7 de julio de 2016

Habeas corpus, por Jacques-Alain Miller (De Río a Barcelona)




Habeas corpus*

Jacques-Alain Miller 

Hace dos años, en París, hice girar nuestra brújula, la brújula de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, para que señalara en dirección a la última enseñanza de Lacan. Esto es lo que ha orientado nuestro X Congreso. Lo que me inspiró el título para este congreso es la frase con la que se termina uno de los capítulos del Seminario XX: “Lo real […] es el misterio del cuerpo hablante, es el misterio del inconsciente”(1). En consecuencia, sugerí como tema “El inconsciente y el cuerpo hablante”.

Pero creo que podemos constatar que el esplendor del cuerpo ha predominado sobre el tema del inconsciente. La novedad, lo que ha aparecido como tal para nosotros, ha sido tratar del cuerpo hablante. Si no me equivoco la presencia del término “inconsciente” ha quedado completamente en segundo plano en este congreso. Yo diría que está bien que haya sido así porque nos ha hecho entrar con entusiasmo en la cuestión. Es también lo que me da ocasión de presentar algunas puntuaciones para esclarecer la naturaleza de la última enseñanza de Lacan, su lugar en la trayectoria de conjunto y el uso que hoy podemos hacer de ella. Me detengo entonces antes de proponer un nuevo título para Barcelona, no hay tomada todavía ninguna decisión a este respecto.

Lo lógico puro

Intervine hace tiempo en un coloquio que trataba de las relaciones entre Lacan y las matemáticas, en el que participaban psicoanalistas y matemáticos. Había titulado mi contribución “Un sueño de Lacan”(2). ¿Qué sueño? Trataba como un sueño el deseo de Lacan de asociar el psicoanálisis no solamente a la lingüística estructural sino también a las matemáticas, especialmente a la lógica matemática. Este sueño, ¿era sólo el de Lacan? No. Toda una generación, la generación estructuralista, profesores y alumnos, creyó en el mismo sueño. Recuerden por ejemplo las esperanzas que alguien como Roland Barthes depositó en la semiología estructuralista.

Para centrar las cosas voy a dar una fórmula que resume lo que fue el sueño de Lacan. Esta fórmula pasó desapercibida porque no figura más que en un texto situado al dorso de los Escritos. En este texto, el último que Lacan escribió para la edición de su libro, hay una frase que indica que creía haber demostrado que “el inconsciente procede de lo lógico puro”(3). Aquí hay que prestar atención a la traducción, que quizá se facilita si decimos que el inconsciente, en el mejor de los casos, no está constituido más que por elementos de pura lógica. El adjetivo pura está allí para subrayar que según Lacan, el Lacan de los Escritos, el inconsciente es únicamente asunto de lógica. Esta lógica al final del volumen llega a dominar a la lingüística. Lo lógico puro es lo que explica que se hable del “sujeto del inconsciente” y no de “el hombre”.

Ética

El sujeto del inconsciente –el sujeto del que habla Lacan, especialmente el que inscribe con una $– hablando en sentido estricto no tiene cuerpo. Porque el cuerpo no depende de “lo lógico puro”. El sujeto tiene una dimensión ontológica, lo que significa que no es un siendo (ens), no tiene manifestaciones físicas determinadas. No pertenece a la dimensión de la óntica. No puedo retomar esta distinción, esencial en filosofía, de la ontología y de la óntica que aquí solamente evoco(4). El sujeto tiene una dimensión ontológica precisamente porque no tiene manifestaciones físicas, cuando una entidad tiene una manifestación física pertenece al dominio de la óntica y no de la ontología. Por otra parte, es porque el sujeto del inconsciente tiene una dimensión ontológica por lo que se puede introducir aquí la temática de la creencia, como nos ha mostrado la secuencia de presentaciones de Graciela Brodsky y Jorge Forbes(5).

Recordemos que desde el Seminario XI, dedicado a los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan planteaba que la realidad del inconsciente es ética. Es decir, subrayaba que la realidad del inconsciente(6) depende de un deber ser. La realidad del inconsciente no se puede constatar como la de una manifestación física. Esta dimensión ética nosotros la constatamos cada vez que comienza un análisis –cuando, en aquel que viene a pedirlo, tratamos de evaluar si la voluntad de no ser indiferente al fenómeno freudiano está lo bastante presente. Se puede decir “No hay nada que hacer… no hay nada que esperar de contar los sueños ni de intentar darles un sentido”, esto es completamente legítimo. Es preciso que haya, en el origen, un sujeto que al contrario decida no ser indiferente al fenómeno freudiano.

Considero que la fórmula de alguna manera conclusiva de los Escritos, “el inconsciente procede de lo lógico puro”, gobierna la trayectoria de Lacan hasta su última enseñanza. Allí se opera una cesura. No digo una ruptura, porque las transformaciones conceptuales de Lacan –cuando mueve sus aparejos, cuando añade elementos– son siempre alisadas, se vuelven lisas, como deformaciones topológicas, en continuo.

Cuerpo hablante

La última enseñanza empieza cuando esta fórmula que parecía constitutiva del lacanismo, “el inconsciente procede de lo lógico puro”, queda negada, renunciada, abjurada. Queda reemplazada por otra que no está dicha explícitamente pero que puedo hacer aparecer: el inconsciente procede del cuerpo hablante.

Lacan dota al sujeto del inconsciente de un cuerpo, razón por la cual ya no se trata más del sujeto del inconsciente. Lacan lo llama simplemente “el hombre”(7). También Spinoza, por ejemplo, lo llama de este modo(8). Es esencial captar en primer lugar que el hombre, a diferencia del sujeto, tiene un cuerpo. En segundo lugar este cuerpo es hablante, lo que figura en el título de este congreso. En tercer lugar, no es el cuerpo quien habla. El cuerpo no habla por iniciativa propia, es siempre el hombre quien habla con su cuerpo(9). Con es una preposición que le gustaba a Lacan y a la que da su sentido preciso: la instrumentación. El hombre se sirve del cuerpo para hablar. La fórmula del cuerpo hablante no está hecha entonces para abrir la puerta a la palabra del cuerpo. Abre la puerta al hombre en tanto se sirve del cuerpo para hablar. Y, en efecto, Lacan no incluía esta dimensión en el inconsciente tal como figura en los Escritos.

Por otra parte, hay un topos lacaniano, una referencia frecuente de Lacan a un pasaje de Aristóteles. En su De Anima(10) Aristóteles subraya –y Lacan lo aprueba– que no es el alma quien piensa, sino que es el hombre quien piensa con su alma(11). Del mismo modo el hombre habla con su cuerpo. El cuerpo es su instrumento para hablar.

Inconsciente y pulsión

La palabra pasa por el cuerpo y, de retorno, afecta al cuerpo que es su emisor. ¿De qué manera, bajo qué forma, la palabra afecta a este cuerpo que es su emisor? Lo afecta bajo la forma de fenómenos de resonancias y de ecos. La resonancia, el eco de la palabra en el cuerpo(12) son lo real –el mismo real de lo que Freud llamó “inconsciente” y “pulsión”. En este sentido, el inconsciente y el cuerpo hablante son un único y mismo real. Volveré a decirlo para que esta puntuación esencial no se nos escape. Hay una equivalencia entre inconsciente y pulsión, por todo lo cual estos dos términos tienen un origen común que es el efecto de la palabra en el cuerpo, los afectos somáticos de la lengua, de lalengua.

El inconsciente del que se trata desde entonces no es un inconsciente de pura lógica sino, si se puede decir así, un inconsciente de puro goce. Para designar este nuevo inconsciente, Lacan ha forjado una nueva palabra, un neologismo que se empieza a repetir, el parlêtre, bien distinto del inconsciente freudiano que es de orden ontológico y ético, como hemos visto. Por el contrario el parlêtre es una entidad óntica, porque necesariamente tiene un cuerpo, ya que no hay goce sin cuerpo. El concepto de parlêtre –es lo que propongo– se sustenta en la equivalencia originaria inconsciente-pulsión.

Se trata pues de un inconsciente diferente del inconsciente freudiano, lo que a Lacan le da la ocasión de hacer una profecía: un día el parlêtre lacaniano reemplazará al inconsciente freudiano(13) Esta profecía no es del todo seria. Lacan sabía que los nombres tradicionales tienen un poder de remanencia, de resistencia, al que es difícil poner fin. Aunque allí indica que franquea los límites asignados por Freud a lo que es el inconsciente, ya que al nivel donde sitúa su medida, la diferencia, el binarismo entre inconsciente y pulsión desaparece. No se puede decir que la última enseñanza prolongue la trayectoria de Lacan. Marca un vuelco, un viraje, que se acompaña de una crítica a la vasta arquitectura formada por su conceptualización anterior.

Este vuelco de Lacan acarreó otro, más evidente, que asombró a la generación estructuralista (la francesa al menos, que era la más extendida): el de Roland Barthes. Todo el mundo, en París, quedó estupefacto cuando aquel que era conocido por ser el promotor de una semiología metódica se presentó como autor de un opúsculo titulado El placer del texto. Se interpretó como un cambio(14) sensacional en dirección a un hedonismo que hasta entonces había permanecido más discreto. Por haber formado parte de los “jóvenes” en la época de la generación estructuralista, puedo decir que Barthes fue sensible al nuevo acento que Lacan puso sobre el goce, del que extrajo las consecuencias. El título del libro debería haber sido “El goce del texto”, pero esto habría desvelado rápidamente la influencia de Lacan en la que Barthes había encontrado su inspiración.

Del lenguaje a la lengua

Se me ocurrió otra analogía. Dos grandes filósofos del siglo XX también conocieron fuertes cambios en el momento de su última enseñanza. Se podría hacer un catálogo de los pensadores con este tipo de cambios: Martín Heidegger, que habla explícitamente del Kehre, del giro de su pensamiento, y Ludwig Wittgenstein. Dejo de lado Heidegger para decir algo sobre Wittgenstein.

Wittgenstein desarrolló dos filosofías bien distintas. La primera hacía del logicismo de Bertrand Russell el principio de una concepción del mundo. Adoptando la fórmula lacaniana, diríamos que el mundo de la primera filosofía de Wittgenstein es tributaria de la lógica pura tal como él la concebía. Esta filosofía es la que se expone en el célebre Tractatus logico-philosophicus(15). Se podría decir entonces que los Escritos son un tractatus logico-psicoanaliticus. Después del Tractatus…, Wittgenstein va a realizar un giro de 180 grados. Criticando y abandonando el modelo de la lógica pura, muestra que lo que es lógico depende de la vida y de las costumbres de un grupo. Lo que es lógico no es nada más que un juego de lenguaje. Antes del Tractatus… Wittgenstein creía pues en una lógica única, y después mostró que hay tantas lógicas como “juegos de lenguaje” y formas de vida(16).

Mutatis mutandis en Lacan hay la misma diferencia: primero, como un lenguaje, y segundo, la lengua. Primero, que el inconsciente esté estructurado como un lenguaje indica que para todo lenguaje la estructura es la misma. Como un lenguaje, de hecho, es un universal de la estructura. Segundo, por el contrario, la lengua siempre es particular(17), no consiste más que en sus particularidades. En consecuencia no hay un universal de las lenguas, no hay todas las lenguas.

El viraje lacaniano

Intentemos precisar lo que ha sido el viraje lacaniano. La orientación inicial de Lacan consistió en partir la herencia freudiana. Es lo que hacían también por su parte los americanos y los ingleses, es lo que hacía la IPA. Ellos partían Freud entre primera y segunda tópica. Elegían seguir la segunda tópica abandonando la primera. La operación de Lacan era más compleja, pero era igualmente una operación de partición consistente en separar de manera bien neta, como se expresa en su “Discurso de Roma”, la técnica de desciframiento del inconsciente y la teoría de las pulsiones(18). Dicho de otra manera, Lacan buscaba una separación neta entre el inconsciente y las pulsiones. Está escrito con todas las letras, la orientación de su primer movimiento es esta separación. Lo que interesaba a Lacan era elaborar el desciframiento: hacer la teoría de esta técnica ayudándose de la lingüística. Para él las pulsiones, la satisfacción pulsional, el goce, formaban parte de lo imaginario, lo simbólico no intervenía por la palabra más que para dominar y borrar.

Se puede localizar en el ejemplo canónico del fort-da, donde Lacan muestra de entrada cómo el sujeto del significante domina el goce, se hace amo del goce. ¿Qué se puede decir de esto desde el punto de vista de la última enseñanza? Que al contrario, el fort-da nos muestra que al principio mismo de la cadena significante hay el goce-sentido(19). El par fort-da produce un efecto de sentido y permite efectuar una producción de goce. En el fondo el fort-da nos muestra al niño accediendo al parlêtre, accediendo a su “parlêtre de naturaleza”(20.)

He detallado en numerosos cursos los esfuerzos de Lacan para modelar la pulsión sobre la cadena significante; he mostrado que el principio del grafo de Lacan, el grafo del deseo, consistía en identificar la pulsión a una cadena significante, en el piso superior del grafo, con su tesoro de los significantes y su punto de capitón S(A/tachado). Una escritura de la pulsión como si ésta no fuera más que una cadena significante, como si ella tuviera la misma estructura que la cadena significante.

La gran solución que durante años Lacan había encontrado era el objeto a –del que hacía su invención mayor. El objeto a al mismo tiempo que forma parte de la armadura del fantasma está en el corazón de la pulsión y tiene algunas propiedades del significante. Especialmente se presenta por unidades, es contable y numerable, ya es pues un goce. Si es plus-de-goce, es un plus-de-goce que ya es un degradado del goce, un modelado del goce con el modelo del significante. El viraje no estará cumplido hasta que Lacan no hará saltar este cerrojo en el Seminario XX, donde lo vemos degradar al objeto a como un falso semblante(21).

(Traducción al castellano de Anna Aromí y Xavier Esqué)

* Intervención pronunciada por J.-A. Miller en la clausura del Xº congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, “El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI”, Río de Janeiro, 25-28 de abril de 2016. En esta secuencia titulada “De Río a Barcelona” intervinieron también Miquel Bassols y Guy Briole.

Versión establecida por Guy Briole, Hervé Damase, Pascale Fari et Ève Miller-Rose. Texto no revisado por el autor y publicado con su amable autorización.


 Notas:
1 Lacan J., El Seminario, libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 158.
2 Cf. Miller J.-A., “Un rêve de Lacan”, en Le réel en mathématiques : psychanalyse et mathématiques, actas del coloquio de Cerisy del 3 al 10 de septiembre de 1999, obra colectiva/dir. Pierre Cartier
et Nathalie Charraud, Agalma/Seuil, colección Champ freudien, 1966.
3 Lacan, J., contraportada de los Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 1975.
4 Cf. especialmente Miller J.-A. “L’orientation lacanienne. L’Être et l’Un”, enseñanza
pronunciada en el marco del Departamento de psicoanálisis de la Universidad de París VIII, 2011, inédito.
5 Estas dos ponencias fueron pronunciadas en una mesa que tenía por título “Hacerse incauto de un real: ¿Qué quiere decir ‘creer en el sinthoma’?”
6 Cf. Lacan J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1964, especialmente p. 39-42.
7 Cf. Lacan J., El Seminario, libro 20, Aún, op. cit. Cf. También Lacan J., “Joyce el Síntoma” [Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 591 y siguientes] donde Lacan emplea la escritura “LOM”.
8 Cf. Spinoza B., Ética demostrada según el orden geométrico, México, FCE, 2005. Cf. También el comentario de J.-A. Miller en Piezas sueltas, Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 42-43.
9 Cf. Lacan J., El Seminario, libro 20, Aún, op. cit., p. 144: “Hablo con mi cuerpo, y sin saber”.
10 Cf. Aristóteles, “Acerca del alma”, Gredos, 2014, ES.
11 Cf. Lacan J., El Seminario, libro 20, Aún, op. cit., p. 134: “el hombre piensa con –instrumento– su alma”. Cf. también Lacan J., “Joyce el Síntoma”, op. cit., p. 592.
12 Lacan J., El seminario, libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 18: “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir“.
13 Lacan J., “Joyce el Síntoma”, op. cit., p. 592: “mi expresión parlêtre [hablaser] que sustituirá al ICS de Freud (inconsciente, que se lee así)”.
14 Barthes R., El placer del texto, Madrid, Siglo XXI, 2007.
15 Cf. Wittgenstein L., Tractatus logico-philosophicus [1921], Madrid, Tecnos, 2007.
16 Cf. Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 2008.
17 Cf. entre otros Lacan J., “Radiofonía”, Otros escritos, op. cit., p. 434.
18 Cf. Lacan J., “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1, op. cit., p. 251 y “Discurso de Roma”, Otros escritos, op. cit., p. 151-155.
19 Cf. Lacan J., “Televisión”, Otros escritos, op. cit., p. 543.
20 Lacan J., “Joyce el Síntoma“, op. cit., p. 592.

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