5 de junio de 2016

La sustancia gozante (y II)*, por Miquel Bassols


 Lea aquí--> la primera parte

Ahora consideremos lo que Lacan dice sobre la otra sustancia en juego en el dualismo cartesiano: “De la famosa sustancia extensa, complemento de la otra, no podemos deshacernos así  no más, ya que es el espacio moderno. Sustancia de puro espacio, así como se dice puro espíritu.  No se puede decir que sea muy prometedor.”  (p. 32) La  famosa sustancia extensa no  tiene así  nada de empírico ni de objetivo, de hecho, ni más ni menos que el puro espacio como  a priori,  mediante el cual nos representamos el mundo y por añadidura a nosotros mismos, y siempre según las coordenadas simbólicas propias de cada momento.

Hoy en día, es cierto, vivimos sumergidos en el espacio de la ciencia moderna, fundado en un interior y un exterior, y cuyas fronteras,  sin embargo, son cada vez más  frágiles. Ahora bien, este espacio extenso  finalmente no es otro  que una sugestión inducida por el propio cuerpo, por el cuerpo imaginario, por el cuerpo del estadio del espejo(1)  y sus dimensiones de res extensa.  

Freud lo había observado muy bien en 1923, en El yo y el ello, escribe que el yo es una extensión  de  la  superficie  del  cuerpo  (puramente): (2)   “puro  espíritu”,  pero  también  “puramente”  por  así decirlo. De modo  tal que  la  res extensa, a partir de  la cual Descartes quería sostener  la  res  cogitans supuestamente complementaria, no es más que una extensión de  la superficie corporal  del yo, fundada en la especularidad de un interior/exterior que divide este espacio en partes.  Es por eso que Lacan añade  inmediatamente que:  “Puro espacio se  funda en  la noción de  parte, con  la condición de añadir que  todas a  todas son externas: partes extra partes.” Es decir,  que cada una de las partes que podemos delimitar en la supuesta res extensa es siempre externa,  exterior a cada una de las otras partes circunscriptas en esta operación imaginaria. 

Señalemos aquí, por ejemplo,  las paradojas en  las cuales se enreda el neurocentrismo de  hoy en día cuando no puede lograr situar con certeza en qué parte, en qué lugar reside finalmente  tal o cual  función mental, o hasta dónde se extiende el cerebro mismo en  tanto que  órgano del  sistema nervioso, e  incluso, más allá de este sistema, puesto que no se pueden definir  tan  fácilmente  los  límites del cuerpo. A  tal punto que es posible sostener,  realizando un salto que  tiene  todo su sentido, que sus funciones pueden hasta llegar a residir fuera del cuerpo. En efecto, ¿no  estudiamos que hay un goce fuera de cuerpo que modifica de manera sustancial el goce del propio cuerpo? La noción misma de extensión debe aquí  todo su valor a  la dimensión  (dit-mension)  imaginaria del yo corporal y a lo que hay de éxtimo en él.    

El salto del Seminario XX: sopesar el gozar del cuerpo 
  
¿Cómo salir entonces de este embrollo donde vive y se encuentra sumergido el sujeto de  nuestro  tiempo con  todos sus síntomas? ¿O cómo  ingresar allí armado de algo más consistente  que el supuesto dualismo cartesiano? Decimos  “supuesto” porque el propio Descartes de hecho  enunciaba, en lugar de un dualismo, una tríada, tres sustancias en juego: res cogitans, res extensa y res infinita. Eso siempre deja en suspenso la cuestión de la consistencia o de la inconsistencia de esta tercera, res infinita, divina o no, que daría paradojalmente y en último lugar su consistencia a las otras dos.  

En efecto, es allí donde Lacan realiza un salto que puede parecer inédito, pero que es consecuencia del giro fundamental de su enseñanza cuando introduce en ella  la noción de goce, de  cuerpo hablante y su emparejamiento significante con el axioma Hay Uno.   Adelanta entonces una nueva  “suposición”, no menos supuesta que  las precedentes, pero  que  las modifica de manera  radical. Esta suposición proviene de su propia experiencia analítica,  fundada en la suposición del sujeto supuesto saber. Propone “sopesar […] el gozar de un cuerpo,  de un cuerpo que simboliza al Otro, y que acaso consta de algo que permite establecer otra forma  de sustancia, la sustancia gozante”. (p. 32) He aquí pues donde aparece la expresión inédita que  inventa.  Lacan no da a esta “sustancia gozante” otra condición que la de ser supuesta, es cierto, pero es una suposición en la cual reposa la experiencia analítica del mismo modo que reposa en el  sujeto supuesto saber  inconsciente.  “¿No es esto  lo que supone propiamente  la experiencia psicoanalítica?” (p. 32) –la suposición de que hay un goce del cuerpo, con todo el equívoco del genitivo  de  la  expresión:  que  hay  un  goce  en  el  propio  cuerpo,  pero  también  que  hay  un  goce  del  cuerpo del Otro, ya sea yo quien goza del cuerpo del Otro o que el Otro goce de su cuerpo. Volvemos a encontrar aquí la paradoja partes extra partes.    

En todo caso, es solamente por esta vía, la del goce, que la experiencia psicoanalítica puede establecer que hay  “la sustancia del cuerpo, a condición de que se defina sólo por  lo que se  goza.” (p. 32) La única propiedad que puede especificar  lo viviente del cuerpo, para diferenciarlo de los otros, es el hecho de que el cuerpo se goza. Sin duda, es por esta vía de la sustancia gozante que se podría esclarecer lo que la biología dejó por siempre en la sombra de su objeto, con  la pregunta de Erwin Schrödinger que siempre recuerdo: ¿Qué es la vida? Finalmente, no hay otro  signo de la vida que aquel que nos hace suponer un goce del Otro, ya sea en el cuerpo propio o  en el más ajeno que podamos  imaginar,  tal como el mundo extraterrestre. La pregunta por  lo viviente se resuelve por la siguiente suposición: eso goza, o incluso mejor dicho: eso se goza.    

 
Corporeizar con lalengua 

Continúo citando nuevamente a Lacan: “No se goza [un cuerpo] sino corporeizándolo de manera significante.” (p. 32) No podemos más que suponer la sustancia del cuerpo, pero ella se goza gracias al lenguaje, gracias a lalengua cuyas resonancias afectan al cuerpo. Es un modo muy diferente a plantear la pregunta a partir de la res extensa, modo que siempre quedará hundido en la paradojas del interior y del exterior, de las “partes extra partes de la sustancia extensa”. Para mostrar esta paradoja, Lacan, en lugar de evocar a la ciencia moderna, menciona en este punto al marqués de Sade, “esa suerte de kantiano”, para quien “no se puede gozar más que de una parte del cuerpo del Otro, por la sencilla razón de que nunca se ha visto que un cuerpo se enrolle completamente, hasta incluirlo y fagocitarlo, en torno al cuerpo del Otro.” (p. 32)
 
Cuando se trata de la sustancia gozante del cuerpo, no hay medio de reducir  la mirada del  Otro a una totalidad partes extra partes. No hay otro goce que el de una parte del cuerpo, y esta  parte, en  todo caso, no puede ser distinguida de otra parte que  le es exterior para hacer de ella  una totalidad. Lo cual nos conduce a la necesidad del no-todo, del no-todo de la sustancia gozante  del cuerpo. La expresión “gozar del cuerpo” tendrá siempre esta ambigüedad del significante que  implica que gozar del cuerpo del Otro es siempre gozar de una parte de sí mismo y que esta parte  de sí mismo es  también  la parte del cuerpo propio de  la cual el Otro goza.  “No soy más que  la  mano con la que palpas”, escribe el poeta,(3)  refiriéndose a la experiencia más elemental del goce  del cuerpo del Otro.  Se  trata, como  lo dice Lacan, de un  “nivel elemental” para abordar  la  tercera sustancia,  la  sustancia gozante, verdadera novedad de la experiencia analítica.   

El inconsciente forma pareja con la interpretación y el goce con el acto 


Volvamos entonces al punto de partida de este comentario del texto lacaniano. Después del ternario de lo simbólico del lenguaje (que motivó el congreso de la AMP en Buenos Aires en 2012), de lo real del Uno (París, 2014), y de lo imaginario del cuerpo hablante (Rio de Janeiro, 2016), ¿hacia dónde somos conducimos? Somos llevados a considerar al cuerpo hablante afectado por una nueva sustancia, la sustancia gozante, que modifica el dualismo cartesiano tradicional (sobre el cual se funda la ciencia moderna, lo queramos o no, y el mundo psi con ella) para convertirlo, a partir de la orientación lacaniana, en una nueva tríada: sustancia pensante (ya modificada por el psicoanálisis con el inconsciente freudiano), sustancia extensa (el espacio tal como fue fundado a partir de la noción de partes extra partes) y la sustancia gozante, novedad de la última enseñanza de Lacan, destacada por Jacques-Alain Miller en su conferencia de clausura del Congreso de Paris de 2014.

Siguiendo esta vía, podríamos también releer y reformular el partenaire-síntoma, que fue el  tema del X Encuentro Internacional del Campo Freudiano en Barcelona en 1998, titulado: “El partenaire síntoma. Cómo se anudan, se mantienen y se desanudan las parejas contemporáneas”, y  esto, a partir de un nuevo ternario:  inconsciente, cuerpo y sinthome. Es la tríada que Lacan debía  introducir en su intervención en el congreso de Roma en 1974, titulada “La Tercera”. En efecto, se  trata para nosotros de abordar esta tercera sustancia con todas las consecuencias clínicas que se  deducen de la experiencia analítica.  ¿Cómo abordarla sino por la dimensión del acto, siempre distinta de la del inconsciente? Si  el  inconsciente  forma pareja con  la  interpretación, el goce  forma pareja con el acto. Para decirlo  de otro modo: no hay introducción al acto sino por medio de la suposición de una sustancia gozante en el cuerpo del ser viviente.  El acto analítico, especialmente bajo su aspecto de ruptura y de suspensión del sentido en  la cadena significante, es sin duda el mejor modo de articular ambas parejas, inconsciente e interpretación, por un lado, y goce y acto, por el otro. Cuatro términos con los cuales se juega el futuro  del psicoanálisis.   

Traducción: Lorena Buchner.   


*Texto  original  publicado  en  francés  en  Lacan Quotidien, N°  585,  el  2  de  junio  de  2016,  disponible  en: http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2016/06/LQ585-R%C3%A9par%C3%A9.pdf 

Notas:
1 Cf. Lacan, J., “El estadio del espejo como formador de la función del Yo…”, Escritos 1, Siglo XXI Editores,
México, 2009, pp. 99-105.
2 El castellano permite el juego palabras entre puramente y pura mente en el sentido de puro espíritu (pure mind) que equivoca también pura mentira. 
3-. Gabriel Ferrater, extracto de “Posseït”, traducido del catalán: “No sóc sinó la mà amb què tu palpeges”.



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