11 de diciembre de 2009

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Judith Miller en
El Argentino.com

VEINTITRÉS • JUEVES 10 DE DICIEMBRE DE 2009

EL PSICOANÁLISIS HOY, SEGÚN JUDITH MILLER
En el nombre del padre

La hija de Jacques Lacan habla de las modas y los modos de diagnosticar, de la tendencia a medicar a los niños y de los límites entre lo público y lo privado.
Y de sus diferencias con Anna Freud.

Por Diego Rojas
¿Quién podría sospechar que la delgada mujer que sostiene un libro entre sus brazos, y se niega a soltarlo mientras se le toman fotos que ilustran esta entrevista, es Judith Miller, la hija de Jacques Lacan? La presidenta de la Fundación del Campo Freudiano se aferra al librito, una compilación de textos lacanianos escritos en portugués. “Sólo una foto sin él”, ruega el fotógrafo, pero ella se niega. “Es mi tesoro”, asegura, y toda la sesión transcurre mientras Miller abraza el dichoso libro. Se sabe, las neurosis no reconocen fronteras, ¿por qué la hija del hombre que repensó a Freud y la esposa de Jacques Alain Miller, su discípulo dilecto, sería inmune a ellas? Miller estuvo en Buenos Aires para participar del XVI Encuentro Internacional del Campo Freudiano y el Encuentro Americano de Psicoanálisis Aplicado de Orientación Lacaniana. Durante un descanso compartió la siguiente conversación con Veintitrés.


Ciertos diagnósticos psicológicos parecen alcanzar la categoría de modas. Los ataques de pánico, la bipolaridad. Incluso, en la Argentina ciertas revistas señalaron que la gestión de Cristina Fernández estaba marcada por su supuesta bipolaridad.
Hay una diferencia entre “moda” y “modo”. Diagnosticar los actos de gobierno al diagnosticar a la señora Kirchner como bipolar es una nueva manera de hacerlo. Es una cierta manera de no tener respeto a su persona. Esa falta de respeto socava una diferencia que me parece fundamental entre lo privado y lo público. Está de moda hablar de lo privado como si la intimidad estuviera expuesta ante los ojos de los demás. Y los responsables de la política y de los gobiernos suelen ser objetos de estos diagnósticos. Es una devaluación de la singularidad y la subvaloración de esta persona singular, que lo es aunque sea un jefe de Estado. La clasificación es una manera de decir que una persona es similar a muchas otras. El psicoanálisis hace lo contrario a la moda.
¿Por qué?


Porque comprende la división de lo privado y lo público: no se podría hacer asociación libre de manera efectiva sin el resguardo del secreto. Buscar la singularidad, aquello que hace que cada uno no se parezca a nadie, es el fin del análisis. Esta singularidad absoluta es accesible. Por eso el psicoanálisis no acepta ni el “modo” ni la “moda” actuales: son parte de lo que llamamos el malestar de la cultura. El psicoanálisis rechaza estos planteos y dice por qué es peligroso mezclar la identidad de cada uno con la identidad de otros. Los derechos humanos son universales y cada humano tiene los mismos derechos que los otros, pero eso también se traduce en que cada uno tiene las mismas debilidades que los otros, y eso no es verdad. Cada uno tiene sus propias debilidades, sus problemas, sus síntomas. Promover una norma es erróneo, porque sabemos que las normas son también una forma de la “moda”. No hay normas universales. Lacan dice que el discurso del psicoanálisis va en sentido opuesto al discurso de la moda.
Ir a contracorriente, ¿no tiene consecuencias para el psicoanálisis?


Este posicionamiento produce que el psicoanálisis, para existir, deba combatir ataques muy agresivos del tipo político, epistémico y administrativo, por ejemplo, en Francia. Hemos ganado la primera batalla, pero la lucha continua. El reverso no el mismo que el anverso de la tela y el psicoanálisis señala esa característica. El modelo universal responde a las leyes del mercado. Los laboratorios están produciendo remedios y hay que buscar las enfermedades para vender estos remedios, se inventan categorías nuevas de clasificación con fines de mercado. Estos manejos no pueden asegurar la salud mental de la sociedad. De allí la incomodidad del psicoanálisis.
En Estados Unidos el 10 por ciento de los niños toma Ritalin.


Es triste. Los niños son alimentados con Ritalin para que tengan paz escolar y familiar, para ponerlos enfrente de la pantalla del televisor, bien tirados. Esto produce efectos que todavía no conocemos bien. Cuando estos niños sean adultos habrán atravesado una drogadicción. Pero no es tan fácil “normalizar” a un ser hablante. Freud dijo que cuando se expulsa al síntoma por la puerta, vuelve por la ventana. Si con Ritalin el niño duerme a las ocho de la noche en lugar de las dos de la mañana, cuando despierte seguirá teniendo los mismos problemas.
Hoy existen niños criados en familias distintas de las que Lacan describió. Si Lacan le otorga a la figura del padre una importancia vital, ¿en una familia formada por dos madres, por ejemplo, el desarrollo psíquico sigue siendo el mismo?


No es una dificultad para el psicoanálisis porque desde sus primeros escritos sobre el tema Lacan explicó que cada familia es un hecho de cultura y que no tiene nada que ver con una naturaleza constituyente de la familia. El nombre del Padre precisamente no está dado por el padre biológico, sino que es una figura que funciona en cada caso de manera diferente. El nombre del Padre es un semblante. Me parece difícil de entender que alguien pueda decir que hay un lazo natural entre la madre y el niño o entre el padre y el niño. No tiene sentido.
Zizek y Laclau reconocen los aportes de Lacan a la hora de repensar el marxismo. Incluso Badiou dice que Lacan es al marxismo lo que Hegel era a los revolucionarios de 1850.


No he leído a Laclau, pero mis colegas me hablaron sobre su obra. Lacan siempre ofreció aportes al marxismo, desde las intervenciones de Althusser y sus seguidores. Lacan leyó a Marx y esa lectura le permitió dar cuenta del plus de goce. Siempre hubo un ida y vuelta entre la teoría marxista y la teoría psicoanalítica. Lacan tiene referencias tempranas donde el peso de la historia y las organizaciones sociales son sin duda tomadas en cuenta. El amo antiguo no es el amo moderno y el amo moderno tiene diversas caras. Esas caras son históricas. Nuestra tarea hoy, y la de los marxistas también, es dar cuenta de la diferencia entre el discurso del amo capitalista que desarrolla la producción industrial y el capitalismo actual, que produce dinero a partir de dinero, un capitalismo financiero. Es diferente y hay que ver las consecuencias de esas diferencias.


Zizek conjuga a Lacan con el cambio social cuando señala que el deseo, que no tiene lugar en la realidad, puede tener una traducción política cuando se piensa en San Pablo y el fin de la resurrección, que no tiene posibilidad real empírica, pero que se transforma en un impulso a la acción.
No sé si el deseo impulsa a nadie a nada. Abrir un seminario de Lacan es como abrir un libro de Freud y el deseo del lector está implicado en su lectura. Pienso que un analista lacaniano impulsa a desear. Es verdad que para alcanzar el deseo también hay que actuar. Pero el psicoanálisis no es una ideología. La responsabilidad del propio deseo de cada persona es lo que el psicoanálisis permite, que se sea responsable de los propios sueños.
Buenos Aires, además de ser una ciudad psicoanalizada, es un centro de producción lacaniano. En la UBA , la Facultad de Psicología cuenta con una mayoría de programas que dan cuenta de esta orientación. ¿Cómo se ve desde Francia este fenómeno?


Los psicoanalistas franceses lacanianos saben que hay una escuela de esa orientación en la Argentina. Trabajamos con los colegas argentinos. Hay una interlocución entre los psicoanalistas lacanianos y sus escuelas, entre los psicoanalistas franceses y los argentinos. Hay un refrán en francés que se refiere a las caricias que se dan a contrapelo a los gatos. No voy a acariciar a los colegas argentinos de ese modo (“No va a dorarnos la píldora”, señala una lacaniana argentina presente en la entrevista). Los amigos argentinos saben que el psicoanálisis en este país es mucho más accesible que en Francia y que ellos lo desarrollan muy bien.
Anna Freud se consideraba una continuadora de la obra de su padre. Usted contribuye al desarrollo del pensamiento de su padre. ¿Pensó alguna vez en este paralelismo?
Cuando he pensado en este tema, que ha regresado algunas veces en mi vida, pude llegar a la conclusión de que fueron dos experiencias muy distintas. La obra de Anna Freud es una de las primeras experiencias de la traición que conocí en mi vida. Traicionó la obra de su padre. Por eso esa comparación no es tan deseable.


Usted es la presidenta del Campo Freudiano. Es la hija de Lacan y la esposa del discípulo más relevante, Jacques Alain Miller. ¿Cómo conjuga su vida personal con lo que su padre y esposo y su propia labor significan en el ámbito cultural e intelectual?
Comenzamos esta entrevista señalando los límites entre lo público y lo privado y no creo que sea correcto saltar esas barreras.

http://www.elargentino.com:80//nota-68235-En-el-nombre-del-Padre.html





FIN

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