11 de febrero de 2017

Realismo, por Marie-Hélène Brousse


Lo real excluye el sentido, se decanta por quedar excluido de él.

Esta tarde sobre la garantía se ubica bajo la égida de la estructura de discursos, el discurso del amo, el primero, y aquel que “concluye todo ese mareo de los otros tres”, como dice Lacan, el discurso analítico, que permite situar ese primero y, añadiré, darlo vuelta como una banda de Moebius, pasar del derecho al revés. También se sitúa en el contexto de una batalla convocada a volverse constante, una acción larga pero interesante, en la medida en que nos fuerza a hacer el inventario de los medios de los que disponemos para afrontar algo que, en el discurso del amo de este primer cuarto del siglo XXI, es nuevo.

La argumentación que estigmatiza a los psicoanalistas concierne, según creo, a un lugar de exterioridad: el psicoanálisis no se encuentra bajo control del Estado ni en sus formaciones, ni en su garantía, ni en su práctica. Nuestras escuelas son comunidades independientes de trabajo asiduo. En efecto, lo que está en juego da vueltas en torno al significante independencia. Es paradójico que, en una época que hace de la autonomía, opuesta a la dependencia, un valor educativo e incluso un criterio de evaluación, desde el jardín de infantes hasta la cuarta edad (siendo en última instancia los pañales el definiendum de la ausencia de la mencionada autonomía), la independencia del psicoanálisis constituya un escollo. La paradoja desaparece si procedemos a una inversión moebiana. ¿No sería la autonomía, en el discurso del amo, el reverso de la independencia, si con ello entendemos una ausencia de asunción de poderes en funcionamiento, estatal o económico, sobre estas entidades? Los invito a releer el artículo de Laura Sokolowsky en Lacan Quotidien. Veo en este ataque una versión actual del totalitarismo neoliberal que hace de la autonomía un criterio de evaluación medido por él mismo. La autonomía es el reverso de las libertades...

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Tradución: Lorena Buchner