4 de junio de 2008

La Orientación Lacaniana - JAM Curso 26 de marzo de 2008


La orientación Lacaniana

La intuición de JAM del psicoanálisis líquido, que introduce una desestructuración del psicoanálisis, es una perspectiva, una mirada que sobre el psicoanálisis de hoy. Subraya que el TDE de Lacan “inaugura ─aunque no lo desarrolla─ un derrumbamiento de la interpretación lacaniana del psicoanálisis”. El antecedente se apoyaba sobre la noción de mecanismo, mientras que la perspectiva nodal del psicoanálisis barre el mecanismo e introduce el psicoanálisis como una experiencia, no de verdad, sino de satisfacción.
Leemos una aproximación inédita de los textos de Lacan, la Instancia de la letra y la Proposición de 1967, considerados por JAM como los pilares de la interpretación lacaniana del psicoanálisis que culmina en la noción de un algoritmo del psicoanálisis. El derrumbamiento operado por Lacan en el TDE permite a JAM mostrar que del “nudo no se sale”. En la época del psicoanálisis líquido, el fin del análisis depende de una decisión del analizante que consistirá en asumir “ese fin como causa figurada (…) donde no se trata tanto de decirla, sino de aludirla”. Leemos también una notable definición del pase a partir de la perspectiva nodal del psicoanálisis. (Por TLN).

* * *
Jacques Alain Miller
Curso del 26 de Marzo de 2008
Aguas abajo
De la defensa al desciframiento
Voy a continuar hoy a la deriva, como lo he hecho las dos últimas semanas, río abajo, aguas abajo. Porque es el estilo que se me impone, para mi sorpresa, a partir de la imagen que me vino del psicoanálisis líquido. En mi intención inicial, esta imagen, inspirada, no debía ocupar más que el pequeño comienzo de mi primer curso en este recomienzo. Esperaba que eso planteara el tono, que diera el la. Debo decir que fui animado por los ecos positivos que he podido recoger, para mi sorpresa, sin que me hubiera detenido. En consecuencia, es vuestra falta. Pero en fin, esos ecos me han indicado que no era el único en sentir la seducción de ese punto de partida y de la perspectiva que ese inicio es susceptible de introducir en el psicoanálisis.

Es algo muy delgado, es un ángulo, no es de entrada una elaboración, es una mirada sobre la práctica del psicoanálisis, sobre su historia y sobre las teorías que han podido ser dadas de esa práctica, que he llamado prácticas de las interpretaciones del psicoanálisis. Incluso si no se pueden describir ─pero en fin, no lo he ensayado, lo soslayo─, incluso si no se le describe, hay un hecho del psicoanálisis, en todo caso para nosotros, y ese hecho es susceptible de diversas interpretaciones. Incluso de Freud puede decirse que ha interpretado el psicoanálisis, que ciertamente lo ha descubierto, que lo ha inventado ─ lo ha inventado en el marco de una cierta interpretación, que él mismo ha modificado.

Se ha intentado dar cuenta de dos interpretaciones freudianas del psicoanálisis considerando, por ejemplo, que la primera estaba superada por la segunda, que la perspectiva emergente de la segunda tópica debía rebasar la primera. Es a lo que fueron naturalmente conducidos sus alumnos ─aquellos que lo seguían entonces y que hemos llamado, en fin, es el nombre que han recibido, los post-freudianos─, ellos han elegido la segunda tópica, han considerado que era la que daba la clave de la operación analítica, la combinación del yo, del ello y del superyó.

Y luego están aquellos que han, siguiendo a Lacan, privilegiado la primera tópica. Porque Lacan, su punto de partida, su retorno a Freud, como él lo llamó, fue el retorno, más acá de la segunda tópica, a la primera, es decir, a la época en que Freud ha descubierto el inconsciente descifrándolo. Es el desciframiento del inconsciente, es esa posibilidad que para él se abrió, que ha, a sus ojos, testimoniado del estatuto del inconsciente, estatuto del que se ha esmerado en conservar el carácter hipotético, y sin duda, privilegiando la primera tópica de Freud, Lacan se empeñó en dar cuenta, a partir de aquella, de la segunda.

Introduzco el término de interpretación del psicoanálisis porque he inspeccionado la cuestión de saber cómo se interpreta el psicoanálisis hoy y por qué las interpretaciones anteriores del psicoanálisis aparecen o al menos se me aparecen al lado de lo que nosotros tenemos que tratar ahora. Así sea sin saberlo, no se interpreta el psicoanálisis hoy según los cánones que prevalecían anteriormente. Así sea únicamente por ese rasgo, me parece, que el fin del análisis tal y como Lacan lo había esbozado, lo había estructurado, aparece mucho más huidizo. Me parece que Lacan lo ha registrado en el primer texto escrito que tenemos de él, que he comentado en otro tiempo, su “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, que he bautizado con una expresión que había pescado “L’Esp d’un laps”, [El espacio de un lapso, aproximadamente] y que termina el volumen que he compuesto de sus Otros escritos. Ese texto, que se presenta a sí mismo como escrito en la prisa, entra en el caso de la urgencia, es suficiente, cuando se le considera de cerca, para quebrantar la estructura del fin del análisis, y deja adivinar otra interpretación del psicoanálisis, que es aquel que repercute en su última enseñanza, el que se presenta, que ha sido expuesto, cargado de nudos.

La seducción que decía del punto de partida encontrado en la imagen del psicoanálisis líquido, esa seducción sin duda se soporta del hecho que introduce lo que yo llamaría una desestructuración del psicoanálisis. En la moda, se habla de vestidos desestructurados ─son aquellos vestidos que se vuelven flotantes. La desestructuración del psicoanálisis hacia algo que es del orden de cierta debilidad ─del mismo modo como se habla de filosofía débil─ es ciertamente lo opuesto de la interpretación lacaniana del psicoanálisis cuando vamos a presentarlo. Porque esta interpretación ha avanzado y se ha sostenido en la revisión de las estructuras esenciales, en una invitación a estructurar la experiencia, los fenómenos. Estructurar los fenómenos es ordenarlos, clasificarlos, articularlos, es decir, designar las unidades, que se componen, que se combinan y recombinan. De tal manera que las estructuras colocan fuera de ellas los fenómenos de superficie. Y Lacan permaneció durante largo tiempo, muy largo tiempo, fiel al nombre lingüístico de esas unidades, el nombre de significante.

La última enseñanza de Lacan, la que no fue tomada en cuenta, sino porque se apoyaba sobre la imagen de los nudos ─y entonces matemáticos e investigadores de espíritu matemático, se centraron sobre esas combinaciones─, esa última enseñanza inaugura ─él no lo desarrolla─ un derrumbamiento de la interpretación lacaniana del psicoanálisis. La muy última enseñanza de Lacan desestructura el psicoanálisis, profusamente. Se regula sobre el nudo, es decir, un objeto al cual puede asignársele una estructura, lo concedo, pero finalmente es una estructura que no es explicitada como tal por Lacan, que no está articulada en unidades significantes, y que no es rígida, es lo menos que puede decirse. Si es una estructura precisamente ligera, flota. Ese objeto se presenta bajo aspectos múltiples, bajo configuraciones en que nos cuesta reconocer lo mismo, y que responde a algo que yo calificaría de líquido.

Entonces, sea cual sea el partido que pueda tomarse sobre la relación entre el nudo y la estructura, sobre lo cual no me pronuncio inmediatamente, hay al menos una tesis que me parece segura, es que la perspectiva nodal, la interpretación nodal del psicoanálisis, pone en causa, e incluso barre, la noción de mecanismo.

La noción de mecanismo, de mecanismo del significante, es central en la interpretación lacaniana del psicoanálisis.

La noción de mecanismo comporta la noción de automatismo, y, se puede incluso decir, incluye, o es incluida, en la noción de algoritmo, de regla, de procedimiento, de matriz, que conduce, de manera invariable, a una conclusión, y, al menos, a un efecto.

Pero, en fin, si abrevio así esa noción de mecanismo es para indicar hasta que punto está distante de la manera en que se desarrolla, según toda apariencia, la experiencia analítica. Es verdaderamente a distancia de esa experiencia que puede rectificarse la noción de mecanismo, salvo, sin duda, en su comienzo. En el comienzo del análisis, en efecto, puede decirse que se llama a la delineación de un mecanismo. En todo caso, en el punto en que, en mi deriva lo concibo, concibo que el comienzo tiene, en efecto, una configuración típica. Pero la cuestión es saber si es legítimo extender la noción de mecanismo al final del análisis, y, ciertamente, al curso del análisis. Un automatismo está habitado por una necesidad: ¿es que el curso del análisis responde al concepto de necesidad? El síntoma sin duda. La repetición del síntoma se presta a ser articulada en términos de automatismo, pero la adecuación del mecanismo al síntoma no implica la adecuación del mecanismo al curso del análisis.

La noción de mecanismo, decía que era central en la interpretación lacaniana del psicoanálisis, y la última vez, mi deriva me ha hecho aparecer que ese término como se ha impuesto en el psicoanálisis, a partir de la interpretación annafreudiana del psicoanálisis.

Anna Freud, con su pequeño opúsculo sobre los mecanismos de defensa, ha, de todos modos, dado un resumen que tuvo consecuencias mayores sobre la historia del psicoanálisis. Esa no es necesariamente la obra más inspirada de los alumnos de Freud, lejos de allí, pero es de todos modos un escrito que se muestra endiabladamente eficaz y que ha llevado consigo una adhesión del conjunto de la comunidad analítica hasta que esa perspectiva fue perturbada, complicada, por la introducción de la contra-transferencia. Pero se mantuvo como un punto de orientación mayor de la interpretación del psicoanálisis.

Esa interpretación, su palabra clave es mecanismo, se mantuvo bajo las formas de los mecanismos de defensa del yo ─defensa contra las pulsiones, incluso contra los afectos.

A partir, como lo decía, de los años 20, distinguir los mecanismos de defensa, intervenir sobre los mecanismos de defensa, apareció a los analistas como previo, para un eventual desciframiento de las formaciones del inconsciente, considerando que la defensa contra las pulsiones hacía tapón en cierto modo al desciframiento del inconsciente ─término, el inconsciente, que es, en definitiva, desechado. Eso no quiere decir que no se hable absolutamente más de él, sino que, finalmente fue preciso Lacan para que la categoría del inconsciente reencontrara su brillo.

Esto es tanto más llamativo cuanto que la noción de mecanismo se reencuentra en el corazón de la interpretación lacaniana del psicoanálisis, entendiendo que se trata de los mecanismos, podríamos decir, de la formación del sentido.

La interpretación lacaniana del psicoanálisis tiene también un texto mayor, que se puede ubicar en relación al texto de Anna Freud sobre los mecanismos de defensa, es el escrito titulado: “La instancia de la letra en el inconsciente” que encuentra su lugar en los Escritos de Lacan.

Esos mecanismos son reducidos a dos. Y en efecto, se nos presenta dos modos de articulación diferentes de unidades significantes, el modo de la combinación: S…S’, y el modo de sustitución: S’/S. He ahí, en todo caso, lo que nos representa dos modos de articulación propiamente hablando. Y esos mecanismos comportan, en la presentación que da Lacan, dos efectos, expresados de manera inversa, dos efectos de sentido. Un efecto retenido: (-) s, que permanece secreto, que permanece incumplido, que corre, según su metáfora, bajo la cadena significante. E, indicado por el signo contrario, el signo mas, un efecto de emergencia: (+) s.

Lacan habla, en estos dos casos, de mecanismos significantes. No se puede dudar que el empleo de la palabra mecanismo en esta ocasión no sea para él perfectamente connotado por la referencia a Anna Freud. Voy a aportar luego el testimonio que está en los Escritos, pero, en fin, es suficiente que relea eso aún una vez, una vez más, una innumerable vez más, para que se me aparezca que eso no era simplemente una construcción de mi parte.

Nótenlo bien que, para Lacan, el sujeto es arrastrado en esos mecanismos, conectado con ellos.

La introducción del sujeto ─del sujeto lacaniano, del primer sujeto lacaniano─ en los mecanismos está justificado por la idea ─tan contraria al uso que se hace corrientemente hoy de la categoría del sujeto para indicar un grado de libertad, un inaccesible, un indomable, un indomable en particular de la cuantificación─, si Lacan introduce el sujeto de tal manera que sea conectado con los mecanismos, el sujeto con el cual tiene que ver la experiencia analítica, es lo que él tiene por íntegramente calculable. Y aún más tarde, evoca el cálculo del sujeto.

Su introducción de la categoría de sujeto, en todo caso, a partir del momento en que comienza su enseñanza propiamente hablando, tiene por referencia la disciplina que ha emergido al final de la Segunda Guerra Mundial, dicha disciplina es la teoría de los juegos. La teoría de los juegos, The Theory of Games de Von Neumann y Morgenstern, no he traído mi volumen para verificarlo, pero si bien lo recuerdo, es de 1944, y es el llamado Guilbaud, un matemático muy próximo a Lacan, citado por él; su nombre figura en los Escritos, y quien se hizo el propagandista [de esta teoría] en Francia, en particular a partir de la matemática de la economía. La disciplina de la teoría de los juegos nos presenta sujetos tomados por la cuestión de la mejor estrategia para sostener frente a otro, y estudia, calcula, en ese contexto, la mejor.

No permaneceré a la deriva donde estoy, pasaré un poco de tiempo sobre esta teoría de juegos, tal vez lo he hecho hace tiempo en este Curso, me contentaré aquí con hacer alusión. Aquello a lo que me limito es únicamente a mostrar que en efecto el sujeto, el primer sujeto lacaniano, es el sujeto de esta estrategia matemática. Es un sujeto que, evidentemente, no tiene ninguna subjetividad, palabra que Lacan no utiliza entonces sino entre comillas, es un sujeto sin profundidad, que es reductible a un factor del cálculo. Y si Lacan lo introduce es diciendo, véanlo en los Escritos en la página 516, lo cito: La noción de sujeto es indispensable al manejo de una ciencia como la estrategia en el sentido moderno ─entiéndase: la teoría de los juegos─, cuyos cálculos excluyen toda subjetividad─ entre comillas. Y de otra parte, incluso en su gran texto “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, Lacan hace figurar, modulándola, modalizándola, una referencia a la teoría de los juegos─ pero, en fin, allí él se da cuenta que su punto de partida era demasiado rígido precisamente.

La interpretación lacaniana del psicoanálisis, se podría decir que es calcada sobre la teoría de juegos. Reposa sobre el reconocimiento en el inconsciente de un cálculo que reposa sobre los mecanismos significantes, sobre el reconocimiento de que hay en el inconsciente, mecanismos significantes.

Se puede decir que las formaciones del inconsciente ─título de su quinto Seminario─ están en el lugar, aquí, de esa pequeña s (JAM subraya la s minúscula en el tablero), es decir, son engendradas por los mecanismos, determinadas por los mecanismos.

Es un hecho que él ha dicho formaciones del inconsciente, es decir, que aquello de lo que se trata ─los sueños, los lapsus, los actos fallidos, los chistes, el síntoma─, ha preferido designarlos de este lado (JAM muestra y separa con una barra el lado derecho del tablero, del lado de los efectos), lo ha designado por la s minúscula. Pero su Seminario las Formaciones del inconsciente podría también llamarse Los Mecanismos del inconsciente (JAM subraya el lado izquierdo del tablero, el lado de los mecanismos):

Va ha ser necesario que relea todo el Seminario de las Formaciones del inconsciente, que he establecido, pero sin pensar en este problema, el uso que sin duda hace Lacan del término de mecanismo ─es algo por verificar─ para aprehender por qué él ha, de todos modos preferido capturar eso a la derecha más que a la izquierda (JAM habla mirando el tablero, como para él mismo, dando la espalda a los asistentes). Evidentemente, designándolos como formaciones del inconsciente designa lo que había sido aislado por Freud, los mecanismos, es él, Lacan, quien los ha dado bajo esta forma.

Entonces tenemos, la metáfora (JAM marca la fórmula S’/S con un ganchillo), en su escrito de “La instancia de la letra”, él la califica, explícitamente, de mecanismo ─lo cito: mecanismo de doble gatillo─ que determina, con la s minúscula, el síntoma analítico. Da cuenta del síntoma a partir de la semántica; da cuenta del síntoma como lo que fija la significación inaccesible al sujeto conciente. El síntoma es definido como la fijación de una significación. Cuando el sujeto conciente, aún en esta fecha─ estamos ya bien avanzados en la construcción de la interpretación lacaniana─, el sujeto conciente será el lugar donde el síntoma puede resolverse. Es decir, que es el volverse conciente de una significación lo que aparece para Lacan como el medio de la resolución del síntoma.

Estamos íntegramente, lo vemos bien, en el registro del sentido, estamos aquí en el registro del desciframiento, completamente distantes de la noción de defensa contra la pulsión, defensa que él tratará, por ejemplo, de manipular para que ella deje pasar la pulsión. La problemática de Lacan permanece como aquella del devenir conciente de la significación. Y hay que decirlo, que diciendo eso podemos apoyarnos sobre una amplia biblioteca de referencias freudianas y que el devenir-conciente de la significación, en contra de todo, permanece como una dirección de la cura a la que los analistas, aún hoy, están ligados.

Decía hace un momento que Freud también ha interpretado el psicoanálisis ─era una manera de decir que evidentemente no es la última palabra. ¿Cómo ha interpretado él el psicoanálisis? Lo ha interpretado ─estamos obligados a referirnos a lo que hemos entendido, de lo que no puede exonerarse, no! No puede (JAM hace un gesto como si respondiera a alguien que estuviera a su lado)─, él ha interpretado el psicoanálisis como un método de curación, cuya originalidad es ciertamente la de proceder por el descubrimiento de verdades, por el descubrimiento de verdades que están en el corazón del síntoma ─verdades reprimidas, olvidadas, inaccesibles.

La interpretación lacaniana permanece presa en esos términos con una inversión de las proporciones, Lacan interpreta el psicoanálisis como una experiencia de verdad. Eso no hace desaparecer la orientación hacia la curación, hacia la resolución del síntoma, sino que la curación aparece como un efecto colateral de la experiencia de verdad ─la curación es un daño colateral (risas). Y en efecto, si se le ha reprochado a Lacan hacer de la curación un efecto colateral, por añadidura ─a pesar de que él a podido apoyarse sobre un enunciado de Freud para formularlo─, si se ha podido reprochársele es porque se ha sentido que él invertía las proporciones, y que su interpretación del psicoanálisis cambiaba el estatuto del psicoanálisis haciéndolo una experiencia de verdad. Mientras que la verdad para Freud, en el fondo, era un medio, para Lacan podía aparecer como un fin.

Lo que desconcierta en la muy última enseñanza de Lacan, es que pone en causa la interpretación del psicoanálisis como experiencia de verdad, y que parece introducir el psicoanálisis como experiencia de satisfacción.

La satisfacción no aparece más como un obstáculo del descubrimiento de la verdad. En particular la satisfacción del síntoma. Sino que es la satisfacción misma la que aparece como un fin. Y el síntoma lacaniano no es puesto en relación con una verdad reprimida e inaccesible que debe aparecer en la conciencia.

Es el valor que daré ahora a lo que figura en el comienzo de ese texto último de “L’Esp d’un laps” que he comentado hace dos o tres años.

El texto comienza con una recusación de la función de la atención: comienza por decir que es suficiente con poner atención a lo que está en el inconsciente para que salgamos del inconsciente. Ahora veo ─no envío al olvido lo que pude decir en la época─ con precaución, veo el distanciamiento de toda la problemática del devenir-conciente. Y aíslo esta máxima que formula Lacan diciendo: No hay verdad ─coma─ mas que a condición de pasar por la atención, no miente.

Este dicho de Lacan es verdaderamente, de la naturaleza de aquello que obstruye la vía, la tendencia que conduce siempre al analista a dejar en definitiva su lugar al devenir-conciente, devenir-conciente es poner atención a. y eso previene que poner-atención-a no nos da la cosa misma. Y entonces Lacan nos previene de cuidar el acento de la verdad en su lugar, es decir, el lugar en el cual, la verdad sorprende la atención, lugar donde fue como un lapsus, donde pasa que decir la verdad es siempre un acto fallido.

Evidentemente eso quiere decir que si eso me sorprende aquí, si se los transmito, es porque yo, yo que les hablo, eso me ubica exactamente. En fin, es lo que siento. Es que estoy después, estoy a mi deriva, me he deslizado hasta estar engrapado por Yo la verdad hablo.

Yo la verdad hablo, es lo contrario de una posición de infatuación ─contrariamente a lo que podría parecer porque se dice yo. Es un enunciado que no comienza por yo sino de modo irrisorio. Yo no hablo en tanto que la verdad, precisamente, porque no sé completamente lo que digo. No completamente, o del todo. Yo la verdad hablo, es lo contrario de la posición del sujeto que se hace supuesto saber. El sujeto que se anuncia como la verdad, anuncia precisamente que él se hace dócil a la sorpresa.

Claramente, es después de eso que estoy, que me dejé deslizar. Me he dejado deslizar hacia un modo de enunciación que comporta una cierta inatención. Precisamente para molestar todo lo que sé por atención. Bueno, releo, verifico de todos modos ─pero es adyacente al hilo en el que sigo. Y es por lo cual asumo, ser irresponsable de mi discurso. Es cierto que lo firmo no obstante. Dejo a mi amigo Luis Solano que lo distribuya por Internet al conjunto del Campo Freudiano. Pero me decía, estos cursos, no los publicaré. Mis cursos se publican en español. Es una malicia que tengo allí. En español, ya soy el autor de siete u ocho volúmenes considerables donde sostengo un discurso del que soy responsable. Allí, no es que piense estar inspirado (risas), pienso que hablo bajo la forma líquida, es decir, a semejanza del analizante. Lacan no se contentó con decir que el analista no podía ser irresponsable de lo que decía cuando enseñaba a psicoanalistas, ha dicho que enseñaba sin poner atención. De allí el valor que acuerdo a las reacciones con el otro, que evidentemente no viene jamás, sino del uno del otro, uno por uno.

Bien, volvamos a la noción de mecanismo.

Entonces, el mecanismo, la palabra no se me había escapado hace tiempo, pero toma ahora para mí su valor del hecho que lo comparo, lo pongo en perspectiva del nudo.

Volviendo a la noción de mecanismo, digo que es crucial, y pienso en las dos vertientes de Lacan, en su Discurso de Roma, distingue en el psicoanálisis ─y en definitiva permaneció, hasta su muy última enseñanza, fiel a esa bipartición.

En el psicoanálisis, hay, de un lado, el desciframiento del inconsciente. Es decir, lo que fue la primera práctica de Freud, aquella sobre la cual ha podido asentar el estatuto del inconsciente, volverlo creíble ─como se dice con un término de hoy. Volvió creíble el inconsciente por la forma en la que él lo descifró. Lo que está hoy al alcance de todo análisis cuando se esfuerza. Hoy, hay los analistas que piensan que no vale la pena descifrar los sueños, por ejemplo, porque cuentan que el estatuto del inconsciente está bien asentado en la cultura y que no vale la pena reestablecerlo, o entonces, no saben más, tal vez, no creo. En todo caso la práctica de Freud pasaba por allí.

Y luego, la segunda vertiente, la teoría de las pulsiones. Diciendo la teoría de las pulsiones, en los Escritos, página 261, Lacan quería ciertamente subrayar lo que ella tenía de elucubración. El desciframiento es una práctica, la pulsión es una elucubración ─de otra parte Freud la trata así, como un mito.

Entonces, la interpretación lacaniana del psicoanálisis siempre fue la de dar el paso del desciframiento del inconsciente al de la teoría de las pulsiones, y he podido mostrar en este Curso, al cabo de los años, cómo él repensaba la pulsión a partir del desciframiento del inconsciente.

En particular, he mostrado como su grafo a dos pisos recuperaba esa bipartición, que el piso inferior daba cuenta del desciframiento del inconsciente (JAM marca con dos trazos el piso inferior: //) y que el piso superior era aquel de la pulsión (JAM marca con un punto el piso superior: .), que era concebido sobre el modelo de los mecanismos del inconsciente, y que venía, de algún modo, si puedo decirlo así, a llenar, a anclar la satisfacción.

Esta bipartición se encuentra aún en el texto que he citado la última vez de “La Proposición del 9 de Octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” donde Lacan lleva a su Escuela la práctica del pase. Él articula el comienzo del análisis al nivel del desciframiento del inconsciente (JAM muestra el piso inferior:) y articula el fin del análisis al nivel de la pulsión (JAM muestra el piso superior:).

Entonces, el desciframiento del inconsciente, práctica freudiana, fue repensada por Lacan a partir de la lingüística estructural, y de golpe, el inconsciente apareció como un mecanismo de desciframiento.

Se puede decir que Lacan, permaneciendo fiel a la noción de mecanismo, ha desplazado los mecanismos de la defensa por los del desciframiento

La semana pasada, la he tratado como una construcción, pero he encontrado en los Escritos el pasaje que testimonia que había perfectamente la noción ─evidentemente la había leído más de una vez, incluso sino acudió a mi memoria y mi atención la semana pasada─, es un pasaje de “La instancia de la letra”, página 521, leo. Una exhaustividad de los mecanismos de defensa, tan sensible como la que nos hace un Fenichel ─Fenichel, es Otto Fenichel, tal vez el más grande de los post-freudianos en fin, poniendo aparte a Kart Abraham, Fenichel se desplazó a los Estados Unidos y es, en el fondo, el más grande de los Annafreudianos─ Una exhaustividad de los mecanismos de defensa, tan sensible como la que nos hace un Fenichel en sus problemas de técnica analítica porque él es un practicante, se manifiesta, sin que él de cuenta e incluso ni siquiera sin que él se de cuenta, como el reverso, ─ exhaustividad de los mecanismos de defensa como el reverso─ de los mecanismos del inconsciente serían el derecho. He ahí un pasaje que, con todas las letras y sin equívoco, hace la relación entre los mecanismos de defensa annafreudianos y los mecanismos del inconsciente, tales y como Lacan los articula a partir de la metáfora y la metonimia.

Tuve la curiosidad de ir, no al opúsculo de Fenichel sobre los problemas de técnica que no tenía a la mano, sino a su manual, que se llama The Psychoanalytic Theory of Neurosis, La Teoría psicoanalítica de las neurosis, que es una obra de 600 páginas aparecida en inglés en 1945, editado por Norton, editor americano de Lacan más tarde, y que es verdaderamente una Biblia ─no fue jamás traducido al francés, creo, a pesar de que es verdaderamente un trabajo impresionante, en efecto, por su visión completa y su organización intelectual. Fui al capítulo IX, “Los Mecanismos de defensa”, para ver de que se trata en esa exhaustividad de los mecanismos de defensa que evoca Lacan. Eso hace unas quince páginas del libro, que en mi juventud, antes incluso de iniciarme en la práctica del psicoanálisis, había levantado fichas de toda una parte del libro. Evidentemente, procede de la época, de un psicoanálisis hiper-estructurado, no es lo que ahora evoco del psicoanálisis líquido.

Entonces, Fenichel distingue los mecanismos de defensa que tienen éxito y aquellos que fracasan. Los mecanismos de defensa que tienen éxito, según él, son aquellos que obtienen la cesación de lo que está separado, y lo que es separado es, digamos, lo que en inglés se llama impulse o instinctual drive, es decir, lo que nosotros traducimos por pulsión. Y entonces, los mecanismos que tienen éxito son aquellos que obtienen, en el fondo, la satisfacción de la pulsión. Mientras que, en aquellos que fracasan, el proceso de defensa debe continuar ejerciéndose para impedir la emergencia de la realización de la pulsión separada.

Los mecanismos de defensa que tienen éxito, los pone todos bajo la misma rúbrica, que trata bastante rápido, de la sublimación. Y define la sublimación de una manera que no es chocante para aquellos que han leído la Ética del psicoanálisis: pone el acento como Lacan sobre el hecho que las pulsiones sublimadas se satisfacen en la sublimación misma. La sublimación no rechaza la pulsión, procura una vía artificial a la satisfacción de la pulsión. Es decir, consiste esencialmente en el investimiento libidinal de un sustituto de un fin natural de la pulsión, y él emplea en inglés la palabra aim por fin. No se puede dudar que esta referencia de Fenichel está presente en Lacan cuando en su Seminario XI opondrá, concerniente a la pulsión, aim/goal (JAM escribe en el tablero estas dos palabras separándolas por una barra oblicua: aim/goal), todo demuestra que Lacan ha meditado Fenichel. Entonces, para Fenichel, lo que distingue la sublimación de una defensa es que hay el investimiento de un sustituto y no de una contra-investidura que bloquee la pulsión. Entonces da una ley general: cuando la represión ha sido levantada la sublimación puede intervenir ─y es la manera que tiene Fenichel de hacer correlativo el desciframiento y la satisfacción.

Y dice una cosa muy precisa, dice que la sublimación, a diferencia de la defensa, no es una oposición a la pulsión, es la introducción de un ángulo ─emplea la palabra ángulo─, de un ángulo que dice, produce una resultante. Es decir, que es un ángulo de desvío, si puedo decirlo así, que permite a la pulsión realizarse. Ella no se ha detenido. Ciertamente, él añade ese rasgo, con el cual, allí Lacan evidentemente no estaría de acuerdo, que, por el hecho de estar desviada, una sublimación es desexualizada, es decir, que su satisfacción no tiene más la evidencia pulsional. Dejemos de lado ese punto.

Bueno, no voy a enumerarlo todo. Entre los mecanismos de defensa contra las pulsiones, él distingue ocho, luego retoma un poco los mismos, haciéndolos defensas contra los afectos, y distingue especialmente la defensa contra el sentimiento de culpabilidad.

¿Cómo Lacan lee esto? De una manera muy sutil. Lee eso como una retórica. Esto es lo que escribe. La perífrasis, el hipérbaton, la elipsis, la suspensión, la anticipación, la retracción, la denegación, la discreción, la ironía, esas son figuras de estilo, cuyos términos se imponen a la pluma como los más propios para etiquetar esos mecanismos. Luego entonces él los retoma, en el fondo, como mecanismos significantes los que son enumerados por Fenichel. ¿Podemos no tener más que una simple manera de decir, en cuanto que esas figuras mismas son en acto las de la retórica del discurso efectivamente pronunciado por el analizado? Y entonces, Lacan traduce, reconoce, en los mecanismos de defensa que fracasan enumerados por Fenichel, las figuras de la retórica, que se ordenan en esos dos grandes mecanismos del inconsciente que ha aislado a partir de la metáfora y la metonimia, es decir, de la elucidación hecha por Jackobson de esas dos figuras.

La estructura ha sido pensada por Lacan como un mecanismo. Su estructuralismo, es un mecanicismo.

Primero ha pensado la estructura como un mecanismo lingüístico, aquí según dos modalidades, y, por desplazamiento metonímico, pasó de la lingüística a la lógica.

Si se quiere abreviar la trayectoria de Lacan, se dirá que ha comenzado por concebir los mecanismos de defensa como mecanismos lingüísticos y que luego los ha trabajado en el sentido de mecanismos lógicos.

Y, en particular, cuando se aplica a lo que él mismo llamó la lógica del fantasma, y bien, él se apoya sobre un marco lógico, y relaciona el comienzo del análisis (JAM muestra el piso inferior del grafo) con el final del análisis (JAM muestra el piso superior del grafo) bajo el modo de la demostración.

Cuando se refiere a esto en su “Proposición”, sucede que el comienzo es pensado a partir del desciframiento del inconsciente, es decir, que plantea la condición de posibilidad del desciframiento por un mecanismo lingüístico.

Se puede decir que él dispone, en el comienzo del análisis, una configuración que es la instauración de la metáfora inicial del análisis. Una metáfora inicial que se traduce por la emergencia de una significación particular, que es la significación que se llama el sujeto supuesto saber (JAM retiñe y prolonga en el tablero la escritura: (+) s…). En el fondo, su doctrina del comienzo del análisis consiste en situar una metáfora que tiene como efecto la emergencia del sujeto supuesto saber, sobre el modelo que ha inscrito, y que es la condición de posibilidad de la interpretación y del desciframiento.

Y de la misma manera que en su grafo él estructura el piso superior sobre el modelo del piso inferior, en la “Proposición” estructura lo que ha llamado el pase como una metáfora final. Una metáfora final que verá la emergencia de una significación particular que llama el objeto a ─la emergencia y la caída del objeto a. Él estructura el final sobre el modelo del comienzo, y en el fondo, como una metáfora.

El objeto a, es tan vecino de un efecto de sentido, que Lacan, en un momento dado, en una lección que permanece aislada, se interroga sobre el objeto a como efecto del sentido real.

Se tendrá entonces, aquí, el sujeto supuesto saber como efecto de sentido, digamos imaginario, (JAM muestra (+)s), y, aquí, un efecto de sentido real (JAM muestra (+) a). Pero está estructurado de una manera exactamente simétrica.

La transferencia aparece como un efecto de desciframiento cuando el desciframiento no es aún sino virtual.

Entonces, ¿cómo es que se pasa de la emergencia del sujeto supuesto saber a aquella del objeto? ¿Cómo es que, al final del análisis, el sujeto supuesto saber está marcado por un des-ser, es decir, un menos que se inscribe arriba (JAM escribe: (-)a), para permitir la emergencia del objeto a?



Lacan, en su “Proposición”, dice: Es un viraje.

Es un viraje del ser inesencial del sujeto supuesto saber hacia lo real.

Su esfuerzo, el esfuerzo de su enseñanza en adelante, fue el de insertar ese viraje en una lógica ─y de otra parte: lógica del fantasma─, es decir, de obtener, en el nivel lógico una configuración del automatismo: si se comienza allí, se debe terminar allá.

De allí, la idea de un algoritmo del psicoanálisis.

Los lacanianos de alguna manera se han atrincherado detrás de la certidumbre de que había un algoritmo del psicoanálisis. Es por lo cual, aquí, veo converger el texto de “La instancia de la letra” que es del 1957 y el texto de la “Proposición” que es de 1967, diez años más tarde: he aquí los pilares de la interpretación lacaniana del psicoanálisis.

Y, al mismo tiempo que inserta el viraje en una lógica, su interpretación ha culminado en la inserción de lo real en una lógica.

Antes del viraje de su muy última enseñanza se puede decir que Lacan formulaba: No hay real más que por la lógica. No se aísla lo real sino por la imposibilidad, y la imposibilidad no puede ser determinada más que por la trama de una lógica. Y entonces, la palabra del paciente, incluso si parece líquida, esa palabra está habitada por un algoritmo invariable, que debe conducir a la emergencia del objeto a.

Esta convicción se puede decir es la que es puesta en cuestión en la muy última enseñanza de Lacan. La noción misma de algoritmo es destruida por la noción, puesta en primer plano, de que no se puede sino mentir sobre lo real, que hay una inadecuación del significante a lo real.

De una cierta manera, la enseñanza de Lacan, al interior mismo de su gran coherencia e incluso de la coherencia de su evolución, está habitada por una oscilación ─creo que se puede emplear la palabra─, una oscilación entre dos momentos.

Los momentos en los que esos dos niveles del significante y de la satisfacción son puestos en correlación por un mecanismo, por un automatismo, por una lógica, por un algoritmo (JAM liga los dos pisos del grafo con un enlace), de tal manera que, del uno al otro, la consecuencia es buena, que se vaya del comienzo al final como se va de las premisas a las consecuencias, por una forma de deducción necesaria ─incluso si se puede decir que ella tropieza con lo imposible, etc., es una deducción necesaria. Eso es uno de esos momentos.



Y el otro momento de la oscilación, es para subrayar lo contrario, que hay una fractura, un hiato, una inadecuación. En el fondo, ésta se encontraba ya cuando Lacan hablaba de la dirección de la cura: justamente cuando construía su grafo, subrayaba, al final, lo que en ese entonces llamaba La incompatibilidad del deseo con la palabra. Se puede decir que es el mismo hiato, desplazado, que se encuentra al final de su enseñanza cuando habla de la incompatibilidad del goce con el sentido.



Y entonces, hay una oscilación entre el momento de la deducción y el momento del hiato.

Un hiato que Lacan intenta incesantemente de superar por la deducción, por el algoritmo, por el mecanismo, y que ve reconstruirse, porque permanece, en efecto, más cerca del fenómeno de la experiencia.

Entonces, Lacan formula en su último texto, publicado: Del espejismo de la verdad solo la mentira es a esperar. Es de allí de donde concluyo la inadecuación del significante con lo real. Pero es importante ver el nombre que da a eso que es un espejismo de la verdad sólo la mentira es a esperar: Es lo que se llama la resistencia, dice, en términos corteses. Y entonces se ve aquí retornar el antiguo término de resistencia, con el cual él prepara el lugar, al nivel de la inadecuación. El análisis es entonces menos la espera de la emergencia de una verdad que la espera de una satisfacción que conviene.

Y, de una cierta manera, es después de la obtención de esa satisfacción que da lugar a la elaboración de una verdad.

Entonces, el resorte del pase. El pase es un concepto lógico, pero cuando el pase se vuelve para Lacan, si puedo decirlo, un concepto nodal y no más un concepto lógico, su resorte es la obtención de una satisfacción que puede verse incrementada por una construcción significante donde la correlación es hecha entre la obtención de satisfacción y el recorrido de la verdad.

Freud entonces ubicaba la construcción del lado del analista, y me parece que Lacan, al contrario, ubicaba la construcción del lado del analizante. Freud ubicaba la construcción del lado del analista porque el analista, él decía, no tenía nada vivido, nada reprimido, y que su tarea no podía ser la de despertar algo de la infancia. Y bien, me parece que el analizante que nos presenta Lacan ─es de este modo que él ha interpretado el analizante, y especialmente el analizante al final del análisis─ tiene que construir, y no hay final de análisis sino a condición de que el analizante construya.

Creo que es demostrable, o que es mostrable, que el nudo encarna eso: del nudo no se sale, no hay salida, no hay afuera, sólo hay configuraciones, más o menos satisfactorias, e, incluso se puede decir, imaginariamente.

Y bien, en la época del psicoanálisis líquido, el final del análisis depende de una decisión del analizante, es decir, depende de su capacidad de asumir ese fin como una causa figurada feinte cause ─no digo una santa causa ─, como una causa figurada, en la que se trata, no tanto de decirla o de no decirla, sino ─volveré sobre esta palabra─ de aludirla.

Hasta la próxima semana (Aplausos).

Traducción de Mario Elkin Ramírez



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