4 de noviembre de 2013

VI ENAPOL Boletín #65 TEXTOaCUERPO/ TEXTOaCORPO - Escrevem Diana Wolodarsky, Tânia Abreu e Cristiano Alves Pimenta


    
TEXTOaCUERPO / TEXTOaCORPO
Boletín del fin de semana #65 / Boletín do fim de semana #65
Domingo - 03.11.2013
Eje 2 - Las estructuras clínicas huérfanas del nombre-del-padre
Contribuciones para el debate
Escriben Diana Wolodarsky, Tânia Abreu y Cristiano Alves Pimenta

"Trenes, camiones y tractores, bicicletas y peatones. Barcos, aviones, submarinos..." [1]. Todo medio de transporte es bueno a la hora de acercarse al Hotel Panamericano, sede de nuestro próximo ENAPOL. En unas semanas nos encontraremos allí, a seguir construyendo el psicoanálisis del siglo XXI.
Mientras tanto, el trabajo se intensifica. Esta semana son tres los artículos que componen el TEXTOaCUERPO; tres textos singulares, donde lo que se destaca es, justamente, la dimensión de lo singular en la experiencia.
Diana Wolodarsky, Tânia Abreu y Cristiano Alves Pimenta se interrogan por los efectos del encuentro entre la palabra y el cuerpo; cada uno con su interés, cada uno con su estilo, nos ofrecen tres textos para el debate.
¡Buena lectura!
1.       Estrofa de la canción Trenes, camiones y tractores del grupo Árbol.

Elucidar un cuerpo
Diana Wolodarsky - EOL (Bs. As.)

¿Por qué a los psicoanalistas nos inquieta elucidar una cuestión como lo es el cuerpo?
¿Qué enigma encierra?
Lacan en su última enseñanza pone de relieve que el sujeto no es solo significante, y para dar cuenta de ello recurre al término parlêtre. No me explayaré en este punto, ya que ha sido suficientemente abordado en otros envíos.
Si algo distingue al psicoanálisis de la orientación lacaniana, es que no generaliza el tratamiento del cuerpo. Tiene muy en cuenta tomarlo uno por uno, en su singularidad. Singularidad que estará dada por la particular manera en que una palabra o frase chocó en cada cuerpo haciendo de ese imprevisible encuentro, acontecimiento. Esa contingencia que deviene acontecimiento deja marca, investida libidinalmente, inscripta en una gramática fantasmática en la que la intervención analítica se orientará a fin de desmontar y de volver a articular de una manera inédita para el sujeto. Lo inédito opuesto al destino: programa de goce.
Desarmar el circuito pulsional que se organizó en torno a un objeto, el cual vino a ubicarse allí donde el vacío es testigo que no hay objeto que lo colme.
Tener un cuerpo, dice Lacan, a diferencia de serlo. Si sujeto es lo que representa un significante para otro significante, ¿cómo nos apropiamos del cuerpo? ¿Qué es lo que hace borde o contorno, relieve?
Que el inconsciente es homólogo a los orificios del cuerpo, da cuenta de ese movimiento estructural en que se constituye el parlêtre. Que el lenguaje es el artificio del cual nos servimos para dar cuenta de qué manera tenemos un cuerpo. Y que es alrededor de los orificios del mismo que se constituye el modo de goce de cada sujeto. Y nos dice también que a veces esos orificios no son suficientes para constituir un cuerpo, con lo cual hay sujetos que necesitan perforárselo con insistencia. Como si cada nuevo agujero prometiera algo de una articulación que fracasa.
Comprobamos que a veces la subjetividad es suficiente para hacer que un síntoma resuena en él. Algunas, asistimos a verdaderas performances bizarras que dan cuenta de las piruetas por armar un semblante: piercing, tatuajes, cortes, deformaciones, infiltraciones. Otras, de las consecuencias del fracaso en no lograr armarlo o sostenerlo.
Inhibicion, síntoma o angustia son manifestaciones de las dificultades que conlleva vivir el tener un cuerpo. Distorsiones especulares, transformaciones sustanciales, mutilaciones o perforaciones son formas en que se presentan cada vez más los cuerpos, naturalizándose estas prácticas en una supuesta justificación estética.
Si para el organismo la salud es el silencio de los órganos, hablar con el cuerpo es la pulsión que se hará espacio a fin de hacerse escuchar.

Acontecimiento de cuerpo y transferencia en la clínica psicoanalítica
Tânia Abreu
 - EBP
La clínica con autistas exige del analista una postura activa e inventiva, sobre todo en una época en que la ciencia y su todo-saber intentan inyectar soluciones donde el lenguaje hace agujero. Así, algunos índices que observaba en esta clínica se desplazaron del campo de la inquietud a una búsqueda de formalización a través de articulaciones entre acontecimiento de cuerpo y transferencia.
1. Autismo: clínica de lo real
Ansermet [1] advierte que el autismo es una patología limítrofe entre la medicina y el psicoanálisis ya que acciona las cuestiones de una clínica de lo real. Propone que pensemos una continuidad entre la dimensión del organismo y la del sujeto. Pensado así, el autista estaría en la frontera del lenguaje, confrontado a sus leyes, pero petrificado por ellas.
2. Acontecimiento de cuerpo: una fijación
Para Laurent hablar no es un acto cognitivo, sino algo del orden de una extracción (arrachement) en lo real, de una mutilación. El encuentro con la palabra para el sujeto autista tiene el efecto de un "golpe" en su goce de cuerpo vivo, que lo deja al servicio del Uno de goce que no se puede apagar.
"… en el campo del espectro de los autismos, el Uno del goce no puede ser borrado; no se borra esa marca del acontecimiento de cuerpo. El acontecimiento de cuerpo es esto: una palabra es pronunciada, y el niño queda sometido a un horror particular, como indicó el doctor Lacan en la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma" [2]. Ese Uno que no se borra marca el cuerpo como un cuerpo que goza de sí mismo en un más allá del Principio del Placer. En las distintas prácticas de los sujetos autistas con su cuerpo, con las cuales intentan estabilizar su relación con el acontecimiento de cuerpo, vemos la demostración, por un lado, del modo en que el cuerpo es invadido por un goce pleno y, por otro, el hecho de que esos sujetos intentan extraer algo del cuerpo [3].
3. Viñeta clínica
Veamos el caso de José, quien a los tres años, se enfrenta con la falta simbólica, con el Otro que dice "no" y se provoca vómitos poniéndose el dedo en la garganta y llora mucho. El niño autista tiene acceso directo a lo real al cual nada le falta, y que obliga al sujeto a agujerearlo. El llanto y el vómito tendrían esa función de vaciamiento de lo Real pleno de goce invasivo que configura el acontecimiento de cuerpo.
La iteración del Uno de goce en el campo del autismo no conduce a que se borre el acontecimiento de goce. Esa prevalencia del Uno genera una fijeza que se expresa en el autismo como un exceso de goce en un cuerpo en el cual el no tuvo la función de hacer borde. Como defensa, el autista se encapsula, crea barreras a la aproximación del Otro y sus objetos que no funcionan como objetos pulsiones, sino como objetos reales que se caracterizan por una presencia excesiva.
La elección de los objetos autísticos, que no funcionan como monedas de cambio, sino como complementos del cuerpo sin forma, adquieren el estatuto de borde entre el cuerpo y el mundo exterior. Para José la elección recayó sobre los carros y sus ruedas que detienen su mirada de manera privilegiada.
4. Transferencia: una invención
La transferencia no se instala por la vía del 
sujeto supuesto saber, sino por la modulación de la voz, por las posibilidades que el analista tiene de "aceptar los tratamientos posibles de lo insoportable del Uno de la lengua sobre el cuerpo" [4]. El analista, al acoger esta singularidad, actúa "permitiendo un registro de la letra lo más amplio posible" [5].
El trabajo transferencial se inició cuando los padres informaron que José se mostraba interesado por el lápiz y el papel. De a poco, el analista percibió interés por los movimientos circulares y por los carritos. Dibuja círculos y emite la palabra "pelota…", "pelota…", siempre con la misma entonación. José acepta el juego y dibuja.
El efecto fue la adquisición de nuevos vocablos a través del alojamiento del interés por el movimiento circular circunscrito al papel y configurado en la elección de los "carritos" como objeto autístico. Una elasticidad en relación con el encuentro traumático que José tuvo con la palabra, acontecimiento de cuerpo que causó cierto apaciguamiento de la angustia y del deslizamiento metonímico.
Traducción: Laura Arias
1.       Ansermet, F., "Autismo e resposta do sujeito", A Clínica da Origem: a criança entre a medicina e a psicanálise, cap. 5, Contracapa, RJ, 2003, pp. 81 a 94.
2.       Lacan, J., "Lacan, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.
3.       Laurent, É., "O que nos ensinam os autistas", Autismo(s) e atualidade: Uma leitura lacaniana, org(s): Murta, A./Calmon, A./ Rosa, M., Scriptum Livros, BH, 2012, p. 28.
4.       Ibid., p.36.
5.       Ibid., p.37.

Lo impronunciable del cuerpo en la experiencia analítica
Cristiano Alves Pimenta - EBP (MG)

Uno de los trazos relevantes que podemos observar hoy en la clínica es que muchos analizantes se enfrentan –bien sea en el momento en que se inicia el análisis, o en el momento posterior– con un real que no cede a los efectos de significación. Es decir, esa confrontación no está confinada al final de análisis. Lo que prevalece en esos momentos es la existencia de una inercia que mantiene al ser hablante apartado de aquello que constituye el fundamento del lazo con el analista, a saber, el efecto sujeto-supuesto-saber. Así, el tratamiento, por lo menos durante cierto periodo, no se sostiene en la asociación libre y en sus efectos de significación. De este modo, el analista se ve desconcertado frente a la imposibilidad de producir, por ejemplo, una entrada en análisis según el esquema clásico; se ve igualmente impedido por la ausencia de la dialéctica significante, con toda la movilidad de sus posiciones, que conlleva a lo que Miller realzó con el término lacaniano de "varidad" [1]. Podríamos ir al extremo de decir que asistimos a una especie de suspensión del discurso, puesto que todo discurso reserva un lugar para los efectos de verdad. Así, una pregunta se hace pertinente: si no se instala el sujeto supuesto saber, o por lo menos parece ocurrir una especie de suspensión temporaria de esa instalación, ¿qué es lo que hace que alguien sometido a esta inercia vuelva al analista? Impresiona el hecho de que ciertos pacientes perseveran asiduamente en ese hiato temporal que suspende todo y cualquier enigma.
¿Qué hay en ese espacio de inercia? Hay –es el modo como leemos esta cuestión– aquello que Miller desarrolla en su Seminario El ser y el Uno [2], a saber, "el goce del Uno solo, es decir, el goce que pone en primer plano los acontecimientos del cuerpo": angustia, depresión, locura, aflicciones que parecen alcanzar un punto más allá de lo soportable.
Esto es, en ese hiato temporal donde lo simbólico sucumbe, lo que emerge es lo impronunciable del cuerpo. ¿Y cómo tratarlo si no por las vías que le son afines? En ese nivel más allá, o más acá, de la articulación significante un análisis debe ser "el tratamiento de lo real por lo real" [3], para usar una expresión citada por Rômulo Ferreira da Silva en el X Congreso de Miembros de la EBP (Escuela Brasileña de Psicoanálisis). Así, las intervenciones del analista son piezas sueltas, funcionan como Uno solo, siendo afines, por lo tanto, con la estructura del sinthome. Es lo que permite al ser hablante volver a la sesión: sólo ahí lo impronunciable de su cuerpo puede ser escuchado. El analista es el único que, sabiendo de la ineficacia de los efectos de la significación para el tratamiento de lo real, no cede a la oferta pseudoapaciguadora del discurso de la ciencia y del discurso capitalista, que se conjugan, por ejemplo, en la industria de los medicamentos. El analista es el único que propone un saber hacer con el cuerpo, para que el ser hablante pueda realizar una nueva alianza con él [4]. El tratamiento de lo real por lo real supone, igualmente, otra forma de pensar el vínculo paciente-analista, más allá del vínculo transferencial. Se trata más bien de un anudamiento por la vía del nudo borromeo, que preserva la separación, el carácter de Uno solo, de aquello que se amarra y que, por eso, no produce efectos de sentido, no produce ninguna verdad.
Traducción: Laura Arias
1.       Miller, J.-A., Perspectivas do Seminário 23 de Lacan, o sinthoma, Rio de Janeiro: Zahar 2009, p. 26.
2.       Miller, J.-A., L'Etre et l'Un (2011-2012), clase 8, inédito.
3.       Silva, R. F. da, "O que é o real?", Um por Um, boletim eletrônico do Conselho da EBP, n° 159, 2013.
4.       Miller, J.-A., Perspectivas dos escritos e outros escritos de Lacan, entre desejo e gozo, Rio de Janeiro: Zahar, 2011, p. 183.

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Eixo 2 - As estruturas clínicas órfãs do Nome-do-Pai
Contribuições para o debate
Escrevem Diana Wolodarsky, Tânia Abreu e Cristiano Alves Pimenta

"Trens, caminhões e tratores, bicicletas e pedestres. Barcos, aviões, submarinos..." (1), todo médio de transporte é bem-vindo na hora de dirigir-se até o Hotel Panamericano, sede de nosso próximo Enapol. Em umas semanas nos encontraremos lá, para continuar a construir a psicanálise do século XXI.

Enquanto isso, o trabalho se intensifica. São três os artigos que compõem o TEXTOaCUERPO desta semana; três textos singulares, onde o destacado é, justamente, a dimensão do singular na experiência. 

Diana Wolodarsky, Tânia Abreu e Cristiano Alves Pimenta se interrogam sobre os efeitos do encontro entre a palavra e o corpo; cada um com seu próprio interesse, cada um com seu estilo, nos oferecem três textos para o debate. 

Boa leitura! 
1.       Estrofe da canção Trenes, camiones y tractores da banda Árbol.

Elucidar um corpo
Diana Wolodarsky - EOL (Bs. As.)

Por que aos psicanalistas nos interessa elucidar uma questão como a do corpo?
Que enigma oculta?
Lacan em seu último ensino sublinha que o sujeito não é só significante, e para dar conta disso recorre ao termo parlêtre (falasser). Não vou me estender neste ponto, pois já foi suficientemente abordado nos envios anteriores.
Se algo distingue a psicanálise de orientação lacaniana, é o fato de não generalizar o tratamento do corpo. Considera de suma importância tomá-lo um por um, em sua singularidade. Singularidade que estará dada pelo modo particular como uma palavra ou frase bateu em cada corpo fazendo desse imprevisível encontro, acontecimento. Essa contingência que se torna acontecimento deixa uma marca, investida libidinalmente, inscrita numa gramática fantasmática na qual a intervenção analítica se orientará a fim de desmontá-la para voltar a articulá-la de um modo inédito para o sujeito. O inédito oposto ao destino: programa de gozo.
Desmontar o circuito pulsional que se organizou em torno de um objeto, o qual veio a localizar-se ali onde o vazio é testemunho de que não há objeto que o colme.
Ter um corpo, diz Lacan, é diferente de sê-lo. Se o sujeito é o que representa um significante para outro significante, como nos apropriamos do corpo? O que é que faz borda ou contorno, relevo?
Que o inconsciente seja homólogo aos orifícios do corpo, dá conta desse movimento estrutural no qual se constitui o falasser. Que a linguagem seja o artificio do qual nos servimos para dar conta da maneira como temos um corpo. E que é em torno dos orifícios do mesmo que se constitui o modo de gozo de cada sujeito. Y nos diz também que às vezes esses orifícios não são suficientes para constituir um corpo, a partir do qual há sujeitos que necessitam perfurar-se com insistência. Como se cada novo buraco prometesse algo de uma articulação que fracassa.
Comprovamos que às vezes a subjetividade é suficiente para fazer com que um sintoma ressoe nele. Algumas, assistimos a verdadeiras performances bizarras que dão conta das piruetas para armar um semblante: piercing, tatuagens, cortes, deformações, infiltrações. Outras, das consequências do fracasso por não conseguir armá-lo ou sustenta-lo.
Inibição, sintoma ou angustia são manifestações das dificuldades que implica o fato de ter um corpo. Distorções especulares, transformações substanciais, mutilações ou perfurações são algumas das formas como se apresentam cada vez mais os corpos, naturalizando-se estas práticas numa suposta justificativa estética.
Se para o organismo a saúde é o silêncio dos órgãos, falar com o corpo é a pulsão que se fará um espaço a fim de se fazer ouvir.
Tradução: Pablo Sauce

Acontecimento de corpo e transferência na clínica com autistas
Tânia Abreu
 - EBP
A clínica com autistas exige do analista uma postura ativa e inventiva, sobretudo em uma época que a Ciência e seu saber todo procuram injetar soluções onde a linguagem faz furo. Assim, alguns índices que observava nesta clínica se deslocaram do campo da inquietação para uma busca de formalização, através de articulações entre acontecimento de corpo e transferência.
1. Autismo: clínica do Real
Ansermet [1] adverte que o autismo é uma patologia limítrofe entre a medicina e a psicanálise, visto que aciona as questões de uma clínica do real. Propõe que pensemos uma continuidade entre a dimensão do organismo e a do sujeito. Assim pensado, o autista estaria na fronteira da linguagem, confrontado às suas leis, mas por elas petrificado.
2. Acontecimento de Corpo: uma fixação
Para Laurent, falar não é um ato cognitivo, mas algo da ordem de um arrancamento (arrachement) no real, de uma mutilação. O encontro com a palavra para o sujeito autista tem o efeito de uma "paulada" no seu gozo de corpo vivo, deixando-o servo do UM de gozo que não pode ser apagado.
"...no campo do espectro dos autismos, o Um de gozo não pode ser apagado; não há apagamento dessa marca do acontecimento de corpo. É isto o acontecimento de corpo: uma palavra é pronunciada, e a criança fica submetida a um horror particular, como indicara o Dr. Lacan, em sua Conferência sobre o sintoma, em Genebra". [2] Esse não apagamento do Um marca o corpo como um corpo que goza de si mesmo, num para além do Princípio do Prazer. Nas distintas práticas dos sujeitos autistas com seu corpo, com as quais eles tentam estabilizar sua relação com o acontecimento de corpo, vemos a demonstração de como o corpo é invadido por um pleno de gozo e também que esses sujeitos tentam extrair algo do corpo. [3]
3. Vinheta Clínica
Trata-se de José que aos três anos, quando se depara com a falta simbólica, com o Outro que diz "não", provoca vômitos enfiando o dedo na garganta e chora muito. A criança autista tem um acesso direto ao Real ao qual nada falta, obrigando o sujeito a esburacá-lo. O choro e o vômito teriam esta função de esvaziamento do Real, pleno de gozo invasivo que configura o acontecimento de corpo.
A iteração do Um de gozo no campo do autismo não leva ao apagamento do acontecimento de gozo. Essa prevalência do Um gera fixidez, que e se expressa no autismo como um excesso de gozo em um corpo no qual o não teve a função de fazer borda. Como defesa, o autista se encapsula, cria barreiras à aproximação do Outro e seus objetos, que não funcionam como objetos pulsionais, mas como objetos reais que se caracterizam por uma presença excessiva.
A escolha dos objetos autísticos, que não funcionam como moedas de troca, mas como suplementos do corpo sem forma, adquirem o estatuto de borda entre o corpo e o mundo exterior. Para José a eleição recaiu sobre os carros e suas rodas que detêm seu olhar de modo privilegiado.
4. Transferência: uma invenção
A transferência não se instala pelo viés do SSS, mas sim pela modulação da voz, pelas possibilidades que o analista tem de "aceitar os tratamentos possíveis do insuportável do Um da língua sobre o corpo". [4] O analista age "permitindo um registro da letra o mais amplo possível", [5] ao acolher esta singularidade.
0 trabalho transferencial iniciou através da informação dos pais que José tinha interesse por lápis e papel. Aos poucos, a analista percebeu interesse pelos movimentos circulares e por carrinhos. Desenha círculos e emite a palavra "bola"... "bola", sempre com a mesma entonação. José aceita a brincadeira e desenha.
O efeito foi aquisição de novos vocábulos, através do acolhimento do interesse pelo movimento circular circunscrito ao papel e configurado na eleição dos "carrinhos" como objeto autístico. Uma elasticidade em relação ao encontro traumático que José teve com a palavra, acontecimento de corpo, causando certo apaziguamento da angústia e deslizamento metonímico.
1.       Ansermet, F., "Autismo e resposta do sujeito", A Clínica da Origem: a criança entre a medicina e a psicanálise, cap. 5, Contracapa, RJ, 2003, pp. 81 a 94.
2.       Lacan, J., "Conferência em Genebra sobre o sintoma", Opção lacaniana, n. 23, Edições Eólia, São Paulo, dez. de 1998.
3.       Laurent, É., "O que nos ensinam os autistas", Autismo(s) e atualidade: Uma leitura lacaniana, org(s): Murta, A./Calmon, A./ Rosa, M., Scriptum Livros, BH, 2012, p. 28.
4.       Ibíd., p.36.
5.       Ibíd., p.37.

O impronunciável do corpo na experiência analítica
Cristiano Alves Pimenta - EBP (MG)

Um dos traços relevantes que podemos observar na clínica hoje é que muitos analisandos se defrontam –já no momento em que a análise se inicia ou em momento posterior– com um real que não cede aos efeitos de significação. Ou seja, esse confronto não está confinado ao final de análise. E o que prevalece nesses momentos é a existência de uma inércia que mantém o falasser apartado daquilo que constitui o fundamento mesmo do laço com o analista, a saber, o efeito de sujeito-suposto-saber. Assim, o tratamento, pelo menos durante certo período, não se assenta na associação livre e em seus efeitos de significação. O analista se vê, pois, desconcertado diante da impossibilidade de produzir, por exemplo, uma entrada em análise nos moldes clássicos, se vê igualmente embaraçado pela ausência da dialética significante, com toda a mobilidade de suas posições, que acarreta o que Miller realçou com o termo lacaniano "varidade" [1]. Poderíamos ir ao extremo de dizer que assistimos a uma espécie de suspensão do discurso, posto que todo discurso reserva um lugar para os efeitos de verdade. Sendo assim, uma pergunta se faz pertinente: dado que não há a instalação do sujeito suposto saber, ou que ocorre uma espécie de suspensão temporária do mesmo, o que leva alguém submetido a tal inércia a retornar ao analista? Sim, pois impressiona o fato de certos pacientes perseverarem assiduamente durante esse hiato temporal que suspende todo e qualquer enigma.
E o que há aí nesse espaço de inércia? Há –eis como lemos a questão– aquilo que Miller desenvolveu em seu Seminário O ser e o Um [2], a saber, "o gozo do Um sozinho, ou seja, o gozo que coloca em primeiro plano os acontecimentos do corpo": angústia, depressão, enlouquecimento, aflições que parecem atingir um ponto além do suportável.
Em outros termos, nesse hiato temporal em que o simbólico sucumbe o que emerge é o impronunciável do corpo. E como tratá-lo senão por vias que lhe são afins? Ou seja, nesse nível mais além, ou mais aquém, da articulação significante uma análise deve ser "o tratamento do real pelo real" [3], para usar uma expressão citada por Rômulo Ferreira da Silva no X Congresso de Membros EBP. Assim, as intervenções do analista são peças soltas, funcionam como Um sozinho, sendo afins, portanto, com a estrutura mesma do sinthoma. Eis o que permite ao falasser retornar à sessão: só ali o impronunciável de seu corpo pode ser ouvido. O analista é o único que, sabendo da ineficácia dos efeitos de significação para o tratamento do real, não cede à oferta pseudo-apaziguadora do discurso da ciência e do discurso capitalista, que se conjugam, por exemplo, na indústria dos medicamentos. O analista é o único que propõe um saber fazer com o corpo, para que o falasser possa realizar uma nova aliança com ele [4]. O tratamento do real pelo real supõe, igualmente, uma outra forma de se pensar o vínculo paciente-analista, mais além do vínculo transferencial. Trata-se antes de uma amarração pela via do nó borromeano, que preserva a separação, o caráter de Um sozinho, daquilo mesmo que se amarra, e por isso não produz efeitos de sentido, não produz nenhuma verdade.
1.       Miller, J.-A., Perspectivas do Seminário 23 de Lacan, o sinthoma, Rio de Janeiro: Zahar 2009, p. 26.
2.       Miller, J.-A., L'Etre et l'Un (2011-2012), aula 8, inédito.
3.       Silva, R. F. da, "O que é o real?", Um por Um, boletim eletrônico do Conselho da EBP, n° 159, 2013.
4.       Miller, J.-A., Perspectivas dos escritos e outros escritos de Lacan, entre desejo e gozo, Rio de Janeiro: Zahar, 2011, p. 183.

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