2 de julio de 2015

CRISIS, ¿Qué dicen los psicoanalistas?, por Santiago Castellanos




Lacan en su texto “Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” dice: “Mejor que renuncie quien no pueda reunir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espiral a la que su época lo arrastra en la obra continuada de babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes” (1)

Esta referencia de Lacan nos plantea un desafío constante a los psicoanalistas porque nuestra práctica se desenvuelve en el marco de una sociedad y de una época que cambia, lo que nos convoca de forma renovada a la función de intérpretes.

Jacques Alain-Miller dirá en una entrevista publicada en 2008 por la revista Marianne: “Hay crisis en el sentido psicoanalítico cuando el discurso, las palabras, las cifras, los ritos, la rutina, todo el aparato simbólico, se revelan de repente impotentes para atemperar un real que de hecho no esta más que en su cabeza. Una crisis es lo real desencadenado e imposible de dominar. El equivalente en la civilización, de estos huracanes con los cuales la naturaleza viene periódicamente a recordar a la especie humana su precariedad, su debilidad fundamental” (2).

El significante “Crisis” forma parte del lenguaje común, pero para el psicoanálisis tiene la dimensión de la ruptura, de la discontinuidad, del agujero, del desorden, lo que ha sido ampliamente discutido y elaborado en los recientes Congresos de la Asociación Mundial de psicoanálisis. La época actual se presenta con grandes tensiones en lo político, en lo económico y en lo social, lo que no es sin consecuencias subjetivas. Lo que cambia es el terreno fértil a explorar para que el psicoanálisis avance y redefina su lugar, es una oportunidad para el trabajo hacia las XIV Jornadas en Barcelona.

Algunas coordenadas de la época actual

1.-Una de las diferencias más evidentes de la época actual en relación a la época de Freud es la laxitud y casi desaparición de los ideales y de las prohibiciones que ordenaban la sociedad de la llamada época victoriana. Freud analizó particularmente las consecuencias subjetivas producidas por la prohibiciones de la moral sexual. Todo lo que sucedía por fuera de la ley del matrimonio monogámico era perseguido o considerado perverso y las consecuencias neuróticas tenían como fuente el fracaso en la domesticación de la sexualidad reprimida.

Esto está cambiando de manera vertiginosa en la últimas décadas y reconfigurando nuevas formas y vínculos en las relaciones de familia, de filiación y de relación entre los sexos. Es la constatación de lo que el psicoanálisis de orientación lacaniana quiere decir cuando plantea que nuestra época lleva las marcas de la decadencia de la función del padre, o dicho de otro modo, del fracaso de los modos tradicionales de regulación del goce. Y esto lo podemos afirmar sin ningún tipo de añoranza de épocas pasadas porque el psicoanálisis no hace de ningún ideal la bandera de su orientación clínica, política o epistémica.

El sujeto moderno vive conectado, en red y este es un fenómeno absolutamente nuevo. Como subraya Gérard Wacjman en su libro “El ojo absoluto” la hipermodernidad es la instauración de una civilización de la mirada, estamos en la época en que todo el mundo es voyerista y en que todos los voyeristas son observados, de ahí que la mirada sea una cultura común y global.(2)

El sujeto contemporáneo vive cada vez más “enganchado” a esta cultura o más “prisionero” del goce autista que las pantallas proveen.

Dos películas recientes nos muestran esta tendencia y sus consecuencias.

Shame es una película británica estrenada en 2011, dirigida por Steve McQueen. La película narra la historia de un hombre de 30 años, Brandon Sullivan, que vive y trabaja en Nueva York. Es un hombre solitario que tiene un buen trabajo, no es alguien marginal. Brandon tiene lo que podría llamarse periodísticamente una “adicción sexual”. Consumo desenfrenado de pornografía, prostitución etc... Una vida sórdida, decadente y solitaria. Solo cuando hay un intento de suicidio de la hermana él se angustia frente a un real que lo desborda.

Her es una película escrita y dirigida por Spike Jonze en 2013. El protagonista es un hombre que vive cómodamente escribiendo en un empresa cartas para terceras personas. Está en crisis tras la ruptura de una larga relación amorosa y se muestra intrigado por la aparición de un avanzado sistema operativo basado en el modelo de inteligencia artificial, especialmente diseñado para satisfacer virtualmente al usuario del sistema. Este sistema incluye a “Samantha”, una brillante voz femenina que es sensible, sorprendente, divertida y con la que establece una apasionada relación virtual. Se enamora. Entra en crisis cuando se da cuenta de que millones de personas también están enamorados de “Samantha”, se angustia y al final el sistema falla.

Es una película futurista, pero que da cuenta de una tendencia de la época. Por ejemplo, en Japón hay informes de las autoridades que subrayan como el 40-50 % de los japoneses de ambos sexos no tienen relaciones sexuales coitales. Este es un fenómeno que viene desarrollándose en los últimos años y que se combina con todo tipo de consumos virtuales y fetichistas, pero de carácter solitario en el que algunos objetos de la tecnología hacen de intermediarios para ese goce. Hay encuestas que afirman que uno de cada dos estudiantes universitarios siguen manteniendo la virginidad o que se niegan a mantener relaciones íntimas.

Nuevas formas de vivir la sexualidad donde el sujeto de alguna manera escabulle el encuentro con el partenaire. La sexualidad hace agujero y al mismo tiempo frente al agujero aparecen nuevas respuestas, nuevos síntomas.

2.-Jacques Alain Miller subraya en su texto “Psicoanálisis y sociedad” como para Lacan el lazo social se presenta como discurso, en lugar de referirse a los conceptos freudianos de cultura y sociedad. Lo hace así para huir del espejismo de la sociedad como Uno e introducir la dimensión de lo múltiple.
El concepto de lazo social define, en primer lugar, que el sujeto no es por estructura autista, porque no hay sujeto sin Otro. El Otro de los significantes y del lenguaje lo precede y ubica la importancia de la dominación de los significantes amos que cambian en relación a cada época. En segundo lugar, el concepto de lazo social implica en Lacan que todo lazo incluye un programa de goce. Los discursos se fundan en relación a un goce o mejor dicho a un modo de goce. Aquí encontramos el fundamento de lo social.

Jacques Lacan lo desarrolla a partir de la estructura de los cuatro discursos en el seminario XVII: el discurso del amo, el discurso de la histeria, el discurso universitario y el discurso analítico, al que finalmente agrega el discurso capitalista, que lo escribirá a la inversa del discurso del amo. Se trata de entender por la vía de los discursos un funcionamiento que regula la relación entre la subjetividad, los significantes amos y el goce del ser humano.

Se trata de que podamos pensar los significantes amos y los modos de uso del goce que determinan la época y marcan la subjetividad. Jacques Lacan anticipa que el mercado y la ciencia se convertirán en los nuevos amos que amenazan con reducir el espacio de la subjetividad y al psicoanálisis mismo.

En la presentación de las Jornadas hablamos de Big data o sociedad de control generalizado. Big Farma, con ello hacemos referencia a la respuesta de las neurociencias y al proceso de higienización y medicalización de la vida cotidiana. Big Money y el discurso que lo acompaña: el sujeto emprendedor de si mismo, autoexplotado y exclavizado, para servir a la sociedad del rendimiento y del consumo.

Byung-Chul Han, filósofo y profesor universitario en Alemania, de origen coreano, afirmará en su libro “La sociedad del cansancio” como la sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día, más allá de que estos elementos permanezcan. Lo nuevo sería considerar que más que una sociedad disciplinaria se trata de una sociedad del rendimiento, donde los sujetos son emprendedores de si mismos. (3)

En la actualidad lo que viene al lugar de mando en el discurso capitalista son los objetos, lo que supone que el sujeto pase al lugar de consumidor y al mismo tiempo consumido por los mismos. Lo fundamental es entender que este discurso funciona en una circularidad que excluye la imposibilidad y que por tanto se retroalimenta a sí mismo.

La civilización actual se destaca por la producción generalizada de objetos para el goce pulsional a una escala nunca antes conocida por la humanidad. Este es un goce que tiene un carácter autístico y anónimo, estereotipado y repetitivo, del que es muy difícil deshacerse porque el mercado lo alimenta incesantemente.

Hay que aclarar que si este mecanismo infernal tiene éxito es porque conecta directamente con la estructura del sujeto. Desde el psicoanálisis de orientación lacaniana sabemos que el goce del ser hablante tiene esa estructura, la de ser un goce acéfalo y autístico que siempre pide más.

No hay en el campo del Otro la posibilidad de dar una consistencia a su discurso, ni asegurar la consistencia de la verdad y entonces el sujeto la encontrará en lo que Lacan llamará el objeto a, el objeto plus de goce. De esta forma, la rutina de la singularidad del fantasma de cada uno se sustituye por el estereotipo de la producción en serie de los objetos de goce.

Lacan había reconocido esta función del objeto a que reemplaza a los ideales que ordenaban la vida de los individuos. En Radiofonía, en el año 1974, subrayaba la promoción del objeto a al cenit social, operación que se realiza con el apoyo y el progreso de la técnica y de la ciencia.

¿Qué consecuencias para la subjetividad?

Una de las características del funcionamiento del discurso capitalista es que produce como efecto la ruptura del lazo social y al mismo tiempo los fenómenos de segregación.

Ya no se trata solamente de la clásica diferencia entre el norte y el sur, o los países ricos y pobres, del reparto del mundo según los países poderosos y endeudados que se arruinan de por vida para pagar sus deudas, sino que como subraya Miquel Bassols en su texto “Crisis y estafa del goce”: “No se trata ya de un momento de crisis del sistema sino de su propia perpetuación sostenida sobre la figura de un Otro del goce que se revela finalmente en su dimensión más radical y traumática como imposición de un orden social fundado en el fraude y en el engaño, en el expolio sistemático de los bienes de muchos por unos pocos”. (4)

En Europa los llamados “Estados de Bienestar” mantenían una cierta cohesión social para los sectores más desprotegidos. Pero en la actualidad las nuevas corrientes neoliberales, se orientan con una política que rompe ese miso lazo social.

Recientemente, la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales ha emitido un informe sobre el estado social de la nación en 2015, según la cual la sociedad española está caracterizada por la dualización, la desigualdad extrema, la falta de movilidad social y el deterioro de lo público, con una enorme cronificación de los problemas. Según el informe, cerca del 30 % de la población, es decir unos 14 millones de personas, está condenada a vivir en la pobreza o en la vulnerabilidad permanente, sin esperanzas de engancharse al lazo social y cuyos proyectos vitales se han truncado. Estamos asistiendo a una profunda mutación social que deja atrapados en el sótano de la pobreza a millones de personas y esto es lo que en psicoanálisis llamamos del orden de lo real, este es un real que producirá efectos, tensiones y consecuencias subjetivas a las que tenemos que estar atentos.

Eric Laurent indica en su texto “El racismo 2.0” como Lacan preveía el ascenso del racismo en los momentos en que el idilio por Europa a finales de los años 60 hacía preveer otra perspectiva. La apertura de los mercados comunes y globalizados introduce al mismo tiempo el efecto de rechazo del goce del otro y de lo heterogéneo: “El racismo, en efecto, cambia de objetos a medida que las formas sociales se modifican, pero, según la perspectiva de Lacan, siempre yace, en una comunidad humana, el rechazo de un goce inasimilable, resorte de una barbarie posible”. (5)

Lacan evoca el problema del racismo en la “Proposición del 9 de octubre de 1967”: “Nuestro porvenir en los mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”. (6)

La fragmentación del lazo social y la multiplicidad de los goces, la crisis y la caída de los ideales que ordenaban el lazo social confirma, al mismo tiempo, lo que Lacan anticipó como el auge de la religión, lo que en la actualidad se manifiesta con la emergencia de los fundamentalismos religiosos.

La aparición de los fenómenos políticos de ultraderecha en diferentes países de Europa y la emergencia de la barbarie de los diferentes fundamentalismos religiosos nos plantea interrogantes acerca de la deriva y los efectos que la “crisis” producirá en las sociedades en las que el psicoanálisis desempeña su función.

Lacan subraya cómo el auge de la religión se produce a partir de su función de dar sentido a las cosas y a las perturbaciones que introduce la ciencia sobre lo real, pero hay que añadir que el efecto de retorno frente a la “crisis” que produce ese mismo auge en la contemporaneidad está manifestándose bajo nuevas formas de barbarie frente a lo inasimilable del goce del otro y de lo heterogéneo. Europa vive en “estado de excepción” como consecuencia de una guerra que se libra en otra parte pero que tiene una influencia directa en el viejo continente. Este es otro de los grandes temas que corresponde interrogar e interpretar.
Es fundamental investigar la gran variedad de respuestas de los sujetos a las condiciones de la época, lo que llamamos síntomas contemporáneos, que en algunos casos no son tan nuevos, sino que los son por su alcance y sobre todos por las condiciones de posibilidad de la misma práctica del psicoanálisis.

En la clínica cada vez es más frecuente encontrarnos con el síntoma que no llama a un desciframiento. Hace falta dar un rodeo, porque para el psicoanálisis no es posible hacer un tratamiento directo del objeto y lo real por las transferencias negativas que cortocircuitan la posibilidad de una cura. Las formas y las operaciones que el analista tiene que producir en relación a los llamados síntomas contemporáneos es otra de las vertientes y de los desafíos que los psicoanalistas tenemos planteados.

El descubrimiento freudiano, que desarrollará posteriormente Lacan, es que hay algo del goce que no va a favor del sujeto, poniendo de relieve la inadecuación del mismo, siempre hay una distancia entre el goce que hay y el que haría falta.

Esta insatisfacción se traduce en una serie de síntomas que traduce el malestar del sujeto contemporáneo sometido al imperativo del mercado: ¡Goza!

Las manifestaciones clínicas del poder del objeto frente al declive de lo simbólico son muy diversas.

Nos encontramos con la adicción como síntoma de la época, lo que quiere decir la fijación de un goce estandarizado por el mercado, en sus diferentes formas. Es el síntoma por excelencia de la sociedad actual frente a las antiguas figuras de la autoridad. Esto va más allá de la clínica clásica de las llamadas toxicomanías. Es decir, se trata de un goce sin límite en relación a un objeto preciso siendo este un objeto cualquiera (deporte, sustancias, pantallas, sexo, dinero etc..)

La angustia y los ataques de pánico, Lacan dirá que la angustia es un afecto que no engaña. Más allá de eso nos encontramos a menudo con la clínica del pasaje al acto en la que el sujeto no pasa por el tiempo para comprender, hay un rechazo al saber, en la que el sujeto responde sin ninguna elaboración porque hay escasos recursos simbólicos e imaginarios que se pongan en juego frente a la angustia.

La depresión y los llamados trastornos y síntomas del cuerpo por parte de la medicina, como los trastornos de la alimentación –anorexia y bulimia- o del dolor generalizado en el cuerpo como la fibromialgia. Fijaciones de un goce deslocalizado que no incluyen una respuesta subjetiva, sino una demanda en la que el sujeto no se implica.

El crecimiento en la clínica de los sujetos con Psicosis Ordinarias, que en su fragilidad requieren una clínica muy fina para evitar el desencadenamiento psicótico. El campo de la clínica de la psicosis se amplia más allá de la clínica del fenómeno elemental que caracterizaba la primera enseñanza de Lacan.

La clínica de la precariedad social y subjetiva añade más campos a trabajar, junto a otros, en las próximas Jornadas de la ELP.

El lugar del psicoanálisis 

Frente a este panorama, hay la respuesta del lado de la ciencia en la que se trata de hacer el inventario de los trastornos que son establecidos por los llamados comités de expertos, cuya máxima expresión ha sido la publicación de la última edición del DSM V. Hay la alianza del Otro de la medicina con el Otro de la industria farmacéutica para obturar la posibilidad de tratar la singularidad del que sufre en su síntoma. Para las neurociencias el sujeto queda reducido a un trastorno de las funciones cerebrales cuya respuesta universal estaría del lado del protocolo y la medicalización.

La Organización Mundial de la Salud, en su nota nº 369 de 2012 estima que la depresión afecta a unas 350 millones de personas en el mundo y que es responsable aproximadamente de un millón de muertes anuales. El informe de consumo de medicamentos del Ministerio de Sanidad sobre utilización de antidepresivos en España del 14 de enero de 2015 subraya que el consumo ha pasado de 26,5 DHD –es decir dosis diaria definida por 1.000 habitantes- en el año 2000 a 79,5 en el año 2013. Es decir, en poco más de una década se ha multiplicado por cuatro.

La situación, sin embargo, de los recursos en salud mental es cada vez más precaria, los medios y los recursos humanos para la escucha de los pacientes cada vez más escasos.

Además de esta respuesta del lado de la medicalización, nos encontramos con una enorme paradoja. Por un lado la civilización hipermoderna promueve un goce sin freno en la que el sujeto es “consumido” y al mismo tiempo se presenta promoviendo todo tipo de iniciativas desde el punto de vista del control, el higienismo o la pedagogía. Es decir, nos encontramos con el empuje a gozar y al mismo tiempo con el “puritanismo” en sus formas mas radicales, el intento de normalización y la creencia de que a través de la educación el síntoma puede ser tratado.

Esto no es sin tensiones y la clínica del psicoanálisis se desarrolla alrededor de esos agujeros que lo real no deja domesticar. La cura analítica es una experiencia subjetiva en la que cada uno procura encontrar una solución singular a su síntoma, no hay universal como respuesta, ni protocolo a implementar. No hay un universal a los problemas subjetivos que el ser hablante encuentra en la vida en relación al deseo, la sexualidad o la muerte.

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis ha convocado un Foro bajo el título: “¿Insumisos de la educación? Foro sobre Autismo”, para el próximo día 11 de diciembre en Barcelona, un día antes de las Jornadas. El ámbito educativo es hoy para el cognitivismo el terreno apropiado para corregir “el autismo” y los problemas de la infancia en general. Se trata de aplicar un ideal normalizador a través de la reeducación. 

Esto no es sin resistencia, lo que es tratado, en muchas ocasiones, con medicación neuroléptica. La pseudociencia, a través de informes de supuestos expertos, recomienda métodos educativos y conductistas para el autismo, segregando la experiencia del psicoanálisis y su orientación por rescatar la dimensión subjetiva y la posibilidad de invenciones de los sujetos.

La segregación del psicoanálisis como opción terapéutica pretende hacerlo desaparecer de un plumazo. Vamos a abrir un debate sobre estas cuestiones y a dar una batalla política y de ahí la importancia del Foro. Esto está ocurriendo también con el tratamiento de los llamados Trastornos de hiperactividad con déficit de atención (TADH).

La orientación de las corrientes cognitivo-conductuales para el tratamiento para los problemas de la infancia y la adolescencia, más allá de la temática del autismo, es un despropósito. Las orientaciones para resolver los problemas del lado de la educación y la normalización producirán efectos de retorno aún peores. Desgraciadamente nos enteramos por la prensa de muchos de esos efectos de retorno.

Para el psicoanálisis, hay la posibilidad de la escucha y la solución del lado del síntoma de cada uno, en un momento de la vida en que aparecen “crisis subjetivas”.

Tal y como decimos en la presentación de las Jornadas: “Por eso para el psicoanálisis una crisis es un faro de lo real. Esto significa que podemos hacerlo funcionar como un indicador, como una brújula.

Krisis significa, en su etimología griega, oportunidad. Así, no resulta extraño que el psicoanálisis sea amigo de la crisis. Amigo en el sentido de que la conoce, la respeta y sabe servirse de su potencial.”

El psicoanálisis como discurso no va a cambiar el curso de la historia, ni pretende hacer juicios morales sobre las nuevas formas de gozar, más bien se trata de acompañar al sujeto a reconocerse en lo que hace síntoma y a encontrar una solución singular a su encuentro con lo real, con las nuevas formas de dominación y por esa vía es que cada uno encontrará respuestas subjetivas distintas a la de su alienación al goce en el que está atrapado. Esto le da al discurso analítico un carácter “subversivo”, que contraría en su práctica y en su orientación ética la lógica del discurso capitalista.

Más allá de eso nos tendremos que preguntar: ¿cómo hacer existir el psicoanálisis y la ELP en el siglo XXI? Hacerlo existir como una práctica y un discurso vivos no está garantizado de antemano. Desde diferentes lugares surgen pequeños laboratorios, dispositivos asistenciales y clínicos, promovidos por miembros de la ELP que tienen que articularse de alguna manera para que sean parte de la experiencia clínica, del aprendizaje de la Escuela en relación a la clínica contemporánea, que tiene un carácter más amplio que el que practicamos en el encuadre de la consulta privada. La forma y la manera de hacerlo está por definir. La ELP no puede ni debe mirar para otro lado. Nuevas iniciativas habrá que plantearse para que la formación del analista que la ELP dispensa encuentre un pie en lo social, lo que permitiría a las nuevas generaciones hacer una experiencia clínica de Escuela.

Jacques Lacan dirá en una conferencia de prensa en Roma en 1974: “El psicoanálisis se ocupa muy especialmente de lo que no anda bien. Por eso, se ocupa de esa cosa que conviene llamar por su nombre –debo decir que hasta ahora soy el único que la llamó con este nombre: lo real. Esta es la diferencia entre lo que anda y lo que no anda, lo que anda es el mundo, y lo real es lo que no anda (…) De esto se ocupan los analistas, de manera que, contrariamente a lo que se cree, se confrontan mucho más con lo real que los científicos. Sólo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner el pecho todo el tiempo. Para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia”. (7)

Y en eso estamos.


Notas:
1.-Lacan, J.: “Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” (1953), en Escritos I, Siglo XXI editores, México, 1995, pág. 309
2.-entrevista publicada en el blog de la ELP: http://blog.elp.org.es/all/cat17/la_crisis_financiera_jacques_alain_mille/
3.- Byung-Chul Han, “La sociedad del cansancio”, Ed. Herder, pág. 25
4.-Publicado en el blog de Miquel Bassols el 28.12.2014: http://miquelbassols.blogspot.com.es/search?updated-max=2015-02-28T00:45:00%2B01:00&max-results=7
5.- Laurent, Eric. “El racismo 2.0”, Lacan Quotidien nº 371.
6.- Lacan, J. “Proposición de 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”. Otros Escritos, Paidós, pág. 276.
7.- Lacan, J. El triunfo de la religión, Paidós, Bs. As., 2005, pág.76

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