7 de julio de 2015

LACAN COTIDIANO. Decir la Shoah: De Phoenix al Laberinto del silencio*, por Dominique Corpelet



Este año se conmemoró el 70 Aniversario de la liberación del campo de Auschwitz-Birkenau, por las tropas soviéticas. Este año, Alemania va a juzgar a Oskar Gröning, el “contador de Auschwitz”. Este año, dos películas en lengua alemana evocan el horror nazi. A su manera, cada uno de estos dos filmes pone en escena un tema que, frente a lo real, intenta encontrar una solución, para decir lo innombrable. 

Phoenix. 1945. Berlín. En los laberintos de una ciudad en ruinas, Nelly, una joven mujer judía escapada de los campos, reaparece, el rostro desfigurado, el cuerpo dislocado, en una Alemania que, ocupada en sobrevivir, olvida su funesto pasado.

Nelly debe, ante todo, reponerse y sufrir una serie de cirugías que cambiarán, para siempre, su rostro. Inmediatamente, ella va a buscar a su marido, Johnny, del que aún está enamorada. Ella querría encontrar a aquél que, antes de la guerra, la acompañaba en el piano, cuando ella cantaba Kurt Weill. Pero, en ese país, dirigido a su propia reconstrucción, Nelly es un espectro, donde nadie quiere escuchar la historia. “Nadie te preguntará”, le dicen. Por otra parte, nadie le creerá.

Termina por encontrar a Johnny, que no la reconoce, pero le encuentra una perturbadora semejanza con la mujer que él cree muerta en los campos. Nelly, poco a poco, va descubriendo que se trata del hombre que ella amó y que la dejó librada en manos de los nazis. ¿Cuál es el sitio a encontrar en esta Alemania, a la hora cero?

"Kein Rückkehr für uns", se oye decir: los sobrevivientes no deben esperar ningún retorno posible, en este país. Johnny, empleado en un cabaret, El Phoenix, concluye en una vil negociación: que ella se haga pasar por su mujer y así poder compartir la herencia de su familia asesinada en los campos. El amor ciego, por este hombre, la lleva a hacerse el objeto. Reducida al silencio, se pliega a la mascarada y a la mentira, que él le propone.

Frente al silencio al cual ella se ve forzada, Nelly terminará por esbozar una solución. A aquellos que nada quieren saber, ella les hará llegar el horror que ha vivido en su carne.

A aquellos que se apresuran en dar vuelta la hoja, ella les hará llegar su verdad, en una escena concluyente. Delante de amigos de otros tiempos, que festejan el “retorno oficial” de la salvada de los campos, Johnny se pone a tocar el piano, para acompañar a Nelly. La voz, que al comienzo es vacilante y temblorosa termina por afirmarse y encontrar su timbre. Una voz no se olvida: Johnny la reconoce.

De la sin voz y sin nombre que ella devino, Nelly renacerá para cantar, como en otro tiempo Speak low. Una voz renace sobre un mundo en cenizas.

El realizador, Christian Petzold, ha dedicado su film a Fritz Bauer, el iniciador de los célebres procesos de Auschwitz, a comienzos de 1963 y que permitieron, no sólo juzgar a una parte de aquellos encargados de hacer funcionar la fábrica de muerte sino, también, de hacer conocer a toda Alemania la magnitud del crimen. Con esta primera ola de juicios, un país salió de su pasión de la ignorancia. Auschwitz deviene el nombre del horror. 
Im Labyrinth des Schweigens. 1958. Frankfort. Pasaron trece años desde el final de la guerra. La Alemania de Adenauer ya está bien instalada en su reconstrucción. Ya forma parte del concierto de las naciones. Auschwitz parece, sin embargo, lejos de la memoria. Excepto aquellos que lo han vivido ¿quién sabe qué es lo que allí pasó? ¿Quién sabe o quiere saber que ése fue uno de los lugares de la barbarie nazi? ¿Cómo integrarlo a la memoria y al relato histórico? El joven procurador Johann Radmann (que encarna la figura histórica de Peter Kalb) nació con la guerra y, por eso, no puede ser sospechoso de haber participado en el crimen. Por otro lado, del crimen, él ignora todo.

La contingencia de un encuentro con un sobreviviente de los campos lo llevará a querer saber más. Incitado por Fritz Bauer, entonces, procurador general en Frankfort, se sumergirá en los archivos guardados, meticulosamente, por los nazis. Él descubre allí el grado de muerte, el horror de la masacre, el sadismo de los guardias de Auschwitz. Sobre todo, combate “el no querer saber” de los alemanes. Para juzgar a los criminales, que fueron los engranajes directos de la máquina de muerte y que, sin embargo, pasan sus días apacibles en Alemania, sin inquietarse, es que funda una base jurídica para los actos criminales. Escuchar a las víctimas, desbrozar los archivos, guardados por los verdugos de Auschwitz, extraer de los mismos las voces singulares de los sobrevivientes, encontrar a los autores de los crímenes, buscar las pruebas. Desenmascarar a los verdugos con la palabra de los sobrevivientes. Es, también, a su propio “nada quiero saber”, que el joven Johann se confronta, cuando descubre que su propio padre fue, él también, miembro del partido nazi.

En el embrollo de los archivos y en el laberinto del silencio en que se convirtió su país, Radmann intenta encontrar una solución para que el horror sea, al fin, conocido por todos.

Dar voz a los sobrevivientes, es hacer justicia para inscribir en la historia la verdad de Auschwitz. Pero, "der Riss ist zu gross", el desgarro es demasiado grande y, frente a lo real insoportable, el joven procurador recurre a los semblantes y a lo simbólico: recitar el Kaddish, en el campo, homenajear a los que quedan y a los que han muerto, dar una sepultura simbólica a los cuerpos anónimos.

En ambas películas, un sujeto trata de hacer con lo real, sin retroceder. Nelly, sobreviviente, encuentra su voz y su nombre. Puede, nuevamente, cantar a viva voz.

Johann, hombre de derecho, restituye la voz a los torturados y restablece una cuota de verdad. Frente al silencio, se trata de hacer entender lo más singular de cada historia y de permitir el surgimiento de un poco de poesía y de metáfora, ante lo insensato. La lengua burocrática del Tercer Reich rebajó lo humano a una cosa y trató al sujeto como un "Stück", como un “resto” a arrojar. Esta lengua que expulsaba toda poesía, fue aquélla lengua de la muerte, metódicamente planificada.

Nelly, sola y Johann ayudado por Fritz Bauer, luchan cada uno a su modo, contra el olvido y el silencio, contra la pasión de la ignorancia y la voz asesinada. Ambos salen del silencio, en su versión taceo ,entonces dejan entrever lo indecible y lo inexplicable. 

Schweigen se origina en el antiguo alto alemán swigen, “callarse”. Nelly, quien a través de su voz, ha podido revivir a aquélla de otros tiempos, deja de callarse, abandona a Johnny y vuelve la espalda al pasado. Es con un speak low que ella se va: “Speak law/low, darling speak law/low […] Time is so old and love so brief”. Púdicamente, con los velos del arte, ella subraya, con un susurro, lo que fue. El estilo de Johann Radmann es, completamente, distinto: él quiere gritar el horror, en voz bien alta. Él tiene sed de justicia y de verdad - "¡Speak law, speak law!" sería su canción.

Ambos intentan decir lo indecible: con los resortes del lenguaje, se empeñan en cernir lo real, para develar el punto de horror, y vestirse con los semblantes que el régimen nazi, deliberadamente, sacrificó. 

Traducción: Graciela J. Chester  

* En el mercado español lleva como título: "La conspiración del silencio" (N.M)

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