19 de junio de 2008

Breves notas t(e)óricas


Por Guy Briole

El cartel y el Mas-uno
Fue en 1980, en D’Écolage, cuando Lacan dio su última formalización de la estructura del cártel: «Cuatro que se eligen para llevar a cabo un trabajo que debe dar su producto. Más precisamente: producto propio de cada uno, y no colectivo. La conjunción de los cuatro se hace alrededor de un Mas-uno que, si bien puede ser cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la tarea y el provocar su elaboración.»[1]
Así, en el origen del cártel, una formalización que dará lugar a su existencia y que va a permitir que se realice una elaboración de trabajo. Implicarse en un cártel, es una decisión que supone alojar su trabajo en una estructura definida y en relación a la Escuela. El cártel no carece de referencia. Para existir como tal, se inscribe en la Escuela.
Su constitución encuentra el punto de partida en el exterior, en la «llamada al trabajo» que suscita la Escuela y que funciona, según la expresión de Jacques-Alain Miller, como « agente provocador»
[2], es decir como estimulador del trabajo.
Lacan pone a cargo del Mas-uno el «provocar la elaboración» en el cártel. Este punto ha sido particularmente desarrollado por J.-A. Miller bajo el epígrafe de «la elaboración provocada».
[3]
A partir de la estructura de los cuatro discursos, formula la siguiente proposición:

agente ——> otro provocación ——> elaboración
——— ———— ———> ————— —————
verdad producción evocación producción

El Mas-uno está en el lugar del agente, esta es su misión. Ocupa, arriba a la izquierda, esta función de agente provocador, por el mismo hecho de haber sido convocado por la demanda de los otros cuatro. Por otra parte, esto es lo que define su funcionamiento en el cártel: ser un “provocador-provocado”. Lo subraya J-A. Miller acerca del discurso analítico: desplaza al sujeto histérico de sujeto provocador a provocador-provocado. Así, es la estructura del discurso histérico la que responde mejor a la experiencia del cártel.
El Mas-uno en un cartel no es ni el amo, ni el analista, es a la vez agente provocador de la elaboración a partir de la cual hay aprendizaje y el que se pone a trabajar en sus propias preguntas.
En este sentido, si inicia esta función de provocación, no le es exclusiva. Puesta en circulación es un elemento libre en referencia a la estructura del cartel. Cualquiera puede despertarla o estimularla.
Sin embargo, si cierto efecto agalmático puede ser atribuido al Mas-uno, no es el lugar que debe sostener. Él está también por el trabajo, como Mas-uno ciertamente, pero también como cualquier otro miembro del cártel, sobre sus propias cuestiones. Y, retomando la estructura del discurso histérico, a no está colocado bajo la barra sino desplazado a un punto desde el que pone al Mas-uno a trabajar.

a ——> $ ——> S1

S2

«El Mas-uno no se agotará en ser el Mas-uno. Él no es la causa del cartel. Debe tomar sobre si la división subjetiva de tal modo que elucide el termino Mas-uno por el de menos-uno. El Mas-uno no está en el cartel más que para descompletarlo»
[4]
El Mas-uno no encarna el agalma y, para que no sea la referencia del cártel, es preciso que él mismo se refiera a Freud, a Lacan o a otros. En el cártel cada uno participa en tanto que sí mismo, con su estilo, con su manera de ponerse a trabajar que hace que sean sus propios rasgos los que se manifiesten. El cártel es ante todo la diversidad, tanto del avance del trabajo de cada uno como del modo propio de transmisión.


[1] Lacan J., D’Écolage, Paris, Seuil, Ornicar ?, 1980, 20-21, p. 14-16.
[2] Miller J.-A., Cinq variations sur le thème de l’“Élaboration provoquée”, La lettre Mensuelle, Bulletin de l’ECF, juillet 1987, 61, p. 5-11.
[3] Idem
[4] Idem