29 de diciembre de 2014

El narco-lenguaje y el silencio de los cuerpos, por Mariana Alba de Luna



El hombre no ha terminado jamas de inventar las infinitas maneras de destruir al otro. Guy Briole (1)

Los cuerpos sin nombre*

26 de septiembre de 2014, Iguala, Guerrero, México.
Policías municipales, secundados por narcotraficantes, bloquean la ruta y tiran contra tres autobuses donde viajaban un grupo de estudiantes que pasan por la ciudad. Seis jóvenes son asesinados en el lugar, algunos logran escapar, y 43 desaparecen, víctimas de una detención forzada. Desde ese día, no han podido ser encontrados. Uno de los cuerpos es hallado desosado, los ojos vacíos y sin la piel del rostro. «Le quitaron la cara», dicen sus compañeros estupefactos. Estos jóvenes estudiantes, eran normalistas de la escuela rural Raúl Isidro Burgos de la ciudad de Ayotzinapa, cuna de « estudiantes que rechazan el destino de los pobres », tal es su slogan(2). Ironía del destino, se preparaban  a asistir a la conmemoración de la masacre de Tlatelolco  en la ciudad de México, en la que en 1968, 5000 estudiantes fueron víctimas de una emboscada orquestada por la policía y el ejercito mientras manifestaban pacificamente. Los muertos y desaparecidos se contaron por centenas. El pueblo bajo el terror, terminó por callarse.

Luego de la reciente confrontación de Iguala, multitud de fosas comunes han sido descubiertas, conteniendo cuerpos no identificados e igualmente salvajemente mutilados. Es moneda corriente en la región de Tierra Caliente donde, más que en otras, reina la narco-delincuencia. Después de los hechos, un movimiento de protesta estudiantíl se levanta y gana rápidamente las arterias de las ciudades de todo el país, dándole así un rostro a aquellos a los que se les quizo dejar sin nombre(3). Cada 2 de Octubre después del 68, el grito de Tlatelolco regresa y resuena en las bocas que protestan en la Plaza de las Tres Culturas, lugar de la masacre : ¡Vivos los conocimos, vivos los queremos! Pero esta vez, las bocas en furia designan un culpable : ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! El «nosotros» de Tlatelolco, grito de soledad colectiva, única posible de asumir, se transformó en un «ustedes» acusador.

Narco-glosario

Antes, se le daba el nombre de «desaparecidos» a los militantes políticos apresados por el régimen en turno. Después de algunos años,  se ha substituido por la palabra «levantados»(4) designando a ese «cualquiera» que raptan por «cualquier cosa», con la firme intención de utilizarlo para sembrar terror e imponer el silencio de la población. Luego sera abandonado en la vía pública,  muerto y mutilado, con un mensaje de advertencia apuñalado en su cuerpo. Estas practicas se han intensificado desde que se ha diluido la separación entre poderes políticos corrompidos y los grupos del crimen organizado. Se produjo una colusión entre dos entidades antagónicas, que no debieron fusionar ni colaborar jamás. Nace de allí un narco-Estado(5) y, con él, en total impunidad, vemos propagarse prácticas de tortura cada vez mas sanguinarias y obscuras dirigidas directamente a destruir la identidad subjetiva. Sobre el cuerpo de los más pobres, y por tanto tan similares a nosotros mismos, se vierten siglos de una sombría pulsion arcaica, multisecular, siempre al acecho. Es el rechazo, la inquietante extrañeza del otro, el unheimlich freudiano. Para estos verdugos, el rostro de sus víctimas no es más que el espejo donde queda fijo lo insoportable, el incesante odio hacia nuestros orígenes ancestrales.

La repetición sin fin de estos inadmisibles actos y su larga mediatización, han terminado por  afectar el lenguaje, infectándolo de esa colisión de poderes. Así, la palabra narco se apega en una simbiosis letal a una multitud de palabras: narcodelincuencia, narcoestado, narcopolicia, narcopoder, narcogobernados, narcocultura, narcomundo, narcofamilia, narcocorrido, narcofosa, narcofinancias… El narcoglosario modificó de forma rotunda el lenguaje del pueblo mexicano, donde ahora las regiones del crimen y del derecho se bordean peligrosamente, perdiendo limite, frontera y distinción.

La presencia social del narcotráfico infecta las palabras y se esparce como un virus lenguajero. «Él hunde sus raíces en la lógica misma del prohibicionismo y las medidas institucionales supuestamente diseñadas para combatirlo» (6). El uso de estas palabras repetidas al exceso y a ultranza, conduce a «despojar de todo sentido dramático y trágico a un asunto criminal»(7). Las palabras del discurso narco se vuelven eufemismos, el lenguaje del crimen se socializa. Una persona no es ya más secuestrada, sino levantada, no es asesinada, sino ejecutada, dejando así suponer de manera implícita, que merecía tal suerte. Es de notar que el diccionario de Americanismos  de la Asociación de las Academias de la Lengua Española ha integrado ciertas palabras como «levantón» (secuestro sin demanda de rescate. La víctima es destinada a volverse un fantasma) o «plomear» (cuerpo perforado por balas, relleno de plomo), que vienen directamente del universo del narcotráfico. El crimen organizado ha logrado así violentar el lenguaje, despojando las palabras de una cierta dignidad, sobre todo a aquellas que se refieren a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Los términos jurídicos, también criminalizados, despojan de su estatus a las nuevas víctimas de la Guerra Sucia(8).

El fin de la soledad colectiva

Tlatelolco es la traza de un pasado que quedó sin resolver, el paradigma de una sociedad obligada a callarse y el recuerdo sangrante de que México sigue siendo un país en donde la impunidad es ley. «Mientras sigamos caminando con las sombras y fantasmas del pasado no esclarecido, no lograremos fundar sino sobre arena(9) ¿Esta nueva masacre, después de tantas otras ya denunciadas(10), cambiará algo? Notemos primeramente que se desarrolla en la ciudad en la cual fue firmado, en 1821, el «Plan de Iguala» que puso fin a la guerra y condujo a la independencia de México y que Ayotzinapa fue la herencia de los ideales post-revolucionarios de 1910. Tlatelolco – Iguala Ayotzinapa son las marcas territoriales de una cadena significante simbólica que nos reenvía a nuestras raíces. Los estudiantespobres, a los que quisieron reducir al estatuto de macabras calaveras, abren la vía hacia una identificación mas franca y real, sumados a otros significantes de la identidad mexicana: campesinos, indígenas, que despiertan la unidad de todos los estudiantes y de todos los sin rostro, los sinnombre, los sinderecho, llevándolos a declarar: «¡Todos somos Ayotzinapa!»

El parlamento europeo y la ONU exigen el esclarecimiento de los hechos. «El gobierno mexicano está confrontado a una fuerte presión en el país y a nivel internacional, para que se aclare este enigmático asunto, que ha puesto a luz y de manera cruda, la connivencia entre autoridades locales, policías y narcotraficantes»(11) Las cabezas comienzan a caer. ¿El fin del narco–Estado habrá al fin sonado?

Los intelectuales mexicanos no dudan de calificar al país de «fosa común colectiva» (12). Bajo cada iglesia, se haya aplastada y oculta una pirámide ancestral, en la tierra yacen miles de cuerpos sacrificados por ya tantas masacres, desde la fundación de Tenochtitlán, hasta nuestros días. La escritora Elena Poniatowska declaró recientemente: «estamos sentamos sobre cadáveres»(13). Si el Estado de derecho continúa a dejárse infectar por la narcoviolencia, el Estado no tendrá ya mas cuerpo ni rostro jurídico, también se lo arrancarán. Los mexicanos saben reír de la muerte. Por ahora, es la muerte quien se ríe de nosotros.

Notas:
1.- Luego de las jornadas “La guerra siempre recomienza”. Mons, Bélgica, el 11 de octubre del 2014.
2.- De esta escuela, en la que los estudiantes preparan el concurso para profesores de las escuelas primarias rurales, nació la primera formación sindical de líderes estudiantiles y campesinos ( agricultores ) de los años 60 y 70, y el “Grupo armado del partido de los pobres”, creado por Lucio Cabañas, tambien asesinado por el poder.  (1967).
3.-https://www.youtube.com/watch?v=QLXeHwazSjO&feature=youtube.be
5.- México esta dividido en 31 Estados y un Distrito Federal, la ciudad de México, D.F.
8.- La guerra sucia : represión militar y política en México durante los años 60-70.
9.-Ignacio Carrillo Prieto, ex-procurador fiscal en el 68. htt ps://www.youtube.com/watch?y=8FUdd6Wy3Qg
10.- Las desaparecidos de Juarez (1993), Acteal (1997), las víctimas de “la guerra contra el narcotráfico” lanzada por el ex Presidente Felipe Calderón (2006), denunciada por el movimiento #YoSoy132 (2012) o la también  reciente masacre de Tlatlaya (junio 2014).
11.-http://www.leparisien.fr/flash-actualite-monde/etudiants-disparu-au-mexique-arrestation-du-chef-presume-d-un-cartel-18-10-2014-4223039-php#utm content=notification&utmcampaign=extensión&utm source=ExtensionFactory.com&xtor=AD-32280663-[notification]
12. – http://www.sinembargo.mx/06-10-14/1135594?fb action ids=10152361615974&fb action types=og.likes

Lettre #AyotzinapaSomosTodos que usted  puede firmar :
http:77ayotzinapasomostodos.wordpress.com/2014/10/17/carta-abierta-desde-el-extranjero-ayotzinapasomostodos/

Traducción de: Mariana Alba de Luna y Amilcar Gómez
* From: Lacan Quotidien N°437

1 comentario:

Antonio Aguirre Fuentes dijo...

No creo que los hechos de Iguala tengan una conjetura freudiana en este artículo. Más bien apuntan a un oscuro indigenismo, a unas raíces de sangre y muerte, a un superyo que no descansa y que pide reinvindicación. Es necesario hacer una discusión.
Antonio Aguirre, NEL, Guayaquil