22 de noviembre de 2015

LACAN COTIDIANO. La Belle Équipe, Por Aurélie Pfauwadel




Resulta que La Belle Équipe no es cualquier bar.

Resulta que es el café que está abajo de mi edificio. Aquel en el que tengo costumbres y cuya terraza frecuento regularmente. A ese bar llevé repetidas veces a amigos y a colegas para que vinieran a descubrir la magnífica carta de cócteles –La BelleOtero, esa bebida condimentada con flor de saúco y pimienta, con su nombre de gran cortesana de la Belle Époque, era mi preferida.

Los hombres y las mujeres que llegan allí para discutir, coquetear, divertirse y beber a sorbos su despreocupación, es eso lo que los terroristas han venido a destruir, matar, exterminar.  

No puedo dejar de estar obsesionada por estas preguntas: ¿por qué, entre los millares de bares y restós parisinos, dispararon precisamente en mi lugar favorito, abajo de mi casa?, ¿cuántas veces estuve en esa misma terraza un viernes a la tarde? No se trata ya de decirse, abstractamente, “hubiera podido ser yo” o “son gente como nosotros”. Es nosotros Concretamente. Realmente. 
 
Allí se cruzan cuatro calles, esa terraza no está protegida por ninguna mampara de vidrio o de metal, es un lugar expuesto, fácil para tirar y luego escaparse. Pero estas razones pragmáticas son irrisorias. En un comunicado, Daech afirma haber seleccionado con cuidado, previamente, los lugares de los atentados: eligieron blancos considerados por ellos como “lugares de libertinaje”. El alcohol, la música, el juego, las relaciones libres entre hombres y mujeres: es explícitamente a nuestro modo de gozar al que apuntaron el viernes último. Alcanzaron al París joven, “bobo”(1) y progresista. El París donde se vota a la izquierda y donde se cambia el mundo en las terrazas de los cafés, justamente. Ese París que tanto amo, en el que nací, en el que crecí y en el que siempre tuve la oportunidad de poder vivir como una mujer libre. Los terroristas decidieron deliberadamente sembrar la muerte en esos barrios apacibles y animados, donde es tan agradable vivir que pensábamos que casi nada podía sucedernos.

Se dirigieron a esos territorios felices que rechazan tanto lo real que acabó por estallarles en la cara. Del modo más traumatizante y más trágico.

¿La terraza de La Belle Équipe? No logro creerlo nunca, es inadmisible –aunque haya ido, como tantos otros, a depositar flores y a tener un momento de recogimiento. Es imposible. La irrupción de un fuera de sentido en mi realidad más cotidiana. 

Dolor, terror y tristeza, pues sé que después del 13 de noviembre no será como después de Charlie: esta vez, nuestras vidas van a cambiar verdaderamente. Fin de una Belle Époque.

El otro Belle Équipe(2) en el que pensé mucho este fin de semana es el de nuestra Escuela que preparó durante largos meses esas Jornadas que prometían ser un momento excepcional de elaboración psicoanalítica y de alegría compartida. Estoy al tanto de la cantidad colosal de trabajo que nuestros colegas habían realizado para preparar las Jornadas lo mejor posible y estimo la decepción y la pérdida que esta cancelación representa.

Así como Lacan tenía su Seminario inexistente, la Escuela tendrá a partir de ahora sus Jornadas inexistentes. Un agujero en lugar de “faire couple”(3) y de nuestro entusiasmo comunitario.

Todavía tenemos, en nuestras vidas y en nuestro trabajo, que extraer todas las consecuencias de estos acontecimientos.

París, 15 de noviembre

Notas:
1 [N. T] Bobo, contracción de bourgeois-bohème (burgués-bohemio).
2 [N. T] La Belle Équipe, el bello equipo. 
3 [N. T] Faire couple - Liaisons inconscientes (Hacer pareja – Lazos inconscientes) era el título bajo el cual iban a desarrollarse las 45º Jornadas de la ECF, en París, el 14 y el 15 de noviembre. 

Traducción: Alejandra Antuña

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