23 de noviembre de 2016

Ai.lov.iu. Boletín No. 13: ¿ME AMAS? ¡DÍME LA VERDAD!

NEL México

Boletín No. 13:
¿ME AMAS? ¡DÍME LA VERDAD!
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¿ME AMAS? ¡DÍME LA VERDAD!



EDITORIAL

El amor y la verdad… ¿Me amas?, ¿me amas de verdad? … ¿Cuánto se le pueden creer a las palabras? ¿Cuál es la relación entre el amor y el saber? Entonces, mejor las pruebas de amor, las promesas de amor eterno, el anillo de compromiso, la garantía del juntos para siempre. Sin embargo, Miller nos recuerda que lo que ella necesita son signos de amor. 

Eréndira Molina Espinosa y Viviana Berger nos acercan dos comentarios que nos permitirán iluminar algunos puntos de estas cuestiones.

LA VERDAD EN PSICOANÁLISIS, por Eréndira Molina Espinosa

Eso que hoy, para ustedes, no vacilo en escribir odioenamoramiento es el relieve que el psicoanálisis supo introducir para situar la zona de su experiencia. Fue de su parte testimonio de la buena voluntad. Si al menos hubiese sabido darle otro nombre y no el término, bastardo, de ambivalencia, tal vez hubiera tenido mayor éxito en conmover el marco de la época en que se inserta. Pero acaso era modestia de su parte. La vez pasada, señalé que por algo se arma Freud del dicho de Empédocles de que Dios debe ser el ser más ignorante de todos los seres, porque no conoce el odio. La cuestión del amor se liga así al saber. Añadía yo que los cristianos transformaron este no odio de Dios en una señal de amor. Y aquí el análisis nos incita a recordar que no se conoce amor sin odio. Pues bien, si nos decepciona este conocimiento fomentado en el curso de los siglos, y si tenemos que retomar hoy la función del saber, ¿no será porque, en él, no se ha puesto al odio en su lugar? (Lacan 1973)

La verdad para Freud es muchas cosas en primer lugar una lucha contra la mentira y los vacíos de la ciencia, de los dispositivos clínicos de su época, crítica fuertemente la manera en que son concebidos los trastornos mentales y evidencia lo falso de las argumentaciones científicas, que intentan dar cuenta de ellos, con lo que se permitió cuestionar el conjunto de procedimientos clínicos a partir de los cuales se trataba a los enfermos nerviosos, por otro lado la verdad también es para Freud una condición humana de la que no queremos tener noticia, Cuando dice, en su ya célebre carta de 1896 a Fliess: "no creo en mis neuróticas", parece definir la posición del psicoanálisis frente a la verdad no como adaptación a la realidad, porque lo importante del discurso del neurótico no es la "realidad-verdad" de lo ocurrido, sino su discurso en sí.

Partiendo de esto Lacan retoma y trabaja el concepto de verdad, un primer momento puede ser localizado en los artículos "Acerca de la causalidad psíquica" e "Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología". En ambos su planteamiento será similar, aunque en el último comenzará a introducir lo que constituirá un segundo momento en el concepto de verdad. Sin embargo, los dos se pueden ver como un conjunto, ya que en ellos Lacan se refiere a la verdad como la esencia del ser.

Cuando Lacan se refiere a la verdad como la esencia del ser, no es por la verdad en cuanto a la realidad o cosas materiales, sino en cuanto al lenguaje será la constante de su trabajo.

"El lenguaje del hombre, ese instrumento de su mentira, está atravesado de parte a parte por el problema de su verdad" (1946).

En este artículo, Lacan aborda el problema de la locura en psicoanálisis. Y desde ahí hablará de la verdad. En el caso de la locura, Lacan nos dice que el riesgo de ésta se mide por el atractivo mismo de las identificaciones en las que el hombre compromete a la vez su verdad y su ser. Cuando manifiesta que el ser humano es un puñado de identificaciones, nos propone que la verdad no es sino la esencia del ser. 

Y acerca de la responsabilidad que se debe tener en este movimiento en búsqueda de la verdad, dice Lacan que nadie lo sabe mejor que el psicoanalista que "en la inteligencia de lo que le confía su sujeto, como en la maniobra de los comportamientos condicionados por la técnica, actúa por una revelación cuya verdad condiciona la eficacia" (1950). Sería no tanto la verdad como revelación, sino la revelación de la verdad, de la esencia del ser. Es decir, en tanto se encuentre la "esencia" de las cosas, del ser, del sujeto, el psicoanálisis tendrá "eficacia".

Lo que implica que la verdad es siempre algo que está buscando pero no como un saber, pues ¿cómo asegurar que alguno tenga la verdad?, se vuelve una "verdad mentirosa"; es decir, la verdad es el saber en tanto elucubración, constituyendo así la verdad como estructura de ficción una alianza entre la verdad y la mentira, un punto o limite al saber, la producción de algo que hace revelar al sujeto su forma de goce.

El odioenamoramiento, tiene que ver en este asunto, pues Lacan lo que hace es recordarnos que no se conoce el amor sin odio y olvidarlo sería ser ignorantes, pues es el odio una condicionante para ocuparse del saber hacer un lugar donde Uno no puede escaparse de alguna forma de articulación con algún Otro, que no hay un saber inscrito, que eso es una de las tantas formas en que el amor no puede estar ni con, ni sin.


Bibliografía
  • Lacan, J. El seminario 20: Aun. Paidós. Buenos Aires. 2012 pág. 110
  • Biblia. Version Reyna Valera 1957. (Génesis 2:16-17)
  • Freud S, Tratamiento psíquico tratamiento del alma. Vol. I O.C. Amorrortu. Buenos Aires.
  • Lacan, J. (1946b), Acerca de la causalidad psíquica, en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1984, pág. 142-183.

EL SIGNO DE AMOR PARA LA MUJER, por Viviana Berger

"Para una mujer, en efecto, el signo de amor es esencial. Ella busca el signo de amor en el otro, lo espía. Quizá quepa decir que a veces lo inventa. En ese aspecto, el signo de amor es tan frágil, tan fugaz, que hay que hablar de él con todos los miramientos que se imponen. El signo de amor es a la vez mucho menos y mucho más que la prueba de amor. La prueba de amor siempre pasa por el sacrificio de lo que se tiene, es sacrificar a la nada lo que se tiene, mientras que el signo de amor es una nadería que se marchita, que decae y se borra si no se la trata con todos los miramientos, si no le testimonian todas las consideraciones. (Miller, Jacques-Alain, "Donc. La lógica de la cura")

¿Cómo saber si la respuesta del Otro es una respuesta de amor? ¡Imposible! Miller dice "a veces lo inventa", "es frágil, es fugaz", "es una nadería". Su estatus es incierto. Solamente en la psicosis hay certeza del amor o del odio del Otro, ahí es el goce del Otro. "El goce del Otro, del Otro con mayúscula, del cuerpo del Otro que lo simboliza, no es signo de amor"[1].

Para quien no es psicótico, siempre está el margen de incertidumbre, la ambigüedad y la equivocidad; siempre podría querer decir otra cosa… –finalmente esto es justamente lo que mantiene vivo el deseo, lo que le permite perdurabilidad en el tiempo.

Entonces, será lo que ella cree escuchar en lo que es dicho en esas palabras pronunciadas, pero que no valen por su sentido –valen por lo que le hacen signo a ella, por el impacto no de las palabras de él, sino del Otro que habla en él que resuena en el cuerpo de ella, y que regresan sobre él, haciéndolo hablar, para volver a empezar… (conocemos el valor de las palabras de amor). El deseo es indestructible, formulaba Freud.

Pura contingencia, dichos sin saber que anudan cuerpo y deseo.

Si "Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor"[2], si el amor sostiene la ilusión de hacer Uno con otro, de cubrir la falta haciendo existir la creencia en la relación sexual, quizás sea ese margen de incertidumbre en relación al signo de amor –¿será? ¿no será?… ¿qué habrá querido decir?, justamente porque no hay relación sexual- lo que mantenga abierta la brecha que los separa pero que a la vez (o tal vez no, ¿quién sabe?) los volvería a reunir - en algún otro nuevo buen encuentro.


Notas
  1. Lacan, Jacques. El Seminario. Libro 20. Aun", Editorial Paidós, pág. 12
  2. Ibid., pág. 59

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