25 de mayo de 2015

Crónica: Guy Briole “El trauma: momento de crisis por excelencia”, por José Manuel Alvarez


Ante un muy nutrido número de asistentes, tuvo lugar la conferencia de Guy Briole en la Sede de Barcelona de la ELP titulada El trauma: momento de crisis por excelencia.

Después de la presentación del acto a cargo de nuestro colega Ricard Arranz –director  de la revista Freudiana-, encuadrando el interés para la comunidad analítica de la actualidad del tema del trauma y de la crisis, Eugenio Díaz aprovechó la ocasión para realizar la presentación de las próximas XIV jornadas de la ELP que tendrán lugar los días 12 y 13 de Diciembre de 2015, en Barcelona, bajo el título: Crisis ¿Qué dice el psicoanálisis? (https://elp.org.es/2015/04/actualidad/) 

Guy Briole comenzó señalando que, si bien la crisis no es en sí mismo un concepto psicoanalítico, no obstante es un tema serio para el psicoanálisis. Desde el psicoanálisis consideramos la crisis como una crisis de lo simbólico y en consecuencia la manifestación de lo real desordenado, sin ley. En este sentido, además, existe una proximidad entre crisis y trauma.

El contexto social está en crisis. Está afectado por muchas crisis y lo que comúnmente se denomina caída de la imago paterna, no da cuenta completamente de lo que es un parletré en crisis en este siglo XXI. Si antaño la crisis se podía considerar como la incidencia en el sujeto del retorno de lo reprimido, en la actualidad se manifiesta incidiendo sobre las modalidades de los ajustes del sujeto con su goce: dado que la promesa de la Civilización es la felicidad para todos, el sujeto se ve en crisis cuando no logra ajustar su goce a esa promesa que se le presenta como inaccesible.

Nos encontramos entonces con un sujeto muy proclive a desplazar sobre los otros lo que en él se oculta en términos de castración, y quiere conseguir del analista más la clave que le permitiría reajustar su goce mediante un saber hacer, que conectarlo al sujeto-supuesto-saber, demandando así un bricolage rápido para acabar con el malestar. El sujeto traumatizado se piensa -identificando la causa en el exterior-, más como víctima que como responsable. 

Crisis y responsabilidad 

Con la desvalorización actual del lazo social y el desprestigio de los valores sociales, se acentúa un desplazamiento del origen de las desdichas del sujeto al campo del Otro.

Sin embargo, señaló Briole, hay que recordar que la crisis como tal ha sido el punto de partida del propio Freud: Mientras que Charcot se detuvo en el culmen de la crisis (histeria), Freud la tomó como su propio punto de partida en una operación mediante la cual instaura un interlocutor posible para la crisis; y esto es lo que es el psicoanálisis: una operación por medio de la cual se extrae el parletré al cuerpo a través del cual se manifiesta la crisis. Esta sería la deuda con la crisis que tiene el psicoanálisis.

Podemos considerar la crisis como un hundimiento de lo simbólico, un emergencia de lo real sin ley y una fisura de lo imaginario, es decir, el sujeto ya no puede sostenerse en el espejo de la época.

En este punto, Guy Briole alertó de los peligros de dejarse llevar por la figura del especialista en crisis, y más todavía de un psicoanalista especialista en crisis, ya que “especialista” es un espejismo, una trampa de la que resultará una crisis del propio acto del llamado “especialista” al no poder orientarse en la dirección de la cura.

Crisis y trauma 

Apoyándose en un texto de François Ansermet(1) introdujo la relación del tiempo con la crisis. Mientras que el traumatismo petrifica el tiempo, la crisis es una ruptura con un estado anterior, poniendo en relación el acontecimiento con la contingencia como efecto de un encuentro.

Así, un acontecimiento se produce en una fecha y en lugar determinado; no es neutro y se distingue claramente del curso uniforme de la naturaleza. El acontecimiento es inesperado, es una sorpresa, introduce una discontinuidad temporal que compromete a un sujeto. El hecho, por su parte, es lo que realmente sucedió, no es una experiencia. La ciencia puede dar buena cuenta de él en todos sus parámetros, pero justamente la ciencia está hecha para eliminar el factor sorpresa; es un invento para evitar la sorpresa en tanto formula teorías por medio de las cuales se pueden predecir hechos futuros.

Lo que lo hace traumático al acontecimiento, es que pone en juego lo singular de un sujeto en un momento dado de su historia en la intersección de la diacronía de los acontecimientos y lo que surge en la sincronía de lo que ha ocurrido. De esta forma, señaló Guy, la contingencia da cuenta de la noción misma de crisis.

En este sentido, el accidente (como azar desgraciado, decía Aristóteles) es único en el sentido de que no impide que se sucedan otros, pero lo es, único, en función de un sujeto y, por lo tanto, no es igual para el resto de los sujetos concernidos en el mismo accidente.

Para el sujeto hay una parte real marcada por el accidente en tanto indecible y, por otra, hay una parte subjetiva en la que el mismo sujeto está comprometido. 

Marca del sujeto, fantasma, defracción, crisis 

No es el impacto del acontecimiento lo que hace traumatismo sino lo específico del mismo para un sujeto concernido... Aquí no se dejó de señalar que para Freud mismo, el trauma es constitutivo del sujeto y que siempre está estructurado como aprèp-coup. A lo que, añade Freud, el trauma siempre es sexual, siempre despierta, activa una rasgo anterior -repetición traumática- constituyéndose una continuidad entre el momento del trauma y el momento de crisis. 

Crisis, trauma y cuestiones al psicoanálisis 

Para el sujeto traumatizado siempre permanece la cuestión de saber dónde puede inscribir este mal encuentro que ha modificado el curso de su vida, bajo la pregunta ¿quién quiere escucharlo? Aquí, se abren múltiples vías y no todas se sostienen de la misma ética, ya que aquel que va escuchar al sujeto, de su escucha y de su acto dependerá el devenir del que se dirige a él. La clave se encuentra en que el analista se pueda sostener en la ética del bien decir. 

Acto y crisis 

La diferencia entre los distintos dispositivos que pueden acoger una crisis del sujeto, -médicos, psiquiatras, asistentes sociales, policías, jueces-, y el psicoanalista, es que este ofrece una escucha distinta en la que se trata de transponer la crisis al marco del análisis, localizando la dimensión de la crisis y de su urgencia subjetiva de modo que los acting-out puedan hablarse y no hacer ruptura mediante un pasaje al acto. Esto es un paso decisivo, ya que en la operación analítica se trata de anudar la crisis al campo del Otro.

El desorden que se escucha no implica que el analista pueda cambiar algo de eso. El analista sólo está ahí, incluso designado por su impotencia. El analista no cuenta con una solución a la crisis y la utilización por su parte de una sugestión tranquilizadora, es decir, de una seducción que desplaza la transferencia sobre el que promete un porvenir sin crisis, es un callejón sin salida.

Si el dispositivo analítico funciona es porque, como señala Lacan, el poder de la sugestión es sustraído a la posición del analista.

De esta forma, el analista busca el punto en el que el sujeto pueda responder de ese desorden que lo invade, y el cual lo ha hecho desaparecer como sujeto. Lo importante no es tranquilizar, ni prometer, ni recurrir a la confianza, sino apuntar a lo que se puede movilizar a partir de lo que puede sostenerse en él. Se apunta, por tanto, no a la coacción de lo que se dice en lo que quedó de inarticulado del acontecimiento, sino a extraer una palabra que pueda ser retomada en el lazo transferencial. 

Tiempo y sesión analítica 

Guy Briole expuso dos ángulos. Un ángulo en el que el tiempo define no tanto una temporalidad sino un espacio donde se despliega la gama subjetiva; un espacio en el cual se transponen los elementos de la crisis al espacio de las sesiones; donde se puedan anudar, al espacio de las sesiones, los momentos diferentes de los efectos producidos por el acto del analista.

El tiempo de la sesión es otro ángulo de la temporalidad. La sesión estándar sitúa el corte temporal por fuera de la sesión misma; en ese punto, el acto no incumbe al analista. Mientras que la propuesta de Lacan, incluyendo el corte de la sesión del lado del acto del analista, transforma la rotura que ha producido la crisis en las discontinuidades propias a la cadena significante.

Precisamente, esto requiere un despliegue temporal que podemos relacionar con el desarrollo de las entrevistas preliminares, en las cuales se puedan construir las condiciones del trabajo analítico mediante una rectificación subjetiva que apunta a cambiar las relaciones del sujeto con la realidad, es decir, hacerse agente de su propio discurso. Y esto, en situaciones de trauma o de crisis puede llevar mucho tiempo. 

Traumatismo, crisis y uno por uno 

Guy Briole señaló algunos errores frecuentes que pueden llevar a un diagnóstico de psicosis, por ejemplo, a partir de una presentación del sujeto en la que, en efecto, suele haber falta de palabras para describir lo vivido, y la presencia de un real que acecha, junto con el hecho de que suelen ser sujetos que ya han realizado frecuentemente un largo recorrido por diversos dispositivos de atención médico o social, suele acabarles proporcionando el sentimiento de que, una vez más, no van a ser ni escuchados ni comprendidos; lo que genera una gran desconfianza que puede hacer aflorar un sentimiento vagamente persecutorio. Y eso se puede acentuar aún más si nos situamos como los que lo vamos a interrogar con más precisión de lo que ya lo han hecho otros. Para un sujeto en crisis, la mera evocación de lo que desencadenó su crisis genera de nuevo revivirla, lo cual puede producir a su vez un rechazo, un cuestionamiento personal precipitando una negativa a hablar que puede conducir a un acting-out como única vía de escape.

Hay, entonces, una política de la dirección de la cura que pasa por orientar al sujeto a situarse al margen de la zona de crisis. Y esto es más importante y decisivo para el sujeto traumatizado que para el sujeto en crisis. Conviene, subrayó, que el recuerdo traumático sea respetado, ya que nada permite al sujeto abordar dicha emergencia: el encuentro con la muerte ha dejado su huella y, paradójicamente, el sujeto a veces piensa en matarse para escapar de la repetición de dicha huella.

Por lo tanto, hay que estar muy atentos, dar muestras de firmeza y gran paciencia para posibilitar una elaboración de las condiciones exactas del acontecimiento, teniendo en cuenta el sufrimiento y dirigiendo al paciente a un recorrido en su historia personal que le ayude a situar el traumatismo en el curso de su vida desde el cual podrá realizar un anudamiento.

Debate. 

A continuación tuvo lugar un amplio y animado debate, del cual resaltaremos tres puntos subrayados por Guy Briole.

La crisis como oportunidad es una idea que proviene del mundo empresarial y de los medios de producción. El interés que tiene la crisis para un sujeto es, más bien, tomarla como lo que está en juego en su etimología misma: juicio y decisión.

Se suelen remarcar más los acontecimientos desgraciados como los que suelen provocar crisis, y se suele olvidar que muchos acontecimientos felices también desencadenan crisis.

Quizás el mundo de hoy sea el mundo de la prisa, pero también el psicoanalista resulta que muchas veces tiene prisa, y se olvida de su propio trayecto analítico marcado por una temporalidad más bien bastante larga. Y, olvidándose de eso, quieren obtener resultados en un breve espacio de tiempo, cuando justamente, si hay que respetar la zona de crisis de un sujeto, hay que invertir la ecuación y darse el tiempo necesario para que el sujeto, lejos de encontrar una solución inmediata, una salida, pueda encontrar, al contrario, una entrada al análisis.


Notas

[1] Ansermet F., La crise, entre l'entaille et le temps. Nota sobre Attese de Lucio Fontana, 1963, http://www.amp-nls.org/page/fr/170/le-congrs