27 de mayo de 2016

Boletín -El Cuerpo Hablante- Nos. 32, 33 y 34 (Final), por Jaime Castro, Inés Anderson, Luz Elena Gaviria, María Hortensia Cárdenas.













SOBRE LA ESCRITURA DEL EGO 
Jaime Castro 

Jaime Castro nos lleva paso a paso por la enseñanza de Lacan sobre el cuerpo en Joyce: la gramática pulsional, el dejar caer la relación con el propio cuerpo y el ego, el error en nudo borromeo y el inconsciente ligado a lo real. ¡Buena lectura!

En el capítulo X, “La escritura del ego” de El Seminario 23, El Sinthome, Lacan señala que para Joyce “la escritura es esencial a su ego”.(1) Para desarrollar esta idea, entre otros aspectos, retoma que la falta es la expresión de la vida del lenguaje. Es un capítulo lleno de homofonías y juegos de lenguaje. Dice por ejemplo, que gracias “al lenguaje vida es algo totalmente distinto de lo que se llama simplemente vida”. Otro ejemplo: “lo que significa muerte para el soporte somático tiene tanto lugar como vida en las pulsiones que dependen de lo que acabo de llamar la vida del lenguaje”.(2) Vemos, entonces, que Lacan plantea que la pulsión está ligada a una gramática que toca los agujeros del cuerpo. 

Ante la pregunta de quién sabe lo que pasa en su cuerpo, retoma de la obra autobiográfica de Joyce El retrato del artista adolescente una escena en la que él recibe una paliza de parte de sus compañeros. Stephen, el nombre del protagonista, se interroga después de los hechos el por qué no está resentido. Lacan comenta algo muy preciso al respecto, lo cito: “(Joyce) se expresa entonces de una manera muy pertinente, como puede esperarse de él, quiero decir que metaforiza la relación con su cuerpo. El constata que todo el asunto se suelta como una cáscara”.(3)

Leamos directamente el texto de Joyce en El Retrato del artista adolescente en donde Stephen se refiere a la paliza que recibió de parte de sus compañeros: “Y aún aquella noche, al regresar vacilante hacia casa a lo largo del camino de Jone, había sentido que había una fuerza oculta que le iba quitando la capa de odio acumulado en un momento con la misma facilidad con la que se desprende la suave piel de un fruto maduro”.(4)

Más adelante, cuando Stephen se preguntaba por qué su alma era incapaz de albergar las pasiones del amor y el odio, dice: “A menudo había sentido un breve acceso de cólera, pero nunca había sido capaz de conservar su resentimiento largo rato, sino que había sentido que se iba desvaneciendo enseguida como una cáscara o una piel que se desprendiera con toda suavidad de su propio cuerpo”.(5)

Retomemos la pregunta de Lacan: “¿Quién sabe lo que pasa en su cuerpo?”.(6) A partir de ella precisa que en su enseñanza él ha intentado articular que el inconsciente “no tiene nada que ver con el hecho de que uno ignore montones de cosas respecto de su propio cuerpo”. Más adelante, agrega que lo que se sabe es de una naturaleza significante. Así en Freud, la noción de inconsciente se apoya en lo que se ignora del cuerpo. Lo cito: “El inconsciente de Freud es justamente la relación que hay entre un cuerpo que nos es ajeno y algo que forma círculo, hasta recta infinita, y que es el inconsciente, siendo estas dos cosas de todos modos equivalentes una a la otra”.(7)

Ahora bien, al explicar la escena de Stephen, Lacan señala primero que tenemos una relación confusa con nuestro cuerpo que implica afectos, se trata de una relación psíquica, es una imagen “que se afecta, que reacciona, que no está separado”.(8) Es precisamente esto lo que no sucede en Joyce y que se ve muy bien descrito en la escena de la paliza. Dice Lacan: “En Joyce solo hay algo que no pide más que irse, desprenderse como una cáscara”.(9) El punto a subrayar es la ausencia de afecto ante la violencia que sufrió por parte de sus compañeros, que da cuenta de una particular relación con su propio cuerpo. Lacan precisará que en Joyce la relación imaginaria se escurre, no tiene lugar, se desprende el anudamiento con lo Real y lo Simbólico. 

A partir de lo anterior, se precisa que la relación con el cuerpo es del orden del tener. Lo cito: “Uno tiene su cuerpo, no lo es en grado alguno…la forma, en Joyce, del abandonar, del dejar caer la relación con el propio cuerpo resulta completamente sospechosa para un analista, porque la idea de sí mismo como cuerpo tiene un peso. Es precisamente lo que se llama el ego”.(10) Más adelante, diferencia la relación que el hombre tiene con su cuerpo a nivel del tener, de lo que define al sujeto en tanto representado por un significante ante otro significante. Lacan explica que el ego es llamado narcisista porque sostiene el cuerpo como imagen, cosa que no sucede en Joyce, en donde la imagen no está implicada, mostrando así lo particular de la función del ego en él.

¿Cuál es la manera como Joyce resuelve esta falla en el anudamiento de lo Imaginario con lo Simbólico y lo Real? Al respecto Lacan señala que Joyce a través de la escritura, la escritura del ego, restituye el nudo borromeo anudando lo que estaba desanudado de lo Imaginario con lo Simbólico y lo Real. Lacan nos deja una pregunta: “¿Qué Joyce sea el escritor por excelencia del enigma no sería la consecuencia del ensamblaje tan mal hecho de este ego, de función enigmática, de función reparatoria?”.

Notas
1 Lacan, J., El Seminario 23, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 147.
2 Ibíd, p. 146.
3 Ibíd, p. 147.
4 Joyce, J., El retrato del artista adolescente,. Versión digital descargada de www.libro.dot , p. 35.
5 Ibíd, p. 64.
6 Lacan, J., El Seminario 23, El Sinthome, Op. Cit., p. 146.
7 Ibíd, p. 147.
8 Ibíd.
9 Ibíd.
10 Ibíd.



UNA EXTERNALIDAD SOCIAL, CORPORAL Y SUBJETIVA EN LA PSICOSIS ORDINARIA
Inés Anderson


Hoy ofrecemos dos textos: el de Inés Anderson relacionado con lo que nos enseña la relación al cuerpo en las psicosis ordinarias y el de Luz Elena Gaviria que nos muestra como la clínica del fin de análisis y la del autismo nos orientan sobre el verdadero estatuto de lo real en la experiencia analítica. ¡Buena lectura!


En esta contribución trabajo el texto “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria” de Miller(1) que me parece fundamental. Esta clínica que Miller califica de muy delicada es una clínica de la tonalidad, una cuestión de intensidad, de más o menos, que podría orientarnos hacia lo que Lacan llama “un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”. 

Miller sitúa este desorden de tres maneras diferentes: en lo social, manera en que los sujetos sienten el mundo que los rodea; en lo corporal, manera en que sienten su cuerpo y en lo subjetivo, manera en que se refieren a sus propias ideas. Miller entonces organiza este desorden relacionándolo a una triple externalidad: social, corporal y subjetiva. 

En la externalidad social podemos encontrar que el sujeto no se ajusta constituyéndose misteriosamente una barrera invisible, un desenganche, desconexión; o una identificación positiva o identificación demasiado intensa en su función social cuya perdida podría generar un desencadenamiento.

La externalidad corporal tiene que ver con el Otro corporal, el cuerpo como Otro para el sujeto. Hay un desajuste, un desorden íntimo donde el sujeto tiene que inventarse lazos artificiales para reapropiarse de su cuerpo, como una prensa para unirse a su propio cuerpo. En términos de tonalidad y de exceso, la neurosis está limitada por el menos phi; en la psicosis ordinaria se siente el infinito en la relación del psicótico ordinario a su cuerpo. 

En la externalidad subjetiva encontramos un indicio de vacío o de vaguedad de una manera no dialéctica. Puede haber una fijación de la identificación con el objeto a como desecho. Identificación no simbólica, sino real porque sobrepasa la metáfora; identificaciones construidas como popurrí.

Este desorden está pegado con alfileres por lo que podemos conectar los pequeños detalles que están distantes los unos de los otros con un desorden central. Si no reconocemos una neurosis ni signos evidentes de psicosis, busquemos los pequeños índices de la forclusión. 

Con este nuevo significante de psicosis ordinaria, Miller no nos da un saber-hacer sobre la utilización de ese significante, sino quiso hacer una apuesta de si iba a provocar un eco en el clínico. 

Notas
Miller, J.-A. “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria” Revista Consecuencias. Revista digital de Psicoanálisis, Arte y Pensamiento, Edición no. 15, mayo de 2015.
Conferencia pronunciada al seminario anglófono "Psicosis ordinaria" realizado en París en julio de 2008.
Disponible en: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?file=arts/Alcances/Efecto-retorno-sobre-la-psicosis-ordinaria.html


El autismo un nombre de lo real, del cuerpo hablante

Luz Elena Gaviria

La enseñanza de Lacan a la altura de sus últimos seminarios, le da prevalencia al acontecimiento traumático que inaugura la incidencia de lalengua sobre el ser hablante, precisamente sobre el cuerpo que hace soporte al goce lo cual provoca una disarmonía originaria que no puede ser reparada, ni curada. En consecuencia, este traumatismo de lalengua, que no hace referencia a códigos, ni mensajes, produce un acontecimiento de cuerpo que fija un goce en el cuerpo hablante; es decir se corporiza ese significante que hace un escrito en el cuerpo que no se borra, sino que itera.

Este encuentro fija algo, lo que testimonia del traumatismo pero también de un goce que ha sido desviado. Dice J.-A.Miller “…esta conexión del Uno y del goce, en lo que hace a la experiencia analítica, está fundada precisamente en aquello designado por Freud como fijación… Punto de fijación quiere decir que hay un Uno de goce que vuelve siempre al mismo lugar –y es por eso que nosotros lo calificamos de real… De ahora en más, nuestra experiencia pone al analizante en lucha con aquello que de su goce no produce sentido… con el Uno del goce”.(1)

La clínica de los AE, y la del autismo nos enseñan sobre el verdadero estatuto de lo real en la experiencia analítica, dice Laurent, “El autismo: un nombre de lo real”…(2) si bien el autista no es un cuerpo sometido a discurso alguno, no es ajeno a las resonancias de lalengua sobre él. Ambos parlêtres ilustran del acontecimiento de cuerpo efecto de lalengua que itera, y está escrito en el cuerpo hablante; pero los AE dan cuenta de la elucubración de saber sobre lalengua, que “es una articulación de semblantes efectos de lo real y a la vez lo encierran”.(3)

Los testimonios de los AE ilustran esos dos goces: el goce de lalengua y el goce de la palabra. Uno es el goce que es previo a la constitución imaginaria o simbólica del mismo, antes de cualquier tratamiento del Otro. Dicho goce supone el pasaje del Uno del cuerpo al Otro del lenguaje como aparato de acceso al goce del propio cuerpo y otro es el goce efecto del encuentro del cuerpo hablante con el Otro del lenguaje. 

Dice Miller J.-A.: “el cuerpo hablante goza, pues, en dos registros… Por eso el cuerpo hablante está dividido en cuanto a su goce no es unitario como lo imaginario lo hace creer”.(4) La oposición entre sentido y goce en la práctica analítica, compromete un direccionamiento de la intervención que podría estar en unos momentos en el efecto del sentido y de ahí su interpretación, o por el contrario estar orientado por el goce sin sentido, es decir el efecto en el cuerpo, lo que conlleva a seguir el rastro a lo real antes que a los significados, ya que como dice Lacan: “No es a su conciencia a lo que el sujeto está condenado, sino a su cuerpo”.(5)

Notas
1 Miller, J. A., El ser y el Uno, Curso de la Orientación Lacaniana III, 13, Lección 9, miércoles 30 de Marzo de 2011, inédito. 
2 Laurent, E., La batalla del autismo, Grama/Navarin, Buenos Aires,. 2013, p. 220.
3 Miller J. A. El inconsciente y el cuerpo hablante
4. Ibíd.
5 Lacan J., “Respuesta a estudiantes de filosofía”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 224.



PARLÊTRE: INTERPRETACION Y TRANSFERENCIA 
María Hortensia Cárdenas

Con esta última entrega, huella escrita de nuestros intentos de trasmitir una parte del trabajo que hemos venido realizando en las sedes y delegaciones a propósito del tema del congreso “El cuerpo hablante”. Sobre el inconsciente en el siglo XXI, nos despedimos de nuestros contribuyentes y lectores con quienes establecimos una transferencia de trabajo. Gracias a ustedes ha sido posible sostener semana a semana cada una de estas ediciones, gracias.

En esta última entrega María Hortensia Cárdenas logra mostrar en su texto como en la última enseñanza de Lacan se problematizan tanto la transferencia como suposición de saber, como la interpretación como desciframiento de sentido ¿cómo situar ambos conceptos en coordenadas distintas? ¡Buena lectura!

Alba Alfaro, Fernando Gómez, María Cristina Giraldo y Piedad Ortega de Spurrier 

Cómo se interpreta depende de la noción que se tenga del inconsciente. A diferencia de la interpretación freudiana que descubre el significado sexual reprimido del síntoma ‒es lo que Freud nos enseñó desde las primeras histéricas‒ la interpretación lacaniana señala el agujero de la no relación sexual. Tiene el efecto de hacer ver lo imposible de decir más allá de la represión. El psicoanalista lee en lo que se dice pero para leer tiene que transmutar la palabra en escritura, solo se lee la escritura. Lo que se produce es el inconsciente mismo: cuanto más se interpreta más se confirma el inconsciente, dice Lacan.(1) Pero a lo que se apunta es a reconducir el sentido al goce porque finalmente solo da sentido lo que hace gozar. La interpretación se dirige a la repetición para ubicar el límite que se impone al saber. Lacan nos invita a un nuevo uso de la interpretación. ¿Qué de la interpretación al analizar al parlêtre, de una interpretación que no alimentaría el sentido? ¿Cómo la intervención del analista, el acto analítico, puede tener efectos de revelación en el parlêtre y dar luces sobre una dimensión nueva del saber? ¿Qué es lo que los testimonios del pase nos enseñan al respecto?

Igualmente podemos problematizar el concepto de transferencia hoy, qué de la actualidad de la transferencia. Conocemos la enseñanza de Lacan en el Seminario 11 que un análisis es posible por una suposición y que este es el pivote de la transferencia simbólica: “formación de vena y no de artificio, desprendida del psicoanalizante” –dice Lacan en la “Proposición”(2) para sacar a la transferencia del plano imaginario del amor. Aquí se trata del amor que se transfiere al inconsciente que pone en marcha la suposición de saber. Si el fin terapéutico es revelar la causa y la satisfacción del síntoma no por eso el síntoma se cura de manera absoluta. En el mejor de los casos se encuentra un saber hacer con el síntoma, con los restos sintomáticos no analizables. 

Pero los conceptos de transferencia e inconsciente también están articulados solo que en la última enseñanza de Lacan la reflexión sobre la transferencia parece que desaparece. Lo que sostiene un análisis es reemplazado por la urgencia pulsional. En la muy última enseñanza de Lacan nos topamos con el acontecimiento del inconsciente real, ese que no es transferencial, que no enlaza significantes, solo da cuenta de la repetición incesante de una modalidad de goce innombrable. El sujeto supuesto saber es la conexión entre un significante y otros, y en el inconsciente real no hay conexión entre significantes, que sabemos es el fundamento de la transferencia y de la práctica psicoanalítica. En el Seminario 11 Lacan enseña que el inconsciente no tiene ser, y que aspira a realizarse, es un querer ser. El psicoanalista dirige la cura acompañando al analizante a que pueda realizarse como saber supuesto. Pero en la última enseñanza de Lacan encontramos que más que saber lo que hay es satisfacción, goce marcado por una opacidad de sentido. El analista solo es instrumento para hacer pasar el inconsciente transferencial al inconsciente real y es todo un problema porque lo real se resiste a ser nombrado. Entonces, ¿cómo darle cuerpo a la transferencia si de lo que se trata no es tanto del saber sino de la satisfacción? ¿Cómo por el efecto del análisis poder encontrar una modalidad inédita de satisfacción? ¿Qué de la posición del analista, cómo hacerse partenaire del modo sinthomático de goce del analizante?

Lacan nos orienta: “El inconsciente, es que en suma uno habla –si es que hay parlêtre– solo. Uno habla solo porque no dice jamás sino una sola y misma cosa – salvo si uno se abre a dialogar con un psicoanalista. No hay medio de hacer otra cosa que recibir de un psicoanalista lo que molesta de su defensa”.(3)

Notas
1 Lacan, J., "Radiofonía", Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 441.
2 Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.
3 Lacan, J., Seminario 24, "L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre", clase del 11 de enero de 1977, inédito.