29 de diciembre de 2009

Avatar__



Avatar, con sus hermosos y vivos colores, paisajes extraños e interesantes, seres nuevos y llamativos, rompe récords de taquilla.
Más allá del uso que ciertamente puede hacerse del film, en el sentido de entender cuestiones sobre organizaciones humanas que respetan leyes y condiciones del Otro para vidas en comunidad terrestre, y que nos han enseñado diferentes autores desde la mitología, la antropología, la sociología, incluso a partir de una lectura psicodinámica de Tótem y Tabú de Freud - para nombrar algunos ejemplos – vale la pena considerar una cuestión: ¿qué acontecerá con este Sujeto en el sentido de su particular modo de gozar cuando luego de pasar por el Otro toma este nuevo cuerpo azul, que es el de su avatar emparentado a él genéticamente ?
Dado que en cierto modo todo cuerpo es un avatar, y que la realidad no existe por sí misma, ¿es que el Sujeto puede elegir cualquiera? ¿Puede el ser humano cambiar mundos a su antojo, según un tal principio del placer, emulando cierta teoría de los sueños en el sentido del cumplimiento de un deseo?
Si bien se asemejaría al empuje contemporáneo en tanto producto de ofertas en ventas puerta a puerta, el Sujeto que protagoniza el caso en la película sabrá precisamente que toda ficción intercambiable infinitamente es imposible.
Aún en el mundo de los Na´vi (Pandora) está demostrado que el semblante implica un elemento de real que pone un punto de basta, un límite a redefiniciones infinitas del ser. Así, sería posible escoger en términos por ejemplo de destino, pero no todo.
Lo interesante de Avatar, también, es que sobre la base de “más de lo mismo” provoca a audiencias que, uno por uno, permiten en un marine inválido ubicar justamente que más allá de la restitución y garantía en derechos, de provocar “alivio inmediato” y terapias ante los males, la orientación del síntoma en su versión analítica concentra un producto irresoluble, aquel del persistente retorno de la pulsión.
Por esto la historia no está terminada, es resultado de una operación Vital.
La última escena no es más que apertura: ese ojo abierto sirve como señal de que el Sujeto ha sido inyectado.
Hace falta, en ese escenario, lo que de producción sintomática ese sujeto realice con un goce resistente a toda elaboración discursiva. En otras palabras, su Buena manera de
hacer ante sus condiciones de angustia. Es lo que permite pensar soluciones a largo plazo.

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Astrid Alvarez de la Roche

Nel Bogotá

http://psicocity-bogota.blogspot.com/

Dic 28 de 2009


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