9 de octubre de 2015

Crónica: Barcelona Gallery Weekend - Dora García en la Biblioteca del Campo Freudiano, por Irene Domínguez y Lidia Ramírez




Durante el primer fin de semana de octubre, la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona participó de un acontecimiento cultural, nuevo en la ciudad de Barcelona, llamado Barcelona Gallery Weekend (BGW) impulsado por Art Barcelona (una asociación de galerías de arte contemporáneo).

Dora García, artista contemporánea de reconocido prestigio internacional, fue quien eligió, la Biblioteca del Campo Freudiano como “un lugar especial” para llevar a cabo tres actividades en tres jornadas consecutivas.

El jueves 1 de octubre, después que Emilio Faire, director de la Comunidad de Catalunya de la ELP diera la bienvenida a los visitantes, Dora García presentó su obra que consistió en una visita guiada a través de los libros de ficción que forman parte del contenido de la biblioteca. Dispuso los libros sobre la mesa, unos abiertos, otros cerrados, algunos de pie y los fue señalando con citas que ella había encontrado, o que tal o cual libro, le habían sugerido.

Su obra confirmaba su idea de que no sólo hay una relación entre el lector y los libros, sino que los libros tienen una relación entre ellos.

Partiendo de un librito que recogía el texto de Freud, “Lo siniestro” Dora García nos contó que para ella, el término “Lo siniestro” no recoge del todo lo que expresa el término alemán unheimlich ya que éste expresa tanto lo familiar como lo extraño, mientras que “lo siniestro” nombra sólo una parte. En su recorrido, se detuvo en Borges sorprendida de que hubiera escrito un libro sobre el budismo y en Siete noches de donde obtuvo la cita: “Los sueños son lo que contamos de los sueños. Los mejoramos. Son una obra de ficción”. De Stefen, el héroe de James Joyce, destacó otra cita: “el héroe es el que no hereda”. Le sorprende que la editorial que tradujo al catalán el Ulises de James Joyce, el Sr. Joaquim Mallafrè, se llamara Leteradura por su parecido con el texto lacaniano “Lituraterre”. De los libros que encuentra de Samuel Beckett, destaca el cuidado y la belleza de las ediciones. De Fiódor Dostoyevski, destaca otra cita, “el parricidio es inseparable de una compleja relación fraternal”. También se detiene en Kafka sorprendida de hallar en Cuadernos en octava, una cita que sabía de memoria, que la tenía presente muy a menudo pero que no sabía a qué libro pertenecía: “cada hombre lleva en sí una habitación”. En esta visita también echó de menos algunos autores como Herman Melville, Roberto Arlt, Macedonio Fernández y El Horla de Guy de Maupassant.

El viernes 2 de Octubre y tras el saludo de Lidia Ramírez, directora de la Biblioteca del Campo Freudiano, tuvo lugar una animada conversación entre Dora García, Estela Paskvan, Miquel Bassols, Enric Berenguer, Nora Catteli, Norberto Ferrer y Montserrat Rodríguez acerca de la fundación de la Biblioteca del Campo Freudiano. La velada se desarrolló cual entrevista colectiva animada por la artista cuyo interés por la obra de James Joyce la llevó a encontrarse con el Seminario XXIII El Sinthome de Lacan, hasta llegar a los psicoanalistas lacanianos y a la Biblioteca del Campo Freudiano. La conversación partió con una reflexión sobre el arte contemporáneo como acto político, la vertiente activista del artista y los recuerdos sobre lo que supuso en su momento, en Argentina, un festival de arte conocido con el nombre Tucumán Arde que reunió distintos artistas del momento.

Las preguntas inquietas de Dora García por saber acerca de la coyuntura en la que se fundó la Biblioteca Freudiana de Barcelona, llevaron a sus invitados a rememorar la figura de su fundador, Oscar Masotta. El contexto del exilio en el que se vieron inmersos varios argentinos allí presentes, abrió la presentación del que fue fundador de la Biblioteca Freudiana de Barcelona en 1977 e introductor del psicoanálisis lacaniano en España. Cada uno, desde su experiencia, fue relatando aspectos de la persona, el estilo, el carisma, la manera de hacer de Masotta y cómo su encuentro con él forma parte de sus vidas.

Miquel Bassols destacó la certeza que Masotta tenía en el texto de Lacan, la transferencia que estableció con su palabra y su obra. A su llegada a Barcelona en 1975, con un estilo sistemático y salvaje –al parecer una marca un tanto argentina- fue organizando grupos de lectura de Freud y Lacan a los que acudieron los jóvenes más inquietos que no se conformaban con el panorama desolador de las universidades de su época.
 
Entre todos testimoniaron de un rasgo de errancia y lucidez que encontraron en la potente figura de Oscar Masotta; el empuje de un deseo que lo llevó a dar conferencias y crear grupos de estudio y lectura “en donde uno, cuando llegaba, sentía, -no sin cierto efecto de angustia- que era escuchado”, como contaba Enric Berenguer. Estela Paskvan recordaba su propia llegada a Barcelona a casa de Masotta, como algo inseparable de la fundación de la Biblioteca. Masotta no tuvo, sin embargo, un proyecto inicial de hacer escuela. A nuestro entender, lo que transmitieron sobre él era que, precisamente ese modo salvaje y errante, esa propuesta firme de enfrentarse al texto de Lacan y Freud sin más dilación ni convencionalismos de ningún tipo, fueron elementos fundamentales para que, en poco tiempo, despertara la posibilidad de existencia en nuestro país del discurso analítico. En un periodo que no superó los cinco años (la muerte lo sorprendió en 1979), Oscar Masotta había logrado dejar la semilla del discurso del psicoanálisis lacaniano en un país gris, apagado y que recién despertaba de la pesadilla del franquismo. Su enunciación fue diseminándose por todo el territorio y constituyó un germen que no murió con él, sino que prosiguió y posibilitó, tiempo después, la aparición de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Su vivo interés en el arte, la literatura y otros campos de la cultura, habían suscitado el interés de Dora García por Oscar Masotta cuyas preguntas funcionaron como una excelente chispa que dio vida a una conversación en homenaje a este pionero del psicoanálisis lacaniano tanto en Argentina como en España. Una interesante iniciativa surgió de esta conversación, la de rescatar las Conferencias Oscar Masotta.

El sábado por la mañana el animado ambiente de conversación de la noche anterior, continuó entorno al Seminario XXIII El sinthome de Lacan. Rosa Godínez, secretaria de la Comunidad de Catalunya, presentó a los invitados. En esta ocasión Dora García conversó con Xavier Esqué y Patrick Bohan estudioso de la obra de James Joyce.

Dora García habló de su encuentro con Joyce, de su acercamiento paulatino hasta encontrase con Finnegans Wake. Testimonió de la alegría que transmite el texto, más allá de su sentido. Xavier Esqué puntualizó que los psicoanalistas, si bien no somos estudiosos de la obra de Joyce, estamos interesados por los desarrollos que llevó a cabo Lacan en su última enseñanza que versan sobre Joyce. Eligió explicar el concepto de singularidad como aquello que rescató Lacan para dar cuenta de lo que llamó el sinthome de Joyce. Este término de singularidad en psicoanálisis está en los límites de la lógica, es algo que no se puede decir, y entonces Lacan dijo que sinthome era el nombre de Joyce. La escritura de Joyce da cuenta de un tratamiento del goce.

Por su parte Patrick Bohan aportó cuestiones interesantes entorno a la figura de James Joyce. Era alguien que había perdido su fe, pero necesitaba la estructura de la iglesia para hacerse él padre de la iglesia. Su escritura es una suerte de intento de rescatar el discurso del amo, sin amo. A propósito de Dublineses, basada por entero en el malentendido, Patrick resaltó el anhelo de Joyce por lograr encontrar la comunión. A propósito de esta comunión, Howard Rouse intervino para resaltar la función de síntoma que supuso Nora, su mujer. Lacan dijo que ella funcionó para él como “un guante dado vuelta”.

“La relación sexual que no existe”, las explicaciones sobre qué es el síntoma o la singularidad para el psicoanálisis y como para Lacan, en su última enseñanza, el saber-hacer toma la escena relegando al saber a un segundo plano, fueron conceptos que circularon por la sala con cierta complicidad, pues de algún modo Dora García testimoniaba de eso cuando hablaba de su actividad. “Uno cuando crea tiene un frenesí que lo empuja, una alegría que lo inunda y que no lo deja parar… cuando terminas, puedes dejarlo y desinteresarte, porque lo que quieres es estar creando”. Nos explicó su instalación en la Bienal de Venecia sobre el Seminario XXIII e incluso dibujó en la pizarra los nudos borromeos con la “salchicha”-sinthome incluida, despertando las risas del público que concluyeron en una pica-pica mañanero con gorgonzola en honor a la celebración del Bloomsday. Más de seiscientas personas siguieron esta conversación a través de la red social Periscope.

Tres encuentros entre psicoanalistas, artistas, escritores, literatos, etc…, que en definitiva dieron cuenta de que superar la dificultad de encontrarse con otros discursos vale la pena, pues ésta es promotora de ideas, de chispas, de cruces y recuerdos que nos vivifican y generan la alegría de una no-relación muy enriquecedora.

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