25 de octubre de 2015

CABOS SUELTOS*, por Lucas Leserre

Subjetividad de la época

Sintagma de Lacan que alcanzó valor de slogan, esto es: se repite sin más. Sintagma que incluye un oxímoron -aunque no tan bello como el escrito por el Presidente Schreber: “para valerme de un oxímoron, en la lucha llevada a cabo por Dios contra mí, tuve a Dios de mi lado”(1). 

¿Cómo sería posible definir una subjetividad a partir de un para todo x? Más aún: ¿cómo estar a la altura de semejante desafío? Entiendo esta invitación superyoica de Lacan como un modo de ubicar un punto de hiancia, atravesado de ahí en más por ríos de palabras.

Pasaje bíblico: caída del Nombre del Padre
Me pregunto, ¿encontramos más casos de incesto ahora que antes? Desde una aproximación fenomenológica podríamos decir que el orden patriarcal ha sido rebajado, y los sociólogos (antropólogos, filósofos, etc.) no cesan de extraer descripciones y consecuencias sobre esta cuestión.

Desde la enseñanza de Lacan sabemos que el NP es un mito freudiano que funciona como velo a la inconsistencia del Otro. En este sentido, la época actual revelaría la naturaleza del NP y no tanto su caída: revela que el mismo es un semblante (la contribución del psicoanálisis para que esto sucediera no ha sido escasa). 

Es decir, debido a que el nuevo orden simbólico está alterado (de ahí que es nuevo) se ha revelado la estructura de ficción que comporta el NP, y no al revés. 

Ahora bien, ¿por qué el orden simbólico está alterado, por qué es otro, alter? Por el desorden de lo real. Y esto da lugar al mundo de las probabilidades que se manifiesta de modo patente, por ejemplo, en el campo de la medicina.

Lacan armó el orden simbólico a la saga de lo real. Al inicio de su enseñanza su definición de lo real como “algo que volvemos a encontrar en el mismo lugar”(2), era un real delimitado por la ciencia moderna. A partir de ahí Lacan armó la serie simbólica de alfa, beta y gama en su escrito “El seminario sobre La carta robada”(3), donde establecía un automatismo de repetición simbólico, que determinaba posibilidades e imposibilidades.

Hoy lo real ha sido tocado por la ciencia, asistimos a un real sin ley, con una notable consecuencia: la ley de lo simbólico, el Nombre del Padre, ha sido banalizada. Lo que saca a la luz y de un modo exaltado es que lo no programado, el acontecimiento imprevisto, sorpresivo, devenga traumático(4).

El objeto a en el cenit
Con su “fantasía” Jacques-Alain Miller(5) nos ubica: ya no es el Ideal lo que comanda sino el objeto a en tanto plus de goce. Ahora bien, este plus de goce, ¡sorpresa!, ¡también es un semblante!, y cuya función es taponar la castración. 

Se escucha decir: “antes la gente se moría por un Ideal, ahora se mueren por el I-Phone”, sin advertir que el clásico “morir”, la pulsión de muerte (freudiana) se mantiene. Por supuesto: es más romántico morir por un Ideal ¿no? Ahora, entonces ¿vamos a clasificar cuáles son las mejores maneras de taponar la castración?

La época donde está todo permitido o el psicoanálisis de la publicidad

Desde el ámbito psi escuchamos este tipo de afirmaciones: ya no hay quién prohíba el goce, ya no hay límites, “impossible is nothing”, todo esta permitido. Argumento analizado en El Seminario 11: ¡Dios ha muerto, todo está permitido! La respuesta que dio Lacan fue: Dios es inconsciente(6).

Ya Freud decía que la prohibición no viene desde lo exterior, hay que recordarlo, como lo hace Jacques-Alain Miller: “el permiso no cambia nada en lo que es la estructura del goce”(7). Un goce que incluye una hiancia en su interior mismo.

Singularidad y época
Lo singular en psicoanálisis implica una vuelta de tuerca, remite a un goce que excluye el sentido (paradójicamente esta definición, como todas, ya entrega un sentido), un goce más allá del Nombre del Padre, más allá del inconsciente, más allá del objeto a. Este modo de goce singular, del cual no se puede armar una clínica, se nos revela como inherente al tsunami de lalengua sobre el parlêtre. De este modo las épocas cambian, pero la relación a lalengua no.

El  padre BlackBerry
Florencia viene a verme por pedido de su madre, tiene 13 años, en el colegio no anda muy bien y cuando se pelea con su madre revolea cosas, sobre todo teléfonos. Sus padres, están separados desde sus primeros años, tiene cuatro hermanastras, todas del lado del padre y de diferentes madres, ella es la primera de esta serie. Ella se interesa en cuánta plata y qué cosas materiales tiene cada amiga. Se va una semana a Brasil y cuando vuelve me muestra las fotos del viaje, que son exclusivamente del free shop. Me relata con nombre y apellido a sus amigas, miles de conocidas, marcando diferencias entre las que tiene BlackBerry o I-Phone, o la cantidad de ropa, en fin, cuál es el poder adquisitivo de cada una. Está inscripta en cuanta red social haya: Facebook, Bibiem, BlackBerry Messenger, Twitter; y eso la hace hablar: cuántos seguidores nuevos tiene, quién la “faveó”, cuántos “me gusta” tuvo esa semana y así. Al padre lo ve muy esporádicamente, para ella es solo una imagen y de él sólo le interesa sacarle cosas, especialmente el último modelo de BlackBerry, para, romperlo. Cuando comienza a hablar de los chicos establece una división, quiénes son platónicos y quiénes no. Los platónicos los define como los amores imposibles, los que nunca va a tener. Un día sorprende, dice: “lo que me pasa es que extraño algo que nunca tuve, como mi papá”.

¿Qué época te gusta más?
En esta pregunta resuena la sempiterna ¿a quién querés más a tu papá o a tu mamá? Entiendo el curso de Jacques-Alain Miller y Éric Laurent “El Otro que no existe y sus comités de ética”, así como sus sucesivos desarrollos y los de la comunidad psicoanalítica, fundamentalmente como un modo de insertar al psicoanálisis en el Otro social.

Articular los casos a partir de las pseudodescripciones vulgarizadas de la época borra justamente lo singular, que es nuestro oriente, o como lo dice extraordinariamente Jacques Lacan: “se trata de no medir el mérito de la vida de un sujeto” (8).

* Publicado en la Revista Enlaces: Psicoanálisis y Cultura, n. 19, 2013, Buenos Aires, Ed. Grama.

Notas:
(1) Schreber, D. P. (1903) Memorias de un enfermo nervioso, Lohlé ed., Buenos Aires, 1979, p. 60.
(2) Lacan, J. (1955) El Seminario, Libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 1995, p. 439.
(3) Lacan, J. (1955) “El seminario sobre La Carta Robada”, Escritos, Siglo XXI, Buenos Aires, 1988, p. 45.
(4) Laurent, E. (2002) “El revés del trauma” en Virtualia; Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, n. 6.
(5) Miller, J.-A. (2004) “Una fantasía” en Punto Cenit: Política, religión y el psicoanálisis, Colección Diva, Buenos Aires, p. 45.
(6) Lacan, J. (1964) El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1995, p. 67.
(7) Miller, J.-A. (2003) “Religión, psicoanálisis” en Punto Cenit: Política, religión y el psicoanálisis, Colección Diva, Buenos Aires, p. 80.
(8) Lacan, J., (1960) “El psicoanálisis es constituyente de una ética a la medida de nuestro tiempo?” en Uno por Uno, n. 39, 1994, Buenos Aires, p. 9.
 

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