18 de septiembre de 2013

El Buscón n° 10 - Boletín de las XII Jornadas de la ELP



Boletín de las XII Jornadas de la ELP    N 10– 15 de Septiembre de 2013
Ya llegamos al número diez del Buscón, con las Jornadas en el horizonte y aún muchos artículos por venir. Se trata de una temática que claramente nos pone a trabajar.
En este caso tenemos dos perspectivas del tratamiento de la culpa, la de Eugenio Castro que introduce a un Cervantes, que teje las palabras como telas y que no es ningún (de)sastre y Araceli Teixidó que nos muestra el trabajo de los sujetos por separarse del destino señalado. Lo dicho: esto va de tijeras y separaciones para que en definitiva pueda emerger el deseo.
Mario Izcovich
De cómo Rinconete y Cortadillo se las apañaron con su culpa
Eugenio Castro
de pasar adelante" para ganarse la vida, decide utilizar las tijeras no sólo para aligerar bolsillos sino para buscarse un nuevo padre menos desastre.

3.- Rinconete, hijo de un bulero de la Santa Cruzada, decide apropiarse de los dineros de las bulas hasta que se hace pescar y paga su goce con una paliza y su destierro. Sendos en su despadre y desmadre deciden hilvanarse a otro padre que, aunque segundo, es monipodio. Su orientación al padre (père-version) la rehacen con Monipodio, jefe de una cofradía de truhanes, una especie de mafiosillo de poca monta.

4.-Ambos aprenden la lengua de los cofrades de la germanía y sus reglas: "Callar la patria, encubrir los padres y mudar los nombres propios". Monipodio les bautiza pasando de Rincón y Cortado a Rinconete y Cortadillo. Escuchan las leyes del robo y la extorsión porque al cabo "es mejor que ser herejes, parricidas o solomicos". Como la cofradía es católica postridentina "pagan al cielo en descuento de sus pecados", algunas limosnas a Nuestra Señora, candelillas de cera para San Miguel, San Blas o Santa Lucía protectores de la espada, la garganta y la vista tan útiles para sus menesteres. En ese lazo social de germanía sus desdichas lo son menos, su culpa la pagan a la eternidad y gozan de los relatos de sus pillerías. "Sin duda- dijo Rincón- debe ser buena y santa esta hermandad, pues hace que los ladrones sirvan a Dios". Les
protege un padre providencia como Monipodio, que cuida y explota a los cofrades-hijos.
A Cortadillo le apoda El Bueno por devolver una bolsa, robada a un sacristán y que reclama un alguacil, amigo de este, que les puede complicar la vida.

5.- Ese falso anudamiento lo mantuvo Cortadillo El Bueno hasta que Rinconete, "que era muchacho de muy buen entendimiento y tenía un buen natural" por haber bregado con su padre en la simonía de las bulas y "sabía algo de buen lenguaje", dábale gran risa los vocablos que había oído a Monipodio: Por decir "per modum sufragii " decían "por modo de naufragio"; que "sacaban el estupendo" por el estipendio…Pero lo que le reveló su posición de masoquista fue que el Chiquiznaque decía "destruición" por "instrucción". En esas creaciones de lalengua atisbó Rinconete que hacerse machacar pagando sus pecados al cielo y al "bárbaro, rústico y desalmado" Monipodio era una demasía escasa para un solo pie. Decidió entonces convencer a Cortadillo de cambiar de vida "tan perdida y tan mala, tan inquieta y tan libre y disoluta".

Deja en suspenso Cervantes, contar lo que fue "la vida y milagros" de sendos pícaros que "podrá servir de ejemplo y aviso a los que la leyeren". Encontraron pues ahí su tercer pie de santos shen-shen por el amor de Rinconete al inconsciente entreleido en el equívoco "destruición". A partir de ahí eligió Rinconete otra vida seguido por el sastre que fue desastre.
0.- La picaresca española de los siglos XVI y XVII muestra cómo los pícaros, truhanes, espadachines y ladrones se las arreglaron con su goce y no fueron impunes pues que harto pagaron por sus culpas. He tomado esta Novela Ejemplar de Cervantes porque tratándose de pícaros que utilizaban tijeras, navajas de Albacete y bolsas para desvencijar relicarios y vaciar faldriqueras tienen semblanza de analizantes haciendo costuras en la bolsa de su vida para vaciarlas de un goce informe y sustituirlo por otro más pragmático con el que apañarse. Tratamos de leer desde el ultimísimo Lacan del sinthome nuestra práctica orientada por lo Real.

1.- No todos los pícaros son iguales, cada uno es único en su saber hacer, en su arte de artimañas para birlar, hurtar, engañar y estafar según su modo de goce de su lalengua como se verá. El Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Alfarache o el Buscón de Quevedo tiene cada uno su singularidad. Rinconete no es Cortadillo aunque les unan sus desgracias y extravíos. Ambos son, además, sendos.

2.- Cortadillo, hijo de sastre y él mismo cortador y ensamblador de polainas, pasa de su padre porque ha leído que este no lo tiene por hijo y su madrastra lo trata como alnado. "Y como por fuerza se ha

Entre el ideal y la culpa está el goce

Araceli Teixidó

La culpa es una brújula que señala la dirección del ideal con la manecilla del goce.
Algunos casos clínicos nos pueden ayudar a ilustrar esta idea. Una situación llamativa es la de los familiares que aducen la culpa cuando no se pueden separar de los pacientes ingresados en el hospital en el momento en que los profesionales se lo aconsejan: "Se sienten culpables si se van". La respuesta de los profesionales está orientada por un universal: una identificación asegura que el cuidador que está muchas horas en el hospital cumple con el ideal de cuidar y, más allá de cierto límite horario queda eximido de continuar y de la culpa que pueda experimentar. Explicaciones insuficientes que no palian el sentimiento aún a pesar del propio deseo de los cuidadores de dedicarse a otros asuntos.

Montse
Cuida a su madre demente. No se puede separar de ella y pide poder hablar de ello. Es la cuidadora de la madre porque no tiene una hermana y los varones no están para estas cosas. Lo dice como tantas otras mujeres explican que son la única hija entre varios hijos, que se les adjudicó el lugar y aceptaron. Me atengo la trama significante sin comprender ¿qué significa que no tiene una hermana? La pregunta sobresalta a Montse que narra las condiciones infantiles: su hermana de cinco años murió cuando ella tenía uno. A partir de entonces la obsesión de la madre fue no separarse de ella.

Vuelve sensiblemente más tranquila a la segunda sesión y se pregunta por su situación personal cuando la madre muera dado que está tan vinculada a ella. La invito a continuar hablando: tiene una hija y se niega desde que la tuvo a seguir el patrón materno. Se niega a restarle libertad. Interpreto su posición: se puso en el lugar de obturar la pérdida de la hermana para la madre y ahora teme perder ella y no sabe qué hacer, sólo puede decir que no quiere repetir con su hija. Siente rabia, asumí un destino sin preguntarme y, dice ahora, no quiero vivir más así. Entonces, ha llegado el momento de plantar cara a su destino, es mi respuesta. Aparece el deseo, cede la culpa.

Paquita
Hace cuarenta años que convive con la suegra que ahora tiene la enfermedad de Alzheimer. Desea acudir a una fiesta que la obligaría a viajar y ausentarse dos días, decide ingresarla unos días en el hospital acogiéndose a la fórmula del descanso familiar; el marido opone resistencia. Ella quiere ir y va. Pero la culpa le impide disfrutar de la fiesta.

Paquita cree que si no fuese por la suegra las cosas irían bien en el matrimonio. Ella esperaba un reconocimiento del marido, otra respuesta. De nuevo podríamos recurrir a un lugar común. Pero no concluimos, le pido que continúe hablando. Él era el más guapo del pueblo, todas le querían, se lo llevó ella, pero venía con la suegra a quien nadie apreciaba. No tardó en sentirse desgraciada con ella.

La suegra ya no pide nada, ¿porque sigue teniendo ese sentimiento de obligación hacia ella? El marido ha visto que la suegra está bien atendida en el hospital y ha cedido, aceptará que sea ingresada en una residencia. ¿Por qué sigue la culpa? Añade que le duele que, en esta operación, el marido se salte el reconocimiento al cuidado que ella ha tenido con su madre durante estos años.

Indico que ella cree que los problemas en el matrimonio han sido por la suegra, sin embargo podría ser que ésta tan sólo hubiese ocupado demasiado espacio, evitando que se vieran otros problemas y que cuando mueve a la suegra y deja un espacio vacío, aparece el resentimiento hacia el marido. Afirma y añade ella misma que la cuestión merece un análisis serio que desea realizar.

Hace años resolvió con una actuación un lío amoroso del marido que se había prolongado durante cinco años sin ella saberlo. Resolvió el hecho, pero quedó como resto la pregunta por el amor ¿él la ama? Recuerda el nacimiento de los hijos, que él la dejó muy sola y que entonces ella empezó a arremeter contra la suegra.

La culpa se reduce. Ahora pide continuar un análisis puesto que hemos atajado una infección pero observa una tendencia personal que hay que revisar. Cede el goce, cede la culpa.

Conclusión.
Creo que la casuística muestra que no hay universal válido para remover la culpa, los cuidadores raramente siguen el consejo de marcharse sin más cuando se sienten culpables, y sólo la dirección del goce que se tramita en la narración singular les permite salir del callejón sin salida del ideal.





AL LECTOR


"….No sería impensable una consciencia de poder de la sociedad en la que a esta le fuese lícito permitirse el lujo más noble que para ella existe,-dejar impunes a quienes la han dañado….La justicia, que comenzó con todo es pagable, acaba por hacer la vista gorda, acaba como toda cosa buena suprimiéndose a sí misma.

Esta autosupresión de la justicia,­…, continúa siendo, como ya se entiende de suyo, el privilegio del más poderoso, mejor aún, su más allá del derecho."

Friedrich Nietzsche,
La genealogía de la moral

Diseño, Maquetación, Edición:

Andrés Borderías (Responsable),

Mario Izcovich, Félix Rueda.



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