28 de julio de 2015

¡¡¡Novedad!!! Letras Lacanianas Nº 10. Editorial, por Oscar Caneda*



Este número 10 marca el quinto año de andadura de Letras Lacanianas en el que se produce una nueva permutación en la dirección y se incorporan varios colegas a nuestro equipo editorial interesados en confrontarse con la experiencia de transmitir con la letra escrita.

En esta ocasión el eje fue nuestro próximo encuentro Pipol bajo el título Víctimas! con tres estupendas intervenciones aportadas por la sede de Madrid.

En nuestra habitual sección “Pase” hemos contado con tres testimonios de gran alcance epistémico. Uno de ellos con sus ‘Acrobacias’ apuntaba a algo del goce del cuerpo del que ahora puede hacer un nuevo uso, orientado a la causa analítica.

Otro plantea la hipótesis de que entre enunciación y feminización puede haber un lazo, y ese lazo se esclarece en parte en la enunciación que aparece en el pase.

El titulado “Teléfono” sitúa la cuestión del ‘no sé’. Un sueño que sitúa y transforma, entre la risa y la vergüenza, el ‘no sé’ inicial: -¿Quién era? -No sé, ¡nadie! Donde el sujeto quedó fijado a una ficción. Un ‘no sé’ que se declinó en un ‘no puedo’, o ‘no puedo acceder al saber’, y un sueño que desentraña algo en la última sesión respecto de la feminidad: ¡Ni ella, ni yo, y en ningún idioma!

En “Clínica” nos encontramos con el procedimiento fonológico que utiliza Louis Wolfson para defenderse imperiosamente de la  lengua materna, es decir, de una invasión de goce, que el sujeto neutraliza, modifica, anula, masacrando la lengua. En otro se trata de desentrañar un real que queda atrapado en la articulación de los tres registros: RSI. El último trata de articular la afirmación de Lacan “el psicoanálisis no es un sinthome, sí el psicoanalista”, entonces ¿Cuál sería la posición del analista en la clínica del sínthome?

En nuestra “Ciudad” aparecen un ramillete de artículos que están en la frontera conversando con lo contemporáneo, con la ciudad, con lo que sucede en nuestro entorno, y con el artista: la lujuria como una de las paradojas de la libertad sexual, lo sagrado a partir de Buñuel y como en otra época se las han arreglado para enfrentarse al odio, al racismo, y a la xenofobia. Asimismo, el afán científico contemporáneo de copiar la vida y la conciencia, de ahí la ilusión de una Ciencia Máxima, o como dice su autor, de un mosaico de disciplinas científicas completas. La clínica de lo trans nos sitúa como un interlocutor de hecho ante este fenómeno cada vez más evidente en nuestra época y que demanda una visibilidad desprejuiciada y una reflexión profunda desde el psicoanálisis, cuando se superponen erróneamente las fronteras entre la perversión y la psicosis. Los tres últimos se ocupan de dialogar con el artista, desde el dramaturgo, el cineasta o el poeta, llevándonos a aprender de ellos.

* Director de Letras Lacanianas

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