27 de febrero de 2017

Zappeur número especial – enero 2017 ParADOxes





“En el momento en que entra en la adolescencia, el sujeto aún no está totalmente decidido en cuanto a sus elecciones de objeto (…), en ese momento tiene que hacer su elección para la existencia”.
Stevens A., “La adolescencia, síntoma de la pubertad”, Les feuilletes du Courtil, 1998, nº15, p. 79-92



Zappeur número especial – enero 2017
ParADOxes


Carta blanca

Le Zappeur inaugura una nueva serie, la de la carta blanca. En esta ocasión damos todo el espacio necesario a nuestros colegas de ParADOxes. Aquí, ningún protocolo estándar ni proyecto individualizado. Confiamos en el encuentro, en la acogida del mensaje del que sabemos la importancia capital en ese momento de la vida. Ahí donde algo innombrable se presenta, se inventa el medio de traducir en la lengua. Un trabajo a medida, ¡un verdadero encaje! A Zappeur, ¡le gusta ParADOxes!

Víctor Rodríguez







Los amigos del I. del Niño



En parADOxes
Por Ariane Chottin

La asociación parADOxes se creó en octubre de 2009 (en la serie del CPCT ados), y ofrece acogida y consultas psicoanalíticas gratuitas y limitadas en el tiempo a los adolescentes de 11 a 25 años. Allí se suman a los talleres de escritura individuales, con el pretexto de la construcción de currículums vitae (CV), rebautizados Camino de Vida. En tres encuentros este taller permite retomar con el adolescente su camino de vida y de escuela con el apoyo de la escritura; allí se elabora un documento personal según el estilo de cada uno-cada una.

Este trabajo sobre la lengua y la letra, sólidamente apoyado en la enseñanza de Freud y de Lacan, es asegurado por un numeroso equipo de psicólogos clínicos y clínicas y de profesionales de la escritura, todos ellos analizantes.

Los jóvenes chicos y chicas que recibimos nos son remitidos por profesionales del campo educativo, médico, social o judicial, o vienen por sí mismos. Y cada uno según su estilo y en su tiempo propio hace un uso asombroso e imprevisible de ese lugar, inventando construcciones singulares para hacer con “las figuras del desorden” (1) con las que han de arreglárselas.

Encontrar una escucha y una atención a la lengua orientada por la ética del psicoanálisis es una experiencia inédita que tiene efectos. Los textos publicados en este número de Zappeur dan cuenta de ellos.

(   1) Citamos aquí el hermoso libro firmado por J.-N. Donnart, A. Oger& M.-C. Ségalen, Adolescents,sujets de désordre, ÉditionsMichèle, Paris 2016, con las contribuciones de M.-H. Brousse, P. Lacadée, L. Naveau y D. Roy.

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“Festina lente”
Por Normand Chabot

“ParADOxes es una invención de “la educación freudiana”. Apuesta por el bricolaje, por la conversación con una juventud que no se deja enredar, que rechaza dejarse contar”.

El psicoanálisis ¿constituye aún síntoma para nuestra civilización contemporánea? Y el síntoma, ¿se muestra aún perturbador en nuestra sociedad post-moderna? ¿Conservamos aún el filo subversivo de esta “epidemia científica” que es la orientación lacaniana? Las manifestaciones/invenciones de la educación freudiana (CIEN, CPCT, “parADOxes” Fórums, FIPA, etc.) nos empujan a responder que sí. Los planes sobre el autismo, como los últimos proyectos de los belgas, manifiestan del síntoma que aún representa el psicoanálisis. Pero el mundo prosigue su curso, sin consideración por lo que queda del sujeto más allá de los ciudadanos a los cuales se pretende devolver la palabra: democracia participativa, blog, Facebook, puntos de audiencia, etc. “Droit dans ses bottes” deviene el dictado republicano de un Otro sin piedad. El Estado permanece sordo al clamor de lo múltiple y al servicio de lo íntimo. ¿Desde qué oreja se escucha, desde qué ojo se ve? Nadie subsiste sin twitter u otras redes sociales; es la comunidad de hermanos bajo el yugo de un Uno consumidor. ¿El mal está ahí donde los poderosos piensan recuperarse parloteando? La juventud nos enseña a ese nivel, acaso con el riesgo de perderse, dicen algunos…

A menudo los adolescentes no saben lo que quieren, pero si no lo saben el Otro lo sabe en su lugar. Y es en ese punto neurálgico donde la posición, el discurso del analista, toma todo su sentido: nada de saber preestablecido por el bien del sujeto. La apuesta clínica es consecuente en nuestras instituciones alpha -según la expresión de J.-A. Miller-, y el riesgo político está a la altura de nuestra tarea. El analista intenta sorprender ahí, volver inédito el encuentro, encarnando el oxímoron del “vísteme despacio que tengo prisa”. “ParADOxes” tiene un límite temporal (16 sesiones) que tranquiliza, una acogida sin espera que permite al sujeto formular una palabra que a su vez le asombra.

Así pues, apostamos por el bricolaje, por el acuerdo más que por el desciframiento infinito del síntoma y/o por la construcción del fantasma. Es bon heur el llegar a un punto de nominación –incluso transitoria- de goce o que un(a) ado pueda autorizarse un acto, una palabra. La apuesta consiste a veces en operar un forzamiento -empujar las defensas- que pueda hacer resonar otra cosa que el sentido. Separarse no es fácil, pero esto revela la estructura psíquica. “Después de la infancia” plantea un horizonte sobre la base de dos improbabilidades: infancia y adolescencia. Dos significantes contemporáneos que no riman pero que invitan a la conversación, a los diálogos y a la reflexión. ¿Podríamos decir que no hay clínica sino del hacer; de la clínica declinada en su interdisciplinareidad?

No se trata, enfin, de vincularel resto de la operación –sea la que sea: educativa, judicial, psicoanalítica, etc.- a otro modo de satisfacción; lo que vuelve, ni más ni menos, a hacer de manera que el síntoma devenga vivible, menos ruinoso, a falta de hacerlo desaparecer como querrían las TCC. Ignorarel síntoma sería el mejor medio para que vuelva por la ventana.En estos últimos tiempos tenemos crueles expresiones de ello.



Consultas



Una erótica
Por Nathalie Menier

Las redes sociales, ¿cambian algo la cuestión del amor y del encuentro con el partenaire? Un poco, mucho, apasionadamente, locamente, nada

Julie, de 17 años, viene a testimoniar de su versión del amor y de la red significante que ella teje en la Net. Del lado amor están las novias virtuales, las ex; del lado Philia hay los hermanos de corazón. Ella elige en Instagram amigos y amigas con quienes primero chatea en grupo. Si algún miembro del grupo de discusión le señala “con esta chica, pegaríais bien”, Julie se declara en el acto. Enuncia su amor, si la elegida le responde bien, ellas están “en pareja”. Una versión performativa del amor. Julie se pone enseguida al servicio de su Dama: “Mi novia tiene problemas, tal me ha dicho que ella estaba mal, es preciso que me ocupe de ella, me necesita, yo soy de fiar para eso, la defiendo”.

Julie detalla con entusiasmo los obstáculos que dificultan el chat con la amada. Citas secretas por teléfono en la noche le permiten mantener largas conversaciones en las que ella se dedica a tranquilizar a su novia. Cuando no pueden llamarse, le escribe mensajes de amor. En esta organización parece esencial hablarse sin encontrarse nunca, evitandola presencia de los cuerpos, lo que cuenta es el vínculo “mi novia” -lo que la define en la vuelta de su mensaje- y la palabra dada. La novia virtual tiene todo de la criatura del amor cortés que Lacan sitúa como el objeto absoluto: “El objeto, señaladamente aquí el objeto femenino, se introduce por la muy singular puerta de la privación, de la inaccesibilidad. (…) No hay posibilidad de cantar a la Dama, en su posición poética, sin el presupuesto de una barrera que la rodea y la aísla” (1).

Las “novias virtuales” de Julie son intercambiables, es una función, a ese título ella tiene un calendario muy preciso de fechas de “encuentros”, es decir de momentos en que ella se declara, y fechas de separaciones, cuando se cansa de la novia o después de una disputa, y entonces la enamorada pasa al estatuto de “ex”, a menudo en pocas semanas. Todo esto está inscrito en su memoria como franqueamientos. En esta erótica, el servicio y la inaccesibilidad guían la elección de los partenaires. Es un balletreglado por la escritura y el fuera de campo.

Recientemente, Julie ha traído sus “creaciones”, frágiles objetos que fabrica con talento. Eligió un oficio artesanal por “el amor del gesto” y yo meinteresé en ello. Esos objetos transparentes encierran todos, en su corazón, un objeto precioso: pétalos de flor, gotas de vidrio, como otras tantas variaciones alrededor del vacío.

(1) Lacan J., Seminario VII La ética, Paidós, Buenos Aires, 1988, pág. 183.
 
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 “No es como antes”
Por Agnés Bailly

A veces el cuerpo, el pensamiento, la palabra, tropiezan con algo opaco, extraño, bizarro. Encontrar a quien dirigir las palabras de ese desorden es esencial.

Acoger la demanda en un momento de vacilación importante, un “no es como antes” que da miedo, es capital. Tres viñetas de mi clínica en parADOxes ilustran lo que es entrevisto en ese pasaje delicado, aquello que hay que perder pero también lo que está ante sí, a inventar en el tiempo del encuentro.

Para Agathe todo iba bien hasta un momento. Mientras estudiaba lo que eligió, un stage la lleva a dudar de su orientación profesional. No era lo que creía. Se siente fragilizada, con miedo de “dejarse ir”. Teme repetir la vida de sus padres. Se da cuenta de que su madre es “egoísta”, que no asume sus elecciones. Al cabo de las sesiones, Agathe toma la medida de cuánto se agota para sostenerla moral y financieramente. Incluso le oculta que tiene un novio, se pondría demasiado celosa. Agathe se pregunta si no debería inscribirse en una escuela en provincias y desea ¡que su madre encuentre un hombre que ocupe de ella!

Eva hace gimnasia desde su infancia, un medio muy exigente donde siempre es preciso estar “en el dominio y la perfección”. Trabajadora infatigable, se lanza a la vida sin compasión. Sin embargo, decide ralentizar el tempo para venir a hablar de lo que le afecta, ella que nunca muestra sus emociones. De hecho, a Eva no le gusta en lo que se ha convertido: una chica “arrogante, intocable e intratable”. Su palabra toma cuerpo sesión tras sesión. Se da cuenta de que el deporte es el deseo de su madre y no el suyo. Eva quiere “fundar una familia y tener un oficio estable”, no como su madre. No quiere reproducir el esquema de mujeres de la línea materna para las cuales los hombres no han contado. La “Girlpower” ha perdido su soberbia.

Juliette no es más “como antes”, ya no tiene gusto por nada. “Me aíslo en lo social”. “Dime, ¿qué pasó?” Muy afectada, Juliette evoca dos acontecimientos que han hecho efracciónen su vida. En una fiesta, su mejor amigo –celoso-bebió mucho. “Vi cosas groseras en él. Duele tener un amigo así. Tuve que llamar a mi hermana”. Sin embargo, Juliette no hablaba a su hermana desde que ésta le había golpeado violentamente hacía muchos meses. “Su mirada me dio miedo. Tuve la impresión de no contar para ella”. Dejar de dirigirle la palabra “cuando estaban en familia” fue una “decisión” para significarle la gravedad de su acto. Sus padres habían banalizado el acontecimiento: “Es como si ya no tuviese familia, me siento sola”. Si bien su hermana la “salvó” en esa fiesta que salió mal, “ya no es como antes”. “Antes, era más fácil”, dice pensando en un video de su infancia.

Qué conmoción, en efecto, ese desvelamiento del Otro faltante, desfalleciente, o aún rencoroso. Las identificaciones vacilan, el cuerpo es tocado. Pero el encuentro con su decir puede sorprender. Un después de la infancia se dibuja y convoca al sujeto a decidir sus elecciones.

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Encontrar su tiempo
Por Chlóe Brunet

Actualmente, ¡el tiempo es oro! Si el curso del tiempo es escrutado, pautado, hacer rápido resuena con eficacia. Pero, es en detrimento de la dimensión lógica del tiempo que, ésta, ¡no se cuenta!

Es una forma de urgencia lo que lleva a Emma, 19 años, a encontrarme. Esta urgencia se manifiesta incluso en su cuerpo: llora, tiembla, las palabras se agolpan.

Emma viene, empujada por un “demasiado lleno” acumulado a lo largo de los años precedentes, que no ha podido encontrar decirse y que le invade hoy. Aunque vive en medio de su familia, Emma está muy sola. Testimonia de un rechazo desde hace mucho tiempo por parte de sus padres y los lazos extra-familiares son precarios. Su palabra no parece poder ser escuchada.

A este preludio se añade un reciente dejar caer correspondiente al tiempo de la separación parental, acentuando el rechazo. Tras ese acontecimiento, ya nada le engancha: ni una palabra, ni un proyecto, ni un deseo. Identificándose a ese objeto rechazado, Emma se desvincula poco a poco de la sociedad y esa nada, hasta entonces al borde de su vida, deviene el agujero negro que le aspira. Vive un momento de errancia que la deja a merced de un verdadero desarreglo pulsional. Todo se convierte en excesivo: Emma pierde el tiempo. Ningún límite, ninguna baliza. Ella ya no se reconoce.

Poco tiempo antes de nuestro encuentro, Emma logra aferrarse valientemente a una formación profesional e intenta encontrar nuevas personas afin de encontrar una “vida normal”. A la salida de la urgencia vital viene el tiempo de decir; es lo que trae a Emma aparADOxes.

Emma se debate. Entre el aislamiento mortífero –refugio frente al mundo exterior pero también morada de un goce sin límite- y la normatividad ideal –donde el tempo sostenido de las exigencias imaginarias de la sociedad la tiraniza-, la joven no logra encontrar equilibrio.

Es esta palabra que ella deposita en primer lugar. Escucharla y acogerla produce en Emma, desde los primeros momentos de nuestro encuentro, un alivio. Ella extrae enseguida algunos de los momentos claves de su vida, deposita sus paradojas, sus tropiezos, pero también su culpabilidad por dejarse ser el objeto del otro. Reconocer el valor de lo que ella testimonia permite sostenerla en su amarre precario al tempo del mundo, poco a poco, a su ritmo. Paralelamente, Emma pone a distancia el origen de su demanda y entre sus dos impasses se despeja un pequeño espacio en el que existir.

Emma hace bricolaje con su tiempo. Los excesos se regulan por el efecto de la palabra. Se siente de nuevo “como los otros”. Toca igualmente, al hilo de sus sesiones, la posición que ocupa para el otro: lugar de objeto o lugar de nada. Roza aquí un punto crucial de su problemática, que debe sin duda trabajarse en otra parte, en un lugar donde el tiempo no esté contado.

Los encuentros se espacian –debido a imperativos exteriores a los que Emma logra engancharse de nuevo- y la joven testimonia de su deseo de proseguir el trabajo iniciado en parADOxes; yo le acompaño hacia un analista en la ciudad donde, espero, ella continúe desplegando con brío las cadencias de su vida.



Taller de escritura individual
“Camino de Vida”



M… como Mi padre
Por Isabelle Rèbre

En el taller escritura encuentran un lugar donde dar forma a las coordenadas de la perturbación a través de las que dibujar una solución nueva.

Oscar tiene dieciséis años, viene al taller CV después de incesantes problemas de comportamiento que ponen en riesgo su escolaridad. Está en Primero y desea entrar en la policía. Cuenta lo que siente al ser mirado por los profes, hace el relato de su recorrido escolar y de las múltiples disputas que le llevaron a cambiar de instituto.

Al inicio del curso “eso no iba, dice, tenía problemas, estaba cabreado, discúlpeme el término, pensaba siempre que eso venía del profe. Tomando perspectiva, me di cuenta de que yo ponía la semilla para que eso saltase”. Después de la entrevista entre el director y sus padres, reflexionó. Cuando le pregunto por lo que fue importante en esa entrevista, me responde: “Mi padre estaba ahí y francamente, eso me chocó. Era la primera vez que él acudía a una entrevista por mí”. Desde la separación de sus padres, Oscar no veía más a su padre.

Leemos juntos el “me gusta, no me gusta” de Roland Barthes, y luego confecciona la lista de cosas que le gustan en la que señala “el boxeo”. Del lado de “no me gusta”, escribe: “pelearme”. Yo subrayo la aparente contradicción, pero él me explica que lo que no le gusta es “pelearse por nada”. Finalmente el papel de la policía, ¿es regular los combates? “Sí, exactamente”, me dice.

En una hoja que divido en nueve casillas, le propongo escribir momentos importantes de su recorrido. En el centro, sitúa el día en que obtuvo su diploma. Luego, la entrada en 6º: describe la escena con la posición de su madre y del director “con zapatos de papá”. Le pregunto si en su casa los lugares en la mesa son fijos: “Oh, sí!”. Me los describe cuando su padre estaba allí: “creo que tomo un poco su sitito”. Luego, en la última casilla de abajo a la derecha, escribe el día en que comenzó a fumar. Me muestra este eje transversal donde ha colocado “lo que valoro, un eje que valoro”.

Durante la tercera entrevista, Oscar se presenta con otro compañero: “¿Podemos hacer el taller juntos?” me preguntan. Yo acepto, aquí los lugares no son rígidos, la regla es acogedora. Oscar dibuja un “camino de vida” dividido en pasado-presente-futuro. Añade anotaciones en papeles pegados y pone “He vuelto a ver a mi padre” al lado de “progresos de comportamiento”.

Señalo la forma particular en que dibuja su camino y le digo que tengo la impresión de ver ahí una radiografía de una pelvis: la pelvis es lo que nos sostiene, es lo que está en el centro del cuerpo. Me dice que de hecho, lo que él ha querido representar es la forma de una “M” como “Mamá”.

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“Yo tengo los ojos rasgados”
Por Léna Burger

Escribir la imagen para sostenera un yo frente a un otro, he aquí uno de los hallazgos durante este taller.

Lily se sienta sin quitarse el abrigo, su gran cuerpo está inmóvil, sus ojos bajos.

Sus respuestas son breves, “si, no, no sé”, pronunciadas con una voz retenida. Me pregunto cómo despegar esa mirada del suelo donde parece detenida.

Lily tiene 12 años y está en 5º. Sus notas bajan. Juega a fútbol tres veces por semana. En casa ve la tele o “habla por mensajes”. Digo, “¿es decir?”, ella levanta los ojos, se anima un poco más, sonríe: “con mis amigas, con mi teléfono”. La segunda vez que Lily sonríe es hablando de Bombay, le gustaría ir allí, su madre va a menudo. Ella ha estado ya en Turquía para ver a su familia, “salimos”. Cuando le pido describir los paisajes, sonríe cada vez más y cada vez responde menos “no sé”. De repente voy hacia la ventana diciendo “pero entonces, ¿los árboles de allá son un poco como esos árboles?” Ella se acerca y tomándose el tiempo para mirar, responde: “no, para nada, no tienen las mismas hojas, no son así”. Al volver a sentarme, desplacé un poco mi silla.

En la segunda cita, volví a situarme un poco al sesgo. La discusión cuesta, le pido explicarme cómo se pasa en el fútbol. Lily dibuja los campos, con las reglas y las palabras del juego. Raya coloreando su lugar, garabateando el muñequito que la representa. No sujeta la hoja, resbala, tacha. Sonríe de nuevo: “en clase, los chicos hacen ruidos de animales”, y explica alegre: “hay un chico en mi cabeza”, luego corrige: “hay un chico que empieza y todo el mundo le sigue”. Dibuja la clase, se pinta ahí. Imita los gritos: “mimimi” y “badoit” con acento africano, se ríe. “Hay algunos que también bailan”, yo continúo haciéndome la sorprendida. Para la próxima vez, le propongo estar atenta a los gritos. Se marcha un poco sorprendida, con una gran sonrisa.

Durante el último momento de taller, volvemos a hablar de ruidos de animales. Lily sonríe y dice que en artes plásticas no hay de eso. Dibuja la clase de artes plásticas, rodea al profesor con trazos marrones. Me muestra su dibujo diciendo: “relación general es cuando está toda la clase, nosotros somos los alumnos, y fíjate en artes plásticas, hay calma”. Yo pregunto, “¿y qué hace el profe?” –“nos mira”. Texto y trazos se mezclan en sus dibujos, le pregunto si conoce los caligramas. Reflexiona, “sí hacemos caligrafía en francés”, pero indica que lo “confunde con los cadáveres-exquisitos”. Luego se lanza, no pide más “¿qué hago?”, su mano sujeta una hoja: “He querido hacer un sol, me gusta todo salvo las materias del centro”. Le propongo hacer su retrato. “No sé qué decir”, responde tomando una hoja. Acabado el retrato, precisa: “No soy yo, ¡eh!”, y lo llama Una chica. Le propongo escribir esto. Lily toma entonces dos rotuladores, rojo para una chica, negro para ella, y escribe:

“Ella no tiene boca
Yo tengo una boca
Ella tiene los cabellos sueltos
Yo tengo un moño
Ella tiene una nariz rara
Yo tengo una nariz normal
Ella tiene los ojos normales
Yo tengo los ojos rasgados”
-y firma en negro Lily.



  
Taller de escritura colectiva




Ausencias, presencias, alrededor de la escritura.
Por ValérieGuidoux

Se constituyen aquí las coordenadas de un espacio en el que se intenta hacer deconsistir el sentido que nutre el síntoma, y asistirá a tiempo completo o parcial.

Llamemos al joven Scooter, es la palabra que él ha ligado a la primera letra de su verdadero nombre. Por la misma razón, la joven sentada cerca de él será Sábado. Otros ocho alumnos están presentes en este taller de escritura llevado por dos intervinientes de la asociación parADOxes, a petición de la MLDS (1).

La primera propuesta era un acróstico: escribir su nombre, luego enganchar una palabra a cada letra, tomando la inicial. Una especie de frase se agita entonces como ropa al viento, animando el nombre. En algunos segundos y sin vacilación, Scooter se explaya. Demasiado fácil: “No somos Segpa (2)”, hizo notar.

Es cierto, es fácil, y eso no sirve para nada: los acrósticos forman estandartes ligeros, sin demasiado sentido, es justo una entrada en escena.

En la siguiente propuesta, Scooter protesta. Se trata de contar un trayecto. “¿Qué trayecto? No tengo nada para decir”. Escribe en grande: “no he visto nada” y “rueda trasera”. Habrá que recoger de viva voz sus palabras precisas sobre su trayecto en scooter, tan absorbente que no ha visto nada.

Resistiéndose el joven concentra las miradas, la atención. A su lado Sábado sonríe a sus propuestas, apoyada en la pared, y parece retirarse completamente ante su hoja en blanco. Escribirá, precisamente: “No he visto(a) nada”, en femenino.

Al día siguiente, sujetos a la hoja de asistencia, los alumnos vuelven para el segundo taller.

Sábado está alterada, pues Scooter, su novio, le pidió el teléfono. La sesión se ve obstaculizada por su ausencia, después por su llegada y su discusión, hasta el momento en que la joven recupera su aparato.

Entre tanto, mientras mi colega ayuda a los otros participantes, yo pregunto al chico sobre la “rueda trasera”, un arte arriesgado que él consiente en describir con detalle. Tomo nota de sus frases, es su texto.

Mañana Scooter no estará, no vendrá más.

Sábado viene a cada sesión, escribiendo apenas, no teniendo “nada para decir”. Pero al cuarto taller, en el que se trabaja sobre los objetos personales, la joven dibuja su teléfono y luego añade: “No se coge mi teléfono”.

Scooter se ausentó, no sin haber dejado antes algunas palabras, vigorosamente trazadas. Sábado, por el contrario, de ausente poco a poco se presenta como “la más fuerte”, fórmula recortada y pegada a su autorretrato en la última sesión.

Como los otros, Scooter y Sábado han imprimido su estilo. Los seis encuentros de este taller han visto a cada uno arriesgar palabras prudentes, esquivar, avanzarse, apoyarse sobre uno u otra. Poco a poco, ellos han consentido a escribir, ¿no han esbozado la forma de un lugar, la clase, en el que van a pasar este año de “remobilización”?

(1) Misión de lucha contra el abandono escolar. El taller tuvo lugar a título experimental, al inicio de un año de “remobilización” a lo largo del cual los alumnos “abandonadores” son acogidos para cursos de reacomodo al nivel, de stages y la construcción de un nuevo proyecto de formación.
(2) Alumno de una “sección de enseñanza general y profesional adaptada”.





Análisis de prácticas



Tras la infancia de un real sin ley
Por NadineNaquin

“Atravesar la impotencia a la que se confrontan los profesionales de la educación para acceder a… lo imposible, es también el delicado sostén al que se presta ParADOxes”.

El análisis de las prácticas junto a un equipo de educadores me parece tener por objetivo esencial el sostener el deseo de los profesionales.

Intervengo en el marco de ParADOxes en el seno de un hogar de acogida para adolescentes de 13 a 18 años sometidos a medidas educativas. Los factores que dan lugar al alojamiento revelan maltratos graves, violencias, abandono y otras situaciones patológicas que necesitan de una ruptura parcial o total con la familia.

Los jóvenes que llegan al hogar viven en comunidad en un marco regido por reglas de vida en común y acompañados por los educadores en los proyectos establecidos por un tiempo limitado. Estos jóvenes, frecuentemente invadidos por movimientos pulsionales, están en una relación al otro explosiva: provocaciones verbales o físicas, cólera, impulsividad, expresión de amor y de odio. A esto se añaden las conductas de riesgo tales como fugas, errancia, robo, tentativas de suicidio en momentos de goce que llevan a lo peor.

Los educadores se sienten “atacados” en sus funciones y habitualmente frustrados. Navegan sin cesar entre una necesaria tolerancia y la exigencia de hacer límite a un goce que desborda. En una negociación permanente, están convocados a ejercer un oficio “imposible pero indispensable”.

La presión de las instituciones, familias, profesionales, leyes, reglamentos, la del tiempo limitado de la medida, los ideales, les conducen a veces a un sentimiento de impotencia que no es sin efectos sobre la dinámica del trabajo.

¿Cómo podrá venir a apaciguar y relanzar el deseo una lectura esclarecida por el psicoanálisis de orientación lacaniana?

Se tratará de declinar los imperativos del Otro, “ir bien en la escuela” o “tener un proyecto profesional”, aflojar los ideales de lo educativo y de la pedagogía para intentar operar un desplazamiento en el decir y en la posición del sujeto (del educador primero, y luego, de carambola, en los adolescentes).

Poder despegarse de una lógica del sentido para acceder a la singularidad del caso necesita acoger, más allá del todos de la institución, “cómo se acoge el objeto, el ser indecible, el ser con el que se carga” (1).

Hacer del impasse un útil de trabajo e invertir la lógica habitual. A la pregunta “¿qué hacer con ese joven?”, responder por otra: “¿qué uso hace él de la institución?” (2).

Así, las demandas de solución pueden desplazarse hacia el cuestionamiento y la reflexión permitiendo pasar de la impotencia a lo imposible.

1)  Lacadée P., “L’objetindicible”, texto no publicado.
(   2)  Zenoni A., “De la supervisión commeréunionclinique”, intervención en el Congreso PIPOL 6, Bruselas, 2013.


Crónicas


Después de la infancia con Cenicienta, de Joël Pommerat
Por Daphné Leimann

“Cenicienta encuentra al hada: “Vas a ver, después de la infancia, ¡es genial!”…¡a condición (hay siempre una condición con las hadas) de dejar caer algo detrás de sí!”

Los objetos literarios reescritos y puestos en escena para el teatro por Jöel Pommerat muchas veces son versiones tomadas del repertorio de cuentos para niños: Caperucita roja en 2005, Pinocho en 2008, Cenicienta en 2011. Todos ellos han constituido grandes momentos teatrales para los espectadores, niños y adultos, que han asistido a las representaciones. Acaso porque cada uno ha podido hacer allí un encuentro auténtico con algo de la infancia y de la dificultad de pasar a un más allá de la infancia. ¿Qué nos enseña Cenicienta de ese pasaje?

En la infancia: “no es tan simple hablar ni escuchar” (2)

Desde el inicio, la narradora formula la versión de la travesía de la infancia elegida por Pommerat: la historia del encuentro con palabras, malentendidos, la sujeción a esas palabras, y la decisión, un día, de hacer de otra manera con ellas. Aquellas últimas palabras que Cenicienta -nombrada como “la jovencita” por Pommerat-, había creído escuchar en la voz de su madre, “pronunciadas con una voz tan tenue que apenas se comprendía lo que decía”: “Hijita mía, cuando ya no esté más aquí, no dejes nunca de pensar en mí. Mientras pienses en mí todo el tiempo sin olvidarme nunca… yo viviré en alguna parte” (3). En los primeros minutos la narradora expone claramente el sesgo que tomará la pieza: “En la historia que voy a contar, las palabras estuvieron a punto de tener consecuencias catastróficas en la vida de una jovencita”. Deduce de esto que “no es tan simple hablar y escuchar”. La historia comienza en el tiempo en que “la jovencita era aún casi una niña”, y la pieza contará el franqueamiento, ese momento de pasaje a partir del cual la jovencita podrá dejar detrás de ella el peso de la infancia.

Sobrepasar la infancia será desprenderse de esa cantinela, separarse de esa frase fijada y entenderla de otra manera. Podrá existir entonces una nueva relación con las palabras de la madre. El inicio de la obra pone en escena, bajo una forma trágica, la dimensión cómica de esta versión de la infancia. La pequeña Cenicienta está sometida a la voz y la mirada de la madre bajo la forma de un gran reloj y de un estridente timbre ajustado cada 5 minutos para recordar a la niña el pensar en su madre muerta y así impedirle morir. “Antes, a la joven le gustaba mucho dejar a su imaginación tomar posesión de sus pensamientos. Pero ahora esto se había acabado. Debía concentrar su espíritu sobre un solo y único tema: su madre… solamente sobre su madre”… Y, por supuesto, sucederá que olvida. Pide entonces a su padre que le compre un reloj. El más grande posible. Equipado con un timbre despertador para controlar el tiempo. A partir de ese día la jovencita estará muy angustiada. Su cabeza estaba llena de pensamientos sobre su madre. La desbordaban. Era como si ésta creciese y hasta se hinchase. “A veces tenía miedo de que su cabeza estallase”, dice la narradora. Cenicienta es puesta en escena encorsetada, con la mirada fija en el reloj, realizando todas las tareas ingratas que le pedían las hijas de la madrastra. Para Cenicienta, el sufrimiento de la infancia no viene tanto del mal encuentro con la malvada madrastra sino de su propia posición subjetiva, totalmente capturada en el recuerdo invasivo de su madre. La infancia es aquí dedicarse sin límite a un otro devorador: “La joven estaba tan fatigada que olvidaba comer y adelgazaba, pero nunca se quejaba. Algunos eran trabajos sencillos, pero otros le repugnaban enormemente. ¿Hasta cuando seguiría así? (4). La narradora nos plantea la cuestión de lo que puede venir a hacer límite a esa infancia. ¿Qué apoyo podrá encontrar Cenicienta para despegarse de ese tiempo en el que nada cambia?
 
Salir de la infancia: consentir a las sorpresas

Como en el cuento de Perrault, en Pommerat la salida de esa versión de la infancia va a operarse a travésdel personaje de la madrina, quien permitirá a Cenicienta sobrepasar la infancia. El hada vendrá a nombrar para Cenicienta lo que su existencia ha perdido de vivo dedicándose de esa manera a la madre muerta: “¡Tu vida no es alegre! Es cierto, es aburrida, nunca te ríes, no hay distracciones en tu vida. Durante ese tiempo, los otros, se parten de risa, ¿lo sabes?!” (5). Y sobre todo el hada presentará a Cenicienta una nueva relación con el tiempo. Al tiempo eternizado compuesto por la repetición idéntica de la frase de la madre, el hada va a oponer un tiempo hecho de diferencias y de cambios. El hada se queja de su propia condición. Para ella, ni infancia ni adolescencia, está por fuera del tiempo, tiene 874 años y describe su poca alegría: “Ya no hay sorpresas en mi vida, he hecho todo. El tiempo pasa a la rapidez de un caracol. Ya no llego a motivarme… eso es ser hada. Somos inmortales”. Y al contrario, el hada nombra la gracia de la adolescencia: “Te envidio, porque tú ¡vas a vivir un montón de cosas por primera vez, vas a ver, es genial! Los novios, el amor” (6).

Al abandonar la orilla uniforme de las palabras maternas, Cenicienta entra en otro mundo, aquel en el que el Otro tiene su lugar y hace nacer el deseo, abierto a la contingencia de los encuentros.
 
Tras la infancia, saber hacer de otra manera con las palabras de la infancia

En la escena final, la narradora vuelve sobre el inicio, al tiempo de antes de la adolescencia, el de la infancia presentada al principio de la pieza, para hacernos escuchar de otra manera -gracias al hada que posee el poder de elevarse sobre el tiempo- las últimas palabras de la madre: “Querida mía… Si estás triste, para darte coraje, piensa en mí… pero no lo olvides nunca, si piensas en mí hazlo con una sonrisa”. Y la narradora nos ofrece entonces el efecto producido por esas palabras: “A partir de ese día, cuando Cenicienta pensaba en ella, era fuerza lo que sentía” (7). Al salir de la infancia, Cenicienta ya no tiene la misma manera de “hablar y escuchar”. A partir de entonces se autoriza a hablar en nombre propio, con la posibilidad de decir sí y a veces no a lo que viene de la infancia. Dejó tras de sí a un otro voraz que quiere todo para ella, en adelante se las arreglará con la falta para embarcarse en las metamorfosis de la adolescencia que implican para cada uno encontrar el extranjero fuera de sí en sí.

   1)  La pieza Cendrillon fue representada el 11 de octubre de 2011 en el Teatro Nacional de Bruselas.
(   2)  Pommerat J., Cendrillon. Actes sud Babel, 2013, p. 10.
(   3)  Ibid., p.10.
(   4)  Ibid., p.48.
(   5)  Ibid., p.50.
(   6)  Ibid., p. 56, 57.
(   7)  Ibid., p. 112.

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Julieta, de Almodóvar: el enigma de una partida 
Por Soledad Penafiel

“Esta película es el desvelamiento sublime y en elipsis del enigma de una joven desaparecida mezclada a la de una juventud volatilizada”.

“Antía ha elegido su propia vía y tú no formas parte de ella”: esta frase conmociona la vida de la heroína de la última película de Almodóvar, Julieta. Una vez más, el realizador trata con fineza el enigma de lo femenino. Esta vez pone en escena la vida de una mujer extraviada, estragada por el amor. Lo real se enuncia: una madre es abandonada por su hija. Sin una palabra, Antía, cuando tiene 18 años, desaparece de la vida de su madre, Julieta.

El padre de Antía murió cuando ella era muy pequeña. Un día en que Antía vuelve a la casa de sus padres, se entera de la razón que precipitó la muerte de su padre. Una pelea entre sus padres reveló la existencia de otra mujer, y tras esa pelea su padre partió en su barco a pesar de la tormenta que se dibujaba en el horizonte. Este descubrimiento parece ser entonces el desencadenante de la partida de Antía.

Años más tarde, cuando Julieta encuentra a Bea, la mejor amiga de la infancia de su hija, aparece un nuevo esclarecimiento de la partida de Antía. La amiga en cuestión enuncia a la madre lo que constituía lo insoportable para su hija y que tocaba también a la sexualidad: lo que verdaderamente hizo huir a Antía fue la relación entre las dos jóvenes, que “se había convertido en un infierno… ella se avergonzaba de nuestra relación”. Es la irrupción del enigma de la sexualidad lo que hizo huir a Antía y la empujó a poner al Otro radicalmente a distancia.

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Haikus
Por Sonia Pent& Françoise Labridy

Atrapados al vuelo, los escritos tejen una trama para hacer con la lengua.

Estos fragmentos, recogidos al hilo de las consultas por Sonia Pent, dejan aparecer en la toma de palabra de estos jóvenes un no-sin: la creación de un espacio, de un lugar, de una forma más vivible para ellos. Esos espacios no existirían sin esos pasadores que son los practicantes, que en sus réplicas diversas, palabras, gestos, desplazamientos de los cuerpos, ofertas de escritura, de dibujo… contribuyen a ello. El anudamiento de la lengua pasando de un cuerpo a otro toma aquí toda su importancia para dibujar las curvas del movimiento vivo.

Esos fragmentos dicen de lo que se teje para cada uno, de una relación y no-relación al Otro, acaso aún a penas audible para el sujeto que lo enuncia, pero que su reescritura escandida hace surgir.

“este año,
profes que yo aguanto,
tengo una buena clase”

“soy muy sociable,
salvo con los profes”

“eso va mejor
he sacado buenas notas
mi madre está mejor”

“hay tres programas en casa,
un programa de escuela,
un programa de vacaciones, un programa descompresión”
programa, programa, programa

“ahora Hamed está en casa,
eso calma a mamá,
¿tal vez la convencerá
para dejarme jugar de nuevo?”

“mi estilo es hacerme la tonta”

“estar solo, pero en el centro”

“imposible estar sentada”

“soy un niño, en mi cabeza,
me gusta mucho hacer tonterías”

“niño,
solo en mi habitación,
solo en mi cama,
creaba universos
que no pertenecían sino a mí solo”

“después de los atentados,
cuando tuve contacto,
me sentía mejor,
extrañamente”

“en la mesa,
nos anuncian que se van a separar,
Yo digo:
si nunca os habéis amado,
por qué nos habéis concebido”

“durante tres años,
Yo estaba en pareja,
con una persona”

“mi padre vive con mi madre,
es una compi de piso

“cuando se está en pareja,
se tiene un contrato tácito”

“mi familia,
ocupa mucho lugar
en mi vida”

“antes,
yo hacía todo
como mis padres”

“mi abuela paterna preguntaba
que abuela prefieres,
yo respondía: tú,
pero yo prefería a la otra”

 Traducción: Gracia Viscasillas


Equipo de Traducción:
 Mariam Martín (responsable), Elvira Tabernero y Gracia Viscasillas
Composición y revisión: Mariam Martín

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