26 de agosto de 2011

[nel-debates] Lacan cotidiano N° 03 - versión en español

N° 03

“El retorno será lacaniano.” – Le Monde des Livres,* 19 de agosto de 2011

Lacan Cotidiano

Carta de Voltaire a Jacques-Alain Miller

¿Una mariposa que habla? ¡Esto no existe!

¡The Paludes Breeze no responde!

24 DE AGOSTO

08:02 p.m. (GMT + 1)

***

Estimado Jacques-Alain:

Su artículo en “Lacan Cotidiano” Cero, acerca del protocolo PROSEMA es, más allá de su primera intención, inclasificable : tanta erudición y humor en tan pocos centímetros cuadrados… es raro. ¡Que llegue pronto lo que sigue! El artículo de Schneider me inspiró pensamientos… poco cultos! En fin, lo asumo. He aquí lo que hubiese respondido. Saludos. Kristell

Las mariposas de Lacan

Por Kristell Jeannot

*

“Una guarrada.” Es la primera palabra que me vino a la mente al leer este artículo. Perdóneme. “Una guarrada mal escrita, que no se parece a nada.”

Uno de mis interlocutores, me propuso el término de “escupitajo”. Esta palabra permite en efecto hablar al mismo tiempo del arcaísmo del insulto y del aspecto fragmentado, descosido, del artículo.

No comprendí cómo un trozo tan mal hilado sea publicado en una revista tan respetable. No se necesita ser experto, ni alumno de la Escuela Nacional de Administración para darse cuenta que su autor ignora lo esencial del pensamiento de Lacan. “Lacan fue el más provocador de los psicoanalistas”, dice la introducción de manera mordaz. Subversivo hubiese sido mejor. “Subversivo, que coceando y soplando a modo de cierzo sobre los arrecifes, perturba” ** (Leiris). Schneider no comprendió que el propio psicoanálisis es subversivo. Cree que Lacan lo provoca. Se defiende.

Para poner las cosas en su lugar, digamos que Lacan es un hombre que tuvo el coraje de mostrarse a la altura de un campo de pensamiento que perturba todos nuestros de eso no quiero saber nada, que desenmascara nuestras cobardías en cuanto al deseo, que nos reta a hacer emerger los cimientos de las elecciones en la vida.

Este artículo, a pesar de su debilidad en el plano intelectual, tuvo el mérito de hacerme volver a mi descubrimiento de Lacan. Los textos de Lacan abren una visión inédita acerca del mundo, alejada de los a priori de la psicología, del discurso corriente, una visión acerca de la ética que exige el psicoanálisis, tanto en la búsqueda del bien-decir a lo largo de un análisis, como en la escucha de nuestros pacientes y en el trabajo que conducimos con ellos.

Para leer a Lacan no hay que colocarse en posición de amo. Si no, uno se angustia rápidamente. Al contrario hay que tener el gusto por la reflexión, incluso diría el sentido de la aventura y de la exploración y de la adquisición de cierta erudición. Lacan disponía para alimentar su reflexión de un número impresionante de referencias provenientes del campo de la psiquiatría ciertamente, pero también de las matemáticas, de la filosofía, de la literatura, etc., que pocas personas poseen. Cuando no tienen la tenacidad para querer comprender, estas personas retienen de Lacan trozos de frases y cual loros las vuelven a decir con una condescendencia simulada, que enmascara de hecho la amargura de su fracaso en penetrar la significación.

Si, Lacan amaba la lengua. Tenía el sentido de la fórmula. Pero no se comprende nada de lo que escribe o dice, si uno no vuelve sobre ello, si uno no vuelve varias veces a cada uno de sus artículos, de sus conferencias, de sus obras. Yo abordo los textos de Lacan como si estuviesen escritos en una lengua extranjera. Acepto no comprender inmediatamente, permanezco enganchada a un concepto, miro cómo se articula con los otros, cómo vive – en el momento de un seminario, pero también a lo largo del camino recorrido por su pensamiento.

El problema de un Schneider es que momifica, mortifica el pensamiento de Lacan colocándole un alfiler a algunas de sus frases, cual mariposas. Jacques-Alain Miller, a la inversa, hace vivir este pensamiento respetando las palabras-mariposas de Lacan.

Participo desde hace dos años en su seminario DIVA que lleva a cabo para los jóvenes y que comenzó en su casa. Somos unos treinta, de veinte y treinta años en su mayoría; nos reunimos una vez al mes, no más, durante una tarde. Veo cómo procede. Para hilar la metáfora, esas mariposas, busca atraparlas en su red para mostrarnos los colores y las características. Luego las suelta. No es el amo, ni el domador, ni el coleccionista, menos aún elasesino : es alguien que muestra las mariposas en libertad.

En la soledad estudiosa, trataremo,s por nuestro lado, de encontrar en los escritos y en los seminarios de Lacan, las mariposas aún no vistas y que nos hablan.

VIDA DE LACAN

Por Jacques-Alain Miller

está anunciado en la página web de la revista de BHL***

LA REGLA DEL JUEGO

http://laregledujeu.org/

como disponible en las librerías al regreso de vacaciones

Voltaire

Carta a Jacques-Alain Miller

*

Señor,

Me apuro en enviarle un mensaje para hacerle un pequeño reproche : en primer lugar el de no haberme colocado en vuestro areópago, es verdad que bien poco griego, entre aquellos que Ud. llama para vuestra empresa, y luego el de dejarse conducir por sirenas enojosas. No puedo estar seguro de las garantías de seriedad de vuestros colaboradores.

En absoluto conozco a estos señores Khanulard y Hanlapip, tampoco al señor Kadératé, pero no presiento nada bueno respecto a vuestra próxima colaboración con ellos. Me parece que tienen demasiados títulos rimbombantes como para que sean de buena familia.

También, y apenas oso confesarlo, me sucede sentirme pesaroso por haberme omitido entre las referencias que Ud. toma para vuestra obra. Desde hace mucho tiempo lo miro en efecto con amistad, tal vez desde que, poco ha, dijo Ud. cosas tan encantadoras (recuerdo que fue el 17 de junio de 1998) sobre mi “Pequeña disgresión”. Me contenté que le haya gustado – “De lo escrito en francés no hay nada que yo prefiera más que esta pequeña historia”, dijo Ud. - ¡Qué homenaje!

Pienso a menudo, y estoy contento de no haber perdido mi tiempo escribiendo ese pequeño texto, que no era a fin de cuentas sino una novatada para irritar un poco al bueno de Diderot, con quien, como le decía a mi amigo Palisot, lamento mucho haberme solamente carteado. Pero su Carta sobre los ciegos había irritado mi gusto. Si puedo citarme sin mucho impudor, he aquí lo que le escribí :

Le agradezco Señor el libro ingenioso y profundo que tuvo a bien enviarme; le presento uno que no es ni lo uno ni lo otro, pero en el que verá la aventura del aquel que nació ciego, con más detalle en esta nueva edición que en las precedentes. Estoy completamente de acuerdo con Ud. acerca de lo que dice de los juicios que en el mismo caso formarían a hombres ordinarios que sólo tendrían buen sentido y a filósofos. Me molesta que en los ejemplos que Ud. cita, haya olvidado al ciego por nacimiento quien, al recibir el don de la vista, veía a los hombres como árboles. Leí con extremo placer vuestro libro que dice mucho, y que permite entender más. Hace tiempo que lo estimo tanto que desprecio a los bárbaros estúpidos que condenan lo que no comprenden y los malos que se unen con los imbéciles para abolir lo que los ilustra”.

Hoy, le escribo a Ud., mi querido amigo, y le digo que no está bien que un muchacho como Ud., dotado de una visión tan grande y de un juicio tan bueno, se deje deslumbrar por ciencias falsas y falsos sabios. Por lo cual todos los que Ud. llama para que lo socorran parecen – aunque yo sólo los conozca de oídas – bastante raros y de lo más encopetados, ¿pero por qué comprometerlos en esta poco probable aventura del protocolo PROSEMA del que casi nada comprendí?

Sucede así que conozco algo al doctor Faustroll que considero un amigo por cruzarme con él a menudo al regresar a mi casa, allí donde vivo ahora, al final de la calle Soufflot, cuando subo la calle Monsieur Le Prince desde Procope, donde tomo mi café al pasar para comprar mi crema enPolidor. Y bien el señor me parece bastante amable, pero sin duda, permítame decirle lo siguiente sin contrariarlo, es un chiflado, es un extravagante – con su mono sobre el hombro, es tan inaudito como agradable. ¡Y cuántos amigos tiene! Ese lord Kelvin por ejemplo es mortalmente aburrido, y no entiendo en absoluto sus principios termodinámicos : “Supongamos un ciclo monotérmico, no puede ser motor”. Gran cosa, ¿eso impide ser lo que uno es, vivir con inteligencia con los suyos, sin ser afectado por las vueltas que da el mundo?

Y luego, me gusta la lengua de Albion, como Ud. lo sabe, pero ¿por qué llenar vuestras declaraciones con todos esos anglicismos de miles de referencias que nadie ha leído? Nuestra buena Enciclopedia no tendría el mismo valor que la Britannica? Frente a las Investigaciones Filosóficas después de todo, creo preferir el empirismo del buen Berkeley. Sin duda conoce Ud. mis Elementos de la filosofía de Newton, donde defiendo que es el alma que siente y que por ejemplo todas las imperfecciones del ojo sano o enfermo prueban que la geometría natural de dicho órgano no basta para explicar el fenómeno de la visión.

Diderot considera que la famosa imagen cartesiana del ciego que palpa bastones cruzados se presta a una interpretación materialista porque permite decir que lo que se halla a la izquierda es de inmediato sentido y considerado al tacto como estando a la derecha, e inversamente, lo que se halla a la derecha es sentido y considerado a la izquierda. Al proseguir la analogía, ¿podríamos afirmar que las partes inferiores y superiores del ojo devuelven “súbitamente” sus respectivas sensaciones a sus verdaderos puntos de origen y que el ojo sería por tanto capaz de enderezar por si mismo las imágenes de su retina? Es imposible que el ojo estime por si mismo y correctamente, ya que para este fin necesitaría tener tanto consciencia como conocimiento de la geometría que en él se produce. El ojo no puede estimar la extensión; sólo recibe colores: existe una heterogeneidad radical de las diferentes series sensoriales, siendo el tacto el único en sentir la extensión.

Por tanto esta empresa que Ud. anuncia en cuanto a lo que sería un instrumento que permita un uso automático de las explicaciones de texto – aquello que Ud. denomina en un horrendo revoltijo “análisis de las torsiones textuales tendenciosas” – me parece como un contrasentido de lo que yo creía que Ud. amaba. ¡Ni Beyle, ni Baudelaire ni yo salimos de nuestro asombro! Sabe Ud. al igual que nosotros que un texto no tiene que explicarse sino implicarse.

Y ese Michel Schneider que lo ocupa a Ud., y sus sueños sobre Marylin Monroe, será olvidado en veinte años y apuesto a que es lo contrario de lo que sucederá con Ud.

Veo bien que mis palabras son de mal gusto, puesto que por un lado me quejo del proyecto que Ud. lleva a cabo, y por el otro me quejo de no hallarme entre aquellos a quienes Ud. se encomienda, pero qué más da, estoy con Ud. para siempre, y le hago llegar mi amistad.

*

¿Qué es este ensayo? ¿Es un panfleto? Dios mío qué ridículo haber interpretado tan pobremente. Envejezco o estoy ciego o es al mundo actual al que temo. No importa. Coloco a sus pies mi homenaje.

pcc : Pierre Stréliski

Traducción : Noemí Cinader



* El Mundo de los Libros

** Traducción libre.

*** Bernard-Henry Lévy

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