16 de junio de 2009

Observatorio PSI de la FEEP. Número 7/09.

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Nº 7/09

 

El trabajo en red y el psicoanalista, objeto nómada

José R. Ubieto

 

Hay una vieja discusión acerca de la presencia del psicoanálisis en las instituciones que se inicia con los postfreudianos y continúa en nuestra época. Por el camino hemos asistido a la creación de diversos dispositivos, antes y después de la II Guerra Mundial. Bajo el signo de la Higiene Mental, el Análisis Institucional, la atención residencial a niños psicóticos y en la actualidad con la creación de nuevos dispositivos como los Centros de psicoanálisis aplicado.

Hasta Lacan, este debate partía siempre de la teoría de la doble verdad, por un lado había unos criterios de actuación como psicoanalistas en el gabinete privado, el analista sedentario y al mismo tiempo se establecían otros criterios para ese mismo analista en su nomadismo institucional, a veces nombrado como tal y otras en diversas acepciones psi.

La clave es que la discusión se situaba siempre en términos de la técnica y el encuadre, eso determinaba la acción misma del analista y las condiciones de su práctica y de la analizabilidad o no de los sujetos atendidos. Fue Lacan quien subvirtió este orden planteando que la pregunta verdadera no atañía a las cuestiones técnicas, sino a la misma ética del analista, a su posición y a su discurso, ligados al deseo del analista, como concepto clave.

Miller(1) recuerda, en ?Hacia Pipol 4?, como los efectos analíticos dependen del discurso y del acto analítico, no tanto de las condiciones asistenciales. La suma de acto, discurso y pase permiten pensar al analista también en su versión de objeto nómada y al psicoanálisis como instalación móvil.

Ese lugar posible para el psicoanálisis en la institución es, nos recuerda Miller, un lugar de respuesta, a partir de la localización de una pregunta del sujeto, y supone la transferencia como resorte.

Jacques Lacan, en su conferencia de Junio de 1967, en Milán, y titulada ?Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad? (que hace serie con otras dos conferencias italianas del mismo año, Roma y Nápoles dedicadas al inconsciente) afirma, de entrada, que el psicoanálisis es la realidad (2).

Y la realidad a la que Lacan hace referencia es aquí la realidad del inconsciente, materia significante, una realidad que no admite el metalenguaje ya que esta realidad del inconsciente ?realidad psíquica- no es una interpretación de la realidad sino que forma parte de ella.

Conectar con el inconsciente tiene así una función de restitución de esa realidad social, puesto que como destaca también Miller, en su texto, la realidad psíquica es la realidad social. La posición y el acto analítico tienen una sociabilidad estructural y el objetivo de ese acto no es otro que el de reconocer y elucidar la diversidad humana de los modos de goce.

 

De la práctica entre varios al trabajo en red

En su versión objeto nómada, las modalidades son pues variadas. Una de las más interesantes ha sido sin duda la iniciada por Di Ciacia, Stevens, V. Baio y otros colegas, a propósito de la atención a niños psicóticos. Bautizada, por Miller, como práctica entre varios, supuso un cambio de rumbo significativo respecto a otras iniciativas (Dolto, Mannoni) de discípulos de Lacan, también centradas en la misma población, pero con otra orientación.

Quisiera referirme aquí a una modalidad de trabajo, conocida como Trabajo en red, que si bien no se equipara a la práctica entre varios, si que toma de ella ?en la orientación que podemos definir como de centralidad del caso o conversación- muchas aportaciones y enseñanzas que permiten la intervención del analista y sus efectos.

El Trabajo en Red es una variación, orientada por esta práctica entre varios, que permite, a partir de un método basado en la conversación, producir la construcción del caso según una disciplina propia.

Esta idea se basa en una hipótesis, desarrollada por Alexandre Stevens en un breve texto titulado ?Tres lugares del saber en la institución?(3) donde plantea la teoría analítica como un saber sobre la estructura ? a diferenciar de la operatividad propia de la cura analítica- que sin embargo permite interrogar y construir la clínica. Proceso que resulta, en muchos casos, como un preliminar necesario para hacer emerger una demanda que encuentre un destinatario en el analista.

Algunos de estos elementos comunes, entre la práctica entre varios y el trabajo en red, serían los siguientes:

ü  una concepción del saber como el resultado de una elaboración colectiva y no como el resultado de un saber previo, propiedad del profesional, como experto

ü  el lugar central que toma el caso en toda conversación y de manera especial aquello del caso que es lo más real y por tanto produce un vacío de saber en el grupo.

ü  la necesidad de una disciplina que asegure la producción de ese saber bajo la modalidad de la construcción del caso

ü  el trabajo en equipo como una modalidad que requiere, como previo, la enunciación particular de cada uno, que debe posicionarse con su estilo propio

ü  el rol clave que tiene la función del coordinador o responsable del equipo como garante de ese funcionamiento siempre en cuestión, descompletando los efectos imaginarios del grupo que tienden al desconocimiento de su endogamia

 

La red es un conjunto de agujeros cernidos por un hilo

A diferencia de lo que sucede en las prácticas de red, inspiradas en el modelo de la Reingeniería, aquí se parte del supuesto de un sujeto como responsable de sus actos y de sus elecciones, al que se le puede y debe pedir que responda de su demanda, sin reducirla ésta a sus condicionantes legales.

En la orientación de la reingeniería(4), cada vez más frecuente, la red aparece como un nombre del S1, significante amo, que bajo el pretexto de la modernización (innovación) y la mejora asistencial aspira, en realidad, a ?atrapar?(5) dentro de ella todo aquello que funciona disruptivamente (conductas, habilidades, competencias).

En el modelo de la conversación el eje central del modelo, por tanto, no son los profesionales y los servicios, sino el interrogante mismo del caso, lo que emerge como síntoma, eje a partir del cual se organiza el trabajo. La relación entre estos servicios, su vínculo privilegiado debe ser la conversación permanente alrededor de ese vacío de saber que constituye la causa última de la creación de la red.

Retomando una metáfora de la red que usa el escritor Josep Valls en su libro sobre Florencia(6) podríamos pensar la red como un conjunto de agujeros cernidos por un hilo, lo cual complejiza la idea clásica de red, entendida como la estructura que se sostiene en los nodos (o profesionales).

Aquí ese hilo fino que sostiene la red es el hilo del caso, la lógica que debe extraerse en el proceso mismo de construcción del caso. Es ese trabajo de elaboración colectiva alrededor de un vacío (de saber) lo que da consistencia a la red, y no el saber previo de los expertos que la forman.

La noción de saber que se deduce es la de un saber que ya no es propiedad exclusiva, sino el resultado de una elaboración colectiva, en la que el ?saber? del sujeto mismo es imprescindible.  Reintroducir aquí la dimensión de la transferencia permite esa operación que señala Millar, respecto a los lugares alfa, para transformar el malestar sintomático en una pregunta que posibilite respuestas.

Por lo que hace al método, no resulta útil aquí el enfoque multidisciplinar y se impone una versión de la interdisciplinariedad en la que cada saber quede interrogado por el agujero, la falta de saber, que descompleta a cada una y a la propia red que queda siempre coja de una explicación, a descubrir. Esta imposibilidad del saber Todo no debe pensarse en términos de impotencia, sino más bien como una imposibilidad lógica que pone de manifiesto que el corpus epistémico, lo que la red ?sabe? sobre su objeto de trabajo tendrá siempre el carácter de incompletud y por tanto será el resorte de la propia investigación permanente.

Los supuestos éticos que están implícitos en este modelo apuntan entonces a impulsar la participación necesaria de todos los agentes (sujetos, familias, profesionales, comunidad, responsables políticos)  en la delimitación misma de lo que se presenta como dificultad y en aquello que quieren hacer, bajo el prisma de una co-responsabilidad de todos ellos. 

 

La experiencia de Interxarxes (8)

La experiencia del proyecto Interxarxes, que tiene ya 9 años de existencia, nos permite interrogar esta posición del analista, como objeto nómada, y el uso posible del discurso analítico para la realización del trabajo preliminar en la constitución de una demanda analítica, que luego podrá ser abordada en el dispositivo asistencial correspondiente.

Este proyecto establece una modalidad de trabajo inter-servicios que supone la existencia de una conversación interdisciplinar permanente entre aquellos profesionales que intervienen en un mismo caso. Esta conversación se orienta siempre a partir del no saber, de aquello que se sitúa en el centro de la conversación como un vacío de saber y toma en cuenta las invenciones y ?soluciones? propias del sujeto como orientación. La función que en esa conversación realiza el analista es, en primer lugar, de descompletamiento de los efectos de grupo que implican siempre un rechazo al saber.

La puesta en cuestión de las categorías diagnósticas (TDAH, Depresión, Psicosis simbiótica, Retraso mental, Familia desestructurada...) permite abrir la perspectiva de análisis, en el horizonte de alcanzar una cierta representación compartida del caso ?que tenga efectos de construcción- y que suponga la consideración particularizada de cada miembro del grupo familiar.

Por otra parte, esta conversación tiene un carácter regular y no elimina, sino que potencia, la responsabilidad de cada profesional en lo que se refiere a su acto propio (clínico, educativo, social, legal). La Red no sustituye ni enmascara ese acto, le da soporte. La redistribución de las transferencias, entre los miembros de la red, es también un factor que posibilita, en muchos casos, la actuación del analista ?si conviene- y la de los otros profesionales.

En este modelo no se deriva al sujeto, se conversa acerca de los interrogantes que suscita, pero sí se redistribuyen las demandas a sus destinatarios. Los motivos que favorecen la participación e implicación, en el uno por uno, de los diferentes profesionales son variados: constatación de la ineficacia de un saber pret-a-porter que en su reduccionismo diagnóstico borra todo signo subjetivo. El hastío de los protocolos, generalizados hasta la saciedad, es otro factor favorable al trabajo en red ya que contribuye claramente a la ?destitución subjetiva? del profesional respecto de su acto.

Esta conversación, que tiene su lugar privilegiado en el uno por uno de los casos atendidos, se continúa también en otros espacios regulares como el Seminario de Análisis de Casos, abiertos al conjunto de profesionales que integran el proyecto, donde se exponen los casos trabajados, y con las aportaciones de un invitado externo se analizan y comentan.

 

Notas:

(1)   MILLER, J.A. (2008), ?Hacia Pipol 4? en Freudiana núm. 52, págs. 7-16, ELP-CdC, Barcelona

(2)   Jacques Lacan (1988), ?Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad? en Intervenciones y textos 2, Manantial, BBAA.

(3)   Alexandre Stevens (1989), ?Tres lugares del saber en la institución? en Niños en Psicoanálisis, Manantial, BBAA.

(4)   José R. Ubieto (2009), El trabajo en red. Usos posibles en Educación, Salud Mental y Servicios Sociales, Gedisa, Barcelona

(5)   Michel Normand (2009),?Le Rapport Couty pour la sante mentale et la psychiatrie : surveillance, depistage, chaine des soins et prise en charge « secure »? en Observatorio Psi núm. 3/09, FEEP [consultable online en: http://www.efsp.eu/psy/].

(6)   Josep Valls (2006), ?La ciutat  del lliri roig, Florencia o la il·lustre follia dels Medici?, Brau, Girona

(7)   Se puede consultar la web del proyecto donde se hallan materiales diversos acerca de la experiencia en curso:www.interxarxes.net.