4 de diciembre de 2014

¡¡¡Novedad!!! Letras Lacanianas, nº 9. Revista de la Comunidad de Madrid de la ELP.


Editorial – Subversión, por Ana Lía Gana


Antes que en un mundo de deseo estamos en un mundo de goce. Y el goce se ha vuelto un factor de la política

Letras Lacanianas une a su horizonte la subjetividad de su época acogiendo la pluma con la que cada quién escribe sobre la misma.

Antes que en un mundo de deseo estamos en un mundo de goce. Desde que lo íntimo se ha vuelto público, el goce se ha vuelto un factor de la política. Este es el destino de la modernidad, como nos dice J.-A. Miller y, el psicoanálisis ya no mantiene una distancia sarcástica, está ahí como nos lo muestran esos libros de los colegas que aparecen en nuestra Agenda, para incidir en lo Común, en la Modernidad líquida, en el Derecho. 

Y nos adentramos en la subversión: una autora como Judith Butler presenta el género, en su teoría, como un acto preformativo, es decir una serie de gestos, actitudes, posturas y normas, una suerte de parodias repetidas para adquirir legitimidad que son capaces también de ser subvertidas. Su teoría ha incidido en la sociedad actual, en contra del machismo y el planteamiento de la igualdad, lo vimos en los slogan que se propagaban en una ciudad como Madrid.

Esta subversión de los semblantes, cuyo planteamiento encontramos en Butles desconoce un dato que nos proporciona la experiencia psicoanalítica: hay goces en plural.

La subversión lacaniana se enuncia de otra forma. Siendo el revés del discurso capitalista en alianza con la ciencia que parte de una apertura de un campo de derecho a un goce. Y esto es lo que se reclama hoy en día a la ciencia, tras el pedido de cirugías y trans-formaciones. La subversión Lacaniana toma su punto de partida de que el goce se experimenta y eso se exige. Y este goce no tiene una relación directa con los signos de género sino con un imperativo.

Al decir de Eric Laurent, ya no hay límites, lo que hay es simplemente un sujeto que experimenta, pero calculado por el cálculo del mejor, un cálculo de maximización que permite a ese sujeto no identificado reconectarse con el superyó: Tú puedes gozar como puedas, puedes tener todas esas experiencias, pero como estás en la civilización de la ciencia es necesario que goces más. Una especie de utilitarismo de la civilización de la ciencia.

El límite que nosotros podemos interrogar de un modo diferente se refiere a que este goce que se presenta deslocalizado necesita un espacio para inscribirse, que es el cuerpo, y este cuerpo tiene una consistencia, que no puede ser captada a partir de una inconsistencia originaria. Frente al discurso universal común lo que da consistencia al individuo es la consistencia del cuerpo, pero no el cuerpo hedonista ligado al principio del placer sino el cuerpo articulado a un goce.

Lacan subvierte la guerra entre los sexos, cuando afirma que una mujer tiene acceso a otro goce, diferente del fálico, un goce suplementario. Aunque este goce no sirve para identificarla como mujer, la diferencia entre los goces viene a desbaratar la pelea en los términos en que la propone el discurso del amo. Se trata de otra cosa con la sexualidad. 

La radicalidad que nos propone Lacan a partir de la formulación de la existencia de un goce y una voluptuosidad que escapa al discurso, de la que nada se puede saber a no ser que se experimenta, consiste en hacer de la heterosexualidad una apertura al Otro, a lo innombrable del goce en tanto que real. Este pasaje nos lo muestran los A.E. de nuestra Escuela.