de la religión, del fanatismo y la fuerza allí de los S1, del sacrificio y las religiones, de la sumisión y de la dictadura de la verdad única, de discursos que tienen su fundamento en la defensa de las jerarquías inmutables, etc. ¿No está allí implícito siempre el padre? Miller llamó la atención en Comandatuba (“Una fantasía”) acerca de lo impropio que puede resultar entender una tendencia histórica que desarregla lo vigente como el resultado de un carencia de discurso. Mostró así que los no-engañados (non-dupes, decía Lacan) de la época están igualmente regidos por un discurso. Y en el caso del fundamentalismo islámico ¿no se trata de un discurso religioso extremo, que ha localizado a los enemigos de la fe y que se levanta, desde una formación reactiva, ante la dictadura del plus de goce que hace estallar las tradiciones matrimoniales, que volatiliza la familia, que destruye la autoridad del padre,...? El “¡basta de padre!” de Lacan ¿no ha sido oído con cólera por los yihadistas para darle así un fundamento a su lugar en el mundo contemporáneo? 


11 de febrero del 2015











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Comentario de Graciela Brodsky sobre el texto “El amor por la policía” de J.-A. Miller




Querido JA, 
Me gusta tu texto de hoy (El amor a la policía). Atempera algo que me había molestado en el de ayer.
No entiendo la manifestación del domingo como la fiesta del discurso del amo. Al contrario, por el momento me parece que desató una burla a los amos. Al menos eso es lo que se lee si se siguen las redes sociales, cosa que hago a menudo ahora que estoy en la playa. Hoy me encontré con la "selfie" de los jefes de estado sin nadie detrás, y luego con Sarko colándose en la foto de los mandatarios, y con las decenas de fotos de todo tipo en las que aparece Sarko: en la reunión de Yalta, por ejemplo. La mejor es la que lo incluye en una tela de Hopper.
En fin, una fiesta del ridículo. A mi gusto, hoy lo aclaras bien. A diferencia de otros slogans: "Sangre, Sudor y Lagrimas", por ejemplo, "Je suis Charlie" es una creación que no se sabe de donde salió, que corrió como reguero de pólvora por las redes y que produjo ese tipo de identificación que no pasa por el ideal y que tanto me interesa para pensar las epidemias contemporáneas. "Soy Ana", por ejemplo, es el eslogan que agrupa a las anoréxicas en la red, sin ningún ideal de belleza ni de delgadez.
Nadie quiere ser Charlie, se entiende. Todos los de la marcha celebran no haber estado en la redacción en el momento justo. (Esto lo aprendí de vos luego del atentado a las torres. Está en Las cartas a la opinión ilustrada). No hay en juego ningún amor al lider, ningún bigotito, nada de eso que Freud describe para la Psicología de las masas. Es más bien un movimiento de los contemporáneos, sin amo, de esos que describe Negri en Imperio: los indignados, Podemos, fenómenos nuevos.
Que el discurso del amo intente hacerlo servir a sus propósitos, capitalizarlo -como decíamos-, es otra cosa. Pero por el momento solo se ve la irrisión del amo, condensada en la cagada de paloma sobre el traje de Hollande.


Acá, si a uno lo caga una paloma, significa buena suerte. Qué ironía! Tal vez esa sea la respuesta de lo real que no advertimos mientras escrutábamos el comportamiento de las bolsas. Los Dioses tienen formas extrañas de manifestarse.


Un abrazo grande, 


Graciela



*Texto autorizado por Graciela Brodsky para el Boletín Latigazo. Brodsky es Psicoanalista. AME de la AMP - AE en ejercicio y ex presidenta de la AMP.




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Notas:
[1] “complotistes” en el original. Preferimos el neologismo teorías “conspiranoicas” a “teorías de la conspiración” dado su creciente uso actual y su justificación en el texto, como se verá más adelante. (N. del T.)
[2] La autora juega con el doble sentido de “propre”: propio, limpio. (N. del T.)
[3] “malpensants” en el original. También tendría sentido el castellano “malpensados”. (N. del T.)


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