5 de junio de 2009

DISCONTINUIDAD ENTRE AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA
ESPACIO MADRILEÑO DE PSICOANÁLISIS CON NIÑOS

Nueva Red CeredaMartes, 9 de Junio 20,45 hs.

Respuestas sintomáticas de los jóvenes frente a la sexualidad."La agresividad no es la violencia"Interviene: Javier GarmendiaCoordina: Ana Lía Gana

DISCONTINUIDAD ENTRE AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA

La agresividad es constitutiva de la primera individuación del sujeto. Jacques Lacan aborda la noción de agresividad en sus Escritos, lo hace en una serie de tesis, que nos van mostrando la dimensión fundamentalmente imaginaria de esta noción.En la IV tesis leemos lo siguiente: La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característico de su mundo. Para comprender la naturaleza de la agresividad en el hombre y su relación con el formalismo de su yo y de sus objetos, Lacan nos sugiere acomodar nuestro pensamiento a una especie de encrucijada estructural. Esta encrucijada no es otra que la del estadio del espejo, en donde el individuo humano se fija en una imagen que lo enajena a sí mismo, aquí se origina la organización pasional a la que llamará su yo. Por lo tanto, esta forma a la que llamamos yo, se cristaliza entonces en una tensión conflictual interna al sujeto, que determina el despertar de su deseo por el objeto del deseo del otro: aquí el concurso primordial se precipita en competencia agresiva, y de ella nace la triada del prójimo, del yo y del objeto.Tenemos así una noción de agresividad correlativa de la estructura narcisista del sujeto constitutiva de la primera individuación, es decir una identificación primaria que estructura al sujeto como rivalizando consigo mismo, tensión imaginaria que se reacomodará en las vicisitudes del complejo de Edipo y por la función pacificante del ideal del yo. En esta misma tesis, Lacan, resalta esta función pacificante del ideal del yo y su conexión con la normatividad cultural, ligada desde los albores de la historia a la imago del padre. Trae de nuevo “Tótem y Tabú” de Freud y el alcance que sigue teniendo, en cuanto que hace derivar del acontecimiento mitológico, a saber el asesinato del padre, la dimensión subjetiva que le da su sentido, la culpabilidad.Aquí nos encontramos con un acto violento, violencia fundadora, pues la necesidad de participación, que neutraliza el conflicto inscrito después del asesinato en la situación de rivalidad entre hermanos, es el fundamento de la identificación con el Tótem paterno. Precisamente esta identificación edípica es aquella por la cual el sujeto podrá trascender su agresividad primordial.Destacamos entonces una configuración imaginaria de la agresividad por un lado y una inscripción simbólica de la violencia por otro. Dicho de otro modo, la agresividad no da cuenta del acto violento, la agresividad primordial constitutiva del sujeto no podría fundamentar la barbarie. Comprender el fenómeno de la violencia nos llevará necesariamente a situarla en el interior mismo del lazo social, en su constitución. Orden social, que como señala Lacan en la Tesis V, da un lugar preeminente a la agresividad hasta el punto de confundirla habitualmente en la moral media con la virtud de la fuerza, y añade que esta promoción del yo en nuestra existencia conduce, conforme a la concepción utilitarista, a realizar cada vez más al hombre como individuo, es decir en un aislamiento del alma cada vez más emparentado con su abandono original; es a este ser a quien nuestra tarea cotidiana consiste en abrir de nuevo la vía de su sentido en una fraternidad discreta por cuyo rasero somos siempre demasiado desiguales.
Javier Garmendia

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