18 de febrero de 2017

LACAN COTIDIANO, por Éric Laurent, Laura Sokolowsky, Hélène Bonnaud, Marie-Noëlle Faucher.



La carta ganadora y lo Uno
por Éric Laurent

La carta ganadora [L’atout] Trump decididamente enloquece los contadores de los evaluadores. Primero, ha enloquecido a las encuestas. Aun el prodigio de las estadísticas políticas, Nate Silver, el 8 de noviembre en su site FiveThirtyEight, daba a Hillary Clinton ganadora por un 71,4 %.  En el curso de la noche, y a medida que los resultados llegaban, será sin embargo él quien primero predijo la victoria de Trump. Ésta también enloqueció a los fact-checkers, centinelas de la exactitud, prefiriendo a lo largo de la campaña y después, las declaraciones más absurdas. Su repetición y la constatación de que era en vano recordar los hechos ha conducido a los medios de comunicación a hablar de nuestra entrada en un época de “post-verdad”.
Trump y lo contable

Logró lo que nadie encuentra en el monto de sus deudas y de su fortuna al no publicar su declaración de impuestos. Más aun, se las arregló para burlar la maravilla de las maravillas, el sistema hiperexperto, el último algoritmo de cálculo político, llamado “Ada”, presentado con gran pompa a los medios de comunicación el 8 de noviembre por el equipo Clinton. Ada fue llamada así en honor de Ada Byron, condesa de Lovelace, hija de Lord Byron y matemática emérita como su madre; ella fue colaboradora de Charles Babbage, inventor hacia 1850 de una calculadora, que propuso usar tarjetas perforadas con un mecanismo cercano al de los telares Jacquard.

El algoritmo clintoniano, ejecutó 400.000 simulaciones por día, integrando todos los datos posibles en tiempo real. Decidía todo “en dónde desplegar los recursos y las publicidades, qué enviar a JayZ y Beyoncé, y aun a Hillary Clinton misma” (1). Sin embargo Ada detectó muy tarde la importancia de los condados rurales en los swing states. No previó lo que había percibido Michael Moore desde el mes de junio. Wisconsin, estado industrial que desde siempre había votado demócrata y que había votado por Sanders, no había tenido la visita de Hillary. En el último minuto los votantes se inclinaron hacia Trump. 40.000 personas que habían votado por Obama, votaron por Trump. En Míchigan, la candidata ecologista Jill Stein pidió el recuento de los votos. Hillary perdió Míchigan por 10.704 votos, según el conteo actual. Podría ser interesante, pero el recuento tiene pocas posibilidades de que conduzca a un cambio del resultado final, según las últimas apreciaciones.

Desde el punto de vista de las cifras resulta difícil saber lo que verdaderamente sucedió. Hillary finalmente ganó por 2.2 millones de votos más que su adversario. Es una victoria más neta que las de Kennedy en 1960 y de Nixon en 1972. Pero 2% de los votantes es poco en cifras de participación globalmente estables. Esta estabilidad no se vio afectada en 2008, en la primera elección de Obama en plena crisis económica, cuando por entonces la angustia de McCain ante las medidas económicas a tomar era evidente para todos. En efecto, los demócratas han perdido dos millones de votos en cuatro años mientras que los votos republicanos han permanecido globalmente estables. En las grandes megalópolis estadounidenses y en sus suburbios, los demócratas han reforzado su presencia. El ejemplo tipo de esto es Orange County, gran suburbio de Los Ángeles, que anteriormente votaba por Reagan. Por el contrario, todos los swing states se perdieron, Trump ganó por media cabeza, en muchos casos por menos de la mayoría absoluta. Un redactor en jefe de la revista The Atlantic pudo escribir en un tweet: “Si no fuera por el colegio electoral la historia de esta elección sería: Trump es tan impopular que Clinton le ganó con dos millones de votos menos que Obama en el 2012”. (2)

Trump y el superyó

El desafío está a nivel del storytelling de la elección y no de lo contable. ¿Cuál es verdaderamente el relato que ésta engendra? Ante la evidencia del número de votos de Hillary, Trump no se queda sin recursos, y habla de inmigrantes fraudulentamente inscritos en las listas electorales o aun de muertos que han votado. Sus electores cuentan con él para continuar a hacer fábulas. En inglés «to trump up things» quiere decir inventar cualquier cosa y Trump se ha hecho un nombre al respecto. Como lo ha notado Alice Delarue en  Lacan Quotidien Nº 610, él habla la “hipérbole verídica” a través de la cual enuncia lo que sus auditores quieren escuchar. Sus verdades son a menudo de odio, sexistas, racistas, islamofóbicas, en resumen “deplorables” como lo dijo Hillary.

¿Cómo calificar la posición de enunciación en la cual se ubica Trump? ¿Es un tirano autoritario, un perverso manipulador narcisista, un niño hiperactivo caprichoso? ¿O simplemente un político centrista liberal ordinario, camuflado en chistes verdes, indignantes y en burradas, tal como lo pensó Zizek (3) en abril último? En cualquier caso, esta es una oportunidad para poner de relieve cuánta dificultad hay para ser escuchada la definición de superyó de Lacan como empuje-a-gozar. Para Marcel Gauchet, la elección de Trump prueba que “asistimos a la desaparición del superyó que encuadraba la vida política en las democracias occidentales, tanto del lado de los candidatos como el de los electores. La vida democrática ha perdido toda obligación de respetabilidad” (4). Queda por escribir “Los empujes-a-gozar del general Trump” (5) para intentar poner las cosas de pie. 

Trump y lo peor

Zizek, que en abril veía a Trump como un político ordinario, en noviembre lo ve más bien como una figura de lo peor “por el giro derechista y la descomposición moral en que incurre”. Pero para él Hillary es de otra guisa, de la del superyó que impide el cambio y por tanto la esperanza. “Uno se imagina fácilmente, si Hillary hubiera ganado, el alivio de la élite liberal [...]. La victoria de Hillary habría sido la victoria del statu quo, ensombrecida por la perspectiva de una nueva guerra mundial (ella es en definitiva la demócrata belicosa tipo), statu quo de una situación en la que, sin embargo, nos hundimos, poco a poco, pero que seguramente, es de innumerables catástrofes, ecológicas, económicas, humanitarias, etc.” (6). Para Zizek, la política de lo peor tiene finalmente lados buenos puesto que “allí donde hay un peligro, crece también lo que salva” y Trump puede encarnar la esperanza de un shock saludable para despertar. No es seguro que el alejamiento de “la perspectiva de una nueva guerra mundial” esté mejor asegurada que por aquel que se rodea de belicistas y que quiere nombrar Secretario de Defensa al general James “Mad dog” Mattis. No hablemos de sus llamadas primeras a los presidentes de Uzbekistán, de Pakistán y de Taiwán. Por otra parte, la negación del cambio climático presentada como banderola, presagia remedios de mal agüero a la catástrofe ecológica en curso.

Los dos modos del empuje-a-gozar

La pareja Hillary-Trump da carne a dos modos de un empuje-a-gozar. Según Zizek, el orden contemporáneo, del cual Hillary se hace guardiana, es el resultado de la descomposición de lo Uno del mundo garantizado por el Nombre-del-Padre. Los nuevos derechos cívicos conquistados por las minorías LGTB no son sino la pluralización de los derechos al goce en un orden nihilista post-patriarcal donde “ningún marco de vida digno de este nombre nos permite ya acceder a una existencia que no sea una simple reproducción hedonista”. La idea de que el goce sea hedonista es curiosa a menos de que se reduzca a nada la diferencia entre “principio del placer” y “más allá del principio del placer”. Esta “reproducción hedonista” sin límite es puesta del lado femenino. El hedonismo sin fronteras permite no poner en su justo lugar el carácter sin límites del goce tal, como está inscrito del lado de la sexuación femenina. Las mujeres se reencuentran del lado principio del placer. No están del lado de la angustia, sino de la ley. En una gran escisión con Lacan, Zizek considera que las figuras del empuje-a-gozar contemporáneas son aquellas de la pareja formada por el hombre adolescente asocial y la mujer “responsable”. “La imagen paradigmática que transmiten cotidianamente nuestras instituciones de seguridad es la de una mujer profesora/juez o psicóloga que se ocupa de un hombre joven, delincuente, inmaduro y asocial [...]. Una nueva figura de lo Uno está a punto de imponerse, [la de una mujer como] la de un agente de poder competitivo y frío, seductor y manipulador.” (8).

No llega Zizek a la idea de sospechar que esta nueva figura femenina es más cercana de una madre que de una mujer. Esta invención por el capitalismo contemporáneo de “su propia imagen ideal de la mujer” es de hecho un remake de la “mujer mistificada” de Betty Friedan, cuyo libro aparecido en 1963 tiene en efecto por título en inglés The Feminine Mystique. La nueva asignación mística femenina convocaría a las mujeres a dedicarse a moderar lo ilimitado del goce lado masculino, que se produce cuando el sujeto no tiene más el apoyo del Nombre-del-Padre y su promesa de “goce-sentido” (9) fálico. Lo ilimitado del empuje-a-gozar masculino, es la ruptura con el falo entendido en este sentido. La mujer de la nueva mística no es aquella que se dedica a su hogar; es aquella que se reduce a los cuidados maternales y encarna la ley, como las pioneras puritanas que tanto han marcado el imaginario estadounidense. Ante esta figura de la soccer mom manipuladora, se cruza la angustia ante el superyó maternal y ante las mujeres fálicas.

Pluralizar el superyó, separarlo del encuentro con una mujer

Según Zizek, “Trump, el eterno adolescente, un gozón irresponsable propenso a actos violentos que pueden jugarle una mala pasada, en tanto Hillary es el nuevo Uno femenino, una formidable manipuladora, siempre bajo control, que no cesa de explotar su feminidad para posar como la única capaz de hacerse cargo de los marginados y de las víctimas; su feminidad hace la manipulación aun más eficaz” (10).

Una vez más la carta ganadora Trump enloquece, me parece, a esta invención de Zizek del nuevo Uno del goce. Se ganaría más bien al separar el superyó maternal, el empuje-a-gozar femenino ilimitado de la surmoitié (11) y la posición femenina como tal. El desafío del encuentro con la Nueva Eva no ha de temer a las “formidables manipuladoras”, sino saber deshacerse de la angustia ante las nuevas figuras de la emancipación de las mujeres. La igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el colapso del sistema machista da lugar a terrores nuevos y pone al día angustias despertadas de castración. La figura del adolescente gozón es una pantomima del goce sin límite, una imitación mimética, como aquella del drogadicto que quiere liberarse de la caída fálica. Muy rápido, puede transformarse en agente manipulador de un sadismo sin límites. El adolescente gozón se convierte en el padre Fouttard, el imposible padre Ubu, con su pompa a phynances y su máquina para lavar el cerebro (12). Va más allá de la angustia de castración.

El verdadero desafío es poder descifrar el enigma que hace que a pesar de la igualdad de los derechos, una mujer permanezca radicalmente como Otro para un hombre. Es entonces cuando ella puede ser sinthome y no superyó infernal y mortífero. El goce según Lacan no está decididamente del lado del hedonismo. Se separa entre, de una parte, lo que es el goce más allá del límite fálico, aquella de la Gidouille (13), y de otra parte, eso ilimitado que se civiliza por su inscripción del lado femenino de la sexuación. No hay lo contable para eso, sea la que sea la forma de lo Uno que se considere.

5 de diciembre del 2016.

Traducción de Juan Fernando Pérez.

Texto originalmente publicado en LQ Nº 615 del 7 de diciembre del 2016, difundido en http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2016/12/LQ-615.pdf
  Notas:
  1. Lesnes C., « Les démocrates américains en plein doute », Le Monde, 11 novembre 2016.

  2. Se encuentra esta cita y todas las cifras, en el claro análisis de Thomas Cantaloube, « Comment Donald Trump a remporté la Maison Blanche », Mediapart, 17 novembre 2016.

  3. Cf. Browne M., « Slavoj Zizek: “Trump is really a centrist liberal” », The Guardian, 28 avril 2016.

  4. Gauchet M., « Nous assistons à la disparition du surmoi en politique », Le Point, 18 novembre 2016.
  5. Cf. Miller G., Les Pousse-au-jouir du Maréchal Pétain, Paris, Seuil, 1975, éd. revue et augmentée 2004.
ff
  6. Zizek S., « États-Unis : “la chance d’une gauche plus radicale” », Le Monde, 11 novembre 2016.

  7. Ibid.

  8. Ibid.

  9. Lacan J., « ... ou pire. Compte rendu du Séminaire 1971-1972 », Autres écrits, Paris, Seuil., 2001, p. 551.
[Edición en español de Otros escritos, Paidós, Bs. As., 2012. p. 578]
  10. Zizek S., «États-Unis : “la chance d’une gauche plus radicale” », op. cit.
  11. N. del T.: La palabra surmoitié es un neologismo de Lacan, presente en “El atolondradicho” (Otros escritos, Paidós, p. 492). Es una condensación de surmoi, superyó y de moitié, palabra ésta que a su vez está formada parcialmente por “moi” (yo) y significa mitad. Surmoitié fue traducida en Otros escritos como “superyómitad”. Este término lacaniano ha sido examinado por Eric Laurent en diferentes momentos. Según nuestra información, primero lo examinó en su seminario de 1993 Posiciones femeninas del ser (editado en español en un libro del mismo nombre, por Tres Haches, Buenos Aires, 1999), en especial en el capítulo VII, “El superyó femenino”; el comentario sobre la surmoitié figura entre las páginas 105 y 109, y más adelante, en la p. 118, hace nuevas precisiones al respecto. Luego, reconsidera el párrafo de “El atolondradicho” en un artículo también llamado “Posiciones femeninas del ser” (que es un artículo que, sin embargo, no figura en el libro citado, de igual título). Este artículo (publicado en francés en Quarto No. 90, juin 2007, pp. 28-33) fue editado en español en el libro El goce sin rostro, Tres Haches, Buenos Aires, 2010. pp. 164-177. De lo destacado por Laurent conviene recordar al menos lo siguiente: además del superyó, con esta palabra Lacan alude a la otra mitad del hombre y en ese sentido menciona a Tiresias en su referencia de “El atolondradicho”, por “haber hecho de Otro” (según expresión de Lacan, subrayada por Laurent), esto es, en tanto conocía el lado hombre y el lado mujer, dado que fue transformado en mujer y vivió como tal durante siete años, lo cual hizo, por ejemplo, que fuera escogido como árbitro por los dioses en la querella acerca de la sexualidad sobre quién sentía más placer, si los hombres o las mujeres. Lacan también alude en ese pasaje de “El atolondradicho” a que la verdad solo puede decirse a medias (mi-dire). Adicionalmente conviene tener en cuenta a propósito de la crítica que Laurent le hace aquí a Zizek, que Laurent había desarrollado la diferencia que hace Lacan entre superyó maternal y superyó femenino, destacando a propósito de la surmoitié: “El superyó empuja al crimen, y en eso la voz de la surmoitié, es el verdadero superyó. No el superyó materno, que realmente no es el más terrible, sino el superyó femenino en tanto empuja al crimen particular (...)”. op. cit. p. 170. A partir de lo anterior, entre otros hechos, es imposible no evocar a Lady Macbeth, a Salomé o a otras figuras femeninas emblemáticas de ese empuje superyoico, figuras ciertamente muy distantes de Hillary Clinton.
  12. N. del T.: La frase “El adolescente gozón se convierte en el padre Fouttard, el imposible padre Ubu, con su pompa a phynances y su máquina para lavar el cerebro”, es una referencia a las figuras, expresiones, términos e imágenes creadas por Alfred Jarry  en su obra Ubu rey, obra estrenada en 1896 en París y la cual influyó e influye aun profundamente en las concepciones literarias y teatrales francesas.
  13. N. del T.: La Gidouille es un término del teatro de Alfred Jarry con el cual se refiere al vientre del Padre Ubu, y el cual, en sus características grotescas y picarescas, juega un rol principal en la obra. 

     
     
    Totalitarismo y psicoanálisis 
    Pequeño viaje al país de la Alemania Nazi
    por Laura Sokolowsky

    En Junio de 1933, Freud escribía: “El mundo se transforma en una enorme prisión. Alemania es la peor de sus celdas. Lo que pasará aquí en la celda austriaca es incierto. Auguro una sorpresa paradójica en Alemania. Ellos comenzaron con el bolchevismo como su enemigo moral, y terminaron en algo que no se diferenciará - excepto que el bolchevismo, después de todo, ha adoptado los ideales revolucionarios mientras que los del hitlerismo son puramente medievales y reaccionarios. Me parece que este mundo ha perdido su vitalidad y ha sido condenado a su perdición” (1).

    A sus setenta y siete años, Freud había resistido cinco intervenciones quirúrgicas, el año precedente, y no temía gran cosa en su vida. Lo que le preocupaba era el futuro del psicoanálisis en la civilización.

    ¿El psicoanálisis podía escapar a la destrucción de las estructuras democráticas? Definirlo como una ciencia que no debía mezclarse con la política, es así como Jones lo preconizaba, sin embargo, no era una buena opción. Los nazis desarrollaban su pseudociencia del hombre alemán y el régimen nacionalsocialista se bañaba en una extraña atmósfera de cientificidad. Esta ideología totalitaria reposaba en una lógica de exclusión que provenía de la noción de raza que el discurso científico había contribuido con su producción. Debido a que la ciencia no era reductible a la biología hereditaria, la psicología debía también ponerse al servicio del redireccionamiento y la expansión del pueblo alemán. Los terapeutas debían poner sus competencias al servicio de la nación para preparar los espíritus a la guerra. Como los nazis creían en la técnica, los altos dignatarios se interesaron en el campo de la psicología laboral, conductual-ofensiva y del mando.

    En abril de 1933, Krestschmer renunció a la presidencia de la Sociedad General de Medicina Psicoterapéutica. Jung, su vicepresidente desde el año de 1930, retomo la presidencia en el mes de Junio. Por otro lado, los psicoterapéutas alemanes escogerían al profesor Matthias Göring, psiquiatra hostil al enfoque freudiano sobre la sexualidad infantil, como Führer. Matthias Göring era el decano de la rama más antigua de la familia Göring de Westphalie, de la que el primo Hermann, descendía del segundo personaje político del IIIer Reich. De hecho, el sentimentalismo familiar de Hermann Göring se desarrolló en la medida en que se extendía su poder. Como él protegía a sus parientes, sus vínculos de parentalidad iban a abrirles las puertas, de tres ministros bávaros, de Cultura, de Educación y del Interior, a los psicoterapéutas que estaban alrededor de Matthias Göring. El 15 de Septiembre de 1933, estos crearon una nueva sección alemana de su sociedad bajo el nombre de Deutsche allgemeine ärztliche Gesellschaft für Psychotherapie (DAÄGP). En el otoño de 1933, existían así dos sociedades de psicoterapia alemana. Jung era el presidente de la sección internacional, la Sociedad general alemana de psicoterapia. La lectura profunda de Mein Kampf fue puesta en el programa por el doctor Göring de dicha sociedad con el fin de hacer de esta obra la base del trabajo de los futuros psicoterapéutas. Este personaje guía e intocable fue seleccionado estratégicamente para defender y promover la psicoterapia bajo el IIIer Reich. Como otros psicoterapéutas en la misma época, Matthias Göring tenía el deseo de agrupar en una sola corriente las diferentes tendencias psicoterapéuticas. Él estimaba que las disputas entre las diferentes escuelas de psicoterapia y psicoanálisis provocaban conflictos inútiles que retardarían - o impedirían -  el reconocimiento de la psicoterapia por el cuerpo médico de la época. Desde la mitad de los años de 1920, los psicoterapéutas buscaban reducir las diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia con el objetivo de presentar un frente unido frente a la psiquiatría universitaria de las enfermedades del cerebro y del sistema nervioso. En estos psicoterapeéutas, la unificación y la simplificación eran, en consecuencia, un mandato frente al advenimiento del nacionalsocialismo. Los slogans del nuevo régimen les llegaban como un guante y reforzarían sus ambiciones de deshacerse del psicoanálisis.

    En el transcurso del verano de 1933, el médico de referencia de la Oficina de Políticas raciales del partido nacionalsocialista, Martin Staemmler, publicó un artículo con el tema del judaísmo en la medicina en el que figuraba el siguiente anatema: “El psicoanálisis freudiano constituye un ejemplo típico de la desarmonía interna de la vida y del alma entre judíos y alemanes […] debemos tener el valor de rechazar estas interpretaciones del alma alemana y de decir a estos señores del medio de Freud que ellos sólo pueden dedicarse a sus experimentos psicológicos con un material humano que pertenezca a su raza” (2).

    Según este personaje, los peores aliados de las fuerzas del mal eran los defensores de la homosexualidad y todos aquellos que atacaban los valores de la virginidad femenina y de la familia monógama. Un sexólogo como Magnus Hirschfeld, quien defendía la idea del carácter innato de la homosexualidad y reclamaba la abolición del parágrafo del código penal que condenaba a los homosexuales, entrañaría seguramente la representación de la destrucción de la familia alemana. Lo que se le reprochaba a este tipo de reformadores peligrosos, era de incitar a los alemanes a limitar los nacimientos mientras que los nazis querían luchar contra el retroceso de la natalidad. Hirschfeld, quien había participado en la creación de la primera asociación psicoanalítica berlinesa en 1908 con Karl Abraham, había fundado el Instituto de Investigación Sexual en 1919. El 6 de Mayo de 1933, su instituto localizado en Berlín, fue cerrado por los nazis. Los libros de su biblioteca fueron quemados con los de Freud, en la plaza de la ópera, cuatro días más tarde. Como en otros campos, los nazis procedieron con la limpieza del vocabulario. “Ahora que los libros de Freud han sido quemados, debemos eliminar, por ejemplo, la palabra “psicoanálisis”, de la misma manera que la palabra “psicología individual” que podría ser reemplazada por “ciencia aplicada del carácter”, escribía Matthias Göring al neurólogo nazi Walter Cimbal durante el verano de 1933 (3).

    Al cabo de unas semanas, Alemania se hundía en el caos. Cuando von Hattingberg, antiguo miembro de la asociación vienesa de psicoanálisis de quien siempre se desconfió, fue nombrado en la universidad de Berlín, Freud se salió de sus casillas: “Un noble, un ario, un bufón, un imbécil y un tipo sucio, tiene entonces todos los puntos de vista del hombre necesario para ese puesto” (4).

    En efecto, la promoción de von Hattingberg al rango de profesor de psicoterapia era un muy mal augurio. Este hacía parte de un grupo de psicoterapeutas que tenían el apoyo de los nazis y se esforzarían por extirpar el psicoanálisis freudiano de los carriles de su pretendida ortodoxia. Esta nominación fue uno de los primeros signos del hundimiento del psicoanálisis  por una nueva forma de psicoterapia: la medicina alemana del alma (Deutsche Seelenheilkunde).

    Al decir verdad, el psicoanálisis no fue formalmente prohibido en la Alemania nazi: el psicoanálisis fue desjudaizado. Esta segregación no podía producir los mismos efectos que una prohibición, ya que debía permitir a los analistas “cristianos de pura cepa alemana” desplazarse bajo el báculo de los psicoterapéutas arios. Una distancia tal entre la prohibición y la purificación racial del psicoanálisis en Alemania constituía un factor decisivo. Esto autorizó a los psicoterapéutas nazis poner sus manos en el Instituto de Psicoanálisis de Berlín que ellos celaban desde hace años. Este instituto y su política suscitaron no solamente la codicia, sino también un proyecto grandioso. Una vez arianizado, a partir de su instrumento principal de difusión, sería posible eliminar el nombre de Freud y no hablar más de la sexualidad o del complejo de Edipo. Era sobre todo la independencia del psicoanálisis lo que resultaba siendo un problema, de aquí la idea perniciosa de tenderle la mano a los analistas arios del Instituto de Berlín. Si él desconfiaba de los freudianos, Matthias Göring no deseaba poner a nadie de lado: “Absolutamente es necesario que demos a los viejos psicoanalistas la ocasión de decir si pueden aportar algo al nuevo Estado”, precisaba él en Septiembre de 1933 (5).

    En el mes de Diciembre del mismo año, el doctor Kündel, neurólogo berlinés, dirigió al profesor Göring un memorando  en el que indicaba que el reagrupamiento de las diferentes escuelas estaba en marcha, que los junguianos, la escuela de caracterología aplicada y aquella del tratamiento autógeno de Schultz no pondrían ningún problema. El verdadero niño problema era el psicoanálisis. Había que hacer que los psicoanalistas renunciaran a su espléndido aislamiento volviendo porosos los límites entre la orientación freudiana y las otras escuelas.

    En el momento en que los psicoterapeutas que lo rodeaban buscaban los medios de extender sus acciones, Matthias Göring fue avergonzado por el hecho de retomar la dirección del prestigioso Instituto de Berlín. Boehm y Müller-Brauschweig, quienes codirigían el Instituto de Psicoanálisis desde la partida de Max Eitingon a Palestina, se encontrarían con Matthias Göring en presencia del doctor Herbert Linden, consejero ministerial para la eugenesia y la raza en el Ministerio del Interior. Este psiquiatra, quien iba a participar activamente en el programa T4 de erradicación de enfermos mentales, les hará la sugerencia de trabajar juntos con el objetivo de crear un nuevo instituto que recibiría a las diversas ramas de la psicoterapia.

    Fundado el 14 de Junio de 1936, el Instituto alemán de psicoterapia y de investigación psicológica, más conocido como el Instituto Göring, debía encargarse de las tareas de investigación, educación y gestión de la policlínica para las personas sin recursos económicos. Los representantes de tres asociaciones participaron en su creación: la sociedad psicoanalítica alemana, la sociedad C.G. Jung y el círculo de trabajo de investigación aplicada sobre el carácter. Estas tres asociaciones tenían el estatus de grupos de trabajo. Hasta que en abril de 1937, el Instituto Göring fue ubicado en los locales utilizados desde 1928 por la policlínica psicoanalítica. El programa del Instituto Göring se inspiraba, de hecho con una total falta de imaginación, de aquel que fue elaborado anteriormente por Eitingon y su equipo.

    Este ejemplo muestra la forma en que el totalitarismo rechaza el psicoanálisis y la falla entre saber y verdad que esta disciplina introduce en el mundo. Este sistema político quiere fabricar el Uno respondiendo a la llamada de las “potencias sombrías del Superyó”, así como Lacan lo explicó en 1947 (6). La conquista de la unidad y la exaltación suscitada por la indivisión del pueblo organizado detrás de su guía suprema fueron los eslóganes difamados por la extrema derecha alemana de este periodo. La experiencia freudiana debía ser erradicada cueste lo que cueste para el provecho de las técnicas hitlerocompatibles. Se trataba entonces de obrar con la supresión autoritaria de la vida sin valor (unwertes Leben) por medio de la adhesión al proyecto nazi de ingeniería social y la elaboración de un orden social artificial (7).

    Traducido por Julián Lasprilla.

    Notas:
    1. Sigmund Freud à Marie Bonaparte, lettre du 10 juin 1933, Ernest Jones, La Vie de Sigmund Freud, t. III, Les dernières années 1919-1939, Paris, PUF, 2006, p. 208.
    2. Martin Staemmler, « Le judaïsme dans la médecine » (1933), Karen Brecht & al., Ici, la vie continue d’une manière fort surprenante…, Contribution à l’Histoire de la Psychanalyse en Allemagne, établie par Mijolla (de) A. & Renz V., Paris, Association internationale de psychanalyse, Paris, 1987.
    3. M.H. Göring à W. Cimbal, lettre du 6 août 1933, ibid., p. 243.
    4. Freud à Jones, lettre 615 du 23 juillet 1933, Sigmund Freud - Ernest Jones, Correspondance complète (1908-1939), Paris, PUF, 1998, p. 828.
    5. M.H. Göring à W. Cimbal, lettre du 6 septembre 1933, Karen Brecht & al, Ici, la vie continue d’une manière fort surprenante…, op. cit, p. 246.
    6. Jacques Lacan, Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 120.
    7. Zygmunt Bauman, Modernité et Holocauste, Paris, Complexe, 2008, p. 115-117.

     

     

    Don de esperma a domicilio
    Una familia para todos
    La crónica de Hélène Bonnaud

     

    Mientras que el debate político está seriamente comprometido respecto a las cuestiones de procreación, recordándonos hasta qué punto las nuevas formas de devenir padres suscitan temores y pasiones, nada frena el progreso que consiste en separar el cuerpo de sus producciones para hacer un uso útil en la resolución de los problemas de infertilidad.
    La ciencia permite responder a esta demanda de hijo incoercible que parece hoy en día manifestarse como uno de los más alegres síntomas de la feminidad de la que Freud había indicado en su época hasta qué punto era “normal”.
    ¡Tener un hijo es la vía más banal de respuesta femenina a la castración! No hay nada nuevo ahí.
    Sin embargo, si en la época de Freud, el matrimonio era más o menos la solución para una mujer de pasar del padre al marido sin parpadear - las familias sabían arreglárselas para encontrar el buen partido para sus hijas - ahora, encontrar un hombre a su medida no es evidente, como si la elección amorosa, para algunas mujeres, tomara la forma de un camino tormentoso y desafortunado. Pareciera que entre más se multiplican los sitios de citas más el encuentro amoroso se sesga o falla. Ya nada es seguro en la materia y la angustia de no devenir madre se vuelve un síntoma mayor en las consultas a los ginecólogos y también a los psicoanalistas. El síntoma se dice entonces con todo lo que moviliza ese hecho, según si el acento recae del lado del fracaso de encontrar un hombre que quiera construir una familia o si se pone sobre la desesperanza de consentir vivir con un hombre bajo el pretexto de que él será el padre de sus hijos. Cierto, la idea de pasar más allá de la versión adaptada, que consiste en hacer de un hombre el falo procreador de hijos, exige un paso suplementario que algunas mujeres están dispuestas a dar.
    Entonces, la ciencia llega en el momento oportuno para responder a esas interrogaciones de las mujeres y a ofrecer respuestas adaptadas a casi todas las situaciones. Las técnicas de reproducción asistida están en medida de satisfacer ese mal de hijo doloroso y obsesivo, ese deseo de hijo tan constante en nuestra sociedad donde la feminidad ha erigido la maternidad como un derecho para todas, volviéndose un para todos generalizado. Se puede ser madre prescindiendo de un hombre conservando su precioso producto: un milagro de la ciencia. El don de esperma hace esto perfectamente posible y desde ahora, accesible a todas.
    El negocio de la fertilidad
    Es bajo un título un tanto peyorativo, “El negocio de la fertilidad" (1) que un reciente programa de Antena2 (2) nos inmerge en la realidad de la puesta en línea de la venta de espermatozoides congelados para mujeres en mal de hijo. Así, la cuestión de la paternidad es reducida al aporte de un espermatozoide.
    Reconozcamos que los cónyuges o compañeros puedan preocuparse de que en la paternidad, si esta no se confunde con el hecho de engendrar bebés, sigue siendo una exigencia, para muchos de ellos, reconocer en el futuro bebé el resultado de su propia semilla.
    Asegurarse que el hijo es el suyo es una constante en el sentimiento de reconocimiento de un padre hacia su hijo. La seguridad, la garantía de una filiación ha sido siempre un principio del proceder paterno. Sin embargo, para algunos, la paternidad no está fundada en este imperativo absoluto y para ellos la idea de ser padres de uno o varios niños que no son biológicamente los suyos, no obstaculiza el sentimiento de paternidad. El título ”padrastro” en esos casos, viene a nombrar esas paternidades de construcción familiar bis y han mostrado la importancia del amor y la presencia de un padre escabeau para esos hijos. No es raro escuchar en las entrevista decir: “lo considero como mi padre”. Esta pequeña frase nos indica que ser padre excede la cuestión del reconocimiento biológico. El padre es quien da mucho más que una muestra de esperma. Es el que otorga y garantiza al niño su protección. La palabra y el lazo que teje responden al argumento de la paternidad simbólica.
    La envoltura de un objeto real
    Como lo expone el reportaje, en Gran Bretaña, las mujeres en carencia de hijos pueden pedir en un clic, una muestra de esperma lo que solucionará ese “mal de hijo”. Sólo necesitan encargar por internet, desde su sofá, desplegado en un catálogo que ofrece un menú con diversos ítems posibles, y recibir en casa, el objeto precioso, condensador de fertilidad. Es así que Lucy Strong, mujer, joven y guapa de 38 años, explica que reflexionó mucho tiempo antes de lanzarse en esa aventura pero que, presionada por el tiempo, no habiendo encontrado al hombre de su vida, finalmente, tomó la decisión de acudir a ese método.
    Cuenta haber invitado a sus amigas a escoger la muestra de esperma. La muestra está listada según algunas características como etnia, color de ojos y de cabellos, la altura e inclusive la religión y el nivel de estudios de los donadores. Estos últimos elementos, aunque no corresponden a ningún gen conocido por el momento, forman una suerte de envoltura imaginaria, para humanizar a ese padre de gametos. En resumen, se tiene ahí a un padre en su consistencia genética que, hay que aceptarlo, es minimalista y con sólo  hacer clic, llega a casa, listo para consumir. El precio de la muestra de esperma: 1100 euros. A pesar de la opinión de sus amigas, la joven mujer escogió un donador danés. Según ella, su solución ha funcionado ya que está embarazada de 6 meses: “ Hice clic, lo puse en mi carrito y me lo enviaron congelado, como un libro en Amazon”
    De hecho en Gran Bretaña a diferencia de Francia, la inseminación por don de esperma es legal y accesible a todos, sobre toda a las celebridades. Tienen la posibilidad de prescindir de un hombre de carne y hueso.
    El reportaje muestra también al médico de la clínica que ofreció ese método a muchas mujeres que temen la infertilidad asociada a la edad. Explica tranquilamente que las mujeres (pareciera que habla de hembras en periodo de celo) tienen el comportamiento de medir en el hombre que escogen el patrimonio genético del que él es portador muy  anclado en ellas.
    Un genoma con patas de alguna manera. “Ellas miran el color de sus ojos, de sus cabellos, su medida”, imaginando entonces como esos caracteres físicos pueden duplicarse en sus retoños… por la vía sagrada de la herencia. Ah, si la genética se redujera a dos… como el amor que, él se basta con dos! Pero la genética es más compleja y sin conocer el color de piel, de cabello y de ojos de los padres del donador y de sus abuelos, tendrá pocas posibilidades de estar seguro del éxito total de la elección para su hijo. La genética puede procurar algunas pequeñas sorpresas… Pero hay que esperar. Ese es el mensaje de ese médico que navega por el mercado de la infertilidad sin ningún remordimiento.
    La elección de la maternidad
    El psicoanálisis nos enseña que ser madre se aprende del Otro. No es innato. No está programado de manera universal pese a que el deseo de hijos es la solución clásica dada al complejo de Edipo femenino y a la castración. Hasta entonces, las mujeres iban a buscar el falo con el hombre. Hoy en día ellas pueden buscarlo en un banco de esperma. Eso es lo nuevo. El reportaje indica que se puede pedir un “padre” confundiendo espermatozoide y paternidad, lo que claro está es una manera comercial de decir las cosas.
    Habrá cada vez más niños cuyo padre será una bolsa de sorpresas, los hombres de sus madres haciendo de padres de sustitución. Sólo que, según Lacan, el padre no tiene derecho al respeto sino al amor (3), a condición de hacer de la mujer de su elección su objeto a, es decir, su síntoma. Entonces las cosas se complican. El padre biológico se separa de facto de ese padre simbólico, que se constituye más en su relación a una mujer que a su hijo. De cualquier manera, si lo real de la paternidad es aun un enigma que abre al niño una interrogante sobre su existencia, cuando habrá que decirle que su padre es una bolsa de esperma, será mejor prever una salida más glamurosa a ese divino detalle.
    Las celebraciones alrededor del nacimiento tienen vocación de hacer funcionar un orden simbólico a la llegada y al reconocimiento del niño que acaba de nacer. Pero fallan en nombrar lo que hace hueco y no tendrá jamás una respuesta. Hoy más que nunca, los padres faltaran. Han faltado siempre y la humanidad hizo un síntoma : nombrar al padre - ese del que Freud y Lacan indicaron la función esencial en la vida de todo sujeto, sobre todo su utilidad simbólica para el primero, haciendo una función igualmente simbólica para el segundo. Cierto, su presencia física no es esencial, pero no se reduce a una muestra, habrá que ser cuidadoso, dejar abierto el debate sobre lo que es un padre hoy en día. La respuesta de Lacan viene a ayudarnos y a esclarecernos: “Se puede prescindir de él (del Nombre-del-Padre) con la condición de utilizarlo (4). Ello abre perspectivas útiles en una época en donde procrear no está sujeto al encuentro de los cuerpos.
    Hacia la adopción generalizada
    La cuestión es  saber si el padre entra en función en tanto portador de su esperma, como la ciencia quisiera hacernos creer, o si se puede prescindir de él. Ahora, los padres pueden aligerarse de la paternidad biológica prefiriendo la paternidad de corazón. De hecho, los hombres se constituirán cada vez más como padres adoptivos de niños nacidos fuera del circuito clásico. Tendrán cada vez menos hijos genéticamente de ellos y tendrán que acostumbrarse a educar los de alguien más, alguien anónimo, por lo menos hasta que el hijo cumpla dieciocho años, edad en la que podrá saber quien es su padre biológico que le permitió nacer.
    La paternidad avanza hacia una nueva era. El padre biológico será un epifenómeno, un real bruto, más cercano del residuo del que Lacan califica a la familia conyugal, inscrito en el cuerpo y fijado como un dato archivado consultable a posteriori, ahí el padre adoptivo sustituirá ese hueco dando materia a su función. Transmitirá a su hijo más que el color de piel o de ojos, lo único que será suyo y únicamente suyo es su amor, su palabra, el lazo tejido con el pasar de los años, lo que le da a la paternidad eso que Lacan ha llamado la función Nombre-del-Padre.
    Ese modelo existe ya en nuestras sociedades. La diferencia es que del padre real, el padre adoptivo no podrá decir nada. Igual que para el hijo, ese padre estará forcluido. Le será difícil decirle que tienen el mismo color de ojos o de cabello aunque … en cambio, le podrá decir que tienen los mismos gustos, la misma forma de hablar, el mismo “aire de familia” ya que todo eso se teje sin que sepamos como. Solamente sabemos que las identificaciones nos permiten parecernos a cualquiera y más aún a quien nos dio amor y protección. La diferencia es colosal. El amor es más fuerte que la genética en materia de transmisión.
    El don de esperma es absolutamente necesario para concebir un bebé pero queda indiscutiblemente sin recursos si no se acompaña de las palabras del portador del don. Lacan ha llamado eso transmisión “lo que implica la relación con un deseo que no sea anónimo" (5).

    Traducción: Cinthya Estrada.

    Notas:
    1. http://www.francetvinfo.fr/monde/europe/royaume-uni-le-grand-business-de-la-fertilite_1935673.html
    2. Canal de televisión francesa.
    3. Lacan, Seminario XXII, RSI, lección del 21 de enero 1975 http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.10.4%20CLASE%20-04%20%20S22.pdf
    4. Lacan, Seminario XXIII, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2012, p 133.
    5. Lacan, Notas sobre el niño, Otros Escritos,Paidós, Buenos Aires, 2012, p 393.


     

    La mirada de Rembrandt
    por Marie-Noëlle Faucher 

     

    El pintor, dice Lacan en el Seminario XI “invita a aquel a quien se presenta el cuadro a deponer ahí su mirada […] Ese es el efecto pacificador, apolíneo, del cuadro” (1). También dice que “En la Biblia, e incluso en el Nuevo Testamento, no hay un buen ojo, sino que hay ojos malos por todos lados” (2).

    La exposición “Rembrandt intime”, actualmente exhibida en el museo Jacquemart-André, hasta el 23 de Enero, nos permite volver a ver un pequeño cuadro llamado Les Pélerins d’Emmaüs. Rembrandt tenía 22 años cuando ilustró por primera vez la escena del Evangelio de San Lucas, contando una aparición, la del Cristo resucitado, a dos de sus apóstoles, en la posada de un pueblo llamado Emmaüs. Rembrandt volvió en varias ocasiones sobre este tema, pero este primer cuadro es único, extraño, conmocionado, perturbador. Él nos muestra unas miradas atónitas, un apóstol de rodillas, otro aterrorizado mirando el Cristo, el cuerpo inclinado hacia atrás, en un claroscuro produciendo un efecto de extrañeza. Rembrandt ve literalmente lo que dice el texto e intenta representar el cuerpo del Cristo que aparece, luego desaparece. Los ojos están por todas partes en el cuadro, momento de malestar donde la mirada surge, sorprende, resbala.

    Veinte años atrás mientras realizaba una lectura grupal, el mismo texto de este Evangelio, había dejado atónita a la joven madre cristiana que yo era. ¿Por qué? Después de este momento de vacilación y habiendo comenzado un análisis, me puse en el trabajo de comprender por qué este texto me miraba (3) tanto. Che vuoi?(4) ¿Qué quiere el Otro de mí? Y del mismo modo: ¿Qué soy yo?

    Dos apóstoles caminan hacia Emmaüs. Ellos van hablando y están tristes porque son discípulos de Jesús y lo vieron morir crucificado en una cruz, a pesar de que esperaban mucho de él. “Esperábamos que él sería quien rescataría a Israel”, dijo San Lucas, en la Biblia (traducción de Lemaître de Sacy). En la ruta, un viajero se une a ellos. Es el mismísimo Jesús, pero “Sus ojos no lo reconocieron”. ¿Qué cuerpo tiene entonces el Jesús de la resurrección? Los teólogos hablan de un cuerpo glorioso, este no es, más, un cuerpo de carne. ¿Cómo representar este cuerpo en un cuadro? El texto dice que la noche cae y que los dos apóstoles invitan al desconocido a que se quede a cenar con ellos.

    En el momento en el que “él tomó el pan, lo partió, y se los dio, al mismo tiempo sus ojos se abrieron, ellos lo reconocieron, pero él había desaparecido delante de sus ojos”. De este texto extraño, hablan de un eclipse, el del Otro, agujero en el pensamiento, agujero en la mirada, ¿qué es lo que nos muestra Rembrandt? ¿Qué puede mostrarnos? ¿Qué es lo que él pinta? La imagen del cuerpo que hace “casulla a ese objeto a"(5). Momento pacificador de “la deposición de la mirada"(6).

    Traducción: Julián Lasprilla.

    Notas:
    1. Lacan J., Le Séminaire, livre XI, Les Quatre Concepts fondamentaux de la psychanalyse, texte établi par J.-A. Miller Paris, Seuil, coll. Champ Freudien, 1973, p. 93.
    2. Ibid., p. 108. La autora del texto utiliza en francés la palabra « regardait » que traduce al castellano “concernía” y también “miraba”. (N.Del.T.).
    3. Lacan J., « Subversion du sujet et dialectique du désir », Écrits, Paris, Seuil, coll. Champ Freudien, 1966, p. 815.
    4. Cf. Lacan J., « Discours à l’EFP », Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 262.
    5. Lacan J., Le Séminaire, livre XI, Les Quatre Concepts..., op. cit., p. 104.