4 de diciembre de 2016

Desde allá, por fuera de la zona de la Akeda, por Perla Miglin


Desde allá, es una película Venezolana que se acaba de estrenar en T.A. Escrita y dirigida por Lorenzo Vigas, nuevo director de cine, quien obtuvo en su debut el premio León de oro en el festival de Venecia.

Armando, encarnado por Alfredo Castro, interpreta a un hombre de 50 años, que nunca se casó, mecánico de dentaduras postizas que soborna jóvenes de las villa de Caracas, ofreciéndoles dinero a fin de prostituirlos usándolos de objeto de goce para una practica masturbatoria. El director nos muestra desde allá, desde el pesquisa al padre cuando en realidad él convoca la mirada del padre. Invadido de una impotencia de encontrar al hombre, después de una ausencia pronunciada de este de Caracas.

El hecho vuelve en un mal encuentro entre Armando y uno de los jóvenes, Elder; mal encuentro, que genera el desarrollo de los acontecimientos. Elder va hasta la casa de Armando, y cuando se entera de que se trata, se resiste al agravio de Armando, le llama maricón, lo ataca, le roba y se escapa. Armando queda golpeado por el, lo vuelve a encontrar y lo invita a almorzar…, la relación continua en otros términos. Hasta en una escena, donde Armando pesca a Elder queriendo robarle en su propia casa, donde le dio albergo y cuidado después de que Elder recibiese una paliza de los 4 hermanos de su novia que lo dejaron casi muerto. Armando tomando un cuchillo lo torea con un gesto intimidante y haciéndose él un tajo en la pierna le pregunta de manera provocativa a Elder: dime ¿quién es el maricón? Después de hacerse el tajo que lo deja herido le dice que si este no se va de la su casa, llamará a la policía. Elder deja el departamento, y al llegar a la calle lo llama con desesperación, Elder; lo llama desde la calle por primera vez por su nombre. Vuelve a la casa desesperado, le pide a Armando que le deje asistirlo de la herida, al tiempo que lo besa en la boca intrusivamente.

El escenario del film es la ciudad de Caracas hoy, dividida por las leyes del mercado. La villa donde vive Elder con su madre, protagonizada por una mujer atractiva que aparece en escena desempeñando el avatar de tener que criar sola a los hermanos menores de Elder. El padre sabemos por un dialogo de él con Armando, está condenado en la cárcel por haber matado, porque sí, a un amigo suyo… Elder trabaja en un taller mecánico y se beneficia de saqueos de pandillas. Elder lleva a Armando a un fiesta de casamiento, a presentar a Armando a sus allegados. La madre, que interpela a Armando con sospecha y curiosidad en un primer momento, echa de la casa a su hijo cuando uno de sus compañeros de la pandilla sorprende a Elder besando a Armando por la fuerza, en el toillete de la fiesta. La noticia se propaga. Así, sus compañeros de crimen le escapan…, la madre, lo expulsa. 

El comentador de cine israelí, Uri Klein, escribe que la madre expresa sin tapujos una homofobia cultural y social de Venezuela.… Este comentario vulgar de Uri Klein me permite valerme de una reflexión de Vicente Palomera que en un momento de crisis en la Escuela contribuyo a la conversación con el siguiente comentario: Hay que colocarse del lado del error para conducirlo a la verdad, diría Wittgenstein. (Observaciones a la Rama Dorada de Frazer) Nosotros diremos "hay que colocarse del lado del malestar para revelar el real en juego en él".

Uri Klein se da cuenta que no es una historia trivial. Como podría ser aquella donde Elder revelaría su atracción gradual hacia un hombre. Ambos, dice, tienen irresueltas cuestiones con sus padres y el rol que esto juega en el desarrollo de la relación de carácter sexual de ambivalencia entre agresión y cordialidad escribe él. Tampoco esta vez es un film que pretende transmitir solo el aspecto de la dificultad metapsicológica.

El filme se situaría del lado en que la época vive la pulsión. Por lo tanto es la ''…logificación de los Nombres del Padre la que nos permite despejar el real en juego (…) al estar advertidos" lo que en la pagina, 128-129 del "L'Enverso de la Biopolitica, una escritura por el goce", constata Eric Laurent, el hecho que "… Lacan no lo ignora cuando el evoca la voluntad -que no concierne solamente a los masoquistas perversos- de compartir el dolor (…) donde interviene la reiteración del pánico en la dialéctica de los bienes: él anuncia ya la época en la cual nosotros somos, quienes compartimos el dolor masoquista en la economía de los bienes (…) desde que es lógico que haya sido en los Estados Unidos que haya aparecido la idea que es urgente, en la cultura de la liberación sexual compartir el dolor de las practicas SM, famosos años seventies donde son puestos a punto el discurso y las practicas de radicabilidad de SM masculino en El Castro (no Raúl que le estrecha la mano del presidente Obama, sino El Casto del barrio de San Francisco). El pasaje del masoquismo marginal al masoquismo de masa que pega bien con ese compartir el dolor que luego puede endulzarse para advenir esa cosa esfumada de los Cinquante nuances de Grey, listo a llevar el agua de rosas, de ahora en más abierto al gran publico. Nosotros estamos en el apres-coup de la posibilidad en acto de esta democratización sobre el mercado capitalista de los modos de gozar".

Así, el real en juego que se vislumbra en el film, allí donde Elder sufre la humillación de ser desertado por la pandilla y el nidui al cual su madre lo somete. Se trata de un decir paradigmático encarnado por el director: más que una expresión de homofobia, es justamente un no a la democratización de los modos de goce… El desenlace es inquietante.

El filme me revelo cómo el lenguaje no cubre lo que el odio al padre quiere decir si lo concebimos como antagónico al amor al padre. Si como la época vive la pulsión, en tanto es el odio al padre lo que este filme aclara, también por el hecho de que no esta articulado, -hecho explicito-, es el odio al padre en cuanto síntoma, versión de un rechazo del inconsciente, así se instala no en relación al amor sino en relación a la Unglauben. Es un odio al padre en tanto síntoma, un odio que rechaza el inconciente. En un tiempo de fundamental increencia, titulo de un reciente trabajo publicado en The lacanian Review por Dalila Arpin: ella dice, pagina 72: (…) desde que nos enfrentamos con el gran desorden de lo real, las soluciones contemporáneas proclaman, no la aparición de creencias, más bien la búsqueda de certitudes. Siguiendo Freud y a Lacan, se verifica que la certitud, es distinta que la creencia, es esencia de la increencia(…). En ese sentido el filme anuncia una recomposición de este genero de expresión al tomar la base en ninguna ideología sino la vida de la pulsión.