11 de octubre de 2015

Usos del gadget: la risa como (des)conexión, por Juan Mitre



“Cuantos más santos seamos, más nos reiremos: es mi principio; es incluso la salida del discurso capitalista…” .J. Lacan[1]

“Mi hijo está todo el día aislado con la computadora” dicen muchos padres. Los niños y adolescentes a veces los contradicen- “estamos conectados”.

¿Hay alguien del otro lado de las pantallas, o se trata del cuerpo reducido a sus zonas erógenas como lo escuche decir a Gustavo Stiglitz[2]?

 Se trata de distinguir en cada caso que uso del objeto gadget está en juego; si permite un lazo -la creación de un nosotros- o se trata de un goce puramente autoerótico. Viciados llaman los adolescentes a aquellos que no largan sus gadgets.

Matteo Bonazzi[3] señala que conviene distinguir el objeto de consumo en su versión moderna del objeto de consumo en su versión contemporánea. El objeto de consumo en su versión moderna es la mercancía-fetiche que captura el deseo en el interior del cuadro de los consumos: esperanza, búsqueda, ilusión, identificación imaginaria, todo aquello que el marketing ha sabido promover. Hoy, ya no se nos propone qué desear sino cómo gozar. El objeto de consumo en su versión contemporánea ha pasado a ser un gadget. Intercepta más nuestro goce que nuestro deseo. El objeto gadget clava al consumidor a su goce autista.

¿Cómo orientarnos ante aquellos niños y adolescentes que están clavados a sus aparatitos de goce? ¿Cómo colocarnos de manera inédita para que algo nuevo pueda surgir?

La risa, una orientación

"La risa, aunque sea paradójico, orienta. Es nuestra orientación y nuestra salida del capitalismo. Y esto porque, como ya recordaba Freud, nunca reímos solos, para reír hay que com-partir por un instante ese lugar común que dura el tiempo de un relámpago, justo más allá de cualquier forma dialéctica de reconocimiento: el Witz es el espacio instantáneo que orienta una política por llegar. La risa, esa "sacudida", ese sobresalto que atraviesa el cuerpo, ese rebote es el rastro de un entendimiento sin palabras, de una comunidad sin reconocimiento, de un nuevo lazo de unión más allá de lo simbólico[4]."

Que nunca reímos solos y que es una sacudida que atraviesa el cuerpo me interesa para pensar una orientación contra la soledad globalizada y el goce solitario del gadget.

No se trata -por supuesto- de la risa del capitalista a la cual hace alusión Marx, esa risa que goza de ese plus, de la plusvalía que se le extrae al asalariado. Es otra risa, es la risa del amor, del chiste y del humor, es la risa de la transferencia.

Una risa verdadera no es consumible, no puede protocolizarse ni estar reglada, no se transforma completamente en espectáculo ni en mercancía; hay algo emancipador en la risa.

Freud señala que el humor es siempre rebelde, y a su vez, un modo de defensa. Un modo de defensa particular ya que no implica una renegación de la realidad. Da el siguiente ejemplo[5]”: un reo es conducido un día lunes a la horca y exclama: ¡Linda manera de empezar la semana!
 
El chiste, por su parte, implica siempre un lazo al otro. Freud ubica al Witz como proceso social[6].

El Witz conmueve sentidos fijados, implica un dejar pasar. Miller en su lectura del seminario 5 señala que en cierto sentido el nombre del padre es un Witz[7], ya que el oyente como el padre tiene la función de dejar pasar algo nuevo. 

Primero hablar, después reír

Primero hacer hablar para conocer el código. Conocer el código para que un nuevo mensaje - tal vez- pueda advenir.

Un paciente de 14 años que se presentaba desconectado del estudio es traído a consulta por su desinterés. Nada le interesaba: ni estudiar, ni un deporte, ni un hobby, ni salir con sus pares. Pasaba el día fijado a su computadora. En sesión decía poco y nada, manifestando un desinterés desesperante. Hasta que una vez me intereso en esos juego de computadora que lo tenían tan capturado. Me sorprende el relato apasionado que comienza hacer de ellos, un entusiasmo surge al hablar de esos juegos. - ¡Veo que algo te interesa! le digo con énfasis y haciendo una mueca, lo que le provoca una carcajada. A partir de ahí, algo se conmueve y comienza a hablar(me) de “sus cosas”.

Si el superyó contemporáneo empuja a gozar siempre más del objeto gadget, tanto el chiste como el humor y la posibilidad de reír, separan al sujeto de la compulsión, introduciendo un intervalo y una defensa. Orientación que no deja de ser una apuesta por el inconsciente; reír para desconectar/se de ese discurso sin corte que implica el capitalismo.


 Notas:
[1]Lacan, J., “Televisión”, Otros escritos, Paidós, 2012, p. 546.
[2]En el grupo de investigación La soledad globalizada en niños y adolescentes para ENAPOL VII, coordinado por Alejandro Daumas.
[3]Bonazzi, M.: El lugar político del inconsciente contemporáneo, Grama, 2014.
[4]Bonazzi, M.: El lugar político del inconsciente contemporáneo, Grama, 2012, p. 61.
[5]Freud, “El humor”, obras completas, Amorrortu.
[6]Freud, S., “El chiste y su relación con el inconsciente”, obras completas, Amorrortu.
[7]Miller, J-A., Lectura del seminario 5 de Jacques Lacan, Paidós, 2000.

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