14 de junio de 2013

DIFUSIÓN: 43ª Jornadas de l'École de la Cause Freudienne - Paris, 16 y 17 de noviembre de 2013







43ª
XLIII JORNADAS DE LA ESCUELA DE LA CAUSA FREUDIANA

TRAUMA
BUENOS Y MALOS ENCUENTROS CON LO REAL

LOS TRAUMATISMOS EN LA CURA ANALITICA

16 y 17 de Noviembre 2013 – Palais des Congrès – París


Hay una teoría espontánea del traumatismo: Eso que no podía suceder, ha sucedido. 
¡Impensable!, ¡Inimaginable!, ¡Insoportable!, Demasiado. 
"Yo me perturbo" – El sujeto se pierde frente a la realización de lo imposible, y ya no es más aquel que solía ser, ni para el mismo, ni para los otros. No hay respuesta que valga. El síntoma estalla. 
Así la medicina, con la ayuda de la ciencia contemporánea, busca una solución – La píldora del día después, la preparación de la víspera, la sanción inmediata. Siendo la respuesta la supresión de la memoria – que todo pueda volver a ser como antes y que los hombres puedan dedicarse de nuevo  a sus ocupaciones, como lo exige el imperativo del lazo social. Eso no ha ocurrido porque eso no deberia haber ocurrido. La pregunta será: ¿Cómo vivir después del traumatismo sin el traumatismo? Ninguna lección puede extraerse del trauma. 
Como el traumatismo forma parte ineludible de la existencia, entonces el psicoanálisis opta por una estrategia distinta y más pragmática. Porque ningún deterioro de la memoria, supresión, contraprogramación, catarsis, podrán acabar con lo real.  Incluso suponiendo que tales soluciones sean posibles, los daños colaterales serían demasiado importantes e inaceptables desde el plano ético. 
¿Qué propone entonces el psicoanálisis? Este considera que el trauma sí tuvo lugar, que él sí modifica al sujeto, y que él se presenta como el reverso de un acto. Es por tal razón que el psicoanálisis decide sacar una enseñanza del trauma. Desde el nacimiento del psicoanálisis los analistas, siendo Freud el primero, han debido admitir una evidencia clínica: La realidad psíquica no coincide de ninguna manera con la realidad objetiva, facticia, o de discurso. 
Más aún, la noción de traumatismo exige una nueva definición del hecho y del acontecimiento congruente con el sujeto del inconsciente. De tal manera podemos remitirnos al famoso ejemplo de La interpretación de los sueños, que Lacan retomará tiempo después. 
Un padre ha perdido un hijo, pérdida cruel, traumatismo en el más común de los sentidos. Agotado, éste confía a un allegado el cuidado de velar por un momento el cuerpo de su hijo amado. Pero este hombre a su vez se duerme cerca del niño, que reposaba de su último sueño. Repentinamente, un ruido: es el fuego que empezaba a quemar el cuerpo amado. He aquí la realidad, ¿Cómo responde el inconsciente? Por medio de una pesadilla en donde el hijo se acerca y murmura "Padre, ¿acaso no ves que ardo?" ¿Dónde está el trauma? La voz imposible del muerto, es lo que verdaderamente despierta al padre.    
Una imagen indeleble, la irrupción de un escalofrío, el exceso de una emoción, una palabra por siempre inarticulable; son algunas de tantas heridas imborrables, de "pérdida[s] del objeto, ilustrada[s] en su punto más cruel". La formulación es de Lacan, que exalta en la pérdida, el lazo del trauma a los objetos; dejando sin brújula al sujeto en un mundo despojado de sentido. 
Ahí comienza la cura, en el intervalo de la fractura del sujeto, de la perforación de su realidad. Puntos fijos en los que la maquina productora de sentido se precipita y se sofoca, confrontada a eso que el inconsciente, real, no cesa de repetir ciegamente.         
Todo el mundo delira, es decir, da su propio sentido, porque todo el mundo está traumatizado. Pero el delirio no nos libra del traumatismo. Cuando Eso se repite, ¿Cuáles son las condiciones para que un "Sujeto" pueda advenir? 
Ante la universalización del delirio de los Unos-solos, surge como respuesta la generalización del traumatismo.  En la medida que lo simbólico pierde potencia frente a lo real, el malestar correlacionado con el síntoma cede el lugar al trauma correlacionado con el rechazo de la marca. El llamado al padre ya no es más la utopía dominante, sino más bien el riesgo cero, con la docilidad general que esto implica. Pero sin contar con esa "cosa obscura" que está en nosotros. Es al psicoanálisis, la operación de determinar su lugar justo, siempre singular, siempre contingente.   

Christiane Alberti, Marie-Hélène Brousse.


Traducción : Carrillo Juan
Revisión y corrección de la versión en español: Iriarte Luis , Toro Keyla.


Informaciones en: http://www.journeesecf.fr

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