21 de junio de 2008

LE MONDE DES LIVRES Entrevista con Jacques-Alain Miller

Entrevista con Jacques-Alain Miller, psicoanalista
Erasmo : una revolución cultural sin violencia
LE MONDE DES LIVRES
19.06.08 12h04 • Editada el 19.06.08 12h04

¿Cual es el lugar de Erasmo y de su obra en su itinerario intelectual?
Pertenece a mi jardín secreto. Constante dilección. Podría decir como el poeta Wallace Stevens : « Lo que me gusta de Erasmo, es un cierto chic ». Desde mi clase de cuarto, que me enseñó su nombre y su gloria, continuó mi curiosidad por ese prodigioso hombre múltiple, erudito errante que en toda Europa estaba como en su casa, con su pequeño material portátil de lectura y de escritura. Su principado mediático en la república de las letras duró un cuarto de siglo. Su obra es el “epítome”, el compendio de la cultura de Occidente, el gran reservorio donde todo confluye y de donde todo procede.Nacido en 1469, en Rotterdam sin duda, de los amores de una criada y de un cura, y fallecido en 1536 en Bâle, Erasmo fue uno de los principales representantes del humanismo del Renacimiento y de su “República de las letras”. Animada de independencia, su inteligencia no estaba hecha para la enseñanza rígida que recibió en sus primeros años, especialmente cerca de los dignatarios agustinos de Steyn donde a los 19 años pronunció sus votos, pero donde descubrió también con fascinación a los grandes autores paganos.
Este « Príncipe de los humanistas » residió largo tiempo en Italia y en Inglaterra, donde trabó amistad con el autor de la Utopía, Thomas More (1478-1535), en su casa redactó su célebre Elogio de la locura. En el centro de sus preocupaciones se encontraba un esfuerzo por revivificar las tradiciones cristianas en nombre del recurso directo al Evangelio, cuya teoría encontramos en su Manual del soldado cristiano de 1504 (lo que le valió el reproche de haber “incubado el huevo” de la Reforma), un vasto proyecto de renovación de la enseñanza, así como una esperanza nunca desmentida en la concordia universal (que ilustra bien su Lamento de la paz perseguida de 1517).
Epistolario infatigable (miles de cartas y más de seiscientas correspondencias entre las cuales se encuentran los más grandes nombres de su siglo), Erasmo quedará como la “placa giratoria” del humanismo, pero debió ver sin embargo, en sus últimos años, las luchas de la Reforma hacer vibrar el vidrio de sus sueño de paz, fundado en la asociación de las bellas letras y del mensaje cristiano.

¡Cuantas astucias de prestidigitador! Gira a cuenta de la Europa del Norte la herencia del Renacimiento italiano, desvalija las bibliotecas de la antigüedad, transfunde la sabiduría de los paganos en la cristiandad, hace copular la piedad con las letras clásicas, mezcla alegremente lo sagrado y lo profano, destrona la lógica escolástica para instalar en su lugar la elocuencia, finalmente enseña a las elites un lifestyle inédito, desde el comportamiento en la mesa hasta todas las formas del bien decir, pues ese gran maestro del significante, maravilloso retórico, editor, traductor, juglar de las palabras, es también el príncipe de los semblantes y el árbitro de las elegancias. En resumen, hace nacer de la filología, el Hombre del « humanismo » (el término es del siglo XIX), perfecto hombre del mundo, letrado pero amateur, tan oportunista como universal.

Esta revolución cultural sin violencia se extendió por Europa como un perfume. Cuando vino su momento violento, el estrépito de la Reforma, Erasmo no estuvo allí. Es él quien « había incubado el huevo que Lutero hace abrir », según las palabras del historiador británico Frances Yates, pero no era de aquellos que vociferan: “La verdad o la muerte”: prefería la vida, aunque fuera amputada de la verdad, pues él no ponía nada por encima de la paz (a la que hace hablar en su Lamento de la paz).Es aquí donde Erasmo tiene su lugar con Lutero en mi teatro mental, el diálogo íntimo de un psicoanalista que fue « maoísta » en su juventud: ¿cual es el buen uso de la verdad? ¿Llevarla hasta sus últimas consecuencias ? ¿O moderarla, amortiguarla, apaciguarla? Para el filólogo, la verdad no podía ser más que un efecto de significante, un puro semblante. Es sin duda lo que llamamos sabiduría. ¿Podría ocurrir que el mundo fuera sin real ?¿Cual es el texto de Erasmo que más lo marcó, lo nutrió y por qué?
Nutrió ? Pero cómo ! La obra de Erasmo es un inmenso guarda comer. Más de 4000 adagios, por ejemplo, que son también “gemmulae”, pequeñas piedras preciosas, extraídas de los autores greco latinos. El compendio, que fue best seller en mi tiempo, esta concebido no para ser devorado, sino para que se picotee allí. Cada sentencia brillante, o proverbio llano, da materia para un ensayo que cosquillea el espíritu, y más liviano que Montagne pegoteado a su yo. ”Aquí, todo es sustancia, todo es una perla”, como dice Lacan de Freud. De este libro de los Adagios, creeríamos que como el Aleph de Borges, es el espejo infinito del mundo. Proveyó con lugares comunes a todos los letrados de los tiempos modernos. Están los Coloquios, sainetes encantadores donde el concepto se hace carne, pero también manual de teología familiar. Está la Correspondencia, donde conservó las cartas inflamadas que dirigió de adolescente a un monje de su edad. ¿Era homo? Todo indica en todo caso que no era neurótico, y que nunca estuvo estorbado por el objeto femenino. Es en boca de una mujer que el ubica su Elogio de la locura.
Como todo el mundo, entré por allí en Erasmo. Y es por allí que permanece en el público, como Voltaire con Cándido. Primeramente lo leí como leía El sobrino de Rameau. Pero Diderot distribuye la enunciación en dos machos, el loco y el sabio, mientras que Erasmo instala locura y sabiduría en un torniquete único donde ellas intercambian incesantemente sus lugares hasta anudarse la una a la otra. El Elogio tiene evidentemente la estructura de la banda de Moebius (banda torcida con un solo borde), y no podemos orientarla: el revés y el derecho son solo uno. La locura no tiene contrario.
Hacer tesis de la universalidad de la locura no podía abrir más que a la paradoja. La escolástica se rompía la cabeza con los sofismas. Erasmo demostró en acto que al “Yo miento” recusado por la lógica, la elocuencia lo vuelve perfectamente sostenible. Es así que el Elogio de la locura es portado por el verbo de un triunfal, un inexpugnable “decir tonterías a más no poder”.
Esto es lo que del Logos revela la verdad: el lenguaje fue dado al hombre para decir tonterías. Y si Dios es lenguaje, y bien, vayamos hasta allí: Dios está loco. Stultitia Dei. El término está en san Pablo, es retomado en el Elogio, confirmado por Erasmo en sus Anotaciones sobre el Nuevo Testamento. No hay garante del lenguaje. Y es por esto que es necesario que al final de Elogio todo se borre.

¿Por qué esta declamación, pequeño ejercicio que tiene un modelo antiguo, hizo primero sensación y permanece como la más preciosa de las gemas de Erasmo? Es porque es mucho más que una sátira del mundo como va: pasa los límites del discurso universal, introduce un modo de decir inaudito. ¿Ver allí una anticipación sensacional de la asociación libre es acaso excesivo? Sin embargo, estar en análisis, que otra cosa es sino tener licencia para decir tonterías? Se agrega a ello solamente “un auditor que tiene memoria”. ¿Es un azar si Lacan parodia el Stultitia loquetur en su prosopopeya famosa “Yo, la verdad hablo”? ¿Y si leemos en su último escrito: “Todo el mundo está loco, es decir delirante”?
¿Según usted, donde encuentra hoy esta autor su actualidad más intensa?
¿Usted quiere reírse? Erasmo está en todas partes en nuestra cultura, pero con una muy baja intensidad. Yo diría también que no está en ninguna parte, pues no tenía idea de lo que iba a ser el discurso de la ciencia. El hombre del humanismo es otro, el nombre de Erasmo sirve de oculta miserias a nuestras elites europeas: le hacen decir en general nimiedades. No, la actualidad intensa de Erasmo, hay que buscarla entre los suyos, en el pueblo de los eruditos, ¿A título de qué está en la serie de vuestros filósofos? El Elogio de la locura, es la “filosofía del Cristo” Pero más bien se la leyó siempre como la antifilosofía. ¿Era subversiva? Vamos! Ese discurso fue hecho para vacunar: es carnaval, abrimos las compuertas, después todo vuelve a su orden. Solamente que como estamos todos mucho más locos que antes, como es carnaval todos los días, esto ya no produce ni frío ni calor.

Entrevista realizada por Jean Birnbaum

Artículo aparecido en la edición del20.06.08.
Le Monde


Traducción : Silvia Baudini