15 de septiembre de 2015

SAKABÔ n. 007. Comentario a “Los escabeles derribados” de Guy Briole, por Juan Fernando Pérez


Que el artista precede al analista en el esclarecimiento de los problemas de los cuales eventualmente ambos se ocupen, es una tesis básica de Lacan en su relación con el arte. De allí lo impropio y arrogante del concepto de “psicoanálisis aplicado” en el sentido en que los postfreudianos lo impulsaron. Guy Briole ha subrayado dicha tesis de Lacan y se sirve de ella como su Virgilio para proponer un novedoso examen de la música dodecafónica de Schoenberg, de ciertos rasgos de la música de Xenakis, de John Cage, de Boulez y en general de la llamada música contemporánea, hasta llegar a definir su “escabel derribado” como un esfuerzo de bien decir. Y nótese allí una lógica que va desde lo epistémico hasta lo ético, situando un real como centro del análisis.

Se recordará que la perspectiva del “psicoanálisis aplicado” (en el sentido postfreudiano) ha guiado a los analistas que han intentado ocuparse de la música. Uno de los primeros que se lo propuso fue Theodor Reik, quien logró aclaraciones literarias (sobre la ópera, por ejemplo) o biográficas de interés (por ejemplo acerca del análisis de Mahler con Freud[1]) pero sin que lo propiamente musical sea abordado allí con claridad. La vieja idea de hacer “psicoanálisis aplicado” define todo su empeño, y por tanto el objetivo es reconocer el sentido inconsciente del trabajo del artista, más que derivar un saber para el psicoanálisis de la construcción musical misma. Briole no elude lo más propio y específico de la música y muestra en su “Los escabeles derribados” que no eludirlo es posible para el analista y muy productivo para su saber. Seguramente era necesario un aparato conceptual como el que Lacan elabora en especial en el último tramo de su enseñanza, para lograrlo. Así, Briole hace uso de los conceptos necesarios para elaborar sus tesis, sin hacer nunca una invocación esquemática de los mismos.

En ese sentido para su examen se apoya en conceptos como los de escabel, S.K.Bello, agujero, borde, no relación, escritura (en el sentido de Lacan), lo imposible, lo contingente, no todo y otros, y examina con ellos temas como los de la música como escritura (ya destacado por Masson en su Impromptu de París 2014), el silencio como agujero, la reducción de lo real en Schoenberg, o en Cage, o en Xenakis o en otros, lo imposible de escribir, la soledad o una estética del rechazo entre otros, temas estos que reconoce Briole en los músicos convocados, los que, de una u otra forma, atraviesan las construcciones de los mismos. 

En ese orden de ideas acoge la invitación de Miller para el Congreso de Río de situar a Schoenberg, en cuanto a la música, en el lugar de Joyce para la literatura. Se trata entonces de acometer el trabajo que Lacan efectuó con Joyce, en este caso con Schoenberg. No es pues una tarea cualquiera; con coraje y decisión Briole abre la senda, lo cual, ya indicadas vías y propuestas tesis principales, permitirá probablemente una producción valiosa para Río 2016.

Y allí resulta central el concepto de escabel, destacado especialmente por Lacan luego de su seminario sobre el sinthome y subrayado por Miller en su conferencia de París cuando destaca las piezas teóricas de la última rama de la enseñanza de Lacan, que han de servir para atacar el misterio del cuerpo hablante. 

Que Miller haya hecho notar de la última rama de la enseñanza de Lacan el concepto de escabel en el contexto de su conferencia de París 2014 sobre el cuerpo hablante, merece ser destacado. Briole así lo reconoce. Con tal concepto es posible situar acentos esenciales que se producen en ese tramo del trabajo de Lacan. En esa perspectiva Miller propone un paralelo entre el escabel y el sinthome, para poner en relieve las dos formas de goce del parlêtre, el goce de la palabra, del sentido (con el escabel), y el goce que excluye el sentido (con el sinthome). Es una oposición notable que, a pesar de que sea muy clara y aun casi evidente, es necesario haberla puesto de presente. Lo es en la medida en que permite entender la lógica que guía a Lacan en su decisión de traducir (es el término que usa Miller para referirse a la decisión de Lacan) la sublimación freudiana como escabel. En efecto, se trata así de introducir un término, si bien algo prosaico, que sustituya la sublime sublimación, que dé cuenta en forma más precisa de una perspectiva teórica. Es esa la manera lacaniana de subrayar (de manera transversal como dice Miller) el lado narcisista  que se halla en juego en la sublimación. De allí el por qué habla de SKBello; “élsecreebello” también dice Lacan en su versión escrita de “Joyce el Síntoma”. Con tales piezas y orientación, Briole llega a reconocer el valor de una música que no pretende elevados escabeles sino, y ante todo, un bien decir que se pregunte a fondo por los elementos esenciales de la dimensión sonora para el parlêtre y con ello conseguir producir música. Todo esto configura una vía que se podrá reconocer, está llena de promesas para la teoría y también para la práctica analítica. 

Permítaseme añadir dos puntos finalmente. Uno: no obstante lo indicado, me pregunto con relación al concepto de “escabel derribado” si ¿éste no habría sido ya expuesto por Lacan bajo su neologismo de escabellostración? Y dos, cabe indicar, en este contexto, una posibilidad de trabajo que parece sugestiva: ¿qué resultados arrojaría la indagación acerca de la obra de otro grande de la música contemporánea, Luciano Berio, quien entre sus producciones llega a rendirle un homenaje a Joyce con su Omaggio a Joyce, trabajo ejecutado en colaboración con U. Eco y Cathy Berberian? Nuestros conocimientos musicales no permiten emprender esa exploración, pero seguramente otros, quizás el mismo Guy, hallen de interés esta posibilidad.

Notas:
[1] Cf. Reik, Theodor. Variaciones psicoanalíticas sobre un tema de Mahler. Taurus (Colección Ensayistas # 131), Madrid, 1975. También su Psicoanálisis aplicado. En la vida, la literatura y la música. Horme, Buenos Aires, 1967.  

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