22 de septiembre de 2015

LACAN COTDIANO. La víctima real no es víctima del inconsciente, por Gil Caroz

Luego de las plenarias de PIPOL 7, intentamos una aproximación de la actualidad en tiempo real. Si para referirnos al Holocausto disponemos de una perspectiva de tiempo y de un conjunto de testimonios que nos permiten nombrar esta irrupción de lo real, cuando se trata de la radicalización islamista y de sus efectos, de los cuales Daesh es la manifestación mayor, no tenemos esta retrospectiva.

Los últimos atentados en Isere, en Sinai y en Tunez, ocurridos la semana que precedió al congreso, nos colocan en el corazón de los acontecimientos. Esta guerra, que pone en juego los cuerpos transformados en cadáveres, es también una guerra de palabras y de discursos(1), razón por la cual el psicoanálisis aparece en escena para contribuir a su manera, y permitir que "las cosas del mundo acuden a decirse"(2). El uso del semblante es una manera de tratar lo real. Nosotros consideramos que es con los medios de nuestro tiempo que hay que abordar el mal de nuestra época. Suscribimos así la orientación dada por la Escuela de la Causa Freudiana luego de sus últimas Jornadas(3), la cual reunió un gran número de personas convocadas en torno de un significante que resuena en la cultura, más allá de nuestro campo. Igualmente buscamos darle la palabra a personas pertenecientes al campo académico, artístico, mediático y filosófico, y escucharlos dejándonos enseñar por sus maneras de abordar lo real de la más candente actualidad.

Del inconsciente somos todos mártires y nos diferenciamos por la manera de testimoniar de ello. En el psicótico, dice Lacan, "se trata de un testimonio abierto", es decir, sin mediación, mientras que el neurótico testimonia de la existencia del inconsciente de manera cifrada, lo cual nos obliga a descifrar su narración(4). Cualquiera sea la estrategia empleada por el sujeto para abordar el encuentro traumático entre el significante y el organismo -la división, la certeza delirante, la metáfora, el activismo o el pasaje al acto-, el psicoanalista recoge en la entrevista clínica con un sujeto el testimonio de la herida que las palabras han dejado sobre su cuerpo, así como el modo de goce que se produjo en ese lugar.

Sin embargo, como lo decía Jacques-Alain Miller en la apertura del Coloquio Uforca 2015, "la clínica no es todo el psicoanálisis, en la medida que el psicoanálisis tenga un sentido". El psicoanalista se planteó también como misión, desde Freud, hacerle frente a los malestares sucesivos en la civilización. No se contenta con un diálogo con compañeros de otros campos, ni con una contribución de saber qué podría ofrecer al amo. Los actores de lo político y de lo social son poco numerosos para escuchar realmente la voz del psicoanálisis, excepto si han pasado por el diván. Esto no impide que el psicoanalista opere sobre los malestares, vía la interpretación. En este sentido, la fórmula para Charlie, elegida para designar una rúbrica en Lacan Cotidiano, constituye la interpretación verdadera de la expresión Yo soy Charlie.

Si nosotros somos todos mártires del inconsciente, no todos somos víctimas de un acontecimiento de civilización. La víctima de la violencia de guerra, de masacre, de un atentado o de un secuestro terrorista no es mártir del inconsciente como tal. Cierto, no es imposible localizar las coordenadas inconscientes que provocan la contingencia y aumentan el riesgo para un sujeto de volverse víctima. Es la ley de la tyche. Hay que ir a la guerra para tener una "oportunidad" de ser prisionero, herido o muerto en combate. Pero hay también una dimensión de contingencia, y a veces de pura contingencia. Es el caso de cuatro personas asesinadas en el museo judío de Bruselas el 24 de mayo del 2014, a 500 metros del Square Brussels Meeting Center, donde se realizaba nuestro congreso. Si hay un sujeto del inconsciente en este atentado, su nombre es el antisemitismo. Pero esos cuatro muertos son víctimas reales de una contingencia, la de estar en el lugar y momento equivocado. Por otro lado, no nos autorizaríamos a plantear la pregunta por el goce de los sobrevivientes de un atentado, ya que si hay alguno este es impuesto, es un forzamiento.

Lacan indica una afinidad entre el mártir y el testigo. "Saben, dice él, que mártir quiere decir testigo de un sufrimiento más o menos puro"(5). En el cristianismo, el mártir testimonia por su acto de su fe. El acto y la palabra convergen aquí para certificar de la posición del sujeto. Pero la voluntad de testimoniar de una víctima de la contingencia de un real sin ley implica otro punto. No se trata de certificar de la posición del sujeto, sino de reconquistar una zona donde el sujeto había estado ausente, puesto que él no se esperaba esta intrusión de lo real fuera de programa. Se trata entonces de nombrar, de dar cuenta, de relatar, y así de circunscribir los bordes de un agujero fuera de sentido, de lo que ha hecho retorno en lo real en tanto ausente en lo simbólico. El testimonio de Sigolène Vinson, rescatada de los atentados a Charlie Hebdo, nos ha permitido constatarlo: una descripción detallada, paso a paso, que bordea los contornos del agujero de donde surgió un horror sin nombre, no sin provocar en un momento dado un acontecimiento de cuerpo. 

El psicoanalista se presta allí para este ejercicio que sobrepasa la clínica, sin convocar al sujeto en posición de mártir del inconsciente, más allá de lo que el sujeto devela de su propia iniciativa. Entre la posición de mártir del inconsciente y la posición de aquel que enfrenta una ofensa real hay una separación que se trata de no forzar. 

Podemos inspirarnos en la manera como Claude Lanzmann recopila los testimonios en su película Shoa. En efecto, Lanzmann produjo con su película un arma de guerra contra el negacionismo(6). Él procedió a la nominación de ese acontecimiento particular que corría el riesgo de diluirse en la larga historia humana de masacres de todo género. Es un acto de nominación que tenemos el derecho de esperar también del psicoanalista. 

Por otra parte, cuando interroga a sus testigos, Lanzmann opera también con la preocupación por el detalle. Este relato detallado produce un acontecimiento de cuerpo en el sujeto. Uno recuerda al peluquero Abraham Bomba en Trebinka que cortaba los cabellos de las mujeres en la cámara de gas, justo antes de que fueran exterminadas. Él pierde su voz cuando describe que uno de sus camaradas encuentra así a su mujer y a su hermana, justo antes que ellas entraran a la cámara de gas. Lanzmann insiste, al lado de él, para que continúe su relato, no para evidenciar su división, sino para que la palabra no cese, para que ella continúe remitiendo a un sujeto. 

Uno recuerda también a Raul Hilberg, quien escapó justo a tiempo de las garras de los nazis y quien, examinando los detalles, -durante 13 minutos de la película-, de un documento de la burocracia nazi, explica a Lanzmann que los judíos debían pagar ellos mismos su viaje hacia la muerte. La sonrisa irónica, otra marca corporal, que acompaña su desarrollo, es memorable. Estas manifestaciones de cuerpo, signos de la presencia del sujeto que acompañan el relato del testigo, confirman la indicación de Lacan de que "Siempre hay compromiso del sujeto… en todo lo que es del orden del testimonio"(7).

La experiencia de Didier François, el periodista de Europa 1 que fue entrevistado al final de la plenarias de la mañana, nos interesó en la medida que la misma se ubica en la intersección de una serie de elementos que nos conciernen dentro de este nuevo campo de estudios que las actualidades del mundo nos han abierto. 

En primer lugar, él escogió una vocación que practica desde hace treinta años y que consiste, entre otras cosas, en hacerse testigo y llevar a Occidente la voz de víctimas de guerra de todas partes del mundo. En segundo lugar, estudió seriamente las circunstancias de la escalada del movimiento islámico, así como la estructura y el modo de funcionamiento de Daesh. En tercer lugar, fue él mismo víctima de un secuestro y mantenido en cautiverio por el Estado islámico durante casi un año. En cuarto lugar, conoció de cerca a Mehdi Nemmouche, asesino en el atentado al museo judío de Bruselas, quien era uno de sus secuestradores. En quinto lugar, puede ser considerado como un sobreviviente, puesto que la mayoría de los 19 prisioneros con los cuales él compartió su período de cautiverio perdieron la vida.

Didier François nos enseñó que los nuevos modos de goce, que son efectos del discurso yihadista, se inscriben en un programa sólido y bien anclado. Cualesquiera que sean las coordenadas inconscientes de su elección de vida, nos interesamos en saber que él elabora alrededor de lo real indecible que se ubica en el centro de los acontecimientos que encuentra. Ya que para nosotros también esos modos de goce pertenecen al campo para el cual no tenemos, todavía, acceso por la palabra. 

Terminemos con esta frase de Didier François subrayada por Laure Naveau y Guy Briole, al final de la entrevista que sostuvieron con él para hacer emerger algo de este indecible: "En las guerras uno toma clases de dignidad que son después de todo increíbles". 

Notas:
1 : Gutermann-Jacquet D., « Islamophobie »: Un signifcante que divide. Intervención en la plenaria, PIPOL 7, Bruselas, 5 julio 2015, a aparecer en Mental.
2 : Lacan J., El Seminario, Libro 10, La angustia, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 43.
3 : 44 jornadas de l'École de la Cause freudienne, sobre el tema "Ser madre", Paris, 15-16 noviembre 2014.
4 : Lacan J., El Seminario, Libro 3, Las Psicosis, Buenos Aires, Paidós, 1987, p. 190.
5 : Lacan J., El Seminario, Libro 20, Aun, Barcelona, Paidós, 1981, p. 140.
6 : A semejanza de la obra Guernica de Picasso.
Ver Antoni Vicens, "La lettre Guernica". Intervención en plenaria, PIPOL 7, Bruselas, 5 julio 2015, a aparecer en Mental.
7 : Lacan J., El Seminario, Libro 3, Las Psicosis, Buenos Aires , Paidós, 1987, p. 38.


Traducción: Alba Alfaro