31 de mayo de 2016

La sustancia gozante (I)*, por Miquel Bassols


Jacques-Alain Miller, en su decisivo trabajo de elaboración, destacó los puntos de referencia fundamentales de la última enseñanza de Lacan, con el fin de orientarnos en las consecuencias de esta enseñanza.

El “parlêtre”, el ser del cuerpo hablante, anuncia sin duda alguna una nueva época para la práctica del psicoanálisis. Esto es lo que él adelantaba en su conferencia de clausura del Congreso de París en 2014: “analizar al parlêtre es lo que ya hacemos, […] tenemos pendiente saber decirlo.”(1) Hay entonces un saber hacer, un saber hacer con eso, así como el artista sabe hacer con su síntoma. Nos hace falta ahora un saber decir, un saber hacerlo saber de un modo que pueda ser recibido por el mundo contemporáneo.

Así, J.-A. Miller retomó la referencia al dualismo cartesiano(2) de modo tal que me pareció inmediatamente que reformulaba de manera radical el inconsciente en el siglo XXI y que acarreaba consecuencias fundamentales para la práctica analítica a partir de la orientación lacaniana. En efecto, esta reformulación afecta el estatuto mismo del inconsciente, pero también las condiciones de la ciencia contemporánea y el mundo psi en general.

Una reformulación radical del dualismo cartesiano

J.-A. Miller comentó esta referencia en diversas circunstancias. En su curso “Sutilezas analíticas”,(3) a partir de Lacan, plantea una hipótesis que, desde entonces, se ha vuelto necesaria, que podríamos llamar la hipótesis de la sustancia gozante. Suponer una sustancia gozante en el ser que habla introduce una “modificación de la sustancia pensante (res cogitans). Correlativamente, la sustancia gozante es una modificación conceptual de la sustancia extensa, que reintroduce el cuerpo, la unidad del cuerpo viviente […], se trata de la sustancia corporal, del cuerpo viviente considerado como sustancia y cuyo atributo esencial sería el goce como afección de ese cuerpo. El goce sería propiedad y afección del cuerpo viviente.”

La introducción de esta res fruens –si se me autoriza esta libre traducción en latín del término “sustancia gozante”–, que hace a la especificidad del “cuerpo hablante”, del parlêtre, es efectivamente una reformulación radical, una subversión de hecho del dualismo cartesiano. Es la subversión incluida en la fórmula lacaniana: Pienso luego se goza. Y Lacan introduce esta variable al final de su enseñanza, cuando el “se goza” viene al lugar del “pienso”.

Nos encontramos por lo tanto obligados a reformular también el estatuto del inconsciente freudiano y su relación con el cuerpo hablante.

Me propongo seguir esta referencia, esta reformulación del inconsciente, en una lectura paso a paso del segundo capítulo del Seminario Aun que J.-A. Miller tituló con una dedicatoria de Jacques Lacan a su amigo lingüista: “A Jakobson”, a partir del punto tres, (4) donde Lacan introduce el término de “sustancia gozante” que J.-A. Miller había apuntado en las frases del exordio, puntuaciones de cada capítulo. Es una expresión que tiene todo su peso. Merece nuestra atención así como un desarrollo.

Este es el hilo que sigue Lacan: “Cuando se sustantiva, es para suponer una sustancia, y hoy en día, sustancias, la verdad sea dicha, no es lo que abunda. Tenemos la sustancia pensante y la sustancia extensa”. (p. 30) Dos, no más. A partir de estas dos sustancias supuestas, se puede seguir el movimiento de la ciencia y el del pensamiento contemporáneo, ya se trate de reducir uno al otro –es la empresa del cientificismo actual condenada al fracaso– o de sostener su relación mediante una correlación, que nunca terminará de elucidarse por la sencilla razón de que no exis-te, entre la llamada “actividad psíquica” y lo que se denomina el “correlato neuronal”. De hecho, no hay correlación neuronal que pueda, por ejemplo, dar cuenta del fantasma de la conciencia, ni tampoco de diversas versiones del fantasma de la relación sexual que los analistas oyen en los casos de cada paciente.

La tercera sustancia

Ambas sustancias clásicas se proponen sin embargo como complementarias. El término es del propio Lacan: “la famosa sustancia extensa, complemento de la otra” (p. 32). Una es complementaria de la otra en una relación que estaría ya dada por sentada, pero que es el verdadero misterio que Descartes introduce, para volver inmediatamente a cerrarlo en ese momento inaugural de la ciencia moderna. Ese misterio es el inconsciente, es el misterio de lo real del cuerpo que habla, ese misterio que retorna con Freud para fundar el discurso del psicoanalista. 

 Parece que Lacan, a partir del axioma Hay Uno, hubiese querido introducir allí un tercer término necesario para abordar este misterio, que persiste y perdura como alma en pena, sin ser resuelto. La “dimensión sustancial”, como continúa llamándola, no tiene no obstante otra sustancia que la dit-mension (mención del dicho o dicho-mansión), no tiene otra referencia ni otra morada que el lenguaje mismo, “la función del lenguaje” que vela por ella.

Lacan continúa así: “En primer lugar, de la sustancia pensante se puede decir que, después de todo, la hemos modificado sensiblemente. Desde aquel pienso que por suponerse a sí mismo, funda la existencia, hemos tenido que dar un paso, el del inconsciente.” (p. 31) En efecto, la res cogitans fue modificada por el psicoanálisis, subvertida por el inconsciente freudiano. Lacan formula expresamente que “el sujeto no es el que piensa” (p. 31), contrariamente al uso aproximado que pudo hacer de la noción de sujeto. Hay un saber sin sujeto, es ese el descubrimiento del inconsciente. El sujeto es solo aquel al que, en el dispositivo analítico, invitamos a decir lo que se le ocurra, incluso si se trata de necedades: “Con estas necedades vamos a hacer el análisis, y entramos en el nuevo sujeto que es el del inconsciente.” (p. 31), un sujeto al que no convocamos sino en la media en que “consienta en no pensar” (p. 31). El ser que habla lo hace como una res non cogitans, algo que puede querer pensar, e incluso se piensa a sí mismo, pero que en realidad no piensa, no puede pensar lo que dice. Es imposible pensar y decir a la vez –por un lado, lo decimos habitualmente como una broma, pero es porque, por otro lado, lo pensamos seriamente.

Es solo mediante este trazo que “surge un decir”, un decir nuevo, que no llega siempre hasta poder “ex-sistir al dicho”, que no llega a ello sino mediante la sorpresa, sin esperarlo, sin pensarlo. Y es por este rodeo, como Lacan lo dice, que “en el análisis de quienquiera, por necio que sea, puede alcanzarse algún real”. (p. 31). Es de este modo que lo real del inconsciente puede cesar de no escribirse, y eso de una manera siempre contingente.

El fantasma de la conciencia

Planteado esto, podemos decir que Lacan propone librarse de la famosa “sustancia pensante” así como del fantasma de la conciencia que recorre todo el mundo psi y el de la ciencia contemporánea. Lo propone porque, para él, la sustancia pensante es un fantasma que se complementa constantemente de su binario inefable, “la sustancia extensa” a partir de la cual cree sostenerse.


* Intervención de Miquel Bassols, Presidente de la AMP, en el X Congreso de Rio de Janeiro, el 28 de abril de 2016.


Continúa la parte II en un próximo número de Lacan Quotidien.

Traducción: Lorena Buchner.  

Notas

* Texto original publicado en  francés en  Lacan Quotidien, N° 584, el 29 de mayo de 2016, disponible en:

1-. Miller, J.-A.,  “El  inconsciente y el cuerpo hablante. Presentación del  tema del X Congreso de  la AMP en
Rio en 2016”, Scilicet. El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI, Grama Ediciones, Buenos
Aires, 2015, p. 28.
2-. Cf.  Ibid.,  p.  26:  “sustancia  pensante  y  sustancia  extensa”.  Cf.  también:  Guéroult, M.,  Descartes  selon
l’ordre des raisons, t. 1 chap. IV, Paris, Aubier-Montaigne, 1968.
3-. Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 272.
4-. Lacan, J., El Seminario, Libro XX, Aun, Paidós, Buenos Aires, 1991, pp. 30-33.  


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