4 de noviembre de 2013

El Buscón n° 22 - Boletín de las XII Jornadas de la ELP


El Buscón
Boletín de las XII Jornadas de la ELP N 22.                      02 –XI-2013
En este nuevo número de El Buscón, Montserrat Puig le da otra vuelta al triángulo culpa, goce e impunidad a partir de lo que ella llama "la clínica de la relación de un sujeto respecto de la ley". E ilumina nuestro trabajo al plantear a la impunidad, no en relación a la falta, sino en relación al goce.
Puig introduce la cuestión de la mentira: "Miente siempre sobre das Ding. Das Ding es el nombre del goce en este Seminario en tanto el goce se encuentra más allá de límite de lo que puede ser atrapado por el significante"...
Este hilo es retomado por Fernando Martin Aduriz que al analizar la figura del héroe en la película El vuelo, muestra la relación entre mentira, goce y responsabilidad subjetiva. Finalmente, querido lector, te dejamos unas pildoritas de humor: se trata de una de las figuras de la culpa, nos referimos a la "idishe mame", la madre judía.                   Mario Izcovich
 La Cosa                                       Montserrat Puig

Culpa e impunidad hacen pareja. Están referidas a la sanción por la ley. Una, la culpa, la llama; la otra, la impunidad, la elude. Son dos salidas posibles respecto a su transgresión. Se abre en los dos casos toda una clínica de la relación de un sujeto respecto de la ley.

Si nos referimos a la ley moral para fundar una ética, Lacan en el Seminario VII recuerda que no hay sanción sin ley y retomando a San Pablo en la carta a los Romanos añade que si hay posibilidad de castigo es porque la ley misma hace existir el pecado. Ésta marca lo que estando prohibido por ley, es pecado. Parafrasea a San Pablo sustituyendo "pecado" por "das Ding": "¿Acaso la Ley es la Cosa? ¿Oh, no! Sin embargo, sólo tuve conocimiento de la Cosa por la Ley. En efecto, no hubiese tenido la idea de codiciarla si la Ley no hubiese dicho – Tú no la codiciarás. Pero la Cosa encontrando la ocasión produce en mí toda suerte de codicias gracias al mandamiento, pues sin la Ley la Cosa está muerta. Ahora bien, yo estaba vivo antaño, sin la Ley. Pero cuando el mandamiento llegó, la Cosa ardió, llegó de nuevo, mientras que yo encontré la muerte. Y para mí. El mandamiento que debía llevar a la vida resultó llevar a la muerte, pues la Cosa encontrando la ocasión me sedujo gracias al mandamiento y por él me hizo deseo de muerte". Parece claro, es la ley la que marca dónde está el pecado. Pero al sustituir el pecado por la Cosa entramos en el campo del goce. La Cosa está fundada en la palabra misma recuerda Lacan un poco más arriba en la misma página.

Entonces, cuando hablamos de culpa e impunidad en el ser hablante, es en relación al goce que debemos situar al sujeto. La culpa y el posible escamoteo de la falta por la impunidad no son importantes respecto a la sanción que da la ley de una falta cometida o que se teme cometer, sino respecto al goce que está ahí en juego. Y la cuestión es que el sujeto es siempre culpable respecto de su relación al deseo que apunta al goce.

Lacan en este capítulo del Seminario de la Ética analiza los diez Mandamientos como transmitiendo la ley fundamental del sujeto respecto a la palabra y al goce, ya que como dice, las revoluciones sucesivas no los han derogado. Se detiene en el Mandamiento "Tú no mentiras". Más allá de la estructura propia del significante que da la posibilidad de la mentira al sujeto y que lo sitúa como sujeto de la enunciación, quisiera señalar la mentira fundamental del sujeto respecto del goce que Lacan sitúa como central en este mandamiento, de ahí que tenga que formularse como precepto negativo, que ya encontramos en Freud con el prôton pseûdos y que Lacan retomará al final de su enseñanza respecto a la "verdad mentirosa". "Ese tú no mentiras, como ley, incluye la posibilidad de la mentira como el deseo más fundamental". ¿Es una mentira fundamental respecto a qué? ¿Sobre qué miente el sujeto? La relación del ser humano con la Cosa es una mentira, está comandada por el principio del placer y es la mentira con la que, dice Lacan, "nos enfrentamos todos los días en el inconsciente". El inconsciente miente respecto a das Ding. "Ese mandamiento está para hacernos sentir la verdadera función de la ley". Para hacernos sentir que la ley, la ley del significante, no hay otra, miente siempre sobre das Ding. Das Ding es el nombre del goce en este Seminario, en tanto el goce se encuentra más allá de límite de lo que puede ser atrapado por el significante. Leemos lo que retomará años mas tarde en su última enseñanza: "A nivel del inconsciente el sujeto miente. Y esa mentira es su mantera de decir al respecto la verdad. El logos del inconsciente a este nivel se articula la primera mentira".

Entonces, el sujeto no sabe de qué es culpable más allá de la ley. O mejor dicho el sujeto solo puede sentirse culpable porque hay ley. Y desconoce, si no ha hecho la experiencia del límite de decir, que no es posible decir más que mentiras. Se trata de la relación con das Ding en tanto somos culpables de la relación mentirosa, defensiva dirá Freud, respecto a ella. Sin embargo, no toda construcción de mentira será la misma en esa relación. Los enredos entre culpa e
impunidad son los enredos del sujeto con Otro al que le atribuimos una relación con la ley a la que nos sometemos en distintas modalidades de goce. No hay culpa sin ley y no hay ley sin goce. Por ello dirá Lacan "Mi tesis es que la ley moral se articula con la mira de lo real como tal, de lo real que puede ser la garantía de la Cosa".

Lacan introduce una topología en la relación al goce: "das Ding está justamente en el centro, en el sentido de que está excluido. Es decir, que en realidad debe de ser formulado como exterior, ese das Ding, ese otro prehistórico imposible de olvidar, la necesidad de cuya posición Freud nos afirma bajo la forma de algo que es enajenado, ajeno a mi estado empero en mi núcleo, algo que a nivel del inconsciente solamente representa una representación"

Referencias
J. Lacan. El Seminario, Libro VII La Ética del psicoanálisis. Capítulo V y VI. Ediciones Paidos.

AL ILUSTRE Y DESEOSO LECTOR

Una madre judía deja el siguiente mensaje de voz en su propio móvil para cuando la llame su hijo:
"¡Por fin llamaste...!. Ahora no puedo atenderte porque estoy sufriendo, pero déjame tu mensaje diciéndome cómo estás, dónde estás y qué comiste, que cuando pueda, si estoy viva, te llamo".
…….
Una madre judía le regala a su hijo dos corbatas. Él se pone una cuando la va a visitar a su casa. Ella lo recibe, lo mira y le pregunta: "hijo mío, ¿es que no te gustó la otra?".

 

Diseño, Maquetación, Edición:

Andrés Borderías (Responsable),

Mario Izcovich, Félix Rueda.


El vuelo
Fernando Martin Aduriz

He visto estos días una película muy paradigmática de nuestra época. Se trata de Flight. Protagonizada por Denzel Washington aborda un vuelo de avión pilotado por un comandante muy particular. Un tipo incapaz de decirse la verdad, no estropearé el final. Incapaz de decirse la verdad es el nombre de muchos sujetos de nuestra época, que se mienten impunemente.

En este caso la mentira tiene que ver con su adicción a la bebida, aderezada con la habitual cocaína. Un cóctel de nuestra época, se diga abiertamente o sotto voce. Es finalmente lo que nos cuentan aquellos valientes que se desafían y se dicen la verdad.
De las adicciones más de ahora hay que recordar la de la adicción al culto al cuerpo, tildada de epidemia. Reconocer que se tiene esa adicción es un imposible, entre otras razones porque al ser muy extendida, al ser apoyada por la industria creada en torno al cuerpo: cirugías, escarificaciones, moda, gimnasios, spas, farmacopea, coachings varios, culto a la autoestima, técnicas para reforzar el imaginario yo….Todo ese cártel mercantil contribuye con su bombardeo publicitario a ese enganche con la adoración a la imagen exterior del cuerpo propio.

Pues bien, se requiere del concurso del héroe para salir de algunas adicciones muy publicitadas por la época. Lacan definía al héroe trágico como alguien que podía ser traicionado impunemente, y, como se muestra en Flight, es verdad que un héroe moderno es aquel que logra salir del circuito de la adicción, donde se encuentra en la más absoluta de las soledades, la que encierra al sujeto con su goce, donde está solo con su auténtica pareja de vida: su goce con el objeto con el que goza, sea éste la bebida, la coca, o su cuerpo propio.

Como el jugador que cree dominar su adicción, su pasión por perder; como el alcohólico, que se niega a reconocer que lo es; como el cocainómano, que cree poder salir a capricho; como cualquiera que ha tenido o tiene una adicción, tarde o temprano se topa con la culpa, con el tormento interior, pero esto no es garantía de nada. El sujeto puede sentirse culpable, pero no responsable.

El sujeto adicto comprueba en sus carnes que familia y amigos le abandonan, al constatar que prefiere como pareja a sus objetitos. Esta película lo constata.

Sólo un héroe, que se arriesgue a ser traicionado impunemente, alguien que heroicamente obligue al sujeto adicto a no mentirse impunemente, puede voltear la situación. Y ver los efectos de vida que tiene el no mentirse.

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