17 de julio de 2016

El goce y el cuerpo social*, por Éric Laurent



Freud había distinguido el frenesí del discurso del amo en el goce del líder de las masas, esas masas formadas por quienes “han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo”.(1) En este Ideal no se trata de un sucesor del padre del Edipo, sino del padre de la horda quien, en el mito freudiano, tenía acceso ilimitado a las mujeres. Este goce sin límite lo habita y lo vuelve inquietante: “El conductor de la masa sigue siendo el temido padre primordial; la masa quiere siempre ser gobernada por un poder irrestricto, tiene un ansia extrema de autoridad: según la expresión de Le Bon, sed de sometimiento”.(2) Fundar el lazo social sobre la base pulsional de la identificación no permite de ningún modo considerarlo como armonioso. Siempre hay en el lazo social un mismo principio de ilimitación producido para la masa primaria, se encuentra siempre, incluso en las formas estables de la masa.

A partir de la “masa” sociológica, el fundamento del lazo social se define por el rasgo identificatorio al padre de la horda. Es esto de lo que Lacan va a prescindir proponiéndonos un nuevo régimen del lazo social, a partir del fantasma y del goce, y ya no a partir de la identificación. 

Otra Massenpsychologie se extrae a partir del fantasma, que es a la vez inscripción de la pérdida del sujeto y representación del goce. La primera modalidad del lazo social pasa entonces por los modos de subjetivaciones eróticas que se socializan para constituir las formas contemporáneas del vivir la orientación sexual. Es particularmente el caso de las comunidades LGBTQ o sadomasoquistas. Es preciso añadir a las comunidades de goce, que amplían el vocabulario de la biopolítica de los estilos de vida “alternativos”, las comunidades de consternación, que apuntan hacia la otra vertiente del fantasma, el momento en el que el sujeto se recupera en su pérdida. Son las comunidades de jóvenes graduados de Europa sin empleo, de quienes en Europa latina se autodenominaron “indignados” y en los países anglófonos “Occupy…”. En estos movimientos, se trata sobre todo de ocupar un lugar subjetivo, el de un grito, el de una pura enunciación que remite al momento de la pérdida. Esta pura enunciación se opone a una lista de enunciados de reivindicaciones definidas. Lo testimonia la dificultad de articular esta enunciación a un programa clásico de reivindicaciones comunes. 

Sin embargo, hemos podido constatar en la historia de estos movimientos el desarrollo de dos tiempos del fantasma. Por un lado, el grito del sujeto. Por el otro, el surgimiento del objeto a. En un segundo tiempo, de hecho, asistimos a la encarnación del kakon, del objeto malo, este goce malo respecto al cual el sujeto no deja de querer separarse. El cuerpo del cual se extrae el grito de consternación no es sabiduría sino pasión. Es un cuerpo que goza, que está marcado por afectos poderosos, dentro de los cuales la angustia es el más poderoso. Para Lacan, un cuerpo debe ser considerado en un sentido próximo al de Spinoza. Se trata tanto del cuerpo del sujeto como del cuerpo político. Un cuerpo no es biológico,(3) y es por este motivo que puede estar tanto vivo como muerto. Un cuerpo es el lugar en el que se experimentan afectos y pasiones, tanto el cuerpo político como el cuerpo individual. Las pasiones políticas nuevas surgen como acontecimiento de cuerpos políticos nuevos, y luego se transforman. 

Occupy Wall Street, que algunos consideran haberse disipado sin obtener resultado alguno, dio lugar a la campaña sorpresa de Bernie Sanders. Y cuando los enfrentamientos se vuelven duros, como hace poco en Nevada en los Estados Unidos, vemos retornar el aspecto “Occupy…”. En España, el movimiento horizontal de Podemos dio lugar a un partido demasiado jerarquizado para el gusto de algunos, pero encontró una inscripción que parece sostenible en los discursos establecidos y las pasiones políticas. Las grandes manifestaciones que enardecieron Brasil a comienzos del año 2013 no se hacían en nombre de ninguna consigna común. No había rasgo identificatorio que pudiera dar cuenta de estos movimientos en masa. No obstante, ahora asistimos al retorno de dos facciones que vienen a materializar en Brasilia el muro que separa a quienes se manifiestan a favor y en contra del procedimiento del impeachment en contra de la presidenta Dilma Rousseff. En París, la “Nuit debout” se afirma a la vez como vacío y como facción. Un texto difundido el 7 de abril de 2016 por algunos organizadores y firmado bajo el seudónimo de Camille Deaplace evoca “un vacío, una disponibilidad” que simboliza en París a la plaza de la República. La convocatoria prosigue: “Este vacío no tuvimos que hacerlo alrededor nuestro. Vivíamos en su interior hacía tiempo. Es el vacío de legitimidad en el cual hoy se toman casi todas las decisiones.”(4) De un lado, el vacío. Del otro, pero simultáneamente, Finkielkraut, expulsado de la plaza, encarnando el objeto malo, el kakon, aquel que no debe estar allí.

Son dos tiempos del fantasma que aparecen en estos movimientos y que designan perfectamente un modo del lazo social que no pasa por la identificación a un rasgo común, pero que sin embargo funciona en el registro de un cuerpo político producido como existencia lógica y atravesado por las pasiones fantasmáticas.

Traducción: Lorena Buchner.

* Extracto de “Pasiones religiosas del parlêtre”, conferencia pronunciada en el X Congreso de la AMP, Río de Janeiro, 22 de abril de 2016. Publicado en francés en Lacan Quotidien, n° 594, 14 de julio de 2016, disponible en: http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2016/07/LQ-594.pdf 


Notas: 
1-. Freud, S., “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras Completas, Tomo XVIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1976, p. 110. 
2-. Íbid., p. 121. 
3-. Miller, J.-A, Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, Colección Diva, Buenos Aires, 2002, p. 28 
4-. Entrevista con Loïc Blondiaux realizada por Catherine Vincent, Le Monde, 16 de abril de 2016.