9 de julio de 2015

XIV Jornadas de la ELP -CRISIS- , por Santiago Castellanos, Vicente Palomera, Gustavo Dessal.

Crónicas desde Bilbao. La crisis de Europa y el vigor del psicoanálisis, por Santiago Castellanos

Este fin de semana he participado en Bilbao en un encuentro sobre el “Cine y el Psicoanálisis”, organizado por la ELP hacia las XIV Jornadas que se celebrarán en Barcelona los días 12 y 13 de diciembre, en el que hemos podido conversar con Ernesto del Río, director de ZINEBI (Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao) y con Vanesa Fernández (Doctora y profesora de la Universidad del País Vasco).

Un debate que interesó mucho al público que asistió y en el que aparecieron diferentes temas: la crisis del cine, la naturaleza de la ficción como base de las historias que se cuentan y de la misma práctica del psicoanálisis, la cambiante relación con el saber, las transformaciones que se producen con la introducción de las nuevas tecnologías, el poder de la imagen y las consecuencias subjetivas, los cambios en la clínica contemporánea, el lugar “subversivo” del psicoanálisis en la deriva de los tiempos, etc.

Allí plantee que el psicoanálisis en España muestra más vigor que nunca, a pesar de que fue prácticamente anulado por la dictadura franquista. Tras la guerra civil, gran parte de los psiquiatras amigos o promotores de las ideas psicoanalíticas tuvieron que exiliarse y muchos otros tuvieron que mantenerse en silencio por las represalias o por miedo. El impulso intelectual que había aparecido en los últimos años desapareció motivado por las dificultades materiales y la emergencia de una sociedad totalitaria que no admitía las discrepancias ni la reflexión. La izquierda tradicional a partir de los años '80 tomó las banderas de la ciencia y consideró al psicoanálisis como una práctica trasnochada. Fueron a beber de las aguas del “cognitivismo” y del “conductismo” sin darse cuenta de que se alimentaban de unas fuentes cuyo origen era el de la ignorancia y su destino la adaptación a las normas más tradicionales que supuestamente ellos cuestionaban. El neoliberalismo tampoco ha dado un lugar al psicoanálisis, más bien trata de excluirlo y de borrarlo de un plumazo.

Sin embargo, en España y en el resto de Europa, el psicoanálisis se desarrolla con un vigor y una fuerza que contrasta de manera llamativa frente a la crisis, cada vez más profunda, de la vieja Europa.

¿Se trata de un sueño o de una realidad? 


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La cultura española y la crisis de la memoria, por Vicente Palomera

En España, el hecho de recordar -y hasta el hecho de olvidar- reviste una significación grave y muy especialmente cuando el país todavía intenta devolver a la memoria colectiva lo que con frecuencia se ha travestido o anulado: los episodios de la guerra.

El deber de memoria no es solo su aspecto puramente histórico, puesto que hunde sus raíces en los fundamentos inconscientes que permiten tanto el hecho de recordar, es decir, de seleccionar lo que se conserva en la memoria, como el de olvidar.

Hay civilizaciones enteras que no quieren recordar nada que no sea un relato oral y que desconfían de cualquier otro medio de transmisión y de herencia; otras que, con una meticulosidad casi compulsiva, lo archivan todo, lo microfilman y lo acumulan lo más miniaturizado que se pueda, como si esperaran salvarlo de algún apocalipsis.

¿Para qué se recuerda? ¿Es para que el pasado no se repita?, ¿para activar el presente con las enseñanzas que hemos derivado de los hechos?, ¿para revitalizar la actualidad y alimentar el presente con un pasado mítico? Básicamente en España la memoria histórica apunta a unir a aquellos que se reúnen con el propósito de recordar a las víctimas de la guerra. Alguien dijo que el amor era el hecho de recordar juntos algo o alguien que no está.

La primera enseñanza de la transición democrática de finales de los '70 es política: estudiar el modo en que un país puede olvidar su pasado. La segunda es filosófica: en España, en la transición,  el post-modernismo, como si fuera el trazo por excelencia de la modernidad, ayudó al repudio de la memoria y a la valorización sistemática de la novedad, rechazando así todo parti-pris dogmático. Lo hizo no tomando literalmente, tal y como fueron, los rasgos del pasado, sino repensándolos siempre en función del presente.

Pero ¿cómo focalizar algo en el recuerdo? 


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El i-patient, por Gustavo Dessal

Un brindis por la eternidad 

Año 2004. Peter Thiel, fundador de PayPal, acaba de vender su compañía a eBay, multiplicando así su ya considerable fortuna. Tiene entonces 31 años, y recibe en su casa a un grupo de invitados que cenan y conversan. Entre ellos, Larry Page (co-fundador de Google), Cynthia Kenyon (bióloga molecular que ha atraído la atención de la comunidad científica al duplicar la vida de un gusano manipulando uno solo de sus genes), y Audrey de Grey (médico inglés, especialista en biogerontología que trabaja en senescencia negligible ingenierizada, un método de reparación de tejidos del cuerpo humano capaz de lograr una vida indefinida). El debate gira en torno a la inmortalidad. Algunos se muestran un tanto escépticos; otros, por el contrario, están convencidos de que sólo es un problema técnico. ¿Convendría más congelar los cadáveres, o volcar la memoria de un ser humano en supercomputadoras para reintroducirla luego en un nuevo cuerpo? Estas son algunas de las preguntas que animan la mesa. 

Al menos existe un consenso: desde el punto de vista del desarrollo tecnológico actual, conquistar los 150 años de vida es una expectativa más que “razonable”. El anfitrión Peter Thiel es uno de los más convencidos, y su generosa chequera no cesa de alimentar los fondos de investigación de Kenyon y de Grey a fin de que aceleren al máximo su trabajo. Su lema es el optimismo, una virtud que considera indispensable para formatear el futuro. No es el único. Pertenece al grupo de súper millonarios jóvenes, empresarios que han creado Google, eBay, Napster, Netscape, Facebook, y que ahora han decidido emplear una parte sustancial de sus fortunas personales en una nueva revolución: perfeccionar tecnológicamente el cuerpo humano, la máquina más asombrosa de la creación. Thiel se expresa con toda claridad, y como además posee una sólida formación filosófica, lo que dice tiene algo de sentido: la evolución de la especie humana no pertenece exclusivamente a la naturaleza. El hombre se caracteriza por su capacidad para trascenderla, y por lo tanto su cuerpo no sólo forma parte del reino animal, sino que se ha elevado hacia una dimensión que lo convierte en otra cosa. De allí que considere legítimo no admitir la regla máxima que gobierna todo lo viviente: la finitud. Afirma en serio que la muerte es “el gran enemigo de la Humanidad”. 


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